martes, 25 de noviembre de 2014

YO SOY MI DUEÑA

Mi cuerpo es mío.
Mi corazón,
es mío.
Mis pensamientos,
mi voluntad,
mi vida…
También son míos.
Yo soy yo.
Pienso, siento y actúo por mí misma.
Que nadie ose mancillar,
manipular,
maltratar …
nada de lo que soy.


Imagen:  "Blue- Nude" de Matisse en Internet Texto: Edurne

lunes, 17 de noviembre de 2014

MARLENE, LA VACHE QUI PLEURE


¿Que qué me pasa, por qué estoy así, con esta carucha que da pena verme...? ¡Ay, si yo lo supiera!
Y el caso es que no tengo motivos para sentirme así, para andar llorando por todas las esquinas de este verde prado. Aparentemente no los tengo, pero yo sospecho que sí, que ha de haberlos, y me he propuesto encontrarlos.

Dicen mi madre, mi abuela y mis tías que soy un poquito exagerada, que me gusta andar llamando la atención...Ya, ya, la atención, ya verían ellas lo que es tener este nudo en la panza y que ni mugir me deja, miren, miren: muu... Nada, que no hay forma, no me sale, que se me ahogan las ganas. Y no vean ustedes el ridículo que hago cuando todas las de mi cuadrilla se ponen a mugir cada vez que viene el Piru, el muchacho que nos trae el heno, que nos lleva a los pastos frescos y luego nos ordeña ayudado de su padre, y que es... guapísimo, oigan, sí, lo reconozco, para ser humano, es de lo más guapo y simpático, porque nos hace unas carantoñas, nos da unas palmaditas en el lomo, nos prepara para el ordeñe de una forma que... que vamos, que nos pone a todas a mugir como tontas, Y él, que se lo sabe, se ríe, y hala, otra vez el muy zalamero a decirnos cositas al oído, y nosotras venga a mover el rabo y espantar moscas y moscones nerviositas perdidas.

Mi madre dice que toda esta tontería es porque estoy adolescente, que ando con la edad de la vaca tonta, que ya se me pasará. No las tengo todas conmigo.

Yo soy una vaca rubia, ya se habrán percatado de ello, ¿no? Bueno, pues el caso es que a nosotras nos destinan más bien para que sirvamos de proteínas a los amantes de la carne vacuna (de esto me enteré hace poco y me llevé un disgusto que no vean, lo mismo, lo mismo que cuando supe por mi prima Vaca Lechera que los Reyes Magos no eran de verdad. ¡Ya les digo, casi me da un soponcio!) Y a mí, sinceramente, que soy vaca y vegetariana, la cosa me pone los pitones tiesos. ¿Cómo puede alguien comerse a unos seres tan inofensivos como nosotras? Pero si dicen que somos como tontitas, que vamos para donde nos lleven y lo más que protestamos es cuando mugimos un poco más alto que lo que se considera mugido normal, entonces, a ver, ¿para qué quieren comerse nuestras carnes, eh?
A lo mejor este es uno de los motivos por los que me encuentro ahogada, alicaída y triste a más no poder...

El otro día estaban las vacas viejas de mi familia mugiendo un poco alteradas en una pequeña asamblea que habían formado en un rincón del establo. Que si muuu, que si mu, mu, mu y remuuumuuu... algunas estaban más excitadas de lo normal. Yo me hacía un poco la loca, y, disimuladamente, mientras ramoneaba unas hierbitas por aquí, rumiaba otras por allá, ponía la oreja por ver si me enteraba de algo. Nada.

A mí, cada vez se me hacía más grande el nudo de la panza. Era evidente que algo pasaba. Pero ¿qué? El resto de vacas jóvenes y tontorronas no se enteraban de nada. Sacudían sus rabos con movimientos acompasados, y uno, y dos, y un, dos, tres... Y rumiaban a coro y a capella. Una delicia. Pero a mí nada de eso me tranquilizaba.

No tuve que esperar mucho más, ya que al poco rato la asamblea se dispersó precipitadamente. A lo lejos se oía el ruido de un motor. Dejé mis pensamientos a un lado y torcí la testuz hasta identificar de dónde venía.
A mi lado pasaron casi al trote las hermanas Tolón-Tolón, mi amiga Leche Merengada, y la pequeña Petite Suisse. Iban muge que te muge y haciendo sonar sus cencerros sin pudor alguno. Junto a la valla de la carretera esperaban, como si de una comitiva de recibimiento se tratara, la asamblea de vacas sabias.

Para cuando quise darme cuenta, de un elegante camión de reparto entre granjas, descendió una vaca... ¿Cómo diría yo? Una vaca como jamás en la vida había visto yo, estilizada, ¡colorada! ¡Una vaca colorada! Con pendientes, madre mía, qué pendientes, y una sonrisa... Yo nunca había visto a una vaca reír.

¡Felicia, Felicia! Mugían a diestro y siniestro todas mis congéneres. ¡Así que esa era la famosa Felicia, nuestra pariente más famosa, La Vache qui rit!
Mi nudo en la panza se iba apretando cada vez más. ¿Quién podía competir con una vaca como la prima Felicia?

Resultó que mugía en francés y todo, ¡Mon Dieu! Un cazatalentos de vacas risueñas se la llevó al Paris de La France cuando era una ternerita, y solo vuelve una vez cada tres años a visitar a la familia mientras le hacen algún reportaje de esos pactados con revistas del mundo rosa de las vacas...
También me enteré de que el color rojo de su piel se debía a una especie de alergia o alteración genética que Felicia padecía desde pequeña, ¡quién iba a decir que eso iba a ser un sello de peculiaridad!

La visita de Felicia fue como la del veterinario, un visto y no visto. Yo no me atrevía a acercarme a ella y atosigarla con preguntas tontas ni “selfis” de ésos que ahora están tan de moda, total, no tengo ni vachebook, ni vachitwiter donde colgar fotos y cotilleos. Yo soy una vaca deprimida, está claro, y esas cosas no pueden hacerme feliz, al contrario. He llegado a esa conclusión hace poco y sin ayuda alguna, puesto que nadie me toma en serio cuando digo que tengo problemas. Tampoco me interesa parecerme a Felicia, eso se lo dejo a otras vacas más... cómo diríamos, ¿superficiales?

He decidido que voy a dejar de llorar, que voy a aflojar el nudo que me oprime en la panza y que como no me apetece nada, pero nada, nada, que hagan de mí chuletas de ningún tipo, voy a tomar las riendas de mi vida en este mismo instante. Así que, a ver, usted, caballero, el de la cámara, en cuanto me saque la foto y yo deje de ponerle ojitos de pena... por favor, me aparta un poco las maderas de la valla que me separa de la libertad, para que pueda salir corriendo. Porque, digo yo que ya se habrá dado cuenta de que yo no soy la vaca triunfadora, la famosa Vache qui rit, ¿no?
¡Muuuuuchas gracias!


Foto: Aitor, Texto: Edurne Vídeo: "La vache qui pleure" en Youtube de Kate&Anna McGarrigle.


sábado, 15 de noviembre de 2014

SIN PIEDAD


Dicen que llega y arrasa.
Que se lleva todo,
hasta la esperanza
mejor guardada.

Dicen que deja un cuerpo
seco y baldío,
un alma atormentada
corriendo tras el humo de la NADA.

Dicen que es un comezón
que te rasca las entrañas,
que te roba los sueños
y tizna de negro la mirada.

Dicen que no atiende a razones,
que no escucha súplicas
ni acepta llantos;
que no te mira a los ojos.

Dicen que tan solo elige,
apunta y... sin piedad,
¡dispara!



Textura: Aitor. Texto: Edurne

jueves, 13 de noviembre de 2014

SIN AIRE (Replay)

Estoy sin aire me falta el maldito no me deja respirar se esconde y mis pulmones están a punto de estallar porque lo mismo que escribo vivo sin descanso de un sitio a otro de un llanto a una pena de pocas risas a muchas prisas y así estoy que no tengo aliento ni pálpito en el aturdido motor que cada día me guía y para colmo el otoño que llega y suelta sus virus envueltos en calor y galerna de pacotilla cambiando de rumbo noche y día hoy aquí mañana cualquiera lo adivina quita y pon que me hielo me ahogo sin remedio ya ven no tengo me falta…




Imagen: (Eneko) Internet Texto: Edurne (Texto ya publicado en esta Orilla el 19-10-12). Seguimos igual… ¡o más! Y para colomo, ahora he sucumbido a los virus o lo que sean, llevo dos días en casa reventada de tanto toser, con todo el cuerpo “endolorido” y sin pegar ojo…

domingo, 9 de noviembre de 2014

TÓTUM REVOLÚTUM (Crónicas del desconcierto)

Hace dos semanas escribía yo todo lo que sigue a continuación, y que a su vez formaba parte de un borrador de hace más de mes y medio.
En vista de que mis biorritmos siguen igual, decido ahora mismo publicar lo que tengo así, tal cual, a palo seco y con poca imagen (ya iré añadiendo y reformando, ¡espero!)
Se me anda complicando todo mucho, y también que mi yo guerrero está bajo mínimos. Ya se irá inflando la vela para poder soltar amarras y volver a navegar... 
Paciencia y confianza.
Y disculpas si les resulta largo y pesado de leer todo lo que ahora les lanzo, como una botella con mensaje arrojada al mar...


Confusión. Caos. Altibajos. Agobios. Prisas. No tiempo. Pero nada, nada de tiempo. Nada para nada. Y todo revuelto: la vida, los sentimientos… Todo.

Hay cosas, ciertas cosas que más o menos se mantienen, otras que cambian, algunas más que no llegan, que se frustran, y muchas que te parece que están ahí para machacarte todavía más.

Ahora mismo, después de tener en el borrador del blog esta entrada con título e imagen de cabecera desde hace casi un mes, y de llevar dándole vueltas a todo, ahora mismo, repito, cuando son las 18:18 de la tarde de este primer domingo con hora atrasada (me está entrando un bajonazo), acabo de entrar de la terraza, donde llevaba un rato leyendo, y he decidido que me tengo que poner con este Tótum Revolútum (y hasta dudas me entran acerca de las tildes…) porque el demorarlo más puede ser peligroso.
Y punto.



He subtitulado la entrada como “Crónicas del desconcierto”, y nada más certero. Hay Crónicas del Foro, hay Historias de la Ría, hay pensamientos y reflexiones, emociones y desconsuelos, hay impotencias y rabias contenidas; pero también hay un poco de la sal de la vida: de exposiciones, de paseos, de alguna charla reconfortante, de cines, de libros, de nuevo curso escolar y literario, de tertulias, de presentación de nuestro libro… Como ven hay de todo.

Ahora mismo no me veo capaz de referirles a ustedes todo cronológicamente, así que me perdonarán si voy un poco a salto de mata, en plan anarco, un poco como una parte de mí misma, que viaja por libre por la vida. Y también sabrán disculpar el que tal vez no haya demasiado texto, demasiada narración de los hechos, no sé, ahora mismo, según tecleo y la noche se va acercando (porca miseria!), no tengo ni la más remota idea de lo que mis dedos juguetones están pensando teclear en el próximo segundo… Soy “espontánea”, como el Cola-Cao (jejejeje).



En Septiembre (¡qué lejos queda ya!) comenzó la nueva etapa escolar. Nuevo curso, nuevo grupo… Yo ya les tenía el ojo echado, y como no tengo nadie por delante para elegir… pues para mí, ¡adjudicados! 5º de Primaria, 14 pupilos de mi tutoría y tres más de otra tutoría en las horas de Euskera, Mate y lo que en castellano se denomina Conocimiento del Medio, o sea, durante 11 horas semanales tengo 17 y el resto, 14, no está mal, ¿no? Pero no es oro todo lo que reluce…

(Inciso, tengo que encender la luz).



El coche se ha calado, contacto y… arranca. Arranco de nuevo. Metáforas para explicar un poco mi estado, mi nuevo estado vital. Así ando, me paro y arranco, me paro y arranco.

El viernes que viene me daré otro paseo por el Foro, ya estuve el mes pasado también, pero, a veces lo más importante no es ir y ver y ver, y caminar y caminar… no, a veces lo más importante radica en lo más simple, en lo más sencillo: en quedarte en casa, en sentarte a ver la tele con quien quieres, en dormitar tranquila, aunque solo sea un par de horas, en leer el periódico, en pasear sin rumbo pero cerca de la orilla, en sentarte en un banco y mirar al cielo, observar el baile de las nubes, lento, acompasado… ¿Consiste en eso la felicidad? Pues teniendo en cuenta que la felicidad es una quimera que solo se nos presenta a ratos, por momentos, segundos, que son trozos, jirones de momentos felices… sí, hay que agarrar esas situaciones y considerarlas como un regalo. Doy las gracias por todo lo que tengo, que en realidad no es poco. Tengo muchísimo más que muchas personas, y aun así, me siento desgraciada gran parte del tiempo. Y tampoco creo ser diferente a ninguno de ustedes, me pasan las mismas cosas, parecidas, solo que en momentos diferentes, cuando unos lloran, otros reímos, y viceversa. Me siento en proceso de cambio, de reforma, de reencuentro con todo, con la vida, conmigo misma, con los demás…

Ayer le decía a mi ama que me había vuelto muy observadora. Y eso lo he “observado” desde que me tocó ser el bastón de mi aita, primero, y ahora de mi ama. Voy caminando con él, antes, y con ella, ahora, nos paramos, nos sentamos, miramos, hablamos, o nos miramos… Y yo me percato de todo lo que hay a mi alrededor. Y saco muchas conclusiones, muchas (otro día les hablaré de ellas).

Y… como veo que me estoy yendo por las ramas, y no quiero ponerme demasiado melancólica o grave y seria, profunda, filosófica, llorona… pues nada, que voy a pasar a hacer una breve recopilación de hechos acaecidos o acontecidos en este periodo de tiempo, corto, pero largo al mismo tiempo.

Antes de nada, caer en el tópico del tiempo, y en repetir conversaciones de ascensor que ya han trascendido a otros términos y lugares. El tiempo, el otoño que no termina de llegar, el verano que se prolonga en demasía, dejando los cuerpos desconcertados. Sí, ¿hasta cuándo? Una ya no sabe qué ropa ponerse, por un lado parece que no procede tal o cual vestimenta, pero… sí, noviembre está al caer, dentro de seis días ya estaremos en ese tramo que suena a frío, y… ¡NADA! Pues eso, que así estamos con los termómetros locos, locos. Y que nadie me diga que no tiene relación directa con la alteración de las personalidades. Si nos afecta a los adultos, imaginen a los más pequeños. Y como tienen menos mecanismos que nosotros para controlarse, pues, eso, lo que están pensando, que es una locura dar clases. Ni les cuento.

Y como apuntaba más arriba, haciendo referencia al codiciado metal, pues este año tampoco me he librado de tener un elemento discordante en grupo tan majo. Una locura. O da él conmigo, o yo con él. La cosa ya está que arde y ha habido tres entrevistas con la madre, la última con ultimátum. Esperemos que surta efecto y que además al niño lo desvíen a un psicólogo para que hagan un diagnóstico y sepamos a qué atenernos. Y una que está más blandita y sensible que lo normal…

Me parece que había dicho yo que iba a haber poco texto, ¿no? No sé…

En Septiembre también tuvo lugar la presentación de nuestro libro colectivo, ¡el número 18! Fue un rato de lo más agradable, y les juro que esas horas, las aproveché a tope. Además de los reencuentros y los ánimos y votos renovados para este nuevo curso escribidor, a mí me sirvió de terapia, de cambio de chip.



Inciso, Inciso y más inciso. La hora avanza, las 20:45. Esta mañana he estado haciendo trabajos de clase, por lo menos ahora no me agobia eso y estoy un poco más tranquila. Voy y vengo de la terraza a la cocina, al ordenador… La temperatura es fenomenal. 

Mañana lunes, repaso mi semana, cómo se presenta: a tope. Además tengo entrevistas con padres y madres hasta en los recreos que libro. ¡Socorro! Menos mal que a la tarde me sentaré en la mesa del Taller a escribir, a inventar historias, a evadirme un poco de la mía.

Hace mucho que no hablamos de museos, ¿verdad? Pues es que si les digo la verdad, casi como que mezclo lo último que he visto. Bueno, en el Bellas Artes de Bilbao siempre hay algo que merece la pena, pero hace un par de meses que no he ido, desde la exposición que hubo dedicada a una familia bilbaína de origen alemán centro europeo, "Los Rochelt”, pertenecientes a la próspera burguesía de principios de siglo y que casi todos sus miembros se dedicaban a pintar a mas de dirigir fábricas y negocios semejantes. Fue interesante, la verdad, porque descubres que hay gente muy buena en esto del arte, aunque nunca hayan sido famosos. Y luego otra exposición: “Arte japonés y japonismo”, muy oriental, y que te lleva tranquilamente por las salas donde está ubicada (ya no está), como sin darte cuenta… Interesantes ambas.



Ahora hay otro par de exposiciones, sin contar la permanente del museo, que merece muchísimo la pena, y que nos llevan por otros derroteros. Todavía no he estado, pero una de ellas, la del “Hiperrealismo” creo que es la misma que vi hace tiempo en Madrid, y otra, la titulada “El Museo del Prado y los artistas contemporáneos”, que también tiene muy buena pinta. Hasta enero las dos, hay tiempo.



En cuanto al Guggenheim, el otro día estuve viendo un totum Revolutum de obras maestras del fondo de la Fundación. La exposición se titula “El Arte de nuestro tiempo. Obras maestras de las colecciones Guggenheim”. Pues eso, obras maestras. Siempre hay un artista que nos interesa o nos atrae e impacta más que otros, pero en general, la exposición tiene un poco de todo y creo yo que para gustar a todo el mundo.



¿Leer? Pues sí, leer leo, no todo lo que quisiera, pero procuro sacar tiempo y sumergir mi cabeza en otros parajes. Ya saben que en el bus de ida y en el de vuelta cuando voy a Madrid leo y leo y leo…



El mes pasado me devoré en los dos viajes la trilogía de Agota Kristoff “Claus y Lucas”, que comprende tres novelas: “El gran cuaderno”, “La prueba” y “La tercera mentira”. Una historia terrible, amarga, dura, oscura… no sé qué más adjetivos de este calibre añadir, pero a mi parecer, genial. La escritura de Agota Kristof, escueta, casi naif, diría yo, es el elemento que amalgama esa dureza, esa crueldad de la historia de los dos gemelos, Claus y Lucas. Desprovista de adornos, de calor, de color, de ternura… la historia, como la escritura, nos arrastran a un mundo frío, gélido, donde la supervivencia es el único fin. No voy a contarles nada más, solo decirles que merece la pena leerla. En algunos pasajes me recordó a “Purga” de Sofi Oksanen.


De las tres novelas, la primera me pareció sublime, la segunda me dejó un poco trastocada, pero bueno, la seguí bien dentro del desconcierto, y la tercera me pareció un poco como un sueño extraño. No sé si la pretensión de la autora era confundirnos más o es que la historia se le fue un poco de las manos. Sea como fuere, globalmente, es un todo terrible, y te hace pensar en muchas cosas, así mismo haces cábalas acerca de la estructura de la obra, por si Kristof no ha querido expresar cuestiones más a nivel irreal, donde entran en juego las enfermedades mentales o… En cualquier caso, presente está, y a lo largo de toda la obra el trasfondo de las guerras, de las dominaciones, y las miserias que generan los desastres de este tipo. Como dato, apuntar que Agota Kristof, nació en Hungría, que Hungría se alineó con el Eje en la época de la 2º guerra mundial, que después fueron invadidos y “salvados” por los rusos, y entraron a formar parte del universo soviético… y que ella misma huyó con su familia a Suiza donde vivió hasta su muerte. Muy marcada quedó está mujer, de ahí lo desgarrador de su obra. Léanla cuando se sientan con la suficiente curiosidad o el suficiente ánimo, y si ya la conocen, mejor que mejor.

Más. ¿Más libros? Sí, he leído más, pero ahora, otro inciso de nuevo. Perdón. Tal vez siga mañana. 



No, no seguí al día siguiente, como ya he apuntado al inicio... Lo dejo aquí. Estuve en Madrid, sí, así que ampliaré, ya les digo. Ahora les pido disculpas por este retraso, este barullo, y esta melancolía que me invade. Un super abrazo para todo aquel que todavía siga pasando por esta Orilla.


Tótum Revolútum: Edurne. Imágenes: Internet. Escaneado libros: Edurne. Fotos: Antonio y Edurne


miércoles, 15 de octubre de 2014

NO HAY TIEMPO


No hay tiempo para guardarlo en la maleta de los olvidos.
No.
No hay porque la pena me robó la risa,
porque las noches se amigaron con las angustias.
No hay tiempo.
No.
No hay porque mientras llega el alba,
y el día se presenta desnudo,
como un bebé hambriento de caricias,
los ojos se me nublaron de tanta noche oscura.
No hay tiempo.
No.
El mío partió para el más recóndito de los exilios,
dejándome huérfana y dolida,
sin noticias,
sin esperanza ni un hálito de vida.
No hay tiempo.
No.
No hay porque mis tardes lloran lágrimas de segundos eternos,
porque el viento escupe pequeños retales de mi vida
—malditos los recuerdos—,
y porque el remiendo que zurzo una y otra vez con estas torpes manos,
se va cayendo a cachos, cuando no lo veo, por el abismo del alma mía.
No hay tiempo.
No.



Imagen: Internet. Texto: Edurne

domingo, 28 de septiembre de 2014

EN ESTE OTOÑO



En este otoño que nos envuelve
con abrazo de hijo pródigo,
vuelven a mí tus recuerdos
en forma de sueños y
cosquillas en el ombligo.
Pinchan los erizos.
Igual que los de tierra,
igual que los de la mar…
Pinchan como los aguijones de la vida
—me dices—.
Eso ya lo sé,
no insistas,
hace tiempo que lo aprendí.
Un otoño tras otro, 
y dentro,
escondidas como brillantes castañas,
tenues esperanzas que,
tímidas,
me regalan un aroma
que aún no conozco.
Mi vida camina por senderos
alfombrados 
de crujiente hojarasca,
pintados 
de verde caduco
y marrón rutilante.
Si me buscas,
por ahí ando,
haciendo que camino.
Voy y vengo.
Marcho y me quedo.
Un año,
otro,
y otro,
y otro más…


Foto: Antonio. Texto: Edurne

domingo, 14 de septiembre de 2014

VIDAS PARALELAS. Fin (IV, V, VI y VII) (Replay)



 Pepe…
— ¿Qué?
— Oye, ¿tú te acuerdas de la conversación que tuvimos hace unos días?
— ¡Como para olvidarla, claro que me acuerdo, si desde entonces estoy acojonado, Merche, acojonado!
— Bueno, no exageres, hombre, que sólo era una pregunta que generó en algo más… así, más profundo, que seguro que nos ha hecho pensar, a mí al menos sí.
— Mira, Merche, esa tarde salí de casa totalmente confundido, con la cabeza vuelta del revés, con una angustia en el estómago que para qué te cuento, sin saber qué es lo que había hecho mal para que tú me preguntaras, después de treinta años, si te quería. Y así sigo. No duermo, trabajando estoy más a darle al coco que a lo que tengo que hacer, que ya me han llamado la atención una vez, algo que jamás en la vida había ocurrido… Cómo crees que estoy, ¿eh? Pero como fuiste tú la que decidió dejar la conversación para otro momento… no he querido importunarte, no fuera a ser que…
—¡Bueno, si ahora resulta que yo soy la mala de la película, la que te tiene sin dormir durante diez días, sin poder concentrarte en el trabajo… y todo por una simple preguntita!
— ¡Venga, al grano, Merche, que esto hay que solucionarlo pero ya!
— ¡Sí, a sus órdenes, mi dueño y señor!
— Menos cachondeo, que no está el horno para bollos. ¿Vas a decirme qué es lo que pretendes de mí, qué quieres que haga, o que no haga? Que ya, cualquiera sabe… Además no tengo mucho tiempo, he quedado con Manolo para un asunto.
— ¡Ah, el señor ha quedado y tiene prisa! Mira, Pepe, no pensé que fueras a ponerte así de borde, a la defensiva y tirándome pullazos. Me estás decepcionando. Me dices que has estado mal, pensando, sin dormir, angustiado, y seguro que hasta has llorado a escondidas, y ahora, te pones en este plan conmigo… Pues esto es lo que no quiero, lo que no quería, que en el momento en el que yo planteara la más mínima duda, tú te revolvieras así, te pusieras en la parte del ofendido y me trataras, maltrataras, de esta forma. Dices que me quieres, que claro que me quieres, que cómo no me vas a querer, y yo no tenía duda de ello, pero quería algo más, que habláramos, que reinventáramos nuestro matrimonio… pero veo que eres incapaz, que no te atreves a salir del camino marcado, que no te entra en la cabeza que la otra persona, yo, quiera algo más, que sienta necesidad de cambiar. ¿Pepe, no te das cuenta? Porque, ¿no se te habrá ocurrido pensar en que yo esté pasándolo mal estos días, en que esté muerta del miedo, temblando y sin dormir, sin atinar en las comidas… no me ves cómo estoy, qué ojeras tengo, qué cara se me ha quedado… no te has fijado? No, no me has mirado, no te has atrevido a mirarme.
— Merche…






Esto no hay quien lo entienda. No sé por qué ha pasado. ¿Tengo yo la culpa por preguntar…? No lo sé. ¿Es posible que una simple pregunta pueda desencadenar todo este desconcierto? Muchas veces es mejor estar callado, dejar que las cosas sigan como están, aunque por dentro estés muriéndote. Eso diría mi madre, mi madre y todas las mujeres de su generación, y hasta alguna que otra de la mía ¡eso es lo triste!

¿Y qué hago ahora, por dónde tiro? La verdad es que me he quedado como bloqueada, sólo tengo ganas de llorar, de salir corriendo de aquí, de esta casa, de esta vida…
No quiero ni mirarme al espejo. No quiero encontrarme con esa cara triste, con esa desconocida que también me pregunta “y ahora, ¿qué?”.

A veces, por la noche, en la cama, junto a este hombre al que conozco mejor que se conoce él mismo, le he hablado en silencio, sin que me oyera… y él me ha respondido con sus ronquidos, ignorante de mi sufrimiento, de mis dudas, de mis miedos.

A veces, sólo a veces, muy pocas, he pensado en dejarlo todo, en marcharme; pero al final siempre me ha invadido el cariño, también la incertidumbre, mis hijos…
Y entonces he hecho borrón y cuenta nueva, he vuelto a arrancar desde cero, como si nada me abrumara.

Y le quiero, le quiero. Lo sé, lo sabe, lo sabemos, pero hay algo ahí dentro que me está mordiendo. No sé cómo expresarlo, y está visto que el mero hecho de intentarlo está carcomiendo nuestros cimientos.

No, no quiero irme, no quiero dejarle, pero necesito reinventarnos. Si me entendiera, si se abriera a mi corazón, si no se asustara, porque sé que está tan asustado, tan acorralado que no sabe por dónde salir…

Tengo que pensar, pero ahora no puedo, ni si quiera puedo volver a hablar con él, casi no puedo ni mirarle a la cara. ¿Por qué será todo tan complicado? Con lo fácil que sería si…







El caso es que, bien mirado, tiene razón, ¡más razón que un santo! Y yo tendría que aplicarme el cuento, o sea, espabilarme un poco más, que soy un burro, sí señor. Que parece mentira, tengo a la mejor de las mujeres y si no hago nada, puedo perderla así, en un abrir y cerrar de ojos, porque… entre nosotros, Pepe, la cosa se ha puesto fea, muy, pero que muy fea.

Cómo es esto, ¿eh? Se cree uno que su vida es perfecta, que lo tiene todo, que es feliz… y mira, de la noche a la mañana, todo se puede ir al carajo. Ya te digo, lo mismo esto es una señal. Bueno, tendré que hablar con alguien primero, porque con Merche… De momento, prefiero aclarar mis ideas y después ya veremos. Manolo, yo creo que Manolo me puede servir, aunque nunca hemos hablado de estas cosas. Y ahora que lo pienso, él está en una situación parecida a la mía, vamos, que también está casado desde hace muchos años, tiene hijos… y lo mismo le ha ocurrido alguna vez algo similar. También había pensado en hablar con mi hermano Fede, pero Fede no me sirve, no está casado, así que ¿qué consejos me puede dar un solterón como él? ¡Ninguno! Seguro que salía por peteneras, ¡como si lo viera!

De una cosa sí que estoy seguro, de que yo a Merche la quiero con locura, es que sólo de pensar en todo esto, se me está cayendo hasta el pelo, que sí, que lo he notado, que tengo menos pelo, ¡ya lo creo que sí! Deben de ser los nervios. Pues eso, que está claro que la quiero, así que no sé de dónde demonios se saca esas dudas. Aunque si las tiene… por algo será. Mierda, si ahora hasta las tengo yo, tengo dudas de si ella tiene dudas de mi cariño… ¡Esto es una locura!

En la cena de fin de año de la empresa de las navidades pasadas, oí que un grupito de los de la oficina hablaban de que iban con sus parejas a no sé qué de bailes de salón, ¡y unos hasta iban a un coro a cantar! Y que se lo pasaban como enanos, y que luego hacían cenas y salidas, ¡y qué sé yo! No sé, no presté demasiada atención, tendría que preguntar. ¿Será eso lo que quiere Merche, que hagamos cosas juntos, que vayamos a bailar, a cantar…? No, a cantar no, ahí sí que no, que yo de cantar ¡nada! O bueno, otras cosas por el estilo. Si va a ser eso, porque vamos a ver, ¿tú crees, Pepe, que se puede poner ahora a estudiar para secretaria o para peluquera… y dónde la iban a coger con la edad que tiene y con el paro que hay, eh, dónde? No, que va ser lo otro, que te lo digo yo. Pero a mí me da mucha vergüenza bailar o qué sé yo, hacer cosas así, delante de más gente, y que tampoco tengo mucha conversación, no sé, que me sacan del fútbol y la pesca, y del trabajo… ¡y se acabó Pepe!

Bueno, estoy pensando que primero voy a hablar con Manolo, y espero que no se cachondee de mí, que me lo conozco; y luego, me voy a enterar de cosas de este tipo, de bailes y otras así… asequibles para nosotros, y ya, cuando lo tenga todo más o menos estudiado, hablaré con Merche. Seguro que se pone contenta, porque ahora estoy viendo que ella tal vez esperaba más de mí, más, no sé… más iniciativa para hacer cosas distintas.

Y de este lío, a los chicos ni mú, que no quiero yo que se preocupen y les dé por pensar cosas raras; que además seguro que se pondrían de parte de la madre, que los hijos para estas cosas…

Bueno, pues parece que estoy más animadillo. Oigo la puerta, viene de la compra, me voy a atrever y le voy a guiñar un ojo mientras le ayudo con las bolsas… que seguro que me echa una sonrisilla, ¡que la necesito más que el respirar! La sonrisa, y a ella, ¡sobretodo a ella!







— Oye, Merche, ¿qué zapatos me pongo para lo de hoy?
— Pues no sé, Pepe, yo creo que los negros de la boda de tu sobrina irían bien, son un poco más elegantes y creo recordar que no te hacían daño, ¿no?
— Sí, yo también lo había pensado, porque claro, a estas cosas seguro que el personal irá acicalado como pinceles, vamos, como si lo viera… Y tú, cari, ponte esa falda gris oscura con la blusa que te regaló la niña, que te hace un tipito que… ¡ya quisieran otras! Además, con el aire tanguero que te marcas… la envidia, que vamos a ser la envidia esta noche. ¡Tú por guapa, y yo por suertudo!
— Exagerado, que eres un exagerado, pero sí, tienes razón, esa faldita me mete tripa, me deja así, lisita, y hasta parezco más alta y espigada. Y con estos zapatos que tienen tacón de media caña… ¡hala, bailones a mí, ja!
— Al final nos ha resultado esto del baile, y mira que yo siempre me he tenido por un patoso, pues no lo hago tan mal, ¿a que no? Con lo que me lío un poco más es con los pasos del rock and roll, que tanta vuelta, tanto giro y uno, dos, tres... ¡Jesús, parece uno una peonza mal bailada!
— Tuviste muy buena idea, Pepe, pero que muy buena. ¿Tú no te encuentras como más ágil, con más ganas de todo, no sé, diferente? Porque lo que es yo, me da la sensación de que soy una pluma, ya no me duele la espalda como antes, y hasta tengo el cutis más fino y resplandeciente. ¿Te das cuenta, Pepe, cómo son las cosas, cómo tenemos que llegar a veces al límite de una situación para reaccionar, y con un leve cambio… ya está, es como si todo fuera distinto?
— A ver Merche, peíname este remolino de la cocorota, que no hago carrera con él… y sí, tienes mucha razón, pero mira que me lo pusiste crudo, eh, canalla… ¡que me diste un susto de muerte! Ya me veía yo cornudo, solo en el mundo, sin ti, sin los chicos, sin casa, sin nada… ¡te juro que lo pasé muy pero que muy mal!
— Ya, pero para que llegaras a darte cuenta de todo, la que llevaba "enferma" mucho tiempo era yo. Nunca se me había pasado por la cabeza dejarte, pero sí quería que abrieras los ojos, que te espabilaras… Anda, trae ese peine y agacha un poco la cabeza, que no llego al remolino dichoso.
— ¿Me das un beso, reina?
— Y dos, y hasta tres, si te estás quieto…

Bocetos: Antonio Texto: Edurne






sábado, 6 de septiembre de 2014

VIDAS PARALELAS (I, II y III) (Replay)



—Vamos a ver, Pepe, ¿tú a mí… me quieres?
—Pero qué cosas tienes Merche, cómo no te voy a querer, ¡si estamos casados!
—Ya, o sea, que para ti, el mero hecho de estar casados ya quiere decir que nos queremos, nos amamos locamente y tal y tal…
—Vaya, ¡nos dio el cuarto de hora filosófico, eh! Mira, cari, tú y yo llevamos muchos años juntos, primero de novios, lo que nos dio tiempo para conocernos, y después pues nos casamos porque, ¿qué íbamos a hacer sino?
—¡Que qué íbamos a hacer dice! ¡Hace falta valor! Yo desde luego, infinidad de cosas, que me casé tan joven porque me dabas pena.
—¿Pena yo? Oye, oye… a ver qué es eso de que te daba pena.
—Pues sí, que si en tu casa estabais todos muy apretados con tus padres, tu hermana Luisa, tu cuñado y los dos niños, tú y Fede… Vamos, que casi me vi forzada a hacerlo, y tus padres no veas cómo me lo agradecieron.
—A ver, a ver, que me entere yo, la cosa es así: te casaste conmigo porque de una u otra forma te viste obligada a ello, o sea, que en realidad, no estabas enamorada de mí…
—Hombre Pepe, no tergiverses las palabras, que tampoco he querido decir eso. Más bien que era muy joven, que tenía muchos sueños, que me hubiera gustado esperar un par de años más…
—Yo siempre pensé que eras feliz, que nuestro matrimonio era modélico, que había confianza entre nosotros, que cuando llegaron nuestros hijos nuestra felicidad fue completa… Siempre he creído eso y por lo mismo estaba tranquilo, pero ahora, ahora me has desconcertado. ¿No querrás decirme algo, verdad? No sé, que hay otro hombre, que quieres marcharte para realizarte como persona, que…
—¡Ay, Pepe, no seas simple! Que no, que no es nada de eso, que no se te hagan los dedos huéspedes, pero mira, que tengo cincuenta años y me ha dado por pensar en si de verdad tú me quieres, en si de verdad yo te quiero. No es tan raro. ¿Tú no te lo has planteado nunca?
—Pues no, la verdad es que no. No he creído necesario decirte a cada rato “Merchitas, mi niña, cuánto te quiero”, no sé, me parecía obvio.
—Ya, obvio. Habrás de saber, Pepito mío, que sí, que es necesario, aunque nos parezca una cursilería, aunque sea “obvio” como tú dices. A veces, esas pequeñas muestras de romanticismo trasnochado son como una cucharada de reconstituyente, el “Bovril” que da sabor a la sopa. No es suficiente con que llevemos treinta años casados, con que seas el padre de mis hijos, con que duermas todas las noches junto a mí, con que una vez al año vayamos quince días de vacaciones al pueblo de tus padres y parezca que todos somos muy felices… Hay más cosas, Pepe, ¡muchas más!
—¿Más cosas, y cuáles son esas cosas?
—Deja, total…
—¡Nada de “deja”, ya se nos ha trastocado la tarde, Merche, así que ahora no me dejes in albis; ahora dime, que yo me entere: ¿cuáles son esas otras cosas?
—Que no, que si aún no te has dado cuenta, mejor dejarlo para otro día.
—¡Sí, claro, como tú digas, para otro día…!


Continuará…

Bocetos: Antonio Texto: Edurne





No, si ya me lo decía mi hermana Puri, que no me precipitara, que era muy joven, que esto, que lo otro…
Ya, ya sé, tenía toda la razón del mundo, pero, ¿qué quieres? Si hasta me hacía ilusión eso de decir que estaba casada, que si mi marido tal, que si los hijos cual…

A mí me hubiera gustado hacer algo más después del instituto, aunque muy buena estudiante no era, pero no sé, algo como peluquería, secretariado, que en aquella época decir que una era secretaria, tenía su aquél; y que tenías una peluquería, por ejemplo, pues también. Pero no, me quedé en ama de casa, con el “Sus labores” de rigor. Y ahora me siento una “Maruja”. ¡Me da una rabia! No porque no valore el trabajo de las amas de casa, que yo soy una de ellas y sé lo que hay: una jornada contínua ejerciendo de todo, de madre, esposa, enfermera, psicóloga, cocinera, señora de la limpieza, amiga, consejera, amante, confidente… ¡y sin sueldo! Ya, y luego hay que oír que tienes casa, ropa y comida… ah, y que no se nos olvide: quince días de vacaciones al año (¡ejerciendo de lo mismo que en casa y encima en el pueblo de tus suegros!)...
¡Buen negocio hice yo!

Y el caso es que Pepe es un buen hombre, trabajador como el que más, que siempre me ha querido, al menos se ha preocupado de mí, de los niños, de que no nos faltara nunca nada. Y que jamás me ha engañado (eso creo), pero… noto que falta algo. Sí, seguro que si lo comento con mis amigas o mi hermana, me dirán eso de la “maldita rutina”, que la rutina mata el amor… bla, bla, bla. No me interesa. La rutina está en todos los aspectos de nuestra vida. Es rutina hacer la cama todos los días, levantarse, ducharse, desayunar… Todo es rutina, y ¿qué? No, no me sirve eso de la rutina.

Hay veces que me miro al espejo, como ahora, y sólo me quedo así, mirándome. Yo creo que quiero descubrir algo, una respuesta a estas dudas que me tienen como rabiosa, rebelde, inquieta…

Hoy me he atrevido a preguntarle a Pepe si de verdad me quiere. Le he pillado casi a traición, no se esperaba esta pregunta ni por lo más remoto. Y me sale con que ¡cómo no me va a querer si estamos casados! Y ahí me he dado cuenta de que es un inocente, muy bueno, pero un inocente, vamos, que no, que no se entera de nada. Lleva más de la mitad de su vida mirándome pero sin verme. Me tiene y eso para él es suficiente. Yo le doy la seguridad que necesita, su vida está completa: mujer, hijos, casa, trabajo, comida, amigos, fútbol y vacaciones con la familia en el pueblo de su infancia. Ya digo: una vida completa, y ahora, voy y le salgo yo con la milonga de si me quiere… ¡Lo que faltaba! Creo que le acabo de desbaratar la vida. Lo siento, pero la mía ya está en esa fase de “plan renove”, así que seguiremos nuestra conversación. Espero que esté pensando, planteándose las cosas, haciéndose preguntas, como yo.

Y claro que necesito que me diga que me quiere, que me achuche de vez en cuando así, porque sí, porque le ha entrado un “no-sé-qué”, que me persiga por el pasillo en busca de un beso clandestino como si fuera un colegial enamorado, que me llame desde el trabajo aunque sólo sea para decirme que qué guapa estaba esta mañana… y que nadie hace la paella como yo, ¡ni su madre!

Continuará...

Boceto: Antonio Texto: Edurne





Vamos a ver, esta mujer me ha descolocado totalmente con la preguntita de marras, ¿pues no me dice que a ver si la quiero?
Y ahora estoy aquí, como un pobre desgraciado, intentando entender a qué viene todo esto, qué es lo que he hecho mal, hoy, ayer, ¡o toda la vida! Que lo mismo llevo toda la vida siendo un desastre de marido y todavía no me he enterado.

Si ya te digo, se mata uno a trabajar, a echar horas extras como un loco, y todo ¿para qué, por quién? Pues por ellos, ¿por quién va a ser nada más que por ellos? Para que no les falte de nada.

Yo siempre había creído que Merche se casaba conmigo tan joven porque le hacía ilusión, porque quería ser una mujer casada, ser mi mujer. Y ahora resulta que todo era una fachada, que casi me ha reprochado el que se vio forzada de alguna manera a casarse porque en casa de mis padres como que no cabíamos de tantos que estábamos. ¡Lo que hay que oír!

Estoy hecho polvo, y lo malo es que no entiendo nada, que estoy hecho un lío y totalmente desconcertado, pero sin saber la razón por la que me ha echado este jarro de agua helada.
Me está castigando por algo que he hecho y que no tengo ni idea de qué es. Tiene que ser eso, no hay otra explicación.

Las mujeres son muy extrañas, de eso ya sabía, que siempre lo hablábamos Fede y yo. Mira, y él ha sido más listo, no se ha casado y se ha quedado en la casa de los padres a sus anchas. Hace lo que le da la gana, no tiene que oír monsergas de que si la ropa, que si quítate los zapatos, que lávate las manos; que no seas pesado, que no, que ahora no me apetece, que me duele la cabeza, que tal, que cual…

¡Peluquera, que quería haber sido peluquera! ¿Pero qué te parece? ¡Ay, Pepe, que se te está moviendo el suelo, ten mucho cuidadito, no vaya a ser que te caigas con todo el equipo y luego no sepas dónde colocarte!

La verdad que me ha dejado jodido, que no hago más que darle vueltas a la cabeza. Pues claro que la quiero, ¡si es mi mujer! Pero no, ¡a ella no le basta, necesita más, mucho más! ¿Pero qué es lo que necesita? Si no me lo dice…

Vaya, por ahí va el palizas de Manolo, pero ahora no tengo ganas de encontrarme con nadie. ¡Hostias, mira que hace frío! Es que encima he salido escopeteado de casa después del susto, claro, y no me he acordado ni de coger un jersey. Pues como me agarre un catarro… ¡la culpable va a ser ella!

Y mira que me gusta Merche, mi Merchitas, que nadie tiene esa piel tan blanquita, esos ojos tan transparentes y ese tacto… ese tacto que te hace temblar de la cabeza a los pies. Que sí, que ya sé que tiene cincuenta y que ha parido dos hijos, ¿y qué?… Pues que está para comérsela. Recuerdo cuando era una cría con trenzas, cómo me gustaba, ¡uf!, y eso que la vecina de mis abuelos, la creída de Araceli, andaba detrás de mí día y noche y encima era de mi edad, pero no, que a mí me gustaba Merche, que yo eso siempre lo he tenido muy claro. ¿Y cómo se le ocurre poner en duda mi cariño? Si es mi mujer, si me casé con ella por eso, porque la quería, porque no soportaba verla tan guapa, con ese salero y ese desparpajo que siempre se ha gastado y que a los demás se les cayera la baba cada vez que salía a la calle. 
Nada, tenía que ser mía o… ¡O nada, mía y de nadie más!

Pues no sé si me están entrando ganas de hacerme el duro y ponerme interesante, que en la fábrica hay un par de niñatas que no están nada mal y que sé yo de muy buena tinta que hablan de mí, que preguntan, vamos. Así que si Merche se pone tontita… se va enterar de lo que vale un peine, ¡que me pongo a darle achares, vamos que sí!

Y el caso es que… mierda, mira que tengo un nudo aquí, en la boca del estómago, ¡que hasta tengo ganas de llorar! ¿Y adónde carajo voy? Si es que llevo casi una hora caminando como un tonto. Tengo aquí la película de mi vida, cada momento, cada… todo, y en cualquier sitio que mire, allí está Merche, ¡si siempre ha estado! ¿Y por qué quiere ponerlo todo patas arriba? No entiendo nada. Nada.

Continuará...

Boceto: Antonio Texto: Edurne


Serie de diálogos y monólogos ya publicados en esta Orilla entre octubre y diciembre de 2009.