jueves, 31 de julio de 2008

CAPTURANDO EL SILENCIO



Silencio…

Rumores de silencio dormido
se expanden entre las olas de la mañana recién levantada.
Jolgorio en clave de Fa mayor que invade
la casa de nuestros sueños,
escondido entre mil y un recovecos.
Ruido callado,
cantos sellados dentro del inmenso cielo.
Azul que conjuga con verde en amarillo eterno,
y la lluvia de las estrellas perdidas que,
generosas,
anidan entre los murmullos de
pequeñas golondrinas.

Silencio…

Mientras, mi retina que ve,
que mira, que retiene y atrapa.
Mi oído que escucha,
que atiende, que oye y registra.
Es el silencio.
El silencio que mi alma acaricia,
meciendo mis miedos como una tierna madre
calma el llanto de su hija.
El silencio, quieto, simple,
tímido y enorme
que por momentos mi corazón sobrecoge.

Silencio…
Foto: Amparo Texto: Edurne

miércoles, 30 de julio de 2008

SIN RUMBO



Es como el título de una película: “Sin Rumbo”. Suena muy bien, así como contundente, vamos. Y resulta que es lo más normal del mundo. Una sale de casa por la mañana, y aunque sepa a dónde ha de ir, en realidad camina sin rumbo.
¿La explicación? Es muy sencilla: nunca sabemos lo que nos espera al doblar la esquina, por eso caminamos sin rumbo hacia los aconteceres inciertos de cada día.

Puede ocurrirnos de todo. Puede que un coche nos salpique al pasar por un charco, puede que tropecemos y nos caigamos, puede que nos encontremos un décimo de lotería y resulte premiado en el sorteo del sábado... También puede que recibamos una llamada que nos alegre el día, o la mala noticia de que tenemos que pagar no sé cuánto por una avería en el coche... ¡Podemos encontrarnos con el amor de nuestra vida y ni siquiera darnos cuenta! ¡Hasta se nos puede morir el gato!

No venden brújulas para esto del rumbo cotidiano. Yo estuve preguntando una vez. Fui al Corte Inglés, que parece que tienen de todo, pero no, es más, me miraron con cara de espanto. "¡Será una loca que se ha escapado de no se sabe dónde!"

Nada, es inútil, no hay recetas para evitar esto de no saber nuestro destino, mejor dejarse llevar. Hay veces en que llegas a puertos y ensenadas que no están nada mal. Como que quisieras quedarte allí para siempre... pero, no sé, algo pasa, algo que no podemos controlar y, cambia el rumbo de nuevo, así, sin previo aviso.

Una vez tuve la feliz idea de escribir un manual de supervivencia ante los repentinos cambios de rumbo en nuestras vidas. Claro, más tarde me di cuenta de que era completamente inútil; los rumbos son todos diferentes, las vidas son diferentes, las personas son diferentes...
Lo que podía servir para mí, no era válido para nadie más. "Personal e intransferible", así es este asunto del caminar por la vida sin rumbo.

No hay nada que hacer, quizás algún cursillo de manejo del timón, o... tal vez esperar que las corrientes que nos arrastran sean tranquilas y nos dejen llegar a buen puerto. No hay otra.

De todas formas, no estaría de más mirar bien antes de aventurarse a salir a la calle. Mirar al cielo, por si amenaza lluvia, por si luce el sol, o por si viene de cambio. Hay que estar preparado.
¡Una nunca sabe cuándo le va a tocar cambiar de rumbo!
Pintura: Antonio

jueves, 24 de julio de 2008

RISOTERAPIA





Dicen que es mejor reír que llorar. De acuerdo, completamente de acuerdo.
Anoche me puse en el trabajo de subir estas fotos y escribir esta nueva entrada, pero San Blogger me dejó con dos palmos de narices. San Blogger y mi ordenador (creo).
Después de tenerlo todo escrito (cometo el "error" de hacerlo directamente, sin borradores, sin previos en documento word, así a la que salga...), el invento se fue al carajo. Nada se movía, ni el ratoncito. Y los señores de la foto, muertos de la risa, y mi alter ego fotográfico, idem de idem. Se estaban tronchando y yo, cabreadísima.
Pero... al mal tiempo, buena cara, que también dicen. Desconecté a lo drástico y, a otra cosa mariposa: libro y a dormir.
Hoy parece que vamos bien, aunque vayan ustedes a saber, lo mismo le doy a la teclita de marras, a la de "publicar entrada" y... ¡nada!
Cruzaremos los dedos.
La risa es sana, la risa ayuda a espantar cabreos, miedos, preocupaciones... no hay nada como la risa.
Además, dicen los expertos, que con el hecho de reír, accionamos un montón de músculos, y claro, después nos duele todo, desde la cara hasta la barriga.
Morirse de la risa, literalmente es eso.
Como los tipos de las esculturas de Juan Muñoz que se exponen estos días en el Guggenheim.
A quien pase o esté por Bilbao, le recomiendo que se acerque, la exposición es curiosa, muy curiosa y no deja de impactar. No todas las esculturas son "rientes", hay otras que te dejan con un pequeño escalofrío por dentro, pero... el arte siempre es bueno, bueno por lo que tiene de original, de controvertido, de especial, de catalizador de sentimientos, miedos y demás sensaciones y expresiones humanas...
Parece que yo también me río, ¿verdad? pero, ¡ya, ya!
Fotos: Aitor

martes, 22 de julio de 2008

UNA IMAGEN...


"Una imagen vale más que mil palabras".
Hoy sólo dejo la imagen, la historia la podemos escribir entre todos...
¿Nos atrevemos? Miren ustedes que aquí puede salir de todo, vamos, ¡que hay mucho debajo de esta imagen...!
Foto: Edurne

¿ALGUIEN TIENE HAMBRE?


Ya se sabe: como en casa... Al menos eso es lo que reza el dicho popular.
Y por eso lo de "comida casera" es un punto, como un aval, el certificado de garantía de que lo que vamos a comer ha sido cocinado por la mismísima abuela del tal Peporro en este caso.
¿Ustedes se lo creen?
En fin, experiencias, seguro que entre todos juntamos un buen montón.
Comidas caseras, las de nuestras amatxus, o las de la abuelita, pero ¡nada más!
Peporro va dejando pistas, como Pulgarcito, de cómo llegar hasta su taberna, pero a mí, sinceramente, no me ofrece demasiada confianza el cartelito de marras porque al fin y al cabo el asunto se remite a unas cuantas viandas con nombres tales como: "potaje de la abuela", "patatas viejas", "guisado de carne", "flan casero"... ¿Y de lo dicho? Pues ¡ná de ná!
No fuímos a casa de Peporro, ya se nos había pasado la hora de comer. Más bien nos causó risa la forma, el marketing, de anunciarse, por eso la foto.
Recuerdo que cuando no trabajaba cerca de casa, tenía que quedarme a comer en bares, lo normal... y en tres años que estuve "soportando" las famosas comidas caseras lo único que saqué en limpio fueron unos cuantos problemas estomacales y un aumento de peso que no se correspondía con lo que ingería.
Cambiaba de sitio cada tres o cuatro meses, al final siempre nos encontrábamos con los mismos problemas: comida demasiado grasienta, mal cocinada, poca o nula variación...
Peporro nos invita a probar su comida casera... no sé ustedes, pero yo, ¡ni pizca de ganas!

Foto: Edurne

domingo, 20 de julio de 2008

ANDALUCÍA LA BLANCA


Dicen que todo depende del cristal y del color con que se mire... la vida. Vivir en un sitio como el de la foto, digo yo que ayudará a ver las cosas con más alegría.
Pues bien, estuvimos en Andalucía la semana pasada, en casa de nuestra amiga Carmen. Hicimos pequeñas excursiones por esos pueblos blancos y preciosos.
Un nombre: FRIGILIANA.
No encuentro adjetivo para describir la sensación que produce entrar en ese pequeño mundo blanco, azul, floreado, caluroso...
Ya lo conocía, pero en otra época menos "sofocada", y tenía ganas de volver, más que nada porque lo viera Antonio, sabía que le iba a gustar, y no me defraudó mi intuición, mi olfato cromático. Esos azules...
Todo el pueblo es una contínua exposición de colores, de formas, de pendientes y descensos.
Nos hinchamos a sacar fotos, ¡claro! Fotos que iré colgando para deleite propio y ajeno. Paciencia.
Pero ahora, desde este número 5 azulado, un saludito dominical (también era domingo).

Foto: Antonio

sábado, 19 de julio de 2008

DESDE MADRID CON AMOR (Crónicas del Foro IX)



Son las cinco menos diez de la tarde. Tarde sabatina y calurosa. ¡No vean ustedes la que está cayendo en Madrid! Acabamos de llegar a casa y por el camino hemos visto algún pobre termómetro marcando hasta 41º. Sí, sí... ¡SOCORRO!

Hoy toca crónica cultural, así que ahí van los carteles que amenizan estas letras.
Dos exposiciones, dos, en la CaixaForum de Madrid.

La primera una estupenda retrospectiva de Alphonse Mucha, artista plástico representante del Art Nouveau. Mucha, que era checo de nacimiento, vivió en París y New York, y siendo amigo y coetáneo de otros personajes relevantes de la época gozó de merecida fama.
Mucha es conocido más bien por sus “carteles” de obras teatrales, pero les puedo asegurar que el tipo era un dibujante y un pintor excepcional. También tocó otras ramas como el diseño, la escultura y la fotografía.
La exposición, muy bien seccionada, ofrece una clara visión de su obra. El espacio, por otro lado, se presta a que el visitante encuentre el deambular entre tanto arte, agradable y cómodo.
Es irremediable trasladarse con la imaginación a los grandes salones de la época donde reinaban el glamour, el relajo de las costumbres, la intelectualidad, la sofisticación... ¡Y casi, casi le dan a una ganas de marcarse un charleston... jajajaja!

La segunda de las exposiciones está dedicada al genial
Charles Spencer Chaplin, más conocido por su alias Charlot.
Singular colección de fotografías de sus rodajes, de promociones, carteles de sus películas más famosas, de viejas películas para disfrutar un rato con carcajadas entre tímidas y añoradas de aquellos tiempos en que no sé si por lejanos y pasados fueron mejores... pero al menos sí especiales.
Y ahí me he dado cuenta de la certeza del dicho popular de “más vale una imagen que mil palabras”. No hacía falta la voz para comprender aquellas pelis en blanco y negro, tiernas, tronchantes donde al pobre Charlot le ocurría de todo.

En fin, una delicia, un paseo agradable el de esta mañana, con un Madrid casi desierto, a decir de los del lugar, pero donde nunca faltan los turistas... ecco!
Así que lo de siempre: si alguno de ustedes está interesado en saber algo más... San Google le abrirá la puerta de los Cielos de la Información, y si se encuentran de paso caduco o perenne por este Foro... todavía tienen tiempo de acercarse por la Milla de Oro del Arte (Prado, Reina Sofía, Thyssen y CaixaForum).

Seguiremos informando.

Folletos: De la exposición


jueves, 17 de julio de 2008

CAMPOS DE CASTILLA


Redondas esperan en las veredas
las ilusiones del campesino.
Rubias y zalameras,
como inocentes niñas
entregadas al solaz
y al viento.

Soñadoras, salpicadas de eterno miedo.
Verde fueron,
de amarillo se vistieron.
Alegres esperan en el camino,
alegres para dar de comer
a pequeñas bocas,
a manos inquietas y
sonrisas inciertas.

De sol se bañan las mañanas
de la tierra herida,
ungidas del olor
de la fuerza vencida.
Campos de Castilla
que mueren y reviven
día tras día...
Foto y Texto: Edurne

jueves, 3 de julio de 2008

¿CERRADO?


Pues nada, respetable público, que coloco el cartelito del año pasado, el de "CERRADO POR VACACIONES"...
Esperemos que este año no ocurra nada que nos haga cambiar los planes, que todo vaya según lo previsto, y por si las flys, no nos vamos a mover de la piel de toro.
Pero no teman, trataré de entrar de vez en cuando, de contestar, si ustedes tienen a bien dejarme sus mensajes, reflexiones... Trataré de postear alguna cosilla...
Por eso lo de la interrogación, mejor SEMI CERRADO, como el queso, semi curado...
Y que les dejo aquí media docena de entraditas desde el martes, para que vayan leyendo, para que se entretengan un rato; y sino, ya saben, pueden leer cosas de antes, de los comienzos, de los intermedios... de este blog.
Que ha sido un placer compartir con tantos amigos en esta última etapa, de verdad, que me honran ustedes con sus pasos por esta orilla.
Y ahora, si me lo permiten, mi maleta me está mirando ansiosa, esta tarde cojo un "autoblús" hacia los madriles, y luego pues Castilla, Andalucía... me/nos esperan.
Ya les digo, mi maleta insiste, insiste en que termine, que le quite ropa, que le meta tal o cual... en fin, que no para, que es una quejica, y yo una perezosa.
Que les dejo, que les echaré de menos, que disfruten ustedes también, los que tengan vacances como yo, a tope, los que no, pues a disfrutar igualmente, los que tengan frío, que se abriguen, y los que estén acalorados... ¡pues ya saben!
¡Un beso enorme a todos desde la orilla!
¡FELIZ VERANO! ¡FELIZ INVIERNO!
Cartel: Edurne

EN LA TARDE



Blancos gladiolos
esparcen su perfume sobre
la quietud de la tarde.
Y la brisa bailando en derredor
de las gotas de perlado rubor
abre la danza del banquete
del amor.

Sonríen los mirlos
a la luz de tu sonrisa.
Sonríen y aletean con
pequeños guiños,
cómplices y escondidos
entre las hojas de una caricia.

Se acercan las horas
en que ha de reinar la alegría,
el sueño de la lluvia
que llena mi cántaro de vida.
Y suena, como eco
que tu nombre repite,
el canto de la garza
en la lejanía.

Repiten la llamada orondos tambores
que suenan con furia,
con sabia maestría…
Llaman a la fiesta,
llaman al ágape de la dicha.
Comienzan ruidosas notas
a ejecutar
los compases de suave danza
en el vértigo de mi algarabía,
y como frontera de oro,
encendida,
el rojo de tu beso,
que en mi alma despierta
tras noche oscura.

Inunda el tiempo
el aroma de la sal
de tu canción adormecida.
Inunda el sueño
el olor de mi cuerpo
mecido por tu ternura.

Pintura: Aitor Texto: Edurne

miércoles, 2 de julio de 2008

DE NOCHE TODOS LOS GATOS SON PARDOS


Angelita no había sido dotada de una gran belleza, ni siquiera de gracia y salero. Era una muchacha más bien feucha y algo sosa. Había nacido en el barrio pesquero de la ciudad, en el seno de una familia muy humilde.

El padre, Faustino, un pescador retirado. Retirado por fuerza mayor pues un accidente con la polea de arriar las redes durante un día de fuerte galerna, le dejó sin brazo derecho, y por ende inútil para el resto. Ahora se ganaba la vida vendiendo chucherías a los niños del barrio en un cajón con compartimentos especiales que le había hecho ex profeso su hijo Tino, el mayor.

La madre de Angelita, Cándida, a la que ésta se parecía, era una mujer triste, cenicienta, que desde que murieran sus padres, hace más de veinte años, no se había quitado el luto de encima. Angelita ayudaba a su madre en lo de remendar las redes en el puerto.

Tino y Salva, el hermano pequeño, faenaban en el barco de Don Justo. Ahora había mala mar y no salían, por eso se pasaban el día en la taberna del Cojo bebiendo orujo y jugando al mus y al dominó. Tino y Salva eran grandullones, unos muchachos alegres pero muy tímidos. A veces volvían a casa achispados y entonces bromeaban con Angelita, le hablaban de Tomás, el chico de la lonja, que si preguntaba por ella… Angelita sabía que le tomaban el pelo porque una vez le descubrieron una foto de la fiesta del Carmen del año pasado, donde aparecía Tomás a su lado, y ella había encerrado las dos figuras en un corazón torpemente pintado de rojo. Entonces, cuando le gastaban bromas, lloraba en silencio. Sólo el padre se daba cuenta y les hacía callar con una toñeja en la testuz. La madre miraba con esa tristeza eterna en los ojos, y seguía trajinando en la cocina.

Angelita tenía una amiga, Pilar. Eran amigas desde chicas, y aunque de carácter opuesto, siempre se habían querido y ayudado. Pilar era una mujer guapa y atrevida. No tenía madre y nunca la conoció porque murió al darle a luz a ella. Vivía con su padre, Basilio, un pobre hombre que malvivía de un mísero trabajo de guarda en la lonja del puerto, y que los más de los días estaba tan borracho que no se enteraba de lo que pasaba a su alrededor.

Los hombres rondaban a Pilar, pero si estaba con Angelita, no se acercaban o si lo hacían era con un tono de sorna. Pilar los despachaba con cajas destempladas. Ya habían cumplido los diecinueve y los cuerpos de las muchachas eran como un tiovivo de feria sin parar de dar vueltas…

Pilar siempre le decía a su amiga que tenía que prepararse un poco más, que así, con esa cara y esa pinta ningún hombre se fijaría en ella. Pero Angelita negaba con la cabeza. Tenía miedo de los hombres, sólo le interesaba Tomás, pero sabía que nunca le haría caso… Por eso tonta, para gustarle a Tomás, trataba de convencerla su amiga.

Pilar vendía pescado en el puestito que tenía la señora Lola justo en el cantón del Buen Pastor, el que daba a la parte trasera del puerto. Sabía vocear la mercancía como nadie, y la señora Lola estaba encantada, su puesto era el más concurrido.

El olor a pescado impregnaba cada poro de los cuerpos de las dos amigas, un olor que no salía ni dejándose la piel enrojecida de tanto refregarla. Sus vidas eran tristes, pero mientras que Angelita vivía dentro de la conformidad, Pilar tenía cada vez más claro que saldría de esa vida como fuera…

Corrían tiempos duros, y buscarse las lentejas honradamente, a veces, tan sólo daba para malvivir. Un día apareció un mozo bien plantado por el puerto. Tenía pinta de señorito, pero había algo que delataba su baja extracción social; no era nada en concreto pero sí esa forma de moverse, tosca… Esa mirada, desconfiada… Durante toda una semana, Juan, que así se llamaba, rondó la zona del puerto; parecía que iba buscando algo, hasta que lo encontró.

Por las mañanas se dejaba ver por los alrededores de la lonja, observaba cómo faenaban los hombres, descargando cajas de los barcos… daba una vuelta por los puestos del pescado para terminar en la taberna del Cojo, desde donde se divisaba perfectamente el puestito de la señora Lola. Se tomaba un carajillo, o dos… Luego un vermouth, un aperitivo, según cuadraba. Y mientras, no quitaba la vista de Pilar. Ésta era consciente de ello y se crecía, estaba, si cabe, más arrogante y desenvuelta que de costumbre.

Las dos amigas estaban excitadas con la presencia de Juan. Pilar porque ya se imaginaba una fabulosa y romántica historia, y Angelita por la novedad que suponía la aparición de alguien nuevo en su reducido mundo. Al cabo de diez días de observar, Juan pasó a la acción. Era viernes y el pescado parecía vivo, saltaba del puesto a las bolsas de las amas de casa. Pilar no paraba de vocear la mercancía, de limpiar pescadillas, chicharros… Una nube de escamas nacaradas la rodeaba. Estaba acalorada, con las mejillas encendidas y los ojos brillantes. Estaba más guapa que nunca.

Juan se plantó delante de ella, la señora Lola sonrió y dio un codazo a Pilar –Mira, tienes un cliente niña, atiéndelo como se merece- y guiñándole un ojo a Juan se retiró al otro extremo del mostrador. Pilar levantó los ojos y los enfrentó con los de él. Éste se quitó el clavel que llevaba en el ojal de la solapa, lo besó y se lo dio. –A las siete vendré a por ti, te esperaré al final del cantón.- Pilar corría, volaba a casa de Angelita, y casi tropieza con el señor Faustino y su cajón de las chucherías. – ¿Adónde vas chiquilla? ¡Mira por dónde andas!- Y según se alejaba le preguntó por Angelita, por si estaba ya en casa.

La puerta de la casa de Angelita, como todas las demás, siempre estaba abierta. – ¡Angelita, Angelita!- gritaba Pilar. En la cocina estaba Cándida pelando unas patatas. - ¿Qué pasa hija? ¡Parece que has visto al diablo!- -¡No señora Cándida, sólo es que se me ha abierto el cielo, eso es lo que pasa! ¿Dónde está Angelita? tengo que hablar con ella urgentemente.-

Angelita no había llegado todavía, estaba recogiendo las últimas redes, volvería enseguida. Pilar no podía esperar y salió a buscarla. Por el camino vio cómo salía su padre de la lonja, pero no quiso encontrarse con él, así que se desvió por detrás de las casitas amarillas del carril. Y allí estaba Angelita, terminando su labor de aquella mañana. Al oír que la llamaban se volvió. Su cara estaba bañada en sudor por el esfuerzo de doblar y amontonar las redes. Se secó la frente con la bocamanga y preguntó asustada qué es lo que ocurría. Pilar contó a su amiga que Juan se había acercado al puesto, que le había regalado el clavel que llevaba en la solapa, que lo había besado, que la había mirado fijamente a los ojos y que le había dicho que a las siete iría a buscarla…

Angelita sintió frío. Algo no le gustaba de Juan, no sabía el qué, pero había algo que no, que no encajaba. Sus ojos se ensombrecieron y su expresión se volvió más triste aún. Pensó en Tomás, en ella… Y mientras, Pilar no para de hablar. Volvieron juntas, pero cada una estaba caminando por una senda diferente.

Durante las semanas siguientes, Pilar salió con Juan todas las tardes, y Angelita se quedaba sola. Se encerraba en su habitación, un cuartucho húmedo y oscuro, y sacaba la foto de la fiesta del Carmen de su escondite. Se pasaba el rato mirando ese corazón y esas figuras, ella y Tomás, Tomás y ella… Sabía que nunca lo tendría, lo sabía. Y cuando su madre golpeaba en la puerta para que la ayudara con la cena, ésta sabía que estaría llorando, pero no sabía qué decirle, no sabía cómo consolar la pena de su hija… - ¡Hala, hija, sal y ayúdame a preparar la cena que tus hermanos vendrán con hambre!-

Pilar empezó a presumir más de lo normal, gastaba ropa elegante, o eso le parecía a Angelita; se pintaba la cara, usaba zapatos de tacón… Parecía otra, más mayor. Tenía dinero. Un día dejó de ir a trabajar al puesto de la señora Lola y enseguida empezaron las murmuraciones. Basilio, el padre de Pilar, seguía viviendo en su mundo, y si algo sabía, hacía como que no se enteraba.

Una tarde, Pilar fue a buscar a Angelita. Se sentaron en el borde de la cama y Pilar habló claro. Le dijo a qué se dedicaba y que Juan la cuidaba, que no dejaba que la sucediera nada malo… Ganaba dinero, y se iba a ir a vivir fuera de allí, con Juan. Le propuso trabajar con ella. Le dijo que si quería tener a Tomás, esa sería la única forma… y que total, “De noche, todos los gatos son pardos”, que nadie la rechazaría.

Angelita miró a su amiga con una expresión de profundo dolor. Sacó la foto, la rompió, y rompió a llorar. Pilar la besó con tristeza pero con mucha calma; se levantó y salió cerrando la puerta tras de sí. Cerrando la puerta a un mundo gris del que por fin había conseguido escapar. Cerrando la puerta a la amistad de Angelita, a los deseos limpios y sencillos de su amiga de toda la vida.
Y Angelita… Angelita que quedaría para siempre unida a la miseria de una vida sin aire y sin luz.
Foto: Antonio Texto: Edurne

martes, 1 de julio de 2008

CIUDAD SIN NOMBRE



Calles vacías entre los recovecos del deseo.
Calles vacías que sueñan con nombres sin dueño
mientras se sacuden el serrín de la última traición.

Ciudad sin nombre.

La bruma que te cubre palidece ante tu imagen
de reina dormida.
Las estrellas huyen despavoridas,
presas de tu mirada herida.

Ciudad sin nombre.

Nombre te doy.
Corazón te doy, ninfa perdida.
Nombre para que tus calles despierten y rían.
Corazón para que tus gentes sueñen y vivan.

Plano: Aitor Texto: Edurne




YO




Soy yo.

Soy yo quien canta en tu silencio.
Yo, quien acuna tus sueños
y espanta tus miedos.
Soy yo quien perdida entre
laberintos de ecos difusos,
esconde los caminos errantes.

Soy yo.

Soy yo la que lava sus noches
con escarcha de mañanas tardías,
la que baila vestida de Luna...

Soy yo.

Soy yo mujer de frescas sendas
y dunas de cálido desierto.
Yo, la que dibuja tu grito
en blanco lienzo.
Soy yo, la de siempre,
la de nunca...
la que te busca.
Soy yo la guardiana de tu sombra,
sombra enredada en vahos
de ternura de anochecida.

Soy yo.

Y tú me conoces,
sabes quién soy,
que soy,
que soy yo...
yo, la que te sueña y te
encuentra en el fondo
de cada caricia.

Soy yo.

Foto: Antonio Manipulación y Texto: Edurne










PUNTO DE PARTIDA


Corría el agua por la tubería rota del patio del viejo burdel. Corría igual que su vida se había ido deslizando ante sus ojos sin apenas enterarse, de prisa, de prisa...
Desde que la madre había enviudado y ella conoció a aquel entomólogo, ¡maldita la hora!, la vida no había sido para ella más que un ir y venir, más bien un devenir de hechos monótonos y sin alegría alguna.
Nadie hubiera esperado ese desenlace. Pero el caso es que antes de que ella misma resolviera por dónde encauzar sus pasos, éstos, los pasos, ya habían decidido hasta dónde llegar. Y fue hasta allí, hasta ese viejo patio donde la lluvia caía sin cesar, un día sí y otro también... Aunque reconocía que en esa lluvia, en esa monotonía, había momentos de fugaz felicidad.
El contacto con otra piel, el juego descuidado con otro corazón perdido...
Todos eran como aquellos monjes anacoretas de las montañas de... de no sabía muy bien dónde, pero de los que había oído hablar.
Conceder tus momentos más íntimos, permitir que alguien rozase tu alma y nadase en tu llanto era como un abismo que se abría inmenso ante ella, ante ellos, cada vez que se miraban a los ojos.
Los mismos minutos, los mismos silencios, y cuando ya nadie oye, un segundo de gloria, ¡sólo uno! Y luego, la agonía, el romperse en dos, en mil pedazos...
Y poder llegar a tocar el cielo, aunque sea un cielo de papel, de pequeñas y lejanas estrellas parpadeantes.
Ya era mayor para esperar nada de la vida. Recordaba vagamente aquella hija que dio luz a su vida. Breve, fue breve la paz, la calma y la risa.
Hacer recopilación era como apuntar en el “haber” y el “debe”. Colección de favores, decisiones erróneas... ¡Era tan joven!
Y era ahora, cuando aparecían en el recuerdo la madre, el entomólogo... cuando el dolor era menor.
Excepto ella, nadie sabía de su verdad, y ahora estaba dispuesta a poner el dedo en la llaga. Sabía muy bien del sufrimiento, pero necesitaba limpiar su sueño extraviado.
Ahora tenía condición de señora, pero lo haría, lo encontraría. Caminaría por los senderos de sus miedos y retomaría la vida, su vida, allá donde la había dejado. ¡Tal vez estuviera esperándola!
Era el punto de partida.

Foto y Texto: Edurne