
Hoy voy a echar mano del maestro Benedetti.
Y voy a echar mano de él, para reflexionar un poco sobre el hecho de vivir, vivir adrede...
Foto: Aitor


... Que el Coyote te va a comer. 

Busco luz en la noche del sexo.
Fuera de ley, mi corazón
a saltos va en su inquietud.
¿Por qué un para qué?
Y he de besarla un día con rojo ardiente...
¿Para qué un por qué?
II
¿No sabes el secreto misterioso que entrañas?
¿No sabes de la simiente que, oculta,
germinas con tu llanto, con tu risa?
¿No sabes de la luz del deseo,
de la llama encendida que en ti habita?
¿No sabes?
Foto: Aitor Texto: Edurne








Pintura: Antonio Texto: Edurne



Ya ven ustedes, aquí se puede encontrar de todo. ¿Que tienen ganas de unas rancheritas al más puro estilo Jorge Negrete? Pues nada, aquí mismo, en el centro neurálgico del Foro lo tienen: Panchito y sus cuates para servirles.
Madrid me recibe en los últimos tiempos con ambiente más bien norteño, es decir: lluvia. ¡Qué le vamos a hacer, será que de tanto ir y venir, me hace los honores para que me sienta más como en casa (aunque aquí también lo estoy)!
Esta noche vienen Los Reyes (no los que habitan en La Zarzuela, aquí al lado, sino los que escalan muros, ya saben ustedes...). Y el caso es que no sé si pedir algo, me da un poco de vergüenza, tantas cosas que hacen falta en este mundo y yo pensando en... ¡en vaya usted a saber!
Bueno, pues les voy a dejar afanados en sacar lustre a los zapatos... Se me portan bien, ¿eh?, que luego dicen que hemos sido unos trastos y esas cosas...
¡A ver, un poquito de formalidad, que no se diga!
Foto: Antonio



El único empleado de la Poste que estaba de servicio esa mañana trabajaba lentamente, su cabeza estaba en otra parte, no era un buen día para él; había recibido una mala noticia: su hijo Pierre tenía una grave afección coronaria y debía someterse a una operación a corazón abierto.
El tren anunciaba su salida justo cuando Claire bajaba las escaleras de acceso a los andenes. Tuvo que apurar su carrera para poder cogerlo.
Marcel volvió a mirar la dirección del sobre. Todavía tenía cuatro personas delante. Recordó los ocho años que iba a hacer desaparecer en unos minutos. Sonrió.
Pierre siempre había sido un muchacho muy sano, un deportista... incluso jugó en los juveniles del Olympique. ¡No era posible que le estuviera ocurriendo esto! El sueldo de funcionario de correos no alcanzaba para una consulta en un centro privado pero tenía que conseguir una segunda opinión... Miró por encima de las gafas mientras estampaba un sello de envío exprés. La mañana se le estaba haciendo eterna.
Claire había subido a ese tren, le esperaban unas cuantas horas de viaje. Tenía que llegar a tiempo... Tiempo, eso era justo lo que le faltaba, el maldito tiempo, ¡y encima la distancia! Desde París todo se veía tan lejos, tan borroso, tan olvidado... Sólo llevaba un año trabajando en la delegación de su periódico en París, pero le parecía que llevaba un siglo, y ahora su vida daba un vuelco. ¡Tenía que llegar a tiempo!
Marcel jugueteaba con la carta, la pasaba de una mano a otra, se abanicaba con ella... Todavía tres, tenía tiempo para pensarlo un poco más. Las cosas habían ocurrido tan de repente, tan sin darse cuenta de que ocurrían... Y sin embargo creía haberlo pensado bien, creía hacer lo correcto, lo que debía hacerse en semejantes circunstancias, por su bien, por el de ella... ¡O eso pensaba! Lo volvería a pensar un poco más, aún había tiempo.
Suspiró y se ajustó las gafas a la nariz. Al levantar la cabeza vio a Marcel, le pareció raro, porque normalmente pasaba por su casa y le daba las cartas a él. ¿Habría ocurrido algo inesperado? Y se dio cuenta de que todavía no le había contado lo de Pierre, lo haría ahora.
Sabía que su relación hacía aguas. Sabía que su hermano podía morir. Por eso estaba en ese tren, por eso necesitaba tiempo. Marcel lo era todo para ella, y Pierre era la parte de su vida que le recordaba de dónde venía... ¡Tenía que llegar a tiempo!
Era una paradoja querer terminar su relación con Claire a través de su padre. Podía pensarlo un poco más, todavía tenía tiempo.
El tiempo era importante para la operación de Pierre. Claire llegaría esa noche y entonces decidirían qué hacer, ahora tenía que contarle a Marcel lo que ocurría, no quedaba mucho tiempo...
Habían dado las doce en el reloj de la estación D'Orsay. Habían dado las doce y cuatro vidas comenzaban a caminar a la vez, hacia el mismo destino desde distintos puntos. El tiempo, encerrado en la gran esfera, había saltado y todos corrían tras él. Las doce...
Foto: Antonio Texto: Edurne



El Poeta (Alberti)
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