
Se acaba junio, hemos llegado al ecuador del año… ¡vaya año!
Desde hoy a las tres de la tarde estoy oficialmente de vacaciones. Dos meses por delante. Estoy cansada. Espero reorganizar mi vida en estos meses y que todo vaya desarrollándose según lo estipulado, lo correcto, lo que tiene que ser.
Mis chicos se fueron el otro día contentos, con ganas de perder de vista la escuela un tiempo, pero de volver, eso lo sé, se les nota…
Esta mañana, al cerrar la puerta de clase, después de ordenar algo, tirar algún que otro papel y todo eso que solemos hacer el último día (me cuesta mucho, soy de las que guardo todo o casi todo), pensaba con cada vuelta de la llave en la cerradura, que ahí se han forjado muchas vidas (llevo un montón de años en la misma clase). Y justo esta tarde, al igual que el otro día cuando iba con el carrito de la compra (siempre me pillan con el carrito…), me he encontrado, más bien me han encontrado, con unos alumnos, el viernes con Gorka, recién llegado de USA y hoy, con Nahia, a punto de terminar el Instituto. Guapísimos, simpatiquísimos, y tan buenos estudiantes como siempre. Caramba, en esos momentos me siento de lo más orgullosa, ¡me pongo como una gallina clueca!
Septiembre está a la vuelta de la esquina, otro curso está esperándome.
Calor. Parece mentira, el calor, el verano, han llegado, ¡o eso parece! Siempre estamos suspirando por lo que no tenemos. Cuando llueve y hace frío, ansiamos el sol, el calor. Cuando nos asfixiamos… ¡Ay, entonces nos gustaría estar en el otro hemisferio!
¿Por qué será que casi nunca estamos conformes con lo que tenemos? Bueno, seguro que es algo innato al ser humano, que no lo podemos remediar. ¿Que tienes el pelo liso? Seguro que te encantaría tener una melena con rizos. ¿Que eres bajita? Pues unos centímetros de más…
¡En fin!
Yo creo estar bastante conforme conmigo misma, con cómo soy por dentro y por fuera, con todo lo que tengo y lo que no. Tengo cincuenta años, y alguien me dirá que ya llegué a la cima de la montaña y que ahora estoy empezando el descenso… Bueno, me da igual, bajaré la pendiente despacito, muy despacito… Por el camino tengo un montón de cosas que hacer, que ver, que vivir y disfrutar, aunque también me encuentre piedras y bifurcaciones, y barrancos, y trampas y…
Veamos cómo pinta el verano, para todo el mundo, así que esperemos como niños, con la capacidad para sorprendernos intacta, con la sonrisa en la boca, en los ojos, con las ganas de vivir cada instante a tope…
¡FELIZ VERANO!
Imagen: Calendario revista “Euskal Herria”