Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de julio de 2025

92 EL 22

 


NO SON LOS AÑOS,

ES LA VIDA QUE PASA,

QUE DEJA SU HUELLA.




* Hoy, 22 de julio, cumple años la madre que nos parió a Aitor y a mí. Hoy cumple 92.

Es una auténtica campeona. Llegar hasta aquí en sus circunstancias es de una naturaleza muy fuerte.

Ella es puro amor. Es hermosa, por dentro y por fuera, no necesita nada para brillar, su bondad la viste y adorna.

Es la reina de nuestros corazones, no podemos quererla más, bueno, sí, cada día la queremos un poco más...

Estamos viviendo este tiempo que la vida nos regala con mucha intensidad, con el cariño que nos desborda y dando gracias por seguir teniéndola. 

Hoy, celebramos un año más.


Foto1: Edurne. Foto2: de la memoria familiar. Foto3: Antonio, rosa de su jardín. Haiku y texto: Edurne.


lunes, 22 de julio de 2024

PASAS 1 DEL NOVENTA

 


La mirada serena,

llenas de amor tus manos, 

y un corazón que más que tuyo

es nuestro ya.

Bondad hecha belleza, 

inocencia y sabiduría, 

un maridaje perfecto 

para tu esencia.

Te esfuerzas en retener todo lo que te rodea, 

¡y hasta los sueños los conviertes en verdad verdadera!

En ellos te refugias para cocinar, 

limpiar,

lavar y planchar...

Para reencontrarte contigo misma.

Te pesan los días, la vida misma, 

pero has llegado hasta esta estación 

que otr@s no sabemos 

si podremos alcanzar.

Hoy te vamos a coronar 

-por mucho que te rías, es verdad, ya lo verás-

te vamos a cantar, a bailar, a achuchar...

Y a gritar a los cuatro vientos 

que te queremos más que a nada y a nadie,

que eres el motor de nuestras pequeñas vidas

y que no podemos sentirnos más orgullosos 

de ser tus hijos.

Eres nuestra campeona.

Zorionak, amatxu maitia!


Foto y texto: Edurne.

Hoy, 22 de julio, nuestra amatxu cumple 91 años. Llevamos demasiado tiempo pasándolo muy mal, aunque ella, tan guapa, muestre un aspecto de lo más saludable, pero... lo que no se ve está siendo terrible. Hoy vamos a provocar a la vida: nos vamos a reír de ella.





viernes, 22 de julio de 2022

HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ

 



Querida madre:

Hoy es tu día, todavía es tu día, faltarán menos de dos horas para que acabe esta jornada tan especial.

Hoy has estado contenta y superemocionada. Para nosotros eso es el mejor de los regalos.

Casi no llego a hacerte este homenaje de todos los años, tú mejor que nadie sabes que no me alcanza la vida, que los días y las noches son cortos para mí... ¡Pero aquí estoy!

Y como no me da la cabeza, ni el tiempo, ni la inspiración... recurro a este viejo poemilla de agradecimiento que siempre saco a relucir cada x. Es que me parece que no hay mejor forma de decirte todo lo que te quiero, amatxu.

Sé que hoy has sido feliz, y eso para mí es suficiente.

Maite zaitut/zaitugu, amatxu!

ZORIONAK!

¡Ahora a por los 90!


 TENGO UNA MUÑECA VESTIDA DE AZUL




Te doy las gracias

porque un día,

tus carnes se abrieron

para darme a mí la vida.

Porque sufriste

con paciente espera

a que mi llanto cesara.

Porque dejaste

tu piel en mi piel.

Porque tu sudor

fue formando mi sangre.

Porque tu corazón

de madre, se hizo

corazón de niña.

Porque me pariste

un lluvioso día,

con todo el amor y

con todo el dolor…

¡Te doy las gracias,

madre mía!



Fotos: De la memoria familiar. Texto y poemilla adolescente: Edurne.

Hoy ha cumplido 89 años la señora Edurne, mi amatxu. Cada día la quiero más.

lunes, 24 de enero de 2022

A MI AITA

 


Aitatxu:

Nada es mejor desde que te fuiste. Nada.

El frío se ha instalado en nuestras vidas, la incertidumbre del mañana es nuestra única esperanza, aunque vaya vestida de miedo.

Nada es mejor, aita, nada.

Casi agradezco que no estés en este mundo que nos va quedando, así, tan estrecho de todo, tan ruin, tan extraño… Estarías sufriendo mucho. Tú, tan justo, tan honesto, tan generoso, solidario y empático. Por eso mejor que no estés.

Ocho años caben todavía en las dos manos, pero… ¡son tantos! Tantos que me parecen una eternidad.

Sabemos que nos cuidas, que miras por nosotros constantemente (¡cuánto trabajo te estamos dando!), y por eso sentimos tu presencia en cada rincón, en cada pensamiento, en cada hecho… Eres tan grande que no hay nada ni nadie que pueda apagar tu recuerdo ni nuestro cariño y respeto por ti. Pero eso ya lo sabes.

Nunca me cansaré de darte las gracias por haber sido mi padre, nunca. Todos los días te hablo, te pregunto, ¡y lloro!, como ahora, que ni veo lo que escribo de lo empañados que tengo los ojos, que ni respirar puedo del nudo que me aprieta la garganta.

Hoy vuelvo a sujetar tu mano para acompañarte en ese último viaje, aita. Hoy vuelvo a sentir todo tu amor en ese gesto, tu valentía, porque fuiste un valiente, tu agradecimiento por habernos tenido… No querías irte, lo sé, no soltaste mi mano ni un momento a pesar de que sabías que era tu hora.

Estás en el aire que respiramos, en el sol que acaricia nuestra piel, en la lluvia que nos moja, en el trino de tus amigos los gorriones cuando vienen a anidar en la farola en primavera, en las pequeñas flores entre el césped del parque por el que te gustaba pasear con amatxu, en el rugido de las olas azotando las rocas, o en esa espuma suave que llega hasta la orilla… Y en tus cosas, en tus libros, tus cuadernitos, en tu letra, aita, ¡tu letra! Estás en todas partes,  en todas.

Hoy cumples, cumplimos, ocho años de ausencia. Aprender a vivir sin ti es tarea diaria, pero tú nos ayudas a seguir adelante. Eskerrik asko, aita!

¡Hasta el infinito y más allá!

Maite zaitut! Maite zaitugu!


Hoy, 24 de enero, se cumplen ocho años desde que mi aita nos dejó. El año pasado no pude hacerle el homenaje que le hago todos los años porque estábamos peleando por la vida de ama. Yo le rogaba que no se la llevase todavía, que nosotros la necesitábamos, ¡y aquí está! Mi aita, el mejor, ¡cómo olvidarlo! Imposible. 

Fotos: De la memoria familiar, la última es la que más me gusta de todas las que tengo con él, muestra tanto... Desahogo: Edurne.

 


jueves, 22 de julio de 2021

22x4=88

 


                                                                   

Madre,

hoy te salió redondo el número,

y ya ves,

¡de resultas te cantaron

un doble infinito!

Parece que la vida,

al fin,

te devolvió con interés

lo que ya te andaba robando.

Ocho son también los meses

desde que asomó la nariz

la maldita pesadilla.

Tú no recuerdas mucho.

Mejor.

Fue lo peor.

Ahora estás,

y eres tú.

De nuevo tú.

Andábamos nosotros con los llantos

pegados a la piel,

con el sueño sin descanso,

con las manos cerradas,

bien apretadas,

como puños retando al destino.

Los ojos,

vacíos.

Las caras,

medio borradas...

Pero ahí estaban tus manos.

¡Tus manos, madre!

Ellas nos salvaron.

Ellas te salvaron.

Nunca las soltamos,

nunca las soltaste.

Sabías,

de alguna forma,

que estábamos.

Por eso te resistías a partir.

No llevabas maleta para ese viaje,

no habías comprado billete,

no era ése tu tren.

Alguien te metió en un vagón equivocado,

pero pudiste apearte

antes de llegar al final.

Hoy es tu gran día,

al que no podías faltar.

Hoy festejamos tu sonrisa,

tu mirada llena de vida.

No importa que las cosas

sean distintas.

Importa que tú llenas

nuestras vidas.

Zorionak, amatxu maitia!

 

Texto: Edurne. Foto: favor de Auri, una amiga. 

Hoy, 22 de julio de 2021, mi amatxu cumple 88 años. Casi no llega. Errores de mala praxis médica la llevaron al borde la muerte en dos ocasiones. Pero no era su momento y pudo volver de allí a donde la habían llevado. Una lucha sin cuartel la suya y la nuestra. Es una campeona, nuestra campeona.

 

 

 


domingo, 26 de abril de 2020

DEL CONFINAMIENTO AL VÉRTIGO, Y AL LEVANTAMIENTO DE LA VEDA INFANTIL




Ha pasado mucho tiempo desde que estamos en esta situación extraña, como de ciencia-ficción, pesadilla que no se acaba nunca. Es como el día de la marmota: un día que sucede a otro casi igual. Hoy te aventuras a salir a la calle para hacer la compra, y te toca hacer colas, mirar con temor al que tienes delante o detrás, guardar la distancia de seguridad, comprar algo de lo que hayan dejado los arrasadores oficiales de alimentos y productos x… Volver a casa mirando a todas partes procurando no cruzarte con demasiada gente, y empezar con el siguiente proceso, el de desembalaje, limpieza y desinfección, guardar las cosas, cambiarte tú, lavarte y volverte a lavar… ¡Una tortura!

Casi se me había olvidado cómo eran las voces infantiles, las figuras de criaturas saltando, corriendo por la calle, preguntándolo todo, llorando, reclamando… ¡Hoy he visto niñ@s! Y me he asombrado a mí misma mirándolos como si no hubiera visto un@ nunca. ¿No me digan que no es para reír, si no fuera realmente para llorar?

¿Y las personas mayores? Yo tengo a mi madre en casa, casi 87 años, formalita y disciplinada, obediente… No en vano  son la generación que ha vivido bajo el yugo del miedo, del no salirse del camino marcado… Pero hasta ella, mi ama, que está tan tranquila en su casa haciendo mil cosas, está harta ya. El otro día me lo dijo: “hija, ya sabes que yo soy muy casera, pero, ¡desde el último día de la pelu (¡otro drama!) no he salido a la calle! Cuarenta y seis días confinada, y eso con la tremenda suerte de tener una terraza por la que pasear y solazarse de vez en cuando. Pero tienen mucho tiempo para pensar, y ¿qué piensan? Pues no es difícil de adivinar. Han pasado una guerra siendo niños, miedo y miseria. Una postguerra durísima, una vida adulta llena de sacrificios, y ahora… esta incertidumbre, este enemigo invisible y silencioso.

Yo sí que tengo miedo, y angustia, ansiedad… Tanta es la tensión, la responsabilidad que cargo que llevo una semana totalmente vertiginosa, volátil e inestable. Hacía tiempo que no padecía una crisis de vértigos como esta. Voy capeando como puedo, pero mal, mal…

Yo también cuento los días, ahora los cuento, al principio no, pensaba que iba a ser algo más rápido, menos letal a todos los niveles. Llevo dos meses y dos días sin ver a mi pareja, nos separan malditos 400 kilómetros, ¡y a saber cuándo podremos volver a vernos! Los kilómetros da igual, mi hermano tampoco puede ver a la suya, que está a 30. ¡No, no quiero que esto sea lo normal de ahora en adelante!

Y tengo miedo por todo. Nos hemos acostumbrado a quedarnos dentro de nuestros caparazones, de estas conchas protectoras. Y luego, ¿qué? Claro que si me pongo a pensar en todos los que no tienen conchas protectoras, que no tienen a nadie que les de cobijo, cariño, consuelo… La sangre se me hace bilis.

Me quedo mirando por la ventana, o salgo a la terraza, a escuchar, a ver… A no oír nada, a no ver nada ni nadie. ¿Qué mundo es este que nos han puesto delante, de la noche a la mañana? ¿Cuándo va a venir el príncipe a besarnos para poder despertar de este letargo, de este sueño infernal?

Las ocho de la tarde. Como por arte de magia, aparecen ventanas y balcones llenos de gente. Aplaudimos. Suelto un irrintzi. Aplaudimos. Desaparece la vida de nuevo. Cinco minutos. Ojos que vienen y van, gente desconocida que vive en tal o cual casa y tú no conocías. Saludos, abrazos y besos al aire con los vecinos de toda la vida. Signos de fuerza y victoria. Cinco minutos.

Unos días sale el sol, incluso hace calor. Primavera, bajas los toldos, sacas las hamacas, sientas a la madre, te pones a leer… Otros días, hay enfado en el cielo, nubes grises, brumas y vientos con mala leche. Agua, cabreo celestial.

Uno, dos y tres, uno, dos y tres…. ¿Ejercicio? Caminas por el pasillo, por la terraza, haces que haces. La báscula del baño está escondida, ni ella quiere que la mires. Mejor.

Sales otra vez, aprovechas el carro y vas al supermercado que está cerca de tu casa, subes a echar un vistazo, a ver que todo está en orden, subes y bajas persianas, riegas las pocas plantas que se mantienen vivas para que tú las veas y les digas cosas bonitas, que las arengues y animes a seguir luchando… Y de vuelta a la “casa matriz”. Cuando entras, la madre te mira con ojos de pena, te pregunta sin palabras, te abraza sin tocarte, te agradece sin querer llorar, con los ojos acuosos… y tú que disimulas y le das el parte de “guerra” como si fuese algo totalmente rutinario.

Mantenemos nuestra clase semanal de escritura en modo on line, y ese es un momento esperado por todo el grupo, dos horas para vernos y oírnos, para avanzar y también hacer un poco de terapia. Un breve espacio para sentirnos unidos a esa otra vida que teníamos antes de todo esto.

Estoy constreñida, toda yo. No escribo, no me sale nada de dentro, si no es amargor. Las palabras se me han encerrado en una caja vieja de zapatos, se han hecho fuertes allí y no ceden a mi acoso. Lo intento, pero no tengo tantas fuerzas ni tantas ideas como antes. Ya no soy la misma, me han dado el cambiazo, lo siento hasta en mi forma de caminar, cansada…

Vuelvo la cabeza, con sumo cuidado, y observo el horizonte más lejano que abarco con la mirada: un trocito de verde apagado que linda con el cielo plomizo y enmarcado entre edificios durmientes. Las dos y media de la tarde. No tengo hambre pero sé que tengo que comer.

Dejo constancia de que aún estoy viva, de que los míos lo están, de que todavía somos sensibles al amor y al dolor, de que dentro de nosotr@s brilla el sol y la vida bulle pidiendo ser vivida.

Hasta que nos volvamos a ver por calles y veredas, por montes y playas… Cuiden de ustedes, cuiden los unos de los otros, cuiden de la casa común, y no se olviden nunca de ser felices, a pesar de todo y de todos.

Continuará…

Foto y Texto: Edurne (lanzo esta botella tal cual, no he corregido nada, disculpas. He aprovechado un momento de “aquítepilloaquítemato” y esto es lo que ha salido).


viernes, 24 de enero de 2020

SEIS LUNAS



Seis lunas
para iluminar mis noches.
Seis soles
para acompañar mis días.
Seis plumas
para escribir mi llanto
en esta orilla de la vida.
Seis penas
que llevo escondidas
entre la mirada huidiza
y la sonrisa de mentira.
Seis los años
que cuenta el calendario
de mi angustia.
Seis vueltas a la esquina
cada vez que te pienso
y no te encuentro.
Seis veces
que ya te has ido,
y seis las que me vuelvo
cuando sé que estás conmigo,
cuando siento tu mano
sujetando mis miedos,
susurrando mi nombre,
así,
bajito, bajito...

Foto: La foto más especial de las que tengo con mi aita, de la memoria familiar. Texto: Edurne. 
HOY, 24 DE ENERO, A LAS 6 DE LA MAÑANA DE HACE SEIS AÑOS, Y DE MI MANO, MI AITA SE FUE EN BUSCA DE OTROS MUNDOS. CERRÓ UN CICLO. SEIS AÑOS SON UNA ETERNIDAD SIN ÉL, PERO SIGUE PRESENTE EN NUESTRO DÍA A DÍA, EN CADA PALABRA, EN CADA MIRADA... BETI GUREKIN, BETI ZUREKIN!

martes, 31 de diciembre de 2019

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)


Estas son las uvas de la ira número 13. ¡Ya son años los que llevamos compartiendo uvas, eh!

Al igual que la semana anterior, las prisas me tienen pillada. Eso y que ando lenta, que estoy atascada, que el desmadre emocional que me desborda ha hecho de mí una Edurne un poco irreconocible para mí... ¡Qué se le va a hacer, ya volverán las aguas a su cauce!

Después de estas fiestas intentaré encauzar mi nueva situación, y entonces, tal vez, pueda ser capaz de hacer eso de los balances vitales. Dejar toda una vida atrás y encontrarte frente a una puerta medio abierta... da un poco de yuyú, no se crean.

Pero bueno, dejémonos de tonterías ahora, que hay prisa, que el año se está escapando por las rendijas, y ya veo cómo asoma el morro ese gordito redondo llamado 2020. ¡Entramos en los  locos años 20!

Escribo con el verde de la esperanza, por si ayuda en eso de los deseos y pedidos, encomiendas y demás ternuras de la época.

También me sigo apuntando a las gracias graciosas, a las del corazón, vamos, a las del agradecimiento por la compañía y los buenos ratos. Abro mis brazos y abarco a todos los buenos amigos que llevan pasando por esta orilla tanto y tanto tiempo, y con este abrazo virtual quiero hacerles llegar mi afecto y mis más sinceros deseos de todo lo mejor para sus vidas.

Levantemos las copas y brindemos por un mundo mejor.
¡FELIZ AÑO 2020! URTE BERRI ON!

¡Ah, y mi recomendación de siempre: me sean felices!

Foto y texto: Edurne. Uvas: De la cocina de mi amatxu.

miércoles, 24 de enero de 2018

DOS por DOS


Dos por dos: cuatro.
Tú y nosotros: cuatro.

Tu mano sigue sujeta a la mía.
Fuerte.
Te fuiste dejando en ella todo tu amor.
Te dejé ir con todo el mío, aita.

¿Cómo medir el tiempo
de la pena,
de la ausencia?

Cuatro minutos, 
cuatro días, 
cuatro meses...
¡Cuatro años!

Aquí estamos.
Aquí sigues.

Foto: de la memoria familiar. Texto: Edurne. Hoy, 24 de enero, hace cuatro años que mi aita emprendió su camino hacia lo eterno. Su presencia nos acompaña cada minuto del día..



domingo, 31 de diciembre de 2017

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)



Hoy terminamos, se cierra el chiringuito y a esperar sentados a lo que vaya llegando.

Esa es una forma de enfrentarse a lo nuevo. Otra es ir a buscarlo. Soy más partidaria del segundo método que del primero.

Ayer les prometí que me asomaría de nuevo por aquí con las uvas, como todos los años. Bien, aquí las tienen ustedes. Hagamos las presentaciones: aquí unas uvas, aquí unos amigos.

Las uvas de la ira. Ya sé que la palabra ira suena muy airada, agresiva y altanera, pero, qué quieren que les diga, algo iracunda ya estoy yo. Rabiosa diría más bien. ¡No me digan que no es mala suerte terminar así el año, y entrar en el nuevo exactamente igual de arrugada! Porque sigo en el mismo plan, exactamente igual.

Me ha dado por pensar que lo mismo estoy en plena catarsis, limpieza de cuerpo y alma, ¡yo qué sé! El año no ha sido bueno. Hace tiempo que no sé de alegrías, aunque sean chiquitas, que me conformo con seguir avanzando día a día, y que no es poco, lo sé, pero…

Todavía estamos sufriendo los últimos coletazos de Bruno (si al menos hubiera sido Bruno Lomas…), y a los vientos ciclogénicos (¿o será ciclogenésicos explosivos?), le están sucediendo tres días de temperaturas más que benignas para esta época. Decididamente no es normal. Todo esto no es más que una manifestación de cómo es todo lo que nos rodea. Al buen entendedor, le sobran las palabras.

Ya comentaba estos días que esto del paso de un año a otro es algo más psicológico que otra cosa, puesto que después de las famosas campanadas, los atragantamientos con las uvas, risas, lloros, abrazos, besos, brindis, buenos deseos y demás… todo seguirá igual. Nos miraremos al espejo y ese granito en la mejilla seguirá igual de reventón, los kilos de más se mantendrán en sus trece; los niños del vecino seguirán dando la murga como cada noche, y tú tendrás que volver al trabajo para ganarte las lentejas…

Pero es como una ilusión infantil la que nos arrastra año tras año a la misma parodia. Yo suelo recordar mis navidades de la infancia, las de la adolescencia, incluso las juveniles. Ahora no es lo mismo, y en realidad, estoy deseando que acabe todo cuanto antes. Las razones son más que evidentes. Ahora que ya pertenezco por derecho propio al mundo de los adultos de verdad, soy totalmente consciente de lo que significa la vida.

Pero no vamos a languidecer más de lo necesario, de lo estrictamente necesario, así que alzo mi copa virtual por todos ustedes, por todos nosotros, por todos los demás, los parias de la Tierra, los que arriesgan sus precarias vidas en busca de una pequeña esperanza y a veces lo que encuentran es… ¡De sobra sabemos lo que encuentran, aunque miremos hacia otro lado!

¿Qué puedo pedir para el próximo año? Por pedir… Pero lo primero que voy a pedir es SALUD, porque con ella puedes enfrentarte a todo lo que te venga. Después voy a pedir AMOR, porque con el amor como abrigo, mantendremos calientes nuestros sueños y nuestras esperanzas; y por último voy a pedir también PAZ, porque sin ella, nada se puede construir, y porque nos la merecemos, merecemos vivir en un mundo en paz y próspero. ¿Tan difícil es?

Que la vida les sonría, ¡y ustedes a ella!

¡FELIZ AÑO NUEVO 2018! URTE BERRI ON 2018! FELIÇ ANY NOU 2018!


Texto, foto y manipulación: Edurne. Uvas: de la cocina de mi amatxu.


domingo, 13 de agosto de 2017

PEQUEÑOS APUNTES INTERCRÓNICAS (II)


Ya sé que últimamente no escribo Crónicas, ni del Foro, ni de La Ría, y no es porque no haya cosas, porque no vaya y venga del Botxo al Foro… Pero bueno, ya se sabe, hay cosas que necesitan un tiempo de descanso de vez en cuando. Por eso esta nueva modalidad de “Pequeños Apuntes Intercrónicas”, que viene a ser lo mismo, o parecido, solo que en formato reducido y condensado.
Pero aquí estoy, como una bicicleta aparcada junto a la Ría, lista para salir pedaleando en cualquier momento.




El verano ya está llegando a su fin (¡jajajajaja!). En menos que canta un gallo yo ya estaré cantándoles las cuarenta a mis pupilos (en el mejor de los sentidos, claro está), y así, sin darme cuenta, se me ha pasado este verano.

Recopilo y hago cuentas. A saber: mis comienzos oficiales en la enseñanza fueron el curso 1981-82, o sea, hace 36 años. Tal cual. Sigo echando cuentas. Si me puedo jubilar a los 60, como viene ocurriendo hasta la fecha para los que somos de MUFACE (Mutualidad de Funcionarios Civiles del Estado), o sea, funcionarios de carrera, de los de Oposición pura y dura… me quedan exactamente dos años y cuatro meses (diciembre del 2019). ¡Ya vale! ¿O no? Máxime si contamos que yo llevo en esto de trabajar desde los 16. Trabajar de día y estudiar por la tarde y por la noche.




Estoy cansada. Muy cansada. Solo espero poder llegar con un mínimo de alegría, que los cambios que estamos experimentando en la educación (en general), no me machaquen demasiado. Más que nada estoy triste, me siento impotente ante muchas situaciones.





Pero bueno, vamos a cambiar el dial de la radio dominical. Busquemos algo alegre.  Acabo de ponerme a Eric Clapton (me gusta de siempre). Bailo haciendo girar mi silla color cereza con ruedas, me desplazo de un lado a otro de la habitación. Miro por la ventana abierta. Empieza a declinar el sol. Domingo veraniego, hoy sí, hoy y ayer tocaba. El tiempo está alterado, como nosotros, que ya no sabemos ni en qué época vivimos. Tranquilos, no voy a hacer disertaciones profundas, ya todos nos entendemos y somos conscientes de lo que nos está tocando vivir, de la incertidumbre en la que nos han metido. Mientras tanto, Il mondo gira, gira




El mes pasado fue un mes intenso para mí. En realidad, siempre es intenso todo lo que me rodea —“I’ve Got A Rock’n’ Roll Heart”—. Sigo el ritmo de “mano lenta”. Yo cantar, en play back, pero bailar, todo lo que me echen. Sigo. Ustedes me esperan, ¿verdad? No lo puedo remediar, la música me llama, me llama, me llama…

Bueno, ya estoy de vuelta. Continuemos. Decía que el verano se me escapa como los granitos de arena entre las manos (por cierto, he estado un día en la playa). He pasado un calor horroroso, abrasador, he sudado lo indecible, pero también he podio usar mi chupa vaquera para sentirme abrigada contra el relente nocturno. He usado el paraguas más de lo deseado y de lo que procede en este tiempo. He mirado mucho al cielo. 
En Madrid me tocó despedir a una persona cercana y a la que apreciaba mucho (sé que ella a mí también), pero se ve que ya era su hora, aunque nos pilló a todos un poco de sorpresa porque nunca estás preparado para estas cosas. Siempre la recordaré. Ahora por fin descansa tranquila.




He vuelto a recordar mi magnífica experiencia peregrina en El Camino hace trece años ya. En Villafranca he visto muchos peregrinos. Me gustaría muchísimo volver a caminar, pero con lo que no podría ahora es con cargar la pesada mochila de peregrino. Hay otras fórmulas. No descarto esto de volver al Camino. La vida nos lleva y nos trae a su antojo y no podemos asegurar al cien por cien dónde estaremos mañana, o bueno, pasado mañana...





Conan, nuestro amiguito canino, perrito guapo, que decidió partir a hacer su Camino particular a un lugar especial para los perros como él, ha sido sustituido. Un primo más blanco y joven que él, ocupa ahora su espacio. Rey sustituye a Conan. ¡A ver si se convierte en tan buen perro hospitalero como Conan! Hasta navidades no lo conoceré, ¡espero que nos caigamos bien mutuamente!




Por la “Capi” todo anda más o menos como siempre (dentro de dos días lo volveré a comprobar): sol, calor, eventos varios,  gente y más gente…




¿Les he hablado alguna vez de La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, verdad? ¡Sí! Bueno, pues siempre hay que volver y saborearla despacito. La colección permanente que se extiende a lo largo de tres plantas, merece nuestra atención. Lo digo  con entusiasmo porque es una colección muy buena. En esta ocasión disfruté de la tercera planta. 





To by continued…

También estoy leona total (lo están comprobando por mis entradas “libreras”), me encanta poder leer tanto,como en mis mejores épocas. Pero la verdad es que quisiera leer más y no me alcanza el tiempo porque no paro de hacer cosas. 




Terminé "La vegetariana" y "Mi enemigo mortal", ya reseñadas en esta Orilla, y tal y como aventuré, ninguna de las dos me ha dejado indiferente. "La vegetariana" es brutal y enternecedora a la vez, hace que reflexionemos sobre tantas cosas... Y "Mi enemigo mortal" también es una pequeña parábola de la vida. 


Ahora estoy a vueltas con mi querido Benedetti, esta vez es un precioso libro de relatos, diez historias, "El mejor de los pecados", en una cuidada edición ilustrada de Lumen. Una delicia.



O sea, descansar, lo que se dice descansar, nada de nada. En verano siempre parece que hay más tiempo para hacer todo eso que no podemos en otros momentos (limpiezas y ordenamientos varios…).
¡Y disfrutar de los amigos pateando la ciudad! 




Tears In heaven”. Paro, esta canción merece toda mi presencia física y espiritual. Me emociona cada vez que la oigo.

Ya. Pero estoy “tocada”. Son las 22.05. Vuelvo a mirar por la ventana y veo una estrella tililar, será Venus… ¡Hola!

Bilbao se está preparando ya para su Aste Nagusia, que dará comienzo el sábado 19, y que durante nueve días cambiará el panorama de la ciudad. Yo volveré para la segunda mitad del periplo festivo.




En el Botxo tenemos al Gran Buque anclado en la Ría, ya saben el Guggenheim, que sigue recibiendo verdaderas riadas de personal. La exposición “París, fin de siglo”, la he visto tres veces, y espero verla alguna más. También está Bill Viola, el videoartista del momento, digo del momento porque está acaparando muy buenas críticas, aunque el hombre ya lleva muchos años en esto del arte. Me gustó, sinceramente.
En cambio, la de Baselitz, no me gustó nada.





Y en el Bellas Artes tenemos la exposición de la colección de Alicia Koplowitz, una de las hermanísimas y riquísimas hermanas Koplowitz. la exposición tiene un poco de todo: noventa obras de Goya, Van Gogh, Picasso, Modigliani, Zurbarán, Bacon, Barceló, Rothko y otros muchos más. Abarca distintas épocas, desde la antigüedad griega hasta lo más contemporáneo. Es interesante por lo heterogéneo de la mezcla, aunque no podamos decir que todo son obras "mayores" de los grandes gurús del arte, pero merece la pena visitarla y disfrutar de tanta belleza. 





¿Y si me preguntan por el cine? Pues les diría que... "Dunkerque". Sí, ya sé que es otra peli más de las llamadas bélicas, otra más sobre la Segunda Guerra Mundial, pero merece la pena pasar angustia y estar inquieta en la butaca todo el rato que dura la proyección. La música y la fotografía, lo mejor. La música es el 80% del éxito de la película (para mí), y la fotografía, apabullante. También sé que hay bastantes fallos históricos, pero, en fin...




A principios de Julio, después de mi analítica anual,  mi médico me dijo que el tiroides estaba controlado y que este año no me mandaba ni ecografía ni punción. ¡Bravo! Pero que tenía la Vitamina D por los subsuelos. ¡Ohhhh! Tratamiento y que tomara el sol. ¡Noooo! El sol no se lleva nada bien conmigo desde que doña Menopausia se ha convertido en mi más íntima amiga, pero precisamente por eso he de hacer un esfuerzo y reconciliarme (levemente) con antiguas amistades… Ando haciendo la fotosíntesis como buenamente puedo: la semana pasada estuve en la playa, más bajo la sombrilla que otra cosa, y hoy, entre los toldos de la terraza asomaba yo la faz y las extremidades contando los minutos para esconderme…




Hoy también he estado un ratillo en el gimnasio, y la verdad, como a mí no me gusta nada el ambiente de los gimnasios, este mediodía ha sido una maravilla, casi lo tenía todo para mí.
Remando y haciendo ziabogas como loca, he ganado la Bandera de La Concha, en la cinta he corrido más que Bolt; en la bici, he subido el Tourmalet y me he calzado el maillot amarillo; en la elíptica he sido la vencedora indiscutible del campeonato de esquí de fondo de secano…




Ahora, después de cenar,  me espera otro trabajito: bizcochear. Hoy me iré a la cama envuelta en ese olor a bizcocho que me hace sentir tan bien. Yo les pondré aquí una foto de cómo me han quedado (pienso hacer dos), y ya tendrá que ser su imaginación la que dé cuenta de ellos. Ricos, ricos, eso sí.





¡Y que ya les seguiré contando cosas de aquí y de allí!




Mientras tanto, ya saben, lo de siempre: sean felices y disfruten de la vida.
¡Un abrazo enorme!




Fotos: Antonio y Edurne. Cartel película y otras imágenes: Internet. Texto: Edurne