lunes, 4 de agosto de 2008

EL BOLERO DE RAVEL



El suelo estaba sucio, por todas partes podían encontrarse restos de comida, periódicos viejos y, sobre todo, envoltorios de chocolate “Big Dark”, la marca preferida de Lukas.

Aún no era mediodía y los obreros de la gran Torre Appel seguían con sus ruidos infernales. Lukas abrió un ojo y resopló sin ganas para apartar un mechón de pelo que le caía sobre la cara. Al final tuvo que utilizar la mano izquierda que estaba atrapada entre los muslos de Sonia, ya que la derecha, con todo su brazo, estaba inmovilizada bajo el peso de la cabeza durmiente de su amiga…

Consiguió enfocar la vista del único ojo que tenía abierto y pudo percatarse del haz de luz furiosa que se colaba entre las rendijas de las persianas. Luz manchada de motitas de polvo que quedaban suspensas en el aire pesado de la habitación.

Grúas, martillos, taladros, excavadoras y conversaciones a gritos eran las melodías que acompañaban a Lukas en su pastoso despertar. Pero él logró cambiar el dial de la emisora en su cabeza y pudo abstraerse. Ahora las notas machaconas y rítmicas del Bolero de Ravel conseguían atrapar el tiempo entre una sórdida mañana más.

Estiró la mano libre hacia el montón de ropa que se acumulaba encima de la destartalada caja que hacía las veces de mesilla. Palpó casi con precisión de radar e introdujo la mano en el bolsillo del pantalón. Sí, seguía ahí. El tacto duro y frío del metal se volvió cálido y tierno al chocar con los dedos de Lukas. Lo sacó. Ahora pendía de su cadena encima de él, que lo miraba con una sonrisa de niño en sus ojos azules… Era el reloj del abuelo Martín.

El Bolero de Ravel sonando en su cabeza y el tic-tac, también monótono, del reloj, lo llevaron hasta la vieja casona familiar. Lo transportaron a través de la suciedad y los ruidos de su realidad, hasta los recuerdos de su niñez.

Una sirena sonó en medio de su sueño, en mitad de la mañana. Una sirena insistente y luego, gritos, los gritos de los obreros de la Torre Apple. Sonaba allí mismo, en esa mugrienta habitación, cortando el vaho del sudor que emanaban los dos cuerpos, congelando el miedo en una luz polvorienta.

Sonia se despertó, y de un bote se sentó en la cama. Lukas se agarró al reloj, a sus recuerdos y a su abuelo. Se miraron. El Bolero de Ravel sonaba más alto, más insistente y, de pronto, cesó. Lukas miró el reloj, se había parado, eran las doce menos veinte de un incierto día, cuando el mundo se desplomó.

La familia se había reunido, como todos los años, en el aniversario del abuelo. Aquel día era el más importante, no importaba dónde estuviera cada uno pero ese día, cada miembro de la familia estaba allí, junto al abuelo Martín.
Lukas era el menos de siete hermanos, el ojito derecho del viejo. Aquel año el abuelo le regaló su reloj. Esta vez se saltó la tradición: ese reloj había pasado durante años de padre a hijo, y él que era el menor de sus nietos fue el agraciado. Nadie puso objeción alguna, el reloj era de Lukas.
Su alegría fue enorme, tanto como el miedo que le asaltó más tarde, las dudas acerca de la acción tan inesperada del abuelo. Al día siguiente éste no amaneció, lo encontraron muerto en su cama, plácidamente, con una sonrisa dibujada en su boca.

La Torre Apple cayó entera, en segundos y entera. Las sirenas, los gritos, no cesaban. Lukas y Sonia creían estar muertos, debían de estarlo… Se miraban pero no se veían. Era como jugar en el desván de la casa de los abuelos. Enfocabas los ojos pero apenas podías ver tu propia silueta. Lukas recuerda, el reloj encerrado en su puño, intentando asir la mano de Sonia y él… él recordando viejos juegos en el desván…

De pronto se le ocurre llamar a Sonia. Grita pero su voz no se oye, lo único que le une a la realidad es el reloj atrapado en su mano.

Cuando el abuelo murió, él, Lukas, casi se olvidó de vivir. Se pasaba el día encerrado, comiendo chocolate, escuchando el Bolero de Ravel, la música favorita del abuelo y dando cuerda al reloj: tic-tac, tic-tac y cuerda, más cuerda… Tenía veinte años, y el mundo, su mundo se había desplomado, como ahora.

Cuando decidió salir de su encierro, su familia estaba esperando, con cara de angustia, con labios cerrados y ojos llorosos. Él salió, los besó uno a uno y dijo que no lo buscaran, que tenía que encontrar su propia vida lejos de allí. Sólo llevaba una mochila al hombro. Desde aquel día han pasado casi tres años. Tres años en los que nada ha sido fácil, pero ha sobrevivido a la tristeza, lo más importante.

Franz y Lizi dormían en la habitación de al lado, sus voces venían de allí. Los gritos desesperados de sus amigos le hicieron despertar, volver a esa oscuridad en la que habían quedado sumidos Sonia y él. Sonia, no podía coger la mano de Sonia, ¿dónde estaba? Y entonces sí, entonces su voz se oyó como un trueno en medio del desconcierto.

Inesperadamente, el reloj sonó, tic-tac, tic-tac… Sonrió. ¡Vivo, estaba vivo! Nunca había agradecido tanto el sentirse vivo. Había sido el abuelo, seguro, el abuelo lo había rescatado. Ahora tenía que salir de allí, encontrar a Sonia, reunirse con Franz y Lizi y salir.

El derrumbe de la Torre provocó una reacción en dominó en los edificios contiguos, la mayoría edificios abandonados y pabellones industriales. La tragedia era dantesca, las imágenes en las noticias de los informativos daban fe de ello. Los equipos de rescate de la ciudad acudieron en los minutos siguientes, pero mientras tanto, fueron los propios trabajadores que resultaron ilesos en el accidente quienes se ocuparon, a la desesperada, de remover cascotes y amasijos de hierros, gritando los nombres de sus compañeros desaparecidos.

Lukas estaba atento a todo, a todos los ruidos, a cualquier sonido por pequeño e imperceptible que fuera. Sonia no aparecía, su desesperación iba en aumento. Trató de mantener la calma en medio del desconcierto, de la oscuridad y el miedo. Le pareció oír unos gemidos cansados, lejanos… “¡Sonia, Sonia!” gritó hasta quedarse afónico. Silencio. Volvió a gritar, a llamar a su amiga. Calló y agudizó el oído. Logró abstraerse del ruido infernal del exterior. Y al fin pudo orientarse, el sonido, casi imperceptible de los gemidos venía de su derecha. Avanzó con sumo cuidado, despacio, palpando cada centímetro que le rodeaba. Seguía llamando, gritando el nombre de Sonia desesperado… hasta que los gemidos se hicieron cada vez más claros.

¡Al fin, al fin encontró la mano de Sonia! La agarró, la besó, pero enseguida se dio cuenta de que estaba sepultada casi por completo. Sonia gemía, no podía hablar, estaba malherida. Lloraba, sus gemidos eran llantos ahogados. Lukas intentó calmarla, le dio su reloj para que lo apretara entre la mano, para que no se sintiera sola, y trató de buscar un agujero por algún lado por donde entrara algo de luz.

Las voces de Franz y Lizi se oían más cercanas. Establecieron comunicación y enseguida trataron de abrir un hueco entre las dos estancias. No fue difícil pues la onda de la explosión había debilitado la estructura del ya deteriorado edificio que habían escogido para vivir. Ahora sonaba el Bolero de Ravel acompañado de las sirenas de la calle, y el tic-tac del reloj se hacía eco de todo aquel drama: tic-tac, tic-tac, tic-tac…

La familia de Lukas llevaba casi tres años sin saber nada exacto acerca de él. Pero tenían sospechas de que no andaba lejos de la ciudad, sabían que alguien lo había visto limpiando coches en una gasolinera del extrarradio… Les pareció haberlo visto en las imágenes de alguna manifestación antiglobalización…Todos imaginaban su vida, nadie se equivocaba.

Cuando dieron la noticia del derrumbe de la Torre Apple en la que iba ser la nueva zona financiera e industrial de la ciudad, todos pensaron en Lukas. Sabían que llevaba una vida sin reglas, de ocupa… sabían que en esos edificios colindantes a la Torre vivían jóvenes contestatarios. Lukas tenía que estar allí.

La empresa donde trabajaba el padre de Lukas como ingeniero era una de las adjudicatarias de la Torre Appel, así que la información llegó enseguida a la casa. Confirmaron que junto a la Torre habían caído seis edificios abandonados, alguno se mantenía todavía en pie. Tal vez…

Una débil claridad chocó con los ojos de Lukas. Siguió apartando cascotes y poco a poco el agujero fue haciéndose mayor. “¡Franz, Franz!” Los dos amigos pudieron tocarse las manos y siguieron juntos en la labor de abrir una comunicación entre ambos.

Cuando el agujero fue lo suficientemente grande para que la luz entrara, tímida, pero clara… el panorama que apareció ante sus ojos fue realmente devastador: la mano de Sonia agarrando el reloj del abuelo sobresalía entre un montón de escombros, y hacia allí se dirigieron. Lizi lloraba asomando la cabeza entre la “ventana” abierta. Cuando consiguieron separar gran parte de los ladrillos caídos sobre Sonia, Lukas la abrazó y todos lloraron. Entre Franz y él consiguieron llevarla hasta el otro lado, donde esperaba Lizi. Ahora tenían que salir de allí, y con Sonia malherida no era fácil.

Todo fue muy rápido. Los ruidos no cesaban, las sirenas eran ensordecedoras, el miedo lo envolvía todo y el corazón latía, latía y latía… Por pura intuición adivinaron dónde podía estar el hueco de las escaleras, pero la perspectiva no era nada halagüeña, faltaban multitud de escalones. Lo bueno era que ellos estaban en una primera planta, así que lo intentaron. Lukas ató a Sonia a su espalda, y con la ayuda de Franz fueron bajando casi pegados a lo que quedaba de pared. Lizi los seguía de cerca, cantando, era su forma de espantar al miedo.

Desde la calle, o lo que quedaba de ella, llegaba un rumor de máquinas excavadoras. Alguien gritó: “¡Parad, parad, se oye algo, alguien…!” Sí, lo que habían oído era el golpe que dio Franz en la puerta de salida, atrancada y encasquetada entre los muros derrumbados. ¡Estaban salvados!

Cuando salieron, cegados por la luz, sucios, desarrapados, con rasguños y con Sonia semiinconsciente, rompieron a llorar y se abrazaron. Los sacaron de allí y los llevaron a una de tantas ambulancias medicalizadas que había en los alrededores. Afortunadamente las heridas de Sonia eran menos aparatosas de lo que parecía, la evacuaron a un Hospital y en unos días se pondría bien.

Lukas tenía de nuevo el reloj del abuelo entre su mano, en el bolsillo del pantalón le quedaba una chocolatina de “Big Dark”, la mordisqueó mirando absorto el panorama ante sus ojos. El Bolero de Ravel del abuelo se levantaba entre toda esa masa amorfa y desoladora, y entre la multitud de cascos amarillos y blancos… dos avanzaban directos, corriendo hacia él, llamándolo: “¡Lukas, Lukas!” Y Lukas quedó aprisionado entre las lágrimas, las risas y los abrazos de su padre y de Herman, su hermano mayor.


— ¡Mira papá, el reloj del abuelo, él me ha salvado!
— ¡Sí, hijo, él te ha salvado!

Desde allá arriba el viejo Martín sonreía y con un codazo y un guiño le dijo a su amigo:
— ¿Lo ves Maurice? Ya te lo dije, este chico promete.
— Sí, ya lo veo, al menos sabe apreciar la buena música…

Foto y Texto: Edurne





18 comentarios:

Irantzu dijo...

Y esta historia??? Primero pensé q era todo ficcion, despues pensé q tal vez no tanto... al final, no sé... Tiene algo de verdad?
El bolero por ejemplo, existe? Quizás la pregunta es muy ignorante... :oops:
Un saludo! :)

EmPapeLada dijo...

Muy conmovedora, realmente una persona empieza a apreciar la vida, cuando está a punto de perderla, nada más cierto que eso, pero me pareció bonito detalle lo del reloj, y la significancia que se le da, obviamente no salvó las vidas de Lukas y Sonia de una forma directa o fehaciente, sino que la fe hacia algo realmente...puede hacer milagros.

Hay personas que cultivan gran cariño hacia sus abuelos, por la convivencia y eso, lamentablemente no pude gozar de ninguno de mis abuelos, porque fallecieron a la distancia, pero hubiese sido muy lindo...

Reitero la pregunta de Irantzu ¿existe de verdad el famoso bolero?

Pero una canción, un aroma, nos puede transportar en el tiempo, vaya que sí!!!

Saluditos Edurnetxu!!!

bettylalinda dijo...

quede impactada con el relato, te dirìa que recìen respire cuando leì que se habìan salvado todos...si ya se, es un cuento...es un cuento no?? no es verdad no??...espero que no...
el bolero de Ravel...maravilloso
el tic-tac del reloj...el alma del abuelo,...(la de nuestros seres queridos ausentes)siempre acompañando...
Es un PLACER venir a tu orilla, no me cansarè de decìrtelo...

Edurne dijo...

IRANTZU:
Es pura ficción, todo fruto de miimaginación, invento de mi cabeza...
"El bolero de Ravel" es una maravillosa composición y famosísima del compositor francés (fallecido) Maurice Ravel.
saluditos!

TXANA:
Ya respondí alo del bolero en la respuesta a Irantzu.

La fe lo puede casi tod, no en vano dicen que "mueve montañas", nunca hay que perder la fe, en nosotros mismos lo primero...

Yo sí disfruté d emis abuelos y abuelas, es más hasta los 41 tuve a la última de mis abuelas, y realmente me siento afortunadísima por ello...

El reloj d ela foto es de mi padre, pero en un principio quería poner el de mi abuelo, y como me he vuelto loca buscándolo (a saber cómo lo tiene de bien guardado mi padre!), pues eso...
Muxus!

BETTY:
Sí, al final, como que uno respira al ver que se han salvado.
Quisie hacer ese "guiño" a Ravel al final del relato más que nada por relajar la tensión, jajajaja!
Besitos, amiga!

José Luis dijo...

De nuevo las olas me traen a esta orilla y de nuevo me quedo sorprendido por tus historias. Has logrado acongojarme para luego tranquilizarme cuando se todos se salvan. Yo también pude disfrutar de mis abuelos y cada vez aprecio más esa convivencia con ellos. Gracias Edurne por compartir tus historias. Un beso.

Luna Azul dijo...

Hola Edurne: Veo que estás trabajadora a tope. Preciosas tus entradas. Gracias por compartirlas. Un besazo.

Leo dijo...

Tal vez el detalle que más me llama la atención de este relato sea el protagonismo de un reloj de cadena, en uno de los instantes de la vida en el que el tiempo parece que se detiene, como es cuando uno sufre un accidente o una catastrofe como esta.
Bueno, me he puesto a filosofar un poco...

Agur rubia guapetona

Mary dijo...

QUERIDA EDURME
HERMOSA HISTORIA. EL BOLERO DE RABEL ES TAMBIEN UNA HERMOSA MUSICA BAILADA POR UNO DE NUESTROS EXPONENTES QUE YA HA FALLECIDO COMO JORGE DONN.
UN BESO MI QUERIDA.

Landahlauts dijo...

El abuelo sabía a quién y porqué le daba el reloj. Era listo ese hombre.

Es asfixiante el ambiente que creas con la idea de estar atrapado, el tic-tac del reloj y el soniquete repetitivo del Bolero...

Me ha gustado, Edurne.

Edurne dijo...

JOSÉ LUIS:
Bienvenido de nuevo por esta orilla... qué bueno que alguna marea te trajo!
La vida está para compartirla, así que...
Un abrazote!

LUNA AZUL:
Bueno, trabajar, trabajar a tope...
pero sí, me gusta compartir mis historias con los demás!
Muxu bat!

LEO:
EL reloj, el tiempo, el abuelo, el cariño, la confianza...
Y en los momentos de angustia, de peligro, de catástrofe, esas cosas son las que nos dan fuerza.
Un beso!

Edurne dijo...

MARY:
Gracias por tus visitas!
Yo estoy de nuevo sin poder acceder a tus blogs...!
Un besote!

LANDA:
Los abuelos son la leche!
Pues me aegra saber que el ambiente asfixiante está medianamente conseguido... jajajaja! Pero ya ves, al final... sanos y salvos!

Luna Azul dijo...

Edurne preciosa ZORIONAK vaya fallo que he tenido yo felicitando a ET y me olvidaba de ti.
FELIZ DIA DE LA VIRGEN BLANCA.
Cuando me comentabas estaba colocando una nueva entrada que te invito a que la visites por tu pasado de comparsera algún recuerdo te traerá.
Musu bat laztana

Bort dijo...

WUAUUU, CUANTOS PREMIOS EN TU BLOG!!

QUE ONDA, HEY PUES ME PASO POR TU BLOG, ESTA CHINGON, OYE PUES PARA INVITARTE A QUE TE DES LA VUELTA A MI BLOG, LA CUNA DE JUDAZ PARA VER SI NOS ENLAZAMOS Y ESTAMOS EN CONTACTO, PARA ESTARNOS LEYENDO SEGUIDO OK ?

BUENO HASTA PRONTO!

Edurne dijo...

LUNA AZUL:
recogí tus felicitaciones y me fuí a soltar irrintzis por tu casa...

BORT:
No te fíes de los premios, tú sabes que son cuestiones de amistad y afecto entre bloggers... pero eso no quiere decir que mi blog sea la "repera"!
Oye, que agradecida por tu visita, pasaré a visitarte yo también.
Saluditos!

Tristancio dijo...

Pues yo creo que el Bolero aquel está hecho para resucitar a los moribundos; el bolero, y el afecto simbolizado en el reloj del abuelo...

Bonito relato...

Abrazo.-

Edurne dijo...

TRISTANCIO:
Los afectos y la fe, resucitan a un muerto, está claro!
Un abrazo enorme!

sinver dijo...

La historia me encanta. El bolero de ravel me sublimella. Soy poco de música clásica, pero esta composición es algo superior. Es curioso cada vez me gusta más la música sinfónica. Me estoy volviendo un carroza de marca mayor...

Edurne dijo...

SINVER:
Jajajaja, bienvenido al club!