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sábado, 7 de diciembre de 2024

UNA CIFRA IMPORTANTE: 65

 


Hoy es 7 de diciembre de 2024. Hoy hace 65 años que llegué a este mundo. Era lunes y llovía (alguien diría aquello de que en Bilbao siempre llueve...).

Mi vida ya no es mi vida. Están pasando muchas cosas, demasiadas, en estos últimos 15 años, demasiados años también.

Y este año está siendo terrorífico. La situación de mi ama va empeorando de día en día y ya se está haciendo insostenible. No sé cómo vamos a terminar, ni ella ni nosotros dos. La tristeza es inmensa, la impotencia, total, el amor, infinito, y el sufrimiento...

Mi vida ya no es mi vida. Antonio, mi pareja de los últimos 21 años, me dejó sola, falleció el 23 de abril. Su corazón ya no pudo más y se paró. Todavía estoy intentando digerirlo. Estoy haciendo un duelo muy extraño, se me está solapando con toda esta situación de casa. Ser cuidadora 24/7 de una persona gran dependiente es... Te destruye, por dentro y por fuera. Físicamente tu cuerpo ya no te pertenece casi. Enfermas. Pero sigues adelante, llorando de dolor, pero sigues. No queda otra. Y emocionalmente, también te destruye. 

Menos mal que tengo a Aitor, mi hermano, que nos tenemos, que somos un equipo, una piña. Nos necesitamos y nos apoyamos mutuamente. No sé qué sería de mí sin él. Es el mejor regalo que me hicieron mis padres. Les estoy eternamente agradecida por ello.

Mi otro apoyo ya no está y lo echo de menos constantemente. Me siento coja, manca, tuerta, no sé... amputada. 

Por eso hoy digo que llego a estos 65 muy triste, muy agotada. Una fecha importante. Ya estás enfilando el camino de bajada bastante deprisa y con lo que tienes alrededor piensas mucho en ti, en tu final, en cómo y cuándo será... Y les juro que no quiero pensar en ello pero es inevitable. Y tengo mucho miedo a este futuro totalmente incierto.

Y el caso es que sentarme al ordenador y escribir estas líneas me están aliviando un poco la angustia (se lo tengo que comentar a mi psicóloga, se pondrá contenta), porque es que ya no puedo escribir ni leer (y eso me hace sufrir mucho), no tengo tiempo para nada y si me siento un momento, solo un momento, mi cerebro se desconecta y zas... me duermo en los sitios más extraños, de verdad. Cinco, diez minutos pero me quedo como un fundido en negro.

Sé que no soy única, faltaría más, no voy de víctima. Cuento lo que me pasa porque necesito sacarlo, lanzarlo al mar, como un mensaje de naúfrago. SOS. ¿Hay alguien ahí?

Hoy cumplo. Creo que voy a abrazarme un rato largo. Muy fuerte. Y también creo que voy a llorar sin sentirme mal (lloro mucho, mucho, mucho...)

Gracias por seguir pasando por esta orillita que anda tan triste y solitaria. ¿Qué me deparará este nuevo año? Lo ignoro, pero lo pienso constantemente. Dejemos que la vida vaya colocando las piezas en su sitio, al final podremos ver el resultado.

ZORIONAK, Edurnita, eta gogoratu aitatxok esaten zuena:

GORA BIHOTZAK! 

Siempre en mi corazón.
Hay que enfrentar la vida con una sonrisa, aunque sea una pose,  para espantar al miedo.


Texto de desahogo: Edurne. Fotos: Las dos sacadas por Amparo.





miércoles, 7 de diciembre de 2022

SESENTA más TRES

 

                       


Cuando cambias de década, a veces, lo haces con alivio, y otras con zozobra, intriga… Pero lo que siempre se nos olvida es que los años empiezan a desfilar uno detrás de otro a una velocidad ¡vertiginosa!

Depende de cómo te vaya, pues estás deseando que ese año se acabe y empiece el otro, o quién sabe, que lo mismo puede alargarse un poquito más si es bueno. Mentira, que no nos engañen. Corren igual, tardan el mismo tiempo: 365 días, con sus respectivas noches (¡ay, las noches!), o 366 si es bisiesto. Y si tu vida ha entrado en otra dimensión, en esa dimensión en la que no la reconoces como tuya, en la que ni tú te reconoces, entonces… Entonces lo de cumplir años ya no te hace ni pizca de gracia, casi nada la tiene porque a ti te han expulsado de tu espacio de vida, chiquito, pero tuyo, con tus pequeños sueños, con tus pequeños planes, con tus pequeñas evasiones, con… Y entonces ves que las puertas se van cerrando una tras otra y que te quedas ahí en un momento que no avanza ya más, y te sientes como si fueras  prisionera de tu propio destino.

Sí, sabes que estás haciendo lo que tienes que hacer y que estás donde tienes que estar, eso nunca lo he cuestionado, pero asistir al lento (o no tanto) derrumbe de las paredes de tu casa pues cuesta, duele, te descoloca, hace que te ovilles en tus penas, que busques algún agujerito para poder recordar cómo era ese cielo, cómo eran esas calles…

Y a pesar de todo eso, siempre llega el 7 de diciembre. De aquel primer 7 de diciembre hoy se cumplen sesenta y tres años. Ya está cerrado ese círculo y empiezo a caminar por el sendero de los 64. ¿Cómo será este camino, qué me espera? Mejor dejar que cada día sea la avanzadilla de los siguientes, poco a poco, pero que me dé tiempo para ver lo que viene, para pensar y reflexionar, para no equivocarme en las decisiones. No sé, igual estoy totalmente equivocada.

No tengo tiempo para nada, ya no entro casi en las casas de mis amistades blogueras, y cuando lo hago me doy una pechada a leer, pero no soy capaz de comentar.

Tengo estrangulados los sentimientos, ni la manzanilla alivia mi empacho de tristeza.

Quiero cumplir los 63 con otra mirada, con otra sonrisa (si hace falta, me las pintaré).

Hace mucho que dije que no cerraría esta Orilla aunque mi chapoteo sea tan de tarde en tarde. Esta Orilla es una buena orillita para venir de vez en cuando, a mí me da paz, será por el murmullo de las olas, por el olor a salitre, por el sol que acaricia sin quemar, por las cosquillas que la arena me produce en las plantas de los pies…

No me voy a marchar sin agradecer de nuevo, como todos los años, a tod@s quienes pasan por aquí, su cariño de siempre. Gracias por todo y de todo corazón. Les prometo intentar ser feliz, lo sean ustedes también.

ESKERRIK ASKO!

 


Texto y desahogo: Edurne. Selfie al natural (de ayer mismo): Edurne. Foto en Zarautz (de septiembre): Antonio. 

viernes, 31 de diciembre de 2021

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)

 


                              I HAVE A DREAM

Empecé a compartir las uvas de la ira con ustedes la Nochevieja del 2007. Ya ha llovido, sí. Como soy muy de guardar la tradición, y es costumbre en esta Orilla, este maldito año vuelvo a traer aquí mis uvas, nuestras uvas de este año. Año que estoy deseando largar a paseo, o a tomar vientos, como más nos plazca.

El día 2 cumpliré dos años exactos de jubilada. ¡Vaya un jubileo el mío, vaya par de años! No me da el aliento para nada. La vida me ha cambiado radicalmente. No he podido poner en marcha nada de lo que tenía pensado, absolutamente nada, es más, he perdido mucho de lo poco que tenía. Pero, para mí, hoy, lo más importante es que mi ama sigue viva y con nosotros.

Ahora me toca maldecir al Covid que vino para arruinarle la vida a la Humanidad. En esta familia ya se la ha arruinado a mi hermano, y ahí está, peleando con un Covid Persistente que cada día le “regala” algo nuevo, luchando contra la incomprensión de las instituciones que solo nos ven como números, y a veces ni eso, ignorando el sufrimiento de todo tipo.

Y no quiero seguir. He de mantenerme fuerte. Y solo le pido al año que asoma el morro que tenga compasión, que sea más benévolo y nos obsequie con salud y pequeñas soluciones a todo este lío que hemos montado en nuestra casa, la Tierra. No hay más que mirar un poco a nuestro alrededor, abrir los ojos y mirar, ver... Hay palabras hermosas en el diccionario: solidaridad, empatía, amor, compartir...

Son las 16:50 de este viernes, último día del año, con un sol espléndido y una temperatura ideal. Todo parece una paradoja.

Levanto mi copa y les agradezco su acompañamiento durante tantos años. Dejo un abrazo virtual y enorme, que abarque a todo el mundo. Cierro los ojos y pronuncio mi deseo, bajito para que no se me escape.

I have a dream...

URTE BERRI ON!

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Y no se olviden de ser felices, por favor, aunque sea con lo más nímio.


Foto y Texto: Edurne. Uvas: De la cocina de mi amatxu. Tapete: De mi Chile querido, un guiño para ese hermoso país. ¡Y que se abran las grandes alamedas!


jueves, 22 de julio de 2021

22x4=88

 


                                                                   

Madre,

hoy te salió redondo el número,

y ya ves,

¡de resultas te cantaron

un doble infinito!

Parece que la vida,

al fin,

te devolvió con interés

lo que ya te andaba robando.

Ocho son también los meses

desde que asomó la nariz

la maldita pesadilla.

Tú no recuerdas mucho.

Mejor.

Fue lo peor.

Ahora estás,

y eres tú.

De nuevo tú.

Andábamos nosotros con los llantos

pegados a la piel,

con el sueño sin descanso,

con las manos cerradas,

bien apretadas,

como puños retando al destino.

Los ojos,

vacíos.

Las caras,

medio borradas...

Pero ahí estaban tus manos.

¡Tus manos, madre!

Ellas nos salvaron.

Ellas te salvaron.

Nunca las soltamos,

nunca las soltaste.

Sabías,

de alguna forma,

que estábamos.

Por eso te resistías a partir.

No llevabas maleta para ese viaje,

no habías comprado billete,

no era ése tu tren.

Alguien te metió en un vagón equivocado,

pero pudiste apearte

antes de llegar al final.

Hoy es tu gran día,

al que no podías faltar.

Hoy festejamos tu sonrisa,

tu mirada llena de vida.

No importa que las cosas

sean distintas.

Importa que tú llenas

nuestras vidas.

Zorionak, amatxu maitia!

 

Texto: Edurne. Foto: favor de Auri, una amiga. 

Hoy, 22 de julio de 2021, mi amatxu cumple 88 años. Casi no llega. Errores de mala praxis médica la llevaron al borde la muerte en dos ocasiones. Pero no era su momento y pudo volver de allí a donde la habían llevado. Una lucha sin cuartel la suya y la nuestra. Es una campeona, nuestra campeona.

 

 

 


jueves, 24 de diciembre de 2020

NAVIDAD DE PA(cotilla)NDEMIA

 



Así estoy llegando al final de este maldito año, como esta barandilla vestida de herrumbre.

No tengo tiempo ni de venir a ordenar la espuma de las olas de esta Orilla , ni un segundo para poder respirar un poco de la brisa de este mar tan mío...

No tengo, no tengo...

La vida me ha vuelto a abofetear, toma, toma y toma. ¿Qué maldades habré cometido, qué deseos inconfesables habrán pasado por mi mente para que se me castigue así?

Y dicen que hoy es Nochebuena, y que mañana será Navidad. Dicen, y será verdad. Tal vez. 

A veces creo que estoy soñando y que de un momento a otro abriré los ojos de golpe, que me sentaré en la orilla de la cama, sudorosa, ahogada... y que, al mirar a mi alrededor volveré a ver mis afectos en sus sitio, mis realidades en fila india esperando pasar revista, firmes, impolutas y contentas de verme de nuevo, tanto tiempo ausente...

¡Maldito año, maldito sea mil y una veces!

Pero no quiero faltar a esta cita con ustedes (parece que me devuelve algo de lo que antes fue mi vida). La vida fluye, bien o mal, pero fluye, y nosotros con ella, nos azota, nos acuna, nos apalea, nos mima...

Hoy es Nochebuena, dicen, será verdad, quiero creer que así es, y que, dentro de lo que cabe, en el corazón de cada uno de nosotros hay una lucecita encendida, para que nadie pierda el camino de retorno a la casa de todos y todas.

Soy una resilente, una y mil veces soy resilente. Mi cuerpo y mi espíritu están bajo mínimos pero sigo en el camino, no voy a dejar que nada ni nadie me eche a la cuneta. Sé que vendrán tiempos mejores, para todo el mundo en general y para mi familia y para mí en particular, lo sé porque no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante, ya, eso es lo que reza el refranero o el dicho popular.

Así que... ¡Aguantemos, aguantemos, mordámonos los labios mostremos los dientes bien prietos a esta vida cuando se pone puñetera!

VINCEROI!

Y a pesar de los pesares...

¡FELIZ NAVIDAD! Salud, Paz  y Amor. Prudencia y Sensatez (todas con mayúscula, porque son realmente importantes).

¡Y gracias por seguir ahí, aquí!

Un abrazo enorme y mucha suerte.

ESKERRIK ASKO!


Foto y Texto: Edurne

martes, 1 de septiembre de 2020

AÑO NUEVO ESCOLAR Y UNA PANDEMIA OKUPA





Hoy es 1 de septiembre de este año extraño que nos ha tocado vivir. Son las 19:03 de una tarde soleada y un poco ventosa en este Botxo de mis amores. Me siento al ordenador casi con miedo. Últimamente le hablo muy poco, lo visito casi nada, para consultar alguna cosa y nada más. Sé que me mira raro, que me lanza reproches callados, y que, al mismo tiempo, me anima a que me deje llevar, a que me suelte la coleta, a que abra las puertas de mi corazón “tancat”… En ello estoy.

No sé si mis reflexiones serán objetivas o demasiado subjetivas. Me invaden sentimientos encontrados. Todo está siendo diferente, desconocido, no esperado y mucho menos deseado o pedido… ¡Y largo! Ya dura demasiado esta incertidumbre, este miedo agazapado en las entrañas, en la mirada, en la sonrisa acobardada… Y no quieres saber, no quieres oír, no quieres ver, no quieres pensar… ¡Mentira! Eso solo lo dices los primeros dos minutos antes de lanzarte a la búsqueda de alguna respuesta que calme tus angustias. Nada, no hay nada para apaciguar las rabias, los desconciertos…

Unos días te levantas más optimista, otros parece que el mundo se te ha caído encima y no puedes casi ni andar, te cuesta respirar, miras a tu alrededor y ya no sabes ni qué pensar, ni qué esperar… Y entonces decides lanzarte a la calle y dejar que los pies te lleven por donde ellos quieran, y que tus ojos conecten con lo que llevas dentro y vean lo que has visto mil veces pero que lo miren, que tú lo descubras como nuevo. Y entonces sacas tu móvil y clic, clic, clic…. Fotografías todo, hasta el aire que malrespiras a través de la maldita mascarilla. Miras y ves: casas, calles, puertas, letreros, árboles, ventanas y balcones, niños, palomas y coches, autobuses, nubes y abuelos, mujeres y hombres presurosos, altivos y taciturnos, lonjas cerradas, carteles de se vende, se alquila, sueños perdidos, ilusiones escondidas entre los jirones de tantas vidas… Subes y bajas cuestas, cruzas calles, esperas semáforos y observas, miras, ves, escudriñas…. Disparas: clic, clic, clic…

Hoy me siento mal, parezco una esquirola. En los últimos 39 años, es el primer 1 de septiembre que no estoy en la caja de salida del nuevo curso escolar. Mi yo más guerrero y solidario siente que tenía que estar ahí, dándolo todo, como siempre, pero… por otro lado también sé que ya me tocaba, que este Año Nuevo que supone para todos los docentes el primero de septiembre, ya no me tocaba, éste no era mío. Ayer me dediqué a mandar mensajes de ánimo a todos mis compas y demás amigos y conocidos de la profesión. Lo agradecieron, enseguida me llovieron los whatsapp de gracias por los ánimos, por acordarte, no te olvides de pasar a visitarnos, suerte vamos a necesitar… Sé que hoy la cosa ha sido un poco liosa, que ahí andan, con el miedo y las ganas de arrancar para ver cómo va a ser esta tragicomedia que nos han escrito desde no se sabe muy bien dónde. Pero lo que si está claro es que l@s docentes son quienes van a sacar esto adelante, esta vuelta al cole tan controvertida. El profesorado y las familias y alumnos comprometidos con su salud y su derecho a una educación pública y de calidad, para tod@s... De las administraciones ni hablo, mejor, porque daría para mucho y mucho cabreo. Estoy muy orgullosa de tod@s mis colegas.

Se nos está esfumando el maldito año con una carga de dolor y estupor gratuita e innecesaria. ¿Tan mal@s hemos sido? Parece que la cosa va para largo, porque, aunque no quiera oír, leer, ver… al final estoy todo el día metida en harina con la dichosa pandemia y los distintos flecos que la adornan. Paciencia. No sé si esa es la palabra, el concepto que hemos de asumir, no lo sé. Se está acelerando demasiado todo. Todo lo que no necesitamos que llegue tan pronto.

Cuando miro a mi ama, pienso en l@s de su generación y me corroe la pena y la rabia, la impotencia, y como a Woody Allen cada vez que escuchaba a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia. Han pasado una guerra horrible siendo niñ@s, una posguerra terrible y durísima, les arruinaron la juventud, de adultos pasaron mil estrecheces y vivieron con miedo y en silencio… Y ahora, ¿terminar así? No hay derecho, ¡no!

¿Qué nos espera? ¡Cualquiera lo sabe! No quiero ser agorera ni conspiranoica ni nada parecido, sí prudente y expectante. A mí la vida me ha plantado en estos 60, que ya voy terminando, en una encrucijada sin indicaciones claras de hacia dónde ir. Voy tirando de mi intuición, de lo aprendido y aprehendido, de lo mucho deseado, de lo no conseguido, de lo logrado, de los afectos, de las ganas y las fuerzas que aún me quedan por ahí, latentes… Voy tirando y a veces me miro en el espejo y me río conmigo misma, otras, no reconozco a la que asoma del otro lado, a la que llora bajito, a la que se le anegan los ojos, esos ojos verdes chispeantes, y se le convierten en un mar de lágrimas, en un piélago descontrolado, en un tsunami de olas de miedo… STOP. Le doy el alto, le pido la documentación, le pregunto por las intenciones, y luego le doy una tila, una palmadita en la espalda y la dejo pasar. La frontera está justo en las lindes del sueño y la verdad. ¿Qué habrá tras la puerta?

 Las 19:41. Termino ya, así va esta reflexión, tal cual.

Seguimos caminando. ¡Ánimo compañer@s, y que la fuerza nos acompañe!

Foto y Texto: Edurne

miércoles, 18 de marzo de 2020

ANNO TERTIODECIMO. Desde La Orilla en tiempos convulsos.




Y van trece. Un año tras otro y hemos llegado al número maldito (yo no tengo nada en su contra, pero esta vez no sé qué pensar), al doce más uno.

Tiempos convulsos. Alguien ha dejado la puerta abierta y se nos ha escapado un virus puñetero y vengativo que anda haciendo estragos por acá y por allá.

Tiempos del Coronavirus. Todo nos lleva a recordar aquellas plagas y pestes de la Antigüedad: las siete plagas de Egipto, la peste de la Edad Media… ¡Y tantas otras! Y cómo no, también está “El amor en tiempos del cólera”.

A partir de ahora todo será distinto. Ya es distinto. De la noche a la mañana nuestras vidas han cambiado. Un tsunami está recorriendo el mundo. A la Orilla también llega el oleaje alterado, escupiendo rabia, impotencia y dolor. Calma. Dicen que después de la tormenta, escampa, siempre, siempre escampa (mi compa Mercedes dixit).

Hace trece años, cuando decidí arremangarme y dejar que las olas juguetonas de esta Orilla mecieran mis sentimientos, mis angustias, mis alegrías… no imaginaba yo que iba a vivir tiempos de sufrimiento, de pérdidas, de incertidumbre, de enojo y confusión. Claro que también ha habido una buena ración de risas y cosas buenas. La vida misma.

Como vengo haciendo todos los 18 de marzo desde que abrí este rincón de encuentro, de compartir y aprender, tengo costumbre de acompañar el texto con una foto mía de esa edad. Este año toca una muy graciosa, aunque yo esté superseria, casi asustada ante la cámara. Tenía trece años, y ya sabía lo que me gustaba (no todo) y lo que no (no todo), pero el aprendizaje de vida ya había comenzado un poco antes. Han pasado 47 años entre esa foto de cabecera y la que cierra esta crónica. Mucha vida.

Gracias mil por seguir acompañándome en mi periplo particular. Este espacio, y tod@s l@s que habéis chapoteado en él antes o ahora, ya formáis parte de mi curriculum vitae.

Son momentos duros estos de ahora, pero estoy segura de que saldremos reforzados de este torbellino de miedos y desconciertos varios. Si todo el mundo aporta lo mejor, si hacemos las cosas con responsabilidad, si somos solidarios, si apoyamos a los más débiles y vulnerables y mantenemos la esperanza y la confianza… ¡Todo saldrá bien!

No se olviden de ser felices a pesar de los pesares, de mantener el tipo por los que no pueden, de afianzar los afectos, ya estén cerca o lejos, de mirar a la vida con otros ojos, y de descubrir lo pequeño en medio de la inmensidad de nuestro ruidoso mundo, ahora en silencio.


¡Cuídense! Y gracias por estar ahí. MILA ESKER!

Fotos: De la memoria familiar, invierno de 1973, y selfi postpeluquería, marzo 2020. Texto y reflexión: Edurne

sábado, 29 de febrero de 2020

¿QUÉ PASA?




                                                                              
¿Qué pasa que no me reconozco? Me miro al espejo y tengo que escudriñar largo rato tras el gesto apagado de la que me mira para encontrar un leve rastro de la que soy, de la que era…

Hago y deshago, entro y salgo, compongo y descompongo, pienso y despienso (palabro de mi invención), río (poquito) y lloro (bastante), duermo (poco y mal) y despierto… En fin, todas esas cosas que se supone que hacemos las personas, pero…

No, que no. Nada es igual. Es y no es. Algo ha cambiado dentro de mí. Tengo atasco de todo: emocional, social, intelectual, de salud, literario, vital… Y no veo cómo darle la vuelta a la tortilla. Ya, ya sé que todo el mundo me dice que tranquila, que ya iré pasando por esta fase y entraré en otra más amable. No sé yo. Mi cuerpo ha cambiado (en serio, ha cambiado), mi mente va un poco a su bola, no me hace demasiado caso. ¡Un motín en toda regla, ya les digo!

Y para colmo, el coronavirus de las narices (ahora mismo oigo la cantinela en la tele, en la radio de la cocina). Sí, sí, ríanse, pero nos están bombardeando y aunque una quiera mantener la calma, te meten la angustia hasta en sueños.

Y hablando de sueños, hasta en el mundo onírico tengo rebeldes. Ahora me paso unas noches de lo más chungas; el otro día, sin ir más lejos, mi amama (abuela) estuvo persiguiéndome toda la noche: sueño en el que entraba, sueño en el que ella me esperaba… ¡Por dios, qué sustos! Ya me tuve que poner seria con ella y llamarla al orden, pero nada, creo que ejercía el poder de la edad y hala, conmigo a todas partes. Lo que no sé es si quería decirme algo, o simplemente que tenía ganas de verme… Lo mismo todo esto tiene que ver con que me he enfrascado en la elaboración de mi árbol genealógico y claro, ando toda revuelta y emocionada. ¡Vaya usted a saber!

Pues ya les digo, que he entrado en la década prodigiosa un poco p’allá. Espero coger el ritmo y empezar a caminar por ella a otro compás. La jubilación se me ha atragantado. Y todo el mundo me dice que estaré como una reina, haciendo lo que me dé la gana… ¡Que no me lo vuelvan a decir, que no me lo vuelvan a decir….!

De momento, mi lentitud se nota también en esta Orilla. Apenas escribo, no me da el cuerpo ni la cabeza, ni el tiempo. ¡No llego! Los libros se me acumulan en columnas tambaleantes. En mis ejercicios del Taller también estoy anquilosada, no fluyo como debiera, ¡qué cruz!

Sábado 29 de febrero de este año bisiesto (mi aita siempre recelaba de los bisiestos), son las diez de la noche, y me he puesto frente al ordenador obligada conmigo misma, me estoy retando, no crean, es un “a ver quién puede más”. Para animarme me he puesto música de mi gusto: The Mamas & The Papas, The Supremes, Martha Reeves & The Vandellas, Chuck Berry… y otros por el estilo. Han hecho su efecto, porque primero me he liado a ordenar y limpiar baldas y revisar papeles y… ¡Ufff! ¡Y también me he echado mis bailes, ay, mis bailoteos de siempre, cómo me gusta bailar!

He sido capaz de escribir treinta líneas al menos, bueno, no está mal. Para rematar el mes y cumplir, creo que ya vale, ¿no les parece? Pues aquí lo dejo, seguiré reflexionando y explorando estos nuevos caminos que me han tocado en suerte, buscaré un buen calzado para transitar por ellos sin tropiezos.

¡Hasta la próxima! Y gracias por seguir ahí. Me sean felices, hagan el favor.

Foto y Texto: Edurne

martes, 31 de diciembre de 2019

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)


Estas son las uvas de la ira número 13. ¡Ya son años los que llevamos compartiendo uvas, eh!

Al igual que la semana anterior, las prisas me tienen pillada. Eso y que ando lenta, que estoy atascada, que el desmadre emocional que me desborda ha hecho de mí una Edurne un poco irreconocible para mí... ¡Qué se le va a hacer, ya volverán las aguas a su cauce!

Después de estas fiestas intentaré encauzar mi nueva situación, y entonces, tal vez, pueda ser capaz de hacer eso de los balances vitales. Dejar toda una vida atrás y encontrarte frente a una puerta medio abierta... da un poco de yuyú, no se crean.

Pero bueno, dejémonos de tonterías ahora, que hay prisa, que el año se está escapando por las rendijas, y ya veo cómo asoma el morro ese gordito redondo llamado 2020. ¡Entramos en los  locos años 20!

Escribo con el verde de la esperanza, por si ayuda en eso de los deseos y pedidos, encomiendas y demás ternuras de la época.

También me sigo apuntando a las gracias graciosas, a las del corazón, vamos, a las del agradecimiento por la compañía y los buenos ratos. Abro mis brazos y abarco a todos los buenos amigos que llevan pasando por esta orilla tanto y tanto tiempo, y con este abrazo virtual quiero hacerles llegar mi afecto y mis más sinceros deseos de todo lo mejor para sus vidas.

Levantemos las copas y brindemos por un mundo mejor.
¡FELIZ AÑO 2020! URTE BERRI ON!

¡Ah, y mi recomendación de siempre: me sean felices!

Foto y texto: Edurne. Uvas: De la cocina de mi amatxu.

domingo, 15 de diciembre de 2019

PARA TOD@S VOSOTR@S : una carta de agradecimiento y despedida




Cuando era pequeña, allá por la recién estrenada segunda mitad del pasado siglo, y veía mi vida como un largo camino, pensaba que me iba a dar tiempo para hacer todo lo que quisiera. ¡Ingenua de mí! Han pasado muchos años, muchos, tal vez diría que demasiados, aunque, nunca son tantos como pensamos, y de todos aquellos sueños, aquellos planes… el que de verdad he podido cumplir hasta el final ha sido el de mi vocación, temprana, de ser maestra. Claro que también quería ser titiritera, espía, payasa, escritora, misionera, bailarina, bibliotecaria, enfermera, arqueóloga… ¡Y tantas cosas más! Todavía sigo queriendo ser unas cuántas de esas… ¡Tal vez ahora pueda!



Viernes 20 de diciembre de 2019, último día de una etapa de mi vida que se cierra, mi periplo más largo, más provechoso, duro y alegre (de momento). La nostalgia, que me viene rondando y anudando las entrañas y la garganta desde hace tiempo, me empuja a que os escriba esta carta.

No he tenido hijos, pero el destino me tenía preparada esta otra “maternidad”, la de ser la maestra, la andereño, de tant@s y tant@s... En treinta y ocho años de profesión, treinta y nueve cursos escolares, ¡uf, sois una legión quienes habéis pasado por mis manos! Incluso he sido andereño de algunos de vuestros hijos e hijas... Más orgullosa no puedo sentirme. 



Siempre he tenido miedo a estropear tan preciada mercancía. Las dudas me han asaltado hasta el último momento: ¿estaré haciéndolo bien? El material humano, y más si son niños, adolescentes, es lo más delicado que hay para trabajar. Si erramos, lo hecho no es algo que pueda borrarse y volver a empezar. Lo hecho, hecho está, ahí queda, y el error le puede fastidiar la vida a esa criatura.



Pero estoy tranquila, habéis salido al mundo, y no es el mundo el que os ha comido, sino vosotr@s quien se lo come, tenéis buenas herramientas entre las manos y sabéis usarlas.
También estoy contenta porque much@s de vosotr@s habéis seguido mis pasos y ahora os dedicáis a esta bendita profesión. Un@s cuánt@s habéis hecho las prácticas de Magisterio conmigo; otr@s, en algún momento, habéis trabajado, o incluso ahora mismo trabajáis, en la escuela… ¿Entendéis eso del orgullo? Es como el orgullo de una madre.

Jubilación. ¡Qué palabra tan fuerte! A mí se me ha metido hasta el tuétano y mientras que no la digiera bien digerida, me va a estar machacando noche y día. Acostumbrarse a los cambios es duro, difícil… Ya lo iréis comprobando, de hecho ya habéis hecho algunos cambios en vuestras vidas, unos porque han de llegar, otros, voluntarios, y otros porque vienen sin avisar y nos dejan descolocados. ¡Así es la vida, querid@s!



Siempre me he vanagloriado de mantener una buena relación con mis alumn@s, y creo que soy una gran privilegiada, porque, a ver, ¿cuánta gente de mi profesión puede decir que a pesar de los años pasados todavía mantiene el contacto con un nutrido grupo de sus pupil@s? Yo sí puedo decirlo, y presumo de ello.

Seguir vuestros pasos más allá de la escuela no ha sido difícil, siempre he preguntado a unos y a otros, aquí y allá… Siempre he estado al tanto de vuestros progresos y me he alegrado de esos logros merecidos. ¡Sois mis niñ@s!

Andereño Edurne. ¡Suena tan bien! No quiero ser otra cosa que andereño Edurne, siempre seré andereño, maestra, ¡hasta que me muera!



Sé, por experiencia, porque yo también he sido niña, adolescente, joven alocada… que hay profes que se quedan en tu corazón para siempre, yo tengo un@s poc@s. De hecho, hace unos meses, y por uno de esos azares maravillosos de la vida, pude contactar de nuevo con mi querida profe de Francés del Instituto, Yvonne. La emoción que le hizo saber de una de sus alumnas, que además la había recordado toda la vida y que ahora tenía la oportunidad de decírselo… fue terrible. ¡Uf, me emociono solo de volver a recordarlo!

Sé también, que much@s os seguiréis acordando de mí, (¡espero que bien!), y que otr@s me habrán borrado de su vida hace tiempo ya. Es imposible caerle bien a todo el mundo, resultarle buena profesora, que sientan que les eres cercana, que crean que en realidad te preocupas por él, por ella…



Pero lo que sí quiero que sepáis es que de tod@s vosotr@s, y mirad que sois chiquicientos…, he aprendido mucho. He aprendido de vuestros problemas, de vuestras reflexiones, de vuestras vivencias, de vuestros razonamientos, de vuestras cabezonerías, de los malos y buenos tragos que me habéis hecho pasar, de lo que he sufrido y lo que he disfrutado con vosotros… Habéis hecho que nunca haya dejado de ser esa Edurne niña que salía del cole todas las tardes como si acabara de llegar de la guerra de los Cien Años: despeinada, con las manos manchadas de bolis de todos los colores, con los leotardos del uniforme retorcidos, con la goma de saltar saliéndose por el bolsillo de la bata, y con esa sonrisa inocente y picarona pidiendo la merienda a ama, y con un poquito de miedo por tener que decirle a aita que no había terminado todos los trabajos de clase… ¡En fin, cómo no me iba a identificar yo con vosotr@s!



Sé que ya sois unas mujeres y unos hombres de provecho, y que l@s que están en el camino, también lo lograrán. Da igual a qué nos dediquemos, no todo el mundo puede ser ingeniero, piloto, arquitecto, físico… en la vida somos de todo, necesitamos de todas las profesiones. Solo tenemos que poner empeño y mucho cariño en lo que hacemos. La de maestr@ es la profesión de profesiones. Para ser lo que sea que queramos o podamos ser… hay que pasar por la escuela. Y ahí es donde estamos nostr@s, esperando a que años tras año lleguen nuevas generaciones a las que educar y enseñar a ser buenas personas, que en definitiva es lo más importante de todo.

Espero haber estado a la altura, con todos los fallos y defectos que arrastro (es lo que tiene ser humano y no máquina), yo he intentado dar todo lo mejor de mí y hacerlo lo más ameno y divertido posible. Recordad que el saber no ocupa lugar, eso me lo decía siempre  mi amama. Sabed que os quiero a tod@s, que podéis contar conmigo para lo que queráis o necesitéis. Habéis sido un regalo para mí.



No os olvidéis nunca de luchar por aquello que creáis justo, ni de perseguir la felicidad, y mucho menos de ser buena gente…
¡Ojito, que os estaré vigilando!

Bihotz-bihotzez
                            Andereño Edurne 




Fotos: De mi memoria personal. Texto, lágrimas, moqueo, sentimiento, alma, corazón y vida  y demás: Edurne
* Escribo en castellano puesto que la carta la voy a publicar en medios en los que quienes me vayan a leer no tienen porqué saber Euskera. 











martes, 4 de junio de 2019

HAY RABIA





Claro que hay rabia, y mucha. A veces pienso que la vida se me va anudando de a pocos, o de a muchos, según la temporada, y que es un fenómeno imparable.

Cuando crees que más o menos tienes sujeto, asumido y encaminado tu presente y piensas que mejor no atisbar por si aparece el futuro por alguna esquina, que mejor vas capeando los días uno a uno… ¡Zas! Un golpe de ola y te vas a la mierda, tú y todo tu equipamiento.

Metáfora pura y dura, ya, pero me siento como un náufrago en una isla desierta, desolada y rabiosa, yo, la isla, inhóspita y perdida en el océano. Cuando llega la aparente calma, intento reconstruir desde dentro con lo que tengo fuera. Difícil, a veces, me resulta una tarea de titanes, los elementos ajenos a mí, a mis penas y mis glorias, van y vienen y me dan en la boca cada vez que pasan por aquí. Se burlan de mí, se me ríen a la cara, disfrutan con mis pesares.

Hoy amaneció soleado. Se me alegra el día cuando veo la posibilidad de luz, de calorcito… Suele durar poco, las más de las veces, hoy, por ejemplo, estamos así, pero, siempre hay un pero, para la tarde anuncian cambio radical, nubes ocupas, vientos fanfarrones y tal vez, solo tal vez, lluvias esporádicas, pero muy puñeteras… 

¡Ahí estamos!

Imágen: Internet. Texto: Edurne