domingo, 9 de febrero de 2014

CÓMO MANEJAR EL DUELO



Es la pregunta que me hago y que me resulta muy difícil de responder. No hay una fórmula, al menos no una que sirva para todo el mundo, puesto que cada cual tiene una experiencia muy íntima con el ser querido que nos ha dejado.

Nadie puede decirnos que ya, que ya está, que dejemos de llorar, que la vida sigue y que hala… como si no hubiera pasado nada. ¡Qué fácil erigirse en juez de situaciones que nos son ajenas! Todos los casos son distintos. Ni las personas, ni la relación que hayamos tenido entre nosotros, ni las circunstancias de la propia muerte son iguales nunca. Nunca. Cada cual sabe lo que ha vivido, lo que ha pasado, lo que ha sufrido, lo que ha dado, lo que ha querido…

En mi caso está siendo muy desgarrador. Han pasado dos semanas y es como si tuviera un lobo dentro de mí, mordiendo mis entrañas continuamente, sin piedad, sin tregua. El llanto me nace espontáneo, la pena me envuelve a todas horas, y aunque he de sobreponerme en momentos concretos, a la mínima me desbordo. Todavía no puedo creer que haya sucedido, que ya no esté, que no pueda verlo, que no vaya a verlo nunca más, al menos con los ojos de ver la vida. No puedo creer que ya no pueda abrazarlo, besarlo, cuidarlo, calmarlo… que ya no pueda hablar con él, ni reírme con él, ni discutir de nuestras cosas y ponernos cabezotas los dos… No puedo, sencillamente no puedo.

Todos estos días, están siendo de muchos papeleo, burocracia que no entiende de penas ni lamentos, de pérdidas, de dolores… Tienes que dar de baja a esa persona, borrarla, ¡zas, ya no existe! Es durísimo. Y encima en todas partes hay negocio, que sí, que si la ley dice tal y tal y tal, pero, es durísimo, me parece de lo más cruel. Ir, venir, solicitar documentos, tramitar pensión de viudedad, finiquitar cuentas, responder ante Hacienda… ¡Qué sé yo! Una locura.

Y tu duelo que se constriñe, se agazapa, se anquilosa, se endurece y te reclama. Te duele. Y te preguntas cómo salir del agujero, porque yo ahora estoy en un agujero. Pero no estoy sola en él, estamos tres, los únicos que sabemos del verdadero alcance de nuestra pena, de nuestro sufrimiento, de nuestro vacío… Uno cae un poquito más y los otros dos corren a salvarlo, y mañana será otro, y así… Esto solo lo podemos entender los que estamos en la misma barca.

Pero también hay personas comprensivas, que saben que esto lleva su tiempo, que hay que soltar lastre, llorar, dejar llevarse por la pena y desahogarse. Todo tiene su momento. Claro que no estamos todo el día llorando y rasgándonos las vestiduras, no, pero es un caminar casi sin saber dónde pones los pies, todavía no.

Y la madre. Mi ama, ochenta años también, toda una vida con él, queriéndose con locura hasta el último momento. ¡Qué duro! Solo ella sabe en su fuero más interno de su dolor, pero nosotros estamos al quite, al tanto, y sufrimos por ella. Muchísimo. Después de tantos años, quedarte sin tu compañero de vida tiene que ser terrible. Ella dice que se siente manca, coja, inválida…

A todos nos toca pasar por esto, antes o después, de una u otra forma, pues ya he dicho antes que las circunstancias no son todas iguales, y esta que hemos pasado nosotros ha sido de las desgarradoras. Y hasta que no nos llega, no podemos imaginar lo que es.

Pero ahora es un mal trago, un trago muy amargo. Abrir armarios, cajones, revisar papeles, facturas, bolsillos, carteras… Y ver su huella en todo, escuchar su voz sin oírle, sentir sus pasos cansados por el pasillo y saber que no llega, que no llegará a donde tú estás. Y creer que lo ves, aquí, allí… ¡Y no, que no!

Tiempo, calma y respeto, eso es lo que necesitamos en estos momentos. El duelo hay que hacerlo, tragarse la rabia, el dolor y las lágrimas no nos hace más fuertes ni más duros, no, nos hace más vulnerables. Llorar es sano, es necesario, y es de valientes. Yo voy llorando por la calle muchas veces, no a lágrima viva, pero sí con los ojos rebosantes y enrojecidos, y con el alma hecha un ovillo, pero no me importa.

Ahora necesito sacar lo que llevo por ahí dentro, atascado, reprimido… Y esta es una de las formas que mejor me ayudan a ello, escribir. Las olas de esta Orilla mecerán con mimo mis palabras, mis preguntas, mis amarguras, mis lágrimas… y con el vaivén de este Cantábrico que mi aita tanto amaba, tal vez encuentre consuelo a esta angustia que arrastro desde hace tanto tiempo.

Quería con locura a mi aita, y él a mí, yo era la niña de sus ojos. Un hombre honesto, cariñoso, respetuoso, amable, sincero… que siempre aceptó todo lo que hemos hecho, lo que somos. ¡Cómo no voy a estar desolada!

Mas sé que esto irá transformándose, que mi pena seguirá estando donde está, en el centro de todo, y que la herida sangrará siempre, pero que iré acomodando el dolor de la pérdida a las diferentes etapas de la vida que todavía me esperan. Él se marchó hace quince días para que nosotros pudiéramos seguir caminando. Pues seguiremos caminando, con él, aunque lloremos, lo echemos de menos y nos preguntemos “¿por qué?”. Estamos vivos, tenemos a ama y nos tenemos los tres. Quien nos quiera, sabrá entender nuestro dolor, sabrá respetarlo y nos apoyará sin juzgar cuánto lloramos o no.
¡Gracias a todos, de todo corazón!


Foto: Aitor. Reflexión: Edurne

18 comentarios:

Cecy dijo...

Lo siento Edurne, la perdida debe ser muy grande y tu dolor sale a gritarlo. Cierto es que solo quien esta en su suelo sabe de dolor, y, lamentablemente, nunca nos acostumbramos a la ausencia del otro. Nadie pude ponerse en situación, pero escribe, llora, grita o lo que sea mas aliviador para tu corazón, cuerpo y alma.
Lo lamento de verdad.

Mi abrazo la distancia, que quizás sea poco, pero te digo, va con mucho cariño.

Elba dijo...

Edurne . escribe...es sanador , yo suelo decir que gracias a escribir no enloqueci...también de dolor...te sigo teniendo abrazadita...siempre...besos

Elba dijo...

Ah , y con el duelo ...cada uno hace lo que puede...ni mas , ni menos...a cada dia su inquietud...besos

Marta C. dijo...

Edurne, el llanto es la lluvia con la que nos vacíamos de la pena, pero también la alegría. Yo lloro mucho, mucho. Es una necesidad. No se puede cerrar un duelo sin llorar, si no quedará ahí siempre y el día que queramos llorar ya no sabremos. Un beso enorme.

Elena dijo...

Una amiga me mandó este poema de San Agustín cuando mi dolor era tan grande como el tuyo; creo que me sirvió y espero que te sirva a ti.

NO LLORES SI ME AMAS

No llores si me amas,
Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo!

Si pudieras oír el cántico de los ángeles
y verme en medio de ellos!
Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos; los horizontes, los campos
y los nuevos senderos que atravieso!

Si por un instante pudieras contemplar como yo,
la belleza ante la cual las bellezas palidecen!
Cómo!...¿Tu me has visto,
me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y
amarme en el país de las inmutables realidades?

Créeme.
Cuando la muerte venga a romper las ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban,
cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a verme,
sentirás que te sigo amando,
que te amé, y encontrarás mi corazón
con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz!
ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo,
que te llevaré de la mano por
senderos nuevos de Luz...y de Vida...
Enjuga tu llanto y no llores si me amas!

(San Agustín)

Un beso Edurne.

Angeles dijo...

En estos momentos no hay consuelo, lo sé...
Un abrazo muy grande

Chelo dijo...

Como puedas...no hay otra forma de hacerlo.

Ah!!! y escribe, escribe todo lo que pase por tu mente seguro te ayuda.

La burocracia es horrible y no entiende de penas.
Un fuerte abrazo.

Francisco Espada dijo...

No hay enciclopedia que lo recoja, ni sabiduría que lo explique, porque nadie sabe adentrarse en la alacena de nuestros sentimientos como uno mismo. Sé que lo vas a lograr y que el tiempo es tu aliado. Yo sigo en esta esquina esperándote.
Un beso.

Antorelo dijo...

El dolor, como cualquier sentimiento o emoción, tiene su proceso. El tiempo hace que todo lo racionalicemos y asumamos, pero hasta entonces no hay fórmulas mágicas o, al menos, yo no las conozco.
Ánimo, un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

Lo de los papeles es dureza añadida, ya pasé yo por ello. Te doy otro abrazo, grande, garnde.

Besos

Ishtar dijo...

Un truco te susurro al oído: él no se ha ido, está en ti, en tus gestos y tu risa. En tu forma de mirar y de entender el mundo. Está en cada anécdota y cada historia juntos vivida, en las de tu hermano y tu madre.
Todo el tiempo que te/os dedicó te envuelve como un precioso tesoro que eres.
Besarkada handia Edurne

Al Tagrí dijo...

Otra vez me está costando horrores escribir esto, pienso que es porque estoy convencido que nada ni nadie te puede ayudar en el fondo.
Mi ama me dejo hace 25 años, y digo bien me dejo, a pesar de no ser hijo único, porque así es como yo lo siento. Aún hoy llevo la cicatriz de aquel zarpazo desgarrador, incluso me estoy esforzando por no llorar a pesar de estar solo en esta habitación.
Ahora pasado el tiempo en mi alma todavía resuena el eco de lo que sufrí y pienso que todas esas lagrimas y todo aquel dolor era mi homenaje hacia una de las personas más importante de mi vida. Hoy lo doy todo por bueno y la recuerdo con más cariño que nunca.
Cada cual tiene que hacer su travesía como buenamente le permita su sensibilidad y su entendimiento pero el proceso del duelo suele ser el mismo para todos: negación, ira, negociación, dolor y al fin la aceptación.
Lo que quedara tras todo esto seguro que será lindo, porque lindo es lo que tienes.
Un abrazo cálido y sentido.

TORO SALVAJE dijo...

No hay consejos para ese dolor.
En mi caso lo viví muy diferente de como lo vivieron mis hermanos.
Cada persona es un mundo.
Aunque no lo creas de aquí un tiempo todo habrá cicatrizado.
Y te recriminarás que pasen días y días sin que dediques un pensamiento a estos momentos.
Así le ocurre a todo el mundo.
Ánimo.

Besos.

Amapola Azzul dijo...

Un abrazo.

Felipe Tajafuerte dijo...

No hay atajos. El dolor es de cada uno y el tiempo lo mitigará, pero se necesita eso: tiempo. Tiempo para que la herida no supure y no escueza, aunque siempre perdure la cicatriz. Llora, no haces mal a nadie y para ti es un desahogo. Un abrazo desde mi mejana

Ferran dijo...

Ya sabes que llevo tiempo sin apenas bloguear, como tres meses debe hacer que no paseaba por tu orilla. Ahora vengo y me entero de su partida. Os acompaño en el sentimiento, guapa, a los tres. No, no hay palabras, solo abrazos que valgan y el saber que el tiempo vivido juntos, ese, ese no se lo lleva ni la muerte.

Un beso enorme, Edurne, y todo mi ánimo.

Edurne dijo...

MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS POR SUS PALABRAS Y SU ÁNIMO!

EL CAMINO A RECORRER ES MUY DURO, PERO ES ALGO QUE HAY QUE PASAR.
EL DUELO ES ALGO MUY PERSONAL, MUY ÍNTIMO, NO ES IGUAL PARA NADIE.
ESTOY EN ELLO, AUNQUE HAY DÍAS QUE, MEJOR NO AMANECIERAN, PORQUE HASTA RESPIRAR ME CUESTA...

UN BESO MUY GRANDE!
;)

trimbolera dijo...

GRACIAS !!!