lunes, 30 de mayo de 2011

VIDA DE PERROS




Cuando me dijeron que contara mi vida, pensé que era una broma, ¿a quién le va a interesar la vida de un perro como yo? Pero en vista de la insistencia, accedí. En un principio iba a ser una especie de entrevista, preguntas y respuestas, pero yo, sinceramente, soy un chucho un tanto tímido y planteé la posibilidad de que me dejaran contar mi existencia a mi manera, como si fuese un diario, una carta abierta… Dudaron un poco, se ve que esta gente ya tiene sus esquemas preestablecidos y sacarlos de ahí como que es un poco difícil. Pero, accedieron, por lo que también pienso que mi historia les ha interesado de verdad.

He de reconocer que la experiencia me ha gustado mucho, y no sólo porque me ha permitido bucear en mis orígenes, sino porque me ha dejado sacar todo lo que tengo por ahí dentro, todo: lo bueno y lo malo, y es que claro, en la vida de un perro, como en la de cualquiera, hay de todo, como en botica.

Y parece que me ha subido la autoestima que, sinceramente, la tenía por los suelos, más arrastrada que la vida que llevo.
Me llaman “Pocopelo”, creo que es evidente la razón de tal nombre, pero eso me trae sin cuidado, para mí tener un nombre ya es importante en sí, sea el que sea, y no que te llamen “perro”, “chucho”… ¿me entienden, verdad? La identidad es el principio de la dignidad.

Soy un perro grande, un Labrador, no puro, pero sí predominan esos genes en mi componente genético. Ya sé que ahora están de moda mis primos, los Golden Retriever, que esos sí tienen pelo, ¡y vaya pelaje, lo ponen todo perdido!, pero nosotros, que originariamente somos perros de ayuda, compañía, no sentimos envidia alguna del ascenso de ellos y del declive nuestro, es más, nos alegramos, porque, si entre familiares no nos ayudamos y alegramos por los éxitos de los nuestros… Además que ellos también son muy majos, vamos, que mantenemos una relación muy cordial.

De cachorro recuerdo que viví una temporada en un lugar muy agradable, con mis hermanos, primos y demás familia. Allí nos enseñaron muchas cosas y nos formaron para ser perros-guía. Yo estaba entusiasmado y me esforcé lo indecible para ser el mejor alumno. Un día se fijaron en mí y tuve que separarme de mi familia, mis amigos, la que había sido mi casa hasta entonces… de todo lo conocido, y enfrentarme solo a una nueva vida.

No guardo malos recuerdos de aquel inicio. Me asignaron una tarea muy importante y yo procuré llevarla a cabo lo mejor que supe: guiar y cuidar a una joven ciega, Marisa. Enseguida congeniamos, ella era muy dulce, y a mí me daba mucha pena, una chica tan guapa, tan joven y con un corazón tan noble… Cuando nos quedábamos solos, me hablaba, me contaba todo de su vida, lo que había sido, sus sueños rotos después del accidente, lo que esperaba de esta nueva vida… y luego lloraba, se dejaba llevar por la pena y lloraba. Yo no sabía muy bien qué hacer, bueno, eso al principio, porque luego descubrí una forma de tranquilizarla: apoyaba mi cabeza en sus rodillas y ponía mi pata derecha en su mano. Y era como si los dos nos transmitiéramos una fuerza que es muy difícil de explicar. Ella cesaba en su llanto y yo me quedaba plácidamente dormido con sus caricias.

Marisa fue mucho más que una amiga, casi éramos almas gemelas, a nuestra manera, claro, pero al ser yo sus ojos, al tener que decidir por dónde encaminar sus pasos entre la jungla de la ciudad, me convertí en ella, y aprendí a pensar como lo habría hecho ella, a decidir, a rechazar…

También tengo que decir que soy un perro universitario, claro que no figura en ningún lado mi currículo, pero lo soy, asistí a la universidad con Marisa y me hice toda la carrera con ella, así que, con toda modestia, soy todo un señor perro licenciado en Sociología, aquí donde me ven. Ya, ya sé que no lo parece, pero… las circunstancias de la vida me trajeron hasta aquí.

Marisa se fue. Digo se fue, por no decir “se murió”. Así, de repente, sin avisar, creo que a ella le pilló tan de sopetón como a mí y a su familia. Una mañana, fui a despertarla como todos los días y algo me olió mal, no respiraba, no se movía… Y eso que parecía dormir plácidamente, pero nada. Me la quedé mirando largo rato, decidí actuar drásticamente: la mordí, la ladré, la zarandeé… ¡NADA! Me puse muy nervioso, la llamaba con ladridos lastimeros, no me oía, no había duda: estaba muerta.

No quise saber nada de nadie, me escapé, no podía concebir la vida sin ella. Ya no recuerdo el tiempo que vagué sin rumbo de un lado a otro. Sobrevivía gracias a la caridad ajena, a lo que encontraba en las basuras… Hasta que un día, cansado ya, aparqué mis reales con un grupo de jóvenes “alternativos”, creo que se dice así, y decidí quedarme con ellos. Y así comenzó mi nueva vida, hasta el nombre era otro, porque yo antes me llamaba “Rex”, ahora prefiero “Pocopelo”, va más acorde con esta vida de poco a todos los niveles que llevo…

Y aquí estoy, descubriendo la vida desde otra perspectiva. Sigo ayudando a los humanos con los que vivo, puesto que me utilizan para llamar la atención de los viandantes mientras ellos organizan un espectáculo callejero, de una calidad un tanto dudosa... He desarrollado habilidades de malabarista, soy capaz de estarme totalmente quieto con una galleta en la punta de la nariz y a la voz de “alehop” con un pequeño, pero estudiado movimiento, poner la galleta en el aire y hacer que termine en mi boca, es mi recompensa, se supone, al trabajo bien realizado.

Ahora no estoy tan limpio ni bien alimentado como antes, pero la vida, en el fondo no me trata demasiado mal. Tengo un techo donde dormir, casi siempre de okupa, y algunas viandas que llevarme a la boca; y los chicos, a su manera, me quieren y casi me atrevería a decir que hasta me necesitan, y no sólo como reclamo. En esencia sigo desempeñando el trabajo para el que nací, y eso me hace feliz.

Y para terminar, porque ya me parece suficiente, no hay que cansar al personal, quisiera agradecer a los de la revista “Vida de Perros” la oportunidad que me han brindado de poder dar a conocer mi vida. Muchas gracias, y ya saben dónde encontrarme… ¡Guau!

Foto: Antonio Texto: Edurne

20 comentarios:

dadaista dijo...

Ese perro es un impostor...¡Es un gato disfrazado de perro!

Ojosnegros dijo...

Me has hecho llorar, me he puesto tonta con tu entrada.
Me ha encantado, es preciosa.
Muchas felicidades y gracias por emocionarme, te aseguro que es difícil.
Un abrazo.

Laura Caro dijo...

Qué buena eres contando historias, Edurne. Es un relato estupendo.
Y el perro es una preciosidad.
Un abrazo gigante.

Cecy dijo...

Me encanto!
permiso. eh!
Creo que voy a llorar...

Guau!

TORO SALVAJE dijo...

Es una historia muy bonita pero no sé porqué me ha dado mucha pena.
Debo estar especialmente sensible.

Besos.

Francisco Espada dijo...

Sobrevivir a un ser querido es siempre un desamparo. Me ha gustado no hace justicia a la emoción sentida en la lectura, Edurne. ¡Enhorabuena!

Asun dijo...

Se me ha despertado la vena sensible con esta historia tan tierna y tan triste a la vez.

¡Cuantas vivencias y sentimientos guardarán estos animalillos en su experiencia! Porque yo estoy convencida de que los animales también tienen sentimientos.

Ya me gustaría a mí saber que se le pasa a mi Xana por su cabecita. Espero que en su balanza pesen más los buenos momentos.

Un beso

Antorelo dijo...

Una buena historia contada por una mejor narradora.
Un abrazo

Javier dijo...

Francamente no me interesa lo más mínimo la vida de este perro, ni de ninguno.
Pero por lo menos no es un perro desagradable, mimoso y de esos que se llevan ahora y que son un poco afeminados.(Por favor que el colectivo gay no lo tome como un insulto, no lo es)
Tuve un perro hace muchos años, se fue.
Tampoco era afeminado, ni se podía coger en brazos, ni peinarlo ni hostias.
Era un perro.
Y me dejó para siempre.

Saludos.

Edurne dijo...

DADAISTA:
Pues va ser que no, ya siento desilusionarte, pero creo que es un perro perro...!

Un saludo!

OJOSNEGROS:
Vaya, lo siento, y me alegro porque me parece que te ha llegado!

Gracias!
Un besote!
;)

LAURA:
Feliz de que te haya gustado.
El perro andaba por El Retiro.

Otro super abrazo parati, compi!
;)

Edurne dijo...

CECY:
Bueno, pues llore, llore usted tranquilita... que bueno, como la historia es inventada...

Besitos!
;)

TORO:
Será eso, que andas sensible y por eso te ha emocionado la vida de Pocopelo!

Un petó, maco!
;)

FRANCISCO:
Gracias por su entusiasmo, caballero!

Y es que los animalillos también tienen sus sentimientos.

Un beso!
;)

Edurne dijo...

ASUN:
Tú preguntale a Xana, a lo mejor te cuenta cosas que no sabes...!

Que son seres vivos, y por lo tanto con sentimientos.

Muxu bat, zuretzat eta Xanarentzat!
;)

ANTORELO:
Pues me parece muy bien que te haya gustado la historia de Pocopelo!
Muchas gracias por tus palabras!

Un abrazote!
;)

JAVIER:
No sé muy bien qué decirte...
Que me parece muy respetable que no te interese la vida de éste ni de ningún otro perro.
La de Pocopelo es totalmente inventada, evidente, así que no hay problema.

La de tu perro Argos, supongo que te interesaría. Ya no está pero siempre lo llevas en el recuerdo (eso pones en tu blog), así que imagino que con él ya te vale.

Dicen que los perros y sus dueños terminan pareciéndose, no sé si será verdad, a lo mejor es una de tantas leyendas urbanas...

Yo no tengo ni perros ni gatos ni mascota alguna, pero sí hay algunos de estos animales que me provocan cierta ternura.

En fin, andan por la vida como nosotros y supongo que también pasarán lo suyo!

Venga, un saludo!
;)

María del Carmen dijo...

Hermosa entrada, que me ah emocionado y las lágrimas rodean mi rostro.

Gracias por la emoción... una emoción que sabe a sentir.

Con los aires lejanos
De mi Buenos Aires
Amado y natal
Vengo a agradecer
El saludo dejado
En mis estancias
De este mundo
Tan cordial y amigable
Dónde estrechando
Lazos en armonía
Con respeto enarbolo
Mi huella dejando
Mi paz y mi cariño
Al son de un bandoneón
Y luces porteñas
Con un gran querer
Para Ti!!!!

Marita García

Mis Blogs
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Luna Azul dijo...

Entre perros y gatos no dejas de sorprender. "Apoyaba mi cabeza en sus rodillas y ponía mi pata derecha en su mano" me ha llevado a un perro de mi familia que hace años nos dejó.
Un abrazo Edurne

Edurne dijo...

MARÍA del CARMEN:
Gracias por tu visita, y agradezco así mismo la emoción al leer mis letras.

Un abrazo!
;)

LUNA AZUL:
Se ve que me he puesto un poco "animalita", jejejeje!

Muxutxuak!
;)

Cristina dijo...

¡¡Ya te veía yo una mirada de intelectual...!
¡¡Universitario ! na menos
¡¡y estiloso ,con que dignidad sujetas la galletita!!

A.K.E. dijo...

Edurne, me gustan estas historias donde los animales cuentan sus experiencias porque es seguro que tantas veces lo harán pero no sabemos oirlos, al menos una gran parte de los humanos.
Me preocupa que estén tan cerca el gatito y este perro. Cualquier cosa puede pasar en este blog.
Un beso.

Edurne dijo...

CRISTINA:
Y porque en ese momento no llevaba puestas las gafas, que sino... ya te digo, total!

Guauu, gracias, guapa!
;)

A.K.E:
Que no, mujer, que seguro que estos dos se llevarían la mar de bien, que son callejeros y ya tienen callo!

En este blog... cualquier cosa puede pasar, ya te digo!

Besos!
;)

Javier F. Noya dijo...

Suerte ha tenido ese perro que ha podido llevar una vida así. A veces miro a mi perro y lo envidio, qué quiere que le diga. Y lo amo. Besos, bellísima entrada.

Edurne dijo...

JAVIER F.:
Tu perro tiene que ser un perro feliz, seguro que sí!

Gracias, me alegro de que te haya gustado el relato.

Beso.
;)