martes, 29 de noviembre de 2011

DUÉRMETE NIÑO...



Duérmete niño,

duérmete ya,

que viene el coco

y te comerá.

No sabría muy bien cómo definir la sensación, o las sensaciones, que me invade/n. Es una mezcla de desencanto, miedo, rabia, impotencia, estupor… eso, en cuanto a la parte psíquica y anímica, que en lo referente al estado del cuerpo que me alberga… estoy más que rota, derrengada, exhausta… Llego de trabajar, como aquella heroína de cuento que regresa de las Cruzadas o la Guerra de los Cien Años, ustedes me entienden, ¿verdad?
Comento todos los días con quienes me son cercanos a todos los niveles, lo extraño y particular de este año, de este comienzo de curso, de este último cuatrimestre… ¿Hay explicación para todo esto? Tal vez. Los teóricos, los escépticos, los profesionales, los sabios, las mentes preclaras y los mortales de a pie, seguro que sabrían explicarlo, cada cual según su teoría, su propia experiencia, sus intereses, su desencanto, sus perspectivas de futuro, su comodidad y su indiferencia…
Creo que estoy en un momento de mi vida crucial. Por muchas razones. Claro que, todos los momentos de nuestra vida son cruciales e importantes, puesto que, decisiones aparentemente carentes de relevancia, seguramente sean las que marquen nuestro futuro, pero… ¿qué quieren que les diga? Yo presiento que estoy viviendo unos momentos especiales.
Estoy comiendo chocolate (ya llevo media tableta) mientras escribo estas reflexiones a cielo abierto (como las minas, algunas minas, a cielo abierto, y eso me hace recordar que mi bisabuelo Martín era minero, ¡vaya, ahora me entra la melancolía familiar!), para endulzar un poco todas estas amarguras que voy vertiendo, escanciando en la copa del folio en blanco virtual… y que luego beberán ustedes. Más que nada es por eso, porque el poso de este brebaje, el que quede en sus paladares, sea un poso con un leve sabor a esperanza, que a la señorita Esperanza, nunca la pierdo de vista…
Son las seis menos diez de la tarde, martes 29 de noviembre, recién llegada de mi “guerra” escolar, y es que es una batalla, créanme si les digo que es una batalla diaria. Me pregunto una y otra vez qué ha pasado, dónde se nos ha perdido algo, en qué tramo del camino… Llevo 30 años, 31 cursos en la enseñanza, y estoy alucinando. Pero ya les digo que no pierdo de vista a mi amiga la Esperanza, la de verdad, la que se lleva en los corazones, y por eso soy capaz todavía de mantener mi ilusión de docente, aunque nos estén dando tantas tortas por todas las partes.
Me quedan cuatro onzas de chocolate, tres, ahora son tres… así subo un poco la energía, que está como para acarrearla con grúa, polea, tractor…
Tengo que llegar al miércoles que viene medianamente bien, con la moral intacta, como el Alcoyano (creo recordar que se decía aquello de: “Tienes más moral que el Alcoyano”), y es que quiero entrar en los 52 con espíritu de ganadora. ¡Ánimo, Edurne, que tú puedes! A ver si la autoayuda surte efecto…
Cada vez veo menos, la pantalla del ordenador ilumina el teclado malamente, pero mis dedos son como lagartijas, como ardillas saltarinas, que se deslizan por él casi a ciegas.
Alguien me decía en la entrada anterior que no entendía mis palabras, el sentido que tenían, oculto, y no tan oculto. La mayoría sí me han comprendido. Con estas letras, es como si hiciera una transcripción de las anteriores. Y seguro que muchos de ustedes también las comparten.
La noche ya nos rodea, ¡ay!, es como si de verdad llegara ese coco de la canción, como si una malvada bruja nos acunara y con una sonrisa maliciosa quisiera engañar a nuestro miedo (pero éste es más listo que el hambre). Yo, por si las moscas, siempre despierta, alerta en todo momento, con los ojos y todos los sentidos en estado de alerta. No están los tiempos como para dormirse en los laureles. ¡Para nada!

Postal: Dibujo de Lontxo Yriarte para el libro “Euskal Alfabetoa Iruditan”. Canción: Popular

viernes, 25 de noviembre de 2011

LA "MALAGANA"



Me suben esas ganas incontenibles de borrarlo todo
con un simple clic en la tecla “supr” del ordenador…
Me suben y no llegan solas,
que nubes de humo gris vienen jaleando
a los elementos discordantes,
como si la calle de la amargura fuera solamente
de ellos, convertida en una larguísima
avenida de vienen y no se van…
Bocanadas de desesperanza y sueños inciertos.
Hoy no cantan los mirlos, ni negros ni blancos.
Hoy llegan bandadas de pájaros de mal agüero,
y con ellos músicos viejos, con traje de cenizas,
zapatos polvorientos y cara de pocos amigos.
Decididamente me suben las ganas,
más bien diría yo: “ la malagana”,
la que se apunta al intermedio, a la fiesta y al recreo.
Todo ocupado, nada libre, no hay sitio:
"vuelva usted mañana".
¡Triste palabra!

Foto: Antonio Texto: Edurne

sábado, 19 de noviembre de 2011

DESDE MADRID CON AMOR (Crónicas del Foro XLI)

































































Todos los Santos. Puente, cuatro días festivos. Escapo al Foro. Ya, ya sé, hace tres semanas de todo esto, tampoco ha pasado tanto tiempo, así que todavía estamos a tiempo, todavía, aunque parezca que se me está pasando el arroz.

Y no, no voy a empezar de nuevo con que no tengo tiempo (que es verdad), con que la escuela me absorbe y me quita energía (que también), con que las responsabilidades familiares me llevan el poco tiempo que me queda (completamente cierto), y con que el poco asueto que me queda, casi se lo robo a las horas de descanso (sin lugar a dudas)… pero, ahí queda la puntualización y las razones de mi demorada actividad bloguera.

Ya saben, pido disculpas. Siempre. Sé que las aceptan y comprenden. Quedamos en paz. Amén.
No sé, tal vez esta Crónica lleve más parte gráfica que textual. También les digo que estoy escribiendo como continuación a las primeras letras que dejé en este folio virtual hace diez días, y ya ven, he tenido que cambiar la fecha porque el tiempo se me va echando encima. Hoy es sábado 19, día de reflexión (me río, me permitan ustedes la risa o sonrisa o escepticismo…), y a las 11:17, aquí estoy, tecleando. Continúo.

Nadie me pondrá en duda lo raro que está siendo este otoño (nadie que habite en esta Piel de Toro, claro). Estamos casi terminando noviembre, y el termómetro marca 22º (en Bilbao), hace un viento sur que te vuelve completamente loca, o loco, al gusto, y cuando la madre Natura se desmelena, hala, agua va y agua viene (en Madrid por ejemplo, o en la cuenca mediterránea). Decididamente, está/estamos de un alterado…

Y la parte buena, la bonita es la que yo les voy a presentar aquí: un vestido otoñal precioso, con unas tonalidades cálidas a más no poder. Y cómo no, las posibilidades que este tiempo trastocado nos presenta, nos pone al alcance de nada, un simple paseo, ya ven ustedes, un simple paseo por nuestras ciudades, nuestros parques y avenidas. Sólo con eso, ya nos sentimos reconfortados, animados, recargados…

El Retiro siempre es un buen recurso para los madrileños y los que nos dejamos ver por allí de vez en cuando, o de cuando en vez. Y para muestra un pequeño catálogo de “botones”. Gente de todo tipo, actividades varias y variopintas, allí nadie es extraño, nadie te mira raro. Cada cual a lo suyo, y listo.
¡Qué les voy a decir yo que soy una entusiasta de este sitio, y del dejarse llevar, del deambule anarco, del mirar y dejar que te miren, que ya puestos… trueque, ¿no?!
Ese color naranja amarronado, con toques de un verde trasnochado que lucen los árboles, esas hojas que crujen a nuestro paso, ese trasluz, esas luces, esas sombras… ¡Ay!

Como siempre, la oferta cultural es amplia, tampoco hay demasiado tiempo para asistir a todo, ni es cuestión de dedicarse únicamente a culturalizarse, pero unas reseñas para que ustedes apunten:
En el mismo Retiro, en el Centro Cultural de La Casa de Vacas, había una exposición sobre un certamen de pintura al aire libre, cuyo tema era el propio parque. Sinceramente, había cosas muy buenas, y como opción entre paseo y paseo, muy recomendable.
Otra exposición que recomiendo es la de Locus Solus en el Reina Sofía, sobre la concepción del arte en todas sus facetas de Raymond Roussel. Aquí se aglutinan obras de autores muy variados, pero con una importancia terrible en el mundo del Arte del siglo XX. Les dejo un enlace y ustedes deciden. A mí me gustó, me interesó. La hora escogida para la visita fue la mejor, porque a la salida vimos que había unas colas tremendas… Así que si les viene bien después de comer, entre las cuatro de la tarde y las cinco a más tardar, perfecto.

También una película. A veces no se tienen demasiadas ganas de pensar o ponerse una en plan filosófico, transcendental, melodramático… qué sé yo, pero entonces la oferta se reduce bastante. El film del que les voy a hablar no es liviano, ni tampoco de cine fórum, pero no deja tener su rastro de realidad más angustiosa. La crisis que nos está azotando a diestro y siniestro (este último adjetivo, y haciendo uso de la polisemia de la palabra, me parece muy adecuado porque es todo de un siniestro que madre mía) es tema recurrente en todas partes, también es utilizada con excusa, con o sin razón muchas veces. En fin, que forma parte de nosotros como un calcetín que calzamos todos los días, y que algunos no pueden ni quitárselo a la hora de ir a la cama, entre otras cosas, porque no tienen cama en la que acostarse… (tema para reflexionar). Bueno, pues en esta película, se adentran en el corazón de Wall Street, donde se gestan todos esos galimatías numéricos de los que la inmensa mayoría de los mortales no entendemos nada, pero que sí padecemos. Una película de “tiburones”, una breve explicación de cómo y por qué empezó todo esto. “Margin Call” es la película de la que hablo. Para quien muestre interés…

Lecturas: Siempre que voy y vengo, llevo lectura en mi mochila. Aquí les dejo tres referencias.
Silas Marner de George Eliot, pseudónimo de Mary Ann Evans. Novela que se desarrolla en la Inglaterra puritana en la que también están situadas las obras de Jane Austen, por ejemplo. Les dejo aquí el enlace a un resumen de esta obra.

El traje gris” de Andrea Camilleri. Nada, no había leído nada de este hombre, aunque sí había oído hablar de él, y oigan, pues que me ha encantado, simplemente, encantado. Es una novela corta que se lee muy bien y con la que uno, al final, más que nada, se siente bastante identificado, pues son situaciones reales que le pueden suceder a cualquiera, pertenezca a una clase social o a otra. Yo, precavida, me he agenciado otra obra de este autor, escrita al alimón con otro escritor del que tampoco he leído nada pero que si me resulta como el amigo Camilleri… Ya les informaré al respecto.

Cierta forma del viento en los cabellos” de José Miguel Junco. Poesía. Tampoco sabía nada de este hombre. A leer poesía siempre estoy dispuesta, ya lo saben, y me he leído este libro con mucho gusto, lo he saboreado y disfrutado. Un buen hallazgo. Poesía cercana, que muchas veces se agradece. Eso de que puedas tomar los sentimientos prestados, está muy bien, y con este poemario, creo que ese efecto queda más que conseguido.

Y este año me quedé sin mis “Huesitos de Santo”, a los que alguna otra vez he hecho referencia, pues en mi casa, desde que yo recuerdo, siempre me los han comprado, aunque ya tenga los años que tengo, pero claro, no he dejado de ser la niña de mis progenitores, y a ellos les hace ilusión recordar esos tiempos, ya ven, la vida todavía nos mantiene unidos a cosas tiernas y bonitas, dulces…

Les prometo hacer un esfuerzo y pasearme más frecuentemente por la Orilla, para acompañarles en el chapoteo; y en lo que pueda, hacer incursiones por sus casas.
Los tiempos han cambiado, es evidente.
Que ustedes sean felices. Un abrazo enorme.




Fotos: Antonio y Edurne Cartel película: Internet Referencia Exposición: El País. Escaneado y fotos de libros: Edurne

domingo, 13 de noviembre de 2011

ESTÁ CLARO

Está claro que cuando quiero recuperar una entrada antigua directamente, algo sale mal, y la publicación no aparece reflejada en los blogroll de quienes me tienen enlazada...
Está claro que esto de los vericuetos blogueros no es lo mío.
Vuelvo a disculparme, y a pedirles que, por favor, pasen por la entrada anterior: "EL PRECIO DEL SILENCIO", pues esa es la entrada que colgué ayer, que he vuelto a colgar hace un momento y...
¿Está claro?
¡Está claro!
Un abrazo.
;)


Imagen: Internet

EL PRECIO DEL SILENCIO (Replay)


Las luces atenuaban la tristeza plomiza que se respiraba en la estancia. Marco acercó la silla y se sentó junto a la ventana que daba al patio. Subía olor a sardinas del asador de Doña Juanita. Aspiró profundamente y retuvo los años de su infancia mientras miraba entre velados ojos el cuerpo de su padre, quieto, como dormido, pero con el gesto adusto que tuvo en vida.

De la sala llegaban rumores de sonsonete repetitivo y lamentos aprendidos. Estaba solo en la habitación. Asomó la cabeza entre los visillos y contempló la negrura de las vidas ajenas colgadas en forma de camisas, calzones, pantalones y calcetines, como si fueran sus dueños los que colgaran de las cuerdas sujetos con unas simples pinzas. ¡Era tan frágil la vida!
Volvió a mirar a su padre y recordó el primer enfrentamiento con aquel hombre. Recordó su primera pelea, allí, en esa casa…

Mientras Fernando saludaba a todo el mundo: vecinos, amigos y parientes venidos de lejos, Marco seguía vagando entre sus recuerdos. Apenas vio llegar a su hermano, pero tampoco lo reconoció, tan sólo lo intuyó. Habían pasado muchos años, demasiados.
— No esperaba verte aquí—dijo Fernando estrechando la mano de Marco, como si quisiera zafarse del compromiso.
— Eso hubieras querido tú, ¿verdad? Pero también soy su hijo.
Esas fueron las palabras que recordó Marco, las mismas que pronunció la última vez que vio a Fernando; y esas fueron las palabras que salieron de su boca, como empujadas por un resorte que hubiera estado años esperando a ser activado.

El olor de las sardinas que entraba por la ventana del patio fue sofocado por el odio que ahora impregnaba aquellas cuatro paredes.
— Mamá siempre lo dijo…
— ¿Qué es lo que dijo?—inquirió Marco, clavando su pequeños y negros ojos en el rostro anodino de su hermano.
— Nada, las sardinas… que eras como ellas, que estabas lleno de espinas, como las sardinas.

Los dos se volvieron hacia la pared del fondo, los dos miraron a la vez aquel viejo cuadro con la foto de boda de los padres. No había cambiado de sitio en todos estos años, justo ahí, encima de la destartalada cómoda de la abuela Adelaida, donde siempre estuvo, presidiendo la habitación. Nada se escapaba a las miradas autoritarias y orgullosas de aquellos dos seres, ahora tan extraños para ellos y que les miraban desde la lejanía del olvido, de los sueños dormidos.

Mercedes entró en la habitación y sonrió a su marido mientras le cogía la mano. Se giró hacia Marco y le saludó con una sonrisa un tanto forzada.
— ¿Qué tal Marco, sigues boxeando? No parece que tengas mal aspecto…
— No, ahora soy empresario. Al final me saqué todas las espinas, bueno, ¡todas menos una!
— No empecemos Marco, —se revolvió Fernando en la vieja butaca de la madre en la que se había sentado—tú nunca fuiste bueno para nada, sino, mira cómo acabaste, dando tumbos de pelea en pelea… menos mal que tuviste la decencia de apartarte de nosotros.
Mercedes apretó el brazo de Fernando y reprobó sus palabras con la mirada.
— ¡Deja mujer! Y ahora… ahora tiene la cara dura de presentarse aquí. ¿A qué? ¿Acaso tienes el valor de reclamar algo?
— La vida siempre te ha sonreído, ¿verdad? Y nunca te has parado a pensar en si te lo merecías o si realmente habías hecho algo para que así fuera. Tú te merecías todo y punto.
— ¿Pero de qué hablas, miserable? Mírate, estás acabado. Empresario, dice… A vender periódicos en un quiosco de mala muerte le llama “ser empresario”. Deja que me ría.
— Calla o…
— ¿O qué, qué… anda, qué tienes que decir? O es que ya no recuerdas quién se quedó con ellos después de aquella pelea con papá, y con mamá destrozada… eh, ¿quién?
— Fernando…
— Deja Mercedes, no digas nada, a tu marido no le interesa nada que no sea él mismo—dijo Marco mientras salía por la puerta, echando una última mirada a toda su vida, encerrada entre esas paredes.
— ¡Que se vaya, no lo necesitamos para nada!—gritaba Fernando fuera de sí.
— Fernando, tú no sabes nada…
— ¿Qué es lo que tengo que saber? ¿Que ese miserable no dio más que disgustos, que a los diecisiete años propinó una paliza de muerte a mi padre, que se marchó de casa, huyendo, como un cobarde, y que en treinta años no hemos sabido nada de él? Bueno, en los últimos cinco sí que he sabido, he sabido que vendía periódicos en un quiosco del extrarradio… pero, qué más da, ¡no le debo nada!—y se giró bruscamente hacia la ventana de la calle principal.
— Sí que le debes—dijo con voz suave Mercedes, acercándose hasta la ventana y pasando su mano por la espalda de su marido— ¡le debes lo que eres! Él fue quien pagó toda tu educación, tu carrera de medicina, tu especialización en La Sorbona y en Estados Unidos. Él fue quien mantuvo a tus padres, ¿o es que acaso pensaste que la mísera paga de un empleado de RENFE daba para todo eso? ¡Vamos Fernando! Marco se peleaba por cuatro duros con tal de que su hermano pudiera estudiar y ser alguien. Aceptaba cualquier amaño para sacar algo más; renunció a tu cariño, al perdón de sus padres por ti. Y tú mientras, sólo te preocupaste de ti, de subir y subir cada vez más, tapando con tu odio la existencia de ese hermano que ha conseguido que seas lo que eres.

Fernando tuvo que volver a sentarse, sentía que el pecho iba a explotarle, no podía respirar. Miraba a su mujer sin reconocerla, sin entender sus palabras…
— Y te preguntarás cómo sé yo todo esto…—prosiguió Mercedes—Pues bien, Marco me hizo jurar que jamás te lo diría. Yo lo supe casi desde el principio, lo supe cuando tú enfermaste estando en segundo curso de carrera, ¿lo recuerdas? ¿Recuerdas que hubo que operarte a vida o muerte a cuenta de aquel tumor? Fue él, Marco, quien consiguió el dinero para la operación. Iba todas las semanas a la tienda de mis padres para saber de vosotros, sí mi familia se convirtió en su cómplice, iba a dejar un dinero que luego mi padre ingresaba en una cuenta como si se tratara de un bienhechor anónimo. Así se enteró de tu enfermedad, y créeme, casi se vuelve loco del dolor. Con los años, fui yo la que ha estado haciendo ese encargo en su nombre para mantener a vuestros padres y hacer frente a los gastos de la larga enfermedad de tu madre, de la que tú sólo supiste una cuarta parte ya que estabas en Estados Unidos….

Fernando no volvió la cara hacia su mujer. Mientras Mercedes le contaba la historia de su vida, había paseado nervioso por la habitación. Abrió la ventana. Se dejó caer en la silla en la que poco antes había estado sentado Marco, y aspiró, aspiró el intenso olor a sardinas que subía del asador de Doña Juanita. Le pareció que su padre le sonreía…





Foto: Antonio Texto: Edurne

domingo, 6 de noviembre de 2011

COMO UN SUSURRO

Como un susurro liberador
arrastra lejos de mí palabras
y marañas de tiempos pretéritos,
borrosos, con el agua hasta el cuello…

Como un susurro cálido
que llega y toca mi alma,
apenas con una leve caricia,
abre la puerta a un nuevo día…

Como un susurro quedo
sujeta mis pensamientos
con mano firme y deseo rescatado
del fondo de antiguas ilusiones…

Como un susurro juguetón
hace cosquillas en mis nubes de tela,
y deja que escapen mil pajarillos
enredados en trinos de intenso color…

Como un susurro ,
uno pequeño,
pero suficiente para devolver
la sonrisa a esta tarde huidiza…

Foto y Texto: Edurne