














Prólogo-Epílogo bilbaíno.
Parece que me cuesta, que el calor o no sé el qué, me tiene como aturdida, perezosa… pero el caso es que me está costando más de lo debido “colgar” la Crónica del Foro que sigue.
Llegué a Bilbao el lunes a la noche, y en mi haber tengo las dos últimas semanas pasadas en Madrid. Tengo fotos, tengo visitas, tengo exposiciones, tengo cines, “tengo tengo, tengo, tú no tienes nada…” ¡No, nada de ovejitas en una cabaña, ni de leche, ni de lana, ni manutención para toda la semana!
Lo que tengo es mucho calor acumulado, ¡muuuucho! Y picadas de mosquitos (serán los famosos mosquitos tigre, digo, porque a la vista de las reacciones que mi cuerpo tiene ante semejantes “mordiscos” de amor mosquitero…)
¡En fin! ¿No ven ustedes cómo me demoro, me subo por las ramas, divago, miro para aquí, para allí, y para ninguna parte en concreto?
El caso es que, he de contarles de mis andanzas madrileñas, que hasta el próximo mes no se repetirán, y claro, no es cuestión de que se me junten las Crónicas…
Ahora me disculpan un momento, he de ir a la cocina a beber algo, me muero de la sed, del calor. Escribo con las persianas bajadas casi del todo, Don Lorenzo achucha de lo lindo, y ya saben, hay que seguir las recomendaciones: hidratarse, beber líquidos en abundancia, protegerse durante las horas en que más aprieta el sol y el calor, of course!, y eso es lo que intento hacer pero, me cuesta llegar de la habitación a la cocina, el pasillo parece más largo, las piernas me pesan… ¡allá que voy, me esperen, please!
Ya estoy de vuelta, acabo de prepararme una infusión de Té verde, pero mientras reposa, aquí, a mi lado, tengo una botellita de agua que va mermando a cada mirada que le dedico…
Escucho música acompañando al ruido de las teclas y me paro a pensar, a pensar en que es sábado, por mucho que me empeñe en que sea domingo. Hoy es fiesta, Santiago Apóstol, y la calle está solitaria, imagino al personal en sus lugares de vacaciones, y en las playas… no envidio los tumultos playeros, ya no.
El calor del Foro y el del Botxo son muy distintos, el uno seco y machacón y el otro, húmedo y pesado. A decir verdad, no sé con cuál de los dos quedarme. El calor cada día me agobia más, cada vez lo soporto menos.
Pues nada, ¡vamos allá!
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Madrid en verano. Madrid lleno de gente, como siempre. El asfalto que hierve, el cielo que te abraza, los pajarillos que cantan y salen disparados… Hay que buscar refugio en donde sea. “Local climatizado”, es el reclamo de la mayoría de los bares, tabernas y restaurantes. Lo malo es que el aire acondicionado no es santo de nuestra total devoción, de la mía, claro. El aire acondicionado me sienta mal, fatal, aunque reconozco de su necesidad y utilidad. Es todo un dilema: ponemos el aire y Edurne que se tiene que tapar hasta las orejas. Quitamos el aire, y Edurne que se abanica como una posesa… Permiso para reírse.
Hubo un poco de todo. A saber:
Exposiciones: El Prado con una extensa muestra de Sorolla, una auténtica gozada, allí estaba la que vimos en el Bellas Artes de Bilbao, más otra selección muy acertada de la obra de este gran pintor.
Y también Matisse, mi admirado Matisse, en el Thyssen, pero… aquí he de decir que me dejó un poco como… fría, decepcionada, pues esperaba más, más cuadros, más Matisse del que yo adoro. La muestra se recorre en media hora, aun demorándote en los cuadros, esculturas y dibujos... y hablando de dibujos, he de apuntar que fue lo que más me sorprendió de la exposición. Dibujaba magistralmente el amigo Matisse, como casi todos los pintores que creemos que no saben hacerlo, pero hay que decir, en descargo de todos ellos, que para llegar a la abstracción, al punto en el que sus obras se hacen conocedoras del público, hay mucho trabajo detrás, mucha técnica, estudio, dominio del color, de la forma, de…
Saber mirar un cuadro implica acercarse a él con humildad, abiertos a lo que nos pueda transmitir, aunque solamente sea color. Algo querrá decirnos esa mancha de color, algún sentimiento provocará en nuestro interior, más allá de lo que, tal vez haya querido expresar el pintor.
¡En fin!
Y también hubo mucho paseo, mucho callejeo, mucha foto (de nuevo edificios y altas torres, gigantes urbanos, desafiantes con los cielos…), mucho de observar a la gente, las casas, las cosas…
Y cine. Ya sabemos que en verano las películas no suelen ser muy profundas, pero hay que adaptarse, y como las neuronas también andan a medio gas… pues eso: “Pagafantas”, una comedia liviana pero correcta, con el aliciente de que está totalmente rodada en Bilbao, y que, por puritísima casualidad, el año pasado, me topé con sus rodaje en las calles bilbaínas.
Y “Millenium I”, no, no he leído ni uno de los libros, ni pienso, pero como película me gustó, me pareció bien estructurada y la fotografía... ¡alucinante!
También hubo un par de escapadas, a Villafranca del Bierzo, a visitar a Conan, que cada vez nos ladra menos (¿será que ya nos ha olvidado?), y a Chinchón, que en verano y de fiestas, estaba distinto a como lo vimos en enero, y donde se puede apreciar una muestra de la “España Cañí”.
Y trabajos de jardinería rústica y casera, ¡jejejeje! ¡Hiedras a mí!
Y ahora me queda seleccionar unas cuantas muestras fotográficas para su deleite, queridos amigos, que a saber si están exilados en alguna playa o pueblo recóndito, o tiritando del frío y a resguardo de la famosa gripe… Estén donde estén, muchísimas gracias por su fidelidad y por aguantar semejante “chapa”.
¡Que ustedes lo pasen bien y sean felices!
Fotos: Aitor, Antonio y Edurne






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