jueves, 30 de octubre de 2008

OROIMENEZ



Hoy es el día, hoy por fin se hace entrega del Premio Gordo. Hoy, mi aita y mi ama, los culpables de que yo esté aquí (yo primero y mi hermano después), cumplen sus ¡BODAS DE ORO!

Hoy es el gran día. Ya lo venía anunciando en el post de hace un año, cuando nos íbamos de boda (figurada), como todos los 30 de octubre.
¡Y llegó! No siempre se llega, es verdad. Miro en mi familia, de momento y después de mis abuelos, que también cumplieron, son los primeros que las celebran.

Ando/andamos (Aitor y yo) alborotados con el evento, con los preparativos, aunque el viajecito que les teníamos preparado hubo que cancelarlo después de reservado, por la operación tan sorpresiva de aita, pero bueno, ¡en la primavera no se libran!

Cincuenta años con una persona, viviendo con ella todos los días de esos cincuenta años son… a ver dejen que eche cuentas…………………………………
Son, más o menos 18.250 días. ¡Ufffff! Sin contar los años anteriores, que en su caso son cinco más. Tienen setenta y cinco así que… esto sí que es toda una vida.

"Toda una vida (chuchuáchuchuá…) me estaría contigo, no me importa en qué forma, ni cómo ni dónde, pero junto a ti…"

Vaya desde aquí este pequeño homenaje porque sí, porque quiero y me da la gana.
Y levanto mi copa por ellos, por todo el cariño que nos han dado y por lo que son. Porque sigan juntos muchos años más, y con nosotros.

¡Y que viva los novios!


Foto: De la memoria familiar Manipulación: Edurne



lunes, 27 de octubre de 2008

THE END


Le dijo que la quería. Rozó su mejilla, levemente, con un beso dado casi al aire.
Le dijo que la quería y dio media vuelta para encaminarse hacia el infinito que aparecía ante los dos.
Se encendieron las luces de la sala y ella trató de ocultar sus ojos llorosos de las miradas de los demás. Éste también la había amado, y sin embargo, como los otros, la dejaba para ir en busca de…
Afuera, en la calle, las luces iluminaban la realidad de su vida; él ya era pasado, y a ella le esperaba el silencio y la soledad de su casa.

Foto: Aitor Texto: Edurne


sábado, 25 de octubre de 2008

UNA MAÑANA


Todo ocurrió una mañana. No sabría decir cómo ni por qué. Sólo que ocurrió.
Aparentemente todo era igual, todo sucedía según la rutina de todos los días. Sin embargo, un pequeño detalle, apenas perceptible, había cambiado.
Tal vez no se viera, tal vez no se sintiera, pero había ocurrido: los pájaros no cantaban.

¿Cómo era eso de que los pájaros no cantaban? ¡Nunca antes se había dado semejante fenómeno! Un hecho tan natural como ése, el del trinar de los pájaros, era imposible que hubiera dejado de darse, simplemente era inimaginable.

Sonaba el despertador. Ese ruido estridente que casi te paraliza el corazón cada mañana a la misma hora. Aún lo dejé cinco minutos más, y volvió a darme el mismo susto. Abrí los ojos de golpe. La blancura del techo se presentó ante mis pupilas con esa arrogancia de los que se saben allá en lo alto, elevados en sus alturas, las que sean, ¡pero elevados!

Y eso es lo que hice... elevarme. Como cada mañana.
Ya entonces me pareció notar algo que no estaba, que faltaba. Mi cabeza estaba espesa. Claro, los sueños desbocados de la noche anterior. Era eso, te ponía la cabeza como un globo cargado de aire pesado

Los platos de la cena aún estaban sobre la mesa...
Las flores, las margaritas, en el jarrón de la esquina. Nada había cambiado de lugar. Y aún así parecía que algo faltaba, algo estaba fuera de su sitio.
Levanté las persianas, corrí las cortinas, abrí las ventanas, y dejé que el sol lo inundara todo. Dejé que el aire fresco de la mañana entrara hasta el último rincón de mi casa, hasta el último rincón de mi alma... ¡Y me estremecí!

Entonces agudicé la vista, agudicé el oído. Miré al cielo, escudriñé entre esas nubes que ya se batían en retirada.
Escuché, escuché... Pero no pude oír nada, absolutamente nada.
Era azul. El cielo era totalmente azul. Un cielo redondo, azul intenso y redondo. Alto, muy alto, nítido. Y de pronto lo vi claro: ¡los pájaros!
Nada, ni golondrinas, ni pajarillos alegres, ni gaviotas costeras....
Miré hacia los árboles, allí anidaban cantidad de ellos, allí ensayaban sus cánticos, sus trinos mañaneros, sus llamadas cariñosas, su palabras de auxilio, o simplemente de saludo.
Nada, no se oía nada.
Así que era cierto, los pájaros habían desaparecido.

Miré hacia adentro: mi casa, la luminosidad que emanaba de sus paredes... Era como si yo misma estuviera inmersa en esa luminosidad, como si la luz saliera de mí, de mi interior.
La sensación me recorrió de arriba abajo. Me asusté. Miré mis manos, miré mis pies... palpé mi vientre, mis pechos, mi cara. Cerré los ojos.
¡Toda yo era pura luz!

Esa misma luz que emanaba de mis paredes era la que me cubría, la que hacía que yo misma fuera un cuerpo celeste... que me elevara. Mi cuerpo se volvió liviano, apenas lo sentía. ¿Estaba soñando, estaba despierta?

Seguro que no era así, pero así lo percibía.
¿Y los pájaros? ¿Por qué no cantaban entonces, qué ocurría?
Todo seguía igual a mi alrededor. Lo único diferente éramos la luz y yo...
¡Y que los pájaros no cantaban!

¿Y si estaba sufriendo una transformación? De pronto me acordé de Kafka y su libro, el del hombre que se transforma en escarabajo...
¿No iría a convertirme yo en ave y salir volando por la ventana o algo así?
Pasaba el tiempo. Tal vez no fueron más que unos segundos, pero a mí se me hicieron horas...


Para cuando tomé conciencia de mi nuevo estado, ya estaba cruzando el océano, batiendo alas tras mis compañeros. Una nueva vida me esperaba.
Foto y texto: Edurne

SUEÑOS


SUEÑOS QUE DUERMEN
PRESOS DE NUESTROS MIEDOS.
PUERTAS QUE SE ABREN…
Foto: Antonio Texto: Edurne

miércoles, 22 de octubre de 2008

A PROPÓSITO DE...



De Auster. Paul Auster.
Sí, sé… sé que al amigo Auster o se le adora o se le odia (casi lo uno, casi lo otro).
Vamos, que o te gusta y te conviertes en incondicional de su obra o te parece pesado y como que cada nuevo libro es más de lo mismo, repetitivo…
No vamos a negar esto último. Hay veces en las que te parece estar leyendo algo que ya has leído anteriormente. Pero creo que a todos los escritores les ocurre, a todos los pintores… Cada uno tiene su estilo, su “tono”, hasta su tema diría yo, y, hala, dale que te pego con lo mismo, o parecido.

Soy “austeriana”, lo confieso. De momento estoy en el bando de los entusiastas, aunque he leído poco, lo que aparece en la muestra fotográfica (tengo intención de leer un par de títulos más al menos), pero si he de escoger uno de estos seis títulos, sin dudarlo me quedo con “Brooklyn Follies”… y el último, “Un hombre en la oscuridad” porque me ha recordado al primero; tienen un poco más de ese dinamismo o de esa leve unión con la realidad, y eso que Auster es muy dado a la Metaliteratura, a hacernos abrir una caja tras otra…

También sé que lo de los escritores, a veces, es como la ropa, como el calzado, que se ponen de moda los pantalones de pata ancha, o los zapatos de tacón de aguja... y eso, ¡que todo el mundo a la moda!
No creo que sea exactamente así el fenómeno Auster pero…
A mí, de momento no me ha cansado, y si alguien quiere probar, ahí le dejo unos botones de muestra. O si alguien me quiere contradecir… libre tiene la tribuna para opinar, aportar o apuntar más datos…
¡Y buena lectura, sea la que sea que se traigan ustedes entre manos!

Foto: Edurne

lunes, 20 de octubre de 2008

DESDE MADRID CON AMOR (Crónicas del Foro XIII)







No amaneció muy claro el sábado. Llovía a ratos. ¡Y qué mejor día para visitar el Prado que uno así, tristón y gris…!
Rembrandt había desembarcado tres días antes en la Pinacoteca madrileña con casi una cuarentena de cuadros y grabados, muestra de sus escenas mitológicas, religiosas y de retratos.

Rembrandt, el gran maestro holandés del siglo XVII, máximo exponente del Barroco, dueño de la mejor de las técnicas del claroscuro, referencia para tantos y tantos pintores coetáneos y posteriores.
Le acompañan en este paseo dos Rubens, otro de los grandes maestros holandeses y claro referente en la obra de Rembrandt, un Tiziano, un Ribera y un Velázquez.

Poseedores sus cuadros de una luz especial, dorada, acogedora, misteriosa en ciertos momentos y cargada de exotismo en otros; luz que envuelve y te lleva a través de su mirada a esos momentos ahí reflejados.
Y una curiosidad, Rembrandt, tan sólo pintó ocho paisajes durante toda su vida pictórica, alguno de esos paisajes está expuesto en esta muestra, hay uno en concreto, uno pequeño, íntimo, que representa el descanso de la Sagrada Familia en la huída hacia Egipto, que me pareció realmente precioso.
Rembrandt no deja indiferente. Magia en su pincel, dominio del color, de las texturas…

¿La mejor hora para visitar el Prado? Ya la hemos descubierto: entre las dos y las cuatro, la hora de la comida. Otras veces lo hemos intentado y las colas nos han hecho desistir pues la cuestión se limitaba a: después de esperar más de media hora, ver que, o bien seguíamos esperando y esperando y no comíamos o, pasábamos de la exposición y hacíamos caso a nuestros estómagos “protestones”. El sábado, por fin, dimos con la solución.

Rembrandt en el Museo del Prado en Madrid, hasta el próximo 6 de enero de 2009, todavía hay tiempo.
Y para más información acerca del pintor, de su obra, su azarosa vida… ya saben, San Google y listo.
Folleto y postales: de la exposición Foto: Antonio




martes, 14 de octubre de 2008

PENSAMIENTOS A MEDIA NOCHE



Dejo libre mi cascada,
dejo libre mi batir de alas y,
rompo las barreras de lo previsto.
Vuelo libre y sin motor.

Palabras que afloran a mi piel,
palabras que afloran desde mi otro ser.
Tiempo de ensoñaciones,
tiempo para las canciones.

De niña, saltaba,
de niña, reía…
¡También lloraba!

Pasan las horas, llegan los días,
se acaba una vida.
Mayor, te haces mayor…
¿Dónde las risas?
Aquí.
Sigo cantando, sigo saltando.

Hoy, mañana, y mi espera
se acaba.
Ya llega mi canto, ya llega mi risa.

Mariposas revolotean
en mi sombra,
y yo me vuelvo invisible.
Camino por las sendas de
la alegría,
desbocada…

Albores y tambores,
todo en mí son temblores.
Preparo mi casa para
el festín de la vida,
para el combate del amor.

Blanca la piel, blanco el deseo.
Aroma de suave dulzor,
rojo pasión…
Caminan juntos los grillos del dolor,
las cigarras del amor.

Siete veredas que llegan a mi puerta.
Siete nombres que me nombran,
Siete bocas que me buscan,
Siete corazones que me aman…
Una, sólo una, es mi alma,
la que mi sueño derrama,
la que mi corazón ablanda.
Sólo una, la que a mi lecho
llega de amor inflamada.

Abro mi puerta y entra
de costado en mi vida.
Herida abierta.
¡Dulce quemazón de azul irisado!

Desando mis pasos
por ver si la pista encuentro.
Mi alma es mía…
ya mi corazón está sosegado.

Foto, manipulación y Texto: Edurne


domingo, 12 de octubre de 2008

TRAS LA NOCHE OSCURA


Hundo los ojos
en el cieno del olvido
que devora
mis entrañas.

Cuando despierto
de la noche oscura
brillan risas
y aleluyas.

Abro los ojos
a la dulce aurora
que recibe
mis días.

Canto con el
cuerpo de fiesta
engalanado
y el corazón del pavor
recuperado.

Bailo con las mariposas
de efímera vida,
y abrazo con fervor
el alma mía…

Un día más,
¡estoy viva!


Foto: Aitor Texto: Edurne

viernes, 10 de octubre de 2008

VIET NAM (El Pueblo del Sur)




Del País del Sur
los vientos que me llevan.
Del País del Sur
el sol que me acuna.


Del País del Sur
los ojos que me miran.
Del País del Sur
la paz y la alegría
convertidas en una sola risa…



La traducción es totalmente libre. Me acabo de sentar al teclado y ticlitacla… ahí lo he dejado.
Ni idea de lo que quieren decir esos versos escritos en vietnamita.

Viet Nam o Vietnam como lo conocemos nosotros (el Pueblo del Sur, literalmente).

Ayer, mi blondigemela Lourdes, que se ha paseado este verano por esa hermosa tierra, nos llevó un pequeño detalle, unos versos que tienen el valor del recuerdo y el cariño. Nadie sabe lo que quieren decir. No importa, los míos dicen lo que acabo de escribir.
Así que Lourdes, gracias por la inspiración.

Y a ustedes, que se deleiten en la belleza de estos trazos…


Regalo: Lourdes Foto, manipulación cromática y texto: Edurne

martes, 7 de octubre de 2008

¡OH, CIELOS!





¿A que parece el Apocalipsis ( Apocalypse) Now o New…? No, no, tranquilos, parecía, tan sólo lo parecía, pero no era.
Todo sucedía esta mañana, muy de mañanita, vamos, recién amanecido el día.
Andaba yo en eso de “aviarme” para salir a ganarme el pan nuestro de cada día, cuando, oh, cielos, una luz extraña entraba por todas partes, inundando la casa de calor (teníamos 20 graditos a esas horas tan tempraneras) y color…

Claro, no quedaba otra que asomarse para ver qué pasaba y sí… los cielos tenían ese aspecto, y la luz era como de otro mundo, ¡por un momento pensé que íbamos a ser abducidos, jejejeje! Y lo más curioso, un hermoso arco iris cruzaba la bóveda celeste dejándome/nos atontada/dos y boquiabierta/tos.

La cámara, necesitaba la cámara, porque a falta de mi móvil nuevo con camarita, que está en reparación (y eso es otra historia), la digital y tal era lo que necesitaba en aquel momento… sublime. Busco, rebusco, encuentro, corro, abro y ¡oh, cielos! la batería muerta, finita… ¡no foto! Pero en mi retina estaba todo grabado, pero todo, todo.

Y como tengo un hermano que vale más que su peso en oro… hete aquí que él sí ha captado las imágenes cuando salía de su casa para ir a trabajar.¡Bingo! Me las ha prestado y aquí están, ¡que ustedes las disfruten!

Y es que la Naturaleza nos hace regalos como este, así, imprevisibles. Debe de ser cierto el refrán de “A quien madruga, Dios… le premia” (¿o era le ayuda?).
Apuntar que después de tan magnífica visión, ha roto a llover y así hemos pasado el día, con lo feliz que nos lo prometíamos...
¡Y yo, con mis katiuskas!
Fotos: Aitor



lunes, 6 de octubre de 2008

EL JARDÍN DE FLORENCIA



Florencia tenía un jardín, un jardín chiquitín, como ella, pero un jardín muy especial. Todos los años, el jardín de Florencia daba una sola y única flor. Una flor muy singular.

Todo el mundo quería saber cuál era el secreto de semejante flor, porque, de que era una flor mágica, nadie tenía duda. La flor poseía cualidades que la hacían única en su especie. Aparentemente, era una florecita insignificante, sencilla… pero en su interior guardaba un maravilloso secreto: tenía la capacidad de curar las penas.

Todo el mundo quería poseer esa flor. Lo malo es que sólo había una y sólo florecía una vez al año. Nadie sabía cuándo iba a florecer, sólo que justamente cuando alguien estaba triste, cuando alguien la necesitaba… la flor, nacía. Entonces, Florencia se la regalaba; así ella siempre estaba contenta por poder ayudar a los demás, y la flor alegraba la vida de quien estaba triste, enfermo, solo, preocupado…

Y esta es la historia de Florencia y su flor mágica. Flor que un día viajó desde su jardín hasta el de su Tata Julián, para alegrarle los días mientras se ponía bueno y se curaba.

Los niños, todos los niños, tienen un pequeño jardín con flores mágicas… ¿no las habéis encontrado todavía? ¡Buscad, buscad!

Dibujo: Florencia Texto: Edurne