sábado, 1 de septiembre de 2018

ESPERANZA


La esperanza florece en cualquier sitio, solo hay que prestarle un poquito de atención. 

Foto y Texto: Edurne





viernes, 24 de agosto de 2018

YA SOMOS MAYORES. RETRATOS (I) María del Carmen





Aquel beso no era lo que yo había soñado, pero ahora pienso mucho en él. No sé por qué, pero me viene a la cabeza continuamente, no estaría mal volver a sentir el contacto de unos labios en los míos… ¡Hace tanto tiempo ya!

No me acuerdo muy bien, tal vez tendría yo unos diecinueve años, sí, diecinueve, y soy tan precisa porque me veo con aquella blusa de cuadritos verdes y blancos que tanto me gustaba, por eso sé que yo tenía, exactamente, diecinueve años.

Aquí nadie te besa. No me gusta estar en este sitio. Yo quiero que me besen, aunque sea un beso robado en una esquina.

Dicen que estoy vieja para estas tonterías. Ellos sí que son viejos, ¿quién querría darles un beso? Yo soy guapa, tengo los ojos azules, un poco tristes, sí, que me los veo yo todas las mañanas cuando me miro al espejo, pero son azules, igualitos que los de mi padre. Solo yo heredé esos ojos, mis hermanos me tenían envidia, ellos tenían los ojos marrones, y nadie quería robarles un beso…

Ahora están todos muertos, ya no queda nadie de mi familia. No estoy triste, tampoco me querían tanto, ni yo a ellos. Ninguno de nosotros se casó nunca. Mis hermanos, se comprende que no lo hicieran, eran feos, antipáticos, y siempre estaban enfadados… Y mi hermana era muy rara, un día se marchó a un convento y nunca más volvimos a saber de ella, dijo que la olvidáramos, que su vida era otra. ¿Pero yo, que era guapa y delgada, con los ojos azules y una larga melena dorada, por qué no tuve nunca un novio, por qué no me casé? Los hombres me tenían miedo, era demasiado para ellos, me veían como un trofeo inalcanzable, seguro. al menos eso era lo que decía siempre mi madre.

Pero todos no me tenían miedo, ¡qué va! Estaban aquellos obreros de las casas modernas junto al mercado. Aquéllos siempre me decían cosas. Yo me hacía la loca y no les contestaba. Todos los días pasaba por la acera de enfrente, justo a la hora del bocadillo. Pasaba muy seria, muy digna, despacito, entreteniéndome en los puestos callejeros… Me producía un regusto especial pensar que todos aquellos ojos me miraban a mí y solo a mí, todos a la vez, y que de esas bocas de hombres rudos, de manos gruesas y nudosas, de barbas cerradas y ojos vidriosos, salían palabras de deseo cuya destinataria era yo.

Pero nadie se atrevió a nada más conmigo, solo aquel pobre de Andrés aquella tarde de lluvia. Digo pobre porque era muy poca cosa, no valía nada. Yo nunca me fijé en él, solamente en sus manos, blanquísimas, de finos y largos dedos con unas uñas impecablemente limpias y recortadas, cuando iba a la mercería de su madre a comprar todo lo que la mía, la mejor modista del barrio, necesitaba para sus encargos. Nunca sospeché que Andrés estuviera secretamente enamorado de mí, pero resultó que sí.
Me besó, y yo, cuando reaccioné, le di un tortazo, ¡qué se había creído! Cuando volví a la mercería, Andrés ya no estaba. Me dijeron que se había ido a un seminario, que se le había despertado la vocación y quería ser cura. Nunca me lo creí, se fue por despecho, ¡seguro!

Yo era muy guapa, y en este sitio nadie se lo cree cuando les cuento y les enseño las fotos que llevo en mi cartera. No me hacen caso. Tampoco he cambiado tanto... Estoy convencida de que me tienen envidia, no hay otra razón. Tengo buenas ropas, buenos zapatos, ¡zapatos de marca! Voy dos veces a la semana a la peluquería, me arreglo todos los días, aunque no sean días de fiesta, y me paseo con mi bolso y mi chal por el hall de esta residencia de viejos tristes y llorones. Yo sonrío con desgana a cualquiera que se cruce conmigo, y después me siento en un rincón a leer periódicos con noticias pasadas. Espero durante horas, hasta que llega la hora de cenar.

Pero nadie me habla, y nadie me quiere besar como Andrés aquella tarde de primavera, cuando tenía diecinueve años y me tuvo que robar el único beso que han dado y recibido mis labios…

Imagen: Internet. Texto: Edurne.
(Inicio una serie de "Retratos", inspirados en personas que he conocido a lo largo de los dos meses y medio que he convivido con  muchas ellas en una residencia de mayores donde mi ama ha estado ingresada en un módulo de Recuperación Funcional).

miércoles, 15 de agosto de 2018

LEYENDO en verano, udan IRAKURTZEN, LISANT en été (I)



En este enlace se puede leer mi última crónica lectora, mi última reseña, ¡en julio del año pasado! Horroreur! Pero no es que no haya leído nada en todo este tiempo, ¡no! Los más cercanos a mi persona ya saben de mis tribulaciones de los últimos tiempos. Que la vida achucha, y mucho, así que no queda otra que amoldarse a las circunstancias.

Y dicho lo dicho, paso a comentar, un poco por encima, unos cuantos libros que han caído en mis manos, así como quien no quiere la cosa, a lo largo de estos meses, semanas, días…
Leer he leído como, cuando y donde he podido. A veces, concentrada en la lectura, otras dosificando las líneas, los capítulos, y también atendiendo a otros menesteres. Vamos, como en una vida paralela (creo que así me desenvuelvo de un tiempo a esta parte: paralelamente).
En la foto (perdón por la mala calidad) que encabeza esta crónica lectora, he puesto una especie de totum revolutum (algo muy a la orden del día en mi rutina de vida, por otro lado). Soy lectora un tanto anarca, compulsiva e impulsiva… Y no es que no sepa definirme por un género, un autor o autora (tengo mis “ídolos”, aunque no me gusta la palabra, plumas a las que siempre vuelvo una y otra vez, después de temporadas de barbecho tras un leve empacho, que también hay que decirlo), pero me gusta leer un poco de todo, dejarme sorprender por nombres desconocidos, títulos enigmáticos… No sé, tampoco creo ser tan diferente al resto. No soy especialista en nada y en nadie. Me gusta leer, la lectura me produce un inmenso placer, me siento libre. Y no entenderé nunca que haya personas que no lean, que no les guste leer, que no hayan leído nunca un libro (haberlas, haylas).

¡Y basta ya de prolegómenos! ¡Al lío! Voy a empezar por los que están ahí, tan juntitos y formalitos en la foto, que luego tengo otros más para hacer las presentaciones, en una segunda entrega.

·        “POÉSIES” de Arthur Rimbaud.
Este librito me lo compré el otro día en una librería de viejo en Baiona. Tenían de todo, una gozada de sitio, pero claro, una no va de excursión con más personas para pasarse las horas viendo solo lo que le interesa, hay que compartir. El caso es que nos dejaron un poco sueltas a Amparo y a mí,  y salimos de allí con algún que otro tesoro. Yo me fijé en Rimbaud porque cuando estudiaba francés (y gracias a mi profesora de tercero y cuarto de bachiller, Ybonne), me fascinó la historia de Verlaine y Rimbaud (Les poètes maudits); descubrí sus poemas y ahí se me quedó, en esa parte que todos tenemos para guardar pequeños tesoros y que redescubrimos a pesar de los años y en circunstancias inesperadas. Todavía no me he puesto con él en serio, he hecho una pequeña lectura en abanico. Leer en francés siempre me transporta a otras épocas.

·      “AQUELLA ORILLA NUESTRA”, de Elvira Sastre y con ilustraciones de Emba.
Un poemario delicioso, delicado, casi minimalista, intimista… Aquí, permítanme ustedes todas estas rimas, pero no tengo otros calificativos.
Paseaba yo un día por las calles de nuestro Botxo, y como ya había esquivado un par de templos de los libros, caí en brazos del tercero, ya no podía resistir más. Entré en La Casa del Libro y me di una vuelta entre sus mesas y estantes… A este librito le había echado el ojo en una primera ráfaga de situación. Lo dejé estar. Parecía que todo iba bien, nada me alteraba en demasía, pero, el título, una siente cierta debilidad por las orillas, me hizo volver sobre mis pasos y, con intriga y cuidado, despertarlo de su plácido descanso junto a otros compañeros. Cuando lo tuve frente a mí, al abrirlo…  un “me lo tengo que llevar”, fue lo único que se me ocurrió decirme a mí misma. Las reflexiones, los sentimientos, los dolores, las decepciones, las alegrías, las experiencias de vida que Elvira Sastre comparte con nosotros, son comunes, son nuestras también. Es inevitable hacer comparaciones, no arrimar esas letras a nuestra propia ascua, a nuestros sueños y desengaños, inevitable no hacerlo nuestro. Una delicia de libro. La edición muy cuidada, y las ilustraciones (especiales), hacen un acompañamiento… Ustedes verán.

·        “NO, MAMÁ, NO”, de Verity Bargate.
Llegué a este libro a través de uno de los ejercicios de lectura y comentario que nos propone nuestro profe, Jon Bilbao, en el Taller de Escritura.
Ya desde las primeras líneas me pareció interesante, así que después de leer el capítulo para abrir boca y comentar en clase, decidí darle una oportunidad y leerlo entero. Me gustó mucho ese toque corrosivo, de desapego maternal que impregna toda la narración, pero que consigue que una corriente de empatía te ate a la protagonista como si de ti misma se tratase.
(Y aquí voy a hacer un breve inciso para aclarar que viendo a nuestra compa Leticia con su “bihotzeko azukre  koxkorra”, Luka, nada es generalizable en esta vida…)
Una historia dura, contada con todos los sentimientos al descubierto, sin maquillaje alguno, pero a la vez, una historia entretenida, muy de verdad, de tripas, de lo políticamente incorrecto, pero de valentía.

·        “A CORAZÓN ABIERTO”, de Anna Gavalda.
Gusto mucho de los libros de relatos, y este es uno de los que no me ha defraudado. Ya he leído un par de obras más de la autora, y el estilo me gusta. Es una prosa fresca, ágil, de esa que te arrastra por las líneas, una tras otra hasta llegar a la meta.
También nos cuenta Anna Gavalda historias que perfectamente podríamos afirmar que nos representan. Un libro manejable, y que para leer en verano (da igual la estación), está muy bien (¿será por esa jugosa granada que nos invita a comernos la vida en la portada del libro?). Recomendable, sin duda.

·        “POEMAS”, de Emily Dickinson.
Más poesía. Tampoco se sorprenderán mis próximos, pues saben de mi afición, de mi filia por la Lírica. La Dickinson, aquí me he parado, los dedos se me han quedado en el aire, creo que tienen miedo a meter la pata en lo que vayan a decir, tal es el respeto que me infunde la poeta estadounidense… Una mujer en un mundo netamente masculino. Una mujer con una sensibilidad especial, sensibilidad que supo encauzar a través de su poesía. Sublime Emily Dickinson.

Es cosa tan pequeña nuestro llanto, 
son tan pequeña cosa los suspiros...
Sin embargo, por cosas tan pequeñas
vosotros y nosotras nos morimos.

·        “ARRUTIREN BANDA”, de Jon Arretxe.
Cada libro que saca Arretxe, llega a mis manos en el día de mi cumple, 7 de diciembre. La razón: mi hermano compra siempre en la Azoka de Durango la nueva historia que escribe Jon Arretxe, para regalármela, con el aliciente de la dedicatoria y firma del ejemplar por el propio escritor.
Me gustan estas novelas, “baltzak”, plurales y multiétnicas, que escribe Arretxe. No en balde es un viajero avezado. Sus historias te llevan a países lejanos, pero totalmente cercanos. Se lee muy bien Jon Arretxe.

·        “SANGRE SECA”, de Alaine Agirre.
Cuando compré el libro no conocía a la autora, pero después me di cuenta de que sí había oído hablar de ella. Esta escritora bermeana, jovencísima, me ha sorprendido muy gratamente. Este libro, escrito en forma de diario (no al uso exactamente) y con alusiones al pasado y al presente en paralelo, ha hecho una incursión muy delicada en la mente humana, en la mente cuando está enferma, o alterada, o cuando decide salirse del camino y hacer su propio recorrido…
El lenguaje que utiliza Alaine es muy importante para contar esta historia, para conseguir que nos metamos en la cabeza de la protagonista, que seamos ella, que lloremos, maldigamos, observemos, pensemos, nos abandonemos… como ella.
Al principio pensé que yo no estaba en unos de mis mejores momentos para leer una historia de semejante calibre, pero no, me introduje en ella sin miedo, y abierta a que las emociones impactaran en mí como tuvieran que hacerlo. La he leído en castellano, la verdad que porque era la versión que tenían en la librería. Me ha gustado mucho. Profunda.

·       “HISTORIA DE UN CARACOL QUE DESCUBRIÓ LA IMPORTANCIA DE LA LENTITUD”, de Luis Sepúlveda.
Sigo con regularidad la carrera del chileno, y por eso me produce tranquilidad tener un libro suyo entre las manos. Sé que me va a gustar. Sepúlveda también es de los que toca distintos palos. Este librito es más bien un cuento infantil (en teoría nació como un cuento para explicar a su nieto el porqué de la lentitud de los caracoles) que él transformó en fábula didáctica. Hay mucho que aprender de los caracoles y su lentitud. Todo tiene una razón de ser en esta vida, todos tenemos una misión.

·        “IRSE”, de Esmeralda Berbel.
Nada sabía yo de Esmeralda Berbel, cierto, pero cuando ojeaba el libro, tuve una especie de déjà vu, y resultó que ya había tenido la tentación de llevarme el libro a casa en una incursión anterior… Reconocí mis propios gestos por tantas veces repetidos, jajajaja, así que visto lo visto, ¡a la cesta! Y digo esto último, porque ya saben de mi “problema”: si entro en una librería, nunca salgo con un libro, al menos caen tres…
Esmeralda Berbel es la exmujer del actor catalán Eduard Fernández, y en este libro, escrito en formato diario (formato que me gusta mucho), Berbel nos hace partícipes de los últimos años de relación con el actor, del momento de la separación, de las tribulaciones propias de una situación tal, del duelo, de la negación, de la realidad, del asumir, de los miedos, de la rabia, de la impotencia; de cómo seguir con tu propia vida, sola; del amor que no puede irse… ¡Ay, me encantó cuando lo leí! ¡Cómo no sentirse identificados con las pulsiones más humanas, con esas tripas que nos rugen! También lo recomiendo.

·        “WAKEFIELD”, de Nathaniel Hawthorne.
Este pequeño relato lo leímos y comentamos también en clase por recomendación de Jon Bilbao. A mí me gustó tanto que  después de ver la preciosa edición ilustrada de Nørdica Libros (Editorial de mi total confianza y gusto), tampoco tuve dudas: el librito tenía que formar parte de mi biblioteca (lo tuve que encargar).
Pongo aquí el inicio de la historia, por si le pica la curiosidad a alguien. Borges, lo calificó como el más grande y perfecto artilugio narrativo de la historia, así que si Borges dijo eso… yo poco he de añadir, más que recomendar dedicarle un rato a su lectura y análisis.

«Recuerdo haber leído en algún viejo periódico o en alguna revista antigua una crónica que, relatada como si fuera real, contaba la historia de un hombre, de nombre Wakefield, que decidió marcharse a vivir lejos de su mujer una temporada larga...»

Bueno, aquí termino esta primera entrega, pero no se vayan ustedes demasiado lejos, que tengo otros pocos libros más para sacar al escaparate. En breve. To by continued…
¡Y a ver si retomo mis momentos ola en la Orilla, que ya está bien!
Que ustedes se refresquen bien y disfruten a tope de todo lo bueno que tiene la vida, entre todo eso… 
¡LA LECTURA!

Foto y Texto: Edurne

domingo, 29 de julio de 2018

INCISIVAMENTE



Mi dolor ha encontrado un tubo de escape: el incisivo lateral izquierdo de la parte baja de mi dentadura. Está claro, como si de la fumarola de un volcán se tratase, va soltando los malos humores sibilinamente, a ratos con mucho cabreo, a ratos con sordina, pero ahí está. Hay que sacar toda esa ebullición interna a pocos, no vaya a ser que la olla explote...

Pasan los días y me creo que todo es plano, así me lo parece. Una especie de calma chicha, una mar quieta, sin oleaje perceptible, pero con el fondo infestado de tiburones hambrientos acechando. Me estoy preparando para la gran sacudida, para cuando las aguas se retiren y de pronto nos sorprendan arrasando con todo.

El miedo tiene pequeñas fugas, hace aguas por aquí y por allí; las cañerías suenan demasiado, más que nada en el silencio, por las noches, cuando mi yo y mis otros yoes nos quedamos a solas. Siempre me pillan con el paso cambiado, a veces no reacciono bien, me hacen daño, se ríen y se aprovechan de mí. Por eso que el incisivo lateral izquierdo de la parte de abajo protesta y me reclama su dosis de calma. Tiene razón, aquí soy yo la que tiene que poner orden. Lo malo es que no sé cómo hacerlo, el resto del edificio se está amotinando también, y, la verdad, no quiero tener que recurrir a la fuerza bruta. Espero no verme obligada a ello.

Me miro en el espejo del baño mientras me lavo los dientes. Veo las estrellas, el firmamento entero. Lloro. Bueno, llorar, llorar, no, no me lo permito, pero sí que noto cómo los ojos se me llenan de lágrimas, cómo enrojecen, cómo me cambia la expresión, cómo estoy a punto de desbordarme… ¡Alto, quieta ahí, camarada! Me restablezco, me engaño un poco para poder seguir. Y sigo.

Imagen: Internet. Texto: Edurne


domingo, 22 de julio de 2018

85-58 CAPICÚA



Se me esconden las penas
cuando ven tus ojos sonreír,
amatxu mía.

Tan solo con tu aliento
puedo seguir  en este día a día,
puedo caminar entre sombras,
pelearme con ogros y dragones,
subir y bajar los más altos cerros...

Si tus manos me sujetan,
mi corazón cabalga
y mi cuerpo vuela, 
nada me detiene.

No hay mejor espejo
en el que mirarse,
ni refugio más cálido
donde abandonarse.

Eres mi faro y mi guía,
pero eso,
tú ya lo sabías,
amatxu mía.




Foto: Aitor. Texto: Edurne. 
(Hoy, 22 de julio, y como todos los años, dejo en esta Orilla mi humilde homenaje para la hacedora de mis días, mi amatxu, en el día de su cumpleaños. Esta vez son 85 (las mismas cifras que las que luce una servidora). Ha llegado hasta aquí no sin luchas y esfuerzos. Hace tres días que está en casa, después de casi tres meses internada en una unidad de recuperación funcional, y más de cinco pasando las de Caín. Es una campeona. Nunca me cansaré de quererla y admirarla. Yo quiero ser como ella.)

jueves, 5 de julio de 2018

UN DÍA TE IRÁS




Sé que un día te irás.
Te irás
sin haber plantado un árbol
en mi casa,
ni un hijo en mi tierra,
seca ya de tanto esperar.

Sé que un día te irás.
Te irás
sin haber escrito en las páginas
de mi destino
ese libro que hemos ido llenado
de miradas y silencios,
de besos, promesas
y sueños olvidados.
Páginas de deseo 
y
 pasión de años.
Capítulos de abrazos que,
incrustados en las rocas
de nuestros días,
no hay forma de despegar.
La historia
que aún deseo poder leer.

Sé que un día te irás.
Te irás,
pero yo llevo guardados
en mi corazón
ese árbol,
ese hijo
y ese libro
que son solo tuyos,
que son solo  míos,
nuestros
y
de nadie más.

Imagen: Internet. Texto: Edurne

domingo, 3 de junio de 2018

TARDE DE DOMINGO






Me nacen las ganas de ti
en forma de lágrimas.
Rebeldes ellas,
locas,
sin caudal fijo,
hipando  y a su libre albedrío.

Me lloran las palabras que
guardo dentro de mí
para decirte cada vez que te tengo…

Toda yo soy un puro desatino
sin tu amor de autopista ,
sin tus caricias de whatsapp,
sin tus besos de móvil,
sin tus abrazos de puro deseo,
sin tu piel que me viste,
sin tu boca que se funde en la mía…

Se van contigo mis noches sin ti,
mis días de espera,
mis alegrías y mis miedos.

Imagen: Internet. Texto: Edurne


domingo, 27 de mayo de 2018

MEDIO ORFIDAL





Meto la mano en el bolsillo interior derecho
de esta mañana brumosa,
y me encuentro con las estrellas de noches anteriores
acurrucadas entre los pliegues del forro.
Están dormidas.
Me dan pena,
son como niñas chicas.
Intento espabilarlas.
Solo consigo un poco de polvo
impregnado de sueños inconclusos,
lágrimas secas de tanto esperar
la orden de salir a escena,
sonrisas envueltas en fina ironía,
recién llegadas del departamento
de sonrisas olvidadas y resentidas…
Ninguna entera,
ninguna que brille con luz propia,
ninguna que sea solo mía…
Las miro desde la distancia,
no en vano llevo la cabeza
sujeta con una cuerda
trenzada de días invisibles.
 El helio me lleva de acá para allá,
embriagada de penas rancias
al aroma de conformidad incómoda
y persistente.
Tocan a diana,
y ni siquiera tengo
manta de la que tirar.
La culpa es del medio orfidal
que se adentró anoche por mi canal sanguíneo,
que se distrajo enredando por mis conexiones oníricas,
y que, al final,
se instaló cómodamente
en las áreas de descanso
de mi despistado cerebro,
— las pobres,
ay, inesperadamente alteradas
por un extraño visitante—.
Prefiero mi insomnio crónico,
el conocido,
el de ondas hertzianas bajo la almohada,
con esas voces moduladas y lejanas
que saben cómo cantarme,
cómo contarme:
Tengo, tengo, tengo,
tú no tienes nada ,
tengo tres ovejas en  una cabaña…
Una,
dos
y tres.
Prefiero mi insomnio de suspiros
ayes sincronizados,
medidos y acompasados.
Hoy llevo los ojos con limpiaparabrisas.
Trabajando a destajo.
¿Será que todavía estoy soñando ?


Imagen: Internet. Texto: Edurne



martes, 15 de mayo de 2018

NIEBLA




Congelados están los buenos momentos de la vida,

ocultos,

a la espera de que despeje por cualquier esquina.

La niebla,

espesa,

rodea todos mis días.

Respirar me cuesta,

caminar me duele,

y sonreír…

¡Ay, sonreír, se me olvida!


Texto y foto: Edurne. Malos momentos para mí y mi familia.

miércoles, 21 de marzo de 2018

PORTÁTILES 2.0






Amanecer con el corazón por los suelos,

recogerlo con mimo y guardarlo

en el bolso para cuando sea necesario.


Imágen: Internet. Texto: Edurne  #DíaDeLaPoesía


domingo, 18 de marzo de 2018

CUANDO 1 Y 1 SON 11




Pasada la primera década en la vida de un blog, se abre la puerta del futuro incierto. Caminar por el primer año de la siguiente decena produce un poco de vértigo.

Aguantar todos estos años sin haber echado nunca la persiana, modestamente, creo que tiene su mérito.
Verdad es que el número de comentaristas ha descendido notablemente, pero prefiero la calidad a la cantidad, así que eso no me preocupa. 
Y tampoco es menos cierto que mi nivel de producción ha bajado. C'est la vie!

Ya saben, esas cosas ocurren. Ocurre que la vida te persigue, que te hace unos marcajes muy, pero que muy duros. Y ocurre que te quedas como en stand by. No te apagas, no se te funden los plomos, pero te sientes una Bella Durmiente de hoy en día en espera del beso de un príncipe llegado de lejanas tierras para que te despiertes, ¡y arranques de una vez!
Pues ahí estamos.

Y mientras tanto, ya nos ha llegado otro 18 de marzo más, el número once, el undécimo. Celebrémoslo, les invito a un choque de copas. Chín-chín, por todos nosotros. Chín-chín por lo que aún tenemos por vivir, recorrer, aprender y ver.

Así que, un año más, ¡gracias mil por su compañía, callada o ruidosa, pero gracias!
Seguimos viéndonos por esta Orilla.
Un abrazo grande para todos: amigos y desconocidos.

Foto: De la memoria familiar, ¡y todos con cara de susto o de pillarnos desprevenidos...! (Verano del 71. Mis 11 años. Entre los 11 y los 12, me sobrevino el "Gran Cambio", con mayúsculas, el que me dio una vuelta de 360º. La vida, que no deja de sorprendernos a cada vuelta de cualquier esquina...). Texto: Edurne.

martes, 13 de marzo de 2018

EL SALTO DEL CANGURO




—¡Roseeee, que soy yo, abre, no te asustes!
—¿¿¿Jack???
—Que sí, que soy yo.
—No, no, yo no abro, ¿cómo vas a ser Jack, si tú eres un canguro? ¡Fuera, fuera, vete!
—Puedo explicarlo, pero ábreme, ¡por favor!
—Mira,  no insistas, no pienso dejarte entrar. No te conozco de nada.
—¡Vamos, Rose, solo he estado fuera unos días, ya sabes cómo es mi trabajo…!
—¿Tu trabajo? ¿Pero no ves dónde vivimos? Si fueras Jack sabrías que compramos esta granja para escapar, precisamente, de la esclavitud de nuestros trabajos. ¡No, tú no eres mi marido, a mí no me engañas!
—¡Venga, gordita, abre la puerta, que estoy agotado de tanto salto, ya sabes que no estoy acostumbrado a hacer deporte, y vengo así desde Melbourne!
—¿Me has llamado… Gordita? ¡Gordita solo me llama Jack!
—¡Yo, yo soy Jack, por eso te llamo gordita! ¡Abre, por favor!
—¿Desde Melbourne, que vienes saltando desde Melbourne? ¡Pero si vivimos en Adelaida! No sé qué es lo que está pasando, pero todo esto es muy raro, no te reconozco… ¡vaya una facha que traes! A saber por dónde habrás estado, y haciendo qué… ¡Fíjate qué uñas! ¡No soporto a los hombres, ni a los canguros,  con las uñas largas!
—¡Ya te he dicho que vengo saltando desde Melbourne porque he perdido el coche, o por lo menos no recuerdo dónde lo he dejado! Y en cuanto a las uñas, bueno… me dejé embaucar, perdí una apuesta y me hicieron la manicure semipermanente… ya, ya sé que estoy horrible. Pero te juro que me resistí todo lo que pude.
—¿Una apuesta, que perdiste una apuesta? ¡Pero si tú no sabes jugar ni al parchís, qué apuesta  has podido perder! Oye, ¿quieres dejar de dar golpes en el cristal? Lo vas a romper. Además no me fío ni un pelo de ti ni de lo que dices. No te pareces nada a mi Jack. ¡Que no, que no, que no te abro!
—Me estoy haciendo daño, Rose, y encima me mareo. ¡Anda, déjame entrar y te prometo que me corto las uñas!
—¡Ya, tú te quieres hacer ahora el bueno, el pobrecito, el que han engañado los amigotes, que si yo no quería…! Ya, pero yo solo sé que, suponiendo que seas lo que queda o en lo que se ha convertido mi marido, te fuiste el otro día, el lunes para ser más exactos, a que te revisara Joe el motor del “4x4”, y de paso al registro ganadero para las fechas de esquile de las ovejas… ¡Y mira, mira en lo que has vuelto convertido!
—Sí, todo es muy raro, ni yo mismo sé muy bien cómo ha sucedido este lío, pero de lo que sí estoy seguro Rose, es de que soy Jack, tu marido y el padre de Al y Alf.
—¿Sabes el infierno que he pasado estos días? Yo sola, aquí, con los gemelos, sin saber qué pensar ni qué hacer, ni a quién acudir. Te llamé y llamé compulsivamente, pero tu celular estaba fuera de cobertura. No quería avisar a mi familia por no asustarlos, y por vergüenza, porque seguro que me iban a decir aquello de “ya te lo dijimos, sabíamos que no era de fiar, que tenía un pasado un tanto… salvaje”. ¡Y tanto que salvaje! Y a la Police tampoco, ellos me habrían dicho que seguramente habías salido a buscar tabaco, y todos sabemos lo que significa eso en estas tierras…
—Por dios, Rose, no me hagas llorar, que ya sabes lo sensible que soy, y todo esto me tiene trastornado. ¡Ayúdame, por favor!
—¡Pero si es que eres feísimo, Jack! ¿Qué voy a hacer contigo? ¡Qué horror, no, los niños no pueden verte así!  Nos asustarías a cualquier movimiento que hicieras, lo romperías todo, y es que se ve que no coordinas muy bien lo de ponerte en pie. Por no hablar de otras situaciones más embarazosas… Y vaya cola larga y dura, qué miedo, my God, que no, que no, no insistas…
—¡Roseeee! ¿Ves? ¡Ya has conseguido hacerme llorar!
— ¿Y… sabes si esta facha se te va a pasar algún día, si hay que hacer algo especial, si te han intoxicado, te han embrujado o…? Es que esto es raro, pero raro, raro. Parece un nuevo capítulo de La Metamorfosis de Kafka, aunque no te llames Gregorio. ¿Seguro que no es un sueño, una pesadilla más bien?
—¡Ah, pues mira, no se me había ocurrido pensarlo! ¿Y si esperamos un poco a ver si nos despertamos, al menos uno de nosotros, y ya si eso, vamos viendo qué hacer…?
—Bueno, no tenemos muchas más opciones, por probar… De verdad, Jack, ¡me das unos disgustos! ¿A quién se le ocurre meterse en el sueño de su mujer, y con semejante pinta? Venga, vamos a ver si nos dormimos y luego despertamos a la realidad… ¡Pero lo primero que vas a hacer es cortarte esas uñas!
—¡Que sí, Rose, anda, duérmete de una vez! Pero me abres la puerta, eh, no vaya a ser que me dejes aquí fuera, a la intemperie, con todos esos canguros salvajes dando saltos de un lado a otro…
—¡Sííí, shhhhhhh, venga, calla! ¡Melburne, que viene saltando desde Melburne, eso no se lo cree ni él!


Vídeo: Internet. Texto: Edurne