miércoles, 18 de julio de 2007

¿SE ME HABRÁ OLVIDADO?



Dicen que estas cosas no se olvidan. Tengo mis dudas.
Este próximo domingo, 22 de julio, a la sazón cumpleaños de la que me parió, cumpliré yo también un aniversario, el de mi no conducción. Veintidós también. ¡Veintidós años sin conducir, sin ponerme frente a un volante!

Dicen que en cuatro días me pongo al día. Sigo teniendo mis dudas.
Si ya no recuerdo ni cuál es el pedal del acelerador, ni el del freno...

Yo tenía un Seat 127 de última generación, BI 1913 T, que se llamaba Mafalda, verde, todo verde, precioso él...
Eso sí que no lo olvido, ni la matrícula, ni el color...

Pero yo he seguido renovando mi carné, católicamente cada diez años (ahora parece ser que hay que hacerlo cada seis, cuestiones de la edad), y guardándolo.
Tan bien guardado que hace unos meses me tuvo angustiada su "desaparición".

Se ve que me dio el punto, y me puse en lo de recuperarlo, sacarlo de su refugio, tocarlo... esas cosas, esas tonterías que se hacen con los recuerdos.
El caso es que, ¡oh, cielos! Mi preciosa y preciada papeleta rosada no estaba. No al menos en donde debía estar.

Han sido unos meses, dos o así, de auténtica locura y obsesión. Algunos ya saben que me entró la fiebre del carné. Era como si de pronto tuviera que conducir y no pudiera hacerlo por culpa de la desaparición del dichoso carné.

Busca y rebusca, he revuelto toda mi seccción de papelería, nueva y añeja, he descubierto cosas de las que ya no tenía ni la más remota idea de que estuvieran guardadas...
He mirado en los sitios más insospechados. En una palabra: me he desesperado (tres, ya sé que son tres palabras...).

Pero... cuando una menos se lo espera, de pronto, se le enciende la bombillita... ¡y héte aquí que aparece! ¡Huy, que ilusión, saltos de alegría, apareció, apareció!
Aquí lo tienen. Ya dudaba hasta de su existencia, ya creía que había sido un sueño, un sueño rosado...

Y ahora, ¿qué?
Ay, eso mismo me pregunto yo. Me quedan dos años hasta la nueva renovación, tal vez... ¡quién sabe! Aunque veintidós años son muuuuchos.
Dicen que veinte años no son nada, que...


Foto: Edurne

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Quién me ha robado mi carnet? Lo guardaba en un cajon donde guardo el corazón..., Por lo que veo has tenido mas suerte que el de la cancion del vecino de la cibeles. Tal vez haya sido una estupida jugarreta del destino para que mires hacia atras y veas y sientas cosas olvidadas. Desde el arrabal un saludo.

nunita fitipaldi dijo...

Por lo de mirar hacia atrás y recordar, ver y sentir cosas de antaño... ningún problema, que por eso tengo yo la cabeza como la tengo, porque no tiro nada! Ningún recuerdo, ningún sentimiento... Eso sí, reciclo, que es más sano que guardar y regodearse en ello; si es bueno, ni tan mal, pero si es malo... bufff!

El caso es que ya tengo el carné, ahora ya puedo ponerme al volante de una tartana, de un cuatrimotorrrr o de un triciclo!

A los chicos de la Oreja, lo que les pasa es que son muy románticos ellos, y se regodean en lo del corazón maltrecho y esas cosas...

Y hablando de arrabales... ayyy, ya me gustaría saber de qué arrabal me procede usted nuni arrabalero, ya...! Que intrigada me tiene un rato largo, no crea!

l.blonbrunbrunn dijo...

Yo tenía un forfi de primera generación BI AG, se llamaba "rojito", qué valientes eran mis amigas!!!! todavía sueño con él,sueño que voy por carreteras oscuras y estrechas y yo agarrada al volante, muy seria, sorteando todos los obstáculos moviéndo mi todo mi cuerpo en la dirección de las curvas del camino... No llega a ser pesadilla pero no es del grupo de los dulces sueños. El primer coche es como el primer amor no se olvida nunca... era jorge? javi? jontxu? desde luego empezaba por j...

mafalda dijo...

Yo pertenecía a esta alocada de la orilla. Era un coche pequeñito, cálido, acogedor...
La llevaba hasta la orilla santurzana, a su escuelita.
La llevaba a la costa cántabra, a la Noja de aquellos años de desmelene... La traía y la llevaba, hasta que... ahí que me dejó aparcado en una fría plaza de garaje!
Y menos mal que me rescató el hermanito,y que me empezó a presentar a sus amiguitos de la Uni, pero eran todos muy artistas, siempre me llevaban cargados de cosas raras...
Hasta que un día, en una excursión hice cataplaffff, ya no podía más, mi motor pedía agua a gritos y no se enteraban...así que adióssss!
Ahí terminaron mis días, me llevaron a un sitio de esos donde nos olvidan y.... snifff, sniffff!