viernes, 20 de abril de 2007

MADE IN BILBAO



Aquí está, la nuestra, la de siempre, la de Bilbao de toda la vida. La baldosa más famosa.

Ahora, a mas de pisarla, pasearla, correrla, vivirla, ensuciarla... también nos la podemos comer, a saber: baldosa-tarta, baldosa-chocolatina; también cabe la posibilidad de adornar alguna que otra solapa con la baldosa-pin, y hasta lavarnos con la baldosa-jabón .

¡Tan polifacética que se ha vuelto ella!

Pero mirándola bien, así como ahora, ahora que la tenemos desnuda ante nosotros, una propuesta: dejad que vuestros pasos, primero los virtuales y luego los reales, os lleven... ¿hasta dónde, por dónde, desde dónde...?

Puede ser la baldosa de cualquier otra ciudad, pueden ser nuestros pies o los de cualquier otra persona.

Muchas veces he caminado estas baldosas sin un rumbo fijo, o con una intención clara, sabiendo a dónde iba o tratanto de recordar hacia dónde iba... y así, baldosa a baldosa... ¡siempre llegas! No hay pérdida... ¿o sí?

Me digan, me cuenten...

Foto: Aitor

4 comentarios:

sil ex-humus (al fin y gracias) dijo...

quiá, donde haya barandillas que quiten baldosines!
;-)

Edurne dijo...

Pues... para que vea usted cómo somos los de Bilbao, mire, mire usted la próxima entrada!

l.blondesdebilbao dijo...

paseos sin rumbo, los conozco. Paseos a deshora, como los guiris (aunque sin mapa).Acabo mareada (y cansada)pero me gusta. Calle arriba y calle abajo, intentando no pisar las baldosas (misión imposible pero recurrente). Y claro que llegó a donde quiero ir (cuando quiero ir a algún sitio). Bilbao, querida ciudad, al fin y al cabo ciudad recorrida tan conocida, querida ciudad. No me voy de ti ni jartaaaa de grifa.

Edurne dijo...

Ay Bilbao, Bilbao como has cambiaó!
Creo que hasta tiene música...
Chertamente, Bilbao, Bilbo, nuestra ciudad, pequeña pero grande, manejable, con recónditos y recoletos rincones, con baldosas y baldosines, fuentes y plazas, parques y palomas, y muchos aparcamientos. Con metro metro y medio, con tranvía y mucha vía...
Con arte y cultura, barcos anclados y en movimiento, colores y calores...
Ay, Bilbao de mis amores, y a veces hasta de mis horrores!
Yo tampoco te cambio!