Todo empieza y todo termina. Se me ha venido a la mente la canción, y por eso la he puesto para amenizar la lectura de esta entrada. Las vacaciones de Semana Santa terminan hoy. Mañana comienza un nuevo trimestre, diferente a los dos anteriores, pero no menos duro, es la recta final del curso. Siempre viene bien desconectar un poco de la escuela, así que de ahí la mención a “Capri, c’est fini”.
Este año he estado solamente cinco días en Madrid, justo los días de fiesta, y como aquí el lunes también era festivo, ese fue el día de mi retorno.
Madrid lluvioso se viste de gris y me recuerda más a mi Botxo. Pero también hizo mucho frío, bueno, eso creo que está siendo la tónica general en este mes y en todas partes, vamos, que no nos libramos nadie.
También hay otras opciones a mas de pasear, visitar museos, cafetines, jardines, librerías… también se puede quedar uno en casa, y simplemente descansar, disfrutar…
Callejear es una de mis aficiones favoritas. Pasar o pasear por sitios que te son más que familiares, no implica que debas obviarlos, muy al contrario, siempre descubres algo nuevo, aunque sea un tono diferente en la luz de ese momento concreto. Así pues, la Gran Vía, o la calle de Alcalá, por ejemplo, siempre atraen mi atención, ya sea mirando hacia arriba, hacia abajo, o en lontananza (no sé si he usado bien la preposición…). Y entonces una va y descubre, como por casualidad, y eso que ha pasado por allí muchas más veces, una plaquita en la que te dicen que en esa iglesia, San Esteban en la calle de Atocha, está enterrado Lope de Vega, ¡el mismísimo Lope de Vega! Y te asomas, y te fijas en unas lápidas de mármol en la pared donde, como si fueran hojas de un libro abierto, aparecen a nuestra vista una relación de bautismos, matrimonios y defunciones de personajes famosos… ¡Caramba! Y miras al cielo, y éste te sonríe. ¡Pues no está resultando nada mal el paseíto!
El sol anima, ¡ya lo creo que anima! Tanto, que hasta las hierbillas desmadradas le piden a una que les haga un arreglo más allá del clásico “solo las puntas”, y claro, el antes y el después de la floresta… se nota, y el suelo que lo agradece, como que respira mejor, los mirlos y demás pajarillos ven abierta la veda de la barra libre de gusanillos y ¡hala, allá que se lanzan como si llevaran meses hambrientos!
Últimamente no me alimento de mucho cine, pero había una película, que por lo mucho que se comentaba, tenía ganas de ver: “Intocable”. Sí, ya sé que la han comentado en muchos blogs, pero el tema me parecía atractivo, y necesitaba pasar un rato distendido, aunque en algunos momentos te entre un poco de congoja. Francesa, ya saben, a mí me gusta mucho el cine europeo, y el francés en concreto. Y aunque esta peli no sea de las de subtítulos, ni de arte y ensayo, o al menos de cinefax o cine club… me resultó muy agradable.
Visitar una exposición con gran convocatoria lleva lo suyo, o sea, que puede ocurrir que vayas un día y tengas que salir corriendo al ver las colas que te esperan… En nuestro caso, la exposición de Marc Chagall del Thyssen tenía dos posibilidades: una en el mismo museo, y la otra en la sala de la Fundación Caja Madrid de la Plaza de San Martín, donde está el Convento de Las Descalzas Reales, así que hay que ser listos y decidir con rapidez: hoy la pequeña y mañana, a otra hora más temprana, la grande. Y así fue, el resultado fue óptimo, tanto en tiempos de espera ambos días, como en la visita.
Marc Chagall con su explosión de colores, con su mundo onírico a flor de lienzo, con sus cabras omnipresentes, sus bailarinas, sus novias y ramos de flores, los personajes circenses, con sus alusiones al mundo del que provenía (recordemos que era ruso de origen judío), te dejan bastante pegada a sus cuadros. Unas veces crees que ya lo has visto, que es más de lo mismo, y tal vez sea así, pero otras, disfrutas muchísimo dejándote llevar por esa marea cromática, por esos temas tan sugerentes, y por su peculiar forma de tratar ciertos temas … Ya lo saben, si pueden acercarse, no lo duden.
Y claro, cuando te entusiasmas con estos temas, te corroe algo por dentro y te dices a ti misma: “¿y si le doy un poco al pincel…?” Pues ya ven, ahí que me explayé un poquito; la próxima a ver por dónde lo ataco…
Marc Chagall con su explosión de colores, con su mundo onírico a flor de lienzo, con sus cabras omnipresentes, sus bailarinas, sus novias y ramos de flores, los personajes circenses, con sus alusiones al mundo del que provenía (recordemos que era ruso de origen judío), te dejan bastante pegada a sus cuadros. Unas veces crees que ya lo has visto, que es más de lo mismo, y tal vez sea así, pero otras, disfrutas muchísimo dejándote llevar por esa marea cromática, por esos temas tan sugerentes, y por su peculiar forma de tratar ciertos temas … Ya lo saben, si pueden acercarse, no lo duden.
Y claro, cuando te entusiasmas con estos temas, te corroe algo por dentro y te dices a ti misma: “¿y si le doy un poco al pincel…?” Pues ya ven, ahí que me explayé un poquito; la próxima a ver por dónde lo ataco…
Por Madrid pasan miles de personas al día. Ya se sabe, hay lugares de visita obligada, como ocurre con la Puerta del Sol. Y lo que más fastidia es cuando sacas tu camarita para hacer la foto de rigor y ¡oh, cielos, andamios! Pobre oso, pobre madroño (aunque no sé si el arbolito en cuestión es un madroño u otro tipo de árbol…), rodeados de gente de diverso tipo y estilo, lenguaje y modus vivendi, ahí, impertérritos los dos, como si nada pasase… ¡y fíjense ustedes si pasa!
Apuntaba yo a otras posibilidades, una de ellas, y tan de moda en los últimos tiempos, tiempos de mucho estrés, es la de una pausa acuática, o sea, un spa urbano. En este caso escogimos los baños árabes de la calle Atocha (Hamman Al Ándalus). Sales diciendo aquello de “no siento las piernas”, y nunca más cierto, pues el agua relaja y relaja, sobretodo el agua caliente. Y la musiquita que ponen, y el té con hierbas que te tomas y… en fin, un punto y final muy bueno para estos días.
¡Ah, pero también he de reconocer que he “pecado” con el chocolate con churros, es que he tenido un par de ataques chocolateros de los de no poder resistirse…! Y qué más da, ¿no dicen que tenemos que querernos y mimarnos y perdonarnos? Pues eso es lo que he hecho yo: quererme, mimarme y chocolatearme de lo lindo.
Los cielos de Madrid me despidieron claros y hermosos... Será hasta la vuelta, en mayo, porque, la Feria del Libro está al caer…
La vuelta, como la ida, para mí siempre es de sesión intensiva de lectura. Terminé “El informe de Brodeck” y recuperé a mi querido Benedetti y su poesía, en esta ocasión: “Testigo de uno mismo”. ¡Quién pudiera escribir como él!
Sigo con mi lista de libros de la entrada anterior. Empecé “La soledad de los números primos”, Marta tenía razón, te pone un nudito en el estómago… pero engancha, ya lo creo. Así que ustedes me disculparán, los tengo que dejar, esos “números primos” me esperan, que disfruten de este domingo, lluvioso y frío, pero con su encanto.
Fotos: Antonio y Edurne Folleto Chagall: de la exposición Cartel película, logotipo Madrid y fotos baños Hamman: Internet Escaneado libro Benedetti: Edurne






































