lunes, 18 de agosto de 2008

DESDE MADRID CON AMOR (Crónicas del Foro X)







Pues resulta que en Madrid también se ponen fiesteros. Aquí celebran, desde el día 7 de agosto hasta ayer mismo, dos santos y una Vírgen, a saber:
San Cayetano, San Lorenzo y La Vírgen de La Paloma.
Y resulta que por el Foro también sacan la fiesta a la calle, como nosotros, y se lanzan a lo del chotis, a vestirse de chulapos y chulapas, a comer churros, entresijos y gallinejas, a lo del organillo y los barquilleros... vamos, ¡que también se lo pasan pipa!
El otro día nos dimos una vuelta por el Madrid más castizo y nos empapamos del ambiente que había por las calles, de la música típica (Pichiiii, es el chulo que castiga... / Madrid, Madriddd, Madridddd.... y muchas más)
Y al pasar por un restaurante llamado "LA CHATA", recordé la historia y el porqué de ese nombre. Contrasté en Internet mi información, y para hacer un poco de historia, pues nada, que les añado esos datos curiosos, sacados de la Red.
¡Así que a disfrutar, con todos los festejos, los de acá, los de allá y los de acullá!
"La devoción por la imagen de la Virgen de la Paloma se remonta al siglo XVIII. Desde entonces cientos de personas se reúnen estos días para pasear por los puestos de comida, escuchar música y bailar durante toda la noche.
El calor ha dado tregua este fin de semana a la capital y decenas de madrileños se han acercado al centro de Madrid para celebrar una de sus fiestas más castizas. Una fiesta para el chotis y los chulapos que invaden las calles.
La tradición española se fusiona aquí con otras culturas, turistas que se han paseado entre gallinejas, churros y bocatas de calamares. Los dueños de los puestos reconocen en cambio que este año se mira más el bolsillo.
Casi una semana de fiesta que empezaban con el paseo de la Virgen de la Paloma por las calles más castizas de Madrid".
Texto de Elena Moreno para Antena3noticias.com
ISABEL DE BORBÓN: La Chata

Fue princesa de Asturias en dos ocasiones, aunque nunca llegó al trono. A los tres años de su boda, su marido se suicidó. Aficionada a los toros y a las verbenas, se ganó la simpatía del pueblo. Era una excelente pianista. Tras la muerte de Alfonso XII, Cánovas la obligó a renunciar a la corona.

Una de las actividades más pertinaces de los españoles durante los siglos XIX y XX ha sido la de expulsar del trono y del país a la familia Borbón para luego volver a instalarla y continuar la dinastía. Sin duda se trata de una relación pasional, en la que el amor y el odio se alternan desordenadamente, pero hay en ella oasis de tranquilo afecto que prueban la nostalgia de una relación menos conflictiva. Uno de esos episodios amables es el de la vida de quien fue dos veces heredera del trono, doña Isabel de Borbón, popularmente conocida como La Chata.
Es el único caso de Borbón que, al llegar la II República, recibió la petición de que continuara viviendo en España. Sin embargo, la infanta, que estaba enferma y tenía casi 80 años, se fue al exilio con el resto de la familia para morir en París, en un convento de Auteuil, el 23 de abril de 1931, cinco días después de partir hacia el destierro. El semanario Crónica le dedicó su portada con este pie: «Era, indiscutiblemente, la figura de la Familia Real más popular y querida en Madrid, por su espíritu democrático y castizo».
Efectivamente, la popularidad de la dos veces princesa de Asturias, cinco años hasta que nació Alfonso XII y unos meses hasta que nació Alfonso XIII, era enorme. Lo fue siempre y por muchas razones, pero acaso la más importante es que habiendo nacido en el Palacio Real acudía a los mismos sitios que el pueblo llano: romerías, procesiones, verbenas, saraos, meriendas y, por supuesto, a los toros.
Hasta la vuelta del exilio de doña María de las Mercedes, madre del Rey Juan Carlos, no ha habido en la Familia Real una visitante más asidua a la Monumental de Las Ventas y, antes, de la Plaza Vieja de la Fuente del Berro. A diferencia de doña Mercedes, devota de Curro Romero, no seguía la escuela sevillana y su favorito fue el gran Vicente Pastor.
Los madrileños la querían porque no se perdía una fiesta, porque presidió todas las organizaciones caritativas imaginables, porque vestía de forma llamativa y alegre, porque hablaba con cualquiera y porque, siendo de tan alta cuna, fue desgraciadísima en su vida particular. Esto siempre ha provocado la simpatía popular. Además tenía una cara fea y simpática, con la nricilla remangada, y eso le valió pronto el mote de La Chata que la infanta acabó apreciando. El «¡Viva La Chata!» que gritaban todos a su paso cuando iba a los toros, dadas las circunstancias políticas, era muy de agradecer.
Nació Isabel, princesa de Asturias, el 20 de diciembre de 1851, hija de la reina Castiza, Isabel II. Era su segundo alumbramiento pero el primero, un niño, nació muerto. Casi dos días duró el parto hasta que su padre oficial, el rey consorte Francisco de Asís, la presentó públicamente en la ritual bandeja de plata, junto al presidente del Consejo don Juan Bravo Murillo. Afortunadamente, el rey no montó el escándalo del alumbramiento anterior, buscando parecidos del muertecito con supuestos amantes de su majestad. En cambio, la infanta estuvo a punto de quedarse huérfana antes de salir a la calle, cuando su madre la llevaba a la Virgen de Atocha. A la salida de la capilla de Palacio, un cura loco, llamado Martín Merino, se abalanzó sobre la reina y la apuñaló. El gesto instintivo del brazo y las ballenas del corsé dejaron en herida leve un golpe que pudo ser mortal.
El regicida confeso fue juzgado, condenado y ejecutado rapidísimamente; el gobierno mandó destruir los legajos del juicio y, como hubo luego no pocas conspiraciones organizadas por el cuñado de Isabel II, duque de Montpensier, se ha especulado mucho con la alta inspiración del magnicidio frustrado; pero a diferencia del asesinato de Prim, de éste no se ha probado nada. Y ya es tarde.
Tres años después tuvo Isabel una hermanita, Cristina, que murió a los tres días. Y el 28 de noviembre de 1857 nació Alfonso, el futuro Alfonso XII, por ley Príncipe de Asturias y heredero del trono. Se supuso que la niña le tendría celos, pero la verdad es que desarrolló pronto una disposición maternal y protectora que les hizo inseparables de por vida. Juntos y solos pasaron varios años y luego se les unieron las infantas que sobrevivieron: Pilar, Paz y Eulalia. Murió la quinta infanta, María de la Concepción, a los dos años, y el noveno y último, Francisco de Asís, a los 20 días. Siempre hubo dos grupos: el de Isabel y Alfonso y el de las otras tres infantas, con la menor de las cuales, Eulalia, la más lista de todas, se levó La Chata siempre fatal.
Sabido es que Isabel II ponía tanta prisa en pecar como en arrepentirse, lo que la hizo deudora del padre Claret y de Sor Patrocinio, confesor y consejera espiritual que cargaron no pocas veces con culpas de la soberana. Pero entre los sucesos que de la Reina conceptuó como desastres hubo uno que repercutió trágicamente en su primogénita y fue el reconocimiento del Reino de Italia, creado a costa de la soberanía temporal del Papa y los Borbones de Nápoles. Isabel II reconoció a Italia, porque así lo impusieron los gobiernos constitucionales, pero su corazón inquieto y modorro buscaba un desquite, y lo encontró en la boda de Isabel con uno de los hijos de los destronados napollitanos, Cayetano, conde de Girgenti. No fue una boda de Estado, fue la chapuza de una reina tarambana que quiso hacer un gesto político de sumisión al Papa entregando a su hija de 16 años a modo de penitencia.
No hubo nunca entre Isabel y Cayetano amor, entusiasmo, ni siquiera interés. Se casaron el 13 de mayo de 1868, se fueron de viaje de bodas y en el extranjero les pilló la Gloriosa y el destronamiento de Isabel. Si se adelanta unos meses el general Serrano en echar de España a su antigua amante, se libra La Chata del bodorrio. El desventurado marido, después de obsequiarla con unos ataques de epilepsia -enfermedad sobre la que nadie había advertido a la recién casada- y de tratar de arrojarse por un balcón, acabó pegándose un tiro en Lucerna, el 26 de noviembre de 1871. Con apenas 20 años, Isabel se quedaba viuda y en el exilio.
Desde entonces se le tuvo justificada lástima. Tres años pasó de luto, mientras España vivía un trasiego de generales, saboyas, repúblicas y violentos líos. De pronto, la Restauración. Alfonso fue rey gracias a Cánovas, pero sólo tras la obligada renuncia de Isabel II. El rey consorte, muy querido por sus hijos, se quedó en Epinay con su amigo Meneses. A diferencia de la reina, nunca quiso regresar.
Isabel estaba en edad de volver a casarse, pero el destinado a ser otro marido curioso, el archiduque Luis Salvador, no aceptó. Así que se instaló en un palacete de la calle Quintana con tres damas de compañía, algún servicio y un par de gatos. Empleaba su tiempo en obras benéficas y en pasear por la calle, que acaso por la experiencia del exilio recorría con fruición. Pronto perdió la línea y, de ser una chica feucha pero atractiva, pasó a convertirse en señora de triple papada con gesto entre serio y burlón.
Gran amiga de la música, excelente pianista y hasta compositora a ratos, apadrinó a jóvenes talentos como Arbós. No fue bibliófila pero le gustaba la cerámica y los cacharros en general. En todas las romerías acudía a ella un enjambre de vendedores y a todos les compraba, emplazándoles a cobrar en su casa al día siguiente. Siempre pagó. Fue también excelente cazadora y gran amazona, pero una vez se cayó del caballo y casi se mata. Le quedó cicatriz y nunca volvió a montar.
Vivió encantada el matrimonio de su hermano con María de las Mercedes. La muerte súbita de ésta y luego la del rey, estando María Cristina en cinta la hizo de nuevo heredera del trono, pero Cánovas, para ahorrarse la pensión, se negó a nombrarla Princesa de Asturias. Se aguantó, qué remedio. La tragedia la acercó mucho a María Cristina y prodigó al recién nacido los mismos cuidados que antaño su padre. De segunda madre viuda, veía pasar los años.
Su mayor hazaña diplomática fue el viaje a Buenos Aires en el Centenario de la Independencia argentina, llevando la representación real. El periplo de Alfonso XII, una epopeya mundana de la época, contó con periódico a bordo que recogía las vicisitudes del empingorotado pasaje. En su biografía de La Chata, Francisco Azorín recuerda que, al pasar el Ecuador, su alteza dio permiso para cambiar el atuendo por pijamas de seda. En Buenos Aires, el gentío estuvo varias veces a punto de aplastarla. Un triunfo.
Pero su gran éxito político fue convertirse en parte del paiseje madrileño. Por eso al llegar la República a la Puerta del Sol no quería prescindir de tan ilustre vecina. Al saberse su muerte, en Las Ventas se guardó un minuto largo de silencio. En 1991, trajeron sus restos a España y la enterraron en La Granja, donde pasaba los veranos. Cerca siempre de Madrid.
Texto: Internet
Fotos: Edurne. Foto Vírgen de La Paloma: Internet Texto introductorio: Edurne









12 comentarios:

CecydeCecy dijo...

Orillera, mira que largo a sido, pero valió la pena leer tanto, asi que por ahi me andas de fiestas en fiesta, junto al buen tiempo, me alegra y gracias por que contigo aprendo de maravillas...

Besos Amiga!!!

Edurne dijo...

CECY:
Saber, aprender cosas nuevas nunca está de más, es un bagaje que nos enriquece.
Te mando besitos calurosos amiga!

Adriana Lara dijo...

me encantan esas historias, son fascinantes.
Y las fotos: excelentes.
Estaba de vacaciones (me fui solita con mi marido y dejé mis tres hijos con mi mamá por primera vez en la vida) asíq ue me había olvidado del blog, de la rutina, de los problemas y la pasé GENIAL.
Ya he vuelto, renovada pero siempre algo loquita!!!
Beso
Adri.

Roxana dijo...

Kaixo!!! Me encantó que exista una calle llamada de La Paloma, me hace acordar a la canción de Drexler, "Camino a la Paloma"...¿La Chata? jiji, aquí decimos chatas a las mujeres de baja estatura, o a la botella chiquita de ron.

"Se lo pasan pipa" jajajajajaja, nunca antes había una expresión tan graciosa, jajajajajaja, es que vosotros (o debería decir ustedes?) los ibéricos tienen una manera de expresarse bien peculiar, que quizá les parezca de lo más corriente, pero para quien está acostumbrada a otras frases...tengo que hacer un post sobre las principales expresiones peruanas /o al menos limeñas/ que hablo también con mucha jerga :$

Qué tal historia la de La Chata, muchos infortunios pasó, que también en todo ese círculo de nobles se tejen unas historias muy curiosas...

Saluditos Edurnetxu!!!!

EmPapeLada dijo...

(no sé por qué salió roxana si mi nick es EmPapeLada...waaaaa)

Mary dijo...

¡¡QUE LINDA HISTORIA¡¡¡

CUANTAS COSAS NUEVAS PARA APRENDER QUE NOS CUENTAS QUE BUENO¡¡¡

Edurne dijo...

ADRI:
Huy, qué bien que reaparecíste! Imagino que habrán sido unas vacaciones geniales!
Pues nada, chapotea por la orilla cuando gustes!
besitos!

TXANA:
Txana, Roxana.. da igual, ya sé que eres tú!
Bueno, pasarlopipa es pasarlo chévere... jejejeje!
Lo del as expresiones propias de cada sitio es divertido, son graciosas, para unos es de lo más normal y parea otros chocante...
Pero siempre se aprende!
Ya ves, los ricos también lloran (era el título de un culebrón mejicano de hace mil millones de años! jajaja!)!
Muxus!

MARY:
La Historia de todos los paíse, las culturas... todo es fascinante y de lo más interesante!
Nunca te irás la cama sin saber una cosa más!
besitos!

Lilith dijo...

El mundo tiene mucho carácter y se empeña en estar, en ser, en discurrir. Al margen de nuestros ritmos.

Edurne dijo...

LILITH:
La vida va por libre, no cuenta con nosotros, con nuestros planes, nuestros deseos... la vida discurre por sus propios caminos!

Muchas gracias por tu visita a la orilla!

Saludos!

sinver dijo...

A la cama no te iras, sin saber una cosa más. Interesante y curiosa biografía de la chatita real. Como ya te dije el saber no ocupa lugar, y he leído con interés este trozito de historia que nos has regalado. Te animo a que sigas con ello. Voy a por el siguiente que ya queda menos.

Edurne dijo...

SINVER:
Pues sí, seguiré con estas cosillas, curiosidades, bitxikeris, que se dice...!

splendid dijo...
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