viernes, 5 de junio de 2009

COSER Y CANTAR (Replay)

La tienda de ultramarinos de Pedrito, “El laurel”, era de las más concurridas en el barrio. Y allí estaba Manolita, que aguantaba la cola de mala gana pero, como su madre no podía ir, no le quedaba otro remedio que pasar como mejor podía la casi media hora de espera. Menos mal que Pedrito siempre tenía la radio encendida…

A Manolita le gustaba cantar, más bien había nacido cantando. Desde chica se pasaba todo el día pegada a la radio oyendo las canciones de Juanita Reina, de Marifé de Triana, Conchita Piquer, Imperio Argentina… Y más de una vez se había imaginado como ellas, subida a un escenario, cantando y bailando. Manuela, su madre, que era modista, siempre mantenía encendida la radio que había en el taller de costura. Desde allí se lanzaba Manolita a sus arrebatos cantores para el deleite de su madre, de Matilde que ayudaba a la madre en la labor, y de cualquiera que se pasase por allí, clienta o vecina.

La realidad, en cambio, poco tenía que ver con el brillo de los escenarios con que ella soñaba. Desde los catorce años, su madre la había puesto en el obrador de las monjitas para que le enseñaran a bordar, ya que lo de la aguja se le daba bien, y así, mientras aprendía el oficio, se ganaba unas pesetillas haciendo tiras de vainica en las sábanas de los ricos que hacían sus encargos a las hermanas. A veces, también ayudaba a su madre y a Matilde a hilvanar o deshilvanar dobladillos, bajos y bocamangas, mientras canturreaba por lo bajito o a pleno pulmón.

Manolita era alta, espigada, con un pelo que desparramaba fuego entre unos espesos rizos que caían sobre sus rectos hombros. Miraba con la fuerza de dos zafiros, y a pesar de sus dieciséis años, su cuerpo lucía maduro y bien formado, por lo que no era difícil imaginarla como una rutilante estrella de la canción. Era hija única y de padre ausente al que nunca conoció por mucho que preguntara de chica, primero a la madre y luego al de allá arriba, que todo lo sabe y todo lo ve… Sin embargo, creció feliz, educada con cariño y mucha rectitud por su madre, que también ejercía de padre.

Ya iban para diez minutos los que llevaba Manolita esperando a que le llegara el turno. Para distraer el tiempo canturreaba por sus adentros:
“Y el gitano a la gitana, de esta manera le habló: échale guindas al pavo, pavoooo, que yo le echaré a la pava, azúcar, canela y clavooo…” ¡Ay, si ella pudiera subirse a un escenario de verdad, cantar ante un micrófono y un público real y no sólo en las reuniones familiares o para los vecinos en las fiestas de Navidad…!

Las canciones se le agolpaban en la cabeza, en la garganta y en el cuerpo. Había un programa en la radio todos los sábados a la tarde que era un trampolín para jóvenes valores de la canción, Tu oportunidad se llamaba; desde luego, ella lo hacía infinitamente mejor que muchos de aquellos concursantes, aunque los había que eran buenos de verdad… ¡si pudiera presentarse! Pero no sabía cómo podría hacerlo. Y seguía repasando su repertorio:
“En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirar, Francisco Alegre y olé, Francisco Alegre y olá…”, “Julio Romero de Torres, pintó a la mujer morena…” “Te quiero más que a mis ojos…”

Pasaban los minutos y ya sólo le quedaban por delante la señora de todos los viernes y María, la madre de las gemelas del quince. Pedrito no perdía la oportunidad de echarle una sonrisa de vez en cuando pero ella seguía deambulando por sus fantasías.

—Disculpa, muchacha, ¿eres tú la última? —oyó que decían a su espalda. Se volvió asustada, como si la hubieran pillado en algún renuncio, y sus ojos se encontraron con una sonrisa que se escondía tras el humo de un habano, un gabán de paño del bueno y un sombrero de ala estilo americano. Se sonrojó y asintió con la cabeza. El hombre aspiró el habano y lanzó una bocanada de humo al aire antes de hablar.

—Gracias, y perdona si te he asustado, pequeña.
Al oír esa voz todos los que se encontraban en el establecimiento se volvieron. ¿Sería él, el de la radio, la voz más conocida de las ondas? ¿Sería Agustín Pedraza, el locutor-conductor de Tu oportunidad? La señora de todos los viernes, dejando a un lado su timidez, rompió el momento mágico y se atrevió a preguntar.
—Oiga, ¿no será usted Agustín Pedraza, el de la radio, verdad?
El hombre se quitó el sombrero, apagó el habano y obsequiando al personal con una amplia sonrisa, dijo que sí, que eso parecía, que era Agustín Pedraza, el de la radio.
—¿Y usted, qué hace en esta tienda de ultramarinos? —se atrevió a indagar Pedrito.
—Pues verán, voy de camino a la emisora dando un paseo, y se me han antojado unas manzanas reinetas justo al pasar delante de la tienda, tienen una pinta buenísima…

Enseguida se creó un clima distendido y cordial. Los parroquianos se atrevieron a preguntar por la marcha del concurso de los sábados y él se sinceró, les contó que andaba inquieto pues le habían fallado dos aspirantes y tenía que encontrar a alguien para hacer una prueba antes de diez días.

Todas las miradas se volvieron hacia Manolita y ésta notó que la cara le abrasaba. Se sintió descubierta, como desnuda ante desconocidos, quería salir corriendo pero sus piernas preferían quedarse. Pedrito hizo los honores.
—Señor Pedraza, esta muchacha es de lo mejorcito que hay, un diamante en bruto, un valor desperdiciado. Hágale la prueba a ella y verá como no le defrauda. Esta niña ha nacido cantando, la música es su vida.

Todos los presentes corroboraron la presentación de Manolita, pero ella tan solo quería salir de allí, correr a refugiarse entre los brazos de su madre. Sin embargo, el susto la tenía clavada al suelo. Pedraza la miró con interés, se acercó a ella y le dijo:
—Si eso es cierto, muchacha, no debes dejar pasar la oportunidad. Estaremos encantados de poder hacerte una prueba y con suerte serías seleccionada para participar en el programa que se emitirá dentro de dos sábados. ¿Qué dices, te gustaría?

No se lo podía creer, estaba soñando, seguro, pero si ahora mismo acababa de imaginarse en esa emisora, en ese programa… No, no podía ser cierto, la suerte es algo que les ocurre a otros, siempre a otros, nunca a los que son como ella. Manolita no sabía qué responder, estaba nerviosa.
—Yo, yo, disculpe pero no sé, no creo que eso sea posible, tendría que comentarlo en mi casa, y lo más probable es que no me dejen participar; además yo sólo canto para mí y mi familia, no sé… Pero muchas gracias de todos modos. Disculpe pero ahora tengo mucha prisa, mi madre me espera para que le lleve la compra. Muchas gracias, de verdad, muchas gracias, señor.

El hombre no se dio por vencido, sacó una tarjeta del bolsillo interior de su americana y se la dio.
—Toma, muchacha, ésta es mi tarjeta, ¿ves?, aquí pone mi nombre y que soy locutor de Radio Continental, no te estoy engañando. Tranquila, pequeña, pero no dejes de comentarlo en casa y si cambias de opinión… me llamas.

Era su turno pero, tan azorada como estaba, había olvidado por completo el encargo de su madre, así que salió de allí sin hacer la compra ni “ná”.

Llegó a casa corriendo, subió las escaleras de dos en dos y entró como una exhalación en el modesto piso, que era vivienda y taller a la vez. Manuela y Matilde levantaron la vista de la labor y se la quedaron mirando con expresión de susto.
—¿Qué ocurre, hija?
Dejó Manolita la bolsa de los recados, vacía, en el suelo, y contó como pudo el encuentro de hacía unos minutos. Pedraza, la radio, el concurso, la tarjeta…
—¡Madre, yo quiero ir, yo quiero cantar en la radio! —terminó sofocada y radiante, excitada, Manolita.
—Ya hablaremos más tarde de ello, pero ahora necesito que me vayas a la mercería de Doña Sara y me traigas hilo blanco de repasar, torzal gris y una bobina normal, cinturilla para esta tela, una docena de botones camiseros, una sisa azul y otra blanca, un alfiletero nuevo… Hala, y no tardes, que estamos necesitando esa cinturilla.

Bajaba Manolita ahora con calma por las escaleras de madera, parándose a oír el crujido de los escalones y las voces que venían del patio, las radios encendidas, las canciones que inundaban su espíritu y su cuerpo... Llegó a la calle, y mientras encaminaba sus pasos hasta la pequeña plazuela del barrio donde estaba la mercería de Doña Sara, pensaba que no había nada que hacer, que su madre nunca la dejaría cantar en la radio, que tendría que conformarse con esos momentos de “gloria” a los que tenía acceso de tarde en tarde cuando acompañaba a su amiga Conchi a ver a su madre, que limpiaba en uno de los cabarets del barrio chino. Allí había un pequeño escenario con un micrófono, y ella se subía y se arrancaba con esas coplas que tan bien cantaba… Mientras, Conchi, su madre y el encargado del local, cerrado a esas horas, sonreían y aplaudían.

Al llegar de nuevo a casa, Manuela la estaba esperando sentada a la mesa de la cocina con un tazón de café con leche y sopas. Hizo que se sentase a su lado y, tomándole la mano, le dijo que había estado pensando, y que después de mucho darle vueltas al tema había decidido dejarla hacer esa prueba, que total, nada se perdía y ella, Manolita, podría cumplir una parte de su sueño, cantar ante un micrófono de verdad y ante un público de entendidos en la materia. Así que Manuela dio su consentimiento y llamaron al señor Pedraza.

En ese instante, en la radio sonaba el programa de canciones dedicadas, ése en el que los novios y esposos se mandaban mensajes cifrados a través de inocentes canciones.
Lola la piconera le devolvió la calma y la sonrisa a la cara. Iría a la radio, haría esa prueba y sería elegida, estaba segura. Se abrazó a su madre entre risas e hipos nerviosos.

La prueba, como era de esperar salió bien, muy bien, y Manolita fue seleccionada directamente para el programa del sábado doce de mayo, donde tendría que pelear con otros nueve aspirantes por conseguir una plaza en las semifinales del concurso.

Los días siguientes fueron de mucha emoción. Todo el barrio estaba alterado, ¡Manolita, la chica de la modista del trece, iba a cantar en la radio! Las monjitas le dieron todas sus bendiciones y un escapulario de la Virgen para que la protegiera y ayudara, sin dejar de repetir que rezarían y rezarían a cada momento por ella sentadas alrededor de la radio el sábado por la tarde. La señora Sara en la mercería, Pedrito el tendero… Todos estarían pendientes de las ondas ese día.

Manuela le hizo un vestidito blanco con festón de galletilla de color azul, a juego con sus ojos, en el escote. Estaba preciosa. Su madre y el tío Salvador estaban entre el público, y los aspirantes a nuevos valores de la canción esperaban nerviosos su turno para demostrar su arte.

Y llegó el momento.
“¡Y ahora, con todos ustedes —anunció Agustín Pedraza—, Manuela Garcés!”

Entonces ella se adelantó con paso firme, sacudió su melena hacia atrás, los focos la iluminaban dando un brillo especial a su cabello, que lanzaba fuego. El corazón le latía como si fuera una legión de caballos salvajes al galope; un sudor frío recorría su espalda, pero ella caminaba con una sonrisa en los labios, y con la seguridad y el aplomo de alguien que sabe que ése es su puesto, que ha nacido para estar sobre un escenario. Se detuvo un momento, alisó su vestido e hizo un último ademán sacudiendo ligeramente todo su cuerpo. Hormigas le trepaban por las piernas y un ejército de mariposas revoloteaban en su estómago; la cabeza le daba vueltas y el vértigo se le asomaba por los ojos, centelleantes. Subió los cuatro escalones hasta el escenario, sujetó con fuerza el micrófono y, tras los primeros acordes de la orquesta, se escuchó por todo el estudio una voz clara y potente…
“Échale guindas al pavo, pavo... échale guindas al pavo, que yo le echaré a la pava, azúcar, canela y clavo… que yo le echaré a la pava, azuquita, canela y clavo…”

http://www.listengo.com/song/8u685532752





Foto: De la memoria familiar Texto: Edurne Vídeo-canción: Youtube (el vídeo desapreció hace un tiempo, ahora he tratado de insertar la canción original cantada por Imperio Argentina y Manuel Ligero, no sé si saldrá, si es así, pido disculpas, la tecnología suele resistírseme...)






Entrada ya publicada en este blog el 5-06-09

21 comentarios:

Edurne dijo...

Este relato está dedicado a mi amatxu.
Para escribirlo me inspiré en algunos hechos reales con gran carga sentimental.

Escogí esta historia para la edición de este año del libro del Taller, libro que en estos momentos está en la imprenta y que pronto verá la luz.

Espero que disfruten ustedes de la historia tanto como yo he disfrutado escribiéndola.

Les dejo un vídeo con dos versiones de la famosa canción del pavo y las guindas. Versiones una de Imperio Argentina (la que está realmente unida a mi memoria familiar), y otra de Lola Flores, así como más terremoto.
En las dos, el acompañante es Manolo Ligero, con una diferencia de 18 años. El tal Manolo Ligero era uno de esos actores de la época que ponía el contrapunto cómico y... que visto ahora, efectívamente, hace gracia... o eso, o que yo soy un poco antigua! ;)

Muxutxuak per tutti!

Ainhoa dijo...

Me ha gustado mucho el relato. A ver si veo los fídeos con calma mañanaque ahora toca plancha

María (lady) dijo...

Pues te ha quedado muy bonito el relato ... ó es que yo también soy antigua.

Muxus guappa!

betty dijo...

brillante!!!!
siempre me pasa que cuando leo tus textos, juro que "veo" la escena de una forma tan nítida, como si la historia estuviera pasando realmente frente a mis ojos, que placer leerte Edurne!!!!
besos!

Cecy dijo...

Me ha encantado Orillera.
Y pucha felicitaciones por el nacimiento de este libro, que espero algun dia tenerlo en mis manos.

Felicitaciones!!!!!!!!!!

Muchos besos.

Landahlauts dijo...

Me ha gustado. Esos recuerdos no deben de perderse. Emocionaron a los protagonistas y ahora nos han emocionado a nosotros.

Muy bonito, Edurne. Y la foto... tiene arte.

;)

Luna Azul dijo...

Oleeeeeé!!! vamos aprobado no, sobresaliente. Ayyy que lista que es la profa. jajajaja.
Edurne, el relato precioso, me ha gustado mucho y a tu amatxu estoy segura que también.
Muxus orillera y feliz finde

Fermín Gámez dijo...

Un relato costumbrista muy logrado, con su pizca de nostalgia y de ilusión. Esa fama que se podía llegar a alcanzar empezando ya por la radio misma, y esa inquietud en ciernes ante el micrófono.

MiLaGroS dijo...

Edurne. Precioso. Lo he leído con un interes grande. Engancha su lectura. Enhorabuena. Un abrazo. milagros

Una ET en Euskadi dijo...

Las fotos y videos familiares antiguos me encantan, igual es pura melancolía, como la historia de Manuelita Garcés.
Las chicas humildes que querían ser estrellas, tantos culebrones he vist de chica con esas historias sacadas de la vida misma
Me gustó mucho. Seguramente ya nosmostrarás la portada del libro
Besos

maite dijo...

Que chulo Edurne, me ha gustado mucho mucho, tanto que ni he parpadeado y ahora veo letritas negras por donde quiera que miro, ains si es que esto de los ordenadores es lo que tiene

Pero que chulo el texto :D

Edurne dijo...

AINHOA:
Espero que tu sesión de plancha no haya sido demasiado pesada... jejejeje!
Muxus, y me alegro de que te haya gustado la historia!

MARÍA:
Será, será que ya somos un par de almonedas...jajajaja!
Muxutxuak!

BETTY:
Te tengo abandonada y no tengo perdón! Pero voy a poner remedio enseguidita, ya verás!
Me encantan tus coemntarios, tú siempre tan entusiasta con mis letras!
Gracias, amiga, y muchísimos besos desde la orillita!

Edurne dijo...

LANDA:
Te diré que yo soy la guardiana de la memoria familiar, y a recuerdos no me gana nadie, los guardo todos: los míos, los ajenos, todos! Jejejejeje!

Y sí, la foto tiene arte, pero es que la protagonista sigue teniendo un arte que p'a qué!

Me alegra que te haya gustado el relatillo (y gracias!)

Muxus!

LUNA AZUL:
Ya lo creo, que seguro que promocionamos en el curso de blogueras, jejejeje!

Oye, encantada de que te haya gustado la historia. Mi ama muy contenta ya lo creo!
Muxutxus!

FERMÍN:
Es que a mí se ve que me va lo costumbrista, lo popular, lo nostálgico... lo tengo comprobado.
Otra cosa es la calidad literaria, pero bueno, como no aspiro a ningún premio ni nada semejante, lo mío es puro placer de escribir por escribir y compartir... (lo queno quiere decir que no revise y corrija y lance las cosas así, a lo loco!). Y si llega al personal y gusta o emociona... con eso, yo me doy por más que satisfecha!
Olé, olé y olé! Jajajajaja!
Un abrazote!

Edurne dijo...

MILAGROS:
Bueno, pues si te ha enganchado su lecturay te ha emocionado un poquito, he conseguido una parte de mis pretensiones!
Gracias, amiga!
Un besote enorme!

BIBI:
Yo soy mucho de todo esto de los recuerdos y bueno, aquí está una muestra de ello.
Contenta de que te haya gustado.
Muxutxuak, polite!

MAITE:
Bueno, ya se te habrá pasado, no? Ya no verás puntitos negros por todas partes... jajajaja, qué graciosa!
Encantada de que la lectura de mi historia te haya gustado tanto!
Besitos!

Víctor Hugo dijo...

preciosa historia la de la manolita... (no pude ver el video)....
leí completita la historia!
jejejeje

un abrazo desde Chile
;)
VH

l.blondieAdelayClaraBlue dijo...

muy bonita la historieta, supercantarina como tu amatxu parece ser. muy tuyo este texto y muy de tu estilo... aunque ahora que lo pienso... ya lo tengo leído... incluso creo que ya lo tengo soñado impreso en algún libro o será será... que al ser gemelillas estamos sincronizadas en los pensamientos?????

Fernando dijo...

Bueno,ha estado bonito el relato, ya sbes, esto es coser y cantar como quien dice.

Muxus.

Edurne dijo...

VÍCTOR HUGO:
Pues gracias por leerte la historia completa!
Un saludo!

GEMELILLA:
Claro que te suena, aquí, pelín remodelado, ya redondo y como aparecerá en el librito!
Muxus!

FERNANDO:
Si todo en esta vida fuera coser y cantar...!
Muxus!

Una ET en Euskadi dijo...

Espero que estés bien. Solo paso a despedirme hasta julio, me voy de vacaciones blogueras y de las de verdad.
Que disfrutes de tus vacaciones escolares

Edurne dijo...

BIBI:
Estoy bien, eskerrik asko, pero muy agobiada de trabajo, dentro y fuera... la verdad es que estoy contando las horas para que llegue el día 30 a las tres de la tarde! Auuuuuuu!
Bueno, ya ves que no me estoy prodigando demasiado y tengo pensientes cosas, pero ya se andará...
Que lopases requtebién en tus vacances!
Muxus, y de verdad que te agradezco la visitita!

Edurne dijo...

DOS AÑOS Y 21 DÍAS DESPUÉS VUELVO A PUBLICAR ESTA ENTRADA, QUE, COMO YA APUNTÉ EN SU DÍA, TIENE UNA IMPORTANTE CARGA SENTIMENTAL PARA MÍ.

ESPERO QUE LES GUSTE A TODOS AQUELLOS AMIGOS QUE HACE DOS AÑOS NO ERAN ASIDUOS CHAPOTEADORES Y NO LA LEYERON EN SU MOMENTO.

EN LA ENTRADA ANTERIOR HE CONTESTADO Y AGRADECIDO SUS COMENTARIOS DE ESTOS DÍAS.

Y LAS GRACIAS DE NUEVO.
;)