sábado, 19 de noviembre de 2011

DESDE MADRID CON AMOR (Crónicas del Foro XLI)

































































Todos los Santos. Puente, cuatro días festivos. Escapo al Foro. Ya, ya sé, hace tres semanas de todo esto, tampoco ha pasado tanto tiempo, así que todavía estamos a tiempo, todavía, aunque parezca que se me está pasando el arroz.

Y no, no voy a empezar de nuevo con que no tengo tiempo (que es verdad), con que la escuela me absorbe y me quita energía (que también), con que las responsabilidades familiares me llevan el poco tiempo que me queda (completamente cierto), y con que el poco asueto que me queda, casi se lo robo a las horas de descanso (sin lugar a dudas)… pero, ahí queda la puntualización y las razones de mi demorada actividad bloguera.

Ya saben, pido disculpas. Siempre. Sé que las aceptan y comprenden. Quedamos en paz. Amén.
No sé, tal vez esta Crónica lleve más parte gráfica que textual. También les digo que estoy escribiendo como continuación a las primeras letras que dejé en este folio virtual hace diez días, y ya ven, he tenido que cambiar la fecha porque el tiempo se me va echando encima. Hoy es sábado 19, día de reflexión (me río, me permitan ustedes la risa o sonrisa o escepticismo…), y a las 11:17, aquí estoy, tecleando. Continúo.

Nadie me pondrá en duda lo raro que está siendo este otoño (nadie que habite en esta Piel de Toro, claro). Estamos casi terminando noviembre, y el termómetro marca 22º (en Bilbao), hace un viento sur que te vuelve completamente loca, o loco, al gusto, y cuando la madre Natura se desmelena, hala, agua va y agua viene (en Madrid por ejemplo, o en la cuenca mediterránea). Decididamente, está/estamos de un alterado…

Y la parte buena, la bonita es la que yo les voy a presentar aquí: un vestido otoñal precioso, con unas tonalidades cálidas a más no poder. Y cómo no, las posibilidades que este tiempo trastocado nos presenta, nos pone al alcance de nada, un simple paseo, ya ven ustedes, un simple paseo por nuestras ciudades, nuestros parques y avenidas. Sólo con eso, ya nos sentimos reconfortados, animados, recargados…

El Retiro siempre es un buen recurso para los madrileños y los que nos dejamos ver por allí de vez en cuando, o de cuando en vez. Y para muestra un pequeño catálogo de “botones”. Gente de todo tipo, actividades varias y variopintas, allí nadie es extraño, nadie te mira raro. Cada cual a lo suyo, y listo.
¡Qué les voy a decir yo que soy una entusiasta de este sitio, y del dejarse llevar, del deambule anarco, del mirar y dejar que te miren, que ya puestos… trueque, ¿no?!
Ese color naranja amarronado, con toques de un verde trasnochado que lucen los árboles, esas hojas que crujen a nuestro paso, ese trasluz, esas luces, esas sombras… ¡Ay!

Como siempre, la oferta cultural es amplia, tampoco hay demasiado tiempo para asistir a todo, ni es cuestión de dedicarse únicamente a culturalizarse, pero unas reseñas para que ustedes apunten:
En el mismo Retiro, en el Centro Cultural de La Casa de Vacas, había una exposición sobre un certamen de pintura al aire libre, cuyo tema era el propio parque. Sinceramente, había cosas muy buenas, y como opción entre paseo y paseo, muy recomendable.
Otra exposición que recomiendo es la de Locus Solus en el Reina Sofía, sobre la concepción del arte en todas sus facetas de Raymond Roussel. Aquí se aglutinan obras de autores muy variados, pero con una importancia terrible en el mundo del Arte del siglo XX. Les dejo un enlace y ustedes deciden. A mí me gustó, me interesó. La hora escogida para la visita fue la mejor, porque a la salida vimos que había unas colas tremendas… Así que si les viene bien después de comer, entre las cuatro de la tarde y las cinco a más tardar, perfecto.

También una película. A veces no se tienen demasiadas ganas de pensar o ponerse una en plan filosófico, transcendental, melodramático… qué sé yo, pero entonces la oferta se reduce bastante. El film del que les voy a hablar no es liviano, ni tampoco de cine fórum, pero no deja tener su rastro de realidad más angustiosa. La crisis que nos está azotando a diestro y siniestro (este último adjetivo, y haciendo uso de la polisemia de la palabra, me parece muy adecuado porque es todo de un siniestro que madre mía) es tema recurrente en todas partes, también es utilizada con excusa, con o sin razón muchas veces. En fin, que forma parte de nosotros como un calcetín que calzamos todos los días, y que algunos no pueden ni quitárselo a la hora de ir a la cama, entre otras cosas, porque no tienen cama en la que acostarse… (tema para reflexionar). Bueno, pues en esta película, se adentran en el corazón de Wall Street, donde se gestan todos esos galimatías numéricos de los que la inmensa mayoría de los mortales no entendemos nada, pero que sí padecemos. Una película de “tiburones”, una breve explicación de cómo y por qué empezó todo esto. “Margin Call” es la película de la que hablo. Para quien muestre interés…

Lecturas: Siempre que voy y vengo, llevo lectura en mi mochila. Aquí les dejo tres referencias.
Silas Marner de George Eliot, pseudónimo de Mary Ann Evans. Novela que se desarrolla en la Inglaterra puritana en la que también están situadas las obras de Jane Austen, por ejemplo. Les dejo aquí el enlace a un resumen de esta obra.

El traje gris” de Andrea Camilleri. Nada, no había leído nada de este hombre, aunque sí había oído hablar de él, y oigan, pues que me ha encantado, simplemente, encantado. Es una novela corta que se lee muy bien y con la que uno, al final, más que nada, se siente bastante identificado, pues son situaciones reales que le pueden suceder a cualquiera, pertenezca a una clase social o a otra. Yo, precavida, me he agenciado otra obra de este autor, escrita al alimón con otro escritor del que tampoco he leído nada pero que si me resulta como el amigo Camilleri… Ya les informaré al respecto.

Cierta forma del viento en los cabellos” de José Miguel Junco. Poesía. Tampoco sabía nada de este hombre. A leer poesía siempre estoy dispuesta, ya lo saben, y me he leído este libro con mucho gusto, lo he saboreado y disfrutado. Un buen hallazgo. Poesía cercana, que muchas veces se agradece. Eso de que puedas tomar los sentimientos prestados, está muy bien, y con este poemario, creo que ese efecto queda más que conseguido.

Y este año me quedé sin mis “Huesitos de Santo”, a los que alguna otra vez he hecho referencia, pues en mi casa, desde que yo recuerdo, siempre me los han comprado, aunque ya tenga los años que tengo, pero claro, no he dejado de ser la niña de mis progenitores, y a ellos les hace ilusión recordar esos tiempos, ya ven, la vida todavía nos mantiene unidos a cosas tiernas y bonitas, dulces…

Les prometo hacer un esfuerzo y pasearme más frecuentemente por la Orilla, para acompañarles en el chapoteo; y en lo que pueda, hacer incursiones por sus casas.
Los tiempos han cambiado, es evidente.
Que ustedes sean felices. Un abrazo enorme.




Fotos: Antonio y Edurne Cartel película: Internet Referencia Exposición: El País. Escaneado y fotos de libros: Edurne

domingo, 13 de noviembre de 2011

ESTÁ CLARO

Está claro que cuando quiero recuperar una entrada antigua directamente, algo sale mal, y la publicación no aparece reflejada en los blogroll de quienes me tienen enlazada...
Está claro que esto de los vericuetos blogueros no es lo mío.
Vuelvo a disculparme, y a pedirles que, por favor, pasen por la entrada anterior: "EL PRECIO DEL SILENCIO", pues esa es la entrada que colgué ayer, que he vuelto a colgar hace un momento y...
¿Está claro?
¡Está claro!
Un abrazo.
;)


Imagen: Internet

EL PRECIO DEL SILENCIO (Replay)


Las luces atenuaban la tristeza plomiza que se respiraba en la estancia. Marco acercó la silla y se sentó junto a la ventana que daba al patio. Subía olor a sardinas del asador de Doña Juanita. Aspiró profundamente y retuvo los años de su infancia mientras miraba entre velados ojos el cuerpo de su padre, quieto, como dormido, pero con el gesto adusto que tuvo en vida.

De la sala llegaban rumores de sonsonete repetitivo y lamentos aprendidos. Estaba solo en la habitación. Asomó la cabeza entre los visillos y contempló la negrura de las vidas ajenas colgadas en forma de camisas, calzones, pantalones y calcetines, como si fueran sus dueños los que colgaran de las cuerdas sujetos con unas simples pinzas. ¡Era tan frágil la vida!
Volvió a mirar a su padre y recordó el primer enfrentamiento con aquel hombre. Recordó su primera pelea, allí, en esa casa…

Mientras Fernando saludaba a todo el mundo: vecinos, amigos y parientes venidos de lejos, Marco seguía vagando entre sus recuerdos. Apenas vio llegar a su hermano, pero tampoco lo reconoció, tan sólo lo intuyó. Habían pasado muchos años, demasiados.
— No esperaba verte aquí—dijo Fernando estrechando la mano de Marco, como si quisiera zafarse del compromiso.
— Eso hubieras querido tú, ¿verdad? Pero también soy su hijo.
Esas fueron las palabras que recordó Marco, las mismas que pronunció la última vez que vio a Fernando; y esas fueron las palabras que salieron de su boca, como empujadas por un resorte que hubiera estado años esperando a ser activado.

El olor de las sardinas que entraba por la ventana del patio fue sofocado por el odio que ahora impregnaba aquellas cuatro paredes.
— Mamá siempre lo dijo…
— ¿Qué es lo que dijo?—inquirió Marco, clavando su pequeños y negros ojos en el rostro anodino de su hermano.
— Nada, las sardinas… que eras como ellas, que estabas lleno de espinas, como las sardinas.

Los dos se volvieron hacia la pared del fondo, los dos miraron a la vez aquel viejo cuadro con la foto de boda de los padres. No había cambiado de sitio en todos estos años, justo ahí, encima de la destartalada cómoda de la abuela Adelaida, donde siempre estuvo, presidiendo la habitación. Nada se escapaba a las miradas autoritarias y orgullosas de aquellos dos seres, ahora tan extraños para ellos y que les miraban desde la lejanía del olvido, de los sueños dormidos.

Mercedes entró en la habitación y sonrió a su marido mientras le cogía la mano. Se giró hacia Marco y le saludó con una sonrisa un tanto forzada.
— ¿Qué tal Marco, sigues boxeando? No parece que tengas mal aspecto…
— No, ahora soy empresario. Al final me saqué todas las espinas, bueno, ¡todas menos una!
— No empecemos Marco, —se revolvió Fernando en la vieja butaca de la madre en la que se había sentado—tú nunca fuiste bueno para nada, si no, mira cómo acabaste, dando tumbos de pelea en pelea… menos mal que tuviste la decencia de apartarte de nosotros.
Mercedes apretó el brazo de Fernando y reprobó sus palabras con la mirada.
— ¡Deja mujer! Y ahora… ahora tiene la cara dura de presentarse aquí. ¿A qué? ¿Acaso tienes el valor de reclamar algo?
— La vida siempre te ha sonreído, ¿verdad? Y nunca te has parado a pensar en si te lo merecías o si realmente habías hecho algo para que así fuera. Tú te merecías todo y punto.
— ¿Pero de qué hablas, miserable? Mírate, estás acabado. Empresario, dice… A vender periódicos en un quiosco de mala muerte le llama “ser empresario”. Deja que me ría.
— Calla o…
— ¿O qué, qué… anda, qué tienes que decir? O es que ya no recuerdas quién se quedó con ellos después de aquella pelea con papá, y con mamá destrozada… eh, ¿quién?
— Fernando…
— Deja Mercedes, no digas nada, a tu marido no le interesa nada que no sea él mismo—dijo Marco mientras salía por la puerta, echando una última mirada a toda su vida, encerrada entre esas paredes.
— ¡Que se vaya, no lo necesitamos para nada!—gritaba Fernando fuera de sí.
— Fernando, tú no sabes nada…
— ¿Qué es lo que tengo que saber? ¿Que ese miserable no dio más que disgustos, que a los diecisiete años propinó una paliza de muerte a mi padre, que se marchó de casa, huyendo, como un cobarde, y que en treinta años no hemos sabido nada de él? Bueno, en los últimos cinco sí que he sabido, he sabido que vendía periódicos en un quiosco del extrarradio… pero, qué más da, ¡no le debo nada!—y se giró bruscamente hacia la ventana de la calle principal.
— Sí que le debes—dijo con voz suave Mercedes, acercándose hasta la ventana y pasando su mano por la espalda de su marido— ¡le debes lo que eres! Él fue quien pagó toda tu educación, tu carrera de medicina, tu especialización en La Sorbona y en Estados Unidos. Él fue quien mantuvo a tus padres, ¿o es que acaso pensaste que la mísera paga de un empleado de RENFE daba para todo eso? ¡Vamos Fernando! Marco se peleaba por cuatro duros con tal de que su hermano pudiera estudiar y ser alguien. Aceptaba cualquier amaño para sacar algo más; renunció a tu cariño, al perdón de sus padres por ti. Y tú mientras, sólo te preocupaste de ti, de subir y subir cada vez más, tapando con tu odio la existencia de ese hermano que ha conseguido que seas lo que eres.

Fernando tuvo que volver a sentarse, sentía que el pecho iba a explotarle, no podía respirar. Miraba a su mujer sin reconocerla, sin entender sus palabras…
— Y te preguntarás cómo sé yo todo esto…—prosiguió Mercedes—Pues bien, Marco me hizo jurar que jamás te lo diría. Yo lo supe casi desde el principio, lo supe cuando tú enfermaste estando en segundo curso de carrera, ¿lo recuerdas? ¿Recuerdas que hubo que operarte a vida o muerte a cuenta de aquel tumor? Fue él, Marco, quien consiguió el dinero para la operación. Iba todas las semanas a la tienda de mis padres para saber de vosotros, sí mi familia se convirtió en su cómplice, iba a dejar un dinero que luego mi padre ingresaba en una cuenta como si se tratara de un bienhechor anónimo. Así se enteró de tu enfermedad, y créeme, casi se vuelve loco del dolor. Con los años, fui yo la que ha estado haciendo ese encargo en su nombre para mantener a vuestros padres y hacer frente a los gastos de la larga enfermedad de tu madre, de la que tú sólo supiste una cuarta parte ya que estabas en Estados Unidos….

Fernando no volvió la cara hacia su mujer. Mientras Mercedes le contaba la historia de su vida, había paseado nervioso por la habitación. Abrió la ventana. Se dejó caer en la silla en la que poco antes había estado sentado Marco, y aspiró, aspiró el intenso olor a sardinas que subía del asador de Doña Juanita. Le pareció que su padre le sonreía…





Foto: Antonio Texto: Edurne

domingo, 6 de noviembre de 2011

COMO UN SUSURRO

Como un susurro liberador
arrastra lejos de mí palabras
y marañas de tiempos pretéritos,
borrosos, con el agua hasta el cuello…

Como un susurro cálido
que llega y toca mi alma,
apenas con una leve caricia,
abre la puerta a un nuevo día…

Como un susurro quedo
sujeta mis pensamientos
con mano firme y deseo rescatado
del fondo de antiguas ilusiones…

Como un susurro juguetón
hace cosquillas en mis nubes de tela,
y deja que escapen mil pajarillos
enredados en trinos de intenso color…

Como un susurro ,
uno pequeño,
pero suficiente para devolver
la sonrisa a esta tarde huidiza…

Foto y Texto: Edurne


lunes, 31 de octubre de 2011

HISTORIAS DE LA RÍA XV








































Va tarde esta crónica, además teniendo en cuenta que escribo desde el Foro… más que tarde todavía, pero bueno, tampoco ha pasado tanto tiempo, que esto que ahora les cuento ha sucedido hace una semana, diez días…

Alguien me ha recordado que estoy lenta en esto de escribir. Tiene razón, pero este primer trimestre (para mí los trimestres van a la par de los cursos escolares), está siendo especialmente duro. Dejando a un lado lo personal, lo familiar, en lo escolar, está siendo más que duro.

Y no es que una no sepa por dónde le da el aire, que miren ustedes si sabré por dónde me da después de 30 años en este oficio, pero, los tiempos que corren están siendo de lo más extraños. Ni qué decir tiene que la escuela es la sociedad misma, en pequeñito, pero el reflejo exacto de la sociedad en que vivimos. Y con esto, ya imaginarán ustedes que los conflictos que se viven fuera, también tienen su representación dentro.

Será un poco de todo, léase: falta de valores, ejemplos a imitar nada recomendables, crisis a todos los niveles, la cultura del todo vale, de todo está a mi servicio, de… ¡Para qué seguir! Los problemas ya no son solamente con los alumnos, que cada vez están tomando derroteros más preocupantes, sino que también son problemas en las relaciones con los padres, con las familias, a mas de los que ya tenemos como colectivo, con las administraciones…

Y una anda reflexionando mucho, muchísimo, en estos tiempos alterados. O revueltos, parafraseando a la serie televisiva, que no sé ya si son tiempos para revelarse, para callarse, para amar, para llorar, para… ¿qué?

“Siempre que llueve escampa”. Echo mano de los refranes, a los que tan aficionada era una de mis abuelas, porque la sabiduría popular es eso, sabiduría, y tal vez repitiendo una y otra vez las máximas de los que de verdad saben lo que es pasarlas “canutas”, tal vez podamos calmar nuestros miedos y angustias, aplacar nuestros enfados… Por intentarlo, que no quede; si bien, el protestar no está reñido con nada de esto. Yo, protesto, me quejo, me enfado, más bien me cabreo.

Mis compañer@s jubilad@s, con 60 años, con una buena prima, con el cuerpo y la mente en perfecto estado, sufren una metamorfosis alucinante, si me permiten la palabra. Les cambia todo, y lo primero es el cutis. No, no estoy de broma, es cierto, y miren que en los últimos ocho años, se me andan jubilando de dos en dos en el centro en el que trabajo, y luego amistades que también son del gremio.
¡Y yo que me las prometía felices para dentro de ocho años… jajajaja, me río, a saber ahora cuándo me podré jubilar y en qué condiciones!
Sinceramente, no me imagino a los 60 años corriendo por el pasillo detrás de un niño que te amenaza con tirarse por la ventana, por ejemplo, o con un cabreo monumental porque no quiere hacer los deberes que le mandas…. Que la cosa viene muy dura, ya les digo.

Corren malos tiempos para la lírica, como cantaban hace tiempo los gallegos de “Golpes Bajos”, pero es que corren malos tiempos para todo. Y no quiero ser una agonías, ni agorera, ni pesimista, porque… días, hay más que longanizas, y nunca se sabe qué nos espera a la vuelta de la esquina…
Por lo tanto, lo mejor es mantener los ojos bien abiertos y estar en alerta, pero, con disposición a disfrutar de lo pequeño y placentero que nos regale la vida, aunque sea a plazos.

Por eso una lee, intenta darse paseitos por aquí y por allá, va al cine (y a ver cuándo vuelve a su afición teatral), monta en el bus y se escapa para el Foro, visita museos, sigue con su afición escribidora, comparte con amigos…

Hay, en esos paseos por la Ría de mis amores, muchas pequeñas cosas por descubrir, y algunas, aunque los del Botxo las tengamos descubiertas de toda la vida, que siempre es grato volver a reencontrase con ellas, como sucedió el otro día al visitar el Claustro de la Catedral de Santiago, en el corazón de nuestro Casco Viejo. Hay Historia en cada piedra, en cada losa que pisas, y luego imaginar, que es libre.

Y reincidir una y otra vez en las visitas a la costa más cercana a la urbe, Portu Zaharra, el Puerto Viejo de Algorta, que es un cachito de postal, siempre a rebosar de gente, foránea y no. El mar, su visión, a la que uno puede dedicar minutos, horas… reconforta, lleva un poquito de paz al espíritu, que está comprobado, no tan sólo (lo siento, me sigo saltando la nueva regla ortográfica de la RAE) científicamente, sino lo más importante, personalmente.

Y una película, que depende la época, el estado en el que nos encontremos, las ganas, la necesidad… puede ser de uno u otro tipo. En este caso, “La voz dormida”, basada en la novela homónima de Dulce Chacón, ya fallecida. Genial. Lloré todo lo que quise y más, es que el cuerpo me pedía dar rienda suelta al manantial lacrimógeno que andaba yo conteniendo desde hace tiempo, y la película fue la disculpa perfecta. Además, la rabia, la impotencia, la pena que sientes te aboca a muchos pensamientos, a reafirmarte más, si cabe, en tus ideas, en tu concepción de tantas cosas…
Y María León, inmensa. Descubrí que era hermana de Paco León, otro que se las trae… pero hace una interpretación de levantarse y aplaudir sin parar, no en vano le dieron la Concha de Plata a la mejor actriz en el último Festival de cine de Donostia.

Estoy en Madrid, ya les digo, el martes a la tarde-noche vuelvo a Bilbao, y entonces, desde allí escribiré las Crónicas del Foro. Ténganme paciencia, please!
Miro por la ventana y el sol ya está luciendo, aunque envuelto en una pequeña capa brumosa. Haremos que se desmelene un poco y nos regale un día tibio en lo climatológico, y en lo demás.

Que ustedes transcurran bien en estos días, en los que ya nos sorprenden los expertos en marketing con los reclamos navideños.
Un abrazo enorme.


Cartel película e imágenes: Internet Fotos: Antonio y Edurne

viernes, 21 de octubre de 2011

UNA PRUEBA

Voy a hacer una prueba.
Observo, con un poco de rabia, que mi entrada anterior no aparece actualizada en ningún blogroll, así que hago esta prueba, la lanzo como última entrada y aviso: la verdadera entrada, es la anterior.
¡Gracias!
;)

NORMA MALDONADO GOYENECHE. Memorias (I) (Replay)





Ahora puedo contarlo todo. Sé que ha pasado el tiempo, pero sólo ahora me siento segura y puedo contar lo que ocurrió aquel verano y que cambió las vidas de todos los que íbamos en el "Splendour of Seas".

Soy una mujer mayor, en estos momentos no me sirven las coqueterías, así que puedo decir perfectamente mi edad: 82 años. Por fin alguien se acuerda de mí, de lo que fui, y me piden que escriba mis memorias. ¡Ingenuos, no saben que estas memorias pueden ser una auténtica bomba! Pero mi conciencia ya no puede más, tiene que descargar todo el lastre que lleva acumulado desde hace tantos años…

Mi nombre es María Norma Maldonado Goyeneche. Nací el 17 de diciembre de 1928 en el barrio de Palermo de Buenos Aires. Hija de un gallego, Evaristo Maldonado, y una descendiente de vascos, Marina Goyeneche. Fui hija única hasta los cuatro años, y dentro de la pobreza de mis padres, no tuve carencia de nada; y de lo que más sobrada estuve, tanto yo como mis hermanos, fue de amor. Mis padres amaron a sus hijos más allá de lo que podían, dado que ambos tenían que trabajar para alimentar tres bocas, que fueron las que les quedaron después de las dolorosas pérdidas de cuatro de sus hijos.

Ser la mayor de mis hermanos, hizo desarrollar en mí un instinto de protección y supervivencia poco usual para la edad que tenía. Nuestra madre murió cuando yo contaba con quince años, y el papá quedó sumido en una depresión de la que nunca se recuperó, decidiendo poner fin a su vida dos años y medio después de la pérdida de su amada esposa. Así pues, mis hermanos y yo quedamos huérfanos, desconsolados y totalmente perdidos en aquel Buenos Aires de 1945.

Yo era una mina joven, casi dieciocho años, y con un cuerpo en plena efervescencia. Pero tenía a dos niños a mi cargo, Marinita de trece años y el pequeño Alejandro de diez. De golpe tuve que hacerme con el papel de madre y padre, asumir responsabilidades que me venían grandes. Traté de hacerlo lo mejor que pude. Y busqué laburo por los cafés de la zona, por La Boca, por la calle Corrientes… En un principio de mesera, de cigarrera, de lo que fuera, pero quería estar cerca de la música, que ya desde chica llenaba casi toda mi vida, y es que mi mamá canturreba tangos y milongas para solapar sus dolores, sus penas… y a mí se me metió el gusto hasta el caracú. A mis hermanillos les cantaba yo cuando me preguntaban la razón de que la mamá nos dejara siendo tan joven y por qué el papá también se había muerto. No sabía qué responder si no era llorando y entonces… entonces les cantaba, y ellos se quedaban contentos, y se me echaban al cuello, y me comían a besos, y yo… bueno, ¡yo habría hecho cualquier cosa por ellos!

El general Perón había subido al poder, y se acababa de casar con Eva Duarte. Ésta puso en marcha la Fundación Eva Perón, creando unos hogares para niños huérfanos y sin recursos y otros para ancianos en situación precaria. Yo había empezado a laburar en el Café La Marina en La Boca, y mientras estaba allí, mis hermanos, o bien quedaban solos en la casa o en el colmado de Doña Nacha hasta que ésta cerraba. No era plan. Necesitaba encontrar algo que les diera seguridad y protección, un sitio donde pudieran estudiar, aprender un oficio, y tener un orden de vida.

Y fue entonces cuando el Negro Juan, el morocho encargado del boliche de al lado de La Marina me habló de la fundación de la señora Eva Perón. Él conocía a un pibe que se quedó huérfano y sus abuelos, ya mayores, lo metieron allá… podía preguntar a los viejitos y decirme cómo era aquello. Le dije que bueno, que estaba bien, que se enterara. Y fue así como la Marinita y el Alejandro tuvieron estabilidad durante unos años. Yo iba a verlos todas las semanas, siempre en día domingo, y los sacaba de paseo y les compraba alfajores, y maní, y dulce de leche… y aún me quedaba algo de plata para gastar en una de las muchas kermesse que organizaban en el colegio de los nenes… Y cuando el día venía cargado de garúa, los convidaba al cine, y ellos, tan contentos, y yo, más, ¡mucho más!

Imagen: Internet Texto: Edurne


sábado, 15 de octubre de 2011

EN TRÁNSITO



Llevo puestas las gafas, las de ver el corazón de tu aliento.
Está oscuro ahí adentro.
Será la miopía de mis ansias la que
me ciega y por eso no lo veo…

Camino despacio por las veredas
de tus jornadas en vela,
y exploto durante la noche
tórrida,
asfixiada la calma del negro cielo,
sembrado de ayes y sospechas…

Sobrevuelo, entonces,
por encima de palabras
y lamentos envueltos
en organdí de diseño,
reciclado,
según los nuevos tiempos.
Nada que objetar.
La pasarela acoge mi talle roto,
y viejo…

Oigo las risas,
y el ruido de sus manos
abofeteando mi miedo.
Están ahí.
Son los desleales,
los traidores a mi causa,
renegados de mi
buena suerte.

Reina por un día.
Un instante,
tan sólo uno,
me duró la dicha.






Dibujo: Antonio Texto: Edurne

miércoles, 12 de octubre de 2011

HISTORIAS DE LA RÍA XIV

































































































































Es cierto, lo que no se usa, se atrofia.


Escribir, me apasiona escribir, pero, este cansancio abotarga mis palabras. Llevo días intentándolo. Escribo un poco, pienso un mucho… y lo dejo.
Vuelvo, tengo muchas ideas, muchas cosas para decir. Pienso, otra vez pienso, empiezo, tres cuatro frases… y abandono de nuevo.



No pienso dejar que mi escritura se adormezca, se quede por ahí, en el baúl de los recuerdos. Estoy aquí, así que reactivaré mis ganas, mi chispa (si es que la tengo), y le daré a la manivela, pondré el coco en marcha, y dejaré que mis deditos recorran nerviosos el teclado, arriba, abajo, izquierda, centro, derecha…


Ya, parece que ya empieza a surtir efecto la “gasolina” y el motor se pone en marcha, arranca. Un dos, tres…. ¡Allá voy, despegamos!
Voy a dejar que mis palabras se deslicen por la pendiente del folio en blanco, mejor dicho, por la pantalla en blanco de mi ordenador, sin cortapisas, y que, si unas veces viene llano el camino, aprovechen y corran, corran… pero que, si toca sortear curvas y obstáculos, lo hagan a su ritmo y como buenamente puedan.


Septiembre empezó fuerte, muy fuerte, a todos los niveles, y como no venía yo muy repuesta, pues, normal, lo he notado. Entre el curso escolar y la nueva intervención del progenitor, más todo lo que acarrean esas situaciones y los problemas de cada cual, pues, ¡echen cuentas ustedes!

Claro que siempre hay algo, alguien que viene a regalarnos una sonrisa, un ánimo, un tranquila, un… rayito de sol, en definitiva. Ustedes siempre me han apoyado y animado, y no saben lo que les agradezco su presencia callada una veces, y ruidosa otras, en mi Orilla.


Alguien, incluso me llenó de aromas, no solo (me tengo que acostumbrar a escribir la palabrita sin tilde, tal y como recomienda la RAE) la pituitaria y el cuarto de baño, y los armarios… sino también el corazón. Cristina me mandó un par de sus jabones maravillosos, así, porque sí, porque le dio la gana y quiso alegrarme un poco. Ya éramos “amigas de gallinero”, pero ahora lo somos mucho más. Fue un soplo de cariño material; pero todos ustedes también me han mandado soplos que he sentido sin parar. A todos y cada uno, MUCHAS GRACIAS.


Llevo 30 años en la docencia, pero este comienzo de curso está siendo especialmente duro. No soy la única, y eso, si quieren, hasta me consuela un poco. Bueno, no es que me consuele, me apena muchísimo, pero me acompaña en mi pena. ¡Cómo está cambiando todo! A mí me asusta, me confunde, me cabrea, si me permiten la palabra. La escuela es un reflejo de la sociedad que estamos viviendo, y créanme si les digo que en muy poquito tiempo ha cambiado una barbaridad. Sobreviviré, hablo en lo personal, en lo referente a mi trabajo docente, pero está costando. No hay horas, no hay, y en casa nos esperan otras obligaciones, y necesitamos descansar y a veces, hasta eso nos cuesta.


Hoy no ha salido el sol en Bilbao, está remolón, habrá decidido tomarse fiesta. Vale, le dejamos. Los calores de estos días, y que están prolongando un verano inusual, nos está dejando como aturdidos, pesados… afectados, en una palabra. ¡A saber el otoño, el invierno, la primavera… que nos esperan! ¡Y luego todavía hay quien no se cree esto del cambio climático!


Aún así, todavía he tenido tiempo para rascar a los días momentos buenos.
Ya es de noche, noche cerrada, y eso que el reloj marca las nueve menos cuarto. Me deprime esta bajada de luz solar. Es normal, a todos nos afecta, menos mal que todavía no estamos metidos en tiempo invernal, frío y helador. Yo noto mucho cómo al aparecer estos días más cortos, mi vista se arruga y tengo que utilizar las gafas de más graduación, es una lata, créanme, todo el día con las gafas colgadas en plan collar.


He dicho antes que también he podido sacarle un poco de jugo al día a día, sin muchos ornamentos, pero sí, disfrutando cada segundo que me regalaban. Ha habido paseos bilbaínos y paseos madrileños este último finde, ha habido un poco de esto y de lo otro, de cine (“No habrá paz para los malvados”, del bilbaíno Enrique Urbizu, y con un José Coronado, que, aun no siendo santo de mi devoción, he de reconocer que borda su papel), de descanso, de charlas…


El Bellas Artes ha inaugurado la exposición de Antonio López que ya estuvo en Madrid, y que yo vi en el Foro. Por la calle puedes encontrarte con algunas cabezas gigantes pertenecientes a esta expo. El Guggen inaugura una nueva exposición: "Serra y Brancusi". Habrá que acercarse a verlas.


También tuvimos, como todos los años por septiembre, la presentación de nuestro nuevo libro colectivo en La Casa del Libro, y salió bien, como era de esperar. Y ya hemos empezado a escribir de nuevo en el Taller, un nuevo año se abre ante nosotros, nuevas perspectivas en la escritura, ensayos, entrenamientos en palabras y estilos que tal vez nos asusten un poco… ¡ya veremos qué sale de ahí!


Me acerqué a Madrid el viernes pasado (pero las Crónicas del Foro todavía tienen que esperar un poco). Llevaba lectura en la mochila, dos libros empezados, últimamente leo mucho simultáneamente, dos o tres libros… “La tela de araña” de Joseph Roth, y “Bilbao-New York-Bilbao” de Kirmen Uribe. Hasta Lerma amenicé mis primeras dos horas de viaje con este último, pero allí, dando una vuelta por la tienda de la estación de autobuses, le eché el ojo a uno de Haruki Murakami, “Sputnik, mi amor”, y sin pensarlo, lo cogí, lo pagué, me monté en el bus y hala, hasta las 11 de la noche en que entrábamos en el intercambiador de Avenida América, Edurne, sin parar, sin poder parar de leer. A la vuelta, el domingo, cayó entero. Descubrí a Murakami gracias a Roberto, un compañero del Taller, mejor dicho, me dejé seducir por su literatura, porque conocerlo, ya lo conocía, pero… me daba cierto respeto, y nada, que fue un flechazo a primera vista. Sigo leyendo sus libros, pero poco a poco, como hago con Auster, que no quiero empacharme. Las historias de Murakami son todas muy tristes, pero me atraen, están envueltas en un halo de melancolía, de conformidad con el destino, de ese no sé qué propio de los nipones que… ¡me gusta, no lo puedo remediar! De Kirmen Uribe, solo había leído poesía y en Euskera. Este libro se lo regalé a mi hermano en Navidades, en una edición diferente, bilingüe y más chula. Ésta, me la han regalado y es muy manejable, está solo en Castellano, pero no importa, así pruebo a leer algo diferente a lo que para mí representa Kirmen: una especie de novela, más bien una preparación a una novela, y en castellano. También me está gustando mucho, me falta muy poquito para terminarlo. Y de Roth, al que no había leído antes, estoy descubriendo un mundo ciertamente pesado, gris, como fatalista… y que también me está gustando.


Hoy es un día raro, 12 de octubre, el (mal)llamado Día de la Hispanidad. Yo, sinceramente, no creo que haya nada que celebrar. En mi caso, lo único que celebro, es el tener una gran familia al otro lado del Océano, en Chile, la que formó mi tío cuando decidió emigrar allá hace muchísimos años. Y también el tener tan buenos amigos de allende los mares. Pero de la “gesta” histórica del Almirante, mejor me abstengo de comentar. Colón arribó a las costas de un Caribe todavía virgen, errando en sus previsiones de alcanzar Las Indias Orientales. Lo que vino después, de todos es sabido, así que punto.


¡Caramba, pues no ha sido tan duro como pensaba al principio, al final les he dejado aquí una buena parrafada! Ahora buscaré alguna foto para amenizar la Crónica y ¡hala, a ver si me queda presentable!


Les reitero mi cariño y agradecimiento por la espera, el ánimo, la fidelidad y la atención prestada. Un abrazo enorme para todos.

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