miércoles, 18 de marzo de 2020

ANNO TERTIODECIMO. Desde La Orilla en tiempos convulsos.




Y van trece. Un año tras otro y hemos llegado al número maldito (yo no tengo nada en su contra, pero esta vez no sé qué pensar), al doce más uno.

Tiempos convulsos. Alguien ha dejado la puerta abierta y se nos ha escapado un virus puñetero y vengativo que anda haciendo estragos por acá y por allá.

Tiempos del Coronavirus. Todo nos lleva a recordar aquellas plagas y pestes de la Antigüedad: las siete plagas de Egipto, la peste de la Edad Media… ¡Y tantas otras! Y cómo no, también está “El amor en tiempos del cólera”.

A partir de ahora todo será distinto. Ya es distinto. De la noche a la mañana nuestras vidas han cambiado. Un tsunami está recorriendo el mundo. A la Orilla también llega el oleaje alterado, escupiendo rabia, impotencia y dolor. Calma. Dicen que después de la tormenta, escampa, siempre, siempre escampa (mi compa Mercedes dixit).

Hace trece años, cuando decidí arremangarme y dejar que las olas juguetonas de esta Orilla mecieran mis sentimientos, mis angustias, mis alegrías… no imaginaba yo que iba a vivir tiempos de sufrimiento, de pérdidas, de incertidumbre, de enojo y confusión. Claro que también ha habido una buena ración de risas y cosas buenas. La vida misma.

Como vengo haciendo todos los 18 de marzo desde que abrí este rincón de encuentro, de compartir y aprender, tengo costumbre de acompañar el texto con una foto mía de esa edad. Este año toca una muy graciosa, aunque yo esté superseria, casi asustada ante la cámara. Tenía trece años, y ya sabía lo que me gustaba (no todo) y lo que no (no todo), pero el aprendizaje de vida ya había comenzado un poco antes. Han pasado 47 años entre esa foto de cabecera y la que cierra esta crónica. Mucha vida.

Gracias mil por seguir acompañándome en mi periplo particular. Este espacio, y tod@s l@s que habéis chapoteado en él antes o ahora, ya formáis parte de mi curriculum vitae.

Son momentos duros estos de ahora, pero estoy segura de que saldremos reforzados de este torbellino de miedos y desconciertos varios. Si todo el mundo aporta lo mejor, si hacemos las cosas con responsabilidad, si somos solidarios, si apoyamos a los más débiles y vulnerables y mantenemos la esperanza y la confianza… ¡Todo saldrá bien!

No se olviden de ser felices a pesar de los pesares, de mantener el tipo por los que no pueden, de afianzar los afectos, ya estén cerca o lejos, de mirar a la vida con otros ojos, y de descubrir lo pequeño en medio de la inmensidad de nuestro ruidoso mundo, ahora en silencio.


¡Cuídense! Y gracias por estar ahí. MILA ESKER!

Fotos: De la memoria familiar, invierno de 1973, y selfi postpeluquería, marzo 2020. Texto y reflexión: Edurne

5 comentarios:

Chelo dijo...

Pues quizás en estos momentos sea más necesario que nunca seguir aquí en la brecha para compartir amistad y abrazos desde la lejanía.
Enhorabuena por esos 13 años. Espero que esteis bien . Un abrazo

Myriam dijo...

¡Muchísimas felicidades, querida Edurne y larga vida a este blog.

ZORIONAK eta eskerrik asko

Musuak eta besarkadak

Francisco Espada dijo...

Sin lugar a dudas en un inflexión, una marca entre un antes y un después. Ya se vislumbraba la entrada en una nueva era que imaginaba La Era de las Comunicaciones, pero esta incomunicación, esta mirada hacia adentro... No alcanzo a saber qué, pero el coronavirus será la referente histórica con el que será conocida en el futuro.
Un beso.

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Un fuerte abrazo, Edurne. Felicidades por esta constancia. Sigamos, sigamos, sigamos.
Espero que todo vaya bien por allí.

María dijo...

Zorionak! Edurne. Gracias por esta orilla en la que chapotear, pasear y descansar.
Hoy más que nunca es un refugio, un remanso en medio de la tempestad.
La comunicación en medio de este aislamiento es un soplo de aire fresco.

Gracias de nuevo, ¡ånimo! y un abrazo fuerte fuerte.