jueves, 22 de julio de 2021

22x4=88

 


                                                                   

Madre,

hoy te salió redondo el número,

y ya ves,

¡de resultas te cantaron

un doble infinito!

Parece que la vida,

al fin,

te devolvió con interés

lo que ya te andaba robando.

Ocho son también los meses

desde que asomó la nariz

la maldita pesadilla.

Tú no recuerdas mucho.

Mejor.

Fue lo peor.

Ahora estás,

y eres tú.

De nuevo tú.

Andábamos nosotros con los llantos

pegados a la piel,

con el sueño sin descanso,

con las manos cerradas,

bien apretadas,

como puños retando al destino.

Los ojos,

vacíos.

Las caras,

medio borradas...

Pero ahí estaban tus manos.

¡Tus manos, madre!

Ellas nos salvaron.

Ellas te salvaron.

Nunca las soltamos,

nunca las soltaste.

Sabías,

de alguna forma,

que estábamos.

Por eso te resistías a partir.

No llevabas maleta para ese viaje,

no habías comprado billete,

no era ése tu tren.

Alguien te metió en un vagón equivocado,

pero pudiste apearte

antes de llegar al final.

Hoy es tu gran día,

al que no podías faltar.

Hoy festejamos tu sonrisa,

tu mirada llena de vida.

No importa que las cosas

sean distintas.

Importa que tú llenas

nuestras vidas.

Zorionak, amatxu maitia!

 

Texto: Edurne. Foto: favor de Auri, una amiga. 

Hoy, 22 de julio de 2021, mi amatxu cumple 88 años. Casi no llega. Errores de mala praxis médica la llevaron al borde la muerte en dos ocasiones. Pero no era su momento y pudo volver de allí a donde la habían llevado. Una lucha sin cuartel la suya y la nuestra. Es una campeona, nuestra campeona.

 

 

 


jueves, 18 de marzo de 2021

DE DOS EN DOS... LLEGAMOS AL 14

 

Un 1 y un 4. Catorce años desde que esta orilla fue presentada en sociedad. Parece mentira pero aquí seguimos, aunque los tiempos no nos sean favorables ni propicios.

Estoy/estamos viviendo momentos muy duros en esta familia. Nuestra amatxu ha estado a punto, en dos ocasiones, de dejarnos, y eso es algo que llevo ahí metido, clavado en lo más hondo. No teníamos que haber llegado a esta situación, no, pero…. Ahora no quiero hablar de malas praxis médicas e intoxicaciones medicamentosas ni nada de lo que ha pasado. Me invade una mezcla de sentimientos muy difícil de manejar. El caso es que en estos momentos seguimos sufriendo, de otra forma, pero sufriendo. Ella intenta recuperarse a todos los niveles, con mucho esfuerzo por su parte, muchísimo, y nosotros estamos peleando como lobos por ella. No está en casa, no nos puede ver más que dos horas a la semana (maldita pandemia) y eso es quitarle la mejor de las medicinas, la más importante: el contacto con sus hijos. Pero saldrá/saldremos adelante. Somos fuertes.

Por eso agradezco doblemente el que todavía se acerquen ustedes de vez en cuando por esta orillita, aunque sea en puntillas, y dejen sus huellas para que yo sepa que no andan lejos. Eskerrik asko! Espero poder poner a mi orilla a jugar de nuevo con las olas, con la espuma y el sol.

No me gusta olvidarme de las costumbres, y esta es una de ellas: celebrar aniversarios, agradecer, recordar, ponerme sentimental…

Ya saben que suelo acompañar esta entrada con fotos de la edad que corresponde al blog, así que este año tocan mis catorce. ¡Qué edad más hermosa, y compleja a la vez! Eres y no eres, todo lo vives con una intensidad extrema, la amistad es importantísima. La complicidad, ese cariño que es muy difícil de explicar y de entender. Los veranos, la cuadrilla de amigas, los chicos que entran en tu círculo casi sin enterarte,  los primeros amores… Me parece que era otra Edurne, otra vida, lo veo tan lejano, y a la vez tan próximo en mis recuerdos… Soy capaz de acordarme de los nombres, de las ropas y sus colores, el olor de las noches estrelladas, las sensaciones de los paseos en libertad, la emoción…

Y de pronto te encuentras con 61 años y en otra vida. Algunas cosas de las que soñabas y esperabas, se han cumplido, otras, la mayoría, no, pero, ¡qué importa ya! Ahora estamos a lo que estamos y ahí tenemos que echar todo lo que nos queda. ¡Y más! Ahí está la familia, la que ha apostado siempre por ti y a la que ahora tienes que cuidar, proteger…


Nunca hay que rendirse, ¡nunca! La verdad es que yo nunca he tirado la toalla ante nada, soy muy cabezota, así que esta orilla seguirá cumpliendo años, y ustedes lo verán.

Gracias mil por acompañarme en mi periplo vital, son parte de mi historia personal, ¿lo saben, verdad?

Hoy cumplo 14. Me gusta, me siento una chavalita, como la de las fotos…

 

Fotos: De la memoria familiar. Texto: Edurne


lunes, 18 de enero de 2021

HAIKUS DEL DESASOSIEGO (VI)

 



DARDOS CERTEROS


APUNTAN DECIDIDOS.


SORDO ES EL DOLOR.


Foto y Texto: Edurne

 


domingo, 17 de enero de 2021

HAIKUS DEL DESASOSIEGO (V)

 

                   


NIEVA EN EL CENTRO

DEL CORAZÓN HERIDO.

PENAS HELADAS.


Foto: Antonio. Texto: Edurne

sábado, 16 de enero de 2021

HAIKUS DEL DESASOSIEGO (IV)

 

                   


ESCUPO FUEGO


POR LAS FAUCES DORMIDAS.


¡EN PIE EL DRAGÓN!

 

Foto y Texto: Edurne


domingo, 10 de enero de 2021

HAIKUS DEL DESASOSIEGO (III)


 


ALMA ENCOGIDA,


MOMENTOS SIN RESPIRO.


VIDA A LA FUGA


Foto y Texto: Edurne

 


lunes, 4 de enero de 2021

HAIKUS DEL DESASOSIEGO (II)

 



CORREN LAS PENAS


TRAS LA LUZ INFINITA


DE MIS ANHELOS


Foto y Texto: Edurne

 


sábado, 2 de enero de 2021

HAIKUS DEL DESASOSIEGO (I)

 


 

DENTRO, MUY DENTRO,


LATEN FUERTE LOS MIEDOS.


EL SOL SE ESCONDE



Foto y Texto: Edurne

jueves, 31 de diciembre de 2020

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)



Este año, más que ningún otro, sí que son las uvas de la ira.

Y a pesar de los pesares, aquí estoy, como la semana pasada, con estas uvas, que, seguro que van a ser más simbólicas que otra cosa, para desear de todo corazón que el año que asoma, este 2021 que ya antes de nacer viene cargado de responsabilidades, sea menos puñetero que su hermano mayor, que nos engañó bien engañados…

Dicen que es el principio del fin de esta maldita pandemia, aunque yo no me atrevería a afirmar tan categóricamente que vaya a ser así. Creo que todavía nos quedan meses muy largos, duros y penosos, y que hay mucho más detrás de todo lo que nos dejan saber, vamos, que esto es como un iceberg, que la inmensidad que vemos es solo una pequeñísima parte de todo lo que hay por debajo.

Lo malo, lo triste, es que no se haya dejado atrás eso de los intereses y los réditos políticos que quieren acaparar unos más que otros; que se hayan fomentado las rencillas, los bulos, las luchas de patio entre matones de pacotilla… ¡No hay derecho, no! Es una auténtica vergüenza y una inmoralidad este tipo de actuaciones. Ante la magnitud de la desgracia, de la crisis a todos los niveles, hay quien hace suyo lo de “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Una vergüenza, ya digo. Me causa indignación, tristeza… Me revuelve las tripas tanta mezquindad, tanto “y tú más” o “y yo más”. En semejantes momentos hay que ser como los de Fuenteovejuna, todos a una, y luchar por vencer al verdadero enemigo.

Este año se va a ir marcado en rojo fosforito, se estudiará como “el año que nos cambió la vida”… En el fondo, pienso que algo así ya se venía fraguando, lo que pasa es que nos ha estallado en toda la cara y sin estar preparados. Ahora ya no hay disculpas, ahora teníamos que estar mucho mejor, y estamos al revés, estamos peor que mal.

Nos han fastidiado la vida bien fastidiada. A unos más que a otros, puesto que los que la han perdido… esos ya no tienen posibilidades de nada. Y sus familias, marcadas para siempre por esta tragedia. Pero bueno, no voy a ahondar en algo que estamos viviendo todo el mundo a la vez, en lo que ya sabemos. Habrá muchas opiniones, críticas y halagos acerca de la gestión de esta pandemia, contradicciones, yo qué sé… Cada uno es un mundo  y cuenta la feria tal y como como le va.

En esta familia mía estamos pasando un annus horribilis particular, por un lado teniendo mucho que ver con el maldito Covid, y por otro, por viejos males que afloraron en el confinamiento, otros que han aparecido hace casi dos meses y no mejoran de momento… Así que lo de comerse las uvas mañana va a ser muy simbólico, no creo que podamos hacerlo, pero bueno, hay que mantener ciertas tradiciones porque son las cosas que, de algún modo, nos sujetan y nos enraízan a la tierra.

Claro que vendrán tiempos mejores, porque sabido es que “No hay mal que cien años dure…” ni cuerpo que lo aguante (el mío no sé hasta cuándo resistirá). Lo malo es que mientras estamos en esta especie de limbo, no somos nada, no tenemos respuestas, todo es una pura incertidumbre…

Lo que sí es seguro es que el 2020 le dará el relevo al 2021, le pasará una maleta de lo más tóxica y le dirá: “Chau, chau, ahí te quedas, yo ya monté el lío, a ver ahora cómo te las arreglas tú”. O sea, un marrón en toda regla. Un cabrito este 2020, no me queda duda alguna.

Aquí les traigo las uvas de la cocina de mi amatxu, aunque ella no esté ahora en Nocheviejas ni nada parecido, está sufriendo mucho y nosotros con ella, así que lo mismo que en Nochebuena, no habrá cena ni nada parecido, cuando podamos comeremos algo en la cocina, y los que podamos. Son las segundas Navidades más tristes de mi vida, pero no me voy a quejar demasiado, que las cosas siempre pueden ponerse peor y realmente hay quien sí está muchísimo peor.

Ya pasará. 

Seguiremos aguantando. 

Resilencia, 

paciencia…

Así que… ¡Feliz Año Nuevo! A ver si estrenándolo todos a la vez conseguimos que no pierda esa parte inocente e ingenua que tienen los años, como las personas, cuando son nuevos en un sitio.

Salud, lo primero, Trabajo, Amor, Comprensión, Empatía, Solidaridad, Paz… Para todo el mundo. Levanto mi copa virtual por todos ustedes: chinchin.

Y no se olviden de ser felices aunque sea en pequeñas dosis, robando ratitos a la vida… 

¡Ah, y no pierdan la sonrisa!

URTE BERRI ON!

 

Foto y Texto: Edurne. Uvas: de la cocina de mi amatxu.


jueves, 24 de diciembre de 2020

NAVIDAD DE PA(cotilla)NDEMIA

 



Así estoy llegando al final de este maldito año, como esta barandilla vestida de herrumbre.

No tengo tiempo ni de venir a ordenar la espuma de las olas de esta Orilla , ni un segundo para poder respirar un poco de la brisa de este mar tan mío...

No tengo, no tengo...

La vida me ha vuelto a abofetear, toma, toma y toma. ¿Qué maldades habré cometido, qué deseos inconfesables habrán pasado por mi mente para que se me castigue así?

Y dicen que hoy es Nochebuena, y que mañana será Navidad. Dicen, y será verdad. Tal vez. 

A veces creo que estoy soñando y que de un momento a otro abriré los ojos de golpe, que me sentaré en la orilla de la cama, sudorosa, ahogada... y que, al mirar a mi alrededor volveré a ver mis afectos en sus sitio, mis realidades en fila india esperando pasar revista, firmes, impolutas y contentas de verme de nuevo, tanto tiempo ausente...

¡Maldito año, maldito sea mil y una veces!

Pero no quiero faltar a esta cita con ustedes (parece que me devuelve algo de lo que antes fue mi vida). La vida fluye, bien o mal, pero fluye, y nosotros con ella, nos azota, nos acuna, nos apalea, nos mima...

Hoy es Nochebuena, dicen, será verdad, quiero creer que así es, y que, dentro de lo que cabe, en el corazón de cada uno de nosotros hay una lucecita encendida, para que nadie pierda el camino de retorno a la casa de todos y todas.

Soy una resilente, una y mil veces soy resilente. Mi cuerpo y mi espíritu están bajo mínimos pero sigo en el camino, no voy a dejar que nada ni nadie me eche a la cuneta. Sé que vendrán tiempos mejores, para todo el mundo en general y para mi familia y para mí en particular, lo sé porque no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante, ya, eso es lo que reza el refranero o el dicho popular.

Así que... ¡Aguantemos, aguantemos, mordámonos los labios mostremos los dientes bien prietos a esta vida cuando se pone puñetera!

VINCEROI!

Y a pesar de los pesares...

¡FELIZ NAVIDAD! Salud, Paz  y Amor. Prudencia y Sensatez (todas con mayúscula, porque son realmente importantes).

¡Y gracias por seguir ahí, aquí!

Un abrazo enorme y mucha suerte.

ESKERRIK ASKO!


Foto y Texto: Edurne

domingo, 6 de diciembre de 2020

¡Y VAN 61!

 


Lunes 7 de diciembre: cumplo años. 

Casi no llego a esta autocelebración. Está siendo un año muy duro, en lo general, es obvio y preocupante, y en lo particular. 

Hoy cumplo 61, y once meses de jubilada. Que nadie me diga que qué bien vivo, ¡que me lanzo a la yugular! No estoy viviendo buenos tiempos, es más, están siendo malos, Covid aparte. 

Por eso digo que casi no llego a felicitarme, a ser consciente de que hoy hace 61 años que llegué a este valle de lágrimas... 

En fin, que no voy a regocijarme en quejas y lamentos, hoy quiero felicitarme, aunque sea por un ratito, y compartir con todos ustedes. Y darles las gracias porque, según decía mi amama, ser agradecidos es de bien nacidos. 

Levanto mi copa por la vida. Txintxin eta ZORIONAK niri! 


Foto: Aitor. Pequeño desahogo: Edurne 


domingo, 11 de octubre de 2020

CIUDAD SIN NOMBRE

 


Calles vacías entre los recovecos del deseo.
Calles vacías que sueñan con nombres sin dueño
mientras se sacuden el serrín de la última traición.

Ciudad sin nombre.

La bruma que te cubre palidece ante tu imagen
de reina dormida.
Las estrellas huyen despavoridas,
presas de tu mirada herida.

Ciudad sin nombre.

Nombre te doy.
Corazón te doy, ninfa perdida.
Nombre para que tus calles despierten y rían.
Corazón para que tus gentes sueñen y vivan.


Plano: Aitor Texto: Edurne

Entrada ya publicada en esta Orilla el 1 de julio de 2008.


martes, 1 de septiembre de 2020

AÑO NUEVO ESCOLAR Y UNA PANDEMIA OKUPA





Hoy es 1 de septiembre de este año extraño que nos ha tocado vivir. Son las 19:03 de una tarde soleada y un poco ventosa en este Botxo de mis amores. Me siento al ordenador casi con miedo. Últimamente le hablo muy poco, lo visito casi nada, para consultar alguna cosa y nada más. Sé que me mira raro, que me lanza reproches callados, y que, al mismo tiempo, me anima a que me deje llevar, a que me suelte la coleta, a que abra las puertas de mi corazón “tancat”… En ello estoy.

No sé si mis reflexiones serán objetivas o demasiado subjetivas. Me invaden sentimientos encontrados. Todo está siendo diferente, desconocido, no esperado y mucho menos deseado o pedido… ¡Y largo! Ya dura demasiado esta incertidumbre, este miedo agazapado en las entrañas, en la mirada, en la sonrisa acobardada… Y no quieres saber, no quieres oír, no quieres ver, no quieres pensar… ¡Mentira! Eso solo lo dices los primeros dos minutos antes de lanzarte a la búsqueda de alguna respuesta que calme tus angustias. Nada, no hay nada para apaciguar las rabias, los desconciertos…

Unos días te levantas más optimista, otros parece que el mundo se te ha caído encima y no puedes casi ni andar, te cuesta respirar, miras a tu alrededor y ya no sabes ni qué pensar, ni qué esperar… Y entonces decides lanzarte a la calle y dejar que los pies te lleven por donde ellos quieran, y que tus ojos conecten con lo que llevas dentro y vean lo que has visto mil veces pero que lo miren, que tú lo descubras como nuevo. Y entonces sacas tu móvil y clic, clic, clic…. Fotografías todo, hasta el aire que malrespiras a través de la maldita mascarilla. Miras y ves: casas, calles, puertas, letreros, árboles, ventanas y balcones, niños, palomas y coches, autobuses, nubes y abuelos, mujeres y hombres presurosos, altivos y taciturnos, lonjas cerradas, carteles de se vende, se alquila, sueños perdidos, ilusiones escondidas entre los jirones de tantas vidas… Subes y bajas cuestas, cruzas calles, esperas semáforos y observas, miras, ves, escudriñas…. Disparas: clic, clic, clic…

Hoy me siento mal, parezco una esquirola. En los últimos 39 años, es el primer 1 de septiembre que no estoy en la caja de salida del nuevo curso escolar. Mi yo más guerrero y solidario siente que tenía que estar ahí, dándolo todo, como siempre, pero… por otro lado también sé que ya me tocaba, que este Año Nuevo que supone para todos los docentes el primero de septiembre, ya no me tocaba, éste no era mío. Ayer me dediqué a mandar mensajes de ánimo a todos mis compas y demás amigos y conocidos de la profesión. Lo agradecieron, enseguida me llovieron los whatsapp de gracias por los ánimos, por acordarte, no te olvides de pasar a visitarnos, suerte vamos a necesitar… Sé que hoy la cosa ha sido un poco liosa, que ahí andan, con el miedo y las ganas de arrancar para ver cómo va a ser esta tragicomedia que nos han escrito desde no se sabe muy bien dónde. Pero lo que si está claro es que l@s docentes son quienes van a sacar esto adelante, esta vuelta al cole tan controvertida. El profesorado y las familias y alumnos comprometidos con su salud y su derecho a una educación pública y de calidad, para tod@s... De las administraciones ni hablo, mejor, porque daría para mucho y mucho cabreo. Estoy muy orgullosa de tod@s mis colegas.

Se nos está esfumando el maldito año con una carga de dolor y estupor gratuita e innecesaria. ¿Tan mal@s hemos sido? Parece que la cosa va para largo, porque, aunque no quiera oír, leer, ver… al final estoy todo el día metida en harina con la dichosa pandemia y los distintos flecos que la adornan. Paciencia. No sé si esa es la palabra, el concepto que hemos de asumir, no lo sé. Se está acelerando demasiado todo. Todo lo que no necesitamos que llegue tan pronto.

Cuando miro a mi ama, pienso en l@s de su generación y me corroe la pena y la rabia, la impotencia, y como a Woody Allen cada vez que escuchaba a Wagner, me entran ganas de invadir Polonia. Han pasado una guerra horrible siendo niñ@s, una posguerra terrible y durísima, les arruinaron la juventud, de adultos pasaron mil estrecheces y vivieron con miedo y en silencio… Y ahora, ¿terminar así? No hay derecho, ¡no!

¿Qué nos espera? ¡Cualquiera lo sabe! No quiero ser agorera ni conspiranoica ni nada parecido, sí prudente y expectante. A mí la vida me ha plantado en estos 60, que ya voy terminando, en una encrucijada sin indicaciones claras de hacia dónde ir. Voy tirando de mi intuición, de lo aprendido y aprehendido, de lo mucho deseado, de lo no conseguido, de lo logrado, de los afectos, de las ganas y las fuerzas que aún me quedan por ahí, latentes… Voy tirando y a veces me miro en el espejo y me río conmigo misma, otras, no reconozco a la que asoma del otro lado, a la que llora bajito, a la que se le anegan los ojos, esos ojos verdes chispeantes, y se le convierten en un mar de lágrimas, en un piélago descontrolado, en un tsunami de olas de miedo… STOP. Le doy el alto, le pido la documentación, le pregunto por las intenciones, y luego le doy una tila, una palmadita en la espalda y la dejo pasar. La frontera está justo en las lindes del sueño y la verdad. ¿Qué habrá tras la puerta?

 Las 19:41. Termino ya, así va esta reflexión, tal cual.

Seguimos caminando. ¡Ánimo compañer@s, y que la fuerza nos acompañe!

Foto y Texto: Edurne

sábado, 15 de agosto de 2020

LIBROS Y HAIKUS


Al hilo... 
Leí este librito, delicioso, de Luis Alberto de Cuenca y me han vuelto las ganas de escribir haikus.

LLUEVE EN EL RÍO
DE MI ALMA ATORMENTADA.
SACO EL PARAGUAS.




Me gusta la Nothomb, de siempre. Sus historias te ponen un poco así, buruz behera, cabeza abajo...

ESTUPEFACTA, 
TEMBLOROSA Y MUY FELIZ, 
RÍE LA NINFA.




Joan Margarit, laureado y estimado poeta de las realidades.




ME DUELE EL AMOR
COMO UNA HERIDA ABIERTA.
YODO Y TIRITA.




La adolescencia, la etapa más extraña e intensa. Acabo de empezarla. 

VINE DE CORTO, 
SEGÚN LA MODA DE ANTES, 
LIBRE Y ALOCADA.




¿Les ha pasado alguna vez? A mí más de una y de dos...
Como he leído algún otro libro de Annie Ernaux, se ve que me he despistado, ¡qué cabeza la mía!
¡Alguien tendrá la suerte de recibir un regalo inesperado! Y es que esta mujer escribe tan bien, que engancha.

¿CUÁL ES EL LUGAR?
ÉSTE SÍ, Y EL OTRO TAMBIÉN.
HOY VEO DOBLE.


Fotos y Haikus: Edurne. Me dio el otro día por esta modalidad de presentación, reseña, recomendación... o como queramos llamarlo. ;)





viernes, 31 de julio de 2020

2020. INFLEXIÓN




Recordaremos este año durante toda nuestra vida. Pasará a los anales de  la Historia como fatídico, pernicioso, malvado, aprovechado… ¡Como para olvidarlo!

Hoy es el último día de julio, del séptimo mes del año, y yo sigo como si me hubiese pasado una apisonadora por encima, como si me hubieran vaciado por dentro. A veces me parece que me muevo por inercia. No, no es cierto, pero… ¡Así me siento!

Acabo de ponerme frente al ordenador, que me mira raro, casi no me reconoce, ¡lo visito tan poco! Me estoy obligando a teclear, a hacer “dedo” y dejar que lo que tenga por ahí dentro, salga, ¡si quiere! De momento, ya llevo unas cuantas líneas, y ya he activado las luces de alarma de mi cerebro, de mis tripas y de mi corazón.

Aquí estamos, intentando hacer un recuento de penas y alegrías en todos estos meses, también de miedos e inseguridades, de rabias, de “ditasea”s… Y cuando te sientes así, impotente (iba a poner imponente, en qué estaría pensando yo… ;)), pues es como si todo cortocircuitara. Pipiipiiiiii. No había un plan de evacuación preestablecido, yo el único que me sé de memoria es el de mi escuela (¡ay, mi escuela!), así que corremos el riesgo de chamuscarnos en la huida, o de convertirnos en ceniza si nos quedamos en el lugar del crimen…

Divago, eso se me da muy bien. Por las noches, cuando me sumerjo en las catacumbas de mis sueños, me da por diseñar un mundo repleto de catástrofes y cataclismos… ¡vaya que estoy espléndida! Son paisajes oníricos muy densos, pesados, oscuros, cerrados y de muy mal gusto. Menos mal que no siempre me acuerdo de mis desventuras nocturnas, un alivio, ya les digo.

Ahora mismo, a las 20:34 del reloj de mi ordenador, miro por la ventana. Muevo lentamente la cabeza hacia mi derecha, bajo la barbilla y elevo la vista por encima de mis gafas (me recuerdo a mi amama). Me quedo mirando como una tonta. Ha desparecido el monte, la bruma se lo ha zampado. Nubes de camuflaje, imposible saber cómo es el cielo que se esconde detrás de este disfraz tan poco agraciado. Ayer moríamos del calor: 46 grados marcaba el mercurio de la calle, 39 el de la terraza, a la sombra. Deshidratación garantizada. Y parecía que iba a descargar un bronca monumental, pero… ¡Ná de ná! Daba un miedo irse a dormir, bueno, a dormir… a la cama, más bien, por eso de que el cuerpo necesita la posición supina y relajarse. ¡Ay, qué risa!

Todo va muy rápido, no sé si será por eso de los 60, que ya se me están desgastando de usarlos, voy para ocho meses de la mano con ellos. Pesan, no se crean ustedes que no… Como esos kilos de más, esos okupas descarados que llevan un tiempo amargando, poniendo lo suyo también. Pero he decidido declararles la guerra, y en dos meses ya he conseguido echar a tres de ellos. Los otros andan furibundos, pero nada, soy una maestra jubilada sin piedad alguna. ¡Suspendidos! No me voy a ablandar, ni repesca de septiembre ni amnistía general, nada, pienso acabar con todos ellos, son unos impresentables, ya les digo yo que sí, que no tienen educación alguna y andan aprovechando las circunstancias, los despistes, la puerta sin cerrar…

Nos ha cambiado todo el panorama vital, a unos más que a otros, pero a todos nos ha marcado. Y esperen… Los miedos son los nuevos capataces del rancho. Hay quien pensó que esto nos iba a fortalecer como sociedad, nos iba a hacer mejores personas… Que lo repita, por favor, que lo repita y nos cuente si ahora se atrevería a afirmar lo mismo. Reflexión colectiva, please!

Secuelas. Todo esto trae secuelas importantes, algunas todavía por llegar, y por esa razón, desconocidas, aunque las más importantes, las que ya estamos padeciendo, las conocemos. Quiero pensar que alguna enseñanza sacaremos de esta guerra sin enemigo a la vista.

Quiero leer, y casi no puedo. Quiero escribir, y se me atasca todo en el grifo de salida al exterior. Quiero reír y mi boca ha olvidado cómo se esboza una sonrisa. Quiero ver lo hermoso de la vida, y… tengo que dejarme las uñas de tanto escarbar. Miro el calendario. Los días van uno detrás de otro, sí, pero son todos iguales (y no por eso de la jubilación, otro mito, ya que eso de “todo el tiempo del mundo”, es una patraña), y ninguno veo yo que traiga un lazo en la cabeza, o un clavel en el ojal… Todos de uniforme, obreros grises golpeando el duro metal.

A mí vinieron a ponerme una venda en los ojos, para que diera palos de ciega, supongo... Dejaron en mi puerta preocupaciones y angustias; también me regalaron vértigos, mareos, dolores varios y altas dosis de ansiedad. Regalos-trampa, ya que venían adornados con esencia pura y dura de miedo, del  racional y del otro, del irracional. Voy sacudiéndome esa lotería de encima. Atuso los pliegues de mis ropas y reubico la posición de mis entrañas. En esas me ando. Calladita, no quiero dar mucha guerra. Ya aprendí hace mucho a emular un poco de felicidad, por disimular, por no hacer sufrir… Masajeo mi corazón, estiro mis penas, para que no se me encojan y no se hagan crónicas, viviendo del subsidio de mi compasión. Sé que no soy la única que sufre, que cada cual lleva su cruz a cuestas, o plegada en el bolsillo… y que cada uno, cada una, hace lo que puede para salir a flote, para sacar la cabeza y respirar, una bocanada nada más, pero lo suficiente para poder seguir dando un par de brazadas más…

Las 21:13. Ya saben que carezco de método, que escribo según siento, según sale, que no miro, que no veo… pero que sí intuyo. Intuitiva y resolutiva, eso me salva.
¡Allá vamos!

Gracias por estar, por seguir, por vivir con ganas o a medio gas, pero por continuar en la función. Me sean felices, ¡aunque cueste!

 Y… ¡Arriba el telón!


Imagen: de Internet, me llegó por Whatsapp. una peineta bien hecha. Reflexión: Edurne 

miércoles, 22 de julio de 2020

¡Y LLEGÓ EL DÍA!




“Un soneto me manda hacer Violante…”
No,
no voy a marcarme un soneto,
querida madre
—qué más quisiera yo
que poder emular al gran Lope—,
pues mis letras dan para lo que dan…
Soy más de verso libre
y sentimiento intenso,
ya tú sabes…
Más da mi corazón de hija,
que hoy,
en este tu día,
y para festejarte,
se puso
traje de domingo,
sonrisa de fiesta,
y
cascabeles y campanillas
en el alma.
Llevamos mucho caminado
codo con codo,
latido con latido.
Ya soy casi como tú
—dicen que  cada día un poquito más—,
pero siempre serás la Edurne original.
Yo,
pues eso, 
madre mía,
que siempre te sigo unos pasitos
por detrás…
¡Aprendiendo de ti!
No en vano llevo haciendo las prácticas
de supervivencia contigo
desde que un día,
allá en tiempos muy pretéritos, 
te estrenaste en esto de ser madre
con ésta tu niña,
tu barullito…
Nunca te agradeceré
lo suficiente tus lecciones de vida,
nunca.
Siempre lo digo:
“yo de mayor,
quiero ser como tú”.
Y hoy,
aquí me tienes,
como cuando era pequeña,
y disfrutabas vistiéndome de calle
 olvidando por un día 
el uniforme del cole, 
peinando mi melena,
sacándome,
orgullosa,
a pasear…
"Esta es Edurne,
mi hija".
Pero hoy,
 yo soy la orgullosa.
"Esta es Edurne,
mi madre",
nire amatxu maitia!
Zorionak, ama!



Selfie "aquí te pillo, aquí te mato": de ayer a la tarde. Texto: Edurne. 
Como todos los 22 de julio desde que vino al mundo, la señora Edurne cumple años, hoy son 87, y yo, su hija, la homenajeo así, dejando una pequeña y espumosa ola de cariño para ella en esta Orilla. Es una campeona. Txapelduna!