viernes, 29 de junio de 2007

REGÁLAME TUS BESOS


Dame a beber de tu boca,
regálame el néctar de tu risa,
que árido desierto
atraviesa mi alma,
huérfana ya de
la lluvia de tus besos.
Escribe tu nombre en
la palma de mi mano,
amor...
Escribe tu nombre
para que toque mi piel
marchita,
sedienta de tu caricia.
En la noche,
habla a la luna de mí,
cuenta a las estrellas
que me quisiste de puntillas...
Y después,
haz que me guíen
hasta el remanso donde
esperas para darte,
para darme el jugo,
la savia de tu vida...


Foto: Antonio Texto: Edurne

miércoles, 27 de junio de 2007

LAS PUERTAS DEL PARAÍSO


Con la venia de Mari Cruz, me acerco hasta el Paraíso.
Estas puertas son las que dan acceso al Edén.
¿Quién tiene toda la documentación en regla, quién ha sido lo suficientemente merecedor de traspasarlas?
El Paraíso.
El Paraíso en singular, pero creo que hay más de uno y de dos Paraísos.
O sino, preguntamos. Y nos preguntamos a nosotros mismos.
El primero que nos viene a la cabeza es el de Adán y Eva, ¡cómo no! La serpiente (viborona ella), la manzana, el pecado original... ¡la expulsión del Paraíso!
Y desde entonces parece ser que todo es un valle de lágrimas.
Pero... ¡hay otros Paraísos!
Mari Cruz me ha prestado sus puertas porque ella estuvo allí, a un paso, sólo que al final le entró el yuyu, ¿y si la dejaban entrar... pero no volver?
Ayyyy, que aunque vivamos en un infierno, como que este calorcito que nos va torrando poco a poco nos da seguridad. Y si se trata de buscar Paraísos perdidos... de eso ya nos encargamos nosotros, ¿a que sí?
¿Quién no se ha perdido en el Paraíso de una mirada, verde, azul, negro azabache, marrón miel...? ¿Quién no ha visto el Paraíso cada vez que ha rozado la piel amada? ¿Quién...?
Azul, Paraíso azul, ¿será azul? ¿Qué habrá detrás de esas puertas? ¿Alguien lo sabe? ¡Me lo diga, porfaplease!
Foto: Mari Cruz

sábado, 23 de junio de 2007

HABEMUS LIBRUM


¡Por fin, por fin tenemos libro, el tan deseado y trabajado libro!
Y si ustedes gustan, diremos aquello de: "¡Pasen y vean...!"
Aquí no se aprecia, y no sé porqué, pero no ha salido el verdadero color, así que saquémosle los colores a esta portada: lo que vemos como negro es, en realidad, un color magenta.
Lo que tampoco se puede apreciar es el tacto, la textura rugosa y agradable a la vez, de su portada.
Y además, ¡ayyy, tiene solapas! Es como los libros de los escritores famosos. Hombre, famosos, nosotros también lo somos, a nuestra manera y en nuestro entorno: en nuestra casa, en nuestro trabajo... Todo el mundo nos manda escribir las notitas de tal o cual, las postales navideñas, hasta la lista de la compra, ¡es que como escribes tan bien! Y se quedan tan tranquilos.
Así que nosotros, cuando vamos a lo de desmelenarnos, literariamente hablando, a sacar todo eso que llevamos por ahí dentro, a hacer unas risas, a escuchar, escribir, leer, compartir... no necesitamos de casetas en la Feria del Libro ni firmas multitudinarias... Nos vale con sentirnos bien entre nuestra gente, y luego hacer una cena en la que nos juntamos todos o casi todos los miembros del Taller y donde, reunidos en torno a nuestra MAESTRA, procedemos a la firma, a la dedicatoria entre nosotros mismos, nuestros mejores fans, en rueda, entre risas y atascos.
Y luego nos vamos a nuestra casita tan contentos, tan contentas, con el libro lleno de firmas, de letras, letras y más letras, dedicatorias sentidas, formales, de quedar bien o mal... ¡quién sabe!
Nos vamos a casita con un montón de historias bajo el brazo, las nuestras, las ajenas.. y queriendo que llegue el próximo curso para volver a perdernos entre los fangos de nuestra imaginación, eso sí, con la guía de nuestra querida Ana.
Y ahora, a repartir libritos a todos aquellos que queramos hacer partícipes de esta afición que nos nace de dentro.
Me queda felicitar a todos los encargados de confeccionar tan deliciosos platos, y a la chef de cocina, cómo no, que sin su batuta este parto habría sido imposible.
Mientras tanto, "Si ustedes gustan" ya está en la mesa. ¡Buen provecho!
Libro: Taller Alfa Escaneado: Edurne

lunes, 18 de junio de 2007

UNA DE GATOS


Dicen que son verdes, que los ojos de gato son del color de la esperanza... verdes.
Dicen.
No siempre es así.
Les presento a Peluso, el gato del Duranguesado.
Bien podría ser el gato de Mari, la que vive allá arriba en su cueva, en el Anboto.
Pero no.
Que yo sepa, Peluso no hace brujerías, aunque a veces sí que hace magia y por arte de birlibirloque, va y se hace el desaparecido.
¡Y nada, que no se vuelve a materializar hasta que él no quiere!
Peluso va dejando su rastro allá por donde pasa. Rastro pelusero.
Peluso te mira con esos ojos grandes, inquisitivos, grandes ojos naranja. Ojos como faros en la noche, faros de situación...
Peluso se asusta cuando alguien desconocido invade su espacio. Se esconde y poco a poco va asomando la naricilla, tuerce la cabeza, se atusa los bigotes y si hay suerte... hasta deja que te acerques un poco, ¡pero sólo un poco!
Y vuelve a desaparecer, a sumergirse en su mundo gatuno. Mundo lleno de pelusas soñadoras, blanditas pelusas...
Peluso es un gato aristócrata, nada de cualquier gato callejero. Es elegante, tiene pose, estilo y glamour, saber estar... ¡miauuuuu!
"Savoir faire", que dirían los franceses. Sabe cuando debe y no debe, aunque a veces, ya digo, tanta discrección le lleve a asentar sus reales posaderas por no se sabe dónde, y cueste un triunfo dar con él. Pero siempre aparece.
Bonito Peluso, ¿eh?
Dicen que los ojos son el espejo del alma... y yo me pregunto: ¿cómo será el alma de los gatos... verde, naranja, amarilla?
¿Y la nuestra, de qué color será la nuestra?
Foto: Aitor

miércoles, 13 de junio de 2007

UN CAPRICHO


Esta es una imagen más refrescante, menos mal, dirán ustedes.
Y es que dicen que en el espíritu de cambio radican las ganas de avanzar, ese no quedarse estancado, varado en la orilla.
Una semana con mi mano chula, y si no doy el paso para avanzar... no lo va a dar nadie por mí, así que retomo la actividad bloguera.
Y lo hago con este capricho de árbol. Árbol que echa sus raíces en el parque de su misma condición, en el Capricho de Madrid. Un capricho de parque.
Observen ustedes lo retorcido de su condición, será un árbol funambulista.
¡Tal vez trabaje en un circo también!
Retorcido, caprichoso... Juego de palabras que nos puede llevar a diversas reflexiones. Reflexiones acerca de la vida, de la condición humana, de las situaciones diarias, de las suertes, de las adversidades...
Pero observen su entorno: la luz, el verde, las flores de sus ramas, pequeñas pero abundantes, la paz y la tranquilidad que se siente al mirarlo...
Dicen que cada pupila mira distinto, ve diferente, que cada retina absorbe una imagen... la que necesitamos en ese preciso instante. Que vemos lo que queremos ver. Es como lo de la botella: medio llena, medio vacía, como lo del cristal y el color con que se mire...
Yo quiero que mi espíritu esté alegre, verde y florido... mi reflejo, este árbol retorcido de puro capricho.
Foto: Edurne

jueves, 7 de junio de 2007

GAJES DEL OFICIO



¡Pues sí, respetable público, sí! Estos aconteceres forman parte de la vida de una maestra... De una maestra de los tiempos que corren, que antes... ¡kiá, para rato!

Quién me iba a decir a mí, ayer a la mañana, cuando salía tan ufana de mi casita, cruzando el parque con ese paso presuroso pero pausado de mañana; admirando los hermosos Castaños de Indias, los ciruelos, los osados mirlos, los del footing mañanero, los estudiantes y currelas, amatxus con sus peques, abueletes en pleno paseo anticolresterol... quién me iba a decir a mí, que tan sólo una hora más tarde iba a ver las estrellas, pero no las de las noches estrelladas, ¡no! Estrellas, las de la rabia y el dolor.

Esto les pasa a mis manos, por lo que comentaba el otro día, por lo de ser ONG.
Separe usted a dos que se están machacando en clase, y reciba en sus propias carnes lo que no le iba destinado: ¡toma fisura de falange al canto!
Pues ya ven, ¡adornada que está la manita! Y que aunque sea la izquierda, una con la siniestra hace de todo también...

¡Inválida, que me siento inválida! Pero me lo tomaré a chufla, que no es cuestión de amargarse los últimos kilómetros!
Estas cosas, ya ven... ¡suelen suceder!

Foto, mano, dolor y rabia: Edurne


martes, 5 de junio de 2007

VIGÍAS DE LA NOCHE


Levantan sus torres
como dos colosos en la noche.
Levantan sus torres con almenas,
los vigías de tu ausencia.

Otean el horizonte en busca
de la huella eterna.
Cambio de guardia en la garita
de mi oscura pena.

Corazón se altera,
ve llegar tu bandera...
cabeza se serena,
aún no se oyen las trompetas...

En la noche clara,
la luna, sobre mi alma riela.
En la noche oscura,
las estrellas, por mí velan.


Foto: Aitor Texto: Edurne



domingo, 3 de junio de 2007

UNA TARDE


Me taladraba el cerebro esa llamada insistente. Nuni no aparecía. Seguí con lo mío. ¿Y qué era lo mío? Creo que hasta la memoria me había abandonado aquella tarde.
Venía de luchar en el circo. El circo, sí... no hay de qué asombrarse. Cada vez estaba más convencida de que mi trabajo era tan arriesgado como el de una domadora. Ahora bien, no sé qué tipo de animales son los que presentan más riesgos y complicaciones a la hora de intentar domarlos. Lograr que ahora levanten la patita, que ahora giren sobre sí mismos y... zis-zas, a golpe de látigo, conseguir que el temor se instaure en sus ojos y consiga mis objetivos: ¡ser la reina del circo!
Difícil, sí... y la radio emitiendo sonidos extraños. No entiendo nada. Yo sólo escribo.
Observo mi letra: pequeña, rápida, nerviosa...
Los lamentos en la ausencias parecen decirme que me he perdido... Es cierto, acabo de percatarme de que la memoria tal vez sí tenga algo que ver en todo esto.
He perdido una palabra. La primera palabra. Tal vez haya sido Nuni. No sé quién es Nuni. ¡Lo mismo es un ladrón de palabras y yo me siento estafada por mi propia ignorancia!
También doy en pensar que las horas altas son propicias para este tipo de despistes, o yo, que soy cada vez más proclive a ello.
Me duele el aire, el que respiro por mi fantasía... debo de estar acatarrada. Pondré el remedio. Si apareciera Nuni le propondría un invento para semejantes situaciones. Dudo.
Los caramelos me miran. Tampoco sé qué es lo que intentan decirme desde su azúcar, desde su fructosa, sus colorantes y acidulantes...
Hoy se me rebela hasta lo infantil. Me siguen mirando. ¿Se habrán dado cuenta de que perdí la primera palabra? Me acusarán ante el mundo, ¡seguro!
Pero sólo me interesan los cuarenta, los principales. Y a los caramelos... ¡que les den!
Intuyo el peligro, quieto, como un maniquí en las vitrinas de unos grandes almacenes.
Alguien grita por mí. Su angustia me taladra la tarde... ¡y yo que estaba tan tranquila!
Estas palabras me van a volver loca. Reiré: ja, ja, ja. Suena a hueco, a humo, a resaca...
¿Qué puedo hacer? Escribir, ¡no hay otra!
Son como un ejército de pequeñísimos rumores, parecidos a hormigas. Van, van, van...
Intento retenerlos, retenerlas... a los rumores, a las hormigas, a las palabras. Pero resulta que corren más que yo. Éstas deben de tener noticias de Nuni y van en su busca. Tal vez me estén invitando a ir tras ellas.
No, mejor me retiro a una sesión de madrugada, probaré suerte allí, con mis sueños. Visionaré algunos de los viejos. Y de los más recientes, sólo los que tienen sabor a chocolate, los que huelen a vainilla y canela...
Siento pesadez a borbotones. No sé cómo algo tan pesado puede salir a borbotones, pero así es, así me ha tocado que sea. Lo acepto.
Desnudo mi deseo, ahora soy yo la dueña de mi rumbo. Manejo la barca hacia la noche inmensa.
Nuni no aparece. Cesan los lamentos.
Recobro la calma e intento recoger la orquesta de mi locura vespertina y, me desvanezco...
Nuni, Nuni...
Foto y texto: Edurne

viernes, 1 de junio de 2007

MIS MANOS


Y quién me iba a decir a mí, a estas alturas de mi vida, que estas manos me iban a responder...
De pronto las he descubierto.
Mirándolas, hasta me han parecido manos ajenas. Pero hay algo que las hace mías... es esa redondez de mano pequeña, son como manos a medio camino, en tránsito.
No sé si en algún momento de su desarrollo decidieron plantarse: ¡Aquí nos quedamos!
Pues ahí están, aquí están. Conmigo a todas partes.

La verdad es que se ajustan muy bien al tamaño, a la talla de mujer en que decidí convertirme hace algunos años ya.

Me ha dado por preguntar, nunca antes se me había ocurrido pensar en ellas, en cómo se sentirán siendo embajadoras de tanto movimiento y sentimiento... y es que ellas suelen ir por delante. Las lanzo a la aventura la mayoría de las veces. Y si lo pienso, me han salvado en más de una.

¡Me caen simpáticas! Son juguetonas, nerviosas, inquietas estas manos mías. No me planteé darles estudios, me iban casi solas, todo lo aprendían de puro impulso, de tanta curiosidad y atrevimiento... ¡osadas mis manos!

Gemelas por lo de dos, pareja un tanto dispareja. La derecha nos salió más rebelde, siempre ha de marcar la diferencia, y así, un día decidió adornarse con pequeñas marcas de carácter... Por ellas sería muy fácil identificar a la dueña en caso de pérdida, extravío u otras circunstancias menos favorables...

Están esperando cualquier ocasión para "echarte una mano". Son muy cariñosas, yo diría que tienen vocación de ONG... manos de acogida.

Aún no han perdido su inocencia y es por eso que conservan ese aspecto de manos de niña, más bien de adolescente en evolución. Las observo, les pregunto, y sus respuestas están escritas en mis palmas. Surcos, rayas, marcas... profundas, largas, cortas, entrecortadas, claras... con luces y sombras. Ahí no mienten. Ha pasado bastante vida entre sus manos, mis manos...

Prestas para sujetar, sostener, acariciar, acompañar, amar... redondez que envuelve. ¡Hasta a mí me quieren! ¡Cuántas veces han sido ellas las que me han amansado, sujetado y acariciado!

Llegados a este punto, las noto nerviosas. No quieren tanto halago. Son manos humildes pero a las que les gusta llevar anillos... y curioso, ¡nunca se les caen!

¡Ay de mis manos! Cuánto las veo y cuán poco las mimo. Sé que son duras y están acostumbradas. Y sin embargo son ellas la herramienta que hace posible que mi corazón salga al exterior a través de mis letras garabateadas presurosamente... manos inquietas.

Les gusta bailar y ya me piden terminar, necesitan danzar...

Foto: Aitor Tapiz y texto: Edurne

martes, 29 de mayo de 2007

HACIA EL INFINITO


Patxi, el hijo del farmaceútico, languidecía.
Aquellas montañas le ahogaban, y el pueblo se le encogía. Miraba hacia el infinito mientras apoyaba su brazo perezosamente en el alféizar de la ventana de su habitación.
Suspiró. Hizo ademán de buscar algo en el bolsillo de su camisa, luego en el pantalón.
No perdía de vista las montañas. Las montañas no le perdían de vista a él... Giró sobre sí mismo. Al acercarse a la mesa de trabajo tropezó con algo. Era Luna, el hermoso ejemplar de Golden Retriever hembra que dormitaba apaciblemente sobre la alfombra. El rum rum del ordenador encendido era como una nana ronca y constante. Luna dormía.
Encontró lo que quería y volvió a la ventana.
Lenta, muy lentamente, y sin perder de vista ese horizonte omnipresente en todos los actos de su vida, sacó un cigarrillo, lo encendió y aspiró una larga bocanada... Miró la cajetilla, acarició el nombre con el pulgar: CAMEL...
El camello, o dromedario, o le que quiera que fuese, le hizo viajar al desierto del Sahara por un instante.
Luna se revolvió entre sueños, abandonándose de nuevo a la sonrisa de la felicidad animal. Esa perra era el único ser vivo que le entendía... ¡si hasta le hablaba! Patxi hablaba con su perra, y ésta... ¡le contestaba!
Ser hijo del farmaceútico no era fácil asunto. Requería mucho de saber estar y no estar. Y cargar con semejante responsabilidad le hacía tener pensamientos envueltos en formol y respuestas impregnadas de vaselina.
Todos los días tenía necesidad de tomar una aspirina, por eso de la insoportable levedad del ser...
Del ser de ser el hijo del farmaceútico de aquel pueblo cerca de las montañas... impertérritas ellas, que de nada se enteraban.
Iba apurando su cigarrillo cuando, de un brusco salto, Luna se puso en pie, y mirándole con ojos inquisidores le preguntó que a ver en qué quedó el asunto del timbre.
¡El timbre! ¡Se había olvidado por completo! Ahora no era eso lo que le importaba.
Avanzó hacia Luna. El animal le miraba sin inmutarse, y volvió a preguntar.
Patxi sostenía con su mano izquierda la cajetilla de Camel. Con el pulgar acariciaba el nombre, el camello, el desierto...
- Mañana me voy- contestó.
- Pero, ¿y el timbre?- inquirió Luna.
- Marcho de viaje, solo. No te puedo llevar. Cuando vuelva, llamaré al timbre y sabrás que soy
yo.
Se volvió hacia la ventana, miró a las montañas. El sol se ponía...
Foto: Aitor Texto: Edurne

DIEZ SEGUNDOS (epílogo)


Decidí volver a mi realidad, la que no tenía que haber abandonado. Las nueve menos veinte siguieron llegando todos los días, de lunes a viernes y sin descanso. El taconeo, el olor a violetas, su mirada, su sonrisa... Pero ya no podía verla igual, ya no era sólo mía.
En un par de ocasiones más volví a rondar la Calle Nueva, y en ese par de ocasiones volví a sentir la misma puñalada en el pecho, aquí, en el mismo centro del pecho.
Y pasó el tiempo, demasiado, ya no recuerdo cuánto. Las mañanas se volvieron grises, daba igual que fuera invierno o primavera, grises, se volvieron terriblemente grises, grises sin remedio. Y el olor a violetas se fue perdiendo. La sonrisa se fue marchitando; hasta que un día dejó de oírse el taconeo, dejaron de pasar esos diez segundos. El reloj de la Coca-Cola los marcaba, pero estaban quietos, parados en algún otro tiempo.
Cuando miré a mi alrededor me di cuenta de que mis manos se habían vuelto más torpes, de que mis cabellos estaban salpicados de blanco, de que mis ojos ya no saltaban, de que Felipe, mi jefe, ya no estaba... Había pasado toda una eternidad y yo sólo había vivido para aquellos diez segundos.
Nunca conseguí mi propio taller, nunca salí de casa de mi hermano, nunca supe lo que era ver la vida con mis propios ojos... Seguía viéndola con los suyos, y a ella... en todas partes, a todas horas. Ya no era aquel tiempo precioso del pasado, era el espacio total de mi vida. Sin saberlo, creo que seguí esperando todas las mañanas.
Una tarde creí verla por la Gran Vía, paseando del brazo de un hombre, sería aquél que me robo la calma, y llevando de la mano una chiquila saltarina. Seguro que era ella, porque el aire se llenó, de pronto, de un inesperado y penetrante olor a violetas...
Tengo demasiados años como para reprocharme nada, pero lo hago, entono el "mea culpa" por esa vida perdida, y ahora que escribo la historia de mi vida, te cuento todo esto a ti, mi querido Santi, a ti que me has heredado como si de una propiedad se tratase, o como una deuda de juego contraída por tu padre. Te lo cuento porque siempe me has querido, porque siempre has intuído algo de esta tristeza mía. Esto es de lo único de lo que me arrepiento, de no haber tenido los suficientes arrestos como para enfrentarme a mis propios miedos y haberle dicho que la quería, que mi vida sin ella no tenía sentido alguno... Pero ya ves, he vivido, sin sentido, es verdad, pero he vivido, no he muerto, aunque en más de una ocasión deseé que así fuera.
Y ahora tengo que liberarme de esta culpa, de esos diez segundos de mi vida, nadie más que yo puede hacerlo, son mis diez segundos. Según escribo esto para ti, miro el reloj de la cocina, las nueve menos veinte. Ahora, ahora... diez segundos y ya, comienzo a respirar. Uno, dos... ........ Soy libre.
Foto y texto: Edurne

AL ALBA



Un silencio de lavanda

se escuchaba al alba...

Rompía el mar

en la lejana poesía.

Y cual jirafa altiva

la libertad se estiraba.

Se estiraba

hasta alcanzar esa luna

redonda,

blanca y femenina.

Paz en mi alma,

amor flotando en el aire.

La tierna amistad

nacida desde la belleza

de lo frágil, lanzó a la sirena

hasta mi playa solitaria.

La atrajo hasta mis orillas,

y su fresca presencia

me hizo recordar que

un silencio de lavanda

se escuchaba al alba...

Foto: Antonio Manipulación y texto: Edurne

miércoles, 23 de mayo de 2007

SUEÑO ANGELICAL


Duermen los ángeles en el limbo
de las nubes.
Mudas las alas ya de tanto aleteo,
recogen callados mensajes
llegados desde lejanos mares azules,
desde frescas praderas
de verde tapiz y húmeda tierra.
Duermen los ángeles.
¡Que nadie profane su sueño,
que nadie retire el suave tul
que cubre sus ojos cerrados!
Duermen los ángeles,
y se hace la noche más clara,
más tibia y estrellada.
Pintura: Aitor Texto: Edurne

martes, 22 de mayo de 2007

DIEZ SEGUNDOS (intermezzo)


Mi hermano Juan, el mayor, vino del pueblo cuando la Carmen ya estaba preñada del Santi. Y tuvo suerte, enseguida entró a trabajar en los Altos Hornos gracias al tío Mariano. Y como les iba bien, convencieron a padre para que me dejaran venir a mí, que a buen seguro me pintaría la capital. Y a los catorce me planté aquí, con mis pantalones cortos, con la vida que se me salía y las ganas de comerme el mundo.
Con Juan y Carmen siempre estuve bien, fueron como mis segundos padres. Pero conforme fueron llegando los sobrinos, la necesidad fue haciéndose mayor, así que mi jornal era más que necesario. Al principio trabajaba para aprender, y lo más que llevaba a casa era alguna que otra propina. Pero Felipe, mi jefe, era un buen hombre y enseguida empezó a pagarme un sueldo de aprendiz. Y cuando la conocí, ya era oficial de primera. Soñaba con ser un buen mecánico y tener mi propio taller. Pero ella no estaba al alcance de un patán como yo.
Mi vida seguía al ritmo de aquel taconeo, olía a violetas y veía a través de aquellos ojos. Mientras no la veía, la sentía, y cuando aparecía, la vivía... hasta el último de esos diez segundos. Por eso que me parecían pocos, por eso que la buscaba a la salida del trabajo, por eso que yo me creía insignificante a sus ojos, y que me ocultaba entre las sombras de mis miedos.
Y ya me sonreía. Entonces, desde mi torpeza también la sonreía, con una sonrisa manchada de grasa y aceite, con una sonrisa de batalla de antemano perdida. Mi corazón me animaba, pero mi cabeza ponía el freno. Así pasamos mucho tiempo, ya no recuerdo cuánto.
Una tarde, mientras observaba las figuras que se movían tras los visillos del bufete de "Arrieta, Gaztelu y González, abogados", esperé con una decisión inusitada en mí. Esperé a que las luces se apagaran, a que ella bajara, a que se despidiera de su amiga...
Cuando se abrió el pesado portón, vi su silueta precedida por la de un hombre joven; joven y con buena apariencia, alguien como ella. Se me heló la sangre. La amiga bajaba detrás, se despidieron rápidamente, pero ella se quedó con el hombre. Charlaban muy animados; y yo la observaba desde mi atalaya de animal malherido. Al cabo de unos minutos, eternos para mí, salieron en la misma dirección. Él le sujetaba delicadamente el codo izquierdo, y a ella... ¡a ella no parecía molestarle!
No sabía qué era lo que debía hacer: retirarme o luchar. Y es que aquella tarde yo había ido allí resuelto a encontrarla, a saludarla y hablarla. Creía que la suerte estaba de mi lado. Su mirada todas las mañanas... su mirada me decía que sí, que podía intentarlo. Y ahora... ¡Había otro!
Foto, manipulación y texto: Edurne

domingo, 20 de mayo de 2007

EL ÁRBOL PERDIDO



Dicen:

"Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija".

Digo:

Este árbol no tiene sombra, pero cobija; no por fuera, y sí por dentro.

Parece que estuviera ahí, perdido en medio de la nada. ¡Nada, de eso, nada! Que nubes y congéneres lo acompañan.

Alza sus brazos suplicantes... no, más bien acogedores.

Y su interior está lleno de vida. Pájaros locos y traviesas ardillas lo pueblan y animan, asoman sus cabecitas entre pequeñas ventanitas...

Pancita rechoncha que da calor, que da color a tan árida pradera. Bosque lejano que le reclama, y él... ¡de buen samaritano!

El árbol perdido y errante, siempre con buen talante, ¡vaya un tunante!

Seguro que todos tenemos alguien así, como este árbol, en nuestras vidas.

Alguien que acoge, que recoge... Alguien que no está ni aquí ni allí, pero que está allá donde haga menester.

Dicen, digo, me digan...

Pintura: Antonio

sábado, 19 de mayo de 2007

PERO TAMBIÉN...


Y también sucede. Sucede que de pronto, la bruma se esfuma, los vapores que enturbiaban tu razón, desaparecen... también ocurre.
Y entonces, la orilla aparece despejada a tu vista, a tu entendimiento... que recobra su aplomo, su gracia y apostura.
Te has sacudido el muermo de encima, la rabia, el miedo, la pena...
Sucede que lloras, que chillas, ¡que te rasgas hasta las vestiduras! Y entonces, cesa la lluvia, rompe el sol la densa cortina, y una suave brisa acaricia tu cara, besa tu mejilla...
Suele ocurrir.
¡Que me digan si no sucede también que tras la tempestad, llega la calma!
Todo depende del cristal con que se mire...
¡Que venga alguien y me lo diga!


Foto: Antonio Manipulación: Edurne

DIEZ SEGUNDOS (interludio)


Han pasado muchos años, demasiados, pero aún puedo oírla, aún puedo olerla, verla y sentirla. Aquellos diez segundos se convirtieron en la única razón de mi vida.
Al cabo del tiempo, y sin que nadie hablara de ello, ya que yo lo guardaba como el más preciado de mis tesoros, mi pasión prohibida... todo el mundo miraba el reloj, aquel de la Coca-Cola que estaba encima de la pecera que servía de oficina a Felipe, mi jefe. Todo el mundo sabía, todo el mundo miraba, mi cara y la suya. Era un secreto compartido, y cuando pasaban los diez segundos, de nuevo se ocultaba hasta el próximo día.
Costó medio año o tal vez más, que ella girara su cabeza hacia dentro como en distraída concesión, y que me mirase con esa cara de "yo también espero este momento, yo también muero, yo también vivo".
Mis veinte años me salían por todos los poros de la piel, pero no podía mostrarlos ante ella, una señorita tan fina, tan decente, ¡tan bonita!
Supe que vivía con su madre viuda dos calles más atrás de donde estaba el taller de Felipe, mi jefe. Supe que el padre había sido contable en una empresa de seguros, una muy nombrada y que ahora no recuerdo... No sé cómo lo supe, pero con toda esa información fui elaborando su historia. Una historia en la que yo era parte importante.
Cuando daban las siete y salía de trabajar, merodeaba el bufete de los abogados, "Arrieta, Gaztelu y González, abogados", así ponía en la placa dorada del portal. Allí era donde olía a violetas...
Y allí me quedaba yo. Miraba las ventanas del edificio, todas, bueno, me centré en las del principal, tratando de adivinar cuál sería la suya; hasta que me decidí por una, la que estaba más a la izquierda; no porque lo supiera, sino porque así lo deseaba.
Y muchas tardes me iba espantado de mi propia osadía, y otras muchas, me quedaba. A veces la veía. salía con una compañera, una mujer bajita algo mayor que ella; se quedaban hablando un rato cerca del gran portal. Y mientras se desarrollaba la animada charla, yo la enmarcaba entre la sobriedad de aquella vetusta puerta.
La miraba y la veía reír, podía oír su risa cantarina; la veía mover aquellas manos como ágiles palomas batiendo el cielo con su vuelo. La veía agitar el cabello con indolente despreocupación, un cabello negro como el carbón de las minas de mi pueblo. Y también la veía fruncir el ceño...
Cuando se despedía de su amiga lo hacía afectuosamente y luego giraba sobre ella misma para tomar rumbo a la calle de la Peletería. Entonces me escondía. Me escondía dentro de mí y mi vulgaridad. Me odiaba, en esos momentos me odiaba por ser yo, por ser así, por tener lo que tenía: miseria e incultura, por no tener lo que ella tenía: clase, cultura, belleza... y por no ser el hombre que ella necesitaba.
Foto, manipulación y texto: Edurne

DONDE LAS EMOCIONES


Donde rompen las emociones... con fuerza, con rabia.
Donde se estrellan tus segundos más intensos, los que rompen tu aliento y visten de rojo, de negro...
Espuma que ilumina la orilla de tu vida, suspiros que amainan la furia. Suspiros que lanzan fuera toda tu ira.
Así, respira, respira... Acoge entre tus manos la lluvia que se avecina, así...
Sacudida la vida, esparcida la nada que se agazapa en los pasillos de tus pupilas, ahí, susurrando la pena, arrojando fuego en la roca en medio del mar perdida...
Donde rompen las emociones... renace la ilusión en ti misma.
Donde sopla el mágico viento del Norte, cargado de suaves jirones de paz inusitada.
Donde rompen las emociones... con fuerza, con rabia.
Foto: Antonio Manipulación y texto: Edurne

miércoles, 16 de mayo de 2007

DIEZ SEGUNDOS (preludio)


Todas las mañanas la veía pasar delante del taller. Siempre a la misma hora, siempre a las nueve menos veinte. Yo llevaba más de media hora de sucio trabajo encima, y esperaba, sin yo mismo saberlo, con ansiedad, a que ella pasara.
Primero era el suave y acompasado taconeo, luego ese perfume a violetas que se adelantaba a su presencia, y por último, toda ella. Ella que borraba el mundo a su alrededor, ella que era capaz de parar el tiempo y mi corazón, ella, que apenas en diez segundos se adueñaba de mí, y ni siquiera se enteraba.
Llevaba sufriendo así, más de cuatro largos meses. Cuatro meses desde aquella mañana en que ella pasara cuando yo levantaba la cabeza, me limpiaba la cara de la grasa después de haber estado peleando en aquel viejo SIMCA y su motor de gasoil. Estaba desesperado, furioso, pero... su visión fue el bálsamo que calmó mi enfado.
Iba despacio, parecía que buscaba algo en su bolso; forcejeando con él, cayeron al suelo unas cuantas cosas que llevaba en su blanca mano. No tuve que pensar, allí estaba, a sus pies, ayudando a recoger todo ese tesoro disperso. Su olor a violetas me emborrachaba, sus finos tobillos, sus esbeltas piernas, y aquellos delicados zapatos de princesa...
Por un momento sus ojos, sus grandes ojos color miel, dulces como ella, se cruzaron con los míos. Me avergoncé de mí, de mi aspecto, de mi suciedad, de mi torpeza... Un esbozo de sonrisa y un tímido "gracias" salieron de su boca. Y al levantarse, con un gesto rápido y preciso de su mano derecha, alisó y estiró la falda para, acto seguido reanudar su rítmica marcha. Cuatro segundos más y desapareció de mi vista, dio la vuelta a la esquina y se perdió entre las cajas de fruta de la tienda de Manolo.
El SIMCA me esperaba con las tripas al aire, y mientras, mi corazón rugía. La sangre se me agolpaba en las venas y era como si me faltara el aire. Tuve que darme una fuerte sacudida. Aquello había sido como una descarga eléctrica, como si un rayo me hubiera traspasado de arriba abajo. Desde entonces, siempre a la misma hora, siempre a las nueve menos veinte... ella pasaba. Mi corazón latía cada vez con más fuerza desde diez minutos antes, y justo a menos veinte, se paraba. Las violetas, ¡y yo revivía!
Foto y texto: Edurne

jueves, 10 de mayo de 2007

TIEMPOS PRETÉRITOS


Dicen... dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Ya no sé qué pensar, y es que si miro esta retrospectiva psicodélica y años sesenta total, lo que veo es una Edurne que todavía guardo bien guardada dentro de mí.
¡Lo que veo es una infancia tan distinta a la de hoy en día!
Si miro a los niños y niñas que cada mañana aparecen ante mí: algunos retadores y agresivos, otros cansados de no se sabe qué, otros, casi como la Edurne de la foto, otros explorando galaxias subidos en no se sabe qué nave espacial y otros con miedo en la mirada... pues me llevo las manos a la cabeza y no puedo evitar pensar que qué es lo que hemos hecho, qué es lo que estamos haciendo como sociedad...
Algo se nos está escapando de las manos, y creo que el pegamento, las cuerdas que utilizamos para agarrarlo, no es lo más adecuado.
Un toque de tristeza asoma en mi mirada de maestra ciruela.
Quién me iba a decir a mí.. a mí que con esa carita de inocente, con el catón en las manos, sujeto casi con miedo, y esos ojos que miran con susto... ¡quién me iba a decir a mí que iba a terminar ejerciendo un magisterio peleón! Yo, que lo que quería era ser de todo: monja, misionera en el África tropical y que me la pasaba bautizando negritos, negritas en este caso, que a todas les ponía mi nombre, que quería ser espía, pero como aquéllos de las series de la tele de la época, que quería ser titiritera, saltimbanqui... ¡A mí que creía en la existencia de los Invasores, los que tenían el meñique más tieso que el palo de una estaca...!
Lo que es la vida.
Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor. Depende. Mi infancia sí que fue Santa. No duró mucho, pero sí que estuvo bien aprovechada. Y cuando miro la foto, todo lo psicodélico de la época, Beeatles, Rolligs. Los Bravos... auuuuuuu, pues sí, que entre Domunds, chinitos y negritos de la Santa Infancia, que me da a mí que los niños y las niñas de entonces, éramos más felices que estos otros de los MP3, las Plays, los móviles con descargas desde la Red y no sé cuántas chanfainas más...
Yo jugaba en la calle: a la goma, a la cuerda, al truquemé, al escondite... Y todavía me acuerdo, y todavía me veo, y todavía sonrío... Y recuerdo los nombres de mis amiguitas, a las que nunca más he vuelto a ver, pero que recuerdo sus nombres y apellidos, su tono de voz... Recuerdo.
Suerte, creo que se llama suerte.
Dicen... en este caso, también digo.


Foto: Fotógrafo escolar años 60 Manipulación: Aitor

domingo, 6 de mayo de 2007

OLAS DE OLVIDO


Sentada en la orilla de mi mar,
observo las olas pasar.
Y vienen a mi recuerdo la espuma,
la brisa y el verde de otro mar...
Corrientes alternas que se cruzan
sin miedo a naufragar.
Corrientes frías,
cálidas,
y un banco de pececillos azules que,
nervioso,
recorre mi territorio hacia el Norte,
baja hasta mi Sur,
ése que limita con tu dominio...
Lejanas sirenas que cantan.
Marinos que se pierden en su canto.
Y yo cierro los ojos para
perderme en tu olvido...
Pintura y texto: Edurne

viernes, 4 de mayo de 2007

LAS HORAS


Sucumben las horas al calor
de las mañanas extensas,
abrumadoramente eternas.
Sucumben cual pequeñas
e ínfimas gotas de lluvia
que al caer dejan un charco
de ilusiones perdidas.
Nadie lo ve,
pero todos lo pisan.
¡Ahí van mis risas,
mis sueños de niña!
Sucumben los Titanes del Olvido
a la fuerza de mi pasión.
Mares embravecidos
rugen desde mis entrañas,
y mis confines se aprestan
para la batalla...
Sucumben, al fin,
los muros de tu miedo,
carcomidos ya por el deseo.
Pintura: Aitor Texto: Edurne

POR TIERRAS MANCHEGAS


Aconteció que, montados en su Galloper, por allá que trotaban Don Quijote y Dulcinea, más contentos que unas pascuas, en busca del Árbol Perdido (y bien hallado)... Por allá, por tierras de La Mancha, camino de Tomelloso, a falta del Toboso.
Nobles tierras, salpicadas de viñas, de paisajes eternos y rasos, de gigantes y molinos (según se mire), de nombres que dan Tembleque ¡y hasta Turleque! Y llegados a este punto recomiendo tener a mano un buen mapa para ponerse en el camino.
Pero, ¡ayyy, héte aquí que todo el aparato eléctrico descargó rayos y centellas, sembrando de espesa bruma y tupida cortina de agua el camino, volviéndose éste, casi hasta tenebroso, vamos, que daba "susto"!
¡Y todo por el Árbol!
Mereció la pena, no crean ustedes, que allí nos esperaba él, todo recatado y formalito, como si supiera que no le íbamos a defraudar, que contra viento y marea... iríamos.
Y Tomelloso se descubrió ante nuestros ojos, como un lugar laaargooooo, y como alguien dijo, polvoriento. Sembrado de banderitas, de animación callejera y de mucha Vírgen de las Viñas.
Rompía el tono natural el estruendo de la Peña Los Modorros, vociferando desde sus altavoces pseudocanciones de otra galaxia.
Lo mejor, la vuelta.
Aconteció que, de noche se hizo y ya de vuelta, Don Alonso Quijano y la buena de Aldonza, toparon por el camino con el amigo Lorenzo, que de retirada estaba... allá que se iba; entre nubes rojizas, de fuego, rosadas, de tierna mirada, y azules rasgados de velo celeste...
Como un túnel sin final cierto, así, boquiabiertos, y con el alma tranquila, llegaron hasta el cabo del libro.
Foto: Antonio

miércoles, 2 de mayo de 2007

EL PINO Y LA LLUVIA



LLueve.

Llueve y el agua empapa las copas de los pinos,

resbala por sus estrechas agujas verdosas

y cae al suelo con un inquietante silencio.

El agua no puede vencer,

y el pino lo sabe.

Se ríe esperando al sol.

Foto y manipulación: Edurne Texto: Antonio

lunes, 30 de abril de 2007

LA MAÑANA


Perezosas despiertan las horas
tras pesada noche entre
helados caminos de ausencias
y muerte.
Sopla el frío viento del Norte.
Sopla a ras de mi sueño.
Rasga la mañana el grito
mudo de mi aliento.
Busca tu sombra entre mis cabellos.
Y tan sólo tu mano,
tu mano en mi pecho...
Foto y texto: Edurne

miércoles, 25 de abril de 2007

LÁGRIMAS



Son hijas del viento del Norte,

son hermanas de las estrellas

que alumbran tu cielo.

Son lágrimas de fuego,

son ríos de furia,

lágrimas de bruma y cieno...

Son el canto solitario de la Luna,

capitana sin ejército,

vigía de la noche sin almena.

Son el brillo de mis ojos,

son el eco de tu risa,

la estela de un sueño liberado...

Pintura: Antonio Texto: Edurne

domingo, 22 de abril de 2007

AZUL TITANIO


Buque insignia.
Aristas de titanio. Dureza en la mirada y tacto de azul cantábrico...
Te pasean, te paseas, ahí, anclado en la orilla que te acuna bajo la luz de la luna.
Arrogante levantas tu planta desafiando al mismísimo cielo, azul bilbaíno...
Buque fantasma, lleno de recuerdos, de sonidos de otros días, impregnado de gris, de humo y fuego...
Suave lluvia que acaricia tu lomo y destellos de rabia y furia dormida, azul marinero, venido de tierra adentro...
De secano son tus tripas, enorme ballena que traga absurdos miedos, humores y tierras a la vista. Azul sereno...
Buque de feria. De lejos te visitan, te alaban y maldicen, perforan tus entrañas con luces y sueños imposibles.
Azul de frío titanio...
Foto, manipulación y texto: Edurne

PRIMAVERA


Callan las trompetas
en el infinito
azul
de nuestro juego.
Y
arden las rosas rojas
de fuego
en el atardecer de
tu sueño.
Acaso...
¿No sientes el gozo
de la risa flotar
por entre las llamas
de esta verde colina?
Mira
cómo los pájaros
vuelan en círculo
sobre nuestras cabezas
persiguiendo mi risa.
Ya
vuelven las mariposas
inundando con sus colores
la noche de estrellada
presencia animada.
Escucha,
de nuestro juego,
azul,
en el infinito
callan las trompetas...

Foto: Carmen Texto: Edurne



sábado, 21 de abril de 2007

POR PURA GENEROSIDAD


Hoy me siento generosa.
Será por esa parte que me toca...
¿Alguien pedía barandillas?
Pues aquí las tiene.
Barandillas, baldosas...
Hoy me siento generosa.
Y eso que mi día ha estado sembrado de decepciones...
Pero mirar al mar apoyado en una de estas hermosas barandillas, reconforta.
Y pasearse por la ciudad de mis amores, pisando sus baldosas... alivia.
Un regalo, que ustedes lo disfruten.
Y ahora, me digan, me cuenten...


Foto: Edurne

viernes, 20 de abril de 2007

MADE IN BILBAO



Aquí está, la nuestra, la de siempre, la de Bilbao de toda la vida. La baldosa más famosa.

Ahora, a mas de pisarla, pasearla, correrla, vivirla, ensuciarla... también nos la podemos comer, a saber: baldosa-tarta, baldosa-chocolatina; también cabe la posibilidad de adornar alguna que otra solapa con la baldosa-pin, y hasta lavarnos con la baldosa-jabón .

¡Tan polifacética que se ha vuelto ella!

Pero mirándola bien, así como ahora, ahora que la tenemos desnuda ante nosotros, una propuesta: dejad que vuestros pasos, primero los virtuales y luego los reales, os lleven... ¿hasta dónde, por dónde, desde dónde...?

Puede ser la baldosa de cualquier otra ciudad, pueden ser nuestros pies o los de cualquier otra persona.

Muchas veces he caminado estas baldosas sin un rumbo fijo, o con una intención clara, sabiendo a dónde iba o tratanto de recordar hacia dónde iba... y así, baldosa a baldosa... ¡siempre llegas! No hay pérdida... ¿o sí?

Me digan, me cuenten...

Foto: Aitor

martes, 17 de abril de 2007

EXCOMUNIÓN


¿Y a quién no le ha ocurrido alguna vez?
Eso de maldecir la hora en que dejó tal o cual libro... ¿a quién?
Seguro que hasta hemos perdido más de un amigo, de un compañero... en el camino, a cuenta de un libro.
Y no es ninguna tontería.
Libros. Letras. Historias. Nuestra propia historia.
Sí, con cada libro que compramos, con cada libro que nos regalan, vamos escribiendo nuestra propia vida.
Momentos felices, recuerdos de otros tiempos. Días que mejor no hubieramos vivido, personas que quisimos, amigos que se fueron, sorpresas que nos encontramos...
Lo dicho: toda una vida.
Recorrer los estantes de tu librería, grande o chica, es recorrer los estantes de tus risas, de tus llantos y tus prisas.
Aquéllos porque sí, porque había que leer, los otros, por puro placer, y éstos por solidaridad, por saber, por no desentonar... y ésos, ¡sin estrenar!
Páginas y páginas de frescura, de miedo, de intriga, de pasión, de espesa filosofía...
Clásicos y postmodernos, poetas malditos, sonetos de Violante y requiebros románticos, verso libre y prosa de mágico realismo.
Paisajes y mundos nuevos, viejos, galácticos, inauditos y oníricos...
Todo, todo cabe en un libro.
¿Y si nos dejan sin ese tesoro? ¡Excomunión!
"Al César lo que es del César".
¿Y... a quién no le ha ocurrido alguna vez?
Foto: Edurne