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domingo, 26 de abril de 2020

DEL CONFINAMIENTO AL VÉRTIGO, Y AL LEVANTAMIENTO DE LA VEDA INFANTIL




Ha pasado mucho tiempo desde que estamos en esta situación extraña, como de ciencia-ficción, pesadilla que no se acaba nunca. Es como el día de la marmota: un día que sucede a otro casi igual. Hoy te aventuras a salir a la calle para hacer la compra, y te toca hacer colas, mirar con temor al que tienes delante o detrás, guardar la distancia de seguridad, comprar algo de lo que hayan dejado los arrasadores oficiales de alimentos y productos x… Volver a casa mirando a todas partes procurando no cruzarte con demasiada gente, y empezar con el siguiente proceso, el de desembalaje, limpieza y desinfección, guardar las cosas, cambiarte tú, lavarte y volverte a lavar… ¡Una tortura!

Casi se me había olvidado cómo eran las voces infantiles, las figuras de criaturas saltando, corriendo por la calle, preguntándolo todo, llorando, reclamando… ¡Hoy he visto niñ@s! Y me he asombrado a mí misma mirándolos como si no hubiera visto un@ nunca. ¿No me digan que no es para reír, si no fuera realmente para llorar?

¿Y las personas mayores? Yo tengo a mi madre en casa, casi 87 años, formalita y disciplinada, obediente… No en vano  son la generación que ha vivido bajo el yugo del miedo, del no salirse del camino marcado… Pero hasta ella, mi ama, que está tan tranquila en su casa haciendo mil cosas, está harta ya. El otro día me lo dijo: “hija, ya sabes que yo soy muy casera, pero, ¡desde el último día de la pelu (¡otro drama!) no he salido a la calle! Cuarenta y seis días confinada, y eso con la tremenda suerte de tener una terraza por la que pasear y solazarse de vez en cuando. Pero tienen mucho tiempo para pensar, y ¿qué piensan? Pues no es difícil de adivinar. Han pasado una guerra siendo niños, miedo y miseria. Una postguerra durísima, una vida adulta llena de sacrificios, y ahora… esta incertidumbre, este enemigo invisible y silencioso.

Yo sí que tengo miedo, y angustia, ansiedad… Tanta es la tensión, la responsabilidad que cargo que llevo una semana totalmente vertiginosa, volátil e inestable. Hacía tiempo que no padecía una crisis de vértigos como esta. Voy capeando como puedo, pero mal, mal…

Yo también cuento los días, ahora los cuento, al principio no, pensaba que iba a ser algo más rápido, menos letal a todos los niveles. Llevo dos meses y dos días sin ver a mi pareja, nos separan malditos 400 kilómetros, ¡y a saber cuándo podremos volver a vernos! Los kilómetros da igual, mi hermano tampoco puede ver a la suya, que está a 30. ¡No, no quiero que esto sea lo normal de ahora en adelante!

Y tengo miedo por todo. Nos hemos acostumbrado a quedarnos dentro de nuestros caparazones, de estas conchas protectoras. Y luego, ¿qué? Claro que si me pongo a pensar en todos los que no tienen conchas protectoras, que no tienen a nadie que les de cobijo, cariño, consuelo… La sangre se me hace bilis.

Me quedo mirando por la ventana, o salgo a la terraza, a escuchar, a ver… A no oír nada, a no ver nada ni nadie. ¿Qué mundo es este que nos han puesto delante, de la noche a la mañana? ¿Cuándo va a venir el príncipe a besarnos para poder despertar de este letargo, de este sueño infernal?

Las ocho de la tarde. Como por arte de magia, aparecen ventanas y balcones llenos de gente. Aplaudimos. Suelto un irrintzi. Aplaudimos. Desaparece la vida de nuevo. Cinco minutos. Ojos que vienen y van, gente desconocida que vive en tal o cual casa y tú no conocías. Saludos, abrazos y besos al aire con los vecinos de toda la vida. Signos de fuerza y victoria. Cinco minutos.

Unos días sale el sol, incluso hace calor. Primavera, bajas los toldos, sacas las hamacas, sientas a la madre, te pones a leer… Otros días, hay enfado en el cielo, nubes grises, brumas y vientos con mala leche. Agua, cabreo celestial.

Uno, dos y tres, uno, dos y tres…. ¿Ejercicio? Caminas por el pasillo, por la terraza, haces que haces. La báscula del baño está escondida, ni ella quiere que la mires. Mejor.

Sales otra vez, aprovechas el carro y vas al supermercado que está cerca de tu casa, subes a echar un vistazo, a ver que todo está en orden, subes y bajas persianas, riegas las pocas plantas que se mantienen vivas para que tú las veas y les digas cosas bonitas, que las arengues y animes a seguir luchando… Y de vuelta a la “casa matriz”. Cuando entras, la madre te mira con ojos de pena, te pregunta sin palabras, te abraza sin tocarte, te agradece sin querer llorar, con los ojos acuosos… y tú que disimulas y le das el parte de “guerra” como si fuese algo totalmente rutinario.

Mantenemos nuestra clase semanal de escritura en modo on line, y ese es un momento esperado por todo el grupo, dos horas para vernos y oírnos, para avanzar y también hacer un poco de terapia. Un breve espacio para sentirnos unidos a esa otra vida que teníamos antes de todo esto.

Estoy constreñida, toda yo. No escribo, no me sale nada de dentro, si no es amargor. Las palabras se me han encerrado en una caja vieja de zapatos, se han hecho fuertes allí y no ceden a mi acoso. Lo intento, pero no tengo tantas fuerzas ni tantas ideas como antes. Ya no soy la misma, me han dado el cambiazo, lo siento hasta en mi forma de caminar, cansada…

Vuelvo la cabeza, con sumo cuidado, y observo el horizonte más lejano que abarco con la mirada: un trocito de verde apagado que linda con el cielo plomizo y enmarcado entre edificios durmientes. Las dos y media de la tarde. No tengo hambre pero sé que tengo que comer.

Dejo constancia de que aún estoy viva, de que los míos lo están, de que todavía somos sensibles al amor y al dolor, de que dentro de nosotr@s brilla el sol y la vida bulle pidiendo ser vivida.

Hasta que nos volvamos a ver por calles y veredas, por montes y playas… Cuiden de ustedes, cuiden los unos de los otros, cuiden de la casa común, y no se olviden nunca de ser felices, a pesar de todo y de todos.

Continuará…

Foto y Texto: Edurne (lanzo esta botella tal cual, no he corregido nada, disculpas. He aprovechado un momento de “aquítepilloaquítemato” y esto es lo que ha salido).


lunes, 16 de mayo de 2011

DIARIO DE UNA MUJER (IX)




Jueves 25 de noviembre de 2010
23:10



Bueno, Mari Puri, querida mía, creo que te vas encaminando hacia la solución de tus problemas, al menos, de los más inmediatos.


Primer punto: estás más tranquila, eso se nota, ya no lloras tanto, miras a tu hija sin esa expresión de miedo y angustia que tanto le provoca a ella… Alfredo está mejorando, él también está más tranquilo. ¡Y además has mandado al carajo al mequetrefe del psiquiatra ése!


Segundo: has decidido hacer algo para romper tu rutina. Ya, ya sé que todavía no sabes el qué, pero lo más importante es que lo has decidido, y eso ya es un paso adelante.
Mamen me pasó el teléfono de la psicóloga de su hermana. Todavía no he llamado, no sé, igual espero un poco, porque aún tengo que “desintoxicarme” de la experiencia anterior, y aunque lo de un psicólogo me seduzca más… voy a esperar unos días antes de llamar.
Y la sorpresa de estos días ha sido la llamada de Blanca. Mi hermanita no se prodiga demasiado en llamadas ni en visitas, pero bueno, yo creo que ya lo tenemos asumido, ella es así, y listo.


El caso es que mi hermana Blanca siempre ha sido muy independiente, no sé si el haber sido la menor de las tres le ha abierto todas las posibilidades, o que mis padres ya no tenían fuerzas para luchar con rebeldías ni independencias… aunque también cuenta mucho el carácter, de eso estoy segura. Blanca es una zalamera, siempre ha conseguido lo que se ha propuesto: estudiar lo que ha querido, los chicos que le gustaban, la ropa, viajar, entrar y salir de casa sin problema alguno… Hay que reconocer que es un lince la chica, lista como ella sola, y luego tiene un don de gentes natural que la hace encantadora. Y guapa… bueno, Blanca es guapísima, pero a mí siempre me ha dado la sensación de que nunca ha sido consciente de ello, o sea, que es natural, espontánea, que nunca ha presumido ni alardeado de nada. Y luego su sinceridad, siempre la ves venir, de frente, sin tapujos… eso es lo que más me gusta de ella; si tiene que decirte que estás gorda como una vaca, te lo dice, y después te achucha, te come a besos y te dice lo mucho que te quiere…. Así es Blanca.


Pues me llamó hace tres día para contarme un montón de cosas, tales como que ya se está hartando un poco de Bruselas, que necesita ampliar sus horizontes, ¡cambiar de rumbo, vamos! Ser intérprete y traductora le ha abierto muchísimas posibilidades, y como lo que más le entusiasmaba era viajar… su profesión era la ideal. Mi querida hermana domina el inglés, el francés, el alemán y el italiano como si fueran su propia lengua, y con ese aspecto que tiene tan… europeo, da el pego allá donde vaya, aunque, claro, ella no tiene que dar el pego de nada, es una chica lista, nada más.


Con lo alegre que es, el otro día la encontré algo alicaída, así que mis problemas casi pasaron a un segundo plano, y a mí misma se me olvidaron por varias horas, ya que después de la conversación que tuvimos, me quedé durante mucho rato pensando en todo lo que me había dicho.
Blanca trabaja para el Parlamento Europeo, es funcionaria europea, pero ahora mismo dice que seguramente pedirá una excedencia, que necesita cambiar de aires, reflexionar, encontrarse a ella misma… Eso último sí que me ha sorprendido, porque yo pensaba que era la única de nosotras tres que se había encontrado a sí misma desde su más tierna infancia.


Su última pareja, Hans, es un pedazo de pan, pero parece ser que un poco "soso" para lo que Blanca necesita. Es la primera vez que Blanca pide ayuda… sentimental, digamos; ella siempre tan resuelta en estos asuntos del cuore, ahora necesita que le orienten, contarle sus cuitas a alguien, y bueno, se ha acordado de su hermana, de mí. Me halaga, además es que dice que va a venir una semana, que ha pedido unos días que tenía pendientes por exceso de horas trabajadas y… que se viene, que tiene muchas ganas de vernos a todos y que ya, de paso, hablamos. ¡Pues muy bien!


No voy a negar que estoy un poco como… revolucionada. Por un lado, mi “reencuentro” con Nieves, que, teniéndola aquí mismo, era como si fuésemos primas lejanas en vez de hermanas; y ahora Blanca, que me necesita ¡y que viene!


Comprenderás querida mía, que deje aparcado lo del psicólogo, lo de “¿quién soy, de dónde vengo y adónde voy…?”. Estoy contenta, además, me parece que empieza una nueva etapa que va a ser muy positiva.

Cuaderno, ¡hasta cuando pueda!

Puri









Imagen: Internet (no sé de quién es la pintura, pero por el aspecto, parece ser de algún maestro holandés…) Texto: Edurne

domingo, 3 de abril de 2011

DIARIO DE UNA MUJER (VIII)


Viernes 19 de noviembre de 2010

23:10

Me estoy abonando a escribir una vez a la semana, y bueno, en principio no era esa mi intención, pero qué quieres... ¡las circunstancias mandan, evidentemente! La semana pasada estaba todavía afectada por el susto que nos dio Alfredo, gracias a Dios ya está todo más tranquilo, y él también. Ahora hay que esperar al mes que viene, que es cuando nos han mandado volver, pero bueno, yo estoy más tranquila, le veo con otro color, va recuperando su tono a todos los niveles. Yo creo que ha sido un susto, un buen susto, eso sí, pero que ya está pasado.

A mí me tocaba visita al psiquiatra, al que había prometido no volver, bueno, volver una vez más sí, pero que iría con una estrategia, eso es lo que dije la última vez que salí de su consulta. Volví, sí, claro que volví, más que nada por afianzar mi teoría de que el tipo no me podía ayudar. Nada más entrar me miró como si fuese la primera vez que me veía, y claro, eso, para alguien que tienen problemas, que ha ido a su consulta dos veces… y que no te reconozcan, que te vuelvan a preguntar otra vez un montón de cosas que ya te han preguntado… ¡pues como que no! Y se lo dije claramente, le dije que no estaba tomando la medicación, que yo no necesitaba sentirme como atontada todo el día, sino lúcida, despierta, y que esas pastillas me dejaban completamente aturdida. Le dije que lo que yo necesitaba era hablar, sentir que alguien me comprendía, que me podían ayudar a superar mis miedos, mis angustias, mis problemas con mi hija… Se enfadó, no me entendió en absoluto, es más, me trató bastante mal, con desprecio y prepotencia, así que salí de allí más aliviada, sin complejo de nada. Di carpetazo al capítulo “psiquiatrapastilleo”. Ya vería cómo solucionaba lo mío, ahora tenía cosas más importantes en la cabeza.

Me fui a buscar a Mamen a la salida de clase, se quedó sorprendida porque no habíamos quedado antes, y sólo habíamos hablado para contarle las novedades de Alfredo. Nos tomamos un chocolate con un bollo suizo en la degustación de la Plaza Mayor, y, sinceramente, ese chocolate me sentó mucho mejor que todos las pastillas antidepresivas que pudiera mandarme el loquero ése de las narices. Y ahí salió lo del psicólogo, que en un principio rechacé tajantemente, y es que yo soy así, muy tajante, pero bueno, eso ya me lo sé yo, que soy muy tajante, y que cuando digo que no es que es no. Pero… Mamen es una pesada, eso también me lo sé yo, y que normalmente siempre consigue lo que quiere, también. Ella no había ido nunca a uno pero, su hermana Pilar sí, fue en una época mala que pasó hace tres años, cuando se divorció y se murió también la madre… Así que quedamos en que le preguntaría, porque como le fue tan bien, pues no era como para desaprovechar la experiencia, ¿no? Y en eso quedamos. De esto hace cuatro días, todavía no sé nada, pero tampoco me urge, vamos, yo creo que estoy aprendiendo a reaccionar bastante bien, lo que pasa es que me ha pillado todo como un poco de sopetón.

Con Patricia no es que hayan cambiado las cosas, pero sí que yo no me estoy agobiando tanto, estoy intentando poner en práctica la teoría del balcón. Es difícil, más que difícil, y quien diga lo contrario es que miente. Un hijo, una hija en mi caso, es algo muy serio, y no te puedes desentender de ella así como así, tienes que aguantarte la rabia, las ganas de darle un sopapo, de llorar, de gritarle, de abrazarla, de… ¡qué difícil, Dios! El caso es que estoy procurando no mostrarle tanto mi ansiedad, mi preocupación, y así es ella la que anda extrañada, la que me mira, me observa, no sé si buscando algo anómalo en mí, algún síntoma de locura, de… Ahí estoy, aguantando y tragando. Y sé que ahora no puedo bajar la guardia, ni dar marcha atrás. Veremos quién de las dos gana. Tendré que ser yo, que para eso soy su madre y me avala la edad, y la experiencia de la vida.

Por lo demás, Marta y Jorge muy bien, muy majos, me están ayudando mucho con lo de su padre, y también con su hermana, aunque tampoco tienen mucho éxito, Patricia se ha cerrado en banda y no quiere comunicarse con nadie de su familia, sólo lo justo y necesario. Pero soy optimista, tengo que serlo, esto no va a durar demasiado tiempo, como me llamo Purificación García que no.

Cuaderno, nos vemos otro día.


Puri

Imagen: Internet Texto: Edurne

jueves, 10 de marzo de 2011

DIARIO DE UNA MUJER (VII)



Jueves 11 de noviembre de 2010

22:15
Bueno, cuaderno, bueno, Puri, Mari Puri… ¿qué, no habrías pensado que me había rajado ya, no? Nada de eso, que yo soy mujer de palabra, sólo que, a veces, las circunstancias mandan, ¡nada más!

Ya sé que han pasado diez días, pero todo tiene una razón, un porqué. En este caso es que hemos tenido que visitar el hospital durante unos días, cuatro, para ser más exactos. Nada, Alfredo, que se me puso malito, pero, malito, malito… No sé si algo le sentó mal o qué, simplemente que tenía que ser. El caso es que el día 3 antes de cenar empezó a decir que se sentía mal, mareado, y con un color que daba susto, la verdad. Yo me asusté mucho, más que nada porque él no paraba de decir que se moría, que se moría, y que si le dolía el lado derecho, el brazo, qué sé yo… "Puri, que esto es un infarto, que me muero, que te quiero, que siempre te he querido, cuida de los niños, y busca debajo de la balda de abajo del armario…” Y claro, en semejante situación, quién no se asusta, además, cada vez se le iba quedando peor cara. Menos mal que Jorge estaba en casa porque con Patricia no se puede contar para que te eche una mano o te consuele, para ella todo es pura comedia, lo grave es lo de ella, y todavía estoy por saber qué es lo de ella, que sigue sin soltar prenda de nada. Pues eso, Patricia en su habitación, con la música y los auriculares, yo en la cocina preparando la masa para las croquetas que tenía pensado hacer al día siguiente, se me cortó la bechamel, normal, y Alfredo, mi Alfredo, allí sentado, contándome no sé qué lío de la oficina, cuando empieza con que qué mal se siente…

Jorge, que para estas cosas no se anda con tonterías, automáticamente dijo: “¡Al hospital con él!” Y al hospital que fuimos, a Urgencias. Nunca había visto a mi marido tan acongojado, tan muerto de miedo, ahora pienso que en realidad se veía morir. Pues allí que lo metieron en boxes o como se diga, y nosotros esperando, ni sé ya la de rato que tuvimos que esperar. Llamamos a Marta y se presentó enseguida. Patricia se quedó en casa, pero le dije que fuera a casa de sus abuelos a cenar y quedarse allí pues no sabíamos a qué hora volveríamos.
Cuando por fin nos llamaron, íbamos temblando, normal, pero bueno, nos dijeron que mejor dejarle en observación algún día más, pues querían hacerle una serie de pruebas. Parece ser que había sufrido una especie de amago, no sabían muy bien si de angina o de infarto… un lío, para mí todo es parecido. El caso es que algo se le había “descolocado” y había que ver bien qué pasaba en su corazón, y de paso otras cosas.
Y ahí es donde de pronto se te caen los años encima, porque, claro, tú te crees que estás tan pichi y hala… Alfredo, que se conserva divinamente, tiene 56 añitos, que no son tantos, pero… se ve que sí que son para ciertas cosas, o sea, que estás en esa edad en la que te pueden suceder este tipo de percances. Y ahí te entra un miedooooo… ¡Así está él ahora, acojonadito el pobre mío! No parece que hayan visto nada de preocupar los médicos, pero sí que de momento tiene que tener una vida un poco más tranquila. La culpa es del maldito estrés. Alfredo es, aparentemente, un hombre tranquilo, pero me da la sensación (más de lo que yo creía) de que es de los que se lo comen todo y la procesión la llevan por dentro. Me acaba de dejar trastocada. Cuando esté mejor, tengo que hablar seriamente con él. ¡Lo mismo le doy un cuaderno y le digo que se ponga a escribir también!

Ahora está en casa, de reposo unos días, le han mandado una medicación suave, dicen, para las arritmias, que resulta que ahora también tiene un principio de arritmia, y que hasta que se regule, que dentro de un par de meses le harán otras pruebas y que bueno, ya decidirán. Pero que no se obsesione, que haga su vida normal, eso sí, procurando no llevarse disgustos, ni alterándose. ¡Como si fuera tan fácil!

¿Y cómo estoy yo? Pues, sinceramente, por un lado asustada, por otro, estoy bastante fuerte, creo que esto ha sido un aviso pero nada más, así que “p’alante”.
Y con tanto trajín, es como si lo demás se me hubiera esfumado, vamos, que casi me olvido de mis cosas, esto es más importante, porque, claro, una se para a pensar y se da cuenta de lo frágiles que somos, que no somos nada, vamos, en menos que canta un gallo estás y zas, ¡ya no estás! Así es, y cuando te percatas de ello, caramba, como que te encoges.

Mi cuñada Maite está ahora todas las tardes en casa, se ve que le ha entrado un miedo terrible y se ha debido pensar que casi se queda sin hermano, su único hermano. Pobre mujer. Nunca nos hemos llevado demasiado… profundamente, o sea, que no hemos sido muy íntimas, y no sé por qué, las circunstancias tal vez. El caso es que a mí ahora me da como pena. Se ha quedado viuda hace dos años, sus hijos no viven aquí y yo creo que se siente bastante sola. No, si en el fondo vamos a estar todos un poco solos con nuestros miedos y nuestras angustias. Seguro que ha visto la ocasión para recuperar muchas cosas. Bueno, a mí me parece bien, además los veo contentos, les ha dado por recordar cosas de cuando eran críos, Maite es cuatro años mayor que Alfredo, y como los padres también se murieron hace unos años, es como la guardiana de la memoria familiar. Está bien así, y yo, sinceramente, me siento más acompañada en este mal trago.

Dentro de una semana me toca la cita con el psiquiatra. No tengo ninguna gana de ir, y como la última vez salí tan mal de allí, y como no tomo la medicación, pues no sé si volver o qué hacer… Ya veré, tengo tiempo para pensarlo un poco más. Ahora lo más importante es que Alfredo se vaya recuperando del susto y que volvamos a la vida más o menos normal.
Tengo cosas para contar, para recordármelas y analizarlas pero creo que por hoy ya vale. Volveré… lo antes posible. Eso espero.
Hasta entonces, pues, cuaderno.


Puri

Imagen: Cuaderno de Irène Némirovsky de Internet Texto: Edurne

viernes, 18 de febrero de 2011

DIARIO DE UNA MUJER (VI)



Lunes 1 de noviembre de 2010

23:07
Lo prometido es deuda, cuaderno, así que aquí me tienes. Lo que pasa es que voy a echar un vistazo a todo lo que tengo escrito desde que empecé. ¿Me esperas?
¡Vaya, pues he escrito bastante más de lo que pensaba!

Y el caso es que hoy llevo un día un poco “arrastrado”, no me siento como muy bien de cuerpo, o sea, que me da la ligera sensación de que estoy medio queriendo agarrar una gripecilla otoñal o catarro o… Me duele todo, hasta las pestañas postizas que no uso, y eso, ya es mucho decir, vamos, ¡que estoy como para tirarme al suelo! Cuando digo esto en casa, todos se ponen en plan alerta, porque quiere decir que estoy… ¡que ya no puedo más!
Me he tomado una infusión de Echinacea, que es muy buena para las defensas (aunque si las mías ya están soterradas…) y un paracetamol. Algo hará, digo yo. Lo que no sé es si voy a aguantar mucho escribiendo. Lo voy a intentar, sí, que me he propuesto ser disciplinada con esta historia, y además, aunque el otro día dijera que estaba abriendo la Caja de Pandora de mi vida, sé que es necesario y que a la larga me voy a sentir mejor.
Yo creo que hoy estoy así, de tanta emoción, de tanto sentimiento extraño pululando y pujando por salir, de tantas preguntas a las que estoy buscando respuesta… He leído por ahí, que el cuerpo enferma cuando el alma enferma. Psicosomatizar. ¡A ver si ahora me va a dar a mí por manifestar mis angustias y mis miedos así! También he aprendido otra palabra: catarsis. Y como todo esto es nuevo para mí, por un lado, estoy encantada de ir descubriendo tantas cosas que desconocía, y por otro, estoy asustada, mejor dicho, ¡acojonada!

Nieves me ha llamado para preguntarme cómo estaba. ¿Y qué hago yo ahora con este nuevo sentimiento de “hermandad” que nos ha nacido a las dos de repente? Creo que lo mejor es dejarse llevar, fluir… Mari Puri, me tienes asombrada, tú tan suelta, utilizando estas palabras que antes te eran totalmente ajenas, aprendiendo a hablarte, a mirarte al espejo y decirte cosas… Es que eso del espejo me lo dijo Mamen, pero Nieves también habló el otro día de espejos. Yo nunca me he mirado, así, de mirarme y verme, encontrarme. No sé cómo explicarlo, pero es algo muy curioso. Bueno, yo sé cómo soy, cómo es mi cara, mis rasgos, mis expresiones, mis ojos… todo, perooooo, me faltaba descubrirme más allá de la piel, del envoltorio, detrás de esas pequeñas arruguitas, de esos ojos que a veces brillan y otras, parecen apagados, de esa sonrisa casi forzada… Y entonces es cuando tu cara parece que no es tu cara, que te apareces, te desapareces y te encuentras con otra Puri. Huy, parece como de peli de miedo, pero es así. De esto, a Alfredo, nada de nada, claro, porque, conociéndole, con lo miedica que es, seguro que empieza a pensar que se me está yendo la cabeza, y se asustaría… ¡ni te digo lo que se asustaría!

Bueno, pues yo ahora, me miro todas las mañanas. Me planto delante del espejo y espero a que salga la de verdad. Y cuando la encuentro, la saludo, la recibo tal cual. Que si viene desgreñada y triste, pues intento animarla…. Que si viene alegre, más guapa y con brillito en los ojos, pues nada, la festejo, le echo piropos y me pongo de fiesta con ella. Es un ejercicio, ya lo sé, pero a mí me está empezando a gustar.

23:30
Si había empezado yo con poquitas ganas y mira qué pasa, ¡a ver si me va a enganchar este lío de la escritura! Me acuerdo que de pequeña, bueno, con doce, trece años y así, me gustaba mucho hacer redacciones, me chiflaba, y hasta soñaba con escribir cuentos y esas cosas. A mi hermana Blanca le escribía historias cortitas, y ella, como era una cría, se las creía todas. ¡Y yo, tan feliz, claro! ¿Por qué dejaría de estudiar? Si total sólo tenía que haber hecho la Selectividad y haber escogido algo, pues como Mamen por ejemplo, Magisterio, y luego igual otra cosa, Otra vez como Mamen, Historia… Qué rabia, ¿no? Mis dos hermanas, universitarias, mi mejor amiga, universitaria… ¡y yo, ama de casa!

¡Heyyyyy, alto ahí, guapita de cara! Mari Puri, Mari Puri, no me cabrees, que tú eres el alma mater de esta familia, que no se te olvide, y ser ama de casa, o “Directora de Hogar”, como dice tu/mi madre, es algo importantísimo, o si no, mira alrededor, empezando por ella, por la madre…
Y tú, ¿qué piensas, que has estado perdiendo el tiempo todo este "idem"? Pues echa cuentas, bonita, echa cuentas, pero bien echadas. Cuentas de tiempo, de amor, de sacrificio, de trabajo, de preocupaciones, de apoyo, de acompañamiento, de estar, de ir, de venir, de hacer deberes y solucionar todo tipo de problemas, de arreglar bajos de pantalones, de estrechar faldas y blusas, de remendar calcetines, de planchar, comprar y cocinar, de escuchar, consolar, de curar heridas del cuerpo y del alma, de acunar, amamantar, limpiar, barrer y fregar, de… Por Dios, ¡si la lista sería interminable! ¡Si tú solita cubres todos los oficios!
¿Todavía sigues pensando que has perdido el tiempo?

¿Sabes? Creo que voy a hablar un ratito con la del espejo…
Hasta… cuando sea, cuaderno, pero espero no tardar mucho, lo prometo.

Puri

Imagen: Internet Texto: Edurne

sábado, 12 de febrero de 2011

DIARIO DE UNA MUJER (V)



Domingo 31 de octubre de 2010

21:34
Sí, ya sé, hace demasiados días que no me pongo en la tarea de hablarme. Lo sé, pero es que yo creo que no estoy bien. Lo intuyo. Y también me da la sensación de que he abierto una caja de Pandora, que estoy dejando que demasiadas cosas salgan a la superficie. No sé…

Durante estos días he estado hablando con muchas personas, y he de confesar que me he llevado más de una sorpresa. Sorpresas que me han dejado muy pensativa, algunas porque me han sorprendido gratamente y otras porque me han hecho mirar hacia adentro y hacia atrás. Yo sé lo que me digo.
Hablé con Mamen, hablé con mi hermana Nieves, hablé con mi prima Marian, con mi tía Pura, y también hablé con Alfredo. No es que se me hayan solucionado los problemas ya digo, pero sí que estas charlas me han hecho cambiar algunas percepciones.

Mamen me llamó la semana pasada. Quedamos una tarde, la única que ella está más o menos libre. Primero nos fuimos de compras, que sí, que al final compramos. Y después nos sentamos frente a un café y un bollo, nos miramos a los ojos y hala… Mamen empezó con uno de sus famosos interrogatorios. Cuando te mira así, sabes que no hay escapatoria, que tienes que hablar y pobre de ti si no sueltas la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. Siempre ha sido así, desde que era una niña ha tenido ese poder sobre las personas. Pero lo curioso es que la suya no es una mirada intimidatoria, más bien al contrario, es una mirada acogedora, y sabes que puedes contarle lo que sea, que ella te va a comprender y a ayudar.
Hablé, ya lo creo que hablé, y lloré y moqueé y también me reí, cómo no reírse con las salidas de Mamen, siempre listas para apaciguar los momentos más tensos. Esta mujer es genial, no, ¡si en el fondo soy una suertuda, y va a ser que me quejo de vicio!
Ahora no voy a contarme toda la conversación con Mamen, porque ya me la sé, pero sí me voy a extender, porque tal vez así la entienda mejor, en la conversación que tuve con mi hermana Nieves.

A Nieves la llamé yo. En un principio fue una conversación trivial, la telefónica, sin implicación alguna, pero según hablábamos, me armé de valor y le dije que quería, que necesitaba, hablar con ella. Se sorprendió pero no puso ninguna pega, es más, estaba dispuesta a quedar al día siguiente cuando ella saliera del trabajo…
Mi hermana Nieves es casi dos años mayor que yo, nada, un breve espacio de tiempo que nos mantiene dentro de una misma generación, y sin embargo siempre me he sentido más unida a Blanca, a la que llevo seis años, que a ella. Ahora lo lamento infinitamente. Por mí y por Nieves, que ha tenido que sentirse muy sola. Ahora lo sé. Ahora entiendo que tuviera que recurrir a un cuaderno, entre otras cosas por eso precisamente, porque en casa tenía una hermana que no se tomaba la molestia de escucharla ni media hora. He sido una egoísta, está claro. Y me temo que soy culpable de muchas más cosas. En mi descargo tengo que alegar que era completamente ajena a las consecuencias que mis actitudes producían en los demás.

Yo era una niña feliz, una adolescente feliz, una joven feliz, una mujer adulta feliz… y ahora, la vida me viene a presentar la factura. He vivido demasiado tiempo pidiendo crédito y llegó el momento de pagar los intereses. Así lo veo.

Nieves, mi hermana (tengo que escribirlo y leerlo para que se me meta bien en la cabeza y en el corazón: Nieves, mi hermana, Nieves, mi hermana…) siempre fue la más callada y tímida de las tres. Era la niña seria, la que parecía más mayor, la estudiosa, la constante, la niña modelo. Recuerdo que me fastidiaba, y por eso, cuando descubrí que escribía cuadernos, mi reacción no fue la más adecuada, está claro: me reí de ella, y encima la llamé cursi y repipi, le dije que los leería y se lo contaría a todo el mundo. De verdad, mirándolo fríamente, yo era un poco puñetera, ¿no? Pero es que nunca he “visto” esta parte de mi vida así, la parte en la que implico a mi hermana, o ella me implica a mí en su vida…

Nieves es bióloga, y un cerebrito además. Se la veía venir, siempre estudia que te estudia, siempre sacando sobresalientes y hasta matrículas de honor. Trabajaba, estudiaba, vamos, ¡un mirlo! Sacó una oposición y entró en la Universidad a dar clases, ahora es jefa del Departamento de Biología Celular. ¡Ahí es nada! Pues esa es mi hermana, sí señor, y parece que acabara de descubrirla.
Está casada, pero se casó muy tarde, a los cuarenta y cuatro años, con Iñaki, un encanto de hombre, la verdad. Un colega suyo, claro, mi hermana tenía que encontrar al hombre de su vida cerca, nunca ha tenido tiempo para nada más, así que se ve que estaba esperando muy cerquita de ella, en la Uni. Iñaki es muy distinto a mi hermana, es alegre y socarrón, muy abierto, un bromista de tomo y lomo. Además tiene una pinta así como de profesor chifladus que le hace más entrañable aún. Pero ahora, después de hablar con Nieves, creo que Iñaki y ella se complementan totalmente. No tienen hijos, ya les pilló mayores lo de contribuir a la repoblación del planeta. Creo que voy a tener que hablar también con él. Necesito hablar con mi cuñado, y darle las gracias por haber llenado un poquito ese hueco que le dejamos al descubierto tanto Blanca como yo.

Mañana sigo, que ahora estoy cansada, se me ha echado encima la hora de la cena. Tengo hambre y empiezo a oír un concierto de solo para tripa hambrienta en Fa mayor que…
Hasta mañana, cuaderno, lo prometo, mañana vuelvo.

Puri

Foto: Edurne (parte de mis cuadernos) Texto: Edurne
Aclaración: Creo que no tendría que ser necesario puesto que ya lo he aclarado las otras veces, pero, me parece que todavía hay quien se piensa que estos diarios son los míos, que este personaje, Puri, soy yo...
NO.
Puri es producto de mi imaginación y en ella reflejo parte de lo que somos las mujeres, de las cosas que nos pasan, de lo que sentimos... En ella estoy presente yo, sí, pero también están todas las mujeres que conozco y que no conozco. Seguro que muchas de vosotras, mujeres que me leéis, os sentiréis identificadas en algo. Pero que quede claro que lo que le pasa a Puri, no es lo que me pasa a mí. Aunque me chifle el Colacao y también escriba en cuadernos... ;)
Lo digo por si acaso...

jueves, 3 de febrero de 2011

DIARIO DE UNA MUJER (IV)



Martes 19 de octubre de 2010

23:06
Pues hoy no tengo mucho ánimo para ponerme con esto de escribir. Hace días que no lo hago y si no es porque me he obligado, no habría empezado, pero ya que estoy aquí…

La verdad es que me siento un poco triste estos días, más exactamente desde el viernes pasado. ¿Que cuál es el problema? El problema es la cita del otro día con el psiquiatra. A ver, sé que tengo que hablar de ello, que mejor sería empezar por el principio, más que nada por ordenar mis ideas, mis sentimientos. ¡Pero me cuesta tanto! Me cuesta no romper a llorar, que es lo que más fácilmente me sale últimamente. Estoy tan sensible… Todo lo tengo a flor de piel, todo. Algún simple diría que claro, con mi edad, seguro que ya estoy menopaúsica y que es normal, que mejor no hacerme caso, que ya se me pasará. ¡Ja! Si todo fuera así de sencillo, esperar un poco y ¡listo!

El caso es que es la segunda vez que paso consulta con este hombre. Será muy bueno o qué sé yo, pero no, a mí no me sirve absolutamente para nada. Yo necesito hablar, que me escuchen, sentirme apoyada, comprendida, y no que me miren con cara de búho, que asientan todo el rato con la cabeza, y que acto seguido saque el talonario de recetas y zis-zas… ¡antidepresivos y ansiolíticos al canto! Pues no, no los tomo, paso de sentirme abotargada todo el día, de ir por la vida como un zombi, y ¿para qué? Para que mis problemas sigan ahí, en el mismo sitio, sin moverse ni cambiar un ápice. Esa solución no es válida para mí. Yo quiero ser consciente de todo lo que ocurre a mi alrededor, bueno o malo, pero necesito las herramientas que me ayuden en el trabajo de solucionar los problemas que se me van presentando.

Aparecí en la consulta de este hombre por la insistencia de Marina, mi médico de familia. Marina es un encanto y nos conoce a todos desde hace muchos años. Ella lo hace de buena fe, pero no ha acertado mandándome al psiquiatra. Claro, seguro que se sentía un poco desbordada conmigo y ha creído conveniente la intervención de un especialista…
Y este buen hombre, el psiquiatra, porque vamos a dar por sentado que es un buen hombre, que ha estudiado tanto porque quiere ayudar a sus semejantes… Pues eso, que este buen hombre, se enfadó mucho conmigo el otro día cuando le dije que no, que no estaba tomando la medicación. Y que entonces para qué iba donde él. ¡Otra vez JA! Pues para que me ayudara a curar las heridas del alma, para que me escuchara y me orientara… ¡Poco menos que me mandó a ver a un cura!
Agarré una llorera allí mismo…
Y porque una es educada, que ganas no me faltaron de decirle cuatro cosas bien dichas, en serio. Hay algo que se llama “EMPATÍA”, y las personas que se dedican a estos menesteres deberían tenerla de forma natural. Y humanidad, compasión, en el buen sentido de la palabra, y paciencia, y…
Total, que me marché de la consulta peor de lo que había ido. O sea, en mi caso, peor el remedio que la enfermedad.

Salí y no sabía muy bien qué hacer. El rapapolvos que me echó fue de los de órdago, y eso me hizo pensar en muchas cosas. Decidí “jugar” un papel con él, y en la próxima consulta, al mes que viene, lo pondré en práctica. Pero como necesitaba calmarme y no quería llegar a casa de mi madre en semejante estado, la pobre está sufriendo mucho conmigo, sabe lo mal que lo estoy pasando y no sabe cómo ayudarme, ¡pues me fui de tiendas! Menos mal que soy prudente porque sino… de la rabia que tenía, ¡me habría dedicado a las compras compulsivas!
¡Uf, qué habría sido eso, mamma mía! ¡Había tantas cosas bonitas y atractivas en los escaparates! A mí siempre me ocurre lo mismo, cuando se acaba el verano y ya estamos en otoño, me apetece muchísimo la ropa de calor, los colores de la tierra… Y ahora, con este rollo de la crisis, que ya no sé yo si va a ser un invento de los de siempre, pues eso, que las tiendas están echando todo lo que tienen, poniendo toda la carne en el asador para atraer a los pobres incautos, o sea, a nosotros, para que gastemos, consumamos y generemos… ¡no sé el qué!

Y sí, me animé, me calmé primero, y después me animé, así que me presenté en casa de mi madre con unos guantes preciosos de cuero marrón y gamuza de esa calentita por dentro para ella, y una bufanda de pura lana virgen para mi señor padre, que el hombre me quiere muchísimo y a veces tengo la sensación de que le debo algo, no sé, agradecimiento, cariño… Y como ahora estoy así de sensiblona, veo que me estoy acercando más a él, que le veo de otra forma.
¡Hala, y a llorar otra vez!

Cuando llegué a mi casa de toda la vida, porque la casa de mis padres, siempre será mi casa de toda la vida, mi madre me había preparado la merienda, siempre que voy me prepara la merienda, la de toda la vida también, mi Colacao calentito con seis galletas Chiquilín con mantequilla. Me chifla, no lo puedo remediar. Y de pronto es como si el mundo se parara y todos mis problemas desaparecieran de un plumazo. Mis padres me miran con tanto cariño que no puedo dejar de sentirme la niña que fui…
¡Caramba, ya estoy con el nudito en la garganta! ¡Ay!

A Patricia también le gusta el Colacao con galletas Chiquilín, ¿será eso lo único que ha heredado de mí? Tengo que merendar con ella, tengo que hablar con ella, saber qué le pasa…
Y es que está claro que algo le pasa, y que yo estoy muerta del miedo.

Cuaderno, ya seguiremos, ¿vale? Ahora estoy en stanbay (¿se escribirá así?), me tengo que recuperar…

Puri

Pintura: “Mujer escribiendo” de Picasso Texto: Edurne

lunes, 31 de enero de 2011

DIARIO DE UNA MUJER (III)


Jueves 14 de octubre de 2010

11:57
Hoy me he puesto un rato al ordenador. No es que yo sea un lince con estas cosas, pero cuatro cosillas ya he aprendido.
Anoche estuve pensando mucho. No me podía dormir y empecé a pensar en mi nombre, en por qué me pusieron este nombre. Y me dio por ir hacia atrás en la historia de mi familia, más bien en la historia de las mujeres de mi familia. Y me he dado cuenta de la importancia de los nombres. Hasta ahora no me había percatado de ello, o al menos no me había dedicado a pensarlo tanto tiempo.

El caso es que yo me llamo Purificación, María Purificación, por mi tía Pura, la hermana mayor de mi madre, y que además es mi madrina. Una vez le pregunté a mi madre que por qué no era Nieves la que se llamaba Puri y yo Nieves… Que vaya cosas, me dijo, que la hija mayor, o sea, mi hermana Nieves, se llamaba como la madre, y claro, mi madre se llama Nieves, así que a mi hermana le tocó el privilegio. Yo, me tuve que conformar con el nombre de mi tía, por otro lado, un encanto de mujer, aunque el nombre, Pura, suene así como… fuerte, ¿no? A mí nunca me han llamado Pura, aunque cuando sea muy mayor, a lo mejor adopto la forma: Doña Pura García.
Con mi nombre lo he probado todo, a saber: Puri, María Purificación, Purita, Puritxu, Mari Puri, Purificación… menos Pura, ya digo.

Bueno, volviendo a los nombres femeninos de mi familia… queda mi hermana Blanca, la pequeña. Somos tres hermanas, y ahora que lo pienso, creo que me hubiera gustado tener un hermano, al menos uno, como mis hijas, ellas son dos y tienen a Jorge, al bueno de Jorge, porque, aunque sea amor y pasión de madre, Jorge es un niño encantador, y además guapísimo, con esos ojos color miel siempre sonrientes… ¡ay, mi niño!

Ya, ya me he despistado otra vez. ¡Mari Puri, retoma el camino! A ver, los nombres, Blanca, mi hermana… Pues eso, Nieves, Purificación y Blanca. ¿Lo harían con alguna intención mis padres? Lo de ponernos nombres tan… “blancos”, ¡digo!
Y nada, que he tecleado en el ordenador: “significado del nombre Purificación”, y esto es lo que he encontrado, bueno, había más, pero esto era así en plan resumido:

Nombre: Purificación
Significado: Pureza.
Origen: Latín
Sexo: Mujer
Según Numerología:
Muy intuitivo y clarividente, desea utilizar positivamente su carisma personal; realizar en cierto modo, un papel de guía espiritual


Pues vaya, seguro que si me pongo a indagar, descubro un montón de cosas. Eso del papel de “guía espiritual”, me ha dejado un poco descolocada, porque viene a cuenta de que, supuestamente, yo debo tener un cierto “carisma personal”… nunca lo había pensado, ¡a ver si voy a tener cualidades ocultas y todavía no me he enterado!

Pero bueno, yo sigo con mi runrún de hoy, el de los nombres, y es que estoy pensando en eso, en la intención que tendrían mis padres, que podía ser la misma que mis abuelos, porque ellos tuvieron dos hijas: mi madre, Nieves, y mi tía Pura, y un hijo, mi tío Cándido. Y, si voy un poquito más atrás, me encuentro con que mi abuela se llamaba… ¡Clara! Y su hermana, mi tía abuela, Inmaculada. Ahí, ahí les he pillado, que por ahí parece que ya estaba la cosa bastante… ¡clarificada! Voy a tener que interrogar a mi madre más a fondo sobre el tema, está “claro”, porque me ha picado el gusanillo y hasta que no dé con alguna pista o respuesta, no voy a parar, lo sé, que me conozco, ¡menuda soy yo!

¡Huy, si ya se me está echando la hora encima y todavía no he preparado la comida! Esto de pensar qué comida poner cada día, comprarla, hacerla… ¡es un quebradero de cabeza! Porque, claro, a uno no le gusta esto, la otra se queja de que ya hemos comido lo mismo hace tres días, la otra, que está a dieta o qué sé yo… y no se dan cuenta de que vienen a mesa puesta, que no tienen ni que pensar, ni que comprar ni que hacer… ¡y ni que fregar! Voy a rebelarme un día de estos, y entonces, ¡ay, entonces, amigos míos, os vais a enterar de lo que vale un peine! Sí, yo mucho digo, pero luego, nada hago. Las cosas van a tener que cambiar.

¡Y por hoy, finito la comedia!
Mañana o… ¡más y mejor!

Hasta dentro de poco, cuaderno.

Puri

Foto y Texto: Edurne

miércoles, 26 de enero de 2011

DIARIO DE UNA MUJER (II)



Lunes 11 de octubre de 2010

22:20.
Ya lo saben, hoy les he dicho que estoy escribiendo mis cosas en un cuaderno.
“¿Un diario?” me ha preguntado Patricia, y acto seguido me ha dicho que soy una cursi, que a mis años no pega. Yo le he dicho que no hay edad para nada, y que a ella, el que yo escriba o no un diario, no tiene que importarle. Me ha dicho que si era por su causa lo de ponerme a escribir, que seguramente hablaría de ella, de las peleas que tenemos…
Entonces le he contestado que no se piense que es la única persona que hay en mi vida, ni lo más importante, que en mi vida, hay y ha habido mucho más, antes, durante y después de ella.
Se ha quedado un poco cortada, durante cinco minutos no ha sabido qué contestar, con qué atacar para dejarme en ridículo, su pasatiempo favorito en los últimos tiempos. Y como he dado media vuelta y me he ido a la cocina, no sé si ha seguido con la letanía. He decidido que no me va a importar nada de lo que me haga y me diga. No me voy a desentender de mi papel de madre, pero voy a tratar de ponerme un escudo, de asomarme al balcón, como dice Mamen, y verla desde ahí arriba.

Parte de razón no le falta a Patricia, este cuaderno ha cobrado vida gracias a ella, a los malos tragos que estoy pasando por su culpa. No sé si debo utilizar la palabra culpa, a lo mejor no es ella la única culpable de esta situación. A lo mejor hemos llegado hasta aquí por un cúmulo de desencuentros o desaciertos en su educación… ¿Pero quién puede saberlo cuando tus otros dos hijos han salido modélicos? ¡Qué difícil es! Y qué mal lo estoy, bueno, lo estamos pasando, porque estoy segura de que mi hija, aunque vaya de chulita por la vida, también está sufriendo, y se siente desorientada. Lo malo es que es incapaz de pedir ayuda, ¡y yo ya no sé qué hacer!
Bueno, sí, algo sí he sabido hacer: pedir ayuda. Necesito ayuda para mí para después poder ayudarla a ella. Y sé que no estoy sola en esto. Alfredo está muy confundido, también lo está pasando fatal. Y Marta y Jorge, que no pueden acercarse a su hermana, los rechaza de plano, los ve como enemigos y aliados del “Gran Castrador”, o sea, de mí, su madre.

¿Cómo hemos llegado a esto, cómo, Dios mío?

Ahora no puedo seguir, se me han implado los ojos y estoy a punto de tener uno de esos ataques de llanto que tanto me rondan. Lo dejo. No puedo más...

Foto y Texto: Edurne

lunes, 24 de enero de 2011

DIARIO DE UNA MUJER (I)



Viernes 8 de octubre de 2010

Al final han pasado tres días desde que me lancé a esta aventura de escribir(me). Han pasado tres días porque le he estado dando muchas vueltas al tema. Por un lado, al releer lo que puse el otro día, me ha entrado un poco de vergüenza, una sensación así como de verme descubierta, pillada en algo raro… Sé que es una tontería, pero bueno, como no estoy acostumbrada y todo es nuevo para mí, pues imagino que sí, que será normal que me sienta extraña.

Cuando Mamen me animó a escribir mis cosas, todo lo que pasaba por mi cabeza, mis sentimientos, las alegrías, las rabias contenidas, todo, pues… después de unos momentos de pensarlo, le dije que sí, que a lo mejor era una buena idea. Y esa misma tarde fui a comprarme un cuaderno, pero no uno cualquiera, me metí en el Corte Inglés y estuve casi media hora trasteando entre todos los cuadernos, hasta que di con éste. Y ahora, me parece una tontería, total, qué más dará que un cuaderno tenga las tapas de cartón o de cuero, que sea de papel normal o reciclado, que tenga espiral o que se ate con una gomita… Y el bolígrafo, lo mismo. No, no podía escribir con un Bic de toda la vida, se me antojó uno especial, ¡ni que fuera a lanzarme a una aventura literaria o a presentarme a un concurso de cuentos!

Y luego, ¿dónde guardarlo? Porque, claro, no voy a dejarlo por ahí, a la vista de todo el mundo, arriesgándome a que lo lean, o que lo aparten, lo dejen en algún sitio en el que no lo encuentre… ¡O a que se rían de mí, si se enteran de que estoy escribiendo un diario, vamos!
Al final, he decidido guardarlo en mi cajón de las mudas, y ahí está entre bragas y sujetadores, casi me río de mis apuros, ¡seré tonta!

Y luego también me han asaltado las dudas de cómo empezar a escribir cada día. Lo primero que se me viene a la cabeza es lo de: “Querido diario”, una fórmula de lo más cursi, pero no lo puedo remediar, es lo primero que se me ocurre.
Ahora mismo acabo de volver a leer lo del martes y no, no puse nada especial… empecé como si estuviera escribiendo para que me leyera alguien, cuando soy yo la única lectora, tiene gracia, ¿no? La única novedad es que hoy he puesto la fecha, mira, eso sí me parece bien, porque así, sé lo que escribí tal o tal día… ¡Suponiendo que siga con esto!

Según escribo se me van ocurriendo cosas, o sea, que se me agolpan las ideas, los recuerdos, las ganas de contar esto o lo otro… no sé si seré capaz de ordenarme y seguir un camino lógico.
La hora, creo que no estaría mal poner la hora en la que escribo. Lo digo porque lo mismo me asaltan las ganas de escribir a las dos y media de la tarde porque me ha ocurrido algo, o son las doce de la noche cuando, antes de acostarme, me pongo a repasar los pormenores del día…
Bueno, pues ahora mismo son las 17:13 y estoy sentada en el sofá, frente a la tele, a la que he quitado el volumen. Estoy sola, todavía no ha llegado nadie y me ha parecido un buen momento para retomar este experimento.

He parado cinco minutos. Me he levantado, he ido a la cocina, me he preparado una taza de Colacao, me encanta el Colacao, y me la estoy tomando a poquitos. Me estoy animando.
Cuando le conté a Mamen que me había atrevido, se puso muy contenta, me animó a que no lo dejara ningún día, sobre todo al principio. Pero como ya digo, he tenido mis momentos de debilidad. Ánimo, Mari Puri, es que mi abuela siempre me llamaba Mari Puri, y cuando me quiero dar ánimos, me llamo Mari Puri. Pues eso, que me he dicho: ¡ánimo, Mari Puri!
¡Y aquí estoy!

Muchas veces me he preguntado por qué dejé de estudiar, por qué no seguí y me quedé en las puertas del COU. Mamen, en cambio, siempre tuvo muy claro que quería seguir estudiando, aunque tuviera que trabajar y estudiar por las noches. Y yo la admiro por ello. A mí me entró una especie de… no sé cómo decirlo, de parón estudiantil, de tontería adolescente, estuve unos meses intentando convencerme a mí misma de que estudiar no era para mí, además no había nada que me llamara especialmente la atención, así que, para calmar los ánimos en casa, me apunté a un curso de Mecanografía, luego hice otro de Corte y Confección… y como se presentó la oportunidad de lo de la tienda, ahí se quedaron mis dudas. Ya estaba trabajando, me sentía mayor porque llevaba un sueldito a casa, y digo sueldito porque es lo que era, mis hijos se ríen cuando les digo lo que ganaba: ¡cinco mil pesetas de entonces!

Sin darme cuenta, me he liado y el Colacao se me ha quedado un poco frío, no importa, también me gusta así.
Si al final va a tener razón Mamen, y seguro que mi hermana Nieves también, nunca he hablado con ella de sus cuadernos, algún día de estos tendré que hacerlo, será interesante lo que piensa. Creo que nunca me ha dicho nada porque sabía que a mí me entraba la risa con lo del cuaderno y escribir todas las noches. Voy a tener que pedirle perdón.

Las 17:45. ¡Caramba, a lo tonto a lo tonto, llevo un buen rato enfrascada en esta tarea! ¿Será que me está enganchando, que me estoy encontrando “libre”, como dice Mamen?
Los psiquiatras de la Seguridad Social no te dicen nada de esto, ellos te mandan pastillas y hala, vuelva dentro de dos meses.
Ya salió, salió la palabra psiquiatra. ¿Estoy preparada para hablar de ello o tal vez es mejor esperar a coger confianza conmigo misma, porque, de eso se trata, no?
Mejor esperamos. Un día, dos, tres… (¿?)

Hasta entonces, cuaderno.

Puri


Foto: Pillada en la Red Texto: Edurne

sábado, 22 de enero de 2011

DIARIO DE UNA MUJER (El Principio)


La verdad es que no sé muy bien cómo empezar, es la primera vez que escribo un diario.
Bueno, tal vez lo mejor sea hacer una presentación en regla, como si de verdad estuviera hablando para un público, aunque sea irreal, ya que eso es lo que me ha recomendado Mamen.

Me llamo Purificación García, ya, ya sé que alguno podría hacer el chiste fácil: “¡Anda, como la diseñadora ésa!” Y sí, ya sé quién es la famosa Purificación García, que ya he visto alguna tienda con su nombre por ahí, por el centro… con unas ropas imposibles, imposibles de pagarlas y casi de vestirlas. Pero no, yo soy la otra Purificación García, Puri para la familia y los amigos.

No soy nada del otro mundo, es decir, no soy una mujer despampanante, no estoy mal, dicen que soy resultona, vamos, del montón hacia arriba. Tengo cincuenta y dos años, estoy casada y tengo tres hijos. Ahora no trabajo, bueno, no trabajo fuera de casa, porque, trabajar, lo que es trabajar… como una mula, ¡y las veinticuatro horas del día sin parar! En mi juventud, y hasta que nació Martita, estuve muchos años de dependienta en una tienda de telas. Entré a trabajar con dieciséis años, porque lo de estudiar no era para mí, o eso me parecía entonces, y como no se podía estar así, a comer la sopa boba…

“Tejidos Samarkanda”, que seguro que mucha gente sabe de qué tienda estoy hablando, es una institución en esto de las telas, por lo menos tiene más de cien años la empresa, porque cuando yo entré allí, los mostradores eran antiquísimos, aunque no les hacía falta reforma alguna pues la tienda siempre estaba llena. También es verdad que eran otros tiempos, todavía se llevaba lo de la confección a medida y había muchas modistas en la ciudad, yo creo que en cada portal había alguna, en el mío al menos la había: Pita, ¡pues no nos hizo ropas a mis hermanas y a mí, y a mi madre y a mi tía…! Y yo misma estuve en un tris de convertirme en modista, porque hice un curso de Corte y Confección, que, todo hay que decirlo, se me da muy bien lo de cortar y coser. Lo que pasa es que no tuve el arranque suficiente y luego como me puse de novia con Alfredo, pues, lo que pasa, que todo queda en nada.

Pero, a lo que íbamos, que me parece a mí que ya me he ido por los cerros de Úbeda. Mi amiga Mamen me ha recomendado esto del diario, que dice que ella también escribe uno desde hace muchísimos años, cosa que ignoraba, porque yo le he comentado en alguna ocasión que mi hermana Nieves escribe uno desde que tenía diecinueve años, o sea… lo menos lleva treinta años escribiéndolo, tiene muchísimos cuadernos, pero cuando digo muchísimos, es que son muchísimos, y ella, Mamen, nunca me ha hecho el menor comentario acerca de que también tiene uno. Y a mí siempre me ha parecido como una tontería esto del diario, ¡para qué le vas a contar a un cuaderno lo que has hecho ese día! Pues va a ser que no, que no es ninguna tontería. Si sigo indagando, seguro que casi todo el mundo me va a decir que también escribe un diario…

Voy a tener que ordenar esta presentación, pero mejor lo dejo tal cual, o sea, espontáneo. Vamos a ver, me he presentado así por encima, he dicho que estoy casada, y que mi marido se llama Alfredo, y que una de mis hijas se llama Martita, la mayor. Marta tiene veintiséis años, Jorge, el único chico, veintidós y Patricia, la pequeña, diecisiete, y ésta es la que más quebraderos de cabeza me está dando. ¡Ay, Señor, los hijos!

Ya me he quedado atorada, si sabía yo que al empezar a hablar de esto se me iba a hacer un nudo en la garganta y… ¡adiós!
Pero no, voy a tratar de sobreponerme y seguir con esto de mi vida.
¿Qué por qué estoy escribiendo un diario de mi vida? Pues más que nada por lo de liberar fantasmas, es lo que dice Mamen, y seguro que tiene razón, por lo de soltar lastre, aligerar la angustia y la ansiedad, ver los problemas un poco desde el balcón, verbalizarlos y minimizarlos… Todas estas palabras me las he aprendido ahora, y es que Mamen es listísima, y de esto sabe mucho. Ella es maestra y la psicología le gusta mucho. Mamen es mi amiga desde que teníamos doce años. Ya ha llovido, sí, pero siempre hemos sido amigas, siempre. Yo me fío totalmente de Mamen.

A lo mejor para ser la primera vez ya vale, ¿no? Es que noto como que se me están subiendo muchas cosas por el estómago, y la cabeza anda un poco acalorada y el corazón acelerado…
Tengo que buscar una fórmula para empezar a escribir cada día. Esto más bien me parece que es como hablarme a mí misma como si fuera una desconocida, y como si me fuera enterando de cosas que me han pasado y me están pasando, pero como si no fuera yo la que las está viviendo… No sé si me explico, bueno, yo me entiendo, ¡creo!
Entonces, ¿lo dejamos para mañana o… pasado mañana?
Ya he empezado, que era lo más difícil. Voy a llamar a Mamen y contarle.
¡Hasta mañana, cuaderno!

Puri

Pintura: de una imagen pescada en la Red Texto: Edurne