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domingo, 15 de diciembre de 2019

PARA TOD@S VOSOTR@S : una carta de agradecimiento y despedida




Cuando era pequeña, allá por la recién estrenada segunda mitad del pasado siglo, y veía mi vida como un largo camino, pensaba que me iba a dar tiempo para hacer todo lo que quisiera. ¡Ingenua de mí! Han pasado muchos años, muchos, tal vez diría que demasiados, aunque, nunca son tantos como pensamos, y de todos aquellos sueños, aquellos planes… el que de verdad he podido cumplir hasta el final ha sido el de mi vocación, temprana, de ser maestra. Claro que también quería ser titiritera, espía, payasa, escritora, misionera, bailarina, bibliotecaria, enfermera, arqueóloga… ¡Y tantas cosas más! Todavía sigo queriendo ser unas cuántas de esas… ¡Tal vez ahora pueda!



Viernes 20 de diciembre de 2019, último día de una etapa de mi vida que se cierra, mi periplo más largo, más provechoso, duro y alegre (de momento). La nostalgia, que me viene rondando y anudando las entrañas y la garganta desde hace tiempo, me empuja a que os escriba esta carta.

No he tenido hijos, pero el destino me tenía preparada esta otra “maternidad”, la de ser la maestra, la andereño, de tant@s y tant@s... En treinta y ocho años de profesión, treinta y nueve cursos escolares, ¡uf, sois una legión quienes habéis pasado por mis manos! Incluso he sido andereño de algunos de vuestros hijos e hijas... Más orgullosa no puedo sentirme. 



Siempre he tenido miedo a estropear tan preciada mercancía. Las dudas me han asaltado hasta el último momento: ¿estaré haciéndolo bien? El material humano, y más si son niños, adolescentes, es lo más delicado que hay para trabajar. Si erramos, lo hecho no es algo que pueda borrarse y volver a empezar. Lo hecho, hecho está, ahí queda, y el error le puede fastidiar la vida a esa criatura.



Pero estoy tranquila, habéis salido al mundo, y no es el mundo el que os ha comido, sino vosotr@s quien se lo come, tenéis buenas herramientas entre las manos y sabéis usarlas.
También estoy contenta porque much@s de vosotr@s habéis seguido mis pasos y ahora os dedicáis a esta bendita profesión. Un@s cuánt@s habéis hecho las prácticas de Magisterio conmigo; otr@s, en algún momento, habéis trabajado, o incluso ahora mismo trabajáis, en la escuela… ¿Entendéis eso del orgullo? Es como el orgullo de una madre.

Jubilación. ¡Qué palabra tan fuerte! A mí se me ha metido hasta el tuétano y mientras que no la digiera bien digerida, me va a estar machacando noche y día. Acostumbrarse a los cambios es duro, difícil… Ya lo iréis comprobando, de hecho ya habéis hecho algunos cambios en vuestras vidas, unos porque han de llegar, otros, voluntarios, y otros porque vienen sin avisar y nos dejan descolocados. ¡Así es la vida, querid@s!



Siempre me he vanagloriado de mantener una buena relación con mis alumn@s, y creo que soy una gran privilegiada, porque, a ver, ¿cuánta gente de mi profesión puede decir que a pesar de los años pasados todavía mantiene el contacto con un nutrido grupo de sus pupil@s? Yo sí puedo decirlo, y presumo de ello.

Seguir vuestros pasos más allá de la escuela no ha sido difícil, siempre he preguntado a unos y a otros, aquí y allá… Siempre he estado al tanto de vuestros progresos y me he alegrado de esos logros merecidos. ¡Sois mis niñ@s!

Andereño Edurne. ¡Suena tan bien! No quiero ser otra cosa que andereño Edurne, siempre seré andereño, maestra, ¡hasta que me muera!



Sé, por experiencia, porque yo también he sido niña, adolescente, joven alocada… que hay profes que se quedan en tu corazón para siempre, yo tengo un@s poc@s. De hecho, hace unos meses, y por uno de esos azares maravillosos de la vida, pude contactar de nuevo con mi querida profe de Francés del Instituto, Yvonne. La emoción que le hizo saber de una de sus alumnas, que además la había recordado toda la vida y que ahora tenía la oportunidad de decírselo… fue terrible. ¡Uf, me emociono solo de volver a recordarlo!

Sé también, que much@s os seguiréis acordando de mí, (¡espero que bien!), y que otr@s me habrán borrado de su vida hace tiempo ya. Es imposible caerle bien a todo el mundo, resultarle buena profesora, que sientan que les eres cercana, que crean que en realidad te preocupas por él, por ella…



Pero lo que sí quiero que sepáis es que de tod@s vosotr@s, y mirad que sois chiquicientos…, he aprendido mucho. He aprendido de vuestros problemas, de vuestras reflexiones, de vuestras vivencias, de vuestros razonamientos, de vuestras cabezonerías, de los malos y buenos tragos que me habéis hecho pasar, de lo que he sufrido y lo que he disfrutado con vosotros… Habéis hecho que nunca haya dejado de ser esa Edurne niña que salía del cole todas las tardes como si acabara de llegar de la guerra de los Cien Años: despeinada, con las manos manchadas de bolis de todos los colores, con los leotardos del uniforme retorcidos, con la goma de saltar saliéndose por el bolsillo de la bata, y con esa sonrisa inocente y picarona pidiendo la merienda a ama, y con un poquito de miedo por tener que decirle a aita que no había terminado todos los trabajos de clase… ¡En fin, cómo no me iba a identificar yo con vosotr@s!



Sé que ya sois unas mujeres y unos hombres de provecho, y que l@s que están en el camino, también lo lograrán. Da igual a qué nos dediquemos, no todo el mundo puede ser ingeniero, piloto, arquitecto, físico… en la vida somos de todo, necesitamos de todas las profesiones. Solo tenemos que poner empeño y mucho cariño en lo que hacemos. La de maestr@ es la profesión de profesiones. Para ser lo que sea que queramos o podamos ser… hay que pasar por la escuela. Y ahí es donde estamos nostr@s, esperando a que años tras año lleguen nuevas generaciones a las que educar y enseñar a ser buenas personas, que en definitiva es lo más importante de todo.

Espero haber estado a la altura, con todos los fallos y defectos que arrastro (es lo que tiene ser humano y no máquina), yo he intentado dar todo lo mejor de mí y hacerlo lo más ameno y divertido posible. Recordad que el saber no ocupa lugar, eso me lo decía siempre  mi amama. Sabed que os quiero a tod@s, que podéis contar conmigo para lo que queráis o necesitéis. Habéis sido un regalo para mí.



No os olvidéis nunca de luchar por aquello que creáis justo, ni de perseguir la felicidad, y mucho menos de ser buena gente…
¡Ojito, que os estaré vigilando!

Bihotz-bihotzez
                            Andereño Edurne 




Fotos: De mi memoria personal. Texto, lágrimas, moqueo, sentimiento, alma, corazón y vida  y demás: Edurne
* Escribo en castellano puesto que la carta la voy a publicar en medios en los que quienes me vayan a leer no tienen porqué saber Euskera. 











domingo, 4 de noviembre de 2012

JUVENTUD, DIVINO TESORO



Una también ha sido joven, pienso que todavía lo soy, pero una, también ha tenido diecinueve años, veintitantos, incluso treinta…





Rubén Darío cantó a esa juventud perdida, a esa edad dorada, casi feliz, que es la juventud.
Sueños,  descubrimientos, logros y frustraciones. Época de aprendizajes.

Miro a los jóvenes de hoy en día. A los adolescentes, los púberes… y me asusto. Nosotros teníamos sueños, los de ahora no sé si los tienen. Y si los albergan, lo más probable es que se los roben. Sí, me asusta lo que está ocurriendo con nuestra juventud. Pero aún puedo encontrar jóvenes en el término total de la palabra. Jóvenes que lo son, de espíritu, de palabra y pensamiento, también de obra, sí… (Suena un poco a catecismo, ¿no?)

Hay jóvenes ejemplares, que no tienen nada de ñoños, pero que saben estar donde corresponde a su edad. Jóvenes que no están por la labor de quemar todos  los cartuchos en una única traca. Cada día puede ser una auténtica fiesta de fuegos de artificio. No es moralina, que nadie se confunda. 

La juventud es para vivirla, pero vivirla bien, a tope y sin dejar nada para cuando seamos mayores. La juventud es para guardarla en nuestra mochila y poder sacarla, rescatarla cuando nos convenga, como yo estoy haciendo ahora con la mía… Estoy disfrutando con solo recordar lo que disfruté, y todo lo que hice, lo llena que está mi mochila juvenil. Mochila de la que he ido sacando recursos, recuerdos, sonrisas, momentos intensos, uno tras otro… Estoy contenta de la mía, de mi juventud, de mi infancia y también lo estoy de mi madurez. Y con todo eso camino hacia una edad en la que ser “sabia” me vendrá dado sin pedirlo.

Por eso no quiero alejarme del camino de los jóvenes, porque aprendo con ellos, porque derramo parte de lo que fueron mis tiempos jóvenes, y porque eso me mantiene viva. Sigo teniendo sueños por cumplir, ilusiones…
No, no lloro por ella, la mía la tengo bien pegadita a la piel. Me siento joven, soy joven todavía.



 JUVENTUD, DIVINO TESORO
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña,
en este mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño.

Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos
climas, en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo
terco, mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco a los
rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!

RUBÉN DARÍO


Fotos: De la memoria familiar y Antonio Poesía: Rubén Darío