Ya sé que prometí y no he cumplido todavía. Y no, no voy a decir nada más, no voy a pedir perdón y nada parecido (ya sé que estoy perdonada…)
De todo esto realmente ha pasado más de un mes, y además ya he vuelto de la última visita al Foro, es decir: se me junta el hambre con las ganas de comer, así que a ver por dónde y cómo salgo de este embrollo que se me ha montado en la Orilla (oleajes atascados, ¡novedad!)
Intentaré hacerlo ligero, con pinceladas, comentarios breves y reseñas no demasiado pesadas, más que nada por no agobiar, ya que dentro de unos días les colgaré las últimas Crónicas Foreras…
Y echando mano del simil del sándwich mixto, vayamos pues con el queso.
Madrid y su cielo azul. Madrid y esos árboles que tanto me gusta fotografiar, casi siempre mirando hacia arriba, hacia esas copas recortándose contra el celeste intenso…
Y El Retiro es el lugar ideal para estos pasatiempos fotográficos, además, como allí cada cual va a su bola… Unos holgazanean sobre el césped, disfrutan de los momentos de tranquilidad que nos regala un domingo por la mañana. Otros montan en bici, patinan, pasean, dan de comer a los patos, se toman un aperitivo… Incluso los hay que tienen que trabajar ese día. ¡Y hasta los que eligen el entorno para inmortalizar "el día más importante de sus vidas"!
En los alrededores, la vida sigue con ese ritmo de ver, visitar, absorber…
Edificios, museos, estatuas de personajes de renombre, vetustas y sabias instituciones, estaciones ferroviarias, autobuses y otros elementos turísticos más que integrados en la vida cotidiana de la ciudad… Todo, absolutamente todo entra por el ojo del visitante, del paseador, del turista accidental (esto es un título, lo sé, pero me ha aflorado así, de pronto…), y encima con vocación de quedarse ahí, no solo en la retina, sino en el cerebro, en las parcelas de la memoria habilitadas para guardar retazos de toda una vida. Y no importa que hayas pasado mil y una veces por el mismo sitio, que te lo conozcas de pé a pá, que… no importa, no. Y te paras y tocas, y miras, y lees (en el caso de los libros, Moyano y sus casetas…), y picas, ya lo creo que picas, esta vez un librito de Saki, “Doce cuentos impertinentes”, y en verdad, en verdad les digo que… impertinentes, lo son.
No siempre es necesario “beber” la ciudad hasta apurar la última gota, no. Con solo aspirarla un poco, es suficiente para activar nuestros sentidos, los resortes que ya forman parte de nuestro códice particular, y así, tal cual, una se vuelve tan contenta para su Botxo.
En la mitad del sándwich podemos poner unas rodajitas tomate. Tomate literario.
Bajar, y luego subir la Meseta en bus, es para mí sinónimo de leer, leer y leer… Hace un mes la emprendí con un autor catalán, Sergi Pàmies, que descubrí gracias a mi hermano hace un tiempo, y de hecho este libro, “Si te comes un limón sin hacer muecas”, lo afané un día de su casa (ya está de vuelta en sus estanterías). Me gusta mucho la forma directa, escueta y tan como de uno mismo que tiene este hombre de escribir, vamos, de sentir y expresar las cosas, cosas que, por otro lado, si nos ponemos a pensarlo bien, nos podrían ocurrir a cualquiera de nosotros, por muy surrealistas que nos puedan parecer en el momento… Altamente recomendable.
Y en la vuelta me embarqué en la “Misión Olvido” de María Dueñas. Lo traía regalado y de tanto oír hablar de la Dueñas y su “El tiempo entre costuras”… pues me dije, ¡vamos a ver qué tal! Sinceramente, me enganchó desde el primer momento y lo leí exactamente en tres asaltos. Pero… me resultaba tan previsible todo lo que iba a suceder que sí, ¡que iba sucediendo! Con esto no quiero decir que sea un mal libro, porque no sabría decir yo si los buenos o malos libros son los fáciles o difíciles de entender, de prever… no, es más, me gustó mucho, lo leí con muchas ganas y me llevó allá donde quería llevarme. He comprado el primero, el del boom literario que ha catapultado a esta mujer, pero todavía no lo he empezado, al tiempo…
Y ahora vamos a por el jamón del sándwich.
Bilbao, mi Botxito querido. No soy yo mucho de Alejandro Sanz (más bien no soy nada), pero me viene a la mente constantemente su “Corazón partío”, porque así me siento yo. En fin, son cosas de la vida, que nos pone aquí, allí… juega con nosotros a su antojo, y lo único que podemos hacer es estar espabilados para poder seguir jugando y no perder comba en la partida.
El día 19 de septiembre, en La Casa del Libro, y como todos los años, tuvo lugar la presentación de nuestro último libro colectivo. No sé qué pasó, pero la prensa no fue, y extrañadísimos quedamos los allí presentes… Las fotos que he colgado las sacó mi hermano desde el fondo y con el móvil, así que no son muy buenas, aunque, para hacerse a la idea ya vale. El acto estuvo repleto de buenos momentos, de complicidad, y encima, diversión, y es que nos reímos un montón, pues entre alguno de los relatos que elegimos para leer, mi compa Joselu y yo dramatizamos en plan sainete un relato muy gracioso que había escrito Lola; nos quedó fenomenal y las risas duraron largo rato, casi enlazadas con las que nos produjo escuchar y ver a nuestro Cuentacuentos particular, Joaquín. Y así, de esta forma tan amena y lúdica, dimos comienzo al nuevo curso que ya está en marcha, empezando a llenar de historias nuestros cuadernos, nuestras cabezas…
El Guggenheim estaba llamando a mi puerta otra vez, había que abrirle, con lo que llegamos a ver de nuevo, y justo un día antes de terminar la exposición, fabulosa exposición que ya comenté, de David Hockney.
Ustedes ya saben que las librerías son mi perdición, y que tendría que “autocensurarme”, como los ludópatas, para no entrar en ellas (tal es mi adicción librera…), pero, siempre me perdono y… ¡oh, cielos, tres libros más!
Siguiendo con el enganche que me produjo el inicio de la trilogía de “Martín Ojo de Plata” de Matilde Asensi, me hice con la segunda parte, “Venganza en Sevilla”, después de haber devorado el primero de dicha trilogía: “Tierra Firme”. Y como no hay dos sin tres, el último: “La conjura de Cortés” (lo presentaré en sociedad en la siguiente entrega), también lo he devorado, o sea, que en menos de diez días me he leído los tres. Me ha chiflado, ¡jajajajaja! Novela histórica mezclada con aventuras. También bastante previsible, pero que cuenta con unos ingredientes muy atractivos y que hacen que te aficiones a ese tipo de literatura. Ahora descansaré, y me adentraré en otras lecturas.
Encontré a Almudenas Grandes, mi recién descubierta Almudena Grandes, con un título que me sedujo enseguida: “Modelos de mujer”, ¿a que seduce? Pues ahí la tengo puesta en lugar preferente, así que caerá dentro de nada.
Y también algo japonés, ¡cómo no! Natsume Sōseki y su novela“La puerta”, que con lo que he leído en la solapa ya me ha gustado. Ahí está, a la vista, también pienso leerlo enseguida.
Y volviendo al Arte pictórico y escultórico de allende los mares, miren ustedes, de Colombia, de donde se desarrollan parte de las aventuras del Martín Ojo de Plata de Matilde Asensi, ya que en tiempos de la Conquista aquellos lares eran la Tierra Firme, la Nueva España, Cartagena de Indias… Pues de allí precisamente es Botero, el pintor y escultor colombiano Fernando Botero, de sobra conocido por sus representaciones de gordos y gordas, hasta los caballos son de gruesa factura, ya ven. Y como ha venido a Bilbao para exponer ochenta obras en el Museo de Bellas Artes… hago mención a él y a que a no mucho tardar, estaré visitando la pinacoteca. Ya les contaré entonces de mis impresiones.
¡Y miren que me ha costado escribir este relleno, oigan! Nada, en unos momentos lo cuelgo y lo lanzo al mar, como un mensaje dentro de una botellita.
No les aventuro la próxima entrega pues lo mismo tardo dos, como ocho días… Chí lo sá! En los tiempos que corren, bastante con poder predecir o vislumbrar lo inmediato.
¡Queden con Dios amigos (o con quien ustedes gusten)!
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