domingo, 1 de febrero de 2015

DOMINICUS DIES (El día del Sol). Una ironía climatológica y demás revoltijos cotidianos.


"VERBA VOLANT, SCRIPTA MANENT"

Dicen que el Hacedor descansó el séptimo día, el DOMINGO. Hoy es domingo. Descansar, lo que se dice descansar, es un verbo al que le hago muy poco caso, o sea, que no guardo muy bien ese precepto del descanso…

El día del sol suele venir disfrazado en estos últimos tiempos de señor gruñón con mucha bronca encima. Sí, de vez en cuando asoma por entre las nubes don Helios, para decirnos que todo es una broma, un tanto acuosa, ventosa y pesada del Invierno, y que tengamos paciencia. En ello estamos, entre granizadas, vendavales, lluvias pertinaces y ruidosas, y hasta blancas nieves en cumbres de  poca monta. Aguantar se nos da muy bien. Aguantaremos, ¡qué remedio!

Dicen que “Al que madruga, Dios le ayuda”, y que “No por mucho madrugar amanece  más temprano”. Yo casi como que me creo más lo segundo que lo primero. También hablan de la calma después de la tormenta y demás pensamientos populares con o sin comprobación personal, es decir, que lo dice cualquiera sin saber a ciencia cierta si es verdad o no…


También dicen que mejor no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy, y es por no hacerle un feo a esa máxima que yo me meto en harina de otro costal y me pongo manos a la obra. A la obra de reconciliarme con la pantalla, con el teclado, con el blog, con ustedes, con mi vida, con mis más y mis menos y les cuento un poco de cómo marcha la vida por esta Orilla.

Hace mucho que no les asaeteo con mis Crónicas, las del Foro y las de La Ría. Y no porque no me haya prodigado por el Foro, o no siga pisando las baldosas de mi Botxo, ni mirando a la Ría… Simplemente, y muchos de ustedes ya sabrán de ello, hay momentos en los que se nos va “la color” de la cara, que es como decir del espíritu, y el día a día nos pasa, más bien nos apisona, y hasta respirar nos cuesta.



Desde Noviembre en que me gasté 12 días de baja, con sus correspondientes superdescuentos en mi mesnada, no he dejado—por causas ajenas a mi propia voluntad—que la tos, el mal cuerpo, la congestión y achaques varios me abandonen. Se ve que me han tomado cariño… Yo a ellos, ninguno. Pero aquí andamos, como amantes mal avenidos, y encima trayendo y llevando síntomas que para nada añoramos ni queremos. Pero parece que a imitación del famoso eslogan “Todos somos Hacienda” (al que algunos no hacen ni puñetero caso…), aquí nos hemos aferrado al “Todos somos fans de la Gripe”. ¿No se han fijado ustedes en los anuncios de la tele? Pues miren, miren, vean, vean… Dos de cada tres, al menos, son de medicamentos varios que prometen aliviarnos, liberarnos del yugo gripal, catarral y “congestional”… ¡Jajajajaja! No nos queda otra que caer en sus redes y tomar unos y otros por ver si en una de éstas nos libramos de la maldita. Ahí andamos. Me consta que muchos de ustedes están en las mismas.




Hora real: 14:20. Hasta aquí he llegado. Dejo el asunto escribidor para dedicarme a otro que reclama mi presencia sin demora, al asunto gastronómico (y suerte la mía que puedo dedicarle mi tiempo varias veces al día… Espacio para la reflexión). Que les aprovechen a ustedes así mismo las viandas de este primer domingo de febrero, y en pleno invierno.

De vuelta ya. Mientras tanto, las tormentas intensas pero cortas se han sucedido. Así mismo los claros, las explosiones de luz y los repentinos nubarrones. El domingo avanza.

Escribo estas líneas como siempre, o sea, según me nace, sin filtrar, sin mirar casi. Sé que me cuesta ponerme, pero cuando lo hago, no puedo parar. Así soy yo, y con la escritura mi relación es de esta guisa. No hay nada que hacer, mi anarquía es total.



Pienso mucho. Siempre he pensado mucho, pero este mucho de ahora es distinto, tiene otro calibre, otra densidad, otra profundidad. Pienso, pienso, pienso y pienso… a todas horas pienso. Agota, no se crean, apenas me doy tregua, y eso que me enzarzo en serias discusiones con mi Edurne en la sombra. De momento, va ganando ella, aunque, echaré mano de otro refrán para mandarle este aviso a navegantes: “Quien ríe último, ríe mejor”. Ahí queda eso.

Hablaba más arriba de mis “paseos”. Una vez al mes bajo para los Madriles, pero dejé de publicar las Crónicas del Foro un poco por cansancio mío, otro poco por no saturar con lo mismo, y otro poco más porque la última vez, por ejemplo, fui para cuatro días y me dediqué a ponerme malita más de la mitad de ellos, léase: me metí en la cama y salí el mismo día de Reyes a la mañana porque a las tres de la tarde me tenía que montar en el bus de vuelta a Bilbao. No había mucho que contar.

Madrid sigue igual que siempre: atiborrado de gente, de coches, de sitios, de exposiciones, de… de todo. No se lo van a llevar, y yo pienso seguir yendo, así que, la próxima, que será uno de estos fines de semana, espero volver con las ganas cronistas en ristre.



Por mi Botxo, la vida sigue al ritmo que le marcan desde dentro, desde fuera… Y nosotros, sus botxeros, nos dejamos imbuir y envolver por él.
A mí me ha dado por el ganchillo, y me he puesto a reformar un jersey. de momento, he atacado a las mangas...



No todo son gripes, malas horas… Sí, normalmente de lo bueno suele tocarnos pocos, y depende de la “estación” personal en la que nos encontremos, más o menos. Pero, en fin, siempre hay algo de lo que echar mano para aliviar nuestras penas. Aunque reconozco que muchas veces me miro al espejo y casi no me encuentro…




Camino todos los días cuatro veces de casa a la escuela, ida, vuelta, ida y vuelta. Cruzo “mi” parque y cada día lo miro con ojos diferentes, o lo vivo, lo percibo, o se me muestra, distinto… La lluvia, el sol, o el sol a plazos me regalan minutos de reflexión, me obsequian con olores y colores reinventados. Un lujo, ¿ven? Ya soy una privilegiada solo por eso, por poder ir caminando a mi trabajo, por invertir 15 minutos en cada viaje en otro viaje al interior de mí misma.

MIÉRCOLES 4: ¡NIEVE! EDURRA!


Escribo y escucho “La EstaciónAzul”, un programa de libros que dan todos los domingos de tres a cuatro en RNE. Me gusta todo lo que tenga que ver con libros. Y me pongo nerviosa, a veces, porque quisiera zambullirme en las páginas de los libros, convertirme en esos sentimientos revestidos de letras y llegar a todas partes… Esto es muy raro. ¿Me bifurco? Adoro los libros, no podría entender mi vida sin ellos. No, no podría. “Quien lee, vive más”.

Durante todo este tiempo he seguido siendo consumidora compulsiva de libros, aunque no haya hecho referencia alguna, así que hoy voy a reseñar, en breve, algunos de los que he comprado y he leído.

Primero les voy a  hablar del libro que presenté en enero en nuestra tertulia mensual del Taller. Enero es mi mes, siempre presento en enero, y siempre hay muchísimo personal. Este última vez tuvimos que conformarnos con llegar casi a la treintena, un partido de fútbol de nuestros “gatitos”, pero de máxima atención futbolera, impidió que muchos de los asiduos vendieran su alma por un plato de lentejas y compartieran un par de horas con el mundo de García Márquez y unos cuantos de sus fieles admiradores… (¡Huy, por un momento me ha parecido encontrar similitud entre mi verborrea y el ininteligible discurso del ministro Wert… pido disculpas si así es!)




“EL OTOÑO DEL PATRIARCA” de Gabriel García Márquez. Qué decir de García Márquez que no se haya dicho ya… En cuanto al libro que nos ocupa, diré que lo leí hace treinta años o así, antes de cumplir mi cuarto de siglo… y que, entusiasmada como estaba yo con el fenómeno del “Realismo mágico” y con su exponente más notorio, o sea, con Gabo, no le puse pega alguna, pues no recuerdo, ni por mucho que excarve en mi memoria, reproche alguno hacia esta obra. El día de la tertulia, nos juntamos de todo, detractores acérrimos del libro, defensores, no menos furibundos, y neutros lectores a la espera de poder sacar algo en claro de nuestras discusiones. También hubo quien no se animo ni a abrir el ejemplar. Miedo tal vez, pereza, pocas ganas de pensar, comparar… Eso, cada cual sabrá. Reconozco que no es un libro fácil de leer, que está plagado de datos, de metáforas, que, en fin, es una pura fábula, con el espejo de una realidad que nadie niega. Pero, lo que nadie le puede reprochar a García Márquez es ese dominio del lenguaje, ese apoteósico despliegue de conocimientos que te deja... anonadado completamente. Ahí hay que descubrirse y reconocer la altura del maestro. ¿Ustedes han leído la obra en cuestión? Imagino que muchos sí, y otros, pues no… Nada que ver su lectura, en cuanto a dinamismo y enganche con otros títulos que ahora nos vengan a la cabeza: “Cien años de soledad”, “El amor en tiempos del cólera”, “Crónica de una muerte anunciada”… por nombrar algunas. Pero les aseguro que como ejercicio de autocontrol lector, de paciencia y tolerancia, de dar una oportunidad a un texto que se nos atraganta, es único. ¿Se cansa usted y no puede pasar de la página 52…? Nada, haga unas respiraciones, márquese una meta pequeñita, y siga avanzando. Para cuando quiera darse cuenta ya habrá llegado al final a pesar de que cada capítulo le parezca que empieza por el mismo sitio… Es una genialidad. Agotadora, sí, pero una genialidad.



“DEMONIOS FAMILIARES” de Ana María Matute. Este librito, una novela en esbozo, lo leí nada más publicarlo, hace unos dos o tres meses. Como ya sabrán ustedes, es un libro póstumo e inacabado. Como germen de una novela, es interesante, puesto que el dibujo de los personajes deja un sabor agridulce y una quiere saber más… lo malo es que nuestra querida Ana María ya se nos fue a escribir historias a otra parte. Nos queda imaginar cómo lo habría resuelto. Han querido darnos un pequeño regalo con esta publicación, en la que se incluyen notas y autocorrecciones de la propia autora. Me estaba gustando la historia. Me he quedado a la espera de algo que no va a llegar. Una pena. Pero leer a Matute siempre gratifica y reconforta.



“UN SÁBADO CON LO AMIGOS” de Andrea Camilleri. Otro libro de uno de mis autores contemporáneos favoritos. Exceptuando los libros con las aventuras de su detective estrella, el famoso comisario Salvo Montalbano, cuya adaptación televisiva la repone una y otra vez la 2 de TVE, Camilleri escribe también sobre los entresijos de la naturaleza humana, y muy acertadamente además. Este libro nos lleva a descubrir las verdaderas vidas de unos amigos que se reúnen para cenar en casas de unos y otros, como costumbre, los sábados. Y lo que, aparentemente, es una actividad social y lúdica de lo más sana y apetecible, se convierte en un juego de lo más… Ahí les dejo el adjetivo colgado. ¡Léanlo! Camilleri nunca me ha decepcionado hasta ahora.



“PANDORA” de Henry James. Una novelita de lo más atrayente y que me espera en la mesa desde hace un tiempo, cuando lo tenga, le hincaré el diente. Mientras tanto, yo les dejo un enlace muy interesante. James siempre merece la pena ser leído, acuérdense de “Otra vuelta de tuerca”…




“MÁS ALLÁ DEL OLVIDO” de Patrick Modiano. El último Premio Nobel, era un autor desconocido para mí, así que para solucionarlo hace un par de semanas me hice con esta novela corta para poder formarme una idea del estilo y de la temática de este hombre. Ya les contaré, pero bueno, las críticas parece que le son favorables…




“NOTICIAS FELICES EN AVIONES DE PAPEL” de Juan Marsé. A Marsé sí que lo conozco, por supuesto, pero hace un tiempo que no leo nada suyo. Aprovechando que acaba de sacar este nuevo título, con una presentación tan bonita… lo he comprado y ya he leído una docena de páginas. Seguiré, claro que sí. Además, ese sano ejercicio de volver a la infancia, a los recuerdos que nos siguen llamando, me gusta.




“CUENTO ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO”. Antología de varios autores, en una edición de Ángeles Encinar y Anthony Percibal, para Cátedra. Compré este libro porque en él están reunidos una buena parte de  cuentistas contemporáneos tales como Marina Mayoral, Soledad Puértolas, Vicente Molina Foix, Luis Goytisolo… Y como el cuento me interesa mucho, pues nada, que abres el libro, escoges un autor, te lees su cuento, lo asimilas, lo relees, lo calibras… y así con cada uno de ellos. Se aprende mucho porque al tenerlos juntos puedes comparar estilos, temáticas  y demás aspectos de cada uno.




“LA CATA” de Roald Dahl. Una historia muy breve, pero que en esta delicada edición ilustrada de la editorial Nørdica, una de mis editoriales fetiche, no se te puede resistir. La historia puede parecernos simple, pero en el fondo tiene su miga porque nos habla de las miserias del ser humano, por mucho que vayan disfrazadas con elegantes ropas y costumbres. El autor de “Charlie y la fábrica de chocolate” o “Matilda”, es bien conocido por el público infantil.

Tengo muchos más libros para comentar, pero… ¿qué tal si lo dejamos para más adelante y les dedicamos una entrada “librera”?

Esta mañana se me ocurrió el título de esta entrada al oír al latinista Emilio del Río en su colaboración dominical  “Verba Volant” y me puse como loca a buscar mis libros de Latín y Griego (me falta el de 5º de Latín, porque se lo dejé a "alguien" y... adiós, nunca más se supo de él). Yo soy de Letras. De letras, letras. Pertenezco al último reenganche del Bachiller Elemental y Bachiller Superior, con las dos reválidas incluidas, más el COU, antes de la implantación de la EGB. Siempre recuerdo con especial alegría y añoranza mis años de instituto, mi años de latín, cuatro, y mis años de Griego, dos. Entusiasta, soy una entusiasta de ellos, y recuerdo cómo traducía “La Guerra de las Galias” de Julio César, o la “Anábasis” de Jenofonte, con qué ganas, con qué entusiasmo… ¡Ay, qué tiempos aquellos!. A mis alumnos siempre les introduzco en el mundo de las etimologías, y les regalo el alfabeto griego para que se entusiasmen mientras practican poniendo sus nombres en Griego… Una forma como otra cualquiera de hacer propaganda ¡“clásica”!




Ya son las 17:22. El día sigue a su bola, ahora sí, ahora no, que sí, que no, que caiga un chaparrón (lo del azúcar y el turrón, eso ya me parece a mí que pertenece a otra historia).

Voy a tener que dejarles a ustedes y ponerme a corregir un ratito, labor que no me gusta nada, pero nada, nada… En cambio, me he traído entre los papeles, un sobrecito totalmente artesanal de uno de los niños del grupo de 2º al que doy apoyo un par de horas semanales. Aketza, que así se llama el niño, es un torbellino, pero un encanto. Tiene una vida bastante difícil, y conmigo tiene una relación cariñosísima. Su profesora me dice que está enamorado. ¡Jajajaja! El otro día me dio este sobre y me dijo que lo abriera en casa. Él me llama Idurne, bueno… Y este es el sobre: un montón de corazones en forma de globo, una mariposa, mi “nombre”, y el contenido. Traduzco: “Edurne, te quiero de todo corazón”. Más abajo unas cuantas casitas para colorear, y el ejercicio: Margoztu, Colorea. ¿Qué les parece? Un encanto. Si no fuera por estas cosas…
Desconozco la razón por la que las dos primeras fotos del regalo de Aketza han salidoen posición vertical, si están sacadas igual que la última...



Pues nada, que ahora les dejo de verdad, que cuelgo esta crónica extraña y ya volveré cualquier día. Perdonen la extensión de la entrada de hoy, será por la ausencia tan prolongada. Y perdonen también que les haga tan pocas visitas, pero no alcanzo, de verdad que no alcanzo… 
¡Que ustedes sean felices!


Fotos: De la tertulia, mi compa Joaquín, del resto normales y manipuladas: Edurne, y la mía en Museo Arqueológico de Madrid, Puerta de Alcalá y Torres Isozaki: Antonio. Escaneo libros: Edurne


sábado, 24 de enero de 2015

UN AÑO DESPUÉS


Y de pronto hemos cerrado el círculo maldito. Hemos  pasado un año entero sin ti, sin tu presencia, tu sonrisa... Un año entero sin oír tu voz, solo tenemos el eco de tu amor por los pasillos de nuestra añoranza. La vida se nos encogió aquel viernes lluvioso de enero de hace un año, cuando agarrado de mi mano emprendiste el camino que no tiene vuelta.

Tú me enseñaste a mirar con limpieza, a encarar la vida de frente, a no tener miedo, pero… tengo miedo, aita, todavía soy una niña asustada que necesita abrazarse a ti. Sé que nunca tendré consuelo, aunque mi dolor se aplaque y aprenda a convivir con las pequeñas alegrías que, espero, la vida aún me ha de regalar.

Sé que estás tranquilo, que cuidas de nosotros y ves cómo nos cuidamos los unos a los otros. Sonríes cuando te recordamos (que es todos los días y en cualquier momento), cuando nos reímos de tus cosas y eso nos ayuda a soltar un poco del lastre de nuestra pena.

Te hemos fagocitado. Aitor se ha apoderado de tu aspecto, todo el mundo se lo recuerda a cada momento, y él engorda unos gramos de orgullo cada vez que se lo mientan. Yo me he apoderado de mucho de lo tuyo: tus ojos, que siempre han sido los míos, eso lo primero; cuento el tiempo a través de la esfera de tu reloj, cubro mi cabeza con tu txapela, en mi estilo, pero con ella… Me he adueñado de muchos de tus modos y pensares. Y ama te vive cada día como desde hace sesenta años.

Un año. Poco. Mucho. No lo sé. Cada día sin ti es una eternidad, y hemos de aprender a vivir en ese limbo en el que la vida nos ha puesto, lo sé, pero hoy quiero recordarte con tu fuerza, con la física y la otra, la del espíritu, que ambas eran descomunales.

Deja que llore un poco, que luego sonreiré por la alegría que siento de ser tu niña, la niña de tus ojos.




El otoño cubrió tus pasos y marchaste con el viento del norte,
por sendas que cierran con siete puertas.
Caminas sin carga en las alforjas,
ligero como las nubes que te pasean
por esos cielos de sueño y niebla.


Foto1: Edurne. Foto2: Aitor para la Memoria Familiar. Texto y poema: Edurne

lunes, 12 de enero de 2015

SOY PROFESORA / IRAKASLEA NAIZ



Vídeo: Departamento de Educación, Política Lingüistica y Cultura del Gobierno Vasco

lunes, 5 de enero de 2015

SIN DESTINATARIO (VII) "Repetimos: A sus Majestades..."


Mis queridos reyes Magos, o como quieran llamarse:

La verdad es que mucha magia no han hecho. Yo esperaba algo más de ustedes después de mis súplicas del año pasado.

Sigo sin saber muy bien a dónde he de mandar estas letras un tanto altaneras. Siguen ustedes sin fijar su residencia en un paraíso normal (no sé si fiscal o no fiscal) pero la verdad, así no hay quien les pille nunca… ¡en casa, se entiende!

El caso es que yo creo que por mucho que nos digan que no son de verdad y esas cosas, algo de cierto ha de haber, porque si no es así, a ver, díganme ustedes a qué viene tanto revuelo en estas fechas. A qué tantos infantes e infantas alborotad@s (que alguna lo esté, lo entiendo, no tiene perdón del cielo y se ha portado tan mal, que lo que debiera recibir esta noche es una carbonería entera para ella solita, pero… sabido es que entre los gremios se “ayudan” unos a otros).

Mis súplicas del año pasado, a la vista está, no surtieron efecto alguno y se llevaron ustedes mi última esperanza de engañar a la puñetera vida que estaba dándonos sopas con honda sin razón alguna.

Este año sigo perdida, despistada, y por eso que me ha dado por escribirles de nuevo. Me he aficionado a lo de pedir, pero ya ven, sabiendo que no, que lo único que recibo son bofetadas y zancadillas.

En fin, por seguir el curso natural del fenómeno “Carta a los Reyes Magos, sus Majestades de Oriente”, me atrevo a pedir:

Que para el año que viene, los señores, y señoras, que eligen “la palabra del año”, sean un poco más serios y busquen bien entre las líneas ocultas y eleven a ese honor a la palabra “EMPATÍA”, porque, oigan, ¡que hay quien no tiene ni idea de lo que significa! Es más, hasta l@s hay que se te ríen a la cara pensando que hablas mal y que te has confundido, que lo que querías decir era “Simpatía” y no “Empatía”… Que sí, que l@s hay de ese tipo. Y claro, una sonríe, ¿para qué seguir explicando, verdad? Con ese simple cambio en el vocabulario de uso diario… ¡otro gallo nos cantaría!

Y ya puestos a pedir, pues pediría un poco de pase mágico para las secuelas que nos han quedado en esta familia después de la marcha de nuestro árbol, nuestro aita. Un poco de aire, un poco de paz, de algo bueno, poquito…

Sé que esto es un mero ejercicio de imaginación, pero déjenme soñar un ratito.

¿Ustedes han sido buenos? Porque claro, siempre nos dicen que tenemos que ser buenos para que vengan sus majestades a traernos regalos, pero ¿cómo sabemos si ustedes lo han sido también...? Yo ni les cuento lo buena que he sido, aunque seguimos igual que cuando era niña, si acaso una palmadita en la cabeza y adiós muy buenas, ahí te las arregles.

Empieza un nuevo año, el 2015 (me suena de raro), y asusta un poco todo el panorama que tenemos delante ¿a que sí? Bueno, intriga, emoción… Habrá que currárselo, no se crean, que nadie da duros a pesetas, que de eso ya sé mucho.

Hoy, que escribo esta carta antes del día 5 para que me dé tiempo a ponerla en el buzón, pues hoy, me acaba de dar otro bofetón la vida: mi compa Juan Carlos ha tirado la toalla después de dos años y medio luchando como un jabato contra un maldito cáncer de colon. Lo ha dado todo, y con la mejor de sus sonrisas. Ha sido un ejemplo para todos. Iba a la escuela, nos hacía visitas entre las sesiones de quimio, nos animaba más él a nosotros que nosotros a él. Con sesenta recién estrenados. Y este hombre sí que ha sido bueno. ¿Es justa la vida señores Magos de Oriente, eh, díganme si es justa o no? ¡Pues no, no lo es!

Ya, si ya me imagino que ustedes también están un poco aturdidos, incrédulos y hartos del trabajo que les ha tocado en gracia. ¡Abdiquen! No, mejor renuncien y listo. Monten una compañía de teatro independiente y... (y no pidan subvenciones, que no, que no les van a dar ná de ná…) Y vayan representando estos “Autos de los Reyes Magos” en versión libre y actualizada, para deleite de la sociedad actual. Porque miren, seguro que hasta se cumplen muchos más sueños de los que ustedes se imaginan, al menos, se despertarían algunas conciencias dormidas y… ¡Y, hala, Antoñita la Fantástica, para el carro, que te pasas la vida soñando!

En fin, señores Magos de… de lo que ustedes quieran ser, que voy a otorgarles el beneficio de la duda un año más (soy una blanda, lo sé), así que a ver si se esmeran un poquito, ¡aunque solo sea un poquito, hombre!¡Échenle imaginación!

Ya, ya les dejo, que estarán muy ocupados leyendo cartas, telegramas, emails y whatsapps con peticiones de todo tipo. Ustedes Keep calm and lo que quieran, pero hagan algo que se vea/note de verdad.
                                               Suya, afectadísima

                                                                        La misma Edurnita desde hace 55 años

Dibujo: Internet, Texto: Edurne

miércoles, 31 de diciembre de 2014

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)


Mis octavas “Uvas de la ira” en esta Orilla.
Podría decir que ahora más que nunca son realmente de la ira. Pero creo que ya apunté algo parecido el año pasado, cuando estábamos esperando el desenlace, lo inevitable. Solo era cuestión de días, en nuestro caso de veinticuatro días exactos.

Para qué voy a mentir, a engañarme a mí misma y a ustedes, no me encuentro bien, me siento átona, incolora, plana, como el electrocardiograma… plano. Mis emociones caminan por debajo de la raya que separa las alegrías de las penas, lo claro de lo oscuro. Camino peligrosamente por el minus. Estoy deseando que pasen estos días lo más pronto posible porque a cada rato me pregunto una y otra vez “¿por qué?”.
Y el caso es que la vida es así, sí, lo sé, lo comprendo, lo asumo (¡qué remedio!), pero me rebelo a ello (imagino que tendré derecho a la pataleta, ¡no?).

Este año creo que tampoco habrá uvas en la cocina de amatxu. Las del año pasado fueron ficticias, estábamos ingresados y no hubo uvas ni alegrías, solo besos y lágrimas… dos por un lado y otros dos por el otro. Fui yo la que puso el pie en el nuevo año con él, y recuerdo que no pude contener las lágrimas. Y él consolándome y dándome ánimos y consejos. ¡Terrible! Fue más fuerte que todos nosotros juntos hasta el último momento. No, no habrá uvas, porque además, el único que era capaz de comérselas con un arte y una parsimonia que ya los quisieran muchos, era él. Así que se me ocurre que nos daremos besos en vez de tragar uvas. Y tendremos que recordar anécdotas y reírnos un poco porque si no lo hacemos así, mal andamos.

Yo les voy a invitar al brindis de la vida, al de renovar los votos con la alegría, con la esperanza, y por eso les dedico estas uvas improvisadas en diez minutos, porque y para que no falten nunca en esta Orilla.

¡Muchísima salud, muchísimo amor, muchísimo trabajo… todo de lo bueno lo mejor!
Y gracias por seguir acompañando mis pasos todo este tiempo, callados o alborotados…

¡FELIZ AÑO 2015!


 ¡Y que no falte nunca el humor!



Texto, dibujito de uvas improvisadas y autorretrato: Edurne

domingo, 28 de diciembre de 2014

EN OTRO LUGAR (Sujeto a infinidad de cambios...)


Había llegado a aceptar por normal el cambio de ubicación de su casa, y las identidades de los miembros de su familia cada vez que abandonaba la vivienda y tenía que regresar a ella.

Al principio toda serie de sensaciones y sentimientos se cruzaron en su interior, incluso llegó a pensar que todo era producto de su imaginación, y por lo tanto, que estaba loca. También quiso tranquilizarse con la teoría de que todo era un sueño, muy vívido, pero un sueño, no, más bien una pesadilla, y que enseguida despertaría de él…

Pero no. Al cabo de una semana de angustias y zozobras, llegó a la conclusión de que ella seguía estando tan cuerda como siempre, y que su vida, al margen del hecho insólito de que tanto su casa como su familia cambiaran cada vez que ella salía y volvía a entrar, o sea, todo lo demás seguía su curso normal. Y nadie, nada más que ella, parecía percatarse de lo anormal de la situación.

Empezó por tratar de calmarse, de razonar y buscar una explicación a semejante fenómeno. Su cara, su cuerpo, al menos los que se reflejaban en el espejo, eran los mismos de siempre. Miró en su cartera, buscó el carné de identidad, el de conducir, las tarjetas de crédito… Sí, en todos los documentos aparecía el mismo nombre: Natalia Roca Ortiz, su nombre.

Era fin de semana y se le planteaba una nueva duda: si no tenía que salir sola para ir al trabajo… si salía a la calle con el marido o los hijos que en ese momento estaban en la casa, ¿seguirían siendo los mismos, cambiaría también la casa al volver? ¿Y si eran ellos los que salían mientras ella se quedaba en casa esperando, seguirían siendo ellos a la vuelta? Demasiadas preguntas. Decidió quedarse en casa a ver qué pasaba.

Al llegar del trabajo la tarde anterior, en “su” casa la esperaban Charly, “su” marido, Micky, “su” hijo pequeño, y Marietta, “su” hija mayor. ¡Ah, y Rusty, el hámster de Micky! La recibieron como si la conocieran de siempre, y eso que ella los acababa de conocer. Claro que desde el lunes en que salió por la mañana para ir a la oficina, le ocurrió lo mismo en otras cuatro ocasiones.

El lunes a la noche se encontró con Eduardo y los gemelos Edy y Fredy. El martes, con Julio, Anuska y un espléndido Golden Retriever llamado Conan. El miércoles, cuando empezó a tomárselo un poco a chufla, se encontró con Jaime, con Pablo, con Mireia y con Diego. Ya el jueves, al abrir la puerta, tenía el gusanillo en el estómago y esperaba la sorpresa con ganas: Miguel, Pili y Mili, de nuevo gemelas, y Rober y Alber, esta vez mellizos. No le hubiera importado quedarse con la familia del jueves, parecían divertidos y cariñosos…

Pero sabía que el viernes se encontraría con otros nuevos miembros en su familia. Ahora quería probar, experimentar durante el fin de semana, y ver si al llegar de nuevo al lunes se repetían de nuevo los mismos turnos, o todo volvía ser como siempre, con su Pedro, su Iñigo y su Anita. ¡Ah, y su Michifú!

Cuando abrió los ojos, se desperezó lentamente y giró sobre sí misma, hacia el lado izquierdo. En el otro lado de la cama tenía un cuerpo peludo dándole la espalda. Se asustó. Pedro no tenía vello en la espalada, apenas unos pelillos en el pecho, y encima rubios… Aquel no era Pedro, desde luego. Ya no recordaba la cara de ese marido, el del viernes.

Decidió quedarse quieta y hacerse la dormida. Al poco, aquel ser peludo empezó a dar síntomas de estar vivo: bostezó escandalosamente, se estiró dos, tres veces, y apartó las sábanas con furia.

Natalia seguía con los ojos cerrados. Tiritaba, y no sabía cómo hacerse con las sábanas de nuevo. No tuvo tiempo. Para cuando su mano se deslizaba ya sigilosa en busca de la ansiada protección, sintió cómo le estampaban un sonoro beso que la dejó sorda durante unos segundos, y cómo le susurraban al oído “Nati, Natita mía…”

¡Horror! Éste era de los pegajosos, y no había nada que le diera más grima que un tío pegajoso y… ¡Y encima velludo! ¡Quería repetir la “hazaña” de la noche anterior! ¿Hazaña? ¿Había compartido ella alguna hazaña de tipo… carnal con aquel tipo? No, no podía ser cierto.

Mientras intentaba zafarse del abrazo de oso de su Charly, notó que algo le mordisqueaba el dedo gordo del pie derecho… Y en ese mismo instante la puerta de la habitación se abrió de golpe. De un salto, Miky, su niño, su peque de siete años, se plantó en la cama y empezó a bucear entre las sábanas hasta que… “¡Te pillé!”, se escuchó decir, más bien gritar, bajo el remolino de sábanas y edredón. El tacto de una pequeña mano en su pie volvió a sobresaltarla cuando Miky emergió de las profundidades más colorado que un tomate y riendo como un loco. Mostraba orgulloso su trofeo que colgaba de la cola y agitaba sus diminutas patitas en el aire. Era Rusty.

Natalia salió disparada de la cama mientras Charly, Micky y Rusty la miraban fijamente antes de dedicarle todo su repertorio de risotadas, carcajadas y demás variantes de la risa. Con tanto alboroto y alborozo apareció la que faltaba, Marietta, la niña de sus ojos, una adolescente rellenita, pelirroja y pecosa como jamás había visto antes.

Natalia, perpleja y en pie junto a la cómoda trataba de reaccionar, calibrar sus posibilidades de salir intacta, pensar, pensar… De nuevo no tuvo tiempo. A la voz de "¡A por ella!", los tres, los cuatro, se lanzaron sobre ella y la arrastraron hasta la cama donde empezaron a hacerle cosquillas y más cosquillas, a darle besos… ¡Dios mío!, pensó, ¿qué habré hecho yo para merecer esto?

Por lo visto estaban encantados y no paraban de repetir lo bien que estaban los cuatro, los cinco, juntitos, y que como era sábado y había suficiente comida en la nevera, y llovía… pues que no había necesidad de salir a la calle en todo el fin de semana.

¡Socorro! Esa era la única palabra que repetía su cabeza. ¡Socorro!, ¡Socorro! Pero ella sí, ella sí tenía necesidad, verdadera urgencia por salir de allí. Le fue imposible. La tenían secuestrada en su propia casa y su propia familia. Pero esa no era su casa ni ellos su familia. Visto desde fuera, era evidente que sí…

El domingo a la tarde tuvo que reconocer que, aunque estaba deseando que llegara el lunes, en el fondo, muy en el fondo, un poco de cariño sí que les había tomado a aquellos trogloditas empalagosos.

Y llegó el lunes. Estaba nerviosa. Todo el día pendiente del reloj, esperando ansiosa la hora de salir del trabajo para ver si…

Tomó el metro como todos los días en la estación de la Plaza del Ángel, y ya entonces sintió algo extraño. No sabría explicarlo bien, pero era como si un puñal le atravesara el costado derecho, dejándola sin respiración un instante. Tuvo que detenerse al menos cuatro veces hasta que pudo sentarse en uno de los asientos del fondo del vagón.

Estaba asustada. Apenas unos minutos antes su estado era completamente normal. Miró alrededor. Aquellas personas tenían un aspecto que no era el de aquellas con las que se topaba todas las tardes. Parecían etéreas, como transparentes, incorpóreas… ¡ángeles, sí, más bien eran como ángeles!

No, todo eso era absurdo, completamente absurdo. Imposible. Se había sugestionado. Estación Plaza del Ángel, el hecho inexplicable que estaba viviendo desde el lunes anterior, su excitación por saber qué le esperaba al volver a casa…

Nadie subía, nadie bajaba, y poco antes de llegar a la cuarta estación, la suya, las luces del metro parpadearon, por el altavoz dijeron su nombre: “Natalia Roca Ortiz, por favor, baje en cuanto se detenga el tren y diríjase a su izquierda, allí habrá alguien esperándola.”

Todas esas personas que viajaban en el vagón junto a ella y que parecían extrañas, la miraron con ternura y esbozaron una leve sonrisa, mientras que con la mirada le decían adiós, buena suerte, ánimo…

Próxima estación: “Los Santos”. Natalia sintió que todas sus angustias habían desaparecido de repente. Esperó a que la luz verde del dispositivo de apertura de la puerta se hiciera visible. Pulsó con el dedo índice de la mano izquierda y las puertas se abrieron. En el andén no había nadie a pesar de la hora, hora punta de un día laborable. Se encaminó hacia la izquierda, tal y como le habían indicado por el altavoz. Poco a poco, según avanzaba, la luz se fue haciendo cada vez más intensa. Caminaba ligera, y se percató entonces de que no llevaba ni el bolso, ni la carpeta con los trabajos que solía llevarse para revisar de vez en cuando, ni la mochila pequeña con el taper de la comida…

Siguió avanzando. Primero como un bulto, luego como una sombra, y más tarde como unas figuras que fue reconociendo poco a poco, aparecieron sonrientes ante ella, Pedro, Iñigo, Anuska, ¡y hasta Michifú! Aquella sí era su casa. Aquella sí era su familia.

¡Por fin! Fue la última en llegar, llevaban una semana esperándola. A pesar de lo despistada que era y que siempre se perdía, sabían que terminaría por encontrar el camino. Ahora ya estaban todos juntos, así que podían partir tranquilos. Natalia les contó todo el lío de las casas y los maridos, y los hijos diferentes cada día, cuando volvía a casa por las tardes, y todos rieron, ya lo sabían. No les importó demorar el viaje un poco más, se veía que se lo estaba pasando tan bien que por eso decidieron esperar a que fuera ella quien les encontrara.

Junto a la cuneta, un Wolkswagen Polo reducido a un amasijo de chapa estaba siendo retirado por una grúa. Al otro lado de la carretera, una familia caminaba de la mano a través de un campo de trigo verde sin volver la vista atrás…
           
           

           Imagen: Internet. Texto: Edurne 

jueves, 25 de diciembre de 2014

LA OTRA NAVIDAD


Hay una Navidad de tristes amanecidas,
de lluvia en los corazones.
Hay una Navidad que no entiende
de suerte, de calor y comida en el plato.
Hay una Navidad de hospitales,
de muerte agazapada en espera
de levar anclas.
Hay una Navidad de niños olvidados
en las esquinas de la indiferencia,
de abuelos sin una mirada de ternura.
Hay una Navidad de la que nadie quiere hablar.
“Ver, oír y callar”.
¡Feliz Navidad!


Imagen: Internet Texto: Edurne

lunes, 22 de diciembre de 2014

domingo, 21 de diciembre de 2014

OLENTZERO



Vídeo: Internet (EITB)

domingo, 7 de diciembre de 2014

MI PARADA DURANTE LOS DOCE PRÓXIMOS MESES

Voy a ser escueta, ni el tiempo ni el ánimo me alcanzan para más. Pero por eso de no faltar a la costumbre y querer adornar este tiempo de mi vida con una pequeña celebración, aquí me tienen: reflexiva, blandita a más no poder, exhausta de todo, miedosa y algo perdida…

Al fin he llegado. Les presento a mi número, el 55, con el que habré de familiarizarme desde hoy y hasta dentro de un año. Llega avejentado, pobre, con el desgaste del sufrimiento. No corren buenos tiempos para mí y los míos, pero sé que lucharemos cada día por salir adelante, mi aita así lo querría.

Yo solo venía para decirles que ¡MUCHAS GRACIAS! Muchas gracias por estar ahí detrás, asomándose a esta ventanita en forma de orilla y siéndome fiel… no importa cuánto, si  son los casi ocho años de vida de mi blog, los cuatro últimos, o cinco, o tres o... Da igual. Yo comparto con ustedes mis buenos y mis malos momentos, y también que entre nosotros hay cierta corriente de afecto, de empatía. Les quedo muy agradecida, lo saben.

Hoy cumplo 55 años. Casi toda una vida. En épocas remotas sería como Matusalén, una auténtica superviviente (en el fondo así es como me considero). Espero que los meses venideros vayan trayendo más claros que nubes en el horizonte. Espero y deseo.

Y no voy a entristecerlos a ustedes más y sin razón, que la vida es muy puñetera, y a cada cual le toca lo suyo, lo sé. Así que, solo decirles que me alegro de haber llegado hasta aquí, y ustedes que lo vean… (¿Se decía así?).

Txin txin!




Imagen 55: Internet  Foto: Antonio