viernes, 17 de enero de 2014

UN REGALO INESPERADO (Replay)





La luz entraba tamizada por las amplias ventanas del taller. Todo transcurría con la misma calma monacal de siglos.

Sor Ernestina se afanaba con los pinceles, y Sor Esther rezaba a su lado, ofreciendo preces y oraciones a los santos más desconocidos.

Sor Ernestina la miraba por encima de las gafas mientras se lamentaba de la falta de inspiración en ese día. Una gota de sudor inició un lento camino de descenso desde la fruncida frente de la Sor hasta dar con su salado elemento en la naricilla que sostenía graciosamente las gafas. Sor Ernestina apartó la molesta gotita con un dedo y dejó una huella de azul celestial en su chato apéndice. Resoplaba. Hoy no estaba contenta con su trabajo y eso que la Inmaculada que terminó el mes pasado le había quedado realmente bien, vamos, ¡ni Murillo! Es decir, básicamente era buena, muy buena, pero hoy no daba pie con bolo, ésa era la verdad.

Y Sor Esther que no callaba. Estaba muy bien esto de tener un don, pero el de estar todo el día inventando oraciones a los santos más extraños… ya cansaba. Dejó el pincel y se limpió con un trapo que tenía sobre el blanco delantal. Ella pintaba sentada porque las piernas se le cargaban demasiado y luego padecía de unos calambres muy molestos, por eso tenía dispensa de la Madre Superiora para sentarse en la iglesia más a menudo que el resto de sus hermanas.

Se levantó para abrir uno de los ventanales, justo el que daba al huerto. Allí se quedó unos minutos, tan solo dejando que el sol acariciara su rostro. A pesar de que julio ya avanzaba hacia el ocaso, el fresquito, propio de la tierra y las alturas, hizo que se despabilara y saliera de sus pensamientos. Allá abajo estaban Sor Emilia y Sor Luisa faenando con los tomates, las acelgas, las lechugas… Eran las cinco de la tarde, pero la hermana cocinera estaba ya en lo de preparar la cena; y de los fogones subía un olorcillo cálido, un olorcillo a sopa de cocido.

Tenía que ser pecado de gula eso de pensar tanto en la comida. Le gustaba comer, no podía remediarlo. Tal vez fuera algo relacionado con su infancia, cuando apenas había con qué engañar al hambre y sus pobres padres ya no sabían qué hacer para alimentar tan ruidosa prole. Casi no recuerda las caritas de aquellos hermanos que se fueron, bien a causa de una viruela, bien por una pulmonía, incluso hubo uno que murió al extirparle una pequeña verruga cuando tan solo tenía cinco años. ¡Y Florentina…! Su hermana Florentina que se fue a los quince
de unas fiebres palúdicas. Fue entonces cuando los padres decidieron entregarla a las Clarisas, no estaban dispuestos a ver morir más hijos. Y aquí estaba desde los doce años. Cincuenta y tres años entre esos muros, el convento era toda su vida.

Al principio, y a pesar de la distancia entre el pueblo y el convento, las visitas de los padres eran más frecuentes; iban a verla por las Navidades, por Pascua, y en los veranos iba ella a pasar una semana a su pueblo. Siempre llevaban a Adelina, tres años más joven que ella, y al pequeño Irineo que sólo tenía dos añitos.

Pero poco a poco, la relación con los suyos fue haciéndose más lejana. Supo de cuando Adelina marchó a la ciudad a servir, de cuando murió la madre, de cuando Irineo fue al servicio, de cuando el accidente del padre… Entregada ya a su vida de clausura, de todo se fue enterando por cartas que fueron el mejor puente con lo que dejó atrás.

Cartas como la que había recibido la pasada semana y que la había sumido en un estado de zozobra e inquietud que no le dejaba sacar su espíritu alegre y afable. Ya ni en maitines le salía ese chorro de voz cantarina que Dios le había dado. Y hoy, con la pesada de Sor Esther sin callar, y su mano que se le agarrotaba ante los angelillos, no deslizaba el pincel sobre el lienzo como siempre, embebida como estaba en sus recuerdos…

Recuerda muy bien la noche en que todo el convento se vio alterado por aquellas llamadas insistentes en la puerta cuando Sor Juana, la superiora de entonces, a quien Dios tenga en su Gloria, corrió presurosa en su busca para decirle que era su hermana Adelina la que estaba en la puerta, la que venía buscando auxilio y amparo en la Santa Casa de Dios.

Allí estaba Adelina, llorando a moco tendido. A pesar de todo estaba hermosa, con esa carita de ángel que siempre tuvo, con sus rizos dorados y esos ojos de perrilla asustada. Hacía casi cinco años que no la veía. Se abrazó a ella hipando: “Ernestina, Ernestina, tienes que ayudarme”, le decía entre sollozos.

Y ahí contó su historia. Venía huyendo del hijo de su jefe, el señorito Pedro que, a más de maltratarla, la había dejado preñada. No podía ir al pueblo, el Irineo montaría en cólera; al no vivir el padre, él era el jefe de la familia… No, no podía, él no debía enterarse.

Resolvió la superiora tenerla allí, con las monjas y, cuando naciera la criatura, darla en adopción a alguna buena familia. Sor Juana se encargó de todo con la mayor de las discreciones.

Adelina dio a luz rodeada de todas las hermanas y cuando se recuperó, enseguida marchó a Oviedo, a servir en casa de un primo militar de la Madre Superiora. A la pequeña se la bautizó con el nombre de su abuela, Irene. Sor Juana, que se había tomado el asunto como algo personal, se encargó también de encontrar una familia para la pequeña, un matrimonio de aldeanos del pueblo vecino que ya habían perdido una hija. Éstos la acogieron con gran alegría y la criaron bajo los preceptos cristianos como si de su propia sangre se tratase.

Nadie supo nada. Irineo no se enteró de la desgracia de su hermana. Adelina tan solo tuvo conocimiento de que su hija había sido acogida en una familia temerosa de Dios, e Irene… Irene creció en la creencia de que aquéllos eran sus verdaderos padres. Todo el secreto quedó encerrado entre esos muros de paz y oración. Hace tanto tiempo… mucho más de treinta años.

Sor Ernestina dejó por un momento sus recuerdos, se volvió hacia Sor Esther justo en el instante en que Sor Lucía entraba escandalosamente, como siempre, en la estancia: “¡Ea, madres, ayúdenme a doblar estas sábanas!” La zozobra de Sor Ernestina encontró anclaje entre la risa de Sor Lucía, escondiéndose en la blancura de los lienzos.

Mientras ayudaba a doblar las sábanas, se vio años atrás haciendo esa misma tarea con su hermana, allí, en el convento. Con esa hermana que ya hacía años que había muerto pero que entonces era portadora de una nueva vida, la vida de la pequeña Irene. Siempre se sintió en deuda con esa niña, sin embargo nunca fue capaz de enfrentarse a ella, de hablarle y explicarle quién era en realidad.

Durante años supo de la vida y los pasos de Irene en cada momento, incluso guardaba alguna fotografía de la niña y de la joven preciosa que había llegado a ser hasta que marchó del pueblo. Como a todos los jóvenes, más en aquellos años, la ciudad llamaba y tiraba muy fuerte. Era el único modo de salir de la monótona vida de un pueblo que poco o nada tenía que ofrecer.

Por un momento consiguió acallar esa voz que la interrogaba desde dentro. Era tal el jaleo que se había montado en la sala de planchado, que no tuvo más remedio que dejar a un lado sus angustias y sus miedos. El estrépito la devolvió al mundo.

La carta que habían dejado la semana anterior en el torno era una escueta nota: “Pronto el pasado y el presente se abrazarán”, y la firma era una I. ¿Qué querría decir todo eso después de tantos años? ¿Una I de Irene? ¿O una I de Irineo?

Irineo. Hacía demasiado tiempo que no tenía noticias de su hermano. Desde que había enviudado y sus hijos estaban lejos, se había vuelto más taciturno que de costumbre y sus cartas fueron cada vez más escasas hasta dejar de escribir. Estaba preocupada por él, pero nada podía hacer. Ahí perdió la Sor los pasos de su hermano pequeño.

Con tanto viaje al pasado, para cuando quiso darse cuenta ya estaban todas las hermanas dando las gracias por los alimentos que iban a tomar. La sopa de cocido entonó su cuerpo y su mente, y el muslito de pollo al ajillo, su plato preferido, desató su alegría reprimida. Saboreó con especial deleite la cuajada casera de Sor Catalina con un poco de miel y así, con el estómago contento y agradecido, sintió que su desasosiego encontraba consuelo.

Serían algo más de las ocho y media de la noche cuando la hermana tornera pasó como un rayo por el corredor de la galería norte camino del despacho de Sor María, la Superiora. Todas la vieron, todas se miraron sin decir nada y ella, Sor Ernestina, sintió como si ya hubiera vivido ese momento. Esperó.

No pasó media hora cuando la Madre Superiora entró en la sala de lectura. Buscó con la mirada a Sor Ernestina, pero ésta ya estaba en pie, intuía que todo aquel revuelo tenía que ver con ella.

Y allí estaba de nuevo, igual que hace treinta y cuatro años atrás, frente a esa carita de ángel, esos rizos dorados y esos ojos de perrilla que ya no manifestaban miedo, que la miraban fijamente. Sólo que esta vez no era Adelina, no tuvo necesidad de preguntar, sabía quién era, sabía que era su sobrina Irene.
Intuyó lo que pasaba, intuyó una nueva sorpresa en su vida.


Instintivamente Sor Ernestina e Irene se abrazaron, lloraron. Éste era el regalo que el destino le restauraba. Sor María observaba la escena con una sonrisa y desde la discreción propia de su cargo. Una luz tenue se reflejaba en la pared de poniente justo sobre la imagen de la Santísima, era como si ella también sonriera.

Pronto corrió el rumor entre las monjas de que era Irene, la pequeña Irene la que había vuelto al lugar de donde salió. La mayoría de las hermanas la había conocido, y aquéllas que llegaron después de su nacimiento también eran sabedoras de los hechos.

Sor Ernestina no cabía en sí de gozo. ¡Su pequeña Irene allí! No hizo falta mucha perspicacia para darse cuenta de que ella, al igual que su madre, también se presentaba... ¡embarazada!

Irene hablaba y hablaba pero, a diferencia de Adelina, el fruto de sus entrañas era motivo de gran alegría para la futura madre.

¿Y cómo supo Irene de sus verdaderos orígenes? Al final se atrevió a preguntar Sor Ernestina. Todo era tan sencillo… Julia, la madre adoptiva de Irene, reveló todo el secreto en su lecho de muerte, no quería que la joven se quedara sola.

Irene había vivido en la ciudad tratando de mejorar una vida que se presentaba dura, sin un porvenir cierto. Consiguió superarse, estudió Secretariado alternando con un trabajo de dependienta y pronto consiguió un puesto en una compañía de seguros donde conoció a José. Se casaron a los pocos meses de haberse conocido. Al saber de su embarazo, Irene decidió volver al lugar de sus primeros días de vida. ¡Y allí estaba!

Paseaba sus ojos la humilde Sor por aquel ser que ahora estaba frente a ella, sin poder evitar que las lágrimas resbalaran por las rechonchas mejillas, sin saber qué hacer: si reír, llorar, saltar, comerse a besos a Irene que ahora era una mujer, el vivo retrato de Adelina, su querida y llorada hermana…y que a su vez la miraba con esa sonrisa de paz y verdadera calma.

Suspiraba Sor Ernestina, hipaba, daba vueltas sin orden ni concierto a las cuentas del rosario, se diría que repetía mil y una veces los misterios de gozo. Y saltaba, daba pequeños saltitos con sus pies regordetes y pequeños. Estaba sofocada. Irene hizo una breve pausa en su relato, respiró hondo, cogió las manos de su tía, las besó con infinita ternura y las llevó a su cara cerrando los ojos sin poder evitar que sus lágrimas empaparan esas manos protectoras.

Sor Ernestina pensó en su hermano, en Irineo, en que ya había llegado la hora, que tenía que saberlo todo, y… Ahora sí que tenía ganas de cantar: ¡Aaaaleluya, Aaaaleluya, Aleluya, Aleluya, Aleeeeeeluya!

 
Foto: Gentileza de Maricruz Manipulación y Texto: Edurne (entrada ya publicada el 13 de marzo de 2008, y no sé si alguna otra vez... Pido disculpas)


viernes, 10 de enero de 2014

TODO DEPENDE DEL COLOR...

Del color con que se mire.
 
Yo intento ponerme las gafas de ver en cinemascope y tecnicolor, como en el cine, pero, de momento, las cosas son un poco grises, tirando a negras. Solo el poco blanco que ilumina la instantánea, pone ese toque lechoso en mi panorama.
 
Y tal vez por eso, ayer, al entrar en una librería (les juro que no era mi intención), este libro, "DEL COLOR DE LA LECHE" de la escritora británica Nell Leyshon, llamó poderosamente mi atención. El título, la asociación, libre asociación, de la leche, la portada del libro, y el recuerdo de la infancia, de tiempos más dulces...
 
 
Me he traído el libro a la clínica, aunque, si les soy sincera, soy incapaz de leer en estas circunstancias, que no son ni las mejores, ni las más adecuadas para relajarse y tener un rato de lectura tranquila...
 
Acabo de empezarlo, y ya de entrada, la primera curiosidad: no hay mayúsculas. Observen:
 
 
 
Y como no he hecho más que empezar, les dejo aquí una referencia que he encontrado por ahí...
 
Además, recuerdo que Ángeles también lo recomendó hace un tiempo.
 
 
 
 
Fotos: Edurne con el móvil
 
 

domingo, 5 de enero de 2014

SIN DESTINATARIO (VI) "A los Magos de Oriente"



Queridos Reyes Magos:


Sé que esta carta no os llegará ya que carecéis de un destino fijo, ni siquiera real, por muy reyes que seáis...


He de advertiros que mi sangre es roja, como la de todo mortal por otro lado, pero la mía es muy roja, o sea, que no hago migas con monarquía de ningún tipo, y como hace años ya que se me cayó la venda de los ojos respecto a vosotros, escribiros esta carta me deja libre de cualquier sospecha.

Creer o no creer (en vosotros, en quien sea o en lo que sea) es libre, y también depende de las circunstancias; es más, pienso que hasta es conveniente, que ayuda a sobrellevar mejor los envites de la vida. Yo escribo para pediros. Sé que hay una máxima bíblica que reza así: “Pedid y se os dará”. Yo, sinceramente, nunca he sido de mucho pedir, por eso ahora, pensándolo mejor, he decidido hacerlo. El no ya lo tengo, pero ¿y si...? Pues eso.

Primero voy a quejarme, sí, estoy muy enfadada con vosotros. ¿Por qué? Pues muy fácil, yo creo que me conocéis de toda la vida, y que, aunque haga la intemerata de años que os haya sido infiel con un sucio carbonero, nuestro querido Olentzero, siempre os he recordado con cariño. De niña siempre soñaba con vuestra llegada, y mi sueño se repetía año tras año. El mismo, era el mismo sueño (aún hoy sigo intentando descifrar su significado): después de dejar muis zapatos bien limpios, empezaba a subir una escalera de madera bien encerada que no parecía tener fin, y subía, subía, subía.... Hasta que no me despertaba no llegaba al final de la escalera. Lo siguiente es sabido, levantarme de la cama e ir corriendo a ver los regalos.


He sido una niña buena, muy buena diría yo, y es por eso que no entiendo este carbón (encima del más negro que hay) que venís dejando en mis zapatos desde hace cuatro años. Busco respuestas y, la verdad, no encuentro razón alguna, al menos ninguna que me convenza. Sí, ya sé, eso de la lotería de la vida, del destino que ya está escrito, del azar, de las disposiciones divinas, de...

Hoy he decidido perder mi pudor natural y pedir, suplicar, incluso hasta mendigar...


Y como sois magos, no tengo necesidad de deciros qué es lo que quiero, que para eso sois magos, ¿o no?


Y tampoco es necesario que os diga lo que estaría dispuesta a dar, lo que haría, si en mi mano estuviera poder cambiar este destino tan cruel e injusto...

Hoy será una noche mágica, dicen, y yo, que todavía conservo intacta mi parte de inocencia, de niña... me atrevo a pedir. Y no pido perdón por mi atrevimiento, lo hago porque ya es hora, porque sería de justicia que algo importante de verdad se me concediera.

Seguro que me estáis leyendo, o adivinando, desde algún sitio. Hoy quiero creer en vosotros, en que existe la magia, en los milagros... Quiero y necesito creer. Al menos no perder la esperanza  y fuerza para seguir luchando. ¿Al menos eso sí podréis traerme, verdad señores Magos de Oriente?

Y ya que estamos, un pase de capa mágico y real para el resto de este mundo desbocado... Os quedaría eternamente agradecida, que yo soy muy cumplida, ya lo sabéis.

Pues nada, que tengáis un buen viaje desde ese Lejano Oriente (en realidad más próximo de lo que nos pensamos), y mucho trabajo, que espero que los recortes no os hayan afectado, aunque nunca se sabe, que estar en una nómina fijos (y vosotros sois de los fijos) no asegura demasiado las cosas en estos tiempos convulsos que nos ha tocado vivir.


Y... ya lo siento, pero no podré dejaros ni turrón, ni una copichuela, ni paja para los camellos ni nada de nada, solo mi ilusión, mi esperanza y mi inocencia.



                                    Un beso triple.




                                                                                    Edurnita




PD: ¿Vale el que en tiempos ejerciera de paje de Don Gaspar? Aporto prueba gráfica... (Además me acuerdo del nombre de todas, por estricto desorden: Marivi Acedo, Arantza Garay, Margarita Valdivielso, Cristina Redondo, Elisa.¿?, Lourdes Edroso, Marisa Fernández, Isabel Tabernero y la que suscribe). ¡Ahí queda eso!








Imagen: Internet  Foto: de la memoria familiar  Texto: Edurne

martes, 31 de diciembre de 2013

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)



Este año sí que son verdaderas ”uvas de la ira” estas séptimas uvas orilleras...

Escribo este borrador (que será lo que salga mañana) apresuradamente, pues todo en mi vida es apresurado desde hace mucho tiempo, y malamente sentada en la cama de acompañante de la habitación de la clínica donde parece que estamos empadronados últimamente.

Escribo por no faltar a la tradición que inauguré hace seis años (por eso traigo las mismas uvas de entonces, ya que este año no habrá uvas en la cocina de mi amatxu).

Escribo como sortilegio, como si pudiera con ello espantar estas navidades malditas... Y sé que las próximas serán distintas, que no tendremos esta angustia pero sí un gran vacío.

Escribo y martillean mi cabeza un montón de sensaciones, de sentimientos, de supuestos y miedos.

Mañana/Hoy pondré el pie en el incierto 2014 con aita a mi lado, y con la otra mitad de esta piña que somos, abrazados a nosotros desde casa. Nunca hubiéramos imaginado nada parecido, pero, la vida te da y te quita, te pone en tu sitio y te hace ver lo que realmente eres...

No quiero entristecer a nadie, pero también necesito hacer este ejercicio de  posicionamiento, de ubicación, de saber dónde estoy en este momento de mi vida, en este 31 de diciembre de 2013, último día de un año que viene a cerrar un círculo fatídico.

Seguro que he crecido como persona, que el sufrimiento me ha hecho diferente. Solo pido no caer, seguir siendo fuerte...

Y escribo para agradecer. Agradecimientos a la vida por haberme puesto donde me ha puesto, por haberme encontrado en ella con quienes me he encontrado, y por ser quien soy.

Y gracias a todos ustedes que, sin conocerme están ahí, detrás de una pantalla, lejos o cerca físicamente, pero dándome su apoyo, su ánimo y hasta su cariño.

¡GRACIAS!

Y por eso no pienso dejar de desearles todo lo mejor para los días que se avecinan, que son 365 pero siguen sumando, sumando y sumando...

Por favor, ¡bébanse la vida, apuren la copa hasta la última gota, y me sean felices!

 

 

Foto y manipulación, a mas de "ira" incluida: Edurne Uvas: Las de la cocina de mi amatxu del año 2007

martes, 24 de diciembre de 2013

PORQUE NO SIEMPRE ES NAVIDAD...



Cuando nos toca analizar el sentido de la frase del título de esta entrada, el verdadero sentido, es cuando nos damos cuenta de la fragilidad del ser humano, de lo efímero de todo, de la alegría, de la salud, del amor, del trabajo, de la confianza, de la seguridad...
No, no siempre es Navidad para todo el mundo.
Navidad. Analizar el concepto, el significado de la palabra, de la época, del sentido... de la Navidad, nos llevaría demasiado tiempo, tiempo que no tengo, y que, ustedes, seguramente tampoco, afanados unos en preparativos, en compras, en reuniones con familiares y amigos, en reencuentros, y otros, tal vez en recogimientos, en pensamientos y recuerdos, en duelos que se renuevan todos los años por estas fechas... así que no, no voy a robarles su preciado tiempo.
Escribo desde el portátil que me he traído a la clínica, donde la lotería de la vida ha decidido concedernos este pequeño reintegro para poder jugar un poco más. El día a día. Y el día de hoy, y el de mañana y... lo pasaremos aquí. Sé que es triste pero, desgraciadamente, no seremos los únicos. Los hospitales están llenos de gente que sufre, de enfermos y familias. Hoy y todos los días del año.
Y no solo en los hospitales, también hay gente que sufre en casa, sin nada que llevarse a la boca, con problemas que sobrepasan todo lo imaginable, con miedos, angustias... Y gente que no tiene ni casa, ni un sitio donde cobijar su sufrimiento...
Les deseo a todos ustedes un tiempo de Paz, de Amor, de Salud y de Tranquilidad.
¡Me sean felices mientras puedan!
Porque, tal vez, Navidad es todos los días del año...



Fotos: Edurne.

    

miércoles, 11 de diciembre de 2013

DESDE MIS LUCES Y MIS SOMBRAS


Porque toda luz tiene su sombra y toda sombra tiene su luz…
¡GRACIAS!
Muchas gracias a todo el mundo.
Gracias por su apoyo, su cariño, sus palabras en estos tiempos duros para mí, y también por sus felicitaciones.
¡UN BESO ENORME!




Foto: Antonio. Manipulación: Edurne

sábado, 7 de diciembre de 2013

HACE 54 AÑOS...


Hace cincuenta y cuatro años que vine a este mundo, a este Valle de Lágrimas… (¡cuán cierta es la expresión!). Vine para alborozo de muchos. Hice que los miembros de mi familia conmigo estrenaran maternidad, paternidad, abuelura y tiura… (palabros inventados por mí, pues no sé cómo expresar el significado de ser abuel@, de ser tí@). Fui primogénita, heredera al “trono” de muchísimas esperanzas.

De siempre me he sentido querida y valorada por los míos, por los más directos, desde luego que sí. El amor, todo el amor que he recibido, es la herencia que llevo con orgullo, es el tesoro que voy repartiendo, porque, si has sido querid@, respetado y valorado, sabrás hacer lo propio con los tuyos y los demás. Eso lo tengo claro. Reconforta y satisface mucho más lo que das que lo que recibes. Quiero y me quieren, no es si tú me das yo te doy, es un intercambio natural.

De siempre, también, he celebrado con gran alegría el día de mi aniversario. Ya falta un mes, ya faltan veinte días, ya faltan cinco, cuatro, tres, dos, uno… ¡ya llegó el 7 de diciembre!

Hoy cumplo 54. Soy una mujer mayor, al menos adulta en todo lo que implica ser persona, y ser mujer. A esta edad, mis abuelas ya habían conocido lo que era ser madres, ser abuelas. Yo no, pero no quiere decir que no sepa lo que es, que no comprenda, que no entienda muchas cosas. Demasiado, entiendo demasiado de esta vida. Mi situación familiar, mi profesión, en fin, mis propias circunstancias de vida han hecho de mí una persona abierta, solidaria con el sufrimiento y los problemas, cariñosa y cercana (estará mal que yo lo diga, pero es así, soy una persona que quiere MUCHÍSIMO, y también que sufre MUCHÍSIMO). Estoy cargada de defectos, pero esos ya los conocen quienes me tratan, en cualquier caso no son de esos defectos que afecten terriblemente a la vida de los demás. Soy una más en este mar inmenso que es el mundo, la vida, la sociedad… Procuro pasar lo mejor posible por ella, a veces es casi imposible no pisar una mina personal que te explota en la mismísima cara y te deja trastornada por dentro y por fuera. Ya, es la vida, lo sé. Pero qué quieren, ¡a veces es una grandísima puñetera!

Ahí arriba estaba yo celebrando mi sexto cumpleaños, y me parecía que la vida corría demasiado. La víspera, recuerdo que tuve una conversación muy interesante con  mi ama acerca de lo que era hacerse mayor. Ahora he comprendido muchas de las cosas que me dijo. Y recuerdo que en esas fechas de celebraciones, en casa nunca faltaba la consabida tarta de moka, (hummmm, la estoy saboreando ahora mismo), refrescos para los niños y una copita de Pico Plata para los mayores, ¡jejejeje!
Y ahí estoy yo, sonriente, posando como si acabaran de otorgarme el Oscar a la mejor niña del mundo, con la muñeca que me regaló mi tía Bego, entre mi ama y mi aita… Mi aita, que ahora ha tenido que intercambiar el papel de protector conmigo, me ha cedido el testigo, y ahora él está en mis manos.

No tengo muchas ganas de celebrar este día, mi regalo no es de los que se compran, o te lo regalan y si no te gusta, lo descambias y te dan otro de tu agrado. No, lo que yo quiero no está en el escaparate, no está a la venta. En cambio, lo que NO quiero, sí, ahí está, avanzando y amenazando cada día un poco más, enseñando los dientes con saña, regalándonos un poco de vida para que tengamos que agradecerlo y pagar, al final, el precio más alto.

Hoy no es un día alegre para mí. Cumplo años, me voy haciendo mayor y voy entrando en ese círculo del sufrimiento, de las pérdidas, de la impotencia, de la rabia… Pero también de los agradecimientos por haber tenido la inmensa suerte de ser quien una es, de venir de quienes viene, de haber sentido todo el cariño y el amor que he sentido, que siento.

Hoy tengo miedo, aunque él todavía está con nosotros, pero tengo miedo, y una pena que no es contable, ni medible, ni siquiera expresable…

Hoy quisiera volver atrás y estar de nuevo ahí, así… Pero no, hoy cumplo 54, hoy me siento tremendamente triste y, aunque no lo esté, también me siento tremendamente sola.






Fotos: de la memoria familiar (foto 1: hace 48 años; foto 2: hace 5 días)  Desahogo: Edurne

miércoles, 27 de noviembre de 2013

AHOGO


Ahoga el aire que respiro sin pensar en él igual que el miedo que atenaza mis voluntades respiro y callo exhalo expelo y vuelvo a respirar como marioneta que no responde a voluntad propia como títere sin cabeza caminando a tientas entre sueños y nubes rasgadas con retazos de otros tiempos colgando cerca del hado cruel dueño de nuestros destinos respiro respiro respiro respiro respiro… ¡y me ahogo!


Pintura: Antonio  Texto: Edurne

lunes, 25 de noviembre de 2013

PORQUE SOMOS PERSONAS, PORQUE SOMOS LIBRES


Amor me ofreces,
y
amargura me regalas.
Fuimos construyendo,
despacito,
sueños  para
dos,
tal vez,
tres,
acaso
cuatro…
Ahí quedaron,
en el camino,
hechos pedazos.
Sufrimiento solitario.
Amor  con letras pequeñas.
Miserias y miedos escritos están
con el rojo de mi sangre,
con el negro de mis entrañas…
Amor no te ofrezco.
No.
Ya no.
Aquí quedan mis cadenas,
mi esperanza perdida.
A cambio,
mi libertad,
el eco de mi verdad,
la huella de mi soledad.


Texto: Edurne Imágenes: Internet

viernes, 8 de noviembre de 2013

MALDITAS HORAS MALDITAS


Son esas horas cercanas al alba
las que traen cataclismos y tormentas.
Horas perdidas en un limbo inventado,
oscuro y silente.
Son esas horas  que dicen extrañas
las que encienden miedos y temblores,
las que envuelven con frío rocío
el despertar de una nueva mañana.
Horas malditas,
acreedoras de sueños desnudos,
horas de palabras jugando al escondite
con mudas bocas llamando:
–un, dos, tres…–
Son esas horas en las que la tierra se acaba,
el mundo se rompe
y en el pozo de la nada caen cenizas
de ayeres sin presente.
Hoy huele a dolor,
el aire está infestado de ayes y lamentos,
la lluvia limpia las horas sin nombre
y deja tras de sí el gris rastro
de un llanto
ya muerto,
ya seco…



Pintura: Antonio  Texto: Edurne

martes, 5 de noviembre de 2013

AQUÍ EN ESTA ORILLA BLANCA...

      



Aquí en esta orilla blanca 



del lecho donde duermes 



estoy al borde mismo 



de tu sueño. Si diera 



un paso más, caería 



en sus ondas, rompiéndolo 



como un cristal. Me sube 



el calor de tu sueño 



hasta el rostro. Tu hálito 



te mide la andadura 



del soñar: va despacio. 



Un soplo alterno, leve 



me entrega ese tesoro


exactamente: el ritmo 



de tu vivir soñando. 



Miro. Veo la estofa 



de que está hecho tu sueño. 



La tienes sobre el cuerpo 



como coraza ingrávida. 



Te cerca de respeto. 



A tu virgen te vuelves 



toda entera, desnuda, 



cuando te vas al sueño. 



En la orilla se paran 



las ansias y los besos: 



esperan, ya sin prisa, 

renuncies a tu ser 



invulnerable. Busco 



tu sueño. Con mi alma 



doblada sobre ti 



las miradas recorren, 



traslúcida, tu carne 



y apartan dulcemente 



las señas corporales, 



por ver si hallan detrás 



las formas de tu sueño. 



No lo encuentran. Y entonces 



pienso en tu sueño. Quiero 



descifrarlo. Las cifras 



no sirven, no es secreto. 



Es sueño y no misterio. 



Y de pronto, en el alto 



silencio de la noche, 



un soñar mío empieza 



al borde de tu cuerpo; 



en él el tuyo siento. 



Tú dormida, yo en vela, 



hacíamos lo mismo. 



No había que buscar: 



tu sueño era mi sueño.








Mejor que en mis explicaciones, van a encontrar más sabias y acertadas referencias a la vida, la obra y el significado de ambas, en otras letras, cuyos enlaces les dejo aquí mismo. Primero, pueden ir a la Wikipedia, que es una chivata de lo más práctica, para saber lo que nos cuenta acerca de Luis Cernuda, y después a estos tres blogs amigos, cuya calidad no está en cuestión, me da igual el orden, pues los tres espacios merecen muchísimo la pena. Les invito a visitarlos. “La Acequia”, “Machado en Collioure” y “El laberinto grotesco”. Si les gusta la poesía, imagino que tendrán a Luis Cernuda, como yo, en un lugar importante. Hoy se cumple el cincuenta aniversario de su muerte, no está de más recordarlo a través de sus letras…


Poema: “Aquí en esta orilla blanca” de Luis Cernuda. Esaneado libro: Edurne. Imagen y documentación: Internet.
Referencias: “La Acequia”, “Machado en Collioure” y “El laberinto grotesco”.