miércoles, 18 de marzo de 2020

ANNO TERTIODECIMO. Desde La Orilla en tiempos convulsos.




Y van trece. Un año tras otro y hemos llegado al número maldito (yo no tengo nada en su contra, pero esta vez no sé qué pensar), al doce más uno.

Tiempos convulsos. Alguien ha dejado la puerta abierta y se nos ha escapado un virus puñetero y vengativo que anda haciendo estragos por acá y por allá.

Tiempos del Coronavirus. Todo nos lleva a recordar aquellas plagas y pestes de la Antigüedad: las siete plagas de Egipto, la peste de la Edad Media… ¡Y tantas otras! Y cómo no, también está “El amor en tiempos del cólera”.

A partir de ahora todo será distinto. Ya es distinto. De la noche a la mañana nuestras vidas han cambiado. Un tsunami está recorriendo el mundo. A la Orilla también llega el oleaje alterado, escupiendo rabia, impotencia y dolor. Calma. Dicen que después de la tormenta, escampa, siempre, siempre escampa (mi compa Mercedes dixit).

Hace trece años, cuando decidí arremangarme y dejar que las olas juguetonas de esta Orilla mecieran mis sentimientos, mis angustias, mis alegrías… no imaginaba yo que iba a vivir tiempos de sufrimiento, de pérdidas, de incertidumbre, de enojo y confusión. Claro que también ha habido una buena ración de risas y cosas buenas. La vida misma.

Como vengo haciendo todos los 18 de marzo desde que abrí este rincón de encuentro, de compartir y aprender, tengo costumbre de acompañar el texto con una foto mía de esa edad. Este año toca una muy graciosa, aunque yo esté superseria, casi asustada ante la cámara. Tenía trece años, y ya sabía lo que me gustaba (no todo) y lo que no (no todo), pero el aprendizaje de vida ya había comenzado un poco antes. Han pasado 47 años entre esa foto de cabecera y la que cierra esta crónica. Mucha vida.

Gracias mil por seguir acompañándome en mi periplo particular. Este espacio, y tod@s l@s que habéis chapoteado en él antes o ahora, ya formáis parte de mi curriculum vitae.

Son momentos duros estos de ahora, pero estoy segura de que saldremos reforzados de este torbellino de miedos y desconciertos varios. Si todo el mundo aporta lo mejor, si hacemos las cosas con responsabilidad, si somos solidarios, si apoyamos a los más débiles y vulnerables y mantenemos la esperanza y la confianza… ¡Todo saldrá bien!

No se olviden de ser felices a pesar de los pesares, de mantener el tipo por los que no pueden, de afianzar los afectos, ya estén cerca o lejos, de mirar a la vida con otros ojos, y de descubrir lo pequeño en medio de la inmensidad de nuestro ruidoso mundo, ahora en silencio.


¡Cuídense! Y gracias por estar ahí. MILA ESKER!

Fotos: De la memoria familiar, invierno de 1973, y selfi postpeluquería, marzo 2020. Texto y reflexión: Edurne

domingo, 8 de marzo de 2020

MARTXOAK 8 / 8 DE MARZO





EMAKUMEOK ZUTIK!


Vídeo: Youtube

sábado, 29 de febrero de 2020

¿QUÉ PASA?




                                                                              
¿Qué pasa que no me reconozco? Me miro al espejo y tengo que escudriñar largo rato tras el gesto apagado de la que me mira para encontrar un leve rastro de la que soy, de la que era…

Hago y deshago, entro y salgo, compongo y descompongo, pienso y despienso (palabro de mi invención), río (poquito) y lloro (bastante), duermo (poco y mal) y despierto… En fin, todas esas cosas que se supone que hacemos las personas, pero…

No, que no. Nada es igual. Es y no es. Algo ha cambiado dentro de mí. Tengo atasco de todo: emocional, social, intelectual, de salud, literario, vital… Y no veo cómo darle la vuelta a la tortilla. Ya, ya sé que todo el mundo me dice que tranquila, que ya iré pasando por esta fase y entraré en otra más amable. No sé yo. Mi cuerpo ha cambiado (en serio, ha cambiado), mi mente va un poco a su bola, no me hace demasiado caso. ¡Un motín en toda regla, ya les digo!

Y para colmo, el coronavirus de las narices (ahora mismo oigo la cantinela en la tele, en la radio de la cocina). Sí, sí, ríanse, pero nos están bombardeando y aunque una quiera mantener la calma, te meten la angustia hasta en sueños.

Y hablando de sueños, hasta en el mundo onírico tengo rebeldes. Ahora me paso unas noches de lo más chungas; el otro día, sin ir más lejos, mi amama (abuela) estuvo persiguiéndome toda la noche: sueño en el que entraba, sueño en el que ella me esperaba… ¡Por dios, qué sustos! Ya me tuve que poner seria con ella y llamarla al orden, pero nada, creo que ejercía el poder de la edad y hala, conmigo a todas partes. Lo que no sé es si quería decirme algo, o simplemente que tenía ganas de verme… Lo mismo todo esto tiene que ver con que me he enfrascado en la elaboración de mi árbol genealógico y claro, ando toda revuelta y emocionada. ¡Vaya usted a saber!

Pues ya les digo, que he entrado en la década prodigiosa un poco p’allá. Espero coger el ritmo y empezar a caminar por ella a otro compás. La jubilación se me ha atragantado. Y todo el mundo me dice que estaré como una reina, haciendo lo que me dé la gana… ¡Que no me lo vuelvan a decir, que no me lo vuelvan a decir….!

De momento, mi lentitud se nota también en esta Orilla. Apenas escribo, no me da el cuerpo ni la cabeza, ni el tiempo. ¡No llego! Los libros se me acumulan en columnas tambaleantes. En mis ejercicios del Taller también estoy anquilosada, no fluyo como debiera, ¡qué cruz!

Sábado 29 de febrero de este año bisiesto (mi aita siempre recelaba de los bisiestos), son las diez de la noche, y me he puesto frente al ordenador obligada conmigo misma, me estoy retando, no crean, es un “a ver quién puede más”. Para animarme me he puesto música de mi gusto: The Mamas & The Papas, The Supremes, Martha Reeves & The Vandellas, Chuck Berry… y otros por el estilo. Han hecho su efecto, porque primero me he liado a ordenar y limpiar baldas y revisar papeles y… ¡Ufff! ¡Y también me he echado mis bailes, ay, mis bailoteos de siempre, cómo me gusta bailar!

He sido capaz de escribir treinta líneas al menos, bueno, no está mal. Para rematar el mes y cumplir, creo que ya vale, ¿no les parece? Pues aquí lo dejo, seguiré reflexionando y explorando estos nuevos caminos que me han tocado en suerte, buscaré un buen calzado para transitar por ellos sin tropiezos.

¡Hasta la próxima! Y gracias por seguir ahí. Me sean felices, hagan el favor.

Foto y Texto: Edurne

viernes, 24 de enero de 2020

SEIS LUNAS



Seis lunas
para iluminar mis noches.
Seis soles
para acompañar mis días.
Seis plumas
para escribir mi llanto
en esta orilla de la vida.
Seis penas
que llevo escondidas
entre la mirada huidiza
y la sonrisa de mentira.
Seis los años
que cuenta el calendario
de mi angustia.
Seis vueltas a la esquina
cada vez que te pienso
y no te encuentro.
Seis veces
que ya te has ido,
y seis las que me vuelvo
cuando sé que estás conmigo,
cuando siento tu mano
sujetando mis miedos,
susurrando mi nombre,
así,
bajito, bajito...

Foto: La foto más especial de las que tengo con mi aita, de la memoria familiar. Texto: Edurne. 
HOY, 24 DE ENERO, A LAS 6 DE LA MAÑANA DE HACE SEIS AÑOS, Y DE MI MANO, MI AITA SE FUE EN BUSCA DE OTROS MUNDOS. CERRÓ UN CICLO. SEIS AÑOS SON UNA ETERNIDAD SIN ÉL, PERO SIGUE PRESENTE EN NUESTRO DÍA A DÍA, EN CADA PALABRA, EN CADA MIRADA... BETI GUREKIN, BETI ZUREKIN!

martes, 31 de diciembre de 2019

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)


Estas son las uvas de la ira número 13. ¡Ya son años los que llevamos compartiendo uvas, eh!

Al igual que la semana anterior, las prisas me tienen pillada. Eso y que ando lenta, que estoy atascada, que el desmadre emocional que me desborda ha hecho de mí una Edurne un poco irreconocible para mí... ¡Qué se le va a hacer, ya volverán las aguas a su cauce!

Después de estas fiestas intentaré encauzar mi nueva situación, y entonces, tal vez, pueda ser capaz de hacer eso de los balances vitales. Dejar toda una vida atrás y encontrarte frente a una puerta medio abierta... da un poco de yuyú, no se crean.

Pero bueno, dejémonos de tonterías ahora, que hay prisa, que el año se está escapando por las rendijas, y ya veo cómo asoma el morro ese gordito redondo llamado 2020. ¡Entramos en los  locos años 20!

Escribo con el verde de la esperanza, por si ayuda en eso de los deseos y pedidos, encomiendas y demás ternuras de la época.

También me sigo apuntando a las gracias graciosas, a las del corazón, vamos, a las del agradecimiento por la compañía y los buenos ratos. Abro mis brazos y abarco a todos los buenos amigos que llevan pasando por esta orilla tanto y tanto tiempo, y con este abrazo virtual quiero hacerles llegar mi afecto y mis más sinceros deseos de todo lo mejor para sus vidas.

Levantemos las copas y brindemos por un mundo mejor.
¡FELIZ AÑO 2020! URTE BERRI ON!

¡Ah, y mi recomendación de siempre: me sean felices!

Foto y texto: Edurne. Uvas: De la cocina de mi amatxu.

martes, 24 de diciembre de 2019

ESTA NOCHE ES NOCHE BUENA Y MAÑANA...


... Y mañana, ¡Dios dirá!
Día de prisas, tarde de agobios... 
Bueno, solo quería acercarme y dejar en esta Orilla un pequeño remanso de paz: desde la Reserva del Urdaibai, un villancico tradicional de estas tierras: "Hator, hator..."

Que sean ustedes muy felices, que la paz reine en sus vidas y que... nos sigamos encontrando por esta Orilla.

Un abrazo y todo mi cariño.
¡FELIZ NAVIDAD!
EGUBERRI ON!
;)

Vídeo. Youtube. Deseos: Edurne

domingo, 15 de diciembre de 2019

PARA TOD@S VOSOTR@S : una carta de agradecimiento y despedida




Cuando era pequeña, allá por la recién estrenada segunda mitad del pasado siglo, y veía mi vida como un largo camino, pensaba que me iba a dar tiempo para hacer todo lo que quisiera. ¡Ingenua de mí! Han pasado muchos años, muchos, tal vez diría que demasiados, aunque, nunca son tantos como pensamos, y de todos aquellos sueños, aquellos planes… el que de verdad he podido cumplir hasta el final ha sido el de mi vocación, temprana, de ser maestra. Claro que también quería ser titiritera, espía, payasa, escritora, misionera, bailarina, bibliotecaria, enfermera, arqueóloga… ¡Y tantas cosas más! Todavía sigo queriendo ser unas cuántas de esas… ¡Tal vez ahora pueda!



Viernes 20 de diciembre de 2019, último día de una etapa de mi vida que se cierra, mi periplo más largo, más provechoso, duro y alegre (de momento). La nostalgia, que me viene rondando y anudando las entrañas y la garganta desde hace tiempo, me empuja a que os escriba esta carta.

No he tenido hijos, pero el destino me tenía preparada esta otra “maternidad”, la de ser la maestra, la andereño, de tant@s y tant@s... En treinta y ocho años de profesión, treinta y nueve cursos escolares, ¡uf, sois una legión quienes habéis pasado por mis manos! Incluso he sido andereño de algunos de vuestros hijos e hijas... Más orgullosa no puedo sentirme. 



Siempre he tenido miedo a estropear tan preciada mercancía. Las dudas me han asaltado hasta el último momento: ¿estaré haciéndolo bien? El material humano, y más si son niños, adolescentes, es lo más delicado que hay para trabajar. Si erramos, lo hecho no es algo que pueda borrarse y volver a empezar. Lo hecho, hecho está, ahí queda, y el error le puede fastidiar la vida a esa criatura.



Pero estoy tranquila, habéis salido al mundo, y no es el mundo el que os ha comido, sino vosotr@s quien se lo come, tenéis buenas herramientas entre las manos y sabéis usarlas.
También estoy contenta porque much@s de vosotr@s habéis seguido mis pasos y ahora os dedicáis a esta bendita profesión. Un@s cuánt@s habéis hecho las prácticas de Magisterio conmigo; otr@s, en algún momento, habéis trabajado, o incluso ahora mismo trabajáis, en la escuela… ¿Entendéis eso del orgullo? Es como el orgullo de una madre.

Jubilación. ¡Qué palabra tan fuerte! A mí se me ha metido hasta el tuétano y mientras que no la digiera bien digerida, me va a estar machacando noche y día. Acostumbrarse a los cambios es duro, difícil… Ya lo iréis comprobando, de hecho ya habéis hecho algunos cambios en vuestras vidas, unos porque han de llegar, otros, voluntarios, y otros porque vienen sin avisar y nos dejan descolocados. ¡Así es la vida, querid@s!



Siempre me he vanagloriado de mantener una buena relación con mis alumn@s, y creo que soy una gran privilegiada, porque, a ver, ¿cuánta gente de mi profesión puede decir que a pesar de los años pasados todavía mantiene el contacto con un nutrido grupo de sus pupil@s? Yo sí puedo decirlo, y presumo de ello.

Seguir vuestros pasos más allá de la escuela no ha sido difícil, siempre he preguntado a unos y a otros, aquí y allá… Siempre he estado al tanto de vuestros progresos y me he alegrado de esos logros merecidos. ¡Sois mis niñ@s!

Andereño Edurne. ¡Suena tan bien! No quiero ser otra cosa que andereño Edurne, siempre seré andereño, maestra, ¡hasta que me muera!



Sé, por experiencia, porque yo también he sido niña, adolescente, joven alocada… que hay profes que se quedan en tu corazón para siempre, yo tengo un@s poc@s. De hecho, hace unos meses, y por uno de esos azares maravillosos de la vida, pude contactar de nuevo con mi querida profe de Francés del Instituto, Yvonne. La emoción que le hizo saber de una de sus alumnas, que además la había recordado toda la vida y que ahora tenía la oportunidad de decírselo… fue terrible. ¡Uf, me emociono solo de volver a recordarlo!

Sé también, que much@s os seguiréis acordando de mí, (¡espero que bien!), y que otr@s me habrán borrado de su vida hace tiempo ya. Es imposible caerle bien a todo el mundo, resultarle buena profesora, que sientan que les eres cercana, que crean que en realidad te preocupas por él, por ella…



Pero lo que sí quiero que sepáis es que de tod@s vosotr@s, y mirad que sois chiquicientos…, he aprendido mucho. He aprendido de vuestros problemas, de vuestras reflexiones, de vuestras vivencias, de vuestros razonamientos, de vuestras cabezonerías, de los malos y buenos tragos que me habéis hecho pasar, de lo que he sufrido y lo que he disfrutado con vosotros… Habéis hecho que nunca haya dejado de ser esa Edurne niña que salía del cole todas las tardes como si acabara de llegar de la guerra de los Cien Años: despeinada, con las manos manchadas de bolis de todos los colores, con los leotardos del uniforme retorcidos, con la goma de saltar saliéndose por el bolsillo de la bata, y con esa sonrisa inocente y picarona pidiendo la merienda a ama, y con un poquito de miedo por tener que decirle a aita que no había terminado todos los trabajos de clase… ¡En fin, cómo no me iba a identificar yo con vosotr@s!



Sé que ya sois unas mujeres y unos hombres de provecho, y que l@s que están en el camino, también lo lograrán. Da igual a qué nos dediquemos, no todo el mundo puede ser ingeniero, piloto, arquitecto, físico… en la vida somos de todo, necesitamos de todas las profesiones. Solo tenemos que poner empeño y mucho cariño en lo que hacemos. La de maestr@ es la profesión de profesiones. Para ser lo que sea que queramos o podamos ser… hay que pasar por la escuela. Y ahí es donde estamos nostr@s, esperando a que años tras año lleguen nuevas generaciones a las que educar y enseñar a ser buenas personas, que en definitiva es lo más importante de todo.

Espero haber estado a la altura, con todos los fallos y defectos que arrastro (es lo que tiene ser humano y no máquina), yo he intentado dar todo lo mejor de mí y hacerlo lo más ameno y divertido posible. Recordad que el saber no ocupa lugar, eso me lo decía siempre  mi amama. Sabed que os quiero a tod@s, que podéis contar conmigo para lo que queráis o necesitéis. Habéis sido un regalo para mí.



No os olvidéis nunca de luchar por aquello que creáis justo, ni de perseguir la felicidad, y mucho menos de ser buena gente…
¡Ojito, que os estaré vigilando!

Bihotz-bihotzez
                            Andereño Edurne 




Fotos: De mi memoria personal. Texto, lágrimas, moqueo, sentimiento, alma, corazón y vida  y demás: Edurne
* Escribo en castellano puesto que la carta la voy a publicar en medios en los que quienes me vayan a leer no tienen porqué saber Euskera. 











sábado, 7 de diciembre de 2019

¡YA ESTÁN AQUÍ! LOS 60 HAN VENIDO PARA QUEDARSE




Pues sí, parece mentira pero ya han llegado. Llevaban un tiempo amenazando con venir, yo me hacía la loca, que no, que no, que sesenta son muchos ya, que todavía no me ha dado tiempo a … ¡tanto! Pero nada, ellos dicen que cumplen el protocolo, que no cabe recurso de casación ni protesta alguna, son sesenta y vienen todos juntos, de golpe. Dicen que es mejor así, que ya veré dentro de unos meses cómo me acostumbro a eso de: ¿edad? Y que me saldrá sin pensarlo apenas, “sesenta”. ¡Toma ya!  Que tendré que atender en la cola de la frutería a eso de “señora, ¿algo más?”

Pero vamos a ver, si yo lo único que recuerdo es que mi ilusión era tener 10 años, pero solo 10, por eso de los dos dígitos, ¡y punto! Ni caso. Y todos los años uno más, y uno más, y otro, y hala, toma ahora cambiamos de década, y otra vez… ¡Y aquí estamos! Esto es muy fuerte, oigan, muy fuerte, porque, vamos a ver, pasas a los sesenta, en mi caso me jubilo (merecidamente), y de pronto eres “CESANTE”, en los papeles que te mandan del gobierno, te dicen que tal día cesarás en tu condición de funcionario de carrera y que pasarás a ser pensionista. ¡Socorroooo!

Y ahí están los malditos sesenta, riéndose a mandíbula batiente (me quedo con el lugar común, total ya tengo 60…), se lo están pasando pipa con mi agobio.

Además, del maremágnum emocional que tengo por las tripas, llevo haciendo un duelo de esos potentes desde hace meses, y que ahora lleva un mes azuzando a base de bien en forma de gripe complicada. No levanto cabeza. Total, que me jubilo el día 20 de diciembre, de semejante guisa, ¡pues vaya!

¡Qué vida esta, eh! Te pones ahí en plan dale que te pego a trabajar, a estudiar, a planear, a trabajar, a estudiar, a esto, a lo otro, a lo de aquí y lo de más allá, a caerte, a levantarte, a reír, a llorar, a correr, a pasear y… Y de pronto, se cruza en tu camino esta cuadrilla de petardos, que viene a recordarte que: ¡Alto ahí, guapita, que las cosas no son así, echa el freno! ¡Y cualquiera les dice que no!

Y en esas, en estas, estamos, estoy más bien. Que hoy cumplo. Habrá que congratularse porque todavía puedo contarlo y echar unas rabias y unas risas. Se abre ante mí un nuevo paisaje (nuevo en parte, lo demás es una continuación de lo que ya tengo). Soy activa e inquieta por naturaleza, tengo recursos para nadar por el estanque sin ahogarme demasiado, así que con unos buenos manguitos, creo que saldré a flote.

Gracias mil a todos y todas los que seguís acompañando a esta orillera desde hace tantos años. Procuraré seguir guardando el horizonte como se merece.

Y permítanme que hoy el brindis sea por mí, porque sea capaz de sobrevivirme y dar lo mejor que mi persona en el tiempo que aún me toque seguir en la carrera de la vida.

Mejor reír que llorar, ¿no les parece?



ESKERRIK ASKO!


Fotos: De la memoria familiar y de mi perfil de WhatsApp. Texto: Edurne

domingo, 17 de noviembre de 2019

DUELO A GARROTAZOS (LA RIÑA)





Siempre es difícil versionar, o inspirarse en una obra de la categoría de esta que nos ocupa. El pintor, Goya, un icono de la pintura española, ha sido maestro de maestros y fuente en la que han bebido artistas de todos los tiempos. El universo pictórico del de Fuendetodos abarca la mayoría de los campos. Y el sentimiento, del tipo que sea,  aflora cuando su pincel es manejado desde dentro: por las tripas, por el corazón…

Este “Duelo a garrotazos” es una de las archifamosas “Pinturas negras”, concebidas para decorar la Quinta del Sordo. Hasta ahí su origen. Pero, ¿qué hemos querido ver, interpretar… en esta pintura? Podemos considerar a Don Francisco como el gran cronista social de la época, de esa transición, de ese levantamiento contra la tradición, de ese coqueteo con lo que viene de fuera, y que, al final no se sabe si era tan bueno…

Goya lucha con él mismo, y a la par que su sordera avanza,  potencia su visión más amplia de la sociedad. No quiere perderse el espectáculo. Y asiste a él con toda la rabia que le explota en las manos.

Esta versión, bebe del cuadro original, pero a la vez escucha melodías postmodernas. El Neoexpresionismo de Anselm Kiefer está presente, no solo en la estructura, un cuerpo yacente esperando a que su destino sea cumplido, sino también en ese vaso comunicante con la pintura de Goya, ese espectáculo al que asiste la sociedad. Y a la vez salpica el lienzo de colores de feria, muy actual y muy frío también…

¿Remisniscencias? Hay quien quiere ver en esta obra la pugna fraticida, la lucha por ver quién es mejor, quién termina con quién, quién impone sus ideas… Ustedes mismos. Tal vez sea cosa de los tiempos que nos ha tocado vivir, que todo es cíclico, que no aprendemos, que…
¡Pasen y vean!

Pintura: "La riña", para la exposición "Interpretando El Prado" de La Carpa. Antonio. Texto: Edurne


martes, 12 de noviembre de 2019

NE ME QUITTE PAS




No,
no hace falta que me olvides,
amor.
Tu recuerdo ya duerme
en mi descuido,
acunado por los brazos de la pena,
de la rabia silenciada.

¿Ves?
Mi piel ya se vistió de hielo,
ahí quedaron la miel,
¡y el mar!
Huérfanos para siempre
de tu boca,
de tus manos...

No,
no hace falta que huyas
de mis sueños.
Aprendí a
dormir sin despertar,
a decir sin hablar.

No,
no hace falta que me arranques
de tu vida,
de tus horas…
Ahora es el momento.
Tú y yo,
desnudos
en un lecho de reproches
mudos .

Respira.
¡Así!
Tu aire ya es el mío.
Te tengo dentro.
Te pienso,
te río,
te duermo.
Te amo,
te odio…

Las calles han cambiado de rumbo.
Y yo, 
loca,
las camino buscando tus pasos,
los míos,
 nuestra historia…

No,
no hace falta que llores,
amor.
Mis lágrimas,
secas,
han desbordado el cauce
de esta loca pasión
sin principio,
sin fin.

Pintemos el cielo
de nuestros recuerdos.
¡Ahora!
De rojo,
de negro,
de fuego…

No,
¡Ne me quitte pas!


Vídeo: Youtube. Texto: Edurne 


domingo, 27 de octubre de 2019

¡DIOS MÍO, AMPÁRAME!




El sol estaba en lo más alto. El ruido acompasado del vaivén de las olas, algún canto de aves, lejano, y unos temerosos y pequeños pasos en la arena, eran las únicas notas de la banda sonora de aquella mañana, vacía y vieja ya.

La espuma lamía con fruición, desesperada por llegar, los bordes ribeteados de una arena tostada. Una extensa mancha roja avanzaba, lenta pero segura, hacia el mar, mientras una pequeña avanzadilla de ese acorazado ejército llegaba hasta el cuerpo que yacía junto a la orilla.

María Teresa de Jesús López de Heredia y Sotomayor había abandonado el convento de Las Clarisas en Sevilla por orden paterna, justo a dos meses de tomar sus hábitos definitivos. Don Pedro, su padre, Contador-Escribano de La Casa de Contratación de Indias, había decidido casarla con un rico terrateniente de Cuba, propietario de uno de los mayores ingenios azucareros de la isla. Las ordenes de Don Pedro, no se discutían. Él había decidido, cuando era una niña, entregarla a la Iglesia, y ahora, convertida en una joven y hermosa mujer, mandarla a las Américas con la misión de dotar al linaje de los López de Heredia de un patrimonio sólido y terrenal por medio de esta unión. Unión que solo beneficiaba al padre y al futuro marido.

La blanca y nacarada piel, desnuda, expuesta a la ardiente mirada del astro sol, comenzó a reaccionar ante las insistentes llamadas de los emisarios de la marea roja, que avanzaba decidida hacia su futuro. Solo ella se interponía en su camino.

Pequeñas patas filosas pinchaban con insistencia la humana geografía. Por manos, brazos, piernas y pies, sentía María Teresa la llamada de la vida. Intentó abrir los ojos, pero una masa de arena húmeda se lo impedía. A duras penas, logró entreabrir el ojo derecho. Frente a ella dos bolitas negras se movían nerviosas, observándola con un interés insistente. Quiso mover la mano, el brazo, un dedo… Imposible. Estaba paralizada. Quiso gritar. Tampoco podía. Los visitantes iban llegando en pequeños grupos, y como si de una montaña se tratase, su cuerpo fue escalado por el norte y el sur, de este a oeste…

¿Qué había ocurrido, estaba soñando? Un sabor salado inundaba su boca, pastosa y llena de arena. De pronto sintió cómo una arcada le subía violenta desde el estómago. Tosió, vomitó  y consiguió encorvarse. La melena, enredada en su hermoso cuello, enmarañada y con pequeños crustáceos colgando de ella, impedía que el aire besara su cara. Un penetrante olor a salitre terminó de espabilarla.

Se creyó muerta durante unos instantes. El silencio era ensordecedor. Sentada sobre su nalga izquierda y apoyada en una mano, sacudía, nerviosa, con la otra, los diminutos guerreros rojos que estaban colonizando su cuerpo. No había duda de que se encontraba en una playa, la arena lo rodeaba todo. Ardía. Su piel también. Tenía sed y los labios  resecos y agrietados. Intentaba enfocar la poca visión de la que disponía pero todo era cegador, la luz, el oro, el  verde y el azul, el blanco; y la soledad… ¡Inmensa!

No había nada reconocible a su alrededor, ¡nada!

El chillido de una gaviota que vino a posarse cerca de ella, atraída por la posibilidad de un banquete, la asustó y entonces  consiguió ponerse en pie, tambaleante. Al punto se dio cuenta de que sus ropas eran puros jirones que apenas tapaban su níveo cuerpo. Sentía vergüenza, una vergüenza infantil, e instintivamente se llevó las manos al pecho, al vientre. Se sentía profanada, violada… ¿Dónde estaba? Quería llorar, pero tampoco eso podía.  

Solo un grito que le nacía de muy adentro se atrevió a salir de su garganta. Un grito oscuro, largo y perdido. En ese momento, un coro de aves desconocidas le respondió desde algún recóndito lugar con un graznido helador. Un minuto, cinco, veinte… ¿Cuánto estuvo así, en pie, vacilante, aguzando el oído, la vista…? Y el silencio de nuevo. Solo el mar susurraba canciones que ella no conocía.

Se dejó caer pesadamente en la arena. Sentada, intentó recordar. Frente a ella se extendía el piélago traidor, la mar que la había tragado y vomitado allí, la mar océana, ahora en calma. Un horizonte infinito, un sol en todo su esplendor. A sus espaldas, la playa, blanca, brillante y extraña, que extendía su lengua hasta el umbral de un inmenso bosque de palmeras, frondoso y caótico. A izquierda y derecha, no se veía el fin del arenal. Volvió a enfocar la vista, utilizando esta vez su mano derecha a modo de visera. Nada.

Intentó respirar con calma. Cerró los ojos. Poco a poco las imágenes iban llegando, mezcladas y confusas. Caras, lugares, conversaciones… Recordaba la fría despedida de su padre en el puerto de San Lúcar, las lágrimas ahogadas en su garganta, el olor a azahar de su Sevilla, los abrazos de sus hermanas del convento, la mano fuerte de Juanita apretando la suya, no temas mi niña, no temas… Y los hermosos y grandes ojos del negro Manuel, mirándola con lástima y amor.

Te llevas a Juanita y Manuel, le había dicho su padre, ellos cuidarán de ti por mí hasta que lleguéis a Trinidad, donde será tu marido, Don Lope de Aguinaga, tu señor y valedor. Ve con Dios y procura ser digna hija de tu padre y tu linaje. Aquellas fueron las últimas palabras de don Pedro. Palabras que ahora aparecían reflejadas en el espejo de arena de aquel lugar perdido en el océano.

Se acercó a la orilla. El agua estaba caliente. Mientras observaba sus dedos hundirse en la arena con cada envite de ola y espuma, vio cómo llegaba una multitud de cangrejos rojos, empujándose unos a otros, pasando por encima de sus pies, a fundirse con aquellas cálidas aguas. Se sentía reconfortada, y por un momento olvidó sus tribulaciones.

La brisa soplaba suave, como una caricia, pero algo había cambiado. Algo que la hizo volverse y mirar al punto exacto del que emergía, lejos, muy lejos, una figura que, poco a poco, iba haciéndose más grande. Los cangrejos habían desaparecido, la gaviota se había alejado, y el sol empezaba a cubrir su rostro…

María Teresa encomendó su alma al Señor, y arrodillada en la dura arena, con las manos cruzadas en signo de oración, suplicante, solo alcanzó a decir: ¡Dios mío, ampárame!



Imágenes: Internet. Texto: Edurne

martes, 1 de octubre de 2019

A REY MUERTO, REY PUESTO




Septiembre ha muerto, ¡viva octubre!

Y este veranillo de San Miguel que todos los años me regala un catarro de los de libro, apoteósico él, que me tiene aturdida y más perdida si cabe todavía... 
Estornudo con escándalo, queriendo expulsar a todos los demonios que me arañan las tripas, que se esconden dentro de mis armarios, que se ríen a mis espaldas, que blasfeman y se me atragantan...

El rey ha muerto, ¡viva el rey!

Imagen y Texto: Edurne

domingo, 15 de septiembre de 2019

¡ME QUIERO JUBILAR!




                                                         
¡Jajajajaja! Me paso el día diciendo que me quiero jubilar. Lo digo así, como en broma, pero no lo es. El hecho tiene dos lecturas, al menos dos, que seguro que tendrá más... Claro que me quiero jubilar, es necesidad vital para mí en estos momentos de mi vida, pero, ¡qué bajonazo me está dando!

Treinta y ocho años de mi vida dedicados a la enseñanza en la Escuela Pública. Ahí es nada. Y de ellos, treinta y cinco años, cuatro meses y treinta y tres días, para cuando deje de formar parte activa del claustro de mi último centro, o sea, más de la mitad de mi vida en “mi escuela”. ¡Cómo no voy a estar de bajón! Tengo un maremágnum de emociones en el cuerpo, que no les digo nada.

Ando haciendo limpieza y ordenamientos varios de cajas, armarios, carpetas, libros y cuadernos, también voy encontrando reliquias, apartando lagrimones que no piden permiso… ¡Ay!


Cuando digo que en navidades me jubilo, mucha gente me mira con cara rara, así como pensando que seguro que no tengo 65 años… Y tengo que aclarar: miren ustedes, es que yo soy maestra, funcionaria de carrera, o sea, con mis oposiciones, en el ejercicio de mi profesión y cotizando desde el curso 81-82, lo que se traduce en 38 años, que en diciembre cumpliré 60, y que al pertenecer al régimen de MUFACE (Mutualidad de funcionarios civiles del Estado), lo que llaman “Clases Pasivas” (me río yo de eso de las clases pasivas, que venga Dios y lo vea, ¿pasiva yo? ¡Ay, que me parto!), pues eso, que en esas circunstancias… ¡ME PUEDO JUBILAR!


Veremos cómo transcurre este trimestre. De momento estoy haciendo un duelo escalonado, que no sé si será mejor o peor. Para empezar he tenido que salir de la que ha sido mi aula en los últimos veintiocho años, porque no voy a coger tutoría, voy a dar refuerzos de Euskera en el tercer ciclo, así que... ¡Fuera!, ¡y eso sí que ha sido la repera limonera! Ahora mismo no sé si seguir con el tema, porque se me están anegando los ojos, ¡ya les digo!


¡Ah, y en estos dos meses de verano, hasta nos ha crecido una calabaza en nuestro pequeño huerto escolar!


Que sepan que por aquí estoy, que no me he ido, y que no me pienso ir. Llevo un ritmo dispar en todo, solo dejo que mis días vayan fluyendo tal cual, y luego ya iré poniendo orden en todo mi mundo, que está bastante “despeinado”, como unas crónicas que tengo por ahí a medias… en algún momento las sacaré.

Septiembre avanza a pasos agigantados, ya nos hemos zampado la mitad de este mes tan especial. Y digo especial porque para mí, desde niña, septiembre era mágico. El final del verano, de esas largas vacaciones en las que yo disfrutaba como una enana, y el ir preparando la vuelta al cole. Despacito. Entonces el curso empezaba en octubre. Recuerdo yo el 3 de octubre de 1968, comienzo de curso; terminada la Primaria, 1º, 2º y 3º, y previo paso por Parvulitos, claro, entrábamos en un limbo llamado “Ingreso”, lo que hoy en día es 4º de Primaria, y antes 4º de EGB. Ahí se suponía que se cimentaba el paso al Bachiller Elemental, 1º, 2º, 3º y 4º, más una Reválida (verán ustedes que yo soy muy antigua ya…). Bueno, que me desvío, yo estaba en ese 3 de octubre de 1968, primer día del nuevo curso. Nervios. Nueva profesora, en este caso la hueso más hueso de todo el cole, “la Pinocho”, se llamaba Rosa, pero todo el mundo la llamaba La Pinocho (¿cómo me llamarán a mí?), y así nos fue dada en herencia. Nervios y miedo, porque, infundía miedo la tía, ya les digo yo que sí…El caso es que a mí, aquel día todo me daba un poco igual, me sentía a flote. Me pasé la mañana preguntando a todas las niñas, que a ver qué iban a hacer a la salida de clase, que a dónde iban a ir…Y todo para que me preguntaran a mí y yo poder contestar: “¡Pues yo voy a la clínica, porque hoy me ha nacido un hermanito, o una hermanita!” Ese fue, ha sido y será, el comienzo de curso más especial de toda mi vida.

Septiembre, desde hace muchos años es el comienzo de una nueva etapa, para nosotros es como si el Año Nuevo nos llegara el 1 de septiembre, así de claro. El olor a tiza, a lápices de colores, a libros y forros… ¡Eso no tiene precio! No hace falta ser niño para disfrutar de ese hormigueo de estrenar la sabiduría que está por venir. ¡Tantas cosas!

El pasado lunes 2, en el claustro de comienzo de curso, pensaba yo que con cada frase, cada situación, estaba despidiéndome de ese mundo, de mi mundo, que iba a ser la última vez que me reencontraba con mis compas en la sala de profes, que iba a ser la última vez de ese ritual tan interiorizado…

¿Pero yo no había dicho que iba a dejar el tema por eso de los embalses llenos de agua que me inundaban la casa de las emociones? No tengo remedio.



Maestra soy. Maestra seré hasta que me muera.
¡Feliz comienzo!


Fotos, texto y emociones: Edurne. Imágenes: Internet