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martes, 23 de mayo de 2017

BEATRIZ LA LOMBRIZ




Pues sí que era mala suerte eso de nacer tan arrastrada, tanto como a ras de suelo.
¿No había otro cuerpo libre en el reparto? No, había llegado tarde a la convocatoria y lo único que quedaba era un stock de lombrices de parque, de esas que salen a reptar después de un día lluvioso. Pues nada, no podía quedarse así, en el limbo de los que no llegan a ser ni una cosa ni otra, condenada a vagar por el éter. Tenía que asumir su nuevo karma.

¡Lombriz, ahora le tocaba ser una lombriz! No quedaba otra que adaptarse a la nueva situación. En sus otras vidas ya había sido casi de todo, pero todavía no había alcanzado el nivel suficiente para optar a un cuerpo humano, el que fuera, un niño, un adolescente rebelde, un adulto amargado, un viejito tranquilo… Cuando fue tigre de Bengala tuvo que soportar las burlas de todos sus compañeros por no querer atacar ni comer a ningún otro animal ni a ningún humano, a él le valía con comer hierbas y demás vegetales. ¿¡Dónde se había visto un tigre vegetariano!? Pues él lo era, ¡y a mucha honra!
Estaba convencido de que si practicaba la empatía con sus semejantes y los que no lo eran, su vida sería más tranquila, más feliz, y además acumularía puntos para poder escoger un mejor cuerpo en el que habitar en el reparto de su próxima vida.

Así estaban las cosas: su último ciclo vital había terminado. Ser una mariposa tropical tampoco estuvo tan mal, la única pena es que todo se le pasó en un suspiro, no le dio tiempo a disfrutar de casi nada. Eso sí, las pocas personas que se percataron de su existencia, admiraron la belleza de su cuerpo, los colores tan vivos de sus alas, el baile acompasado de su vuelo…

¡En fin! De nada valía quejarse, ahora en vez de volar le tocaba reptar. El panorama cambiaba radicalmente. Solo había que procurar que nadie te espachurrara, que no te comieran o que ningún aficionado a la pesca te viera y te utilizara de cebo para atrapar verdeles, merluzas o cualquier otro animal con escamas…

¡Y encima le habían hecho otro regalito, una miopía de tomo y lomo! Menos mal que en el lote venían las gafas. Se había visto reflejada en un charquito de parque y, vaya, no le quedaban tan mal, ¡hasta parecía una lombriz intelectual!

Su nueva familia resultó ser de lo más divertida, ¡la estaban esperando con una pancarta de bienvenida y todo! Se ve que el sistema de comunicación entre lombrices funcionaba a las mil maravillas. Ni siquiera le hizo falta explicar de dónde venía, lo sabían todo de ella. Tenían previsto hasta el último detalle. Su hermana más pequeña le regaló un libro de historias en las que los protagonistas eran todos animalitos. ¡Fue todo tan fácil!

Por las mañanas salían todos juntos a recorrer los caminitos del parque en busca de alimento. Mientras tanto, jugaban y se gastaban bromas, no paraban de reír… ¡Resultaba de lo más guay ser lombriz! Aprendió a reptar en un santiamén, parecía que lo hubiera hecho toda la vida. Se estiraba y encogía como un acordeón, no dejaba de alucinar, ¡parecía que se había subido a una montaña rusa!

Decididamente le gustaba ser una lombriz. Tenía pensado montar una pequeña escuelita para lombrices preescolares, para enseñarles a leer, porque ya se sabe, en esta vida, el saber no ocupa lugar y hay que estar preparado para cualquier situación. Tal vez esa también podría ser una forma de ir acumulando puntos para el próximo reparto de vidas…

¡De momento, a disfrutar! Porque reptar era parecido a patinar: zisszass zisszass…


Imagen: Internet. Texto: Edurne

domingo, 5 de febrero de 2017

AGUR CONAN!


Perrito bonito,
ya se te acabó el tiempo.
Hacía rato que andaba llamándote
un coro de canes celestiales,
y tú,
nada,
como que no los oías,
te hacías el loco,
será para otro…
Conan.
Fiero  nombre para alguien como tú:
juguetón y tierno,
con ojillos de buena gente.
Tu hermoso abrigo dorado
fue tornándose del color
de la canela en tu vejez.
Cálido,
 igual que tú.
Seguro que ya juegas libre de penas,
bañándote una y otra vez
en esos ríos de aguas calmas
que a ti tanto te gustan.
Fuiste un perro feliz.
El cariño que te dieron
te salía hasta por las orejas,
lo esparcías con los bailes
de tu hermosa cola
mientras caminabas con ese trotecillo
de perro guapo y elegante.
Por el Camino andarás ahora,
de guía hasta Finisterre,
alegrando los descansos
de peregrinos y romeros.
¡Ay, Conan, parece que te veo!
¡Guau, guau, guauuuuu…!


Foto: Antonio. Texto: Edurne.

Anoche me enteré de que Conan se había ido. Tal vez alguien le ofreció un hueso más interesante, o se fue con un peregrino que pasaba por el Albergue,  no sé… Simplemente que estaba cansado, un poquito enfermo, mayor… y decidió irse tranquilo.
Conan es un perro importante en mi vida, porque yo no soy de animales, y a él le dejé entrar en mi espacio de afectos. Me ganó. Lo veía una o dos veces al año, y estas navidades, cuando me despedí de él el  7 de enero, me despedí de él de verdad, yo sabía que no iba a volver a verlo…
Livia y Unai lo han querido, lo han cuidado y lo han acompañado, por eso se fue tranquilo. Quienes también tuvimos que ver con él y lo quisimos, estamos tristes. Que descanse en paz en ese cielo de los perros que seguro que en algún sitio hay… Agur, Conan, perrito bonito.


lunes, 17 de noviembre de 2014

MARLENE, LA VACHE QUI PLEURE


¿Que qué me pasa, por qué estoy así, con esta carucha que da pena verme...? ¡Ay, si yo lo supiera!
Y el caso es que no tengo motivos para sentirme así, para andar llorando por todas las esquinas de este verde prado. Aparentemente no los tengo, pero yo sospecho que sí, que ha de haberlos, y me he propuesto encontrarlos.

Dicen mi madre, mi abuela y mis tías que soy un poquito exagerada, que me gusta andar llamando la atención...Ya, ya, la atención, ya verían ellas lo que es tener este nudo en la panza y que ni mugir me deja, miren, miren: muu... Nada, que no hay forma, no me sale, que se me ahogan las ganas. Y no vean ustedes el ridículo que hago cuando todas las de mi cuadrilla se ponen a mugir cada vez que viene el Piru, el muchacho que nos trae el heno, que nos lleva a los pastos frescos y luego nos ordeña ayudado de su padre, y que es... guapísimo, oigan, sí, lo reconozco, para ser humano, es de lo más guapo y simpático, porque nos hace unas carantoñas, nos da unas palmaditas en el lomo, nos prepara para el ordeñe de una forma que... que vamos, que nos pone a todas a mugir como tontas, Y él, que se lo sabe, se ríe, y hala, otra vez el muy zalamero a decirnos cositas al oído, y nosotras venga a mover el rabo y espantar moscas y moscones nerviositas perdidas.

Mi madre dice que toda esta tontería es porque estoy adolescente, que ando con la edad de la vaca tonta, que ya se me pasará. No las tengo todas conmigo.

Yo soy una vaca rubia, ya se habrán percatado de ello, ¿no? Bueno, pues el caso es que a nosotras nos destinan más bien para que sirvamos de proteínas a los amantes de la carne vacuna (de esto me enteré hace poco y me llevé un disgusto que no vean, lo mismo, lo mismo que cuando supe por mi prima Vaca Lechera que los Reyes Magos no eran de verdad. ¡Ya les digo, casi me da un soponcio!) Y a mí, sinceramente, que soy vaca y vegetariana, la cosa me pone los pitones tiesos. ¿Cómo puede alguien comerse a unos seres tan inofensivos como nosotras? Pero si dicen que somos como tontitas, que vamos para donde nos lleven y lo más que protestamos es cuando mugimos un poco más alto que lo que se considera mugido normal, entonces, a ver, ¿para qué quieren comerse nuestras carnes, eh?
A lo mejor este es uno de los motivos por los que me encuentro ahogada, alicaída y triste a más no poder...

El otro día estaban las vacas viejas de mi familia mugiendo un poco alteradas en una pequeña asamblea que habían formado en un rincón del establo. Que si muuu, que si mu, mu, mu y remuuumuuu... algunas estaban más excitadas de lo normal. Yo me hacía un poco la loca, y, disimuladamente, mientras ramoneaba unas hierbitas por aquí, rumiaba otras por allá, ponía la oreja por ver si me enteraba de algo. Nada.

A mí, cada vez se me hacía más grande el nudo de la panza. Era evidente que algo pasaba. Pero ¿qué? El resto de vacas jóvenes y tontorronas no se enteraban de nada. Sacudían sus rabos con movimientos acompasados, y uno, y dos, y un, dos, tres... Y rumiaban a coro y a capella. Una delicia. Pero a mí nada de eso me tranquilizaba.

No tuve que esperar mucho más, ya que al poco rato la asamblea se dispersó precipitadamente. A lo lejos se oía el ruido de un motor. Dejé mis pensamientos a un lado y torcí la testuz hasta identificar de dónde venía.
A mi lado pasaron casi al trote las hermanas Tolón-Tolón, mi amiga Leche Merengada, y la pequeña Petite Suisse. Iban muge que te muge y haciendo sonar sus cencerros sin pudor alguno. Junto a la valla de la carretera esperaban, como si de una comitiva de recibimiento se tratara, la asamblea de vacas sabias.

Para cuando quise darme cuenta, de un elegante camión de reparto entre granjas, descendió una vaca... ¿Cómo diría yo? Una vaca como jamás en la vida había visto yo, estilizada, ¡colorada! ¡Una vaca colorada! Con pendientes, madre mía, qué pendientes, y una sonrisa... Yo nunca había visto a una vaca reír.

¡Felicia, Felicia! Mugían a diestro y siniestro todas mis congéneres. ¡Así que esa era la famosa Felicia, nuestra pariente más famosa, La Vache qui rit!
Mi nudo en la panza se iba apretando cada vez más. ¿Quién podía competir con una vaca como la prima Felicia?

Resultó que mugía en francés y todo, ¡Mon Dieu! Un cazatalentos de vacas risueñas se la llevó al Paris de La France cuando era una ternerita, y solo vuelve una vez cada tres años a visitar a la familia mientras le hacen algún reportaje de esos pactados con revistas del mundo rosa de las vacas...
También me enteré de que el color rojo de su piel se debía a una especie de alergia o alteración genética que Felicia padecía desde pequeña, ¡quién iba a decir que eso iba a ser un sello de peculiaridad!

La visita de Felicia fue como la del veterinario, un visto y no visto. Yo no me atrevía a acercarme a ella y atosigarla con preguntas tontas ni “selfis” de ésos que ahora están tan de moda, total, no tengo ni vachebook, ni vachitwiter donde colgar fotos y cotilleos. Yo soy una vaca deprimida, está claro, y esas cosas no pueden hacerme feliz, al contrario. He llegado a esa conclusión hace poco y sin ayuda alguna, puesto que nadie me toma en serio cuando digo que tengo problemas. Tampoco me interesa parecerme a Felicia, eso se lo dejo a otras vacas más... cómo diríamos, ¿superficiales?

He decidido que voy a dejar de llorar, que voy a aflojar el nudo que me oprime en la panza y que como no me apetece nada, pero nada, nada, que hagan de mí chuletas de ningún tipo, voy a tomar las riendas de mi vida en este mismo instante. Así que, a ver, usted, caballero, el de la cámara, en cuanto me saque la foto y yo deje de ponerle ojitos de pena... por favor, me aparta un poco las maderas de la valla que me separa de la libertad, para que pueda salir corriendo. Porque, digo yo que ya se habrá dado cuenta de que yo no soy la vaca triunfadora, la famosa Vache qui rit, ¿no?
¡Muuuuuchas gracias!


Foto: Aitor, Texto: Edurne Vídeo: "La vache qui pleure" en Youtube de Kate&Anna McGarrigle.


domingo, 21 de julio de 2013

PIXI Y DIXI BUSCAN FAMILIA


Hola, somos los gemelos Pixi y Dixi, ya... la Orillera nos ha puesto nombre de ratón, pero nos adaptamos a cualquier cambio, de momento respondemos a cualquier muestra de cariño, ya nos llamen Pixi y Dixi, Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón...

Estamos buscando familia adoptante porque Joseba, nuestro tutor temporal y además amigo, protector y todo lo que un lindo gatito puede esperar de un humano, ya tiene adoptado a nuestro primo Grey. Los tres juntos somos demasiado...

Nacimos entre los montes asturianos hace dos meses, y tenemos toda nuestra parentela por allí, pero con Joseba nos paseamos del verde de Bizkaia al de Asturies. Él hace lo que puede para encontrarnos una familia, o dos... y por eso le ha pedido ayuda a la Orillera.

Somos muy mimosos, y como cachorrillos, algo movidos, pero eso queda compensado con nuestros ronroneos, que son de lo más gratificantes. Tenemos el pelo rubio-rojizo, y los ojos entre azules, grises y verdosos (para gustos). También somos inquietos y curiosos, como buenos felinos. Estamos acostumbrados al trato humano y vamos asumiendo los usos y costumbres propios, por ejemplo: utilizamos la cajita de arena para hacer nuestras cositas sin ningún problema. Comemos todo lo que nos ofrezcan, aunque imaginamos que pronto empezaremos a volvernos locos por ciertos manjares, y a poner caritas con otros... cosa totalmente natural, por otro lado. ¡Ah, y otra cosa importante, también conocemos al señor veterinario!

La Orillera va a poner unas cuantas instantáneas nuestras por si alguien se encapricha con nosotros. ¡La verdad es que somos adorables... ejemmm!

Si alguien está interesado en nosotros, no tiene más que ponerse en contacto con la Orillera en su correo electrónico y ella ya les dirá los pasos a seguir.




¿A que somos un encanto?
Miauuu, miauuu, marramiauuuu...

Fotos: Joseba  Texto: Edurne

LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO


Grey y sus primos gemelos, Pixi y Dixi saliendo del baño...

Sobran las palabras.

Foto: Joseba

viernes, 25 de mayo de 2012

LUKAS QUIERE SER UN LEÓN



Animando a los leones




lunes, 14 de mayo de 2012

ESTABA EL SEÑOR DON GATO...


Estaba el Señor Don Gato
sentadito en su tejado,
marramiau, miau, miau,
sentadito en su tejado.

Ha recibido una carta
por si quiere ser casado,
marramiau, miau, miau, miau,
por si quiere ser casado.

Con una gatita blanca
sobrina de un gato pardo,
marramiau, miau, miau, miau,
sobrina de un gato pardo.

El gato por ir a verla
se ha caído del tejado,
marramiau, miau, miau, miau,
se ha caído del tejado.

Se ha roto seis costillas
el espinazo y el rabo,
marramiau, miau, miau, miau,
el espinazo y el rabo.

Ya lo llevan a enterrar
por la calle del pescado,
marramiau, miau, miau, miau,
por la calle del pescado.

Al olor de las sardinas
el gato ha resucitado,
marramiau, miau, miau, miau,
el gato ha resucitado.

Por eso dice la gente
siete vidas tiene un gato,
marramiau, miau, miau, miau,
siete vidas tiene un gato.




 LUKAS

Aquí estoy, como el gato de la cancioncilla, aunque no sé si me llegará la ocasión de ser casado con alguna gatita blanca, parda, negra o colorada…

Les cuento. Me llamo Lukas, bueno, me llaman Lukas, y soy un superagente secreto de la RIGA (Red Internacional Gatuna). Esto, que quede entre nosotros, así, en petit comité, porque aquí, donde me he establecido desde hace un tiempo ya, nadie sabe de dónde vengo, y mucho menos a dónde voy; estoy aquí y aquí seguiré por… no sé muy bien cuánto  más, así que mejor  dejémoslo estar.

Llegué hace tiempo, como ya les he dicho, haciéndome un poco el longuis. También es cierto que yo era más joven e inexperto en esto de vivir bajo la custodia de alguien, por lo que me dejé “atrapar” por el cariño, la compañía y la buena vida.
Y es que han de saber ustedes que en este sitio, un paraíso para mí, la vida se entiende de diferente forma, es más, la vida viene a rendirte cuentas y tú, le cobras las rentas. Soy libre de entrar, salir, maullar o estar en silencio todo lo que me dé la gana. Nadie pone cortapisas a mis ganas de esparcimiento, a mis escapadas, a mis refunfuñes… soy feliz. Sí, tal vez ésa sea la mejor definición que se me puede aplicar en estos momentos, dulces momentos de mi vida.

Soy un gato joven, estoy bien alimentado, me mantengo fuerte porque hago ejercicio y, además en este lugar el aire es puro y sin contaminación. El verdor y la calma del entorno invitan a no marcharse.

Cuando aparecí, cautivé desde el primer momento a mi dueño, bueno, amo, dueño no son acepciones que me gusten especialmente, así que diremos a mi amigo, a mi protector, mi mecenas —ésas serían las palabras más adecuadas—, y yo, sinceramente, también me dejé querer, para qué vamos a contar otra cosa. Venía cansado, desorientado…

Al nacer con las características de gato superagente como yo, la vida ya te pone obligaciones muy serias desde los primeros días. Y yo no fui una excepción. Me separaron enseguida de la camada y de mi madre, lo cual sentí infinitamente (estuve maullando desconsoladamente durante muchos días y muchas noches) pues mi madre era una gata de lo más maternal, nos lamía constantemente y no ponía obstáculo alguno a que quisiéramos mamar cada dos por tres, y eso que nos peleábamos sin cesar entre nosotros… Pero a los pocos días, como ya digo, me apartaron de la que podía haber sido una vida tranquila y sin problema alguno, para llevarme a la Central de Inteligencia de la RIGA.

“Baby Cat 007”. Ése es mi verdadero nombre, y sí, ya sé que le buscarán similitudes con otro famoso 007 que anda por ahí, pero no, el auténtico 007, el de los gatos, soy yo. Es más, les diré que llevar el sobrenombre de 007 es signo de excelencia, muy pocos gatos han podido presumir de ser 007. Nosotros, los elegidos, aprendemos muy rápido todos los recovecos de esta vida de riesgo gatuno; y como consecuencia de ser poseedores de una inteligencia especial nos encomiendan misiones por todo el planeta en menos que canta un gallo, tan espabilados somos…

Como seguramente habrán supuesto, aterricé por aquí en una de esas misiones. No sé exactamente qué es lo que ocurrió pero uno de mis contactos no se presentó a la cita y claro, al encontrarme en un lugar extraño, donde no conocía la lengua —ahora sí—, y con el hambre que tenía después de horas y horas de trotar de acá para allá… pues eso, que me vieron, debí de inspirar lástima, ternura, no sé, porque, está mal que lo diga, pero soy un gato muy cariñoso, sé poner ojitos de camelador, maullar dulcemente, acercarme con cautela, echar miraditas tímidas… El caso es que fue un flechazo “humano-gatuno”, y como no tenía nada mejor que hacer en ese momento, necesitaba reponer fuerzas, comer, descansar y después pensar… vamos, ¡que me dejé llevar!

Ya les digo, “jaun ta jabe”, o lo que es lo mismo, dueño y señor de todo este entorno. Hago y deshago a mi antojo. Hay más felinos por los alrededores y que tienen su domicilio fiscal en este caserío, pero el jefe, el favorito, el valido, soy yo. No tengo miedo a que me derroque nadie, los demás gatos son más..., cómo diría yo, más primarios, lo único que necesitan es satisfacer sus necesidades más perentorias y listo. En cambio yo, que soy un gato inteligente, que tengo formación, que derrocho astucia y simpatía, que me intereso por el mundo… tengo un don especial, y eso es lo que conquista a las personas y a los animales que me rodean.

Sin ir más lejos, les diré que tengo estudios universitarios y  porque no admitían gatos en el examen, pero me estudié todo el temario de la oposición de mi mentor, y habría sacado el número uno de la promoción de no haber sido discriminado a causa de mi raza, segurísimo. Es más, me atrevería a afirmar que sin mí, él no las habría aprobado. Me subía en su hombro y le iba repitiendo, con suaves maullidos, todos los temas, para que se le quedaran mejor grabados, y de paso, al que se le incrustaron en el cerebro fue a mí.

Y es que, claro, a estos humanos hay que entenderlos, hay que saber tratarlos, ellos piensan que es al revés, pero no… Y con este amigo mío, la verdad es que tenemos unos momentos muy nuestros, de esos que sin hablar, te entiendes, aquí los dos, después de cenar, con un purito, un pacharán, un runrún… ¡Como Dios, que se vive como Dios!

Yo estaba muy tranquilo en este “dolce far niente” hasta que el otro día me llevé un susto de muerte. Nosotros, los 007 tenemos como misión observar e informar de los movimientos de nuestros congéneres por todo el mundo, reportar cada poco para saber cómo se desarrolla nuestra vida en general en cada sitio y la nuestra propia como agentes secretos… Evidentemente, a mí se me olvidó lo de reportar. ¡Me dirán ustedes si no se me iba a olvidar con semejante vida relajada que estaba disfrutando! Pero, me encontraron, ¡el otro día me encontraron!

Los Supergatos, nuestros altos mandos, tienen la facultad de transformarse por unas horas en otros, en este caso, una de esas gatas súper (lo digo por dos razones, porque la gata en cuestión está súper y porque además es Supergata…) dio conmigo, aquí, dentro mi hábitat cotidiano. Se presentó transformada en una humana más o menos agraciada, de melena rubia y ojos verdes cantarines, por eso la reconocí, por los ojos… ¡y porque no callaba! Pasada la primera impresión y como noté su alegría al verme (la muy ladina hacía como que me acababa de conocer, muy contenta ella…) me acerqué y di unas cuantas vueltas a su alrededor emitiendo maullidos en clave, no había problema con nuestro amigo, porque la Supergata se presentó allí como amiga de él también, así que no podía entender nada de lo que maullaba-hablaba yo y ella me contestaba con sus caricias, también en clave, en mi lomo…

Tenía que reportar. Tenía que hacerlo o caería en desgracia, eso me dijo. Le conté, con la premura del momento, la confusión al encontrarla allí y con todo el disimulo del que fui capaz, mi aventura y mi nueva vida, y que no me consideraran un traidor, pero que había perdido un poco el norte, trastornado por la vida plácida y sin responsabilidades…

Ya sospechaba yo que a esta Supergata le caía bien. Lo digo por lo que me propuso. Se prestó a hablar en mi favor al Alto Mando de la Inteligencia Gatuna, y comentarles que sí, que me había encontrado pero que no había podido dar señales de vida pues pasé una larguísima temporada en un tris de agotar mi séptima y última vida —y que no era plan de perderla—, que me había rescatado un humano, el cual ignoraba todo sobre mí, y que todavía no estaba en condiciones de investigar ni hacer trabajo de campo alguno… Pero que ella, me había facilitado unas nuevas coordenadas para poder contactar con la Central, para que, en cuanto estuviera listo, pudiera dar mi reporte. 


Al poco, aludiendo un compromiso en otro lado, se despidió con un “Agur, txikito, ya volveremos a vernos!” (me di cuenta de que también había asimilado la lengua de los lugareños, es que los gatos especiales tenemos una capacidad innata para los idiomas), y se marchó dejándome con un par de narices, mareado por el susto y por su verbo incesante. ¡Me guiñó un ojo y todo, así que me quedé más confundido todavía! Imaginé que tenía prisa por llegar a algún lugar apartado y volver a su ser natural de gata, el tiempo se le estaba agotando…

Y mi amigo, que es un buen tío, sí, pero que no se entera de mucho, la verdad, porque sino… digo yo que algo raro tendría que haber notado entre la Supergata (claro que para él no era una Supergata, era una amiga suya), y yo, su Lukas, compañero de pacharanes… ¡No, decididamente, estos humanos tienen otras cosas en la cabeza!

Dejo escrita mi historia por si las moscas, que nunca se sabe lo que puede ocurrir. Yo esperaré un tiempo prudencial y después de cerciorarme bien, pero bien bien, de cómo funciona y piensa toda la comunidad gatuna de estas tierras (aunque una idea ya tengo), entonces, ya veré si reporto o no reporto. De momento, yo a lo mío, ¡a la buena vida! Y no me importaría que volviera por aquí la Supergata, ya le contaría otra milonga… terminaría creyéndosela, ¡seguro!



Fotos: Asier  Gato: Lukas, el amigo de Asier  texto: Edurne  (Dedicado a Lukas y Asier). Canción: Popular infantil.


domingo, 11 de marzo de 2012

MaC PATHO




Dicen que las cosas de la vida nos resbalan, que como llevamos la piel de pato puesta… pero no es cierto, no se lo vayan a creer.

Mi vida, sin ir más lejos, a pesar de las apariencias, no tiene nada de tranquila. Porque ustedes me ven así, como si el mundo no fuera conmigo, nadando por mi estanque, y como soy un Ánade Real, pues eso, que cualquiera puede pensar que mi vida es plácida y relajada, sin ningún problema, que todo me lo han dado hecho... No, no, no. Nada más lejos de mi cruda realidad.

¡Si yo les contara!

Bueno, ya veo que se han quedado con la intriga, vale, venga, pues les cuento, pero sólo un poquito, eh, que no quiero que piensen que voy de víctima por el estanque… No obstante, y para que nadie piense que soy un desagradecido, les diré que en este estanque he encontrado cierta paz, y que vislumbro un futuro, no muy cercano todavía, más alegre que el pasado que me precede y el presente que me ocupa.
Disculpen ustedes, pero he de hacer una pequeña inmersión, creo que he vislumbrado algo que llevarme al pico…

Ya, ya estoy aquí de nuevo, muchas gracias por la espera.

Verán, yo no soy oriundo de estas tierras, y si me guardan el secreto, les diré que soy un “sin papeles”, vamos, que soy un pato ilegal. Observen también que me autodenomino “pato” y no “Ánade”, como debiera. Este hecho corresponde a una estrategia de mimetismo que me he autoimpuesto, para pasar desapercibido, ya saben... cuanto menos sobresalgas, mejor para ti, nadie te preguntará, nadie sospechará… y en eso también ayuda mi aspecto, que, aunque mi sangre no sea la misma que la de todos estos patos que nadan a mi alrededor, ajenos a mi verdadera naturaleza, pues que no soy como ellos. Y prefiero dejarlos en la ignorancia más total acerca de mi verdadero origen.

El caso es que me encuentro completamente solo. Solo entre una multitud chillona de patos y patas parpantes, tiene guasa la cosa, ¿verdad? Pero no me entienden, está claro que parpamos diferente. Además yo tengo un nombre, me llamo MaC Patho, de los MaC Phato de toda la vida, y vengo de más arriba, de Schottland.

¿Que cómo llegué hasta aquí? Buena pregunta, si tuviera la respuesta… Pero lo que les puedo decir es que sí recuerdo mis primeros meses, los tengo tan grabados en mi cerebro que a veces creo que todo es producto de mi imaginación, pero claro, no puede ser, yo lo noto por dentro, noto que soy un pato diferente, especial.

Recuerdo el lago del castillo donde nací. Recuerdo a mi familia, tan distinguida, con su faldita, porque, nosotros éramos patos con falda, y mi padre tocaba la gaita… ya les digo, somos de una especie nada común, aunque pertenezcamos a esta raza de Ánades Reales. En realidad, yo soy un Anas Platyrhychus. Aquí, como se habrán dado cuenta, de poco o nada me sirve.

Disculpen de nuevo, las lentejas, son las lentejas… chofffff. Hay que andarse listos para no quedarse sin comer, somos muchos detrás de lo mismo, y la lucha, a veces, es muy dura. En mi tierra no necesitábamos pelearnos por la comida, eso es algo que echo mucho en falta, y también la humedad, y el verde tan profundo de sus bosques…

Bien, bien, no es hora de ponerse melancólicos, sea como fuera, alguien me raptó y me tuvo retenido en cajas inmundas durante mucho tiempo, de la Ceca a la Meca, casi sin comer, sin poder chapotear en un triste estanque... Así pasé mucho tiempo, hasta que conseguí escapar, y después de vagar y vagar, un niño me rescató y me dejó caer por estos lares.


Ahora soy yo mi único valedor, y creo que no lo estoy haciendo nada mal, he desarrollado muchos instintos que nunca pensé tener. Mi padre estaría más que orgulloso de mí, ¡mi padre y mi clan!

Estoy practicando con el habla de estos congéneres míos, que ya me he dado cuenta yo de que parpan así con mucho escándalo, y todos a la vez… bueno, todo es cuestión de acostumbrarse. Además, es que he conocido a una patita muy coqueta, que lleva un par de días rondando por mi zona, y me mira con ojitos tiernos… Por eso comentaba yo que mi futuro parece tener otras expectativas, que, digo yo, con mi facha y mi pedigrí, puedo tener una descendencia de lo más selecta…

Pues ahora, me disculpan ustedes, la llamada de la naturaleza no puede esperar…

Foto y texto: Edurne

viernes, 2 de diciembre de 2011

¡Y YO CON ESTOS PELOS!




KATTAGORRI

Vengo de la peluquería, pero, la verdad, no estoy muy contenta con el aspecto que me han dejado. Mi amiga Urtxintxa me recomendó el nuevo Salón de estética del Quinto Pino, porque ella ya lo había probado y estaba encantada con el cardado que le hicieron en la cola.

A mí, sinceramente, no me ha parecido nada del otro mundo; claro que como reclamo han llenado todos los troncos de la Avenida Frondosa con fotos de Buztan Ardil, el estilista más fashion de todo el Bosque Perdido. Modernidades del marketing, porque al fin y al cabo, es lo de siempre: lavar, marcar y peinar, o cortar, alisar, cardar, una permanente, la manicure, un quítame esos pelillos de ahí… ya saben, lo clásico, sólo que ahora todo está lleno de tonterías: que si huy, qué calidad de pelo, qué mata más tupida, qué manos tan finas, y fíjate en estas uñas… vamos, vamos, que te vamos a dejar divina.

Ja, ja y ja, me río yo, y sino mírenme ustedes, que parece que acabo de ver un fantasma, con los pelos todos parados, como diría mi prima Ardi Macarena de Chile, con esta manicura de pacotilla que no me vale para nada, que ni agarrar las avellanas puedo. ¡Ya te digo, un cuento chino! ¡Donde esté mi peluquera de toda la vida, que se quiten estos niñatos con ínfulas de genios de alta peluquería! ¡Estilistas, peluqueros…! Así se hacen llamar ahora.

Además, que digo yo, que si con estar un poco arregladita, ya vale, total, nosotras nos pasamos el día corre que te corre de árbol en árbol… así la melena no te dura peinada ni medio segundo. Con llevarlo limpio, decente y brillante, ¡listo! De acuerdo que algunas de nosotras tenemos ciertas responsabilidades para con la comunidad ardillil y hemos de presentarnos en público con un aspecto más… ¿cómo diríamos, más serio o cuidado, elegante…? Pues para eso, Marradun, mi peluquera de siempre, me vale y me sobra, además que ella ha sido la que me ha recortado las puntas de la cola toda la vida, la que me ha arreglado estos pelos rebeldes que se me disparan a la mínima de cambio… Me siento como si la hubiera traicionado, y en el fondo es verdad. No, no lo volveré a hacer nunca más ¡y que no me líe otra vez la pesada de Urtxintxa, que ya me tiene hasta el hocico!

No sé si les he comentado que yo soy la representante oficial de las ardillas de este bosque, que me eligieron hace un par de años en unos comicios muy reñidos, y que, por suerte para mí, lo más importante no era el color del pelaje, ni la largura de la cola, ni siquiera lo afilado de los dientes roedores ni de las uñas, de su dureza… (cosas que ya poseo), sino que lo más importante era la inteligencia, la sagacidad, la sinceridad, la lealtad al Bosque Perdido y el don de gentes. Casi todo el mundo me votó a mí, así que quien sale en la mayoría las fotos que hacen los curiosos, o en las de la publicidad de la Región Verde y del Bosque Perdido en particular, soy yo. Pero yo, con mi estilismo de siempre me he mantenido fiel a la imagen de la Ardilla de bosque auténtica, las modernidades, las muy modernas, que tampoco soy una rancia, no entran en mis planes.

Aunque, bien pensado… esperaré unos días con este nuevo “luk” antes de quitármelo, porque, con lo que me ha costado… ¡ya les digo, casi medio saco de nueces y avellanas de la mejor calidad! Además, me he visto así de refilón en las aguas del Estanque de Los Patos Mareados y… vaya, no estaba tan mal, ¿o no les gusta a ustedes?

*Kattagorri= Ardilla Roja Urtxintxa= Ardilla Buztan= Cola Marradun= Rayada (en Euskera)

Foto: Antonio Texto: Edurne

jueves, 1 de septiembre de 2011

EL CIELO DE LOS GATOS


















Dicen que hay una gran bóveda de pelusitas de angora con ribetes de esmeralda y calabaza.
Dicen que acoge con un abrazo blandito a todos los gatitos que suben hasta ella.
Yo sé que existe, nadie la ha visto, pero yo sé que existe.
Y desde hoy, y aunque no lo digan, también sé que se teñirá de un gris perla elegante, que vestirá alfombras de fina almohadilla, que mirará con ojos curiosos, y que hablará con mimoso ronroneo…
Dicen que Peluso ya está allá arriba, por eso hoy la luna luce chal de plata y manzana, por eso hoy brilla una estrella naranja en la cumbre del Anboto, por eso hoy Mari sobrevuela triste los vientos de su casa…


Para Peluso con todo mi cariño.




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Fotos: Aitor Texto: Edurne


lunes, 30 de mayo de 2011

VIDA DE PERROS




Cuando me dijeron que contara mi vida, pensé que era una broma, ¿a quién le va a interesar la vida de un perro como yo? Pero en vista de la insistencia, accedí. En un principio iba a ser una especie de entrevista, preguntas y respuestas, pero yo, sinceramente, soy un chucho un tanto tímido y planteé la posibilidad de que me dejaran contar mi existencia a mi manera, como si fuese un diario, una carta abierta… Dudaron un poco, se ve que esta gente ya tiene sus esquemas preestablecidos y sacarlos de ahí como que es un poco difícil. Pero, accedieron, por lo que también pienso que mi historia les ha interesado de verdad.

He de reconocer que la experiencia me ha gustado mucho, y no sólo porque me ha permitido bucear en mis orígenes, sino porque me ha dejado sacar todo lo que tengo por ahí dentro, todo: lo bueno y lo malo, y es que claro, en la vida de un perro, como en la de cualquiera, hay de todo, como en botica.

Y parece que me ha subido la autoestima que, sinceramente, la tenía por los suelos, más arrastrada que la vida que llevo.
Me llaman “Pocopelo”, creo que es evidente la razón de tal nombre, pero eso me trae sin cuidado, para mí tener un nombre ya es importante en sí, sea el que sea, y no que te llamen “perro”, “chucho”… ¿me entienden, verdad? La identidad es el principio de la dignidad.

Soy un perro grande, un Labrador, no puro, pero sí predominan esos genes en mi componente genético. Ya sé que ahora están de moda mis primos, los Golden Retriever, que esos sí tienen pelo, ¡y vaya pelaje, lo ponen todo perdido!, pero nosotros, que originariamente somos perros de ayuda, compañía, no sentimos envidia alguna del ascenso de ellos y del declive nuestro, es más, nos alegramos, porque, si entre familiares no nos ayudamos y alegramos por los éxitos de los nuestros… Además que ellos también son muy majos, vamos, que mantenemos una relación muy cordial.

De cachorro recuerdo que viví una temporada en un lugar muy agradable, con mis hermanos, primos y demás familia. Allí nos enseñaron muchas cosas y nos formaron para ser perros-guía. Yo estaba entusiasmado y me esforcé lo indecible para ser el mejor alumno. Un día se fijaron en mí y tuve que separarme de mi familia, mis amigos, la que había sido mi casa hasta entonces… de todo lo conocido, y enfrentarme solo a una nueva vida.

No guardo malos recuerdos de aquel inicio. Me asignaron una tarea muy importante y yo procuré llevarla a cabo lo mejor que supe: guiar y cuidar a una joven ciega, Marisa. Enseguida congeniamos, ella era muy dulce, y a mí me daba mucha pena, una chica tan guapa, tan joven y con un corazón tan noble… Cuando nos quedábamos solos, me hablaba, me contaba todo de su vida, lo que había sido, sus sueños rotos después del accidente, lo que esperaba de esta nueva vida… y luego lloraba, se dejaba llevar por la pena y lloraba. Yo no sabía muy bien qué hacer, bueno, eso al principio, porque luego descubrí una forma de tranquilizarla: apoyaba mi cabeza en sus rodillas y ponía mi pata derecha en su mano. Y era como si los dos nos transmitiéramos una fuerza que es muy difícil de explicar. Ella cesaba en su llanto y yo me quedaba plácidamente dormido con sus caricias.

Marisa fue mucho más que una amiga, casi éramos almas gemelas, a nuestra manera, claro, pero al ser yo sus ojos, al tener que decidir por dónde encaminar sus pasos entre la jungla de la ciudad, me convertí en ella, y aprendí a pensar como lo habría hecho ella, a decidir, a rechazar…

También tengo que decir que soy un perro universitario, claro que no figura en ningún lado mi currículo, pero lo soy, asistí a la universidad con Marisa y me hice toda la carrera con ella, así que, con toda modestia, soy todo un señor perro licenciado en Sociología, aquí donde me ven. Ya, ya sé que no lo parece, pero… las circunstancias de la vida me trajeron hasta aquí.

Marisa se fue. Digo se fue, por no decir “se murió”. Así, de repente, sin avisar, creo que a ella le pilló tan de sopetón como a mí y a su familia. Una mañana, fui a despertarla como todos los días y algo me olió mal, no respiraba, no se movía… Y eso que parecía dormir plácidamente, pero nada. Me la quedé mirando largo rato, decidí actuar drásticamente: la mordí, la ladré, la zarandeé… ¡NADA! Me puse muy nervioso, la llamaba con ladridos lastimeros, no me oía, no había duda: estaba muerta.

No quise saber nada de nadie, me escapé, no podía concebir la vida sin ella. Ya no recuerdo el tiempo que vagué sin rumbo de un lado a otro. Sobrevivía gracias a la caridad ajena, a lo que encontraba en las basuras… Hasta que un día, cansado ya, aparqué mis reales con un grupo de jóvenes “alternativos”, creo que se dice así, y decidí quedarme con ellos. Y así comenzó mi nueva vida, hasta el nombre era otro, porque yo antes me llamaba “Rex”, ahora prefiero “Pocopelo”, va más acorde con esta vida de poco a todos los niveles que llevo…

Y aquí estoy, descubriendo la vida desde otra perspectiva. Sigo ayudando a los humanos con los que vivo, puesto que me utilizan para llamar la atención de los viandantes mientras ellos organizan un espectáculo callejero, de una calidad un tanto dudosa... He desarrollado habilidades de malabarista, soy capaz de estarme totalmente quieto con una galleta en la punta de la nariz y a la voz de “alehop” con un pequeño, pero estudiado movimiento, poner la galleta en el aire y hacer que termine en mi boca, es mi recompensa, se supone, al trabajo bien realizado.

Ahora no estoy tan limpio ni bien alimentado como antes, pero la vida, en el fondo no me trata demasiado mal. Tengo un techo donde dormir, casi siempre de okupa, y algunas viandas que llevarme a la boca; y los chicos, a su manera, me quieren y casi me atrevería a decir que hasta me necesitan, y no sólo como reclamo. En esencia sigo desempeñando el trabajo para el que nací, y eso me hace feliz.

Y para terminar, porque ya me parece suficiente, no hay que cansar al personal, quisiera agradecer a los de la revista “Vida de Perros” la oportunidad que me han brindado de poder dar a conocer mi vida. Muchas gracias, y ya saben dónde encontrarme… ¡Guau!

Foto: Antonio Texto: Edurne

miércoles, 25 de mayo de 2011

COMO GATO PANZA ARRIBA



Hola, buenas, con su permiso, es que pasaba por aquí... Me presento: soy Melquíades, un felino de la zona, bueno un "Felis Silvestris Catus", si es que somos más precisos y hablamos con propiedad del término "gato".

En un principio iban a llamarme Félix, por lo de mi origen, por mi padre, por mi abuelo y otros miembros de mi estirpe, ah, y por Félix el gato… ¡Vamos, toda una tradición! Pero mi madre, una gatita muy exótica, dicen que persa, venida de Oriente, impuso su criterio, y Melquiades fue el nombre escogido. Parece ser que es un nombre de origen hebreo que significa "Rey de Dios". Bueno, me coronaron, no sé si de gloria o… El caso es que tengo que cargar con el nombrecito para los restos. Y no lo digo con rencor hacia mi madre, que la mujer (perdón, la gata), se ve que lo hizo con la mejor intención, por eso de que su primer vástago tuviera un nombre con empaque y poderío, sino por las risitas que suscita entre los demás gatos. Ellos tienen nombres vulgares, así que, en parte, me consuela, como yo, ninguno, soy el único Melquíades en muchísimos kilómetros a la redonda.

Hace un par de años que decidí emanciparme del entorno familiar, más que nada porque mis horizontes eran bastante limitados: una cocina bien provista de todo lo que un gato casero pueda desear, un amplio jardín con acceso a un bosquecillo cercano donde poder corretear y cazar ratoncillos silvestres, una cama calentita, unas manos amorosas… pero debe ser que tengo algún gen aventurero en mi ADN y no acababa de sentirme como se esperaba de mí.

Y un día, después de hablar con la familia, les planteé mis intenciones. En un principio no lo entendieron muy bien, mi padre, un hermoso y rechoncho gato autóctono, maulló sin parar durante una hora, era su forma de protestar, y mi madre, tan delicada ella, se limitó a acariciar mi cabeza con su patita una y otra vez, a lamerme como cuando era pequeño y hasta creo que vislumbré alguna lagrimilla en sus preciosos ojos verdes. Pero yo ya había tomado mi decisión, así que esa misma noche, cuando todos dormían, me deslicé por la gatera de la puerta del jardín y salí a recorrer mundo.

Aunque me vean aquí, con este aspecto, buen aspecto, puntualicemos, porque, para qué nos vamos a engañar, soy un gato con un aspecto estupendo. Pues eso, que aunque tenga tan buena apariencia, aquí donde me ven, ¡las he pasado canutas, no se crean! Pero no me arrepiento, es más, estoy muy orgulloso de mí mismo, de lo resuelto y listo que me he vuelto.

En este tiempo he conseguido labrarme una reputación, claro que también me la he tenido que pelear, y si yo les enseñara, verían la cantidad de cicatrices que pueblan mi lomo. Eso sí, nunca empiezo una pelea, que para esas cosas soy muy prudente, es algo que me enseñó muy bien mi padre. Y ahora tengo amigos por todas partes, si me viera en apuros, no tendría más que maullar y aquí estarían unos cuantos en menos que canta un gallo.

Y en lo referente a las gatitas… pues hombre, sé que no está bien que lo diga yo, pero, con este cuerpo serrano, las pobres andan maullando detrás de mí desesperadas. Los de la cuadrilla me suelen cantar aquella canción tan de moda hace años, una que cantaba un tal Carlos Mejía Godoy con los de Palacagüina, aquélla que decía:

“Clodomiro, Clodomiro, ¿para dónde vas tan serio? Voy a ver un partidito allá por el cementerio. Y en asunto de mujeres, ¿cómo te trata la vida? Me defiendo, me defiendo, como gato panza arriba”.

Y si les digo la verdad, no tengo gran interés en aparearme con ninguna, bueno, entendámonos, a nadie le amarga un dulce, pero eso de las responsabilidades siendo tan joven todavía… no, que no me veo preparado, porque claro, luego vienen los gatitos y ya todo es un lío tremendo. Así que de momento, procuro mantener a raya esa cuestión, y cuando vea que las cosas son diferentes, que me encuentro más cansado para trotar de un lado a otro, entonces ya me buscaré la vida, bueno, la gata y luego la gatera… En el fondo, sigo los pasos de mi padre, y el hombre (digo, el gato), tuvo una suerte tremenda con mi madre, ¡ni más ni menos que una gatita persa con pedigrí, ahí es nada!

Mientras tanto aquí me tienen, haciendo las delicias de todo aquel que repara en mí, y yo, de vez en cuando me dejo fotografiar, acariciar el lomito, les pongo ojos melosos, y cuando veo en los de alguno esas ganas de querer adoptarme… salgo pitando, ¡no sea que me atrapen en los brazos del cariño y el cuidado casero!


Foto y Texto: Edurne