Mostrando entradas con la etiqueta Experiencias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Experiencias. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de marzo de 2020

ANNO TERTIODECIMO. Desde La Orilla en tiempos convulsos.




Y van trece. Un año tras otro y hemos llegado al número maldito (yo no tengo nada en su contra, pero esta vez no sé qué pensar), al doce más uno.

Tiempos convulsos. Alguien ha dejado la puerta abierta y se nos ha escapado un virus puñetero y vengativo que anda haciendo estragos por acá y por allá.

Tiempos del Coronavirus. Todo nos lleva a recordar aquellas plagas y pestes de la Antigüedad: las siete plagas de Egipto, la peste de la Edad Media… ¡Y tantas otras! Y cómo no, también está “El amor en tiempos del cólera”.

A partir de ahora todo será distinto. Ya es distinto. De la noche a la mañana nuestras vidas han cambiado. Un tsunami está recorriendo el mundo. A la Orilla también llega el oleaje alterado, escupiendo rabia, impotencia y dolor. Calma. Dicen que después de la tormenta, escampa, siempre, siempre escampa (mi compa Mercedes dixit).

Hace trece años, cuando decidí arremangarme y dejar que las olas juguetonas de esta Orilla mecieran mis sentimientos, mis angustias, mis alegrías… no imaginaba yo que iba a vivir tiempos de sufrimiento, de pérdidas, de incertidumbre, de enojo y confusión. Claro que también ha habido una buena ración de risas y cosas buenas. La vida misma.

Como vengo haciendo todos los 18 de marzo desde que abrí este rincón de encuentro, de compartir y aprender, tengo costumbre de acompañar el texto con una foto mía de esa edad. Este año toca una muy graciosa, aunque yo esté superseria, casi asustada ante la cámara. Tenía trece años, y ya sabía lo que me gustaba (no todo) y lo que no (no todo), pero el aprendizaje de vida ya había comenzado un poco antes. Han pasado 47 años entre esa foto de cabecera y la que cierra esta crónica. Mucha vida.

Gracias mil por seguir acompañándome en mi periplo particular. Este espacio, y tod@s l@s que habéis chapoteado en él antes o ahora, ya formáis parte de mi curriculum vitae.

Son momentos duros estos de ahora, pero estoy segura de que saldremos reforzados de este torbellino de miedos y desconciertos varios. Si todo el mundo aporta lo mejor, si hacemos las cosas con responsabilidad, si somos solidarios, si apoyamos a los más débiles y vulnerables y mantenemos la esperanza y la confianza… ¡Todo saldrá bien!

No se olviden de ser felices a pesar de los pesares, de mantener el tipo por los que no pueden, de afianzar los afectos, ya estén cerca o lejos, de mirar a la vida con otros ojos, y de descubrir lo pequeño en medio de la inmensidad de nuestro ruidoso mundo, ahora en silencio.


¡Cuídense! Y gracias por estar ahí. MILA ESKER!

Fotos: De la memoria familiar, invierno de 1973, y selfi postpeluquería, marzo 2020. Texto y reflexión: Edurne

domingo, 15 de diciembre de 2019

PARA TOD@S VOSOTR@S : una carta de agradecimiento y despedida




Cuando era pequeña, allá por la recién estrenada segunda mitad del pasado siglo, y veía mi vida como un largo camino, pensaba que me iba a dar tiempo para hacer todo lo que quisiera. ¡Ingenua de mí! Han pasado muchos años, muchos, tal vez diría que demasiados, aunque, nunca son tantos como pensamos, y de todos aquellos sueños, aquellos planes… el que de verdad he podido cumplir hasta el final ha sido el de mi vocación, temprana, de ser maestra. Claro que también quería ser titiritera, espía, payasa, escritora, misionera, bailarina, bibliotecaria, enfermera, arqueóloga… ¡Y tantas cosas más! Todavía sigo queriendo ser unas cuántas de esas… ¡Tal vez ahora pueda!



Viernes 20 de diciembre de 2019, último día de una etapa de mi vida que se cierra, mi periplo más largo, más provechoso, duro y alegre (de momento). La nostalgia, que me viene rondando y anudando las entrañas y la garganta desde hace tiempo, me empuja a que os escriba esta carta.

No he tenido hijos, pero el destino me tenía preparada esta otra “maternidad”, la de ser la maestra, la andereño, de tant@s y tant@s... En treinta y ocho años de profesión, treinta y nueve cursos escolares, ¡uf, sois una legión quienes habéis pasado por mis manos! Incluso he sido andereño de algunos de vuestros hijos e hijas... Más orgullosa no puedo sentirme. 



Siempre he tenido miedo a estropear tan preciada mercancía. Las dudas me han asaltado hasta el último momento: ¿estaré haciéndolo bien? El material humano, y más si son niños, adolescentes, es lo más delicado que hay para trabajar. Si erramos, lo hecho no es algo que pueda borrarse y volver a empezar. Lo hecho, hecho está, ahí queda, y el error le puede fastidiar la vida a esa criatura.



Pero estoy tranquila, habéis salido al mundo, y no es el mundo el que os ha comido, sino vosotr@s quien se lo come, tenéis buenas herramientas entre las manos y sabéis usarlas.
También estoy contenta porque much@s de vosotr@s habéis seguido mis pasos y ahora os dedicáis a esta bendita profesión. Un@s cuánt@s habéis hecho las prácticas de Magisterio conmigo; otr@s, en algún momento, habéis trabajado, o incluso ahora mismo trabajáis, en la escuela… ¿Entendéis eso del orgullo? Es como el orgullo de una madre.

Jubilación. ¡Qué palabra tan fuerte! A mí se me ha metido hasta el tuétano y mientras que no la digiera bien digerida, me va a estar machacando noche y día. Acostumbrarse a los cambios es duro, difícil… Ya lo iréis comprobando, de hecho ya habéis hecho algunos cambios en vuestras vidas, unos porque han de llegar, otros, voluntarios, y otros porque vienen sin avisar y nos dejan descolocados. ¡Así es la vida, querid@s!



Siempre me he vanagloriado de mantener una buena relación con mis alumn@s, y creo que soy una gran privilegiada, porque, a ver, ¿cuánta gente de mi profesión puede decir que a pesar de los años pasados todavía mantiene el contacto con un nutrido grupo de sus pupil@s? Yo sí puedo decirlo, y presumo de ello.

Seguir vuestros pasos más allá de la escuela no ha sido difícil, siempre he preguntado a unos y a otros, aquí y allá… Siempre he estado al tanto de vuestros progresos y me he alegrado de esos logros merecidos. ¡Sois mis niñ@s!

Andereño Edurne. ¡Suena tan bien! No quiero ser otra cosa que andereño Edurne, siempre seré andereño, maestra, ¡hasta que me muera!



Sé, por experiencia, porque yo también he sido niña, adolescente, joven alocada… que hay profes que se quedan en tu corazón para siempre, yo tengo un@s poc@s. De hecho, hace unos meses, y por uno de esos azares maravillosos de la vida, pude contactar de nuevo con mi querida profe de Francés del Instituto, Yvonne. La emoción que le hizo saber de una de sus alumnas, que además la había recordado toda la vida y que ahora tenía la oportunidad de decírselo… fue terrible. ¡Uf, me emociono solo de volver a recordarlo!

Sé también, que much@s os seguiréis acordando de mí, (¡espero que bien!), y que otr@s me habrán borrado de su vida hace tiempo ya. Es imposible caerle bien a todo el mundo, resultarle buena profesora, que sientan que les eres cercana, que crean que en realidad te preocupas por él, por ella…



Pero lo que sí quiero que sepáis es que de tod@s vosotr@s, y mirad que sois chiquicientos…, he aprendido mucho. He aprendido de vuestros problemas, de vuestras reflexiones, de vuestras vivencias, de vuestros razonamientos, de vuestras cabezonerías, de los malos y buenos tragos que me habéis hecho pasar, de lo que he sufrido y lo que he disfrutado con vosotros… Habéis hecho que nunca haya dejado de ser esa Edurne niña que salía del cole todas las tardes como si acabara de llegar de la guerra de los Cien Años: despeinada, con las manos manchadas de bolis de todos los colores, con los leotardos del uniforme retorcidos, con la goma de saltar saliéndose por el bolsillo de la bata, y con esa sonrisa inocente y picarona pidiendo la merienda a ama, y con un poquito de miedo por tener que decirle a aita que no había terminado todos los trabajos de clase… ¡En fin, cómo no me iba a identificar yo con vosotr@s!



Sé que ya sois unas mujeres y unos hombres de provecho, y que l@s que están en el camino, también lo lograrán. Da igual a qué nos dediquemos, no todo el mundo puede ser ingeniero, piloto, arquitecto, físico… en la vida somos de todo, necesitamos de todas las profesiones. Solo tenemos que poner empeño y mucho cariño en lo que hacemos. La de maestr@ es la profesión de profesiones. Para ser lo que sea que queramos o podamos ser… hay que pasar por la escuela. Y ahí es donde estamos nostr@s, esperando a que años tras año lleguen nuevas generaciones a las que educar y enseñar a ser buenas personas, que en definitiva es lo más importante de todo.

Espero haber estado a la altura, con todos los fallos y defectos que arrastro (es lo que tiene ser humano y no máquina), yo he intentado dar todo lo mejor de mí y hacerlo lo más ameno y divertido posible. Recordad que el saber no ocupa lugar, eso me lo decía siempre  mi amama. Sabed que os quiero a tod@s, que podéis contar conmigo para lo que queráis o necesitéis. Habéis sido un regalo para mí.



No os olvidéis nunca de luchar por aquello que creáis justo, ni de perseguir la felicidad, y mucho menos de ser buena gente…
¡Ojito, que os estaré vigilando!

Bihotz-bihotzez
                            Andereño Edurne 




Fotos: De mi memoria personal. Texto, lágrimas, moqueo, sentimiento, alma, corazón y vida  y demás: Edurne
* Escribo en castellano puesto que la carta la voy a publicar en medios en los que quienes me vayan a leer no tienen porqué saber Euskera. 











domingo, 15 de septiembre de 2019

¡ME QUIERO JUBILAR!




                                                         
¡Jajajajaja! Me paso el día diciendo que me quiero jubilar. Lo digo así, como en broma, pero no lo es. El hecho tiene dos lecturas, al menos dos, que seguro que tendrá más... Claro que me quiero jubilar, es necesidad vital para mí en estos momentos de mi vida, pero, ¡qué bajonazo me está dando!

Treinta y ocho años de mi vida dedicados a la enseñanza en la Escuela Pública. Ahí es nada. Y de ellos, treinta y cinco años, cuatro meses y treinta y tres días, para cuando deje de formar parte activa del claustro de mi último centro, o sea, más de la mitad de mi vida en “mi escuela”. ¡Cómo no voy a estar de bajón! Tengo un maremágnum de emociones en el cuerpo, que no les digo nada.

Ando haciendo limpieza y ordenamientos varios de cajas, armarios, carpetas, libros y cuadernos, también voy encontrando reliquias, apartando lagrimones que no piden permiso… ¡Ay!


Cuando digo que en navidades me jubilo, mucha gente me mira con cara rara, así como pensando que seguro que no tengo 65 años… Y tengo que aclarar: miren ustedes, es que yo soy maestra, funcionaria de carrera, o sea, con mis oposiciones, en el ejercicio de mi profesión y cotizando desde el curso 81-82, lo que se traduce en 38 años, que en diciembre cumpliré 60, y que al pertenecer al régimen de MUFACE (Mutualidad de funcionarios civiles del Estado), lo que llaman “Clases Pasivas” (me río yo de eso de las clases pasivas, que venga Dios y lo vea, ¿pasiva yo? ¡Ay, que me parto!), pues eso, que en esas circunstancias… ¡ME PUEDO JUBILAR!


Veremos cómo transcurre este trimestre. De momento estoy haciendo un duelo escalonado, que no sé si será mejor o peor. Para empezar he tenido que salir de la que ha sido mi aula en los últimos veintiocho años, porque no voy a coger tutoría, voy a dar refuerzos de Euskera en el tercer ciclo, así que... ¡Fuera!, ¡y eso sí que ha sido la repera limonera! Ahora mismo no sé si seguir con el tema, porque se me están anegando los ojos, ¡ya les digo!


¡Ah, y en estos dos meses de verano, hasta nos ha crecido una calabaza en nuestro pequeño huerto escolar!


Que sepan que por aquí estoy, que no me he ido, y que no me pienso ir. Llevo un ritmo dispar en todo, solo dejo que mis días vayan fluyendo tal cual, y luego ya iré poniendo orden en todo mi mundo, que está bastante “despeinado”, como unas crónicas que tengo por ahí a medias… en algún momento las sacaré.

Septiembre avanza a pasos agigantados, ya nos hemos zampado la mitad de este mes tan especial. Y digo especial porque para mí, desde niña, septiembre era mágico. El final del verano, de esas largas vacaciones en las que yo disfrutaba como una enana, y el ir preparando la vuelta al cole. Despacito. Entonces el curso empezaba en octubre. Recuerdo yo el 3 de octubre de 1968, comienzo de curso; terminada la Primaria, 1º, 2º y 3º, y previo paso por Parvulitos, claro, entrábamos en un limbo llamado “Ingreso”, lo que hoy en día es 4º de Primaria, y antes 4º de EGB. Ahí se suponía que se cimentaba el paso al Bachiller Elemental, 1º, 2º, 3º y 4º, más una Reválida (verán ustedes que yo soy muy antigua ya…). Bueno, que me desvío, yo estaba en ese 3 de octubre de 1968, primer día del nuevo curso. Nervios. Nueva profesora, en este caso la hueso más hueso de todo el cole, “la Pinocho”, se llamaba Rosa, pero todo el mundo la llamaba La Pinocho (¿cómo me llamarán a mí?), y así nos fue dada en herencia. Nervios y miedo, porque, infundía miedo la tía, ya les digo yo que sí…El caso es que a mí, aquel día todo me daba un poco igual, me sentía a flote. Me pasé la mañana preguntando a todas las niñas, que a ver qué iban a hacer a la salida de clase, que a dónde iban a ir…Y todo para que me preguntaran a mí y yo poder contestar: “¡Pues yo voy a la clínica, porque hoy me ha nacido un hermanito, o una hermanita!” Ese fue, ha sido y será, el comienzo de curso más especial de toda mi vida.

Septiembre, desde hace muchos años es el comienzo de una nueva etapa, para nosotros es como si el Año Nuevo nos llegara el 1 de septiembre, así de claro. El olor a tiza, a lápices de colores, a libros y forros… ¡Eso no tiene precio! No hace falta ser niño para disfrutar de ese hormigueo de estrenar la sabiduría que está por venir. ¡Tantas cosas!

El pasado lunes 2, en el claustro de comienzo de curso, pensaba yo que con cada frase, cada situación, estaba despidiéndome de ese mundo, de mi mundo, que iba a ser la última vez que me reencontraba con mis compas en la sala de profes, que iba a ser la última vez de ese ritual tan interiorizado…

¿Pero yo no había dicho que iba a dejar el tema por eso de los embalses llenos de agua que me inundaban la casa de las emociones? No tengo remedio.



Maestra soy. Maestra seré hasta que me muera.
¡Feliz comienzo!


Fotos, texto y emociones: Edurne. Imágenes: Internet

miércoles, 4 de marzo de 2015

TURANDOT (Replay)





Llevo toda la tarde con Puccini, poniéndoseme la piel de gallina y el vello en punta escuchando TURANDOT....
"Dilegua, o notte!...
tramontate, stelle!
All'alba vincerò!
Vincerò! Vincerò!"
Y como me ha dado por ahí, se me ha ocurrido contarles a ustedes mi experiencia con esta magnífica ópera.
Se habrán dado cuenta de que en las fotos previas aperezco yo, convenientemente caracterizada para el evento.
O sea, pueden deducir fácilmente que trabajé en la representación de Turandot.
Corría el año 2002, así que en septiembre hará seis años de todo esto.
Y perdonen si me dejo llevar por el entusiasmo, pero realmente es una historia emocionante, cuyo argumento paso a contarles muy resumidamente:
La historia transcurre en Pekin, en una época legendaria.
Según la ley, la princesa Turandot sólo se casará con el príncipe de sangre real capaz de resolver las tres adivinanzas que le propongan.
El corazón de hielo de la princesa Turandot se derrite cuando un desconocido príncipe acierta los enigmas por los que podría casarse con ella, y aún así está dispuesto a morir de amor para que ella le ame.
Aquí va uno de los tres enigmas:
"En la noche sombría
vuela un fantasma iridiscente.
se eleva y despliega las alas
sobre la negra e infinita humanidad.
Todo el mundo lo invoca
y todo el mundo lo implora,
pero el fantasma desaparece
con la aurora
para renacer en el corazón.
¡Y cada nocha nace, y cada día muere!"
Si alguien sabe la respuesta...
Puccini murió antes de terminar esta ópera, por eso la escena final se debe a uno de sus discípulos que disponía de todos los apuntes del maestro.
Y ahora les reto a que me busquen (¡y me encuentren!) en las dos fotos de escena. Pinchen sobre ellas y las verán en grande, no creo que les sea muy difícil encontrarme...
En la primera de ellas, a la derecha, Ainhoa Arteta en el papel de Liù.
Bueno, si pueden, localicen esta música y dénse un gustazo.
Yo sigo...
"Amor!
O sole! Vita! Eternità!
Luce del mondo è amore!
Ride e canta nel Sole
l'infinita nostra felicità!
Gloria a te! Gloria a te!"
FINE

Fotos: de la representación de Turandot

ENTRADA YA PUBLICADA EL 13 de ABRIL de 2008. Es que esta tarde, miércoles 4 de marzo de 2015, sola en clase, estoy con Puccini, con TURANDOT  y... ¡me ha invadido la nostalgia, ya ven ustedes!
Y claro, de toda esta historia, en septiembre se cumplirán trece años. ¡Socorrroooo! ¡Ahora sí que me parezco a la de la foto! ¡Jajajaja!


domingo, 9 de noviembre de 2014

TÓTUM REVOLÚTUM (Crónicas del desconcierto)

Hace dos semanas escribía yo todo lo que sigue a continuación, y que a su vez formaba parte de un borrador de hace más de mes y medio.
En vista de que mis biorritmos siguen igual, decido ahora mismo publicar lo que tengo así, tal cual, a palo seco y con poca imagen (ya iré añadiendo y reformando, ¡espero!)
Se me anda complicando todo mucho, y también que mi yo guerrero está bajo mínimos. Ya se irá inflando la vela para poder soltar amarras y volver a navegar... 
Paciencia y confianza.
Y disculpas si les resulta largo y pesado de leer todo lo que ahora les lanzo, como una botella con mensaje arrojada al mar...


Confusión. Caos. Altibajos. Agobios. Prisas. No tiempo. Pero nada, nada de tiempo. Nada para nada. Y todo revuelto: la vida, los sentimientos… Todo.

Hay cosas, ciertas cosas que más o menos se mantienen, otras que cambian, algunas más que no llegan, que se frustran, y muchas que te parece que están ahí para machacarte todavía más.

Ahora mismo, después de tener en el borrador del blog esta entrada con título e imagen de cabecera desde hace casi un mes, y de llevar dándole vueltas a todo, ahora mismo, repito, cuando son las 18:18 de la tarde de este primer domingo con hora atrasada (me está entrando un bajonazo), acabo de entrar de la terraza, donde llevaba un rato leyendo, y he decidido que me tengo que poner con este Tótum Revolútum (y hasta dudas me entran acerca de las tildes…) porque el demorarlo más puede ser peligroso.
Y punto.



He subtitulado la entrada como “Crónicas del desconcierto”, y nada más certero. Hay Crónicas del Foro, hay Historias de la Ría, hay pensamientos y reflexiones, emociones y desconsuelos, hay impotencias y rabias contenidas; pero también hay un poco de la sal de la vida: de exposiciones, de paseos, de alguna charla reconfortante, de cines, de libros, de nuevo curso escolar y literario, de tertulias, de presentación de nuestro libro… Como ven hay de todo.

Ahora mismo no me veo capaz de referirles a ustedes todo cronológicamente, así que me perdonarán si voy un poco a salto de mata, en plan anarco, un poco como una parte de mí misma, que viaja por libre por la vida. Y también sabrán disculpar el que tal vez no haya demasiado texto, demasiada narración de los hechos, no sé, ahora mismo, según tecleo y la noche se va acercando (porca miseria!), no tengo ni la más remota idea de lo que mis dedos juguetones están pensando teclear en el próximo segundo… Soy “espontánea”, como el Cola-Cao (jejejeje).



En Septiembre (¡qué lejos queda ya!) comenzó la nueva etapa escolar. Nuevo curso, nuevo grupo… Yo ya les tenía el ojo echado, y como no tengo nadie por delante para elegir… pues para mí, ¡adjudicados! 5º de Primaria, 14 pupilos de mi tutoría y tres más de otra tutoría en las horas de Euskera, Mate y lo que en castellano se denomina Conocimiento del Medio, o sea, durante 11 horas semanales tengo 17 y el resto, 14, no está mal, ¿no? Pero no es oro todo lo que reluce…

(Inciso, tengo que encender la luz).



El coche se ha calado, contacto y… arranca. Arranco de nuevo. Metáforas para explicar un poco mi estado, mi nuevo estado vital. Así ando, me paro y arranco, me paro y arranco.

El viernes que viene me daré otro paseo por el Foro, ya estuve el mes pasado también, pero, a veces lo más importante no es ir y ver y ver, y caminar y caminar… no, a veces lo más importante radica en lo más simple, en lo más sencillo: en quedarte en casa, en sentarte a ver la tele con quien quieres, en dormitar tranquila, aunque solo sea un par de horas, en leer el periódico, en pasear sin rumbo pero cerca de la orilla, en sentarte en un banco y mirar al cielo, observar el baile de las nubes, lento, acompasado… ¿Consiste en eso la felicidad? Pues teniendo en cuenta que la felicidad es una quimera que solo se nos presenta a ratos, por momentos, segundos, que son trozos, jirones de momentos felices… sí, hay que agarrar esas situaciones y considerarlas como un regalo. Doy las gracias por todo lo que tengo, que en realidad no es poco. Tengo muchísimo más que muchas personas, y aun así, me siento desgraciada gran parte del tiempo. Y tampoco creo ser diferente a ninguno de ustedes, me pasan las mismas cosas, parecidas, solo que en momentos diferentes, cuando unos lloran, otros reímos, y viceversa. Me siento en proceso de cambio, de reforma, de reencuentro con todo, con la vida, conmigo misma, con los demás…

Ayer le decía a mi ama que me había vuelto muy observadora. Y eso lo he “observado” desde que me tocó ser el bastón de mi aita, primero, y ahora de mi ama. Voy caminando con él, antes, y con ella, ahora, nos paramos, nos sentamos, miramos, hablamos, o nos miramos… Y yo me percato de todo lo que hay a mi alrededor. Y saco muchas conclusiones, muchas (otro día les hablaré de ellas).

Y… como veo que me estoy yendo por las ramas, y no quiero ponerme demasiado melancólica o grave y seria, profunda, filosófica, llorona… pues nada, que voy a pasar a hacer una breve recopilación de hechos acaecidos o acontecidos en este periodo de tiempo, corto, pero largo al mismo tiempo.

Antes de nada, caer en el tópico del tiempo, y en repetir conversaciones de ascensor que ya han trascendido a otros términos y lugares. El tiempo, el otoño que no termina de llegar, el verano que se prolonga en demasía, dejando los cuerpos desconcertados. Sí, ¿hasta cuándo? Una ya no sabe qué ropa ponerse, por un lado parece que no procede tal o cual vestimenta, pero… sí, noviembre está al caer, dentro de seis días ya estaremos en ese tramo que suena a frío, y… ¡NADA! Pues eso, que así estamos con los termómetros locos, locos. Y que nadie me diga que no tiene relación directa con la alteración de las personalidades. Si nos afecta a los adultos, imaginen a los más pequeños. Y como tienen menos mecanismos que nosotros para controlarse, pues, eso, lo que están pensando, que es una locura dar clases. Ni les cuento.

Y como apuntaba más arriba, haciendo referencia al codiciado metal, pues este año tampoco me he librado de tener un elemento discordante en grupo tan majo. Una locura. O da él conmigo, o yo con él. La cosa ya está que arde y ha habido tres entrevistas con la madre, la última con ultimátum. Esperemos que surta efecto y que además al niño lo desvíen a un psicólogo para que hagan un diagnóstico y sepamos a qué atenernos. Y una que está más blandita y sensible que lo normal…

Me parece que había dicho yo que iba a haber poco texto, ¿no? No sé…

En Septiembre también tuvo lugar la presentación de nuestro libro colectivo, ¡el número 18! Fue un rato de lo más agradable, y les juro que esas horas, las aproveché a tope. Además de los reencuentros y los ánimos y votos renovados para este nuevo curso escribidor, a mí me sirvió de terapia, de cambio de chip.



Inciso, Inciso y más inciso. La hora avanza, las 20:45. Esta mañana he estado haciendo trabajos de clase, por lo menos ahora no me agobia eso y estoy un poco más tranquila. Voy y vengo de la terraza a la cocina, al ordenador… La temperatura es fenomenal. 

Mañana lunes, repaso mi semana, cómo se presenta: a tope. Además tengo entrevistas con padres y madres hasta en los recreos que libro. ¡Socorro! Menos mal que a la tarde me sentaré en la mesa del Taller a escribir, a inventar historias, a evadirme un poco de la mía.

Hace mucho que no hablamos de museos, ¿verdad? Pues es que si les digo la verdad, casi como que mezclo lo último que he visto. Bueno, en el Bellas Artes de Bilbao siempre hay algo que merece la pena, pero hace un par de meses que no he ido, desde la exposición que hubo dedicada a una familia bilbaína de origen alemán centro europeo, "Los Rochelt”, pertenecientes a la próspera burguesía de principios de siglo y que casi todos sus miembros se dedicaban a pintar a mas de dirigir fábricas y negocios semejantes. Fue interesante, la verdad, porque descubres que hay gente muy buena en esto del arte, aunque nunca hayan sido famosos. Y luego otra exposición: “Arte japonés y japonismo”, muy oriental, y que te lleva tranquilamente por las salas donde está ubicada (ya no está), como sin darte cuenta… Interesantes ambas.



Ahora hay otro par de exposiciones, sin contar la permanente del museo, que merece muchísimo la pena, y que nos llevan por otros derroteros. Todavía no he estado, pero una de ellas, la del “Hiperrealismo” creo que es la misma que vi hace tiempo en Madrid, y otra, la titulada “El Museo del Prado y los artistas contemporáneos”, que también tiene muy buena pinta. Hasta enero las dos, hay tiempo.



En cuanto al Guggenheim, el otro día estuve viendo un totum Revolutum de obras maestras del fondo de la Fundación. La exposición se titula “El Arte de nuestro tiempo. Obras maestras de las colecciones Guggenheim”. Pues eso, obras maestras. Siempre hay un artista que nos interesa o nos atrae e impacta más que otros, pero en general, la exposición tiene un poco de todo y creo yo que para gustar a todo el mundo.



¿Leer? Pues sí, leer leo, no todo lo que quisiera, pero procuro sacar tiempo y sumergir mi cabeza en otros parajes. Ya saben que en el bus de ida y en el de vuelta cuando voy a Madrid leo y leo y leo…



El mes pasado me devoré en los dos viajes la trilogía de Agota Kristoff “Claus y Lucas”, que comprende tres novelas: “El gran cuaderno”, “La prueba” y “La tercera mentira”. Una historia terrible, amarga, dura, oscura… no sé qué más adjetivos de este calibre añadir, pero a mi parecer, genial. La escritura de Agota Kristof, escueta, casi naif, diría yo, es el elemento que amalgama esa dureza, esa crueldad de la historia de los dos gemelos, Claus y Lucas. Desprovista de adornos, de calor, de color, de ternura… la historia, como la escritura, nos arrastran a un mundo frío, gélido, donde la supervivencia es el único fin. No voy a contarles nada más, solo decirles que merece la pena leerla. En algunos pasajes me recordó a “Purga” de Sofi Oksanen.


De las tres novelas, la primera me pareció sublime, la segunda me dejó un poco trastocada, pero bueno, la seguí bien dentro del desconcierto, y la tercera me pareció un poco como un sueño extraño. No sé si la pretensión de la autora era confundirnos más o es que la historia se le fue un poco de las manos. Sea como fuere, globalmente, es un todo terrible, y te hace pensar en muchas cosas, así mismo haces cábalas acerca de la estructura de la obra, por si Kristof no ha querido expresar cuestiones más a nivel irreal, donde entran en juego las enfermedades mentales o… En cualquier caso, presente está, y a lo largo de toda la obra el trasfondo de las guerras, de las dominaciones, y las miserias que generan los desastres de este tipo. Como dato, apuntar que Agota Kristof, nació en Hungría, que Hungría se alineó con el Eje en la época de la 2º guerra mundial, que después fueron invadidos y “salvados” por los rusos, y entraron a formar parte del universo soviético… y que ella misma huyó con su familia a Suiza donde vivió hasta su muerte. Muy marcada quedó está mujer, de ahí lo desgarrador de su obra. Léanla cuando se sientan con la suficiente curiosidad o el suficiente ánimo, y si ya la conocen, mejor que mejor.

Más. ¿Más libros? Sí, he leído más, pero ahora, otro inciso de nuevo. Perdón. Tal vez siga mañana. 



No, no seguí al día siguiente, como ya he apuntado al inicio... Lo dejo aquí. Estuve en Madrid, sí, así que ampliaré, ya les digo. Ahora les pido disculpas por este retraso, este barullo, y esta melancolía que me invade. Un super abrazo para todo aquel que todavía siga pasando por esta Orilla.


Tótum Revolútum: Edurne. Imágenes: Internet. Escaneado libros: Edurne. Fotos: Antonio y Edurne


jueves, 28 de agosto de 2014

CRÓNICAS DE UN VERANO INCIERTO



Todavía dudo acerca de cómo llamar a estas crónicas que me dispongo a relatar: Crónicas del desasosiego, de un verano incierto, del más de lo mismo, del a mal tiempo buena cara, de…

El caso es que llevo días en posición y predisposición escribidora, más bien mentalmente, soltando un poco de toda la metralla que me carcome por los adentros. A saber, mezcla de dolor, de angustia, llanto y quebranto. Aderezado con miedo, rabia, impotencia, tristeza y… ¡qué sé yo qué más! Aquí voy a poner unas fotos costeras, que el mar siempre relaja.



Dentro de dos lunes estaré presentando mis credenciales para el nuevo curso escolar, un “dejá vu” que viene durando desde el curso 1981-1982. Veré a mis compas, a los de siempre, a los nuevos… casi todos con caras de relajo, piel tersa y coloreada, ojos vivos y sonrisas a diestro y siniestro, con añoranza por el descanso, por los lugares de siempre o de ensueño visitados en estos dos meses de más que bien ganado asueto.


Menos mal que entre mis muchos defectos no está el de la envidia, porque sino… ¡marciana parecería, por lo de ponerse verde! Yo transitando como buenamente puedo día tras día, sin saber ya cuándo dejé de contar los años por años, los meses por meses, las semanas por semanas y los días por días… y el resto disfrutando. Así que volveré más agotada si cabe, arrastrando mucho tipo de lastre. Espero poder ir soltando algo aunque sea en momentos puntuales. Ya lo dice el refrán: “No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante”.

No crean que cuento esto para dar pena ni nada por el estilo, ¡no! Soy como los gatos y otros animalillos, que se lamen sus propias heridas despacito y con mucha paciencia. Escribo porque necesito hacerlo, para mí es necesario, es una válvula de escape. Además de sano ejercicio, también practico la escritura automática a la vez que desnudo mis sentimientos, salpicados con situaciones más atractivas…


Julio fue un mes rápido, pasó casi sin enterarme, entre idas y venidas a la escuela a principios de mes, entre paseos con la madre, entre aderezos varios de una y otra casa, entre que si ordeno y no ordeno, entre que qué calor Dios mío, así no hay quien aguante… esperaba yo que llegaran mis poquitos días de descanso para compartir con mi don Gato… Pero, héte aquí, que al segundo día de nuestro recién empezado periplo, la señora madre se nos pone mala y tuve que volverme para el Botxo a toda pastilla, dejando al pobre felino plantado, anulando reservas y…



Y aquí andamos, bueno, malamente andamos, la verdad, que la cosa ha ido del asunto locomotor, así que mucha paciencia (de esa me sobra, pero…). Un fin de semana de tres días en el Foro, con una escapada a Pedraza en la provincia de Segovia, pueblo de piedra, bonito de verdad, y los dos días de Asturias, en la zona de Langreo y Avilés, la Asturias verde y minera, antes del naufragio… eso es lo que puedo añadir a mi ruta vacacional.



Aquí también he de apuntar que como voy cual moto de GP1 (¿se dice así, son esas las de mayor cilindrada…?), pues todo tipo de accidentes tecnológicos y tal y tal, se me dan, vamos, divinamente bien. No sé si comenté que hace dos meses exactos tuve uno de esos percances acuáticos con el móvil… bien, pues hace un par de semanas, más de lo mismo, y además en las mismas condiciones, chof, ¡suicidio del celular en la taza del wáter! 


Imaginarán ustedes mi impotencia, mi… mi no sé qué. Un desastre, así no se puede ir por la vida, y yo ya estoy llegando al límite de velocidad permitida. Habrá que hacer algo. Sí.
Me han prestado un móvil mientras pienso si gastarme los cuartos en uno nuevo, que tendré que hacerlo pues ya no entro dentro de los parámetros de móvil nuevo sin pagar un chavo… ¿No me digan que no es para estar rabiosa? En fin, pero como eso no es lo más importante de la vida, de mi vida al menos, dejemos que fluya, que fluya, que fluya…

Más arriba decía yo lo de “dentro de dos lunes…”, ¡jajajaja, dos lunes! Hoy es 28, o sea, el lunes que viene, dentro de cuatro días. Y caput, c’est fini! Hasta estas crónicas se han quedado aparcadas unos días desde que empecé a escribirlas.



Miro a través de la ventana, con unos cristales recién limpios y veo que una lluvia fina, nuestro querido sirimiri, ha hecho presencia hoy por el Botxo, fastidiando a casi todo el mundo, que también hay que decirlo. Mi montecito de enfrente ha desaparecido tras una cortina de bruma blanquecina y húmeda. ¡Y pensar que estos días hemos estado ardiendo literalmente, con un cielo hermoso y azul, con un sol castigador! No es una tarde propicia para las alegrías. Habrá que dar la luz mucho antes, y eso… eso lo llevo muy malamente, de verdad.



¿Y ustedes qué tal andan de lecturas veraniegas? Es que yo ando con mi libro de Atxaga, el de “Días de Nevada”, de un sitio a otro, y como el tiempo me falta, cuando consigo sentarme un momento, el cansancio se apodera de mí, y caigo en brazos del amigo Morfeo sin darme cuenta. ¡Ya ven, y con lo que me está interesando el libro!


No obstante, en mi último fin de semana en Madrid, en el viaje, ida y vuelta, di buena cuenta del último libro (al menos el último de él que yo tengo) de mi querido Murakami: “Los años de peregrinación del chico sin color”. Me gustó muchísimo, a pesar de la tristeza que rezuma, pero eso ya lo sé, lo de la tristeza,  cada vez que me sumerjo en una historia murakamiana (¿o será murakaminiana?). Sea como sea, Murakami siempre me hace viajar a unas vidas distintas pero tan iguales en el fondo, en los sentimientos más de verdad, en los miedos, en las soledades…



Y ayer me compré un libro de la editorial Nørdicalibros, una de mis favoritas. Sus ilustrados tienen una categoría… Pues bien, Juan José Millás ha escritos catorce relatos cortos, bastante cortos, diríase que microrrelatos, sobre las infidelidades, los adulterios. ”Infieles y adulterados” Cuentos de adulterio, que así se titula el libro, es una recopilación de catorce historias, todas iguales, pero todas distintas (vaya novedad, dirán ustedes, pero no, no es así, tiene algo muy peculiar, tendrían que leerlo), donde Millás, se hace acompañar por catorce ilustradores españoles, también muy diferentes en estilo, pero iguales en calidad. Se lee de un tirón. Y se quedan las ganas de leerlo cuantas veces se quiera. Se puede. De hecho yo ya estoy releyendo algunos de esos cuentos, esta vez al azar, abro el libro, y el que caiga. Ayer lo hice siguiendo un orden, el establecido por el autor o el editor o…



Sigue el sirimiri fastidiando mis cristales, ¡mekatxis! Pero no me voy a amilanar, voy a sacar a la palestra estas Crónicas inciertas. Dejaré alguna que otra foto de esos lugares que fuera de mi entorno habitual he visitado muy a la carrera, y lamentaré mi mala estrella con lo del móvil, pues también he perdido un montón de preciosas fotos que estaban albergadas en la memoria del susodicho. ¡Porca miseria!

Pero bueno, dejémonos de lamentos. Estamos vivos y eso es lo que importa, así que seguiremos tirando del carro.



Que sus veranos hayan sido reparadores y dignos de recordar por lo bueno y extraordinario. Y que la vuelta a la rutina sea leve.

Fotos: Antonio y Edurne. Manipulaciones fotográficas, escaneado libros y hoja calendario: Edurne. Imágenes Bernardo Atxaga, mujer con muletas, cancelación, tira de Mafalda y móvil en el agua: Internet