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martes, 31 de diciembre de 2024

LAS UVAS DE LA IRA (sic.)

 


Siempre puede ser peor, sí. ¡Y estas uvas, aunque parezca que últimamente siempre diga lo mismo... sí que son las uvas de la ira! 

Este año ha sido horrible, terrible: el empeoramiento a pasos agigantados de la situación de mi madre, y por consiguiente la de mi hermano y la mía, el fallecimiento de Antonio... Sí, todo puede ser peor todavía.

No iba a escribir nada este año, pero, al igual que la semana pasada, tarde, pero aquí estoy.

Compré las uvas más bien por adorno porque no creo que podamos hacer nada, y bueno, porque, quieras que no, un toque de normalidad ya dan.

No sé ni qué decir, ni qué pensar, ni qué hacer. Lloro, eso sí, lloro mucho, mucho, muchísimo, por las esquinas, cuando voy a terapia cada dos semanas, delante del espejo mientras me lavo los dientes, aunque no quiero ni mirarme, ya no reconozco a esa que me mira.

Y tampoco quiero dar lástima. Para nada. 

Así que... URTE BERRI ON! ¡FELIZ AÑO NUEVO! y que éste nos sea más benévolo, que tenga un poco de compasión, de piedad, de caridad humana, no sé... que ya son demasiados años in crescendo en esto del derrumbe vital.

Txin txin por todos ustedes también, porque sus vidas caminen por veredas menos retorcidas que las mías.

PAZ, SALUD, AMOR...

Y las gracias siempre. Eskerrik asko!


Uvas: De la cocina de mi amatxu. Lo demás: de mis entrañas.


sábado, 7 de diciembre de 2024

UNA CIFRA IMPORTANTE: 65

 


Hoy es 7 de diciembre de 2024. Hoy hace 65 años que llegué a este mundo. Era lunes y llovía (alguien diría aquello de que en Bilbao siempre llueve...).

Mi vida ya no es mi vida. Están pasando muchas cosas, demasiadas, en estos últimos 15 años, demasiados años también.

Y este año está siendo terrorífico. La situación de mi ama va empeorando de día en día y ya se está haciendo insostenible. No sé cómo vamos a terminar, ni ella ni nosotros dos. La tristeza es inmensa, la impotencia, total, el amor, infinito, y el sufrimiento...

Mi vida ya no es mi vida. Antonio, mi pareja de los últimos 21 años, me dejó sola, falleció el 23 de abril. Su corazón ya no pudo más y se paró. Todavía estoy intentando digerirlo. Estoy haciendo un duelo muy extraño, se me está solapando con toda esta situación de casa. Ser cuidadora 24/7 de una persona gran dependiente es... Te destruye, por dentro y por fuera. Físicamente tu cuerpo ya no te pertenece casi. Enfermas. Pero sigues adelante, llorando de dolor, pero sigues. No queda otra. Y emocionalmente, también te destruye. 

Menos mal que tengo a Aitor, mi hermano, que nos tenemos, que somos un equipo, una piña. Nos necesitamos y nos apoyamos mutuamente. No sé qué sería de mí sin él. Es el mejor regalo que me hicieron mis padres. Les estoy eternamente agradecida por ello.

Mi otro apoyo ya no está y lo echo de menos constantemente. Me siento coja, manca, tuerta, no sé... amputada. 

Por eso hoy digo que llego a estos 65 muy triste, muy agotada. Una fecha importante. Ya estás enfilando el camino de bajada bastante deprisa y con lo que tienes alrededor piensas mucho en ti, en tu final, en cómo y cuándo será... Y les juro que no quiero pensar en ello pero es inevitable. Y tengo mucho miedo a este futuro totalmente incierto.

Y el caso es que sentarme al ordenador y escribir estas líneas me están aliviando un poco la angustia (se lo tengo que comentar a mi psicóloga, se pondrá contenta), porque es que ya no puedo escribir ni leer (y eso me hace sufrir mucho), no tengo tiempo para nada y si me siento un momento, solo un momento, mi cerebro se desconecta y zas... me duermo en los sitios más extraños, de verdad. Cinco, diez minutos pero me quedo como un fundido en negro.

Sé que no soy única, faltaría más, no voy de víctima. Cuento lo que me pasa porque necesito sacarlo, lanzarlo al mar, como un mensaje de naúfrago. SOS. ¿Hay alguien ahí?

Hoy cumplo. Creo que voy a abrazarme un rato largo. Muy fuerte. Y también creo que voy a llorar sin sentirme mal (lloro mucho, mucho, mucho...)

Gracias por seguir pasando por esta orillita que anda tan triste y solitaria. ¿Qué me deparará este nuevo año? Lo ignoro, pero lo pienso constantemente. Dejemos que la vida vaya colocando las piezas en su sitio, al final podremos ver el resultado.

ZORIONAK, Edurnita, eta gogoratu aitatxok esaten zuena:

GORA BIHOTZAK! 

Siempre en mi corazón.
Hay que enfrentar la vida con una sonrisa, aunque sea una pose,  para espantar al miedo.


Texto de desahogo: Edurne. Fotos: Las dos sacadas por Amparo.





miércoles, 24 de enero de 2024

DIEZ AÑOS, AITA, ¡DIEZ!

 


 


Diez años que te marchaste, aita. Parece mentira pero ya han pasado diez años.
Y aquí nos quedamos nosotros, recordándote cada día, echándote de menos constantemente. 

Sé que cuidas de nosotros y que vaya trabajo que te estamos dando, ¡madre mía! Ahora peleando con amatxu, cuidando de ella día y noche... Desde tu ictus llevamos catorce años terribles.

Te necesito, lo sabes. Y sabes que te hablo todos los días, que te pregunto, que intento hacerlo todo lo mejor que puedo pero la mochila que cargo es muy pesada ya. ¡Qué falta me haces!

Me encanta esta foto, tu risa fresca y natural, espontánea, como eras tú.
Siento tanto orgullo de ser tu hija que no me cabe en el cuerpo, aita. Eres el mejor padre que podría tener. Te quiero. Maite zaitut, aitatxu, hasta el infinito y más allá.

No querías marcharte aquel 24 de enero de 2014, aunque sabías que no podías quedarte más. Tu mano agarrada a la mía, y así te acompañé en tu partida, no nos soltamos. Eso está en mi corazón. Eres mi ángel de la guarda. Nuestro ángel. Sé que ahora estás cuidando de amatxu a tope y de que la fuerza que tengo y que ni yo misma sé de dónde me sale, me la estás mandando tú. Eskerrik asko por sostenerme.

Voy a cerrar los ojos y a recordar toda nuestra vida juntos, todo lo que nos diste, lo que aprendimos de ti, lo que nos quisiste...

Aita, no me olvido de lo que nos decías siempre: Gora bihotzak! Lo intentamos, intentamos mantener los corazones alegres, en alto, alertas, a salvo... Aunque nos cueste hasta respirar la mayoría de las veces.

Diez años de ausencia que no es tal porque siempre estás.
Te queremos. Siempre vivo en nuestros corazones.



Fotos: De la memoria familiar. Recuerdo y homenaje: Edurne



domingo, 31 de diciembre de 2023

LAS UVAS DE LA IRA (sic.)

 


Este año también son uvas de la ira (y vaya ira)...

Compré este racimo el otro día pero no creo que vayamos a comer uvas esta noche, es más, no vamos a poder hacer una cena ni medianamente normal. Es la vida que sigue empeñada en hacernos estas faenas.

Pero bueno, como soy mucho de tradiciones y en esta Orilla siempre se ha invitado a uvas, aquí van las de este año.

¿Me creerán si les digo que tecleo este pequeño texto con la olla puesta, la sartén con aceite calentando, la madre reclamando mi ayuda para levantarla, yo en pie con el trapo de la cocina sobre el hombro, mirando el reloj (las 14.23), echando un vistazo rápido por la ventana (sol tímido, pero sol al fin y al cabo) y escuchando el rumor de las voces y risas de la calle...? Pues créanme, que casi no llego a esta felicitación.

FELIZ AÑO NUEVO para todo el mundo, URTE BERRI ON! Y mil gracias por seguir orilleando de vez en cuando.

Que nuestros deseos se vean cumplidos.

Amén.

ESKERRIK ASKO!


Foto: de la cocina de mi amatxu

domingo, 24 de diciembre de 2023

"DULCE" NAVIDAD

Eso dicen, que ya es Navidad. Para mí, no. Para mí todos los días son exacta y tediosamente iguales. Tristemente iguales. Es lo que pasa cuando tu vida se ha ido por el desagüe de la fregadera, que ya no la tienes. 

Las calles de pueblos y ciudades se engalanan con sus mejores luces (algunas, sinceramente, realmente horteras), y los escaparates de las tiendas haciéndose la competencia. Reclamos de a ver quién gasta más. El consumo al poder. Y luego los políticos en constante liza con la economía. Pero estamos creando una sociedad consumista, egoísta y nada sostenible. ¿Solidaria? A veces, que luego se nos olvida y cuando abrimos un poco los ojos o miramos de frente... ¡Adiós! Doña Conciencia nos aprieta por dentro, las entrañas se nos revuelven y... 

Y qué les voy a decir yo que ando llorando por las esquinas para tratar de desahogar un poco la inundación continua que me corre por dentro y por fuera... 

Pero hoy vengo a desear un poco de eso que tanta falta nos hace: PAZ. PAZ con mayúsculas. PAZ de todo tipo y en todos los sitios. PAZ, PAZ y más PAZ. Y SALUD, que sin ella nada podemos hacer. Y AMOR. Mucho y del bueno, nada de ese amor de pacotilla. Y TRABAJO para todo el mundo. TRABAJO que va unido a la DIGNIDAD que nos quieren quitar.

Así que por un rato...
¡Que viva la Navidad! Que cada cual la interprete como quiera o pueda. 

Yo utilizo esta pequeña ventanita para acercarme a cada un@ de ustedes y acompañarles un rato, corto o largo.

Por aquí seguimos, capeando el temporal y la mala mar. Ya amainará...

EGU BERRI ON!
¡FELICES PASCUAS!

Foto y desahogo: Edurne 

jueves, 7 de diciembre de 2023

UN 6 Y UN 4, AQUÍ ESTÁ TU RETRATO.

Ha pasado un año. Un largo y terrible año. Todo sigue su camino. Y yo estoy en él, no me puedo salir. Hoy cumplo 64 años. Muchos. Y no veo nada claro mi futuro. Nada. Todo es tristeza a mi alrededor, pero tengo que seguir caminando, caminando, caminando… Algún día podré/podremos volver a sonreír. Mientras tanto, hoy, celebraré la vida. Eskerrik asko a toda la gente buena que me acompaña. Foto: de mi móvil y de hace poco.

sábado, 18 de marzo de 2023

EL 16 ES UN NÚMERO BONITO

El dieciséis es un número bonito, ya lo creo que sí. Y es por eso que hoy, 18 de marzo de 2023, esta Orilla, quiere seguir celebrando su cumpleaños. Se me ha puesto pesadita, no crean, y una, que no tiene fuelle para nada, casi no llega a la efeméride... Aquí estamos, más bien en plan autorecordatorio, vamos, para mí misma, para que no se me caigan más cosas en la vida. Precariedad, ahí habitamos, en el recorte y la escasez, y de pronto, un pellizquito de alegría. No la suelto. Hoy celebro. Muchas felicidades y muchas gracias a tod@s l@s que seguís acompañándome en este travesía. Todavía estamos de mar muy gruesa, espero que no tardemos demasiado en alcanzar buen puerto... Eskerrik asko!
Fotos: De la memoria familiar. Mayo de 1976, comunión de mi hermano Aitor, y yo con mis 16...

martes, 24 de enero de 2023

NUEVE AÑOS

 




Tu vuelo libre

 

protege nuestros días.

 

Tu alma nos sonríe.


Foto: De la memoria familiar. Haiku: Edurne.

Hoy, 24 de enero, hace nueve años que nuestro aita decidió volar y convertirse en espíritu libre. Él nos cuida, vela por nosotros. No hay día que no sienta su presencia. Aita, maite zaitugu!


miércoles, 7 de diciembre de 2022

SESENTA más TRES

 

                       


Cuando cambias de década, a veces, lo haces con alivio, y otras con zozobra, intriga… Pero lo que siempre se nos olvida es que los años empiezan a desfilar uno detrás de otro a una velocidad ¡vertiginosa!

Depende de cómo te vaya, pues estás deseando que ese año se acabe y empiece el otro, o quién sabe, que lo mismo puede alargarse un poquito más si es bueno. Mentira, que no nos engañen. Corren igual, tardan el mismo tiempo: 365 días, con sus respectivas noches (¡ay, las noches!), o 366 si es bisiesto. Y si tu vida ha entrado en otra dimensión, en esa dimensión en la que no la reconoces como tuya, en la que ni tú te reconoces, entonces… Entonces lo de cumplir años ya no te hace ni pizca de gracia, casi nada la tiene porque a ti te han expulsado de tu espacio de vida, chiquito, pero tuyo, con tus pequeños sueños, con tus pequeños planes, con tus pequeñas evasiones, con… Y entonces ves que las puertas se van cerrando una tras otra y que te quedas ahí en un momento que no avanza ya más, y te sientes como si fueras  prisionera de tu propio destino.

Sí, sabes que estás haciendo lo que tienes que hacer y que estás donde tienes que estar, eso nunca lo he cuestionado, pero asistir al lento (o no tanto) derrumbe de las paredes de tu casa pues cuesta, duele, te descoloca, hace que te ovilles en tus penas, que busques algún agujerito para poder recordar cómo era ese cielo, cómo eran esas calles…

Y a pesar de todo eso, siempre llega el 7 de diciembre. De aquel primer 7 de diciembre hoy se cumplen sesenta y tres años. Ya está cerrado ese círculo y empiezo a caminar por el sendero de los 64. ¿Cómo será este camino, qué me espera? Mejor dejar que cada día sea la avanzadilla de los siguientes, poco a poco, pero que me dé tiempo para ver lo que viene, para pensar y reflexionar, para no equivocarme en las decisiones. No sé, igual estoy totalmente equivocada.

No tengo tiempo para nada, ya no entro casi en las casas de mis amistades blogueras, y cuando lo hago me doy una pechada a leer, pero no soy capaz de comentar.

Tengo estrangulados los sentimientos, ni la manzanilla alivia mi empacho de tristeza.

Quiero cumplir los 63 con otra mirada, con otra sonrisa (si hace falta, me las pintaré).

Hace mucho que dije que no cerraría esta Orilla aunque mi chapoteo sea tan de tarde en tarde. Esta Orilla es una buena orillita para venir de vez en cuando, a mí me da paz, será por el murmullo de las olas, por el olor a salitre, por el sol que acaricia sin quemar, por las cosquillas que la arena me produce en las plantas de los pies…

No me voy a marchar sin agradecer de nuevo, como todos los años, a tod@s quienes pasan por aquí, su cariño de siempre. Gracias por todo y de todo corazón. Les prometo intentar ser feliz, lo sean ustedes también.

ESKERRIK ASKO!

 


Texto y desahogo: Edurne. Selfie al natural (de ayer mismo): Edurne. Foto en Zarautz (de septiembre): Antonio. 

viernes, 18 de marzo de 2022

LA NIÑA BONITA

 


 

“Quince, quince, años, años, tiene mi amooorrr…” Así cantaban los del Dúo Dinámico a las niñas de quince años. Quince, los que tenía yo ese verano del  75. Qué lejano me queda todo ya.

El caso es que hoy es 18 de marzo de 2022 y esta Orilla, como el título de la entrada indica, es la niña bonita: ¡cumple quince años! Así que a festejar se ha dicho. ZORIONAK, Orillita!

Qué poca chicha tenemos la Orilla y yo a estas alturas de la vida, qué poca… Y eso que lo intentamos, lo de mantenernos a flote, pero es agotador, sinceramente, ¡agotador!

Bueno, cuántas cosas han pasado desde que abrí esta Orilla, y cuantísimas desde mis quince años de la foto. Ahí estábamos aita, ama, Aitor y yo tan contentos sacándonos una foto con el automático de la cámara, pendientes de que ésta no perdiera el equilibrio y cayera a la calle.

Estoy triste, este mundo me tiene acongojada, ya no sé ni qué esperar de él. Se nos ha roto casi todo, y es muy difícil intentar pegar los trocitos, para cuando has encajado una pieza, se te han descolocado tres…

No tengo la vena parlanchina despierta, ya lo siento. Estoy obligándome a escribir esta afeméride, a celebrar este cumpleblog porque soy muy tenaz y no me dejo vencer fácilmente, vamos, no me dejo y no me voy a rendir. Yo sigo caminando, con una mochila cada día más pesada, pero sigo, y no solo por mí, sino por quienes me rodean y sostienen con su cariño, que en realidad son quienes más  me importan.

Hoy estamos de cumple, pues habrá que hacer algo especial, me pondré a pensar a ver si doy con algo que me permita creer que de verdad es un día feliz.

No quiero meterme en disertaciones acerca de lo que nos rodea, ya saben: pandemias, enfermedades, volcanes, guerras, polvos saharianos… Ya tenemos bastante, cada minuto de nuestros días está ocupado por todo este maremágnum de no sé qué conjuros malignos que han puesto nuestras vidas patas arriba. Crisis, el mundo está en crisis, al borde del abismo. Pero he dicho que no voy a caer en el desconsuelo, en la rabia, en el miedo. Hoy, no.

Vengo a darles las gracias a ustedes, a los que han pasado y siguen pasando por esta humilde orilla. Agradezco enormemente su acompañamiento, sus palabras, sus silencios, sus huellas a fin de cuentas. Compartir quince años de nuestras vidas no es poca cosa, al contrario: hemos ido creciendo juntos.  Así que muchísimas gracias de nuevo. Eskerrik asko!

Espero que al año que viene todavía estemos por aquí y podamos celebrar con más alegría.

Cuídense mucho y procuren ser felices con lo que realmente es importante.

¡Celebremos la vida!

Un abrazo más que enorme.


Imagen: De la memoria familiar. Texto: Edurne

 


sábado, 5 de marzo de 2022

MALOS SUEÑOS

 


Cuando cierro los ojos

me visita el mismo sueño:

Soy yo

—siempre soy yo—

la que camino a ciegas,

la que  tropiezo,

la que caigo.

Caigo en un pozo oscuro

—como todos los pozos— ,

frío y hostil.

Sigo siendo yo.

Yo la que grito sin voz.

Grito,

grito,

grito…

Pero solo la luna me ve,

vuelve su cara oculta

y me mira,

muda y fría.

Nadie más sabe dónde estoy.

Caigo,

caigo,

caigo…

Y me golpeo con las rocas

de la noche oscura.

Las heridas son viejas,

se abren,

supuran los miedos de siempre.

Acerco mi boca a ellas y

las lamo.

Lamo mis heridas

como una perra abandonada

que gime y llora

buscando una caricia,

una voz que la redima.

Saco hilo de escarcha

y aguja de cristal

del fondo de mi vacío más escondido.

Coso.

Coso los rotos

de la vida futura

—porque sé que vendrán—,

remiendo los pasados

—porque están a punto de estallar—.

Y me siento a esperar.

La noche arrastra su manto,

ruge como bestia herida.

Envuelvo la vigilia

entre mis cabellos,

la acuno con cantos

que ni yo recuerdo que sabía…

Se calma el frío,

se calma la zozobra,

y también el miedo.

Mis lágrimas se atreven entonces,

se deslizan por viejos senderos,

bajan quedas y en orden de a una.

—No derroches tu llanto, niña,

guarda para mañana,

para otros días…—

Ya se acercan las primeras luces,

la noche despierta,

el día la araña con furia

pues

quiere ocupar su lugar.

Abro los ojos.

Ya no es un sueño.

Entre mis manos reposa

mi pequeño corazón

que se desangra,

y yo me afano en juntar sus trozos

con hilo de escarcha y aguja de cristal…


Imagen: Internet. Texto: Edurne

 

 

 


lunes, 24 de enero de 2022

A MI AITA

 


Aitatxu:

Nada es mejor desde que te fuiste. Nada.

El frío se ha instalado en nuestras vidas, la incertidumbre del mañana es nuestra única esperanza, aunque vaya vestida de miedo.

Nada es mejor, aita, nada.

Casi agradezco que no estés en este mundo que nos va quedando, así, tan estrecho de todo, tan ruin, tan extraño… Estarías sufriendo mucho. Tú, tan justo, tan honesto, tan generoso, solidario y empático. Por eso mejor que no estés.

Ocho años caben todavía en las dos manos, pero… ¡son tantos! Tantos que me parecen una eternidad.

Sabemos que nos cuidas, que miras por nosotros constantemente (¡cuánto trabajo te estamos dando!), y por eso sentimos tu presencia en cada rincón, en cada pensamiento, en cada hecho… Eres tan grande que no hay nada ni nadie que pueda apagar tu recuerdo ni nuestro cariño y respeto por ti. Pero eso ya lo sabes.

Nunca me cansaré de darte las gracias por haber sido mi padre, nunca. Todos los días te hablo, te pregunto, ¡y lloro!, como ahora, que ni veo lo que escribo de lo empañados que tengo los ojos, que ni respirar puedo del nudo que me aprieta la garganta.

Hoy vuelvo a sujetar tu mano para acompañarte en ese último viaje, aita. Hoy vuelvo a sentir todo tu amor en ese gesto, tu valentía, porque fuiste un valiente, tu agradecimiento por habernos tenido… No querías irte, lo sé, no soltaste mi mano ni un momento a pesar de que sabías que era tu hora.

Estás en el aire que respiramos, en el sol que acaricia nuestra piel, en la lluvia que nos moja, en el trino de tus amigos los gorriones cuando vienen a anidar en la farola en primavera, en las pequeñas flores entre el césped del parque por el que te gustaba pasear con amatxu, en el rugido de las olas azotando las rocas, o en esa espuma suave que llega hasta la orilla… Y en tus cosas, en tus libros, tus cuadernitos, en tu letra, aita, ¡tu letra! Estás en todas partes,  en todas.

Hoy cumples, cumplimos, ocho años de ausencia. Aprender a vivir sin ti es tarea diaria, pero tú nos ayudas a seguir adelante. Eskerrik asko, aita!

¡Hasta el infinito y más allá!

Maite zaitut! Maite zaitugu!


Hoy, 24 de enero, se cumplen ocho años desde que mi aita nos dejó. El año pasado no pude hacerle el homenaje que le hago todos los años porque estábamos peleando por la vida de ama. Yo le rogaba que no se la llevase todavía, que nosotros la necesitábamos, ¡y aquí está! Mi aita, el mejor, ¡cómo olvidarlo! Imposible. 

Fotos: De la memoria familiar, la última es la que más me gusta de todas las que tengo con él, muestra tanto... Desahogo: Edurne.