viernes, 26 de junio de 2020

LUCES DE POSICIÓN



Las luces se iban encendiendo según avanzaba. Si miraba hacia atrás, la oscuridad volvía a ganar terreno. No recordaba dónde había dejado el coche, el parking tenía cinco plantas y él estaba en la primera, o eso creía, porque ese aparcamiento, el más grande de la ciudad,  tenía al menos tres entradas, cada una en una calle distinta y que daban a diferentes plantas. Ya no sabía por cuál había entrado. Era tarde, demasiado. Maldecía el momento en el que se dejó embaucar por Manuel para esa timba en casa del tipo del pub, además le habían chupado hasta lo que no tenía. Era un imbécil, ya no había duda alguna.

Caminaba nervioso mirando a un lado y otro intentando activar la apertura automática del coche con la llave, pero nada, ninguno respondía a su insistente llamada. Un olor fuerte y nauseabundo a gasolina le puso las ganas de vomitar en la boca del estómago. La náusea se le subió hasta la garganta. Era el miedo. Y los cubatas a palo seco que llevaba encima, pensó. Se apoyó junto a una columna, todo le daba vueltas. Vomitó. En la rueda delantera del Skoda todoterreno de la parcela que estaba a su izquierda quedó todo el producto de la arcada. La alarma saltó, chillona, chivata, descarada… Shsssssss.

De pronto, las luces de los coches aparcados se fueron encendiendo  como en un intrincado juego de luces, delatándolo. Un pasillo, otro, no… todos eran iguales. Volvía una y otra vez sobre sus pasos. Se guiaba por los luminosos de “salida”, seguía las flechas… pensaba que había recorrido todas las plantas, pero siempre terminaba junto a la misma máquina de la entrada, la de pagar, la que tenía quemada la tecla del 5. ¿O es que había más?

El techo, con esas tuberías enormes, sucias, ruidosas, se le echaba encima. Las columnas avanzaban hacia él… se iba a volver loco. La llave, dónde estaba la llave, si hace un momento todavía la llevaba sujeta, tenía el puño  cerrado, ¿pero la llave? Buscaba ansioso en los bolsillos del pantalón, de la americana…

El suelo, de un gris brillante, reflejaba esa luz confusa de los parkings. Enseguida pensó en las cámaras, en que tenía que haber cámaras de vigilancia, en que alguien tendría que estar viendo lo que sucedía, que estaba perdido, asustado… Le faltaba el aire.

Los aparcamientos subterráneos eran una trampa, nunca debió dejar allí el coche, pero esa tarde andaba con prisa y aquella P gigante lo atrajo, después la enorme boca abierta lo engulló. Para cuando quiso darse cuenta estaba dando vueltas en las entrañas de la ciudad, buscando una parcela libre donde soltar su viejo Ibiza. Una planta, otra, otra y bajando, bajando…

Y ahora estaba allí, perdido entre coches desconocidos, sucias columnas, pasillos enrevesados, salidas imposibles, ruidos extraños y malos olores: monóxido de carbono de los tubos de escape, gasolina  de los pequeños charcos que dejan los vehículos con alguna fuga… Solo en una pesadilla, sin saber dónde estaba su coche, sin la llave de su coche… ¿Qué estaba ocurriendo?

En la cabina del guarda de noche, las pantallas de los ordenadores iban pasando, alternativamente, imágenes de las cámaras de seguridad. Todo correcto. Solo había una que proyectaba un gris continuo, la de la cámara número 5 en la tercera planta. El guarda tenía puestos los cascos y dormía plácidamente, o eso parecía…

Imagen: Internet. Texto: Edurne


domingo, 17 de mayo de 2020

INSUMISIÓN






Tengo los sentimientos revueltos,
en pie de guerra.
Han decidido no guardar las distancias de seguridad,
ni medidas de prevención alguna.
Salen  a la hora que quieren y les da la gana,
que ellos son muy suyos;
me hacen caceroladas
al mejor estilo “salmantino”,
¡ni medio metro los separa!
Niegan la evidencia:
que al día se me mueren más de mil ilusiones,
que tengo los sueños entubados,
el sistema colapsado
y la vida confinada “a perpetuis”.
Me dicen censora,
dictadora,
castradora…
La revuelta de los insumisos, 
la llamo yo.
La conjura de los miedos,
dicen ellos.



Boceto: Antonio. Texto: Edurne



domingo, 26 de abril de 2020

DEL CONFINAMIENTO AL VÉRTIGO, Y AL LEVANTAMIENTO DE LA VEDA INFANTIL




Ha pasado mucho tiempo desde que estamos en esta situación extraña, como de ciencia-ficción, pesadilla que no se acaba nunca. Es como el día de la marmota: un día que sucede a otro casi igual. Hoy te aventuras a salir a la calle para hacer la compra, y te toca hacer colas, mirar con temor al que tienes delante o detrás, guardar la distancia de seguridad, comprar algo de lo que hayan dejado los arrasadores oficiales de alimentos y productos x… Volver a casa mirando a todas partes procurando no cruzarte con demasiada gente, y empezar con el siguiente proceso, el de desembalaje, limpieza y desinfección, guardar las cosas, cambiarte tú, lavarte y volverte a lavar… ¡Una tortura!

Casi se me había olvidado cómo eran las voces infantiles, las figuras de criaturas saltando, corriendo por la calle, preguntándolo todo, llorando, reclamando… ¡Hoy he visto niñ@s! Y me he asombrado a mí misma mirándolos como si no hubiera visto un@ nunca. ¿No me digan que no es para reír, si no fuera realmente para llorar?

¿Y las personas mayores? Yo tengo a mi madre en casa, casi 87 años, formalita y disciplinada, obediente… No en vano  son la generación que ha vivido bajo el yugo del miedo, del no salirse del camino marcado… Pero hasta ella, mi ama, que está tan tranquila en su casa haciendo mil cosas, está harta ya. El otro día me lo dijo: “hija, ya sabes que yo soy muy casera, pero, ¡desde el último día de la pelu (¡otro drama!) no he salido a la calle! Cuarenta y seis días confinada, y eso con la tremenda suerte de tener una terraza por la que pasear y solazarse de vez en cuando. Pero tienen mucho tiempo para pensar, y ¿qué piensan? Pues no es difícil de adivinar. Han pasado una guerra siendo niños, miedo y miseria. Una postguerra durísima, una vida adulta llena de sacrificios, y ahora… esta incertidumbre, este enemigo invisible y silencioso.

Yo sí que tengo miedo, y angustia, ansiedad… Tanta es la tensión, la responsabilidad que cargo que llevo una semana totalmente vertiginosa, volátil e inestable. Hacía tiempo que no padecía una crisis de vértigos como esta. Voy capeando como puedo, pero mal, mal…

Yo también cuento los días, ahora los cuento, al principio no, pensaba que iba a ser algo más rápido, menos letal a todos los niveles. Llevo dos meses y dos días sin ver a mi pareja, nos separan malditos 400 kilómetros, ¡y a saber cuándo podremos volver a vernos! Los kilómetros da igual, mi hermano tampoco puede ver a la suya, que está a 30. ¡No, no quiero que esto sea lo normal de ahora en adelante!

Y tengo miedo por todo. Nos hemos acostumbrado a quedarnos dentro de nuestros caparazones, de estas conchas protectoras. Y luego, ¿qué? Claro que si me pongo a pensar en todos los que no tienen conchas protectoras, que no tienen a nadie que les de cobijo, cariño, consuelo… La sangre se me hace bilis.

Me quedo mirando por la ventana, o salgo a la terraza, a escuchar, a ver… A no oír nada, a no ver nada ni nadie. ¿Qué mundo es este que nos han puesto delante, de la noche a la mañana? ¿Cuándo va a venir el príncipe a besarnos para poder despertar de este letargo, de este sueño infernal?

Las ocho de la tarde. Como por arte de magia, aparecen ventanas y balcones llenos de gente. Aplaudimos. Suelto un irrintzi. Aplaudimos. Desaparece la vida de nuevo. Cinco minutos. Ojos que vienen y van, gente desconocida que vive en tal o cual casa y tú no conocías. Saludos, abrazos y besos al aire con los vecinos de toda la vida. Signos de fuerza y victoria. Cinco minutos.

Unos días sale el sol, incluso hace calor. Primavera, bajas los toldos, sacas las hamacas, sientas a la madre, te pones a leer… Otros días, hay enfado en el cielo, nubes grises, brumas y vientos con mala leche. Agua, cabreo celestial.

Uno, dos y tres, uno, dos y tres…. ¿Ejercicio? Caminas por el pasillo, por la terraza, haces que haces. La báscula del baño está escondida, ni ella quiere que la mires. Mejor.

Sales otra vez, aprovechas el carro y vas al supermercado que está cerca de tu casa, subes a echar un vistazo, a ver que todo está en orden, subes y bajas persianas, riegas las pocas plantas que se mantienen vivas para que tú las veas y les digas cosas bonitas, que las arengues y animes a seguir luchando… Y de vuelta a la “casa matriz”. Cuando entras, la madre te mira con ojos de pena, te pregunta sin palabras, te abraza sin tocarte, te agradece sin querer llorar, con los ojos acuosos… y tú que disimulas y le das el parte de “guerra” como si fuese algo totalmente rutinario.

Mantenemos nuestra clase semanal de escritura en modo on line, y ese es un momento esperado por todo el grupo, dos horas para vernos y oírnos, para avanzar y también hacer un poco de terapia. Un breve espacio para sentirnos unidos a esa otra vida que teníamos antes de todo esto.

Estoy constreñida, toda yo. No escribo, no me sale nada de dentro, si no es amargor. Las palabras se me han encerrado en una caja vieja de zapatos, se han hecho fuertes allí y no ceden a mi acoso. Lo intento, pero no tengo tantas fuerzas ni tantas ideas como antes. Ya no soy la misma, me han dado el cambiazo, lo siento hasta en mi forma de caminar, cansada…

Vuelvo la cabeza, con sumo cuidado, y observo el horizonte más lejano que abarco con la mirada: un trocito de verde apagado que linda con el cielo plomizo y enmarcado entre edificios durmientes. Las dos y media de la tarde. No tengo hambre pero sé que tengo que comer.

Dejo constancia de que aún estoy viva, de que los míos lo están, de que todavía somos sensibles al amor y al dolor, de que dentro de nosotr@s brilla el sol y la vida bulle pidiendo ser vivida.

Hasta que nos volvamos a ver por calles y veredas, por montes y playas… Cuiden de ustedes, cuiden los unos de los otros, cuiden de la casa común, y no se olviden nunca de ser felices, a pesar de todo y de todos.

Continuará…

Foto y Texto: Edurne (lanzo esta botella tal cual, no he corregido nada, disculpas. He aprovechado un momento de “aquítepilloaquítemato” y esto es lo que ha salido).


miércoles, 18 de marzo de 2020

ANNO TERTIODECIMO. Desde La Orilla en tiempos convulsos.




Y van trece. Un año tras otro y hemos llegado al número maldito (yo no tengo nada en su contra, pero esta vez no sé qué pensar), al doce más uno.

Tiempos convulsos. Alguien ha dejado la puerta abierta y se nos ha escapado un virus puñetero y vengativo que anda haciendo estragos por acá y por allá.

Tiempos del Coronavirus. Todo nos lleva a recordar aquellas plagas y pestes de la Antigüedad: las siete plagas de Egipto, la peste de la Edad Media… ¡Y tantas otras! Y cómo no, también está “El amor en tiempos del cólera”.

A partir de ahora todo será distinto. Ya es distinto. De la noche a la mañana nuestras vidas han cambiado. Un tsunami está recorriendo el mundo. A la Orilla también llega el oleaje alterado, escupiendo rabia, impotencia y dolor. Calma. Dicen que después de la tormenta, escampa, siempre, siempre escampa (mi compa Mercedes dixit).

Hace trece años, cuando decidí arremangarme y dejar que las olas juguetonas de esta Orilla mecieran mis sentimientos, mis angustias, mis alegrías… no imaginaba yo que iba a vivir tiempos de sufrimiento, de pérdidas, de incertidumbre, de enojo y confusión. Claro que también ha habido una buena ración de risas y cosas buenas. La vida misma.

Como vengo haciendo todos los 18 de marzo desde que abrí este rincón de encuentro, de compartir y aprender, tengo costumbre de acompañar el texto con una foto mía de esa edad. Este año toca una muy graciosa, aunque yo esté superseria, casi asustada ante la cámara. Tenía trece años, y ya sabía lo que me gustaba (no todo) y lo que no (no todo), pero el aprendizaje de vida ya había comenzado un poco antes. Han pasado 47 años entre esa foto de cabecera y la que cierra esta crónica. Mucha vida.

Gracias mil por seguir acompañándome en mi periplo particular. Este espacio, y tod@s l@s que habéis chapoteado en él antes o ahora, ya formáis parte de mi curriculum vitae.

Son momentos duros estos de ahora, pero estoy segura de que saldremos reforzados de este torbellino de miedos y desconciertos varios. Si todo el mundo aporta lo mejor, si hacemos las cosas con responsabilidad, si somos solidarios, si apoyamos a los más débiles y vulnerables y mantenemos la esperanza y la confianza… ¡Todo saldrá bien!

No se olviden de ser felices a pesar de los pesares, de mantener el tipo por los que no pueden, de afianzar los afectos, ya estén cerca o lejos, de mirar a la vida con otros ojos, y de descubrir lo pequeño en medio de la inmensidad de nuestro ruidoso mundo, ahora en silencio.


¡Cuídense! Y gracias por estar ahí. MILA ESKER!

Fotos: De la memoria familiar, invierno de 1973, y selfi postpeluquería, marzo 2020. Texto y reflexión: Edurne

domingo, 8 de marzo de 2020

MARTXOAK 8 / 8 DE MARZO





EMAKUMEOK ZUTIK!


Vídeo: Youtube

sábado, 29 de febrero de 2020

¿QUÉ PASA?




                                                                              
¿Qué pasa que no me reconozco? Me miro al espejo y tengo que escudriñar largo rato tras el gesto apagado de la que me mira para encontrar un leve rastro de la que soy, de la que era…

Hago y deshago, entro y salgo, compongo y descompongo, pienso y despienso (palabro de mi invención), río (poquito) y lloro (bastante), duermo (poco y mal) y despierto… En fin, todas esas cosas que se supone que hacemos las personas, pero…

No, que no. Nada es igual. Es y no es. Algo ha cambiado dentro de mí. Tengo atasco de todo: emocional, social, intelectual, de salud, literario, vital… Y no veo cómo darle la vuelta a la tortilla. Ya, ya sé que todo el mundo me dice que tranquila, que ya iré pasando por esta fase y entraré en otra más amable. No sé yo. Mi cuerpo ha cambiado (en serio, ha cambiado), mi mente va un poco a su bola, no me hace demasiado caso. ¡Un motín en toda regla, ya les digo!

Y para colmo, el coronavirus de las narices (ahora mismo oigo la cantinela en la tele, en la radio de la cocina). Sí, sí, ríanse, pero nos están bombardeando y aunque una quiera mantener la calma, te meten la angustia hasta en sueños.

Y hablando de sueños, hasta en el mundo onírico tengo rebeldes. Ahora me paso unas noches de lo más chungas; el otro día, sin ir más lejos, mi amama (abuela) estuvo persiguiéndome toda la noche: sueño en el que entraba, sueño en el que ella me esperaba… ¡Por dios, qué sustos! Ya me tuve que poner seria con ella y llamarla al orden, pero nada, creo que ejercía el poder de la edad y hala, conmigo a todas partes. Lo que no sé es si quería decirme algo, o simplemente que tenía ganas de verme… Lo mismo todo esto tiene que ver con que me he enfrascado en la elaboración de mi árbol genealógico y claro, ando toda revuelta y emocionada. ¡Vaya usted a saber!

Pues ya les digo, que he entrado en la década prodigiosa un poco p’allá. Espero coger el ritmo y empezar a caminar por ella a otro compás. La jubilación se me ha atragantado. Y todo el mundo me dice que estaré como una reina, haciendo lo que me dé la gana… ¡Que no me lo vuelvan a decir, que no me lo vuelvan a decir….!

De momento, mi lentitud se nota también en esta Orilla. Apenas escribo, no me da el cuerpo ni la cabeza, ni el tiempo. ¡No llego! Los libros se me acumulan en columnas tambaleantes. En mis ejercicios del Taller también estoy anquilosada, no fluyo como debiera, ¡qué cruz!

Sábado 29 de febrero de este año bisiesto (mi aita siempre recelaba de los bisiestos), son las diez de la noche, y me he puesto frente al ordenador obligada conmigo misma, me estoy retando, no crean, es un “a ver quién puede más”. Para animarme me he puesto música de mi gusto: The Mamas & The Papas, The Supremes, Martha Reeves & The Vandellas, Chuck Berry… y otros por el estilo. Han hecho su efecto, porque primero me he liado a ordenar y limpiar baldas y revisar papeles y… ¡Ufff! ¡Y también me he echado mis bailes, ay, mis bailoteos de siempre, cómo me gusta bailar!

He sido capaz de escribir treinta líneas al menos, bueno, no está mal. Para rematar el mes y cumplir, creo que ya vale, ¿no les parece? Pues aquí lo dejo, seguiré reflexionando y explorando estos nuevos caminos que me han tocado en suerte, buscaré un buen calzado para transitar por ellos sin tropiezos.

¡Hasta la próxima! Y gracias por seguir ahí. Me sean felices, hagan el favor.

Foto y Texto: Edurne

viernes, 24 de enero de 2020

SEIS LUNAS



Seis lunas
para iluminar mis noches.
Seis soles
para acompañar mis días.
Seis plumas
para escribir mi llanto
en esta orilla de la vida.
Seis penas
que llevo escondidas
entre la mirada huidiza
y la sonrisa de mentira.
Seis los años
que cuenta el calendario
de mi angustia.
Seis vueltas a la esquina
cada vez que te pienso
y no te encuentro.
Seis veces
que ya te has ido,
y seis las que me vuelvo
cuando sé que estás conmigo,
cuando siento tu mano
sujetando mis miedos,
susurrando mi nombre,
así,
bajito, bajito...

Foto: La foto más especial de las que tengo con mi aita, de la memoria familiar. Texto: Edurne. 
HOY, 24 DE ENERO, A LAS 6 DE LA MAÑANA DE HACE SEIS AÑOS, Y DE MI MANO, MI AITA SE FUE EN BUSCA DE OTROS MUNDOS. CERRÓ UN CICLO. SEIS AÑOS SON UNA ETERNIDAD SIN ÉL, PERO SIGUE PRESENTE EN NUESTRO DÍA A DÍA, EN CADA PALABRA, EN CADA MIRADA... BETI GUREKIN, BETI ZUREKIN!

martes, 31 de diciembre de 2019

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)


Estas son las uvas de la ira número 13. ¡Ya son años los que llevamos compartiendo uvas, eh!

Al igual que la semana anterior, las prisas me tienen pillada. Eso y que ando lenta, que estoy atascada, que el desmadre emocional que me desborda ha hecho de mí una Edurne un poco irreconocible para mí... ¡Qué se le va a hacer, ya volverán las aguas a su cauce!

Después de estas fiestas intentaré encauzar mi nueva situación, y entonces, tal vez, pueda ser capaz de hacer eso de los balances vitales. Dejar toda una vida atrás y encontrarte frente a una puerta medio abierta... da un poco de yuyú, no se crean.

Pero bueno, dejémonos de tonterías ahora, que hay prisa, que el año se está escapando por las rendijas, y ya veo cómo asoma el morro ese gordito redondo llamado 2020. ¡Entramos en los  locos años 20!

Escribo con el verde de la esperanza, por si ayuda en eso de los deseos y pedidos, encomiendas y demás ternuras de la época.

También me sigo apuntando a las gracias graciosas, a las del corazón, vamos, a las del agradecimiento por la compañía y los buenos ratos. Abro mis brazos y abarco a todos los buenos amigos que llevan pasando por esta orilla tanto y tanto tiempo, y con este abrazo virtual quiero hacerles llegar mi afecto y mis más sinceros deseos de todo lo mejor para sus vidas.

Levantemos las copas y brindemos por un mundo mejor.
¡FELIZ AÑO 2020! URTE BERRI ON!

¡Ah, y mi recomendación de siempre: me sean felices!

Foto y texto: Edurne. Uvas: De la cocina de mi amatxu.

martes, 24 de diciembre de 2019

ESTA NOCHE ES NOCHE BUENA Y MAÑANA...


... Y mañana, ¡Dios dirá!
Día de prisas, tarde de agobios... 
Bueno, solo quería acercarme y dejar en esta Orilla un pequeño remanso de paz: desde la Reserva del Urdaibai, un villancico tradicional de estas tierras: "Hator, hator..."

Que sean ustedes muy felices, que la paz reine en sus vidas y que... nos sigamos encontrando por esta Orilla.

Un abrazo y todo mi cariño.
¡FELIZ NAVIDAD!
EGUBERRI ON!
;)

Vídeo. Youtube. Deseos: Edurne

domingo, 15 de diciembre de 2019

PARA TOD@S VOSOTR@S : una carta de agradecimiento y despedida




Cuando era pequeña, allá por la recién estrenada segunda mitad del pasado siglo, y veía mi vida como un largo camino, pensaba que me iba a dar tiempo para hacer todo lo que quisiera. ¡Ingenua de mí! Han pasado muchos años, muchos, tal vez diría que demasiados, aunque, nunca son tantos como pensamos, y de todos aquellos sueños, aquellos planes… el que de verdad he podido cumplir hasta el final ha sido el de mi vocación, temprana, de ser maestra. Claro que también quería ser titiritera, espía, payasa, escritora, misionera, bailarina, bibliotecaria, enfermera, arqueóloga… ¡Y tantas cosas más! Todavía sigo queriendo ser unas cuántas de esas… ¡Tal vez ahora pueda!



Viernes 20 de diciembre de 2019, último día de una etapa de mi vida que se cierra, mi periplo más largo, más provechoso, duro y alegre (de momento). La nostalgia, que me viene rondando y anudando las entrañas y la garganta desde hace tiempo, me empuja a que os escriba esta carta.

No he tenido hijos, pero el destino me tenía preparada esta otra “maternidad”, la de ser la maestra, la andereño, de tant@s y tant@s... En treinta y ocho años de profesión, treinta y nueve cursos escolares, ¡uf, sois una legión quienes habéis pasado por mis manos! Incluso he sido andereño de algunos de vuestros hijos e hijas... Más orgullosa no puedo sentirme. 



Siempre he tenido miedo a estropear tan preciada mercancía. Las dudas me han asaltado hasta el último momento: ¿estaré haciéndolo bien? El material humano, y más si son niños, adolescentes, es lo más delicado que hay para trabajar. Si erramos, lo hecho no es algo que pueda borrarse y volver a empezar. Lo hecho, hecho está, ahí queda, y el error le puede fastidiar la vida a esa criatura.



Pero estoy tranquila, habéis salido al mundo, y no es el mundo el que os ha comido, sino vosotr@s quien se lo come, tenéis buenas herramientas entre las manos y sabéis usarlas.
También estoy contenta porque much@s de vosotr@s habéis seguido mis pasos y ahora os dedicáis a esta bendita profesión. Un@s cuánt@s habéis hecho las prácticas de Magisterio conmigo; otr@s, en algún momento, habéis trabajado, o incluso ahora mismo trabajáis, en la escuela… ¿Entendéis eso del orgullo? Es como el orgullo de una madre.

Jubilación. ¡Qué palabra tan fuerte! A mí se me ha metido hasta el tuétano y mientras que no la digiera bien digerida, me va a estar machacando noche y día. Acostumbrarse a los cambios es duro, difícil… Ya lo iréis comprobando, de hecho ya habéis hecho algunos cambios en vuestras vidas, unos porque han de llegar, otros, voluntarios, y otros porque vienen sin avisar y nos dejan descolocados. ¡Así es la vida, querid@s!



Siempre me he vanagloriado de mantener una buena relación con mis alumn@s, y creo que soy una gran privilegiada, porque, a ver, ¿cuánta gente de mi profesión puede decir que a pesar de los años pasados todavía mantiene el contacto con un nutrido grupo de sus pupil@s? Yo sí puedo decirlo, y presumo de ello.

Seguir vuestros pasos más allá de la escuela no ha sido difícil, siempre he preguntado a unos y a otros, aquí y allá… Siempre he estado al tanto de vuestros progresos y me he alegrado de esos logros merecidos. ¡Sois mis niñ@s!

Andereño Edurne. ¡Suena tan bien! No quiero ser otra cosa que andereño Edurne, siempre seré andereño, maestra, ¡hasta que me muera!



Sé, por experiencia, porque yo también he sido niña, adolescente, joven alocada… que hay profes que se quedan en tu corazón para siempre, yo tengo un@s poc@s. De hecho, hace unos meses, y por uno de esos azares maravillosos de la vida, pude contactar de nuevo con mi querida profe de Francés del Instituto, Yvonne. La emoción que le hizo saber de una de sus alumnas, que además la había recordado toda la vida y que ahora tenía la oportunidad de decírselo… fue terrible. ¡Uf, me emociono solo de volver a recordarlo!

Sé también, que much@s os seguiréis acordando de mí, (¡espero que bien!), y que otr@s me habrán borrado de su vida hace tiempo ya. Es imposible caerle bien a todo el mundo, resultarle buena profesora, que sientan que les eres cercana, que crean que en realidad te preocupas por él, por ella…



Pero lo que sí quiero que sepáis es que de tod@s vosotr@s, y mirad que sois chiquicientos…, he aprendido mucho. He aprendido de vuestros problemas, de vuestras reflexiones, de vuestras vivencias, de vuestros razonamientos, de vuestras cabezonerías, de los malos y buenos tragos que me habéis hecho pasar, de lo que he sufrido y lo que he disfrutado con vosotros… Habéis hecho que nunca haya dejado de ser esa Edurne niña que salía del cole todas las tardes como si acabara de llegar de la guerra de los Cien Años: despeinada, con las manos manchadas de bolis de todos los colores, con los leotardos del uniforme retorcidos, con la goma de saltar saliéndose por el bolsillo de la bata, y con esa sonrisa inocente y picarona pidiendo la merienda a ama, y con un poquito de miedo por tener que decirle a aita que no había terminado todos los trabajos de clase… ¡En fin, cómo no me iba a identificar yo con vosotr@s!



Sé que ya sois unas mujeres y unos hombres de provecho, y que l@s que están en el camino, también lo lograrán. Da igual a qué nos dediquemos, no todo el mundo puede ser ingeniero, piloto, arquitecto, físico… en la vida somos de todo, necesitamos de todas las profesiones. Solo tenemos que poner empeño y mucho cariño en lo que hacemos. La de maestr@ es la profesión de profesiones. Para ser lo que sea que queramos o podamos ser… hay que pasar por la escuela. Y ahí es donde estamos nostr@s, esperando a que años tras año lleguen nuevas generaciones a las que educar y enseñar a ser buenas personas, que en definitiva es lo más importante de todo.

Espero haber estado a la altura, con todos los fallos y defectos que arrastro (es lo que tiene ser humano y no máquina), yo he intentado dar todo lo mejor de mí y hacerlo lo más ameno y divertido posible. Recordad que el saber no ocupa lugar, eso me lo decía siempre  mi amama. Sabed que os quiero a tod@s, que podéis contar conmigo para lo que queráis o necesitéis. Habéis sido un regalo para mí.



No os olvidéis nunca de luchar por aquello que creáis justo, ni de perseguir la felicidad, y mucho menos de ser buena gente…
¡Ojito, que os estaré vigilando!

Bihotz-bihotzez
                            Andereño Edurne 




Fotos: De mi memoria personal. Texto, lágrimas, moqueo, sentimiento, alma, corazón y vida  y demás: Edurne
* Escribo en castellano puesto que la carta la voy a publicar en medios en los que quienes me vayan a leer no tienen porqué saber Euskera. 











sábado, 7 de diciembre de 2019

¡YA ESTÁN AQUÍ! LOS 60 HAN VENIDO PARA QUEDARSE




Pues sí, parece mentira pero ya han llegado. Llevaban un tiempo amenazando con venir, yo me hacía la loca, que no, que no, que sesenta son muchos ya, que todavía no me ha dado tiempo a … ¡tanto! Pero nada, ellos dicen que cumplen el protocolo, que no cabe recurso de casación ni protesta alguna, son sesenta y vienen todos juntos, de golpe. Dicen que es mejor así, que ya veré dentro de unos meses cómo me acostumbro a eso de: ¿edad? Y que me saldrá sin pensarlo apenas, “sesenta”. ¡Toma ya!  Que tendré que atender en la cola de la frutería a eso de “señora, ¿algo más?”

Pero vamos a ver, si yo lo único que recuerdo es que mi ilusión era tener 10 años, pero solo 10, por eso de los dos dígitos, ¡y punto! Ni caso. Y todos los años uno más, y uno más, y otro, y hala, toma ahora cambiamos de década, y otra vez… ¡Y aquí estamos! Esto es muy fuerte, oigan, muy fuerte, porque, vamos a ver, pasas a los sesenta, en mi caso me jubilo (merecidamente), y de pronto eres “CESANTE”, en los papeles que te mandan del gobierno, te dicen que tal día cesarás en tu condición de funcionario de carrera y que pasarás a ser pensionista. ¡Socorroooo!

Y ahí están los malditos sesenta, riéndose a mandíbula batiente (me quedo con el lugar común, total ya tengo 60…), se lo están pasando pipa con mi agobio.

Además, del maremágnum emocional que tengo por las tripas, llevo haciendo un duelo de esos potentes desde hace meses, y que ahora lleva un mes azuzando a base de bien en forma de gripe complicada. No levanto cabeza. Total, que me jubilo el día 20 de diciembre, de semejante guisa, ¡pues vaya!

¡Qué vida esta, eh! Te pones ahí en plan dale que te pego a trabajar, a estudiar, a planear, a trabajar, a estudiar, a esto, a lo otro, a lo de aquí y lo de más allá, a caerte, a levantarte, a reír, a llorar, a correr, a pasear y… Y de pronto, se cruza en tu camino esta cuadrilla de petardos, que viene a recordarte que: ¡Alto ahí, guapita, que las cosas no son así, echa el freno! ¡Y cualquiera les dice que no!

Y en esas, en estas, estamos, estoy más bien. Que hoy cumplo. Habrá que congratularse porque todavía puedo contarlo y echar unas rabias y unas risas. Se abre ante mí un nuevo paisaje (nuevo en parte, lo demás es una continuación de lo que ya tengo). Soy activa e inquieta por naturaleza, tengo recursos para nadar por el estanque sin ahogarme demasiado, así que con unos buenos manguitos, creo que saldré a flote.

Gracias mil a todos y todas los que seguís acompañando a esta orillera desde hace tantos años. Procuraré seguir guardando el horizonte como se merece.

Y permítanme que hoy el brindis sea por mí, porque sea capaz de sobrevivirme y dar lo mejor que mi persona en el tiempo que aún me toque seguir en la carrera de la vida.

Mejor reír que llorar, ¿no les parece?



ESKERRIK ASKO!


Fotos: De la memoria familiar y de mi perfil de WhatsApp. Texto: Edurne

domingo, 17 de noviembre de 2019

DUELO A GARROTAZOS (LA RIÑA)





Siempre es difícil versionar, o inspirarse en una obra de la categoría de esta que nos ocupa. El pintor, Goya, un icono de la pintura española, ha sido maestro de maestros y fuente en la que han bebido artistas de todos los tiempos. El universo pictórico del de Fuendetodos abarca la mayoría de los campos. Y el sentimiento, del tipo que sea,  aflora cuando su pincel es manejado desde dentro: por las tripas, por el corazón…

Este “Duelo a garrotazos” es una de las archifamosas “Pinturas negras”, concebidas para decorar la Quinta del Sordo. Hasta ahí su origen. Pero, ¿qué hemos querido ver, interpretar… en esta pintura? Podemos considerar a Don Francisco como el gran cronista social de la época, de esa transición, de ese levantamiento contra la tradición, de ese coqueteo con lo que viene de fuera, y que, al final no se sabe si era tan bueno…

Goya lucha con él mismo, y a la par que su sordera avanza,  potencia su visión más amplia de la sociedad. No quiere perderse el espectáculo. Y asiste a él con toda la rabia que le explota en las manos.

Esta versión, bebe del cuadro original, pero a la vez escucha melodías postmodernas. El Neoexpresionismo de Anselm Kiefer está presente, no solo en la estructura, un cuerpo yacente esperando a que su destino sea cumplido, sino también en ese vaso comunicante con la pintura de Goya, ese espectáculo al que asiste la sociedad. Y a la vez salpica el lienzo de colores de feria, muy actual y muy frío también…

¿Remisniscencias? Hay quien quiere ver en esta obra la pugna fraticida, la lucha por ver quién es mejor, quién termina con quién, quién impone sus ideas… Ustedes mismos. Tal vez sea cosa de los tiempos que nos ha tocado vivir, que todo es cíclico, que no aprendemos, que…
¡Pasen y vean!

Pintura: "La riña", para la exposición "Interpretando El Prado" de La Carpa. Antonio. Texto: Edurne


martes, 12 de noviembre de 2019

NE ME QUITTE PAS




No,
no hace falta que me olvides,
amor.
Tu recuerdo ya duerme
en mi descuido,
acunado por los brazos de la pena,
de la rabia silenciada.

¿Ves?
Mi piel ya se vistió de hielo,
ahí quedaron la miel,
¡y el mar!
Huérfanos para siempre
de tu boca,
de tus manos...

No,
no hace falta que huyas
de mis sueños.
Aprendí a
dormir sin despertar,
a decir sin hablar.

No,
no hace falta que me arranques
de tu vida,
de tus horas…
Ahora es el momento.
Tú y yo,
desnudos
en un lecho de reproches
mudos .

Respira.
¡Así!
Tu aire ya es el mío.
Te tengo dentro.
Te pienso,
te río,
te duermo.
Te amo,
te odio…

Las calles han cambiado de rumbo.
Y yo, 
loca,
las camino buscando tus pasos,
los míos,
 nuestra historia…

No,
no hace falta que llores,
amor.
Mis lágrimas,
secas,
han desbordado el cauce
de esta loca pasión
sin principio,
sin fin.

Pintemos el cielo
de nuestros recuerdos.
¡Ahora!
De rojo,
de negro,
de fuego…

No,
¡Ne me quitte pas!


Vídeo: Youtube. Texto: Edurne