miércoles, 27 de febrero de 2008

LA LEY DEL MÁS FUERTE


Dicen que el pez grande se come al chico.
Dicen que en esta vida impera la ley de la selva: la ley del más fuerte...
Dicen.

Y suele suceder que esa ley se cumple en muchas ocasiones, demasiadas. No sé si hay que comer muchas espinacas para asestarle un buen gancho de izquierda al contrario, no lo sé... Pero lo que sí sé es que las agresiones de todo tipo están a la orden del día.

Y no me voy a referir a las peleas típicas, a las reyertas de taberna, a las peleas entre bandas, a los ajustes de cuentas entre delincuentes, a la llamada violencia "de género" (que tiene tema para ser tratado aparte), ni siquiera me voy a referir en esta ocasión a las peleas escolares... Y cómo no, a las peleas en mayúscula, ¡a las guerras!

Dicen que la violencia verbal, la gestual, la actitudinal, también es violencia, también es agresión hacia el otro o los otros... Y en estos días en que están/estamos de "campaña", esa agresividad es bien patente. Nadie escatima el insulto, la puñalada, el reproche... como niños de parvulario.

La verdad, me aburren. Estos políticos de factura moderna, me aburren soberanamente. Son mediocres, no tienen chispa ni carisma, no tienen eso que todo buen político ha de tener: garra. No hay líderes natos ni decentes. ¡Así nos va, claro!

Y con tanta torta repartida a diestro y siniestro, los que cobramos (y no en plata precisamente), somos nosotros, los pobres ciudadanos de a pie, los paganos en todos los casos. Mientras escribo estas letras oigo en la tele a uno de estos políticos que nos siguen prometiendo el oro y el moro... y todo por nuestro voto, lo quieren como sea, al precio que sea, para después del día 9 de marzo, olvidarse completamente de sus falsas promesas.

No me digan que no es como para pensárselo bien dos veces... porque lo que nos ofrecen... a mí, personalmente, no me ofrece demasiadas garantías.

¡A reflexionar se ha dicho!

Postal: Pintura de Roy Lichtenstein comprada en el Reina Sofía

domingo, 24 de febrero de 2008

EPISTOLA - AE



Querida:
Sé que no vas a leer estas cartas desesperadas que te escribo desde la oscuridad de mis recuerdos, pero aún así, las escribo.
El gato se murió. Sí, ya sé que pensarás que no es momento para hablar del gato, pero es que el pobre Chispitas murió de pena, de la pena de tu marcha, y de que yo fui incapaz de ocuparme de él, demasiado preocupado en lamerme mis propias heridas.
El mismo día en que te fuiste se estropeó la lavadora y perdí mi empleo. Desde entonces no me he quitado el pijama y mi vida carece de sentido.
Chispitas se ha muerto, y yo estoy a punto de hacerlo, de pena, de hambre, de suciedad, de amor, de aburrimiento…
Imagino que tú estarás sonriente, feliz con tu nueva vida; no sé ni dónde ni con quién, pero sí, seguro que sonríes con esos dientes tan blancos, juntos, grandes, bellísimos…
Y yo aquí, ¡que hasta se me ha roto un canino al intentar hincárselo a un trozo de pan más duro que una piedra!
A veces me entretengo en pensar. Fantaseo contigo, con que vuelves y me rescatas de esta cueva en que se ha convertido la casa…
Ya no tengo ganas de seguir escribiendo, sólo tengo ganas de llorar.

Querida:
Hoy retomo mi relato, el relato de mi triste existencia sin ti. Segunda de estas cartas fantasmas. Ya ni recuerdo cuándo escribí por última vez. Sólo recuerdo que tenía ganas de llorar. Últimamente lloro mucho, creo que todo lo hago llorando. Bueno, en realidad no es que haga nada, solamente lloro…
¡Y recuerdo!
Me ha dado por pensar en tu pelo, en lo sedoso que es, que era… En cómo me gustaba acariciarlo y meter mis dedos entre tu larga melena. Y tú te reías… Entonces, entonces yo te besaba. Ahora ni siquiera tengo a Chispitas para acariciar su lomo.
Y mi pelo… mi pelo está tan sucio y descuidado que ha decidido ir muriendo cada día un poco. Las persianas están bajadas, así no puedo ver la calle, ni cómo es la vida ahí afuera, ni si llueve o hace sol, frío… Total, nada me interesa. Seguro que te reirías si me vieras, sí, debo de estar patético, ¡soy patético! Hasta yo me doy pena… ¿Lo ves? ¡Otra vez tengo ganas de llorar!


Querida:
Hoy sí que me acuerdo. Fue ayer, ayer escribí la última carta. Y te preguntarás que cómo lo sé. Muy fácil. Encontré una cebolla en la despensa, y a falta de otra cosa que llevarme a la boca, decidí que si tenía que llorar, lloraría por una causa y además… ¡comería! Aún me huele el aliento, y las manos… ¡por eso lo sé!
Los vecinos deben estar preocupados, oigo cómo se plantan ante mi puerta y escuchan, cómo llaman insistentemente, con los nudillos, a golpes, con el dedo pegado al timbre… A veces me dejan en paz unos cuantos días, pero luego vuelven a la carga. Yo no les hago caso.
¿Y el teléfono? Sí, claro, el teléfono no dejaba de sonar hasta que decidí arrancar la conexión, Chispitas se ponía muy nervioso…
Me pica todo el cuerpo, he descubierto que me han salido unas manchas rojas que me producen un picor insistente. Me da igual, más me pica tu ausencia, más molesto es tu silencio…
Ya… otra vez, otra vez te tengo que dejar, no me gusta que me veas llorar…

Querida:
Hace algún tiempo que se ha instalado en mi cabeza la idea de que te fuiste por culpa de mi carácter. Sí, creo que mi carácter se ha ido amargando en los últimos años, que mi desidia ha podido con tu paciencia. Lo reconozco. Y tal vez por eso ahora esté en esta triste situación, de la que, por otra parte, no me interesa salir. No creas que lo hago para llamar tu atención, no. Sé que no vas a dar marcha atrás en tu decisión. Sé que me mandaste demasiados mensajes que yo desoí, que tuviste más paciencia que el Santo Job, que mis cambios de humor, mis gestos indiferentes ante tus pequeños logros y esfuerzos te hicieron mucho daño…
Pero todo eso lo sé ahora, ahora que me veo privado de tu presencia, de tu voz, de tu olor… Nunca te dije lo que realmente significabas para mí, es cierto, pero pensé que lo sabías, que por eso estábamos juntos.
Y luego está lo de los hijos. No te creas que no le he dado vueltas al asunto. Sé que nunca quise tenerlos, sé que mi negativa te decepcionó por un largo tiempo, pero también pensé que lo habías superado y que vivías feliz sin esa preocupación, sin esa responsabilidad…
Ahora me doy cuenta de que no, de que no era así, y de que te he privado de algo muy importante para ti. Tal vez sea tarde, pero quisiera pedirte perdón.
Tengo que expiar mi culpa y esta es la única forma que se me ocurre. Seguro que más de uno pensará que es un chantaje emocional, me da igual lo que piensen los demás, la única persona que me importa eres tú, y no te vas a enterar de mi “castigo”…
Releo esta carta, y me doy cuenta de que es la más lúcida de todas las que te he escrito hasta ahora. Y de pronto me invade el pensamiento de que tal vez algún día pudieras leer todo esto. Quién sabe, la vida es una auténtica sorpresa, a cada vuelta de la esquina, nos espera algo desconocido…
Te pienso, te veo, te toco… es así a todas horas, y ya he decidido dejar de hablarte como si me fueras a contestar desde la cocina o la habitación, yo preguntando algo y tú contestándome con las palabras precisas…
Tú la fuerte, yo el débil.
Sé que esta situación es una auténtica tortura pero, querida, la vida ya no tiene sentido para mí, no si tú no estás en ella, en la mía, en mi vida. Por eso me he encerrado aquí, y cuando todo se acabe, yo también habré terminado.
Hasta aquí he sido fuerte, he aguantado tu recuerdo y mi confesión, pero ahora, ahora ya no puedo más, las lágrimas acuden a mis ojos enrojecidos de tanto llanto…

Querida:
Se me caen los pantalones del pijama. Me los he quitado, ya no me sirven para nada. Mis piernas apenas me aguantan, están realmente flacas, acabo de darme cuenta.
Ya no sé cuánto tiempo llevo así, como si fuera un muerto viviente. Ya no recuerdo por qué te fuiste, sólo que una mañana, al despertarme, no te encontré a mi lado, ya no estabas… Y desde entonces todo mi mundo se ha ido derrumbando dejándome a mí enterrado entre sus ruinas, sin saber, ni querer, ni poder salir de ellas. Ya no.
Creo que la luz se va a morir también, así que no sé cuántas cartas más podré escribirte.
Sólo me quedan siete galletas María Fontaneda y dos caramelos toffes de Solano. El agua del grifo sabe mal y mi lengua ha engordado, está blanca y gorda. No hablo con nadie, sólo contigo, pero no me contestas…
Si me dijeras que vas a venir, aunque sea de visita, limpiaría la casa, me lavaría y me pondría una camiseta, unos vaqueros... aunque seguramente me encontrarías muy cambiado. Yo tampoco me reconozco cuando me miro al espejo, por eso no me miro, yo no hablo con desconocidos.
A veces me tumbo en la cama y me envuelvo con tus ropas, entonces me quedo dormido… Y cuando despierto no sé cuánto tiempo ha pasado, ni me importa, sólo sé que vuelvo de estar contigo, y hasta huelo tu perfume, hasta puedo tocarte, y entonces lloro…

Querida:
Tal vez sea la última carta que escriba. No hay luz y escribo aprovechando la que entra por las rendijas de la persiana de la cocina.
Esto está hecho un asco y el grifo gotea, su tintineo me pone nervioso. Desde hace unos días noto que me tiembla el pulso, bueno, en realidad todo yo tiemblo. Sólo tengo agua, pero me sienta mal, así que procuro no beber.
Mis vecinos han dejado de darme la lata. ¡Menos mal que al final no vas a venir, no tengo nada que ofrecerte!
Todavía recuerdo cuando hacíamos cenas en casa, con los amigos. Cenas que siempre eran un éxito garantizado; no me extraña, ¡cocinabas como los ángeles! Hace tiempo que he dejado de sentir hambre, mis tripas ya no me reclaman.
Si vieras mi cara, mis manos, mi cuerpo… estoy en una pura llaga, pero ya da igual. Sé que no vendrás, que ya no volverás. ¡Todo da igual!
Llamo a Chispitas, pero tampoco viene, y no sé si se ha muerto o también se ha ido, como tú. Y tú… ¿te has muerto, o te has ido?
Yo creo que me voy a morir, que también me voy a ir… Esta casa ya no me gusta, hace frío, no veo nada y sólo tengo ganas de llorar…

Pintura: Antonio Texto: Edurne






jueves, 21 de febrero de 2008

EN LOS CONFINES


Sumerjo los confines de mis sueños
en la cámara oscura
de mi otra vida,
y veo pasar ante mí anhelos
deshechos,
y oigo voces que, desgarradas
muestran sus heridas de sangre plateada.

Olvido recuerdos de incierta amargura
y acuno nuevas promesas
en mi regazo callado,
y canto nanas mudas de llanto,
mudas de ausencia y frío.

Reclamo agua para mi boca dormida,
pan para mi corazón desolado,
y vienen a mí horas y días
llenos de sol y de vida,
y traen cantos de luz y risa
que tímidos, a mi lado caminan…

Foto y Texto: Edurne

lunes, 18 de febrero de 2008

VIVIR ADREDE


Hoy voy a echar mano del maestro Benedetti.
Y voy a echar mano de él, para reflexionar un poco sobre el hecho de vivir, vivir adrede...
Este libro acaba de salir a la palestra, y es otra joyita de Don Mario. Y quien sea entusiasta del maestro, como yo, me entenderá.
Voy a dejarles a ustedes un par de pasajes, para leer, para degustar, para pensar, para interiorizar, para comentar...
¡Buen provecho!
1.- COLOR DEL MUNDO
Millones y millones. En todas las monedas. Eso es lo que nos cuesta averiguar si hay seres vivientes (Adanes y Evas, serpientes o gorilas, árboles o praderas) en planetas de roca o quién sabe de qué, en tanto que en este planetito con vida miles de niños mueren de hambre civilizada.
Los sentimientos se deslizan, a veces se refugian en guaridas de amor, pero cuando emergen al aire preso o libre, dan el color del mundo, no del universo inalcanzable sino del mundo chico, el contorno privado en que nos revolvemos. Gracias a ellos, a los sentimientos, tomamos conciencia de que no somos otros, sino nosotros mismos. Los sentimientos nos otorgan nombre, y con ese nombre somos lo que somos.
2.- EL MIEDO
No se juega con el miedo porque el miedo puede ser un arma de defensa propia, una forma inocente o culpable de coraje. El miedo nos abre los ojos y nos cierra los puños y nos mete en el riesgo desaprensivamente. Andamos por el mundo con el miedo a cuestas como si fuera un pudor obligatorio o en su defecto una variante del fracaso. Tal vez sea el mandamiento o quizás el mandamiento de alguna desconocida ley, de un dios cualquiera. Por las dudas, una buena fórmula contra el miedo puede ser la que dejó escrita el bueno de Pessoa: "Espera lo mejor y prepárate para lo peor".
Textos: Mario Benedetti

jueves, 14 de febrero de 2008

CAMPOS PEREGRINOS



Aromas.
Aromas de tórrido verano
cercan los suspiros de mi mañana
dormida…
Olores a espliego y lavanda
que despiertan mi sangre,
presta para el camino,
incierto…
Pían los pájaros entre las ramas de
árboles de dorado sueño
y verdes hojas de ingenuo
pensamiento…
Al alba de mis días,
a la anochecida de mis temores,
acuden campanillas y lejanos
ecos…
Ecos de otras geografías
en escala de una a mil alegrías.
Aromas de recuerdos.
Deseos de infancia en algún baúl
olvidados…
Batir de alas en el refugio
del tiempo perdido.
Dulce abandono al alma
ausente...


Foto y Texto: Edurne

martes, 12 de febrero de 2008

LAS CAMPANAS



En la lejanía, Roque parece oír el sonido de unas campanas.
Es una tarde gris de otoño y la bruma lo envuelve todo con su espeso manto. El viento trae y lleva la hojarasca, huérfana ya de las ramas que lucía con soberbio verdor hasta no hace mucho. La noche se acerca. Parece eterna la oscuridad. Como el alma de la urbe, el viento viene y va. Pasajeros de la nada. Árboles difuminados.
Roque espera, escucha. Los pasos de sus recuerdos se van acercando cada vez más y más. Son tan nítidos que tiene que volverse para comprobar que no se encuentran tras él, soplando como un viento helado.
Apenas se oyen las campanas.
Todo sucede en las horas de lo oscuro, en el umbral de la verdad, en el terreno del sueño, en lo incierto de la vida. Él sabe de su miedo. Lo esconde entre el forro de su mirada. Los pasos le buscan, le encuentran. ¿Y esos recuerdos? No los reconoce. Ese niño parece ser él, pero no, él no era un niño alegre, no recuerda color en su infancia...
Vuelve el sonido de las campanas. Insisten.
Hay prisa, inquietud en esa llamada. Seguro que quieren algo, que le llaman y se está retrasando. Y la hojarasca danza. Se deja llevar por el viento... Libidinosa, pide más y más, se muestra juguetona, provocadora. Y el viento sopla y sopla...
Desde la niebla surge un joven. Le sonríe. Roque no reconoce esa sonrisa. Se parece a él, podría ser él...
De nuevo las campanas. El eco de su tañido resuena y resuena...
Los recuerdos están inquietos. Le esperan junto a los árboles desfallecidos, aquellos del sendero. Llueve, llueven sus temores. Y, entre la lluvia, un viejo decrépito y enfermo le llama. Lleva su ropa, tiene su mirada... pero él no es un viejo decrépito, no está enfermo. Los pasos se acercan presurosos en busca de su vida, la que quedó enredada entre el ramaje de los árboles... ésos, los desvanecidos.
¡Esas campanas van a volverle loco!
Y los pasos llegan. Y los recuerdos toman posesión de sus dominios. Roque cierra los ojos. Ante él pasa toda una vida, ésa que él no reconoce como suya.
Y las campanas repican, y las campanas le llaman...
Lo ha comprendido. Los recuerdos le reclaman. Se pierde en ellos y emprende el camino. Ahora puede recuperar la calma.
Ya no se oyen las campanas.


Foto y Texto: Edurne

CORRECAMINOS, BEEP, BEEP...

... Que el Coyote te va a comer.
Suele suceder.
Sucede que luego viene el Coyote, y se quiere comer al pobre Correcaminos.
Siempre corriendo, de acá para allá, sube y baja, entra y sal... auuuuu!
Estrés, agobios, prisas, eso es lo que nos espera con esta vida tan ajetreada que nos traemos y nos llevamos.
Me veo, nos veo, sin tiempo para casi nada.
Este Correcaminos me ha recordado a mi hermano Aitor, que siempre anda comiendo como los pavos y sale a toda pastilla para "pescar" el metro y llegar al trabajo a la hora.
Seguro que lo intentamos, que intentamos que el Coyote no nos atrape, y nos destruya con ese montón de artefactos marca Acme...
Pero, ¿cuántos de nosotros lo conseguimos? Escapar... ¡digo!
Beep, beep...
Foto: Antonio

domingo, 10 de febrero de 2008

EGUZKILORE (la flor del sol)


En el principio de los tiempos, la oscuridad reinaba en la Tierra, y los hombres habitaban en las cuevas, temerosos de los genios y espíritus que salían de las entrañas de la tierra en forma de dragones, toros de fuego, caballos voladores...
Cansados, acudieron a Amalur, la madre Tierra, y le rogaron que les ayudara. Ésta, al principio no les hizo caso pues estaba muy ocupada, pero tanto insistieron, que al final les ayudó y creó para ellos a la Luna.
La Luna reinó en el oscuro de la bóveda celeste, y los pobladores de la Tierra, asustados, no se atrevieron a salir de sus cuevas hasta que se acostumbraron a la gran bola blanca y luminosa.
Lo mismo les ocurrió a los genios, pero enseguida volvieron a las andadas.
Y de nuevo tuvieron que acudir los hombres a la madre Tierra. Esta vez creó al Sol, un ser mucho más luminoso y poderoso.
El sol sería el día, y la Luna la noche.
Ocurrió lo mismo, al principio, los humanos se asustaron, pero cuando vieron que el Sol les proporcionaba felicidad y que las plantas crecían fuertes, dejaron de temerlo.
De día, no tenían problemas con los malvados genios, pero por las noches, los hombres vivían atemorizados.
Tanto volvieron a rogar y suplicar a Amalur, que ésta decidió crear a Eguzkilore, una flor tan hermosa como el mismísimo Sol, y que puesta en las puertas de las casas, hacía creer a los espíritus que se trataba del astro rey, espantando de ese modo a lamias, malos espíritus, brujos, rayos, tormentas, genios de la enfermedad...
Y así es hasta nuestros días.

Foto: Aitor

¡PARECE TAN FÁCIL!


Y me digo yo:
Si es tan fácil... ¿por qué todos estos problemas nos agobian, nos traen de cabeza y nos peocupan?
Si nos paramos a leer detenidamente el reclamo, este hombre lo resuelve todo, ¡todo!
Si alguien está interesado, que me lo diga, tengo el teléfono de contacto... ¡jejejeje!

Folleto: Curandero Berete

miércoles, 6 de febrero de 2008

MÁS CORNÁS DA EL HAMBRE


Martín Serrano, “Martinete”, tomó la alternativa en plena feria de San Isidro, un 15 de mayo, día del santo patrón. Había luchado mucho para llegar hasta allí, para estar en esa plaza de Las Ventas y ser introducido en el Parnaso de los toreros, en el templo de la sacrosanta Fiesta Nacional. Y había peleado para que fuera de la mano de su admirado “Pepín de Ronda”, sin lugar a dudas, el maestro de toda una generación de jóvenes matadores como él.

Aquella tarde, jueves, lucía un sol espléndido, orondo y bonachón. El cielo, raso, libre y azul, sonreía desde su púlpito y mandaba su enhorabuena.
“¡Más cornás da el hambre!”. Esa frase era como un catecismo aprendido a fuerza de eso precisamente, del hambre. De donde él venía, conservaba consigo una maleta llena de estrecheces, de fantasmas, de miedos y sobre todo, de hambre, hambre de todo tipo.

Miró al cielo desde la amplia ventana del quinto piso del Hotel Puerta de Toledo. Le pareció que alguien le sonreía desde allá arriba. Serafín le ajustó la torera y de paso, el tiempo.
- ¡Andando, maestro, que ya es la hora!
Y como un padre, lo acogió en su pecho con un fuerte abrazo. Martín suspiró hondo y lanzó una mirada hacia el pequeño altarcito dispuesto sobre la cómoda: velas, imágenes de la Vírgen de la Paloma, de Sta. Bárbara y de ese San José, que como su propio padre fue un hombre resignado a los mandatos de la vida.

Madrid vestía de gala, y en aquel año que corría, 1973, la Fiesta se vivía no sólo como un orgullo, un derroche de virilidad y espíritu nacional, sino también como una huída. Una huída hacia adelante, sin retorno ni posibilidad de marcha atrás.

Martín era un hombre hecho a sí mismo, y que a pesar de sus escasos años, ya había caminado por las oscuras sendas de la desesperanza. Pero aquella tarde, el mundo le sonreía. Todos esperaban lo mejor de él, no les podía defraudar.
Vestía de oro y grana, y con ese cuerpo prodigioso, su imagen reflejada en el espejo de la habitación, era como la réplica del mismísimo Apolo que hubiera bajado del Olimpo de los dioses a mezclarse con los mortales, en una tarde de sangre y arena…

El hall del hotel estaba repleto de periodistas y curiosos. Martín Serrano, “Martinete”, había suscitado gran interés no sólo entre el público y entendidos en la Tauromaquia, sino también en la sociedad en general. El caso “Martinete” era singular: su propia vida, la forma en que llegó al mundo del toro, su originalidad e innovación en el arte de Cúchares, la valentía y arrojo que había demostrado en su corta pero fecunda experiencia como novillero…
Todo eso hizo que despertara la simpatía y admiración de todo el mundo, y que su salto a la categoría de los elegidos hubiera sido tan rápido y sorprendente.
No había un solo rincón en toda la piel de toro donde no se hubiera oído su nombre alguna vez, donde no se hubiera hablado de él. “Martinete” era, representaba, al “héroe nacional”, aglutinaba en él todas las virtudes de una persona “como Dios manda”. Era el hijo que toda madre quisiera tener, el novio que toda chica soñaría como marido, el amigo noble y leal que cualquiera desearía. ¡No, no podía defraudar a todo un país!

Trató de esquivar a toda esa muchedumbre, de escabullirse a sus miradas… y como si fueran un único toro, los fue dejando atrás con todo tipo de suertes:
“de costadillo”, “recortes”, “cordobitas”, “naturales”… Sólo le faltaba entrar a matar… Y para cuando sus pensamientos quisieron volverse negros como el tizón, viscosos y espesos como el petróleo, Serafín ya le había empujado dentro del coche que enfilaba derecho hacia Las Ventas.

La negra montera reposaba sobre sus rodillas, como el pasado que dormía en su interior y que empujaba por salir; la sujetó y miró por la ventanilla. La primavera estaba en su clímax, los árboles lucían su vestido renovado y le saludaban con fresca sonrisa.
Serafín se percató de que algo sucedía y puso su mano sobre la de Martín.
- Tranquilo maestro, que todo va a salir bien.
Veía los pitones de aquellos Miuras que iba a torear embistiéndole sin piedad, una y otra vez… pero no eran los toros, eran sus penas, eran sus miedos, era su conciencia. No quería sentirse así y trató de disimular su arcada, el asco, el vacío en su cabeza, la nube en sus ojos… no quiso. No quiso, y pudo.

Llegaron a la Plaza, y el murmullo, el jolgorio de la calle estalló en su cerebro como una potente bomba. Dejó a un lado sus tribulaciones, con un hondo suspiro volvió su mirada hacia Serafín, y le dedicó una amplia pero triste sonrisa.
Entró en la plaza protegido por los suyos, entre un escudo de capotes y monteras, con los aplausos de la muchedumbre arremolinada en las entradas.

El presidente de la plaza salió a recibirle. Le estrechó la mano, una mano grande, caliente y algo pegajosa; y con un leve empujoncito lo introdujo en la enfermería (qué comienzo, pensó). Allí estaba el cirujano de la plaza, Don Francisco Soto, una auténtica institución. Le dio un abrazo mientras sostenía un flamante Montecristo en su mano izquierda.
- Tranquilo muchacho, no hay de qué preocuparse, si ocurriera algo, estás en buenas manos.
Martín se estremeció, aunque le obsequió con una forzada carcajada.
- ¡Vaya cosas que tiene usted, don Paco!
Rieron.

Y allá, en el fondo, sentado en una silla, estaba José Sánchez, “Pepín de Ronda”, serio, enjuto, con los ojos bajos. Se puso en pie y caminó unos pasos hasta poder enfrentar su mirada con la de Martín, dejando al descubierto una gran cicatriz que cruzaba su mejilla derecha de norte a sur. Martín sintió cómo la emoción le cerraba la garganta y se apoderaba de su voz. El “Maestro” le sujetó por los hombros, esbozó una leve sonrisa y lo abrazó con una mezcla de rabia y desgarro.
- ¡Ánimo, maestro, que hoy saldrá usted a hombros y por la puerta grande!
Las lágrimas quedaron ahí, a punto de romper en diluvio. Fueron juntos a rezar y Don Julián, el capellán de Las Ventas, los bendijo con parabienes y mucha prisa.

Serafín y la cuadrilla estaban esperando en el callejón: El Toto, Juan, Sito y Manuel. Los capotes desplegados, haciendo pases ante toros imaginarios, citando con las banderillas a esos fantasmas que les esperaban en el coso de rubia arena. La música rompió el pesado silencio de sus pensamientos. Los alguaciles en sus caballos, vestidos con las galas propias, y detrás ellos, los protagonistas, el cartel completo: Armando Ríos, “El Rubio”, y sus hombres; José Sánchez, “Pepín de Ronda”, con su cuadrilla, y él, Martín Serrano, “Martinete”, con los suyos, dispuesto para su tarde de gloria.

Miuras. Los que esperaban en los toriles eran, ni más ni menos, que unos bravos y bellos ejemplares de la ganadería de Miura, los mejores, los más bravos, los más peligrosos…
Al son de un pasodoble se abrieron los portones y la comitiva taurina irrumpió en la Plaza, cegada por el potente sol y con la bendición del Santo.

De aquella tarde ya no recuerda más, no quiere recordar más. Ahí termina esa parte de su vida, el punto de partida y el final de la historia. Nadie dijo cómo empezaría, ni cómo sería el final… Todas las conciencias del mundo se levantaron en armas en su interior. Todos los miedos y las mentiras. Y ahí es donde decidió poner punto y final a todo.

Desplegó su capote, obsequió con una “verónica” al público arrebatado que se lo comía con su entusiasmo, echó a volar el rojo reclamo y a la vez, giró con arte sobre sí mismo. Saludó al respetable. Y haciendo un profundo hoyo de rabia encendida en el coso de su vergüenza, con esas manoletinas que estaban destinadas a pisar orgullosas todas las arenas de España y Latinoamérica… salió por uno de los burladeros justo debajo de los tendidos de sol.
Eran las seis y media de la tarde, la tarde de su ignominia. Acababa de deshonrarse y de ofender a todos aquellos que habían creído en él, que le habían apoyado y aupado hasta llegar allí. Pero ya era suficiente, ya había pagado con creces esa ayuda. Ahora había llegado su turno, ahora escupía su asco y su miedo a la Fiesta, lo escupía ahí, en esa arena que le reclamaba bravía.

Habían pasado los años. Su acto, cobarde para unos, valiente para otros, no pasó desapercibido, y no hubo mentidero en el que no se hablara de ello. Sí, habían pasado los años, y Martín Serrano rehizo su vida. Lejos, tuvo que marchar lejos, pero eso no le importó, nada le ataba, su deuda estaba saldada. “Martinete” quedó enterrado para siempre, allí, en el coso de los grandes, cubierto de sudor, de lágrimas, de vítores, de pitadas y sobre todo, de rabia, de mucha rabia.

Martín Serrano levanta los ojos del papel y mira por la ventana de su pequeña casa en Australia, la vista se pierde en el infinito. Pequeños puntos blancos que se mueven con tranquilidad, es el gran rebaño de ovejas de su vecino Fred. Vuelve a lo suyo. Se pone las gafas y sigue con la correspondencia. Esta vez tendrá que viajar a Japón, donde le invitan a dar unas charlas acerca del maltrato que sufren los animales. Martín, se ha convertido en un reputado activista por la causa animal, fundador de varias asociaciones, escritor de artículos, libros…Vive en paz con él mismo y con el mundo. Atrás quedó “Martinete”, que de vez en cuando le sonríe desde la oscuridad del olvido… y le brinda la faena de la tarde: “¡Gracias, maestro!”.
Postal: regalo de Lourdes a Silvia, préstamo de esta última Texto: Edurne

NOCTURNOS


I

Busco luz en la noche del sexo.

Fuera de ley, mi corazón

a saltos va en su inquietud.

¿Por qué un para qué?

Y he de besarla un día con rojo ardiente...

¿Para qué un por qué?

II

¿No sabes el secreto misterioso que entrañas?

¿No sabes de la simiente que, oculta,

germinas con tu llanto, con tu risa?

¿No sabes de la luz del deseo,

de la llama encendida que en ti habita?

¿No sabes?

Foto: Aitor Texto: Edurne

martes, 5 de febrero de 2008

SE NOS CAE


Estaba cenando y escuchando la radio. Entrevistaban a un personaje que había decidido abandonar su vida de consumismo, su trabajo estresante, y ubicarse en una finca rodeada de montañas y tranquilidad, trabajando la tierra y siendo autosuficiente.
El tipo decía que era muchísimo más feliz desde que había abandonado la tiranía de la sociedad consumista, que no echaba nada, pero absolutamente nada, en falta. Le creo.
Y es que si nos ponemos a mirar a nuestro alrededor, seguro que nos percatamos de que las cosas no van, de que el mundo que hemos construído, se nos cae. Así, poco a poco o ya a pasos agigantados, vamos.
Tecnología superavanzada, progreso a la carta. Avances, avances... retrocesos, retrocesos...
Hemos puesto los pilares para nuestro fin, ¡y lo malo es que cada vez está más cerca!
Sólo espero no llegar a ver el apoteósis final.
Y no es que quiera ponerme catastrofista, pero, la verdad, ¿ustedes se han parado a oír, a ver, a leer a fondo todo lo que nos dicen la radio, la televisión, los periódicos?
Todas las mañanas nos desayunamos con algún coche bomba, comemos con un derrumbe, cenamos con una muerte inútil...
Tal vez podamos hacer más de lo que hacemos, tal vez podamos poner sobre la mesa tanta miseria y mirarla de frente, tal vez podamos sentirnos algo responsables... ¡tal vez!
Pero ahora, sacudamos todo lo pesado y mandemos una sonrisa al mundo... Juntemos todas las manos para que no se nos caiga.
Pintura: Antonio

DE LA MORERÍA...




Una de moros y moras. Faltan los cristianos, que se les intuye. Mi correspon-sal en Madrid me manda estas fotos carnavalescas.
En este caso, representantes de las famosas comparsas de "Moros y Cristianos", que tanto auge tienen por todo el Levante español.
Reminiscencias de la época de ocupación musulmana de la Península, ocho siglos, ¡ahí es nada!
Y tantos vestigios, tantas huellas en la cultura, la lengua, las costumbres...
Crisol de razas, seguro que por nuestras venas corre sangre de todo tipo. Mestizaje. Y hoy en día vamos derechos hacia lo mismo, sino no hay más que mirar a nuestro alrededor.
Carnaval que hoy llega a su fin con el entierro de la sardina, y aquí hago una mención a Goya, recuerden...
Cualquier momento es bueno para sacar a relucir nuestra historia, la común. Aunque por aquí, por este Norte montañoso y abrupto, poco se pasearon los de Al-Andalus... ¡guerreros que son unos!
Fotos: Antonio

domingo, 3 de febrero de 2008

DON CARNAL Y DOÑA CUARESMA


Época de Carnes tolendas.
Carnaval, carnaval...
En estos días se nos junta todo: Carnavales, La Candelaria, San Blas, el de que "Por San Blas, la cigüeña verás, y si no la vieres... buen año de nieves", el viento ventoso, la lluvia lluviosa, Santa Águeda (Agate Deuna... ieup!)
¡Ayyyy, que no hay tiempo para tanta celebración!
Pues nada, que aquí tenemos unas deliciosas torrijas, tostadas de carnaval, ricas, riquísimas.
Hay tradiciones que conviene no perderlas... ni de vista, ni de gusto, ni de tacto, ni de olfato.
Una de éstas te devuelve a la infancia, te reconcilia con tu propio cuerpo, que no hay régimen que se resista, ¡que lo digo yo!
Así que aquí les dejo el platito, por si se me animan...
Torrijas: La madre que me parió, con la inestimable ayuda del hacedor de mis días
Foto: Edurne

martes, 29 de enero de 2008

CANCIÓN


Dicen que las hojas caen con lentitud,
con música de adagio.
Dicen que el viento sopla frío,
helado,
con miedo de ser escuchado.
Dicen que los niños cantan bajo los árboles,
lloran entre sus ramas.
Dicen que tu voz se oye en la noche,
que repites mi nombre.
Dicen que la vista se me nubla,
se me ciega de tanta bruma.
Dicen que tus manos me buscan en el aire,
sorteando mares y tempestades.
Dicen que perdí la quietud,
esperando ver tu luz.
Dicen que locos van tu sol y mi mar,
locos por quererse y no poderse amar...
Foto y texto: Edurne

sábado, 26 de enero de 2008

EL MUNDO DEL BLOG


Bueno, pues el asunto es el que sigue:
Llevo una buena temporada transitando por diversos blogs, vamos, que me he hecho un huequito como paseante-visitante de la blogosfera.
Un enlace, un blog, te lleva a otro, y éste a otro, y a otro... o sea, ¡una pequeña locura bloguera!
A veces me quedo un rato largo por alguno de ellos; he de confesar que los hay buenos, interesantísimos, también los hay con una gran carga erótica, y otros... más normalitos (como el mío), pero todos con ese toque de "narcisismo" que los mortales nos gastamos, y dicho en el mejor sentido de la palabra...
Y es que la cosa va de mostrarnos, de enseñar nuestro yo más escondido: nuestros sueños, nuestras preocupaciones, reflexiones... de mostrar y compartir. Creo que las más de las veces es sólo pura necesidad, no afán de hacernos con un "nombre" ni nada parecido. Y digo la mayoría de las veces porque también he podido encontrarme con algunos de los otros, de los de... ¡ya me entienden!
Otra de mis apreciaciones, constataciones, es la que sigue: un tanto por ciento elevadísimo de los blogs visitados pertenecen a alguien ubicado en el Cono Sur.
Hay blogs con unos diseños refinadísimos y cuidadísimos, con cantiduby de enlaces, vídeos, contadores, mapas de visitantes, links y qué sé yo cuántas virguerías más (cosas que yo soy incapaz de hacer). Hoy he entrado en un blog que da recursos y consejos para la confección y mantenimiento de tu blog, muy interesante, y además completamente desinteresados, ¡muy bien!
Y me ha dado por observar mi propio espacio. Por un momento me ha parecido pobretón (me dio por compararlo), pero para nada, ya me he repuesto del efecto-complejo de inferioridad (tan sólo me duró un minuto y tres cuartos).
El espacio-blog de cada cual, es el suyo propio, único e intransferible, por lo tanto exclusivo e inimitable. Es nuestro propio estilo, nuestra personalidad, nuestra impronta, ¡y nada más!
Así que yo seguiré con mis cosas, mostrando mi alma y mi corazón, mis pensamientos y reflexiones según me vayan llegando, las seguiré dejando fluir en mi estilo, que a unos gustará más que a otros... lo importante es que me sirva a mí, ¿no les parece? Y a mí me sirve, ¡ya lo creo que me sirve!
Y si compartir estos momentos sirve a otros... ¡mejor que mejor!
Así que a lo dicho: mi orillita sigue abierta tal cual. Les invito a chapotear en ella.
PD: Apunto, para que conste, que el visitar otros blogs y dejar una pequeña huella en alguno, está muy bien, te permite conocer a otras personas (y que te conozcan) y hacerte asidua del comentario bloguero. :-)
Imagen: Internet

viernes, 25 de enero de 2008

EN CALMA


Si miras en dirección Oeste
verás la calma de la sonrisa dormida.
Si miras en mis ojos,
verás el final de la pena,
los surcos cerrados
de la angustia de antaño.
Si miras en tu interior,
si miras dentro de mí,
si miras... me verás,
si miras... te verás.
Si miras en dirección del
viento de Poniente,
las palabras susurrarán mi nombre.
Las oirás,
lo oirás...
"Amor", te dirán.
Si miras cómo juguetean las nubes
en las cumbres de nuestros deseos,
si miras...
allí estaré.
Esperando para trenzar
con fino hilo de seda,
perlas y caracolas de cristal.
Esperando para saborear
la dulce miel de tu boca,
para lanzar al viento las estrellas
guardadas en mi pecho...
Esperando para sembrar de rosas
la verde alfombra del sueño.
Si miras en tus ojos,
verás el guiño del destino,
y la risa del camino
que hasta mí te ha traído...
Si miras,
sabrás que ya has vuelto.
Foto: Aitor Manipulación y texto: Edurne

miércoles, 23 de enero de 2008

SI GUSTAN


Sé que son lo que parecen: unas aceitunas, olibak, sin hueso y con sabor a anchoa. Típicas aceitunas de aperitivo dominical.
Las pongo ahí para que pique el que quiera, el que guste... Para que se siente y deje a un lado la carga del día, para que suelte lastre, para charlar de todo y de nada.
Una ceituna, y otra, y otra más...
Un acontecer, una anécdota, un enfado, una preocupación, un chiste, un cotilleo, una reflexión, una mirada al infinito, una sonrisa sin palabras...
Una aceituna, y otra, y otra más...
Entran solas.
Y salen solas las palabras de dentro, las de nuestras entrañas, las que decimos con el alma en vilo, con el corazón en un puño, con un nudo en el estómago, con la mirada alegre o extraviada...
Una aceituna, y otra, y otra más...
¿Alguien gusta?
Foto y manipulación: Edurne

DE AYER Y HOY


Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor...
¡Hombre, mejor, mejor...! El caso es que a veces nos entra la nostalgia, la morriña, como dirían los gallegos, de tiempos y cosas pasadas.
Esta foto me ha hecho recordar.
Les invito a que se fijen en ella, a que lean sus reclamos publicitarios, a que observen el conjunto.
¿Qué, sugiere o no sugiere... han iniciado ustedes un viaje al pasado más próximo?
Según rezan los carteles de esta peluquería/barbería, todo es grande, todo es magnífico, exquisito (huy, perdón por lo cursi de la palabra, se me ha escapado) y de la mejor calidad... Ofrecen de lo bueno lo mejor y admiten de casi todo.
Una imagina que el trato sería distinto, más cercano, más cómplice, más familiar. Que ir a la "Gran Peluquería", sería como ir a confesarse en la Misa Mayor, como dejar que le mimen a uno, ir a que le cuenten las últimas novedades (que si Luisita, la del trece, se ha puesto de novia con el Dionisio, que si a Manolo le han echado del taller...)
Ahora casi no nos enteramos de nada, ¡y eso que cuando vas a la peluquería, enseguida te largan un buen fajo de revistas del corazón! Pero no es lo mismo: los actores de Hollywood, la familia real de Holanda, las top models internacionales, sus affaires, penas y alegrías, divorcios y noviazgos, escándalos varios... no son como de la familia. ¡Para nada!
Y el entorno, ¿qué me dicen del entorno? De barrio, y con esa decoración entre popular y pseudoelegante.
¿Conocen ustedes algún establecimiento de este tipo, de los que resisten a pesar de los pesares y a quien le pese?
Me digan.
Foto: Antonio

martes, 22 de enero de 2008

VÉRTIGO


Pues no, en esta ocasión el vértigo del que voy a hablar no es el famoso "Vértigo" de Alfred Hitchcock, con una rubísima Kim Novak...
No, el vértigo al que me quiero referir en esta tarde de martes es al que me viene acosando desde el pasado jueves, y que me tiene como si estuviera paseando por la cubierta del Queen Mary entre un oleaje cuando menos, preocupante...
Es decir: que estoy con un síndrome de Vértigo Periférico de los gordos; con lo que desde esta mañana estoy de baja unos días, con reposo y tranquilité (recomendaciones del galeno).
Es por eso que no me había asomado a esta ventana antes, y que ya sean casi diez días los que me hayan retenido y mantenido "fuera de combate bloguero".
Ahora mismo tecleo con sumo cuidado, en plan casi/cuasi robótico, para no descentrarme, descontrolarme y finalmente desestabilizarme... ¡Cachis diez!
Dicen que si el estrés (¡lo mismo es el escuatro!), que si las tensiones, que si estoy anudada de las cervicales a las lumbares... ¡Ay, qué cruz Dios mío, qué cruz!
Nada, confiemos en que con unos días de desconecte nos vaya pintando mejor y enseguida estemos como si nada, ¡que tal parece que me haya bebido toda la reserva de Riojas del entorno!
¡Brindemos pues!
Pintura: Antonio

domingo, 13 de enero de 2008

AZULES


Son azules,
azules los horizontes,
azules los colores y
las esperas en la estancia
abierta.
Sueños que te acercan,
caricias que me enervan.
Cándidas ninfas traen palabras
de espuma entre sus manos,
cantos de cristal y
momentos de coral.
Y te alejan los rumores de la lluvia.
Y te arrastran entre las olas
de la oscura noche,
salpicando tu almohada
del fuego que escupe
el dragón del olvido.
No te vayas, amor,
no mires de frente
a la Reina de las Nieves,
que mi voz se volverá muda,
que mis pasos se hundirán
en el lodo de la tristeza.
No te vayas, amor,
no vuelvas tus ojos al fondo
del Mar de las Tinieblas,
que tu aliento se volverá hielo,
que tu risa se perderá entre
las algas del bosque profundo...
Azules los recuerdos,
azules los caminos que te sueñan.
Vigía mi alma,
en la encrucijada espera,
lanzando destellos de aurora
recién inventada,
cubriendo de fresco rocío tu vuelta...

Pintura: Antonio Texto: Edurne

UN DÍA CUALQUIERA


Cuando suenan los ecos de la noche apagada
entre las tibias sábanas de mi amanecida.
Cuando cabalgan remansos de paz
en la frente perdida
de tu noche encendida...
Entonces,
puede ser un día cualquiera,
una sonrisa de tierna factura
que emula la batalla otrora vencida.
Entonces,
timbales y campanas de lejanos ejércitos
son los que gravitan en mi cabeza
durmiente,
bajo el cándido temblor de tu sueño abandonado.
Un día que despierta a la brisa,
al alba de la perezosa y ociosa mañana.
Entonces,
mi mano se perderá entre las tuyas,
y dormida,
en tu nombre quedaré perdida.
Foto: Mayte Texto: Edurne

jueves, 10 de enero de 2008

METAMORFOSIS


Como excusa. Como ejercicio de reflexión.
Para quien estuvo en la Tertulia de ayer. Para quien no estuvo.
Para los y las que pasan por aquí habitualmente. Para los y las que lo hacen ocasionalmente.
Para ahondar un poco más en lo complejo del ser humano, en las obsesiones, en los sentimientos...
Para quien quiera hacer su aporte... digo, me diga, digamos.

Esacaneado portada: Edurne

martes, 8 de enero de 2008

MIRADAS


Más allá de las miradas
indiferentes.
Más allá de las llanuras
insondables
de la pena y el olvido,
más allá...
es donde reina la tristeza
sobre súbditos de un país muerto
para las conciencias
de guante blanco y tacón fino.

Más allá de las promesas
incumplidas.
Más allá de las aguas
secas,
oscuras,
más allá...
es donde está la esperanza
albergada en todas las miradas,
en todas las manos abiertas
de los corazones
negros,
huidizos...
sólo sujetos por la quimera de una
luna nueva.

Foto: Aitor Texto: Edurne

Y VOLVER, VOLVER, VOLVER...


... A mis clases otra vez!
¡Ay sí, volví, pero no sola, sino acompañada de un buen resfriado! Un resfriado que es medio gripe; que me tiene medio aturdida, medio congestionada, medio dopada, medio destemplada... todo a medias.
Y volver a clase después de seis meses sin catar infante, es duro, crean ustedes que cuando digo que es duro, es que es más duro de lo que parece; que la pilla a una con desentreno. Y es que claro, después del verano y de los cuatro meses de estar de estudiante tras un pupitre.... volver al bullicio escolar, afecta, descoloca.
Y yo me pregunto: ¿por qué estarán tan alterados los chicos de hoy en día? Tantos años en este mundo me han llevado a poder apreciar el cambio que se ha ido dando en nuestros chavales: de a poquitos, pero sin parar. Y hoy puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que en los últimos cinco años el panorama ha cambiado ¡y mucho!
Así que aquí me tienen ustedes, afrontando una semana un tanto peleaguda: reincorporarme a mis tareas docentes y pelearme con este okupa de resfriado que me tiene bajo mínimos.
¡Atchisss! ¡Huy, perdón!
¡Que Dios nos ampare!
Foto: Edurne

sábado, 5 de enero de 2008

DESDE MADRID CON AMOR (Crónicas del Foro IV)


¡Ay, ay, ayayyyyyyyy..... Canta y no llores, porque cantando se alegran, Cielito Lindo, los corazoneeeeessssssss! ¡Ándale!

Ya ven ustedes, aquí se puede encontrar de todo. ¿Que tienen ganas de unas rancheritas al más puro estilo Jorge Negrete? Pues nada, aquí mismo, en el centro neurálgico del Foro lo tienen: Panchito y sus cuates para servirles.

Madrid me recibe en los últimos tiempos con ambiente más bien norteño, es decir: lluvia. ¡Qué le vamos a hacer, será que de tanto ir y venir, me hace los honores para que me sienta más como en casa (aunque aquí también lo estoy)!

Esta noche vienen Los Reyes (no los que habitan en La Zarzuela, aquí al lado, sino los que escalan muros, ya saben ustedes...). Y el caso es que no sé si pedir algo, me da un poco de vergüenza, tantas cosas que hacen falta en este mundo y yo pensando en... ¡en vaya usted a saber!

Bueno, pues les voy a dejar afanados en sacar lustre a los zapatos... Se me portan bien, ¿eh?, que luego dicen que hemos sido unos trastos y esas cosas...

¡A ver, un poquito de formalidad, que no se diga!

Foto: Antonio


lunes, 31 de diciembre de 2007

LAS UVAS DE LA IRA


¡Esperemos que sean las de la buena suerte!
El título me ha venido así, sin pensarlo, porque me ha recordado a la película de Jhon Ford con un soberbio Henry Fonda, y basada en la novela de otro Jhon... Steinbeck. Confieso que sólo he tenido acceso a la peli, y de eso hace muchísimo tiempo, peli en blanco y negro, de las que me gustan...
Bueno, pues estas uvas son las que nos "tragaremos" esta noche, ¡y ojalá que no se nos atraganten!
Con ellas, me uno a todos vosotr@s, que habéis seguido mis andanzas en estos meses, y os agradezco vuestras gotitas de espuma fresca.
Que el 2008 sea un año próspero de verdad, que venga cargado de todo lo bueno que se pueda desear, y que sigamos caminando juntos por la orilla y otros parajes...
¡Por vosotros, por nosotros, por todos!
Foto y manipulación: Edurne

domingo, 30 de diciembre de 2007

LA NAVIDAD ET LE CHOCOLAT


Todos los años por estas fechas, los renos de Santa salen a pasear por el mundo.
Y aquí los tienes ustedes, saludando a todo el que se acerque a visitarles.
Están contentos porque este año los han revestido de una gruesa capa de chocolate. De chocolate de todos los sabores y colores. Están dulces, dulcísimos.
¡Hasta la nieve y los árboles de su bosque son de chocolate!
No lo puedo remediar, se me ve el plumero... soy una chocolatera de pro.
Allá donde vaya busco el chocolate, y regalo chocolate. ¿Será por el deseo de endulzar un poquito las vidas propias y ajenas? ¡Será!
Pues un anticipo para el Fin de Año: que sea dulce el final, que sea dulce el comienzo...
Foto: Antonio

sábado, 29 de diciembre de 2007

HISTORIAS DE PARÍS (3)


Sabía que llegaba tarde. Claire miró el reloj de la estación, acababan de dar las doce. Tarde. Aunque con un poco de suerte, tal vez llegara con retraso de la estación de Austerlitz y podría coger el tren a tiempo.

En ese mismo momento, a bastantes kilómetros de distancia, Marcel esperaba en la oficina de Correos. Llevaba una carta certificada en la mano. No se le había ocurrido una manera mejor de terminar su relación: una carta certificada dando por muerta una historia de amor de ocho años. Era la última declaración, el sello y la rúbrica que así lo avalaba.

El único empleado de la Poste que estaba de servicio esa mañana trabajaba lentamente, su cabeza estaba en otra parte, no era un buen día para él; había recibido una mala noticia: su hijo Pierre tenía una grave afección coronaria y debía someterse a una operación a corazón abierto.

El tren anunciaba su salida justo cuando Claire bajaba las escaleras de acceso a los andenes. Tuvo que apurar su carrera para poder cogerlo.

Marcel volvió a mirar la dirección del sobre. Todavía tenía cuatro personas delante. Recordó los ocho años que iba a hacer desaparecer en unos minutos. Sonrió.

Pierre siempre había sido un muchacho muy sano, un deportista... incluso jugó en los juveniles del Olympique. ¡No era posible que le estuviera ocurriendo esto! El sueldo de funcionario de correos no alcanzaba para una consulta en un centro privado pero tenía que conseguir una segunda opinión... Miró por encima de las gafas mientras estampaba un sello de envío exprés. La mañana se le estaba haciendo eterna.

Claire había subido a ese tren, le esperaban unas cuantas horas de viaje. Tenía que llegar a tiempo... Tiempo, eso era justo lo que le faltaba, el maldito tiempo, ¡y encima la distancia! Desde París todo se veía tan lejos, tan borroso, tan olvidado... Sólo llevaba un año trabajando en la delegación de su periódico en París, pero le parecía que llevaba un siglo, y ahora su vida daba un vuelco. ¡Tenía que llegar a tiempo!

Marcel jugueteaba con la carta, la pasaba de una mano a otra, se abanicaba con ella... Todavía tres, tenía tiempo para pensarlo un poco más. Las cosas habían ocurrido tan de repente, tan sin darse cuenta de que ocurrían... Y sin embargo creía haberlo pensado bien, creía hacer lo correcto, lo que debía hacerse en semejantes circunstancias, por su bien, por el de ella... ¡O eso pensaba! Lo volvería a pensar un poco más, aún había tiempo.

Suspiró y se ajustó las gafas a la nariz. Al levantar la cabeza vio a Marcel, le pareció raro, porque normalmente pasaba por su casa y le daba las cartas a él. ¿Habría ocurrido algo inesperado? Y se dio cuenta de que todavía no le había contado lo de Pierre, lo haría ahora.

Sabía que su relación hacía aguas. Sabía que su hermano podía morir. Por eso estaba en ese tren, por eso necesitaba tiempo. Marcel lo era todo para ella, y Pierre era la parte de su vida que le recordaba de dónde venía... ¡Tenía que llegar a tiempo!

Era una paradoja querer terminar su relación con Claire a través de su padre. Podía pensarlo un poco más, todavía tenía tiempo.

El tiempo era importante para la operación de Pierre. Claire llegaría esa noche y entonces decidirían qué hacer, ahora tenía que contarle a Marcel lo que ocurría, no quedaba mucho tiempo...

Habían dado las doce en el reloj de la estación D'Orsay. Habían dado las doce y cuatro vidas comenzaban a caminar a la vez, hacia el mismo destino desde distintos puntos. El tiempo, encerrado en la gran esfera, había saltado y todos corrían tras él. Las doce...

Foto: Antonio Texto: Edurne

COMO SIEMPRE


Siempre
tras la mirada del deseo.
Siempre,
sueños imposibles
en manos imposibles.

Carrera desbocada
y aquí
no ha pasado nada.
Suena la lluvia
entre los cristales
rotos
del corazón...

Una lágrima perdida
entre el pliegue de tu
risa.
Una lágrima perdida
entre los retazos de mi
vida.


Pintura: Antonio Texto: Edurne