miércoles, 31 de diciembre de 2014

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)


Mis octavas “Uvas de la ira” en esta Orilla.
Podría decir que ahora más que nunca son realmente de la ira. Pero creo que ya apunté algo parecido el año pasado, cuando estábamos esperando el desenlace, lo inevitable. Solo era cuestión de días, en nuestro caso de veinticuatro días exactos.

Para qué voy a mentir, a engañarme a mí misma y a ustedes, no me encuentro bien, me siento átona, incolora, plana, como el electrocardiograma… plano. Mis emociones caminan por debajo de la raya que separa las alegrías de las penas, lo claro de lo oscuro. Camino peligrosamente por el minus. Estoy deseando que pasen estos días lo más pronto posible porque a cada rato me pregunto una y otra vez “¿por qué?”.
Y el caso es que la vida es así, sí, lo sé, lo comprendo, lo asumo (¡qué remedio!), pero me rebelo a ello (imagino que tendré derecho a la pataleta, ¡no?).

Este año creo que tampoco habrá uvas en la cocina de amatxu. Las del año pasado fueron ficticias, estábamos ingresados y no hubo uvas ni alegrías, solo besos y lágrimas… dos por un lado y otros dos por el otro. Fui yo la que puso el pie en el nuevo año con él, y recuerdo que no pude contener las lágrimas. Y él consolándome y dándome ánimos y consejos. ¡Terrible! Fue más fuerte que todos nosotros juntos hasta el último momento. No, no habrá uvas, porque además, el único que era capaz de comérselas con un arte y una parsimonia que ya los quisieran muchos, era él. Así que se me ocurre que nos daremos besos en vez de tragar uvas. Y tendremos que recordar anécdotas y reírnos un poco porque si no lo hacemos así, mal andamos.

Yo les voy a invitar al brindis de la vida, al de renovar los votos con la alegría, con la esperanza, y por eso les dedico estas uvas improvisadas en diez minutos, porque y para que no falten nunca en esta Orilla.

¡Muchísima salud, muchísimo amor, muchísimo trabajo… todo de lo bueno lo mejor!
Y gracias por seguir acompañando mis pasos todo este tiempo, callados o alborotados…

¡FELIZ AÑO 2015!


 ¡Y que no falte nunca el humor!



Texto, dibujito de uvas improvisadas y autorretrato: Edurne

domingo, 28 de diciembre de 2014

EN OTRO LUGAR (Sujeto a infinidad de cambios...)


Había llegado a aceptar por normal el cambio de ubicación de su casa, y las identidades de los miembros de su familia cada vez que abandonaba la vivienda y tenía que regresar a ella.

Al principio toda serie de sensaciones y sentimientos se cruzaron en su interior, incluso llegó a pensar que todo era producto de su imaginación, y por lo tanto, que estaba loca. También quiso tranquilizarse con la teoría de que todo era un sueño, muy vívido, pero un sueño, no, más bien una pesadilla, y que enseguida despertaría de él…

Pero no. Al cabo de una semana de angustias y zozobras, llegó a la conclusión de que ella seguía estando tan cuerda como siempre, y que su vida, al margen del hecho insólito de que tanto su casa como su familia cambiaran cada vez que ella salía y volvía a entrar, o sea, todo lo demás seguía su curso normal. Y nadie, nada más que ella, parecía percatarse de lo anormal de la situación.

Empezó por tratar de calmarse, de razonar y buscar una explicación a semejante fenómeno. Su cara, su cuerpo, al menos los que se reflejaban en el espejo, eran los mismos de siempre. Miró en su cartera, buscó el carné de identidad, el de conducir, las tarjetas de crédito… Sí, en todos los documentos aparecía el mismo nombre: Natalia Roca Ortiz, su nombre.

Era fin de semana y se le planteaba una nueva duda: si no tenía que salir sola para ir al trabajo… si salía a la calle con el marido o los hijos que en ese momento estaban en la casa, ¿seguirían siendo los mismos, cambiaría también la casa al volver? ¿Y si eran ellos los que salían mientras ella se quedaba en casa esperando, seguirían siendo ellos a la vuelta? Demasiadas preguntas. Decidió quedarse en casa a ver qué pasaba.

Al llegar del trabajo la tarde anterior, en “su” casa la esperaban Charly, “su” marido, Micky, “su” hijo pequeño, y Marietta, “su” hija mayor. ¡Ah, y Rusty, el hámster de Micky! La recibieron como si la conocieran de siempre, y eso que ella los acababa de conocer. Claro que desde el lunes en que salió por la mañana para ir a la oficina, le ocurrió lo mismo en otras cuatro ocasiones.

El lunes a la noche se encontró con Eduardo y los gemelos Edy y Fredy. El martes, con Julio, Anuska y un espléndido Golden Retriever llamado Conan. El miércoles, cuando empezó a tomárselo un poco a chufla, se encontró con Jaime, con Pablo, con Mireia y con Diego. Ya el jueves, al abrir la puerta, tenía el gusanillo en el estómago y esperaba la sorpresa con ganas: Miguel, Pili y Mili, de nuevo gemelas, y Rober y Alber, esta vez mellizos. No le hubiera importado quedarse con la familia del jueves, parecían divertidos y cariñosos…

Pero sabía que el viernes se encontraría con otros nuevos miembros en su familia. Ahora quería probar, experimentar durante el fin de semana, y ver si al llegar de nuevo al lunes se repetían de nuevo los mismos turnos, o todo volvía ser como siempre, con su Pedro, su Iñigo y su Anita. ¡Ah, y su Michifú!

Cuando abrió los ojos, se desperezó lentamente y giró sobre sí misma, hacia el lado izquierdo. En el otro lado de la cama tenía un cuerpo peludo dándole la espalda. Se asustó. Pedro no tenía vello en la espalada, apenas unos pelillos en el pecho, y encima rubios… Aquel no era Pedro, desde luego. Ya no recordaba la cara de ese marido, el del viernes.

Decidió quedarse quieta y hacerse la dormida. Al poco, aquel ser peludo empezó a dar síntomas de estar vivo: bostezó escandalosamente, se estiró dos, tres veces, y apartó las sábanas con furia.

Natalia seguía con los ojos cerrados. Tiritaba, y no sabía cómo hacerse con las sábanas de nuevo. No tuvo tiempo. Para cuando su mano se deslizaba ya sigilosa en busca de la ansiada protección, sintió cómo le estampaban un sonoro beso que la dejó sorda durante unos segundos, y cómo le susurraban al oído “Nati, Natita mía…”

¡Horror! Éste era de los pegajosos, y no había nada que le diera más grima que un tío pegajoso y… ¡Y encima velludo! ¡Quería repetir la “hazaña” de la noche anterior! ¿Hazaña? ¿Había compartido ella alguna hazaña de tipo… carnal con aquel tipo? No, no podía ser cierto.

Mientras intentaba zafarse del abrazo de oso de su Charly, notó que algo le mordisqueaba el dedo gordo del pie derecho… Y en ese mismo instante la puerta de la habitación se abrió de golpe. De un salto, Miky, su niño, su peque de siete años, se plantó en la cama y empezó a bucear entre las sábanas hasta que… “¡Te pillé!”, se escuchó decir, más bien gritar, bajo el remolino de sábanas y edredón. El tacto de una pequeña mano en su pie volvió a sobresaltarla cuando Miky emergió de las profundidades más colorado que un tomate y riendo como un loco. Mostraba orgulloso su trofeo que colgaba de la cola y agitaba sus diminutas patitas en el aire. Era Rusty.

Natalia salió disparada de la cama mientras Charly, Micky y Rusty la miraban fijamente antes de dedicarle todo su repertorio de risotadas, carcajadas y demás variantes de la risa. Con tanto alboroto y alborozo apareció la que faltaba, Marietta, la niña de sus ojos, una adolescente rellenita, pelirroja y pecosa como jamás había visto antes.

Natalia, perpleja y en pie junto a la cómoda trataba de reaccionar, calibrar sus posibilidades de salir intacta, pensar, pensar… De nuevo no tuvo tiempo. A la voz de "¡A por ella!", los tres, los cuatro, se lanzaron sobre ella y la arrastraron hasta la cama donde empezaron a hacerle cosquillas y más cosquillas, a darle besos… ¡Dios mío!, pensó, ¿qué habré hecho yo para merecer esto?

Por lo visto estaban encantados y no paraban de repetir lo bien que estaban los cuatro, los cinco, juntitos, y que como era sábado y había suficiente comida en la nevera, y llovía… pues que no había necesidad de salir a la calle en todo el fin de semana.

¡Socorro! Esa era la única palabra que repetía su cabeza. ¡Socorro!, ¡Socorro! Pero ella sí, ella sí tenía necesidad, verdadera urgencia por salir de allí. Le fue imposible. La tenían secuestrada en su propia casa y su propia familia. Pero esa no era su casa ni ellos su familia. Visto desde fuera, era evidente que sí…

El domingo a la tarde tuvo que reconocer que, aunque estaba deseando que llegara el lunes, en el fondo, muy en el fondo, un poco de cariño sí que les había tomado a aquellos trogloditas empalagosos.

Y llegó el lunes. Estaba nerviosa. Todo el día pendiente del reloj, esperando ansiosa la hora de salir del trabajo para ver si…

Tomó el metro como todos los días en la estación de la Plaza del Ángel, y ya entonces sintió algo extraño. No sabría explicarlo bien, pero era como si un puñal le atravesara el costado derecho, dejándola sin respiración un instante. Tuvo que detenerse al menos cuatro veces hasta que pudo sentarse en uno de los asientos del fondo del vagón.

Estaba asustada. Apenas unos minutos antes su estado era completamente normal. Miró alrededor. Aquellas personas tenían un aspecto que no era el de aquellas con las que se topaba todas las tardes. Parecían etéreas, como transparentes, incorpóreas… ¡ángeles, sí, más bien eran como ángeles!

No, todo eso era absurdo, completamente absurdo. Imposible. Se había sugestionado. Estación Plaza del Ángel, el hecho inexplicable que estaba viviendo desde el lunes anterior, su excitación por saber qué le esperaba al volver a casa…

Nadie subía, nadie bajaba, y poco antes de llegar a la cuarta estación, la suya, las luces del metro parpadearon, por el altavoz dijeron su nombre: “Natalia Roca Ortiz, por favor, baje en cuanto se detenga el tren y diríjase a su izquierda, allí habrá alguien esperándola.”

Todas esas personas que viajaban en el vagón junto a ella y que parecían extrañas, la miraron con ternura y esbozaron una leve sonrisa, mientras que con la mirada le decían adiós, buena suerte, ánimo…

Próxima estación: “Los Santos”. Natalia sintió que todas sus angustias habían desaparecido de repente. Esperó a que la luz verde del dispositivo de apertura de la puerta se hiciera visible. Pulsó con el dedo índice de la mano izquierda y las puertas se abrieron. En el andén no había nadie a pesar de la hora, hora punta de un día laborable. Se encaminó hacia la izquierda, tal y como le habían indicado por el altavoz. Poco a poco, según avanzaba, la luz se fue haciendo cada vez más intensa. Caminaba ligera, y se percató entonces de que no llevaba ni el bolso, ni la carpeta con los trabajos que solía llevarse para revisar de vez en cuando, ni la mochila pequeña con el taper de la comida…

Siguió avanzando. Primero como un bulto, luego como una sombra, y más tarde como unas figuras que fue reconociendo poco a poco, aparecieron sonrientes ante ella, Pedro, Iñigo, Anuska, ¡y hasta Michifú! Aquella sí era su casa. Aquella sí era su familia.

¡Por fin! Fue la última en llegar, llevaban una semana esperándola. A pesar de lo despistada que era y que siempre se perdía, sabían que terminaría por encontrar el camino. Ahora ya estaban todos juntos, así que podían partir tranquilos. Natalia les contó todo el lío de las casas y los maridos, y los hijos diferentes cada día, cuando volvía a casa por las tardes, y todos rieron, ya lo sabían. No les importó demorar el viaje un poco más, se veía que se lo estaba pasando tan bien que por eso decidieron esperar a que fuera ella quien les encontrara.

Junto a la cuneta, un Wolkswagen Polo reducido a un amasijo de chapa estaba siendo retirado por una grúa. Al otro lado de la carretera, una familia caminaba de la mano a través de un campo de trigo verde sin volver la vista atrás…
           
           

           Imagen: Internet. Texto: Edurne 

jueves, 25 de diciembre de 2014

LA OTRA NAVIDAD


Hay una Navidad de tristes amanecidas,
de lluvia en los corazones.
Hay una Navidad que no entiende
de suerte, de calor y comida en el plato.
Hay una Navidad de hospitales,
de muerte agazapada en espera
de levar anclas.
Hay una Navidad de niños olvidados
en las esquinas de la indiferencia,
de abuelos sin una mirada de ternura.
Hay una Navidad de la que nadie quiere hablar.
“Ver, oír y callar”.
¡Feliz Navidad!


Imagen: Internet Texto: Edurne

lunes, 22 de diciembre de 2014

domingo, 21 de diciembre de 2014

OLENTZERO



Vídeo: Internet (EITB)

domingo, 7 de diciembre de 2014

MI PARADA DURANTE LOS DOCE PRÓXIMOS MESES

Voy a ser escueta, ni el tiempo ni el ánimo me alcanzan para más. Pero por eso de no faltar a la costumbre y querer adornar este tiempo de mi vida con una pequeña celebración, aquí me tienen: reflexiva, blandita a más no poder, exhausta de todo, miedosa y algo perdida…

Al fin he llegado. Les presento a mi número, el 55, con el que habré de familiarizarme desde hoy y hasta dentro de un año. Llega avejentado, pobre, con el desgaste del sufrimiento. No corren buenos tiempos para mí y los míos, pero sé que lucharemos cada día por salir adelante, mi aita así lo querría.

Yo solo venía para decirles que ¡MUCHAS GRACIAS! Muchas gracias por estar ahí detrás, asomándose a esta ventanita en forma de orilla y siéndome fiel… no importa cuánto, si  son los casi ocho años de vida de mi blog, los cuatro últimos, o cinco, o tres o... Da igual. Yo comparto con ustedes mis buenos y mis malos momentos, y también que entre nosotros hay cierta corriente de afecto, de empatía. Les quedo muy agradecida, lo saben.

Hoy cumplo 55 años. Casi toda una vida. En épocas remotas sería como Matusalén, una auténtica superviviente (en el fondo así es como me considero). Espero que los meses venideros vayan trayendo más claros que nubes en el horizonte. Espero y deseo.

Y no voy a entristecerlos a ustedes más y sin razón, que la vida es muy puñetera, y a cada cual le toca lo suyo, lo sé. Así que, solo decirles que me alegro de haber llegado hasta aquí, y ustedes que lo vean… (¿Se decía así?).

Txin txin!




Imagen 55: Internet  Foto: Antonio

martes, 25 de noviembre de 2014

YO SOY MI DUEÑA

Mi cuerpo es mío.
Mi corazón,
es mío.
Mis pensamientos,
mi voluntad,
mi vida…
También son míos.
Yo soy yo.
Pienso, siento y actúo por mí misma.
Que nadie ose mancillar,
manipular,
maltratar …
nada de lo que soy.


Imagen:  "Blue- Nude" de Matisse en Internet Texto: Edurne

lunes, 17 de noviembre de 2014

MARLENE, LA VACHE QUI PLEURE


¿Que qué me pasa, por qué estoy así, con esta carucha que da pena verme...? ¡Ay, si yo lo supiera!
Y el caso es que no tengo motivos para sentirme así, para andar llorando por todas las esquinas de este verde prado. Aparentemente no los tengo, pero yo sospecho que sí, que ha de haberlos, y me he propuesto encontrarlos.

Dicen mi madre, mi abuela y mis tías que soy un poquito exagerada, que me gusta andar llamando la atención...Ya, ya, la atención, ya verían ellas lo que es tener este nudo en la panza y que ni mugir me deja, miren, miren: muu... Nada, que no hay forma, no me sale, que se me ahogan las ganas. Y no vean ustedes el ridículo que hago cuando todas las de mi cuadrilla se ponen a mugir cada vez que viene el Piru, el muchacho que nos trae el heno, que nos lleva a los pastos frescos y luego nos ordeña ayudado de su padre, y que es... guapísimo, oigan, sí, lo reconozco, para ser humano, es de lo más guapo y simpático, porque nos hace unas carantoñas, nos da unas palmaditas en el lomo, nos prepara para el ordeñe de una forma que... que vamos, que nos pone a todas a mugir como tontas, Y él, que se lo sabe, se ríe, y hala, otra vez el muy zalamero a decirnos cositas al oído, y nosotras venga a mover el rabo y espantar moscas y moscones nerviositas perdidas.

Mi madre dice que toda esta tontería es porque estoy adolescente, que ando con la edad de la vaca tonta, que ya se me pasará. No las tengo todas conmigo.

Yo soy una vaca rubia, ya se habrán percatado de ello, ¿no? Bueno, pues el caso es que a nosotras nos destinan más bien para que sirvamos de proteínas a los amantes de la carne vacuna (de esto me enteré hace poco y me llevé un disgusto que no vean, lo mismo, lo mismo que cuando supe por mi prima Vaca Lechera que los Reyes Magos no eran de verdad. ¡Ya les digo, casi me da un soponcio!) Y a mí, sinceramente, que soy vaca y vegetariana, la cosa me pone los pitones tiesos. ¿Cómo puede alguien comerse a unos seres tan inofensivos como nosotras? Pero si dicen que somos como tontitas, que vamos para donde nos lleven y lo más que protestamos es cuando mugimos un poco más alto que lo que se considera mugido normal, entonces, a ver, ¿para qué quieren comerse nuestras carnes, eh?
A lo mejor este es uno de los motivos por los que me encuentro ahogada, alicaída y triste a más no poder...

El otro día estaban las vacas viejas de mi familia mugiendo un poco alteradas en una pequeña asamblea que habían formado en un rincón del establo. Que si muuu, que si mu, mu, mu y remuuumuuu... algunas estaban más excitadas de lo normal. Yo me hacía un poco la loca, y, disimuladamente, mientras ramoneaba unas hierbitas por aquí, rumiaba otras por allá, ponía la oreja por ver si me enteraba de algo. Nada.

A mí, cada vez se me hacía más grande el nudo de la panza. Era evidente que algo pasaba. Pero ¿qué? El resto de vacas jóvenes y tontorronas no se enteraban de nada. Sacudían sus rabos con movimientos acompasados, y uno, y dos, y un, dos, tres... Y rumiaban a coro y a capella. Una delicia. Pero a mí nada de eso me tranquilizaba.

No tuve que esperar mucho más, ya que al poco rato la asamblea se dispersó precipitadamente. A lo lejos se oía el ruido de un motor. Dejé mis pensamientos a un lado y torcí la testuz hasta identificar de dónde venía.
A mi lado pasaron casi al trote las hermanas Tolón-Tolón, mi amiga Leche Merengada, y la pequeña Petite Suisse. Iban muge que te muge y haciendo sonar sus cencerros sin pudor alguno. Junto a la valla de la carretera esperaban, como si de una comitiva de recibimiento se tratara, la asamblea de vacas sabias.

Para cuando quise darme cuenta, de un elegante camión de reparto entre granjas, descendió una vaca... ¿Cómo diría yo? Una vaca como jamás en la vida había visto yo, estilizada, ¡colorada! ¡Una vaca colorada! Con pendientes, madre mía, qué pendientes, y una sonrisa... Yo nunca había visto a una vaca reír.

¡Felicia, Felicia! Mugían a diestro y siniestro todas mis congéneres. ¡Así que esa era la famosa Felicia, nuestra pariente más famosa, La Vache qui rit!
Mi nudo en la panza se iba apretando cada vez más. ¿Quién podía competir con una vaca como la prima Felicia?

Resultó que mugía en francés y todo, ¡Mon Dieu! Un cazatalentos de vacas risueñas se la llevó al Paris de La France cuando era una ternerita, y solo vuelve una vez cada tres años a visitar a la familia mientras le hacen algún reportaje de esos pactados con revistas del mundo rosa de las vacas...
También me enteré de que el color rojo de su piel se debía a una especie de alergia o alteración genética que Felicia padecía desde pequeña, ¡quién iba a decir que eso iba a ser un sello de peculiaridad!

La visita de Felicia fue como la del veterinario, un visto y no visto. Yo no me atrevía a acercarme a ella y atosigarla con preguntas tontas ni “selfis” de ésos que ahora están tan de moda, total, no tengo ni vachebook, ni vachitwiter donde colgar fotos y cotilleos. Yo soy una vaca deprimida, está claro, y esas cosas no pueden hacerme feliz, al contrario. He llegado a esa conclusión hace poco y sin ayuda alguna, puesto que nadie me toma en serio cuando digo que tengo problemas. Tampoco me interesa parecerme a Felicia, eso se lo dejo a otras vacas más... cómo diríamos, ¿superficiales?

He decidido que voy a dejar de llorar, que voy a aflojar el nudo que me oprime en la panza y que como no me apetece nada, pero nada, nada, que hagan de mi chuletas de ningún tipo, voy a tomar las riendas de mi vida en este mismo instante. Así que, a ver, usted, caballero, el de la cámara, en cuanto me saque la foto y yo deje de ponerle ojitos de pena... por favor, me aparta un poco las maderas de la valla que me separa de la libertad, para que pueda salir corriendo. Porque, digo yo que ya se habrá dado cuenta de que yo no soy la vaca triunfadora, la famosa Vache qui rit, ¿no?
¡Muuuuuchas gracias!


Foto: Aitor, Texto: Edurne Vídeo: "La vache qui pleure" en Youtube de Kate&Anna McGarrigle.


sábado, 15 de noviembre de 2014

SIN PIEDAD


Dicen que llega y arrasa.
Que se lleva todo,
hasta la esperanza
mejor guardada.

Dicen que deja un cuerpo
seco y baldío,
un alma atormentada
corriendo tras el humo de la NADA.

Dicen que es un comezón
que te rasca las entrañas,
que te roba los sueños
y tizna de negro la mirada.

Dicen que no atiende a razones,
que no escucha súplicas
ni acepta llantos;
que no te mira a los ojos.

Dicen que tan solo elige,
apunta y... sin piedad,
¡dispara!



Textura: Aitor. Texto: Edurne

jueves, 13 de noviembre de 2014

SIN AIRE (Replay)

Estoy sin aire me falta el maldito no me deja respirar se esconde y mis pulmones están a punto de estallar porque lo mismo que escribo vivo sin descanso de un sitio a otro de un llanto a una pena de pocas risas a muchas prisas y así estoy que no tengo aliento ni pálpito en el aturdido motor que cada día me guía y para colmo el otoño que llega y suelta sus virus envueltos en calor y galerna de pacotilla cambiando de rumbo noche y día hoy aquí mañana cualquiera lo adivina quita y pon que me hielo me ahogo sin remedio ya ven no tengo me falta…




Imagen: (Eneko) Internet Texto: Edurne (Texto ya publicado en esta Orilla el 19-10-12). Seguimos igual… ¡o más! Y para colomo, ahora he sucumbido a los virus o lo que sean, llevo dos días en casa reventada de tanto toser, con todo el cuerpo “endolorido” y sin pegar ojo…

domingo, 9 de noviembre de 2014

TÓTUM REVOLÚTUM (Crónicas del desconcierto)

Hace dos semanas escribía yo todo lo que sigue a continuación, y que a su vez formaba parte de un borrador de hace más de mes y medio.
En vista de que mis biorritmos siguen igual, decido ahora mismo publicar lo que tengo así, tal cual, a palo seco y con poca imagen (ya iré añadiendo y reformando, ¡espero!)
Se me anda complicando todo mucho, y también que mi yo guerrero está bajo mínimos. Ya se irá inflando la vela para poder soltar amarras y volver a navegar... 
Paciencia y confianza.
Y disculpas si les resulta largo y pesado de leer todo lo que ahora les lanzo, como una botella con mensaje arrojada al mar...


Confusión. Caos. Altibajos. Agobios. Prisas. No tiempo. Pero nada, nada de tiempo. Nada para nada. Y todo revuelto: la vida, los sentimientos… Todo.

Hay cosas, ciertas cosas que más o menos se mantienen, otras que cambian, algunas más que no llegan, que se frustran, y muchas que te parece que están ahí para machacarte todavía más.

Ahora mismo, después de tener en el borrador del blog esta entrada con título e imagen de cabecera desde hace casi un mes, y de llevar dándole vueltas a todo, ahora mismo, repito, cuando son las 18:18 de la tarde de este primer domingo con hora atrasada (me está entrando un bajonazo), acabo de entrar de la terraza, donde llevaba un rato leyendo, y he decidido que me tengo que poner con este Tótum Revolútum (y hasta dudas me entran acerca de las tildes…) porque el demorarlo más puede ser peligroso.
Y punto.



He subtitulado la entrada como “Crónicas del desconcierto”, y nada más certero. Hay Crónicas del Foro, hay Historias de la Ría, hay pensamientos y reflexiones, emociones y desconsuelos, hay impotencias y rabias contenidas; pero también hay un poco de la sal de la vida: de exposiciones, de paseos, de alguna charla reconfortante, de cines, de libros, de nuevo curso escolar y literario, de tertulias, de presentación de nuestro libro… Como ven hay de todo.

Ahora mismo no me veo capaz de referirles a ustedes todo cronológicamente, así que me perdonarán si voy un poco a salto de mata, en plan anarco, un poco como una parte de mí misma, que viaja por libre por la vida. Y también sabrán disculpar el que tal vez no haya demasiado texto, demasiada narración de los hechos, no sé, ahora mismo, según tecleo y la noche se va acercando (porca miseria!), no tengo ni la más remota idea de lo que mis dedos juguetones están pensando teclear en el próximo segundo… Soy “espontánea”, como el Cola-Cao (jejejeje).



En Septiembre (¡qué lejos queda ya!) comenzó la nueva etapa escolar. Nuevo curso, nuevo grupo… Yo ya les tenía el ojo echado, y como no tengo nadie por delante para elegir… pues para mí, ¡adjudicados! 5º de Primaria, 14 pupilos de mi tutoría y tres más de otra tutoría en las horas de Euskera, Mate y lo que en castellano se denomina Conocimiento del Medio, o sea, durante 11 horas semanales tengo 17 y el resto, 14, no está mal, ¿no? Pero no es oro todo lo que reluce…

(Inciso, tengo que encender la luz).



El coche se ha calado, contacto y… arranca. Arranco de nuevo. Metáforas para explicar un poco mi estado, mi nuevo estado vital. Así ando, me paro y arranco, me paro y arranco.

El viernes que viene me daré otro paseo por el Foro, ya estuve el mes pasado también, pero, a veces lo más importante no es ir y ver y ver, y caminar y caminar… no, a veces lo más importante radica en lo más simple, en lo más sencillo: en quedarte en casa, en sentarte a ver la tele con quien quieres, en dormitar tranquila, aunque solo sea un par de horas, en leer el periódico, en pasear sin rumbo pero cerca de la orilla, en sentarte en un banco y mirar al cielo, observar el baile de las nubes, lento, acompasado… ¿Consiste en eso la felicidad? Pues teniendo en cuenta que la felicidad es una quimera que solo se nos presenta a ratos, por momentos, segundos, que son trozos, jirones de momentos felices… sí, hay que agarrar esas situaciones y considerarlas como un regalo. Doy las gracias por todo lo que tengo, que en realidad no es poco. Tengo muchísimo más que muchas personas, y aun así, me siento desgraciada gran parte del tiempo. Y tampoco creo ser diferente a ninguno de ustedes, me pasan las mismas cosas, parecidas, solo que en momentos diferentes, cuando unos lloran, otros reímos, y viceversa. Me siento en proceso de cambio, de reforma, de reencuentro con todo, con la vida, conmigo misma, con los demás…

Ayer le decía a mi ama que me había vuelto muy observadora. Y eso lo he “observado” desde que me tocó ser el bastón de mi aita, primero, y ahora de mi ama. Voy caminando con él, antes, y con ella, ahora, nos paramos, nos sentamos, miramos, hablamos, o nos miramos… Y yo me percato de todo lo que hay a mi alrededor. Y saco muchas conclusiones, muchas (otro día les hablaré de ellas).

Y… como veo que me estoy yendo por las ramas, y no quiero ponerme demasiado melancólica o grave y seria, profunda, filosófica, llorona… pues nada, que voy a pasar a hacer una breve recopilación de hechos acaecidos o acontecidos en este periodo de tiempo, corto, pero largo al mismo tiempo.

Antes de nada, caer en el tópico del tiempo, y en repetir conversaciones de ascensor que ya han trascendido a otros términos y lugares. El tiempo, el otoño que no termina de llegar, el verano que se prolonga en demasía, dejando los cuerpos desconcertados. Sí, ¿hasta cuándo? Una ya no sabe qué ropa ponerse, por un lado parece que no procede tal o cual vestimenta, pero… sí, noviembre está al caer, dentro de seis días ya estaremos en ese tramo que suena a frío, y… ¡NADA! Pues eso, que así estamos con los termómetros locos, locos. Y que nadie me diga que no tiene relación directa con la alteración de las personalidades. Si nos afecta a los adultos, imaginen a los más pequeños. Y como tienen menos mecanismos que nosotros para controlarse, pues, eso, lo que están pensando, que es una locura dar clases. Ni les cuento.

Y como apuntaba más arriba, haciendo referencia al codiciado metal, pues este año tampoco me he librado de tener un elemento discordante en grupo tan majo. Una locura. O da él conmigo, o yo con él. La cosa ya está que arde y ha habido tres entrevistas con la madre, la última con ultimátum. Esperemos que surta efecto y que además al niño lo desvíen a un psicólogo para que hagan un diagnóstico y sepamos a qué atenernos. Y una que está más blandita y sensible que lo normal…

Me parece que había dicho yo que iba a haber poco texto, ¿no? No sé…

En Septiembre también tuvo lugar la presentación de nuestro libro colectivo, ¡el número 18! Fue un rato de lo más agradable, y les juro que esas horas, las aproveché a tope. Además de los reencuentros y los ánimos y votos renovados para este nuevo curso escribidor, a mí me sirvió de terapia, de cambio de chip.



Inciso, Inciso y más inciso. La hora avanza, las 20:45. Esta mañana he estado haciendo trabajos de clase, por lo menos ahora no me agobia eso y estoy un poco más tranquila. Voy y vengo de la terraza a la cocina, al ordenador… La temperatura es fenomenal. 

Mañana lunes, repaso mi semana, cómo se presenta: a tope. Además tengo entrevistas con padres y madres hasta en los recreos que libro. ¡Socorro! Menos mal que a la tarde me sentaré en la mesa del Taller a escribir, a inventar historias, a evadirme un poco de la mía.

Hace mucho que no hablamos de museos, ¿verdad? Pues es que si les digo la verdad, casi como que mezclo lo último que he visto. Bueno, en el Bellas Artes de Bilbao siempre hay algo que merece la pena, pero hace un par de meses que no he ido, desde la exposición que hubo dedicada a una familia bilbaína de origen alemán centro europeo, "Los Rochelt”, pertenecientes a la próspera burguesía de principios de siglo y que casi todos sus miembros se dedicaban a pintar a mas de dirigir fábricas y negocios semejantes. Fue interesante, la verdad, porque descubres que hay gente muy buena en esto del arte, aunque nunca hayan sido famosos. Y luego otra exposición: “Arte japonés y japonismo”, muy oriental, y que te lleva tranquilamente por las salas donde está ubicada (ya no está), como sin darte cuenta… Interesantes ambas.



Ahora hay otro par de exposiciones, sin contar la permanente del museo, que merece muchísimo la pena, y que nos llevan por otros derroteros. Todavía no he estado, pero una de ellas, la del “Hiperrealismo” creo que es la misma que vi hace tiempo en Madrid, y otra, la titulada “El Museo del Prado y los artistas contemporáneos”, que también tiene muy buena pinta. Hasta enero las dos, hay tiempo.



En cuanto al Guggenheim, el otro día estuve viendo un totum Revolutum de obras maestras del fondo de la Fundación. La exposición se titula “El Arte de nuestro tiempo. Obras maestras de las colecciones Guggenheim”. Pues eso, obras maestras. Siempre hay un artista que nos interesa o nos atrae e impacta más que otros, pero en general, la exposición tiene un poco de todo y creo yo que para gustar a todo el mundo.



¿Leer? Pues sí, leer leo, no todo lo que quisiera, pero procuro sacar tiempo y sumergir mi cabeza en otros parajes. Ya saben que en el bus de ida y en el de vuelta cuando voy a Madrid leo y leo y leo…



El mes pasado me devoré en los dos viajes la trilogía de Agota Kristoff “Claus y Lucas”, que comprende tres novelas: “El gran cuaderno”, “La prueba” y “La tercera mentira”. Una historia terrible, amarga, dura, oscura… no sé qué más adjetivos de este calibre añadir, pero a mi parecer, genial. La escritura de Agota Kristof, escueta, casi naif, diría yo, es el elemento que amalgama esa dureza, esa crueldad de la historia de los dos gemelos, Claus y Lucas. Desprovista de adornos, de calor, de color, de ternura… la historia, como la escritura, nos arrastran a un mundo frío, gélido, donde la supervivencia es el único fin. No voy a contarles nada más, solo decirles que merece la pena leerla. En algunos pasajes me recordó a “Purga” de Sofi Oksanen.


De las tres novelas, la primera me pareció sublime, la segunda me dejó un poco trastocada, pero bueno, la seguí bien dentro del desconcierto, y la tercera me pareció un poco como un sueño extraño. No sé si la pretensión de la autora era confundirnos más o es que la historia se le fue un poco de las manos. Sea como fuere, globalmente, es un todo terrible, y te hace pensar en muchas cosas, así mismo haces cábalas acerca de la estructura de la obra, por si Kristof no ha querido expresar cuestiones más a nivel irreal, donde entran en juego las enfermedades mentales o… En cualquier caso, presente está, y a lo largo de toda la obra el trasfondo de las guerras, de las dominaciones, y las miserias que generan los desastres de este tipo. Como dato, apuntar que Agota Kristof, nació en Hungría, que Hungría se alineó con el Eje en la época de la 2º guerra mundial, que después fueron invadidos y “salvados” por los rusos, y entraron a formar parte del universo soviético… y que ella misma huyó con su familia a Suiza donde vivió hasta su muerte. Muy marcada quedó está mujer, de ahí lo desgarrador de su obra. Léanla cuando se sientan con la suficiente curiosidad o el suficiente ánimo, y si ya la conocen, mejor que mejor.

Más. ¿Más libros? Sí, he leído más, pero ahora, otro inciso de nuevo. Perdón. Tal vez siga mañana. 



No, no seguí al día siguiente, como ya he apuntado al inicio... Lo dejo aquí. Estuve en Madrid, sí, así que ampliaré, ya les digo. Ahora les pido disculpas por este retraso, este barullo, y esta melancolía que me invade. Un super abrazo para todo aquel que todavía siga pasando por esta Orilla.


Tótum Revolútum: Edurne. Imágenes: Internet. Escaneado libros: Edurne. Fotos: Antonio y Edurne


miércoles, 15 de octubre de 2014

NO HAY TIEMPO


No hay tiempo para guardarlo en la maleta de los olvidos.
No.
No hay porque la pena me robó la risa,
porque las noches se amigaron con las angustias.
No hay tiempo.
No.
No hay porque mientras llega el alba,
y el día se presenta desnudo,
como un bebé hambriento de caricias,
los ojos se me nublaron de tanta noche oscura.
No hay tiempo.
No.
El mío partió para el más recóndito de los exilios,
dejándome huérfana y dolida,
sin noticias,
sin esperanza ni un hálito de vida.
No hay tiempo.
No.
No hay porque mis tardes lloran lágrimas de segundos eternos,
porque el viento escupe pequeños retales de mi vida
—malditos los recuerdos—,
y porque el remiendo que zurzo una y otra vez con estas torpes manos,
se va cayendo a cachos, cuando no lo veo, por el abismo del alma mía.
No hay tiempo.
No.



Imagen: Internet. Texto: Edurne

domingo, 28 de septiembre de 2014

EN ESTE OTOÑO



En este otoño que nos envuelve
con abrazo de hijo pródigo,
vuelven a mí tus recuerdos
en forma de sueños y
cosquillas en el ombligo.
Pinchan los erizos.
Igual que los de tierra,
igual que los de la mar…
Pinchan como los aguijones de la vida
—me dices—.
Eso ya lo sé,
no insistas,
hace tiempo que lo aprendí.
Un otoño tras otro, 
y dentro,
escondidas como brillantes castañas,
tenues esperanzas que,
tímidas,
me regalan un aroma
que aún no conozco.
Mi vida camina por senderos
alfombrados 
de crujiente hojarasca,
pintados 
de verde caduco
y marrón rutilante.
Si me buscas,
por ahí ando,
haciendo que camino.
Voy y vengo.
Marcho y me quedo.
Un año,
otro,
y otro,
y otro más…


Foto: Antonio. Texto: Edurne

domingo, 14 de septiembre de 2014

VIDAS PARALELAS. Fin (IV, V, VI y VII) (Replay)



 Pepe…
— ¿Qué?
— Oye, ¿tú te acuerdas de la conversación que tuvimos hace unos días?
— ¡Como para olvidarla, claro que me acuerdo, si desde entonces estoy acojonado, Merche, acojonado!
— Bueno, no exageres, hombre, que sólo era una pregunta que generó en algo más… así, más profundo, que seguro que nos ha hecho pensar, a mí al menos sí.
— Mira, Merche, esa tarde salí de casa totalmente confundido, con la cabeza vuelta del revés, con una angustia en el estómago que para qué te cuento, sin saber qué es lo que había hecho mal para que tú me preguntaras, después de treinta años, si te quería. Y así sigo. No duermo, trabajando estoy más a darle al coco que a lo que tengo que hacer, que ya me han llamado la atención una vez, algo que jamás en la vida había ocurrido… Cómo crees que estoy, ¿eh? Pero como fuiste tú la que decidió dejar la conversación para otro momento… no he querido importunarte, no fuera a ser que…
—¡Bueno, si ahora resulta que yo soy la mala de la película, la que te tiene sin dormir durante diez días, sin poder concentrarte en el trabajo… y todo por una simple preguntita!
— ¡Venga, al grano, Merche, que esto hay que solucionarlo pero ya!
— ¡Sí, a sus órdenes, mi dueño y señor!
— Menos cachondeo, que no está el horno para bollos. ¿Vas a decirme qué es lo que pretendes de mí, qué quieres que haga, o que no haga? Que ya, cualquiera sabe… Además no tengo mucho tiempo, he quedado con Manolo para un asunto.
— ¡Ah, el señor ha quedado y tiene prisa! Mira, Pepe, no pensé que fueras a ponerte así de borde, a la defensiva y tirándome pullazos. Me estás decepcionando. Me dices que has estado mal, pensando, sin dormir, angustiado, y seguro que hasta has llorado a escondidas, y ahora, te pones en este plan conmigo… Pues esto es lo que no quiero, lo que no quería, que en el momento en el que yo planteara la más mínima duda, tú te revolvieras así, te pusieras en la parte del ofendido y me trataras, maltrataras, de esta forma. Dices que me quieres, que claro que me quieres, que cómo no me vas a querer, y yo no tenía duda de ello, pero quería algo más, que habláramos, que reinventáramos nuestro matrimonio… pero veo que eres incapaz, que no te atreves a salir del camino marcado, que no te entra en la cabeza que la otra persona, yo, quiera algo más, que sienta necesidad de cambiar. ¿Pepe, no te das cuenta? Porque, ¿no se te habrá ocurrido pensar en que yo esté pasándolo mal estos días, en que esté muerta del miedo, temblando y sin dormir, sin atinar en las comidas… no me ves cómo estoy, qué ojeras tengo, qué cara se me ha quedado… no te has fijado? No, no me has mirado, no te has atrevido a mirarme.
— Merche…






Esto no hay quien lo entienda. No sé por qué ha pasado. ¿Tengo yo la culpa por preguntar…? No lo sé. ¿Es posible que una simple pregunta pueda desencadenar todo este desconcierto? Muchas veces es mejor estar callado, dejar que las cosas sigan como están, aunque por dentro estés muriéndote. Eso diría mi madre, mi madre y todas las mujeres de su generación, y hasta alguna que otra de la mía ¡eso es lo triste!

¿Y qué hago ahora, por dónde tiro? La verdad es que me he quedado como bloqueada, sólo tengo ganas de llorar, de salir corriendo de aquí, de esta casa, de esta vida…
No quiero ni mirarme al espejo. No quiero encontrarme con esa cara triste, con esa desconocida que también me pregunta “y ahora, ¿qué?”.

A veces, por la noche, en la cama, junto a este hombre al que conozco mejor que se conoce él mismo, le he hablado en silencio, sin que me oyera… y él me ha respondido con sus ronquidos, ignorante de mi sufrimiento, de mis dudas, de mis miedos.

A veces, sólo a veces, muy pocas, he pensado en dejarlo todo, en marcharme; pero al final siempre me ha invadido el cariño, también la incertidumbre, mis hijos…
Y entonces he hecho borrón y cuenta nueva, he vuelto a arrancar desde cero, como si nada me abrumara.

Y le quiero, le quiero. Lo sé, lo sabe, lo sabemos, pero hay algo ahí dentro que me está mordiendo. No sé cómo expresarlo, y está visto que el mero hecho de intentarlo está carcomiendo nuestros cimientos.

No, no quiero irme, no quiero dejarle, pero necesito reinventarnos. Si me entendiera, si se abriera a mi corazón, si no se asustara, porque sé que está tan asustado, tan acorralado que no sabe por dónde salir…

Tengo que pensar, pero ahora no puedo, ni si quiera puedo volver a hablar con él, casi no puedo ni mirarle a la cara. ¿Por qué será todo tan complicado? Con lo fácil que sería si…







El caso es que, bien mirado, tiene razón, ¡más razón que un santo! Y yo tendría que aplicarme el cuento, o sea, espabilarme un poco más, que soy un burro, sí señor. Que parece mentira, tengo a la mejor de las mujeres y si no hago nada, puedo perderla así, en un abrir y cerrar de ojos, porque… entre nosotros, Pepe, la cosa se ha puesto fea, muy, pero que muy fea.

Cómo es esto, ¿eh? Se cree uno que su vida es perfecta, que lo tiene todo, que es feliz… y mira, de la noche a la mañana, todo se puede ir al carajo. Ya te digo, lo mismo esto es una señal. Bueno, tendré que hablar con alguien primero, porque con Merche… De momento, prefiero aclarar mis ideas y después ya veremos. Manolo, yo creo que Manolo me puede servir, aunque nunca hemos hablado de estas cosas. Y ahora que lo pienso, él está en una situación parecida a la mía, vamos, que también está casado desde hace muchos años, tiene hijos… y lo mismo le ha ocurrido alguna vez algo similar. También había pensado en hablar con mi hermano Fede, pero Fede no me sirve, no está casado, así que ¿qué consejos me puede dar un solterón como él? ¡Ninguno! Seguro que salía por peteneras, ¡como si lo viera!

De una cosa sí que estoy seguro, de que yo a Merche la quiero con locura, es que sólo de pensar en todo esto, se me está cayendo hasta el pelo, que sí, que lo he notado, que tengo menos pelo, ¡ya lo creo que sí! Deben de ser los nervios. Pues eso, que está claro que la quiero, así que no sé de dónde demonios se saca esas dudas. Aunque si las tiene… por algo será. Mierda, si ahora hasta las tengo yo, tengo dudas de si ella tiene dudas de mi cariño… ¡Esto es una locura!

En la cena de fin de año de la empresa de las navidades pasadas, oí que un grupito de los de la oficina hablaban de que iban con sus parejas a no sé qué de bailes de salón, ¡y unos hasta iban a un coro a cantar! Y que se lo pasaban como enanos, y que luego hacían cenas y salidas, ¡y qué sé yo! No sé, no presté demasiada atención, tendría que preguntar. ¿Será eso lo que quiere Merche, que hagamos cosas juntos, que vayamos a bailar, a cantar…? No, a cantar no, ahí sí que no, que yo de cantar ¡nada! O bueno, otras cosas por el estilo. Si va a ser eso, porque vamos a ver, ¿tú crees, Pepe, que se puede poner ahora a estudiar para secretaria o para peluquera… y dónde la iban a coger con la edad que tiene y con el paro que hay, eh, dónde? No, que va ser lo otro, que te lo digo yo. Pero a mí me da mucha vergüenza bailar o qué sé yo, hacer cosas así, delante de más gente, y que tampoco tengo mucha conversación, no sé, que me sacan del fútbol y la pesca, y del trabajo… ¡y se acabó Pepe!

Bueno, estoy pensando que primero voy a hablar con Manolo, y espero que no se cachondee de mí, que me lo conozco; y luego, me voy a enterar de cosas de este tipo, de bailes y otras así… asequibles para nosotros, y ya, cuando lo tenga todo más o menos estudiado, hablaré con Merche. Seguro que se pone contenta, porque ahora estoy viendo que ella tal vez esperaba más de mí, más, no sé… más iniciativa para hacer cosas distintas.

Y de este lío, a los chicos ni mú, que no quiero yo que se preocupen y les dé por pensar cosas raras; que además seguro que se pondrían de parte de la madre, que los hijos para estas cosas…

Bueno, pues parece que estoy más animadillo. Oigo la puerta, viene de la compra, me voy a atrever y le voy a guiñar un ojo mientras le ayudo con las bolsas… que seguro que me echa una sonrisilla, ¡que la necesito más que el respirar! La sonrisa, y a ella, ¡sobretodo a ella!







— Oye, Merche, ¿qué zapatos me pongo para lo de hoy?
— Pues no sé, Pepe, yo creo que los negros de la boda de tu sobrina irían bien, son un poco más elegantes y creo recordar que no te hacían daño, ¿no?
— Sí, yo también lo había pensado, porque claro, a estas cosas seguro que el personal irá acicalado como pinceles, vamos, como si lo viera… Y tú, cari, ponte esa falda gris oscura con la blusa que te regaló la niña, que te hace un tipito que… ¡ya quisieran otras! Además, con el aire tanguero que te marcas… la envidia, que vamos a ser la envidia esta noche. ¡Tú por guapa, y yo por suertudo!
— Exagerado, que eres un exagerado, pero sí, tienes razón, esa faldita me mete tripa, me deja así, lisita, y hasta parezco más alta y espigada. Y con estos zapatos que tienen tacón de media caña… ¡hala, bailones a mí, ja!
— Al final nos ha resultado esto del baile, y mira que yo siempre me he tenido por un patoso, pues no lo hago tan mal, ¿a que no? Con lo que me lío un poco más es con los pasos del rock and roll, que tanta vuelta, tanto giro y uno, dos, tres... ¡Jesús, parece uno una peonza mal bailada!
— Tuviste muy buena idea, Pepe, pero que muy buena. ¿Tú no te encuentras como más ágil, con más ganas de todo, no sé, diferente? Porque lo que es yo, me da la sensación de que soy una pluma, ya no me duele la espalda como antes, y hasta tengo el cutis más fino y resplandeciente. ¿Te das cuenta, Pepe, cómo son las cosas, cómo tenemos que llegar a veces al límite de una situación para reaccionar, y con un leve cambio… ya está, es como si todo fuera distinto?
— A ver Merche, peíname este remolino de la cocorota, que no hago carrera con él… y sí, tienes mucha razón, pero mira que me lo pusiste crudo, eh, canalla… ¡que me diste un susto de muerte! Ya me veía yo cornudo, solo en el mundo, sin ti, sin los chicos, sin casa, sin nada… ¡te juro que lo pasé muy pero que muy mal!
— Ya, pero para que llegaras a darte cuenta de todo, la que llevaba "enferma" mucho tiempo era yo. Nunca se me había pasado por la cabeza dejarte, pero sí quería que abrieras los ojos, que te espabilaras… Anda, trae ese peine y agacha un poco la cabeza, que no llego al remolino dichoso.
— ¿Me das un beso, reina?
— Y dos, y hasta tres, si te estás quieto…

Bocetos: Antonio Texto: Edurne