sábado, 30 de julio de 2011

MI "E"




Enredada en vahos y nubes


De cuentos imaginados.


Urdimbre que sostiene la trama


Rugosa de mi vida.


Nunca antes por mí soñada,


Eres tú, entre tantas y tantas, la nombrada.








Letra: Antonio Texto y foto: Edurne

miércoles, 27 de julio de 2011

YA VIENEN



Suben por la calle arriba.
Los veo venir.
No traen equipaje,
Ni cédula de identidad.
Aunque yo los conozco bien.
Son ellos.
Los que roban el aliento de
Los sueños.
Los que piden en prenda
La calma de tus días.

Y me aparto de su camino.
Sé que me han visto,
Pero ni los miro,
No sea que me ofrezcan
Oscuras ideas,
Ansias y desánimos,
A cambio de un suspiro.

Suben por la calle arriba.
Callo, ni un ruido,
Que sus manos son rápidas,
Sus miradas ágiles y malvadas.
Callo, ni un ruido.
Chitón.
Ya,
ya se han ido…


Pintura: Antonio Texto: Edurne

domingo, 24 de julio de 2011

DESDE MADRID CON AMOR (Crónicas del Foro XXXIX) Y UNA DE LIBROS










Se me va escapando el tiempo. Julio toca a su fin, y por aquí, por el Botxo, el verano está jugando al escondite.

Estuve en Madrid los cuatro primeros días del mes, con mis vacaciones recién estrenadas, porque después venía todo lo de aita…

Se me acumula el trabajo, pero como estoy ralentizada en esto de escribir y no quiero tirarme a la Bartola, ahora mismo le doy a la tecla, al recuerdo y me monto unas Crónicas foreras con un adosado librero…

El calor es una tónica regular en la capital del reino, menos cuando también hace malo, y llueve… que tampoco de eso se libran, ¡que no lo vamos a tener todo nosotros!

Pues como iba diciendo: calor, solecito, lo típico. A la puerta del Congreso de los Diputados, me encontré con un león un poco “aleonado” que me rugió un poquito, y entonces yo, para calmarle, le dije: “¿Quieres una foto conmigo, guapo?” Como podéis comprobar, él, accedió sin rechistar, y además, con su mejor pose, ¡pues no era chuleta ni nada el felino! A mí, sinceramente, me subían unos sofocos, del calor, del mieditis… ¡Menos mal que tenía mi abanico a mano!

Y bueno, bajando por La Carrera de San Jerónimo, llegamos hasta el Thyssen, con la intención de visitar la exposición de Antonio López. Gente, mucha gente; eso es lo malo de estas exposiciones anunciadas a bombo y platillo, que se llenan y rellenan… Hay que guardar un turno para poder entrar, y una vez dentro, puessssss, que no se puede ver como uno quiere: tranquilito, parándote donde quieres, observando, acercándote, alejándote… pero bueno, nos dio tiempo para apreciar lo esencial. Recomendable, por supuesto, y como todavía estará bastante tiempo, les da a ustedes tiempo a visitarla, en el caso de que estén interesados. Aquí pueden acceder al blog del artista.


Y también es recomendable mirar al cielo, recortar las flores con el horizonte celeste, imaginar… ¡Sí, sí, altamente recomendable!


De libros, ¿qué quieren que les diga? Pues que tengo amontonadas las entradas libreras, las lecturas… Les pongo aquí unas cuantas recomendaciones, pero yo ando leyendo desordenadamente. De estos cinco, sólo he leído uno, los otros están insinuados, acariciados, husmeados… y esperando a que les hinque el diente. Se los presento:


* LA BICICLETA ESTÁTICA de Sergi Pàmies.
Lo he leído. Es lo primero que leo de este hombre, y fue por recomendación de mi hermano, que los ha leído todos. Me ha gustado mucho. Es como para identificarse y troncharse. El primer cuento, porque éste es un libro de cuentos, es la monda. RECOMENDABLE.
Aquí un enlace.


* PRIMAVERA MORTÍFERA de Lajos Zilahy.
Pues no, esta novela tampoco la he leído, pero me la compré en cuanto leí un comentario acerca de ella en el blog de mi amigo
MANNELIG, así que les dejo el enlace directamente. Pero avanzo que la pinta, la tiene buenísima.

* VIAJE DE INVIERNO de
Amélie Nothomb.
Tampoco, tampoco lo he fagocitado, pero… de la Nothomb he leído varios libros y, he de confesar que a pesar de lo excéntrica que es la autora, me gusta cómo escribe, así que lo compré pensando en no sufrir desengaño alguno con su lectura. Que así sea. También les dejo información
aquí.

* EMAÚS de Alessandro Baricco.
Sólo he leído dos o tres libros de este hombre. Me inicié con “SEDA”, supongo que este libro, por lo que se cuenta en la sinopsis, me va a gustar, cuando lo lea, claro. Paso la recomendación y un
enlace.

* LO QUE ME QUEDA POR VIVIR de Elvira Lindo.
Éste fue un regalo por el día del Libro. De Elvira Lindo no he leído nada más que su famoso Manolito Gafotas/Manolito Laubegi, más que nada por necesidades profesionales… me parece un personaje de lo más ácido, me gusta. Y de vez en cuando leo alguno de sus artículos, así que vamos a ver cómo se presenta esta lectura. Por aquí les dejo la
web oficial de la escritora.




Bueno, de momento, me quedo por aquí, que ustedes disfruten de cada día, si les apetece apuntar alguna de estas lecturas (les advierto que volveré al ataque dentro de poco con más), pues ya saben, una vuelta y media por alguna librería y… ¡a imaginar!










Fotos: Antonio y Edurne Folleto: de la Exposición

sábado, 23 de julio de 2011

ATENCIÓN / AVISO IMPORTANTE

QUERIDOS AMIGOS:


PUBLICO ESTA ENTRADA CON MUCHA RABIA PUES, HACE UN MOMENTO, UN AMIGO BLOGUERO, ME ACABA DE INFORMAR DE QUE ALGUIEN ESTÁ USURPANDO MI PERSONALIDAD, MI IMAGEN, MI IDENTIDAD EN BLOGGER, ESCRIBIENDO COMENTARIOS INSULTANTES EN BLOGS AMIGOS.


ESTOY TOTALMENTE DESCONCERTADA, NUNCA HUBIERA PENSADO QUE SEMEJANTE… ¿? (NI LA PALABRA ME SALE) ME PUDIERA OCURRIR.


QUIENES ME CONOCEN DESPUÉS DE TANTO TIEMPO INTERCAMBIANDO PALABRAS, SABEN CÓMO SOY Y QUE SOY INCAPAZ DE HACER, PENSAR Y ESCRIBIR TALES BARBARIDADES.


POR LO TANTO RUEGO QUE ME COMUNIQUEN SI SON VÍCTIMAS DE ESTOS “ATAQUES”, Y SI ALGUIEN SUPIESE CÓMO ABORDARLOS, QUÉ HACER PARA SOLUCIONARLO… QUE ME INFORMARA DE QUÉ MEDIDAS PUEDO TOMAR.


MUCHAS GRACIAS A TODOS Y PIDO PERDÓN DESDE YA, POR SI APARECE EN SUS BLOGS MI IMAGEN ASOCIADA A PALABRAS REPROBABLES…

Y PARA QUIEN ESTÉ DETRÁS DE TODO ESTO, MI MÁS ROTUNDO DESPRECIO, NO SE MERECE NADA MÁS.

UN ABRAZO.
EDURNE

viernes, 22 de julio de 2011

ELLA


Ella, que con mirada serena
acaricia mi angustia y
calma mi pena.

Ella, que sostiene mis días,
vigila mis noches y
jalea mis alegrías.

Ella, que sufre en silencio
los envites de la vida y
muestra entre tristezas,
presta, una sonrisa.

Ella, que me vive desde siempre,
que me quiere más que a su vida,
y que sin ella,
la mía, simplemente, no sería.


Foto: De la memoria familiar Texto: Edurne

miércoles, 20 de julio de 2011

DE PASEO CON EL AMIGO BLAS







No estoy en mis mejores días. Me encuentro muy cansada, tengo una gran contractura desde hace días que me dificulta mucho más las cosas… ¡Y encima ha estado lloviendo bastante!
Con todo ese “pupurrí” me he acordado de Blas de Otero, y ha sido él el que ha venido a salvarme. Hoy les dejo con su biografía, su bibliografía y las distintas etapas por las que pasó en su desarrollo como poeta.
Y como muestra del amor por su tierra, un par de poemas muy significativos.
¡Que ustedes lo disfruten!
Y volveré enseguida, no se preocupen…








Poemas: Blas de Otero, del libro “Poemas Vascos” editado por la Fundación Blas de Otero y el Ayuntamiento de Bilbao. (Hagan clic en los poemas para verlos mejor).

lunes, 18 de julio de 2011

RUIDOS



Serían las cuatro y pico de la madrugada cuando se despertó por los ruidos que, al parecer provenían del piso de arriba. No, ahora no estaba segura, pues agudizando el oído hubiera jurado que toda la casa estaba poseída por aquel ruido ensordecedor. No sabía definirlo, tan pronto podía ser un grito lastimero, una llamada de auxilio callada pero aguda, como un insistente ruido machacante, algo triturándose no se sabe dónde… Eso era lo que la desconcertaba, el no saber qué o quién producía ese inquietante ruido.


Durante un largo rato permaneció inmóvil, tapada hasta los ojos con el embozo de la sábana. Nada, nadie, oscuridad… ¡y ese maldito ruido!


Se aventuró a sacar una mano de la cama y palpar la mesilla… sí, allí estaba el móvil, lo cogió porque, nunca se sabe… Los ruidos parecían acercarse más, era como si estuviesen tras la puerta del dormitorio, esperando alguna señal para irrumpir y atacar. Ahora creía poder definirlos mejor, eran llamadas de auxilio, voces ininteligibles pero que pedían ayuda, El pánico se fue apoderando de ella. Cerró los ojos y se preparó para lo que quiera que fuera.


No se le ocurrió otra cosa que ponerse a rezar, a cantar… todo a la vez. Tenía ganas de ir al baño, unas ganas terribles de orinar. Aguantar, tenía que aguantar como fuera. Y entonces rompió a llorar. Se tapó hasta arriba y allí escondida, acurrucada entre las ropas de la cama, lloró, pidió perdón por quién sabe qué…


Y su grito angustiado se unió a los que ya sin ningún freno, avanzaban hacia ella, acogiendo su llanto, su angustia, en un coro de almas perdidas, errantes y sin dueño…



Pintura: Antonio Texto: Edurne

viernes, 15 de julio de 2011

HILADO A TIENTAS




AL HILAR FINO,

CON AGUJA Y SIN HILO:

TRAJE DIVINO


Imagen: Internet “Mujer cosiendo” de Mary Cassat Texto: Edurne

domingo, 10 de julio de 2011

PREOCUPADA




Domingo. Las 16:16. El día amaneció gris y así sigue. Mi preocupación encuentra más aliciente en este cielo plomizo, y eso es, justo, lo que NO necesito.
No puedo escribir nada, le estoy dando vueltas a una Crónica del Foro que tengo pendiente, a un par de entradas de libros, que también tengo pendientes, a otro capítulo del Diario de una mujer, pendiente desde hace bastante… ¡a tantas cosas!
Pero no puedo escribir. El otro día “parí” los diálogos del aire acondicionado así, sin pensarlo, pero ahora no puedo. Toda la semana ha sido de médicos, pruebas… y la operación de julio, prevista en un principio para el jueves 14, ha de posponerse. Ha surgido otra “complicación” y primero tienen que solucionarla. Para ello, mi pobre aita tiene que someterse mañana a otra pequeña intervención, se supone que de un día, pero… cualquiera sabe, es una prueba bastante agresiva y que requiere de mucha pericia por parte del especialista que la realiza.
Comprenderán que esté preocupada. Si ya lo estaba, esto aumenta más mi preocupación.
¡Y menos mal que estoy de vacaciones escolares, que sino…! Así que no puedo pensar en hacer planes. Los planes más inmediatos se reducen a mañana, a que todo salga bien, a que se pueda recuperar un poco y a esperar a septiembre para la operación.
Pienso mucho. Demasiado. Le doy vueltas a todo, despierta, dormida a medios pelos… Y pensar, por qué será, nunca pensamos cosas agradables en situaciones como éstas. ¡Me agobia, me entristece, me enrabieta, meeeeee… no sé!
Y no puedo escribir nada. El miedo me agarrota por dentro, me muerde el estómago, las entrañas… ¡qué carajo!
Hago lo que puedo, pero a casi todas horas tengo unas ganas terribles de llorar, es de la impotencia, y me lo trago hasta que puedo esconderme por alguna esquina. Es bueno llorar, por lo de desahogarse, porque las lágrimas pueden ahogarte por dentro, así que hay que abrir las espuertas y liberar agua mezclada con tristeza…
Mañana saldrá el sol, seguro, estoy convencida, y entonces vendré hasta la Orilla, me asomaré y les dedicaré una sonrisa. Seguro.
¡Gracias por estar ahí!

Dibujo: Internet

viernes, 8 de julio de 2011

DOS ERAN DOS (V)

—Yo con este calor no soy nada, de verdad. ¿Tú no tienes calor, no estás agobiada? Es que como te veo tan tranquila, que no te quejas…

—Pues sí, claro que estoy acalorada, y mucho, además teniendo en cuenta otras cuestiones exclusivas de mi género, podrás hacerte una idea… Lo que pasa es que yo soy muy sufrida, y en estos casos, tengo interiorizado el movimiento abanico. ¿Ves? Así, flasflasflasflasssss… Bueno, bonito y barato, y no como el aire acondicionado.

—Sí, pero sin aire no puedo estar, ni respirar, ni dormir, ya lo sabes.

—¡No lo voy a saber! Que me tienes congelada a todas horas, guapo. Tú no podrás dormir, pero yo tampoco, que me tengo que forrar de ropa y aun así, estornudos, contracturas…

—Ya, cari, pero hay que aprovechar los inventos, los adelantos, para hacernos la vida más cómoda…

—¿Más cómoda, dices? Mira, en estos días de canícula se disparan las discusiones como ésta a causa del dichoso aire acondicionado, hasta en la tele hablan de ello, y le dedican reportajes, o es que no viste el de ayer, ése que iban preguntando a los trabajadores de una oficina, sí, que las mujeres estaban todas hartitas, algunas hasta de baja, y ellos, ¡se reían y todo!

—Tú eres un poco exagerada, Carmen, y muy delicada, que sí, que te quejas demasiado… A ver no me dirás tú a mí lo bien que se está ahora aquí, las persianitas bajadas, ligeritos de ropa, el fresquito, un piscolabis, la tele…

—¿Pero tú me has visto a mí? Pantalón largo, camiseta de manga larga, foulard por los hombros… Tú sí, en bañador y resoplando todavía… ¡Habrase visto! Eres un egoísta, Juan.

—Anda, pues sal al jardincillo un poco y luego me cuentas, o vete a las habitaciones del otro lado, a ver si allí se puede vivir, o echar la siesta, ¡anda, vete, vete…!

—¡Pero si no me tienes que convencer de que hace calor, muchísimo calor, que eso ya lo sé, que también lo padezco! Lo único que quiero es que comprendas que todo el mundo no tiene el mismo grado de sensibilidad o soportabilidad hacia el aire acondicionado. Quiero que te des cuenta de que tu mujercita, a la que tanto quieres, se congela y se pone malita. ¡Insensible, más que insensible!

—¡Ay, que no, que no me hagas pucheros, mujer, que no lo puedo resistir! ¡Hala, venga, ya lo apago! Y ahora si me derrito y ves que me he convertido en un charquito de agua, recógeme con mucho cuidado y méteme en el congelador, porfa…

—¡Gracias, cielo! Y en recompensa, mira, ahora me quito esta camiseta, y este pantalón y me quedo con este bikini tan mono que me compré ayer en las rebajas, ya ves, como una bailarina hawaiana… jejeje, ¿qué te parece?

—¡Anda, anda, dame ese abanico, que me vienen unos calores…!





Pintura: Antonio Texto: Edurne

jueves, 30 de junio de 2011

OTRO MIXTO LIGHT (DESDE MADRID CON AMOR Crónicas del Foro XXXVIII e HISTORIAS DE LA RÍA XII)






















































































































































































Escribo a toro más que pasado, puesto que estas mini crónicas del Foro, acontecieron hace un mes exactamente, y las Historias de la Ría, hace unas dos semas.
Sé que abuso de su confianza, por eso me atrevo a pedirles disculpas, pero las circunstancias actuales me han impedido actualizar el blog como a mí me hubiera gustado.
También les digo que intentaré no ponerme melodramática, ni tristona, porque, entre col y col, siempre aparece alguna lechuga, o sea, que momentitos, breves, buenos, también los hay, y hay que saber aprovecharlos. Eso es lo que intento.

El Madrid estuve el último fin de semana de mayo, justo para el comienzo de la feria del Libro. De allí me traje fotos, libros, lo de siempre: mi entusiasmo por ese mundo lleno de letras. Trataré de subir alguna foto a esta crónica, aunque, ya les digo, va a ser mínima, son casi las 9 de la noche y aunque acabo de llegar a casa, todavía tengo muchas cosas que hacer hasta meterme a la cama. Les pondré instantáneas robadas a escritores de sobra conocidos, tales como Manuel Vicent, Maruja Torres, Rosa Montero, Manuel Rivas, y hasta algún que otro televisivo…
De libros, de los que compré, los que vi, los que he leído y demás… haré una entrada exclusiva, cuando pueda, eso sí.




Y por mi querida Ría una de estas pasadas noches, se tiñó todo de blanco, y es que tuvo lugar la tercera edición de la Noche Blanca. Una verdadera gozada, porque, a mas del ambientazo que se respira por las calles, el poder entrar en instituciones y museos a altas horas, cuando se supone que están cerrados, y poder apreciar exposiciones, ver pequeñas obras de teatro, un recital de poesía de Gabriel Celaya en el claustro del Euskal Museoa, a cargo de Mario Gas, asistir a charlas sobre temas diversos, relacionados con la cultura, cómo no… pues es una delicia.
Y como hizo tan bueno, nos regalamos un paseo por la Ría en barco. Otra gozada, porque poder ver las dos márgenes, la derecha y la izquierda, y apreciar el paso del tiempo, de las sucesivas crisis, del deterioro y posterior renacimiento… es un privilegio. Grúas, astilleros, muelles, muelles reconvertidos, museos, paseantes, deportistas, traineras, el Puente Colgante, qué sé yo… ¡si es que me emociono hablando de mi Botxo, es lo que nos pasa a los de Bilbao, jejejeje!

Y también he de hacer referencia al final de curso, al mes tan acelerado que hemos vivido, porque, el estrés, hasta hoy mismo en que a las 2 de la tarde he salido y he dicho: agur, hasta el 1 de septiembre… o sea, ¡sin parar!
Con mi aita en la clínica se me hizo muy cuesta arriba corregir y demás, pero lo sobrellevé como buenamente pude.
El último mes ha estado repleto de acontecimientos para mis pupilos: excursiones, actos especiales (tales como la lectura de un clásico de la literatura en Euskera por parte de mucha gente escogida a tal fin, entre los que estuvimos dos de mis alumnas y yo, representando a nuestra escuela), fiesta del centro… Y el último día los llantos, sí, porque lloramos a mares, como verdaderas magdalenas, tanto ellos como yo. Qué quieren, eran los únicos que quedaban en clase, y no había forma de echarlos, media hora más duró la despedida, tanto lloramos, que temí por quien no supiera nadar, ¡que lo mismo teníamos que salir a nado del aula!

Y ahora, esperando a que este mes de julio llegue y pase lo antes posible, y con buen balance. Operarán a mi aita de nuevo, y espero que con éxito, para que de una vez por todas podamos dejar de estar encogidos y empezar a sonreír.

Y haciendo gala de la filosofía “Carpe Diem”, mañana mismo me voy para el Foro hasta el martes, lo que viene después lo iremos afrontando según llegue. Por eso todavía no me hago a la idea de que desde esta tarde estoy de vacaciones, con que todo salga bien, me conformo, es lo único que me importa.

Y a ustedes, a todos sin excepción, a los ruidosos y a los otros, a los que pasan de puntillas, muchísimas gracias por seguir chapoteando y por acompañarme en las risas y en las lágrimas. Saben que los aprecio un montón.
Que disfruten los que tengan la suerte de poder hacerlo, y a los demás, que nada, paciencia, ¡que todo llega!

Un abrazo enorme.

Fotos: Antonio y Edurne Foto con el ramo y el diploma: Aitor, manipulación: Edurne Folletos: de la Exposición del Bellas Artes, programa de actos de La Noche en Blanco y propaganda de los viajes en barco por la Ría.






domingo, 26 de junio de 2011

COSER Y CANTAR (Replay)



La tienda de ultramarinos de Pedrito, “El laurel”, era de las más concurridas en el barrio. Y allí estaba Manolita, que aguantaba la cola de mala gana pero, como su madre no podía ir, no le quedaba otro remedio que pasar como mejor podía la casi media hora de espera. Menos mal que Pedrito siempre tenía la radio encendida…

A Manolita le gustaba cantar, más bien había nacido cantando. Desde chica se pasaba todo el día pegada a la radio oyendo las canciones de Juanita Reina, de Marifé de Triana, Conchita Piquer, Imperio Argentina… Y más de una vez se había imaginado como ellas, subida a un escenario, cantando y bailando. Manuela, su madre, que era modista, siempre mantenía encendida la radio que había en el taller de costura. Desde allí se lanzaba Manolita a sus arrebatos cantores para el deleite de su madre, de Matilde que ayudaba a la madre en la labor, y de cualquiera que se pasase por allí, clienta o vecina.

La realidad, en cambio, poco tenía que ver con el brillo de los escenarios con que ella soñaba. Desde los catorce años, su madre la había puesto en el obrador de las monjitas para que le enseñaran a bordar, ya que lo de la aguja se le daba bien, y así, mientras aprendía el oficio, se ganaba unas pesetillas haciendo tiras de vainica en las sábanas de los ricos que hacían sus encargos a las hermanas. A veces, también ayudaba a su madre y a Matilde a hilvanar o deshilvanar dobladillos, bajos y bocamangas, mientras canturreaba por lo bajito o a pleno pulmón.

Manolita era alta, espigada, con un pelo que desparramaba fuego entre unos espesos rizos que caían sobre sus rectos hombros. Miraba con la fuerza de dos zafiros, y a pesar de sus dieciséis años, su cuerpo lucía maduro y bien formado, por lo que no era difícil imaginarla como una rutilante estrella de la canción. Era hija única y de padre ausente al que nunca conoció por mucho que preguntara de chica, primero a la madre y luego al de allá arriba, que todo lo sabe y todo lo ve… Sin embargo, creció feliz, educada con cariño y mucha rectitud por su madre, que también ejercía de padre.

Ya iban para diez minutos los que llevaba Manolita esperando a que le llegara el turno. Para distraer el tiempo canturreaba por sus adentros: Y el gitano a la gitana, de esta manera le habló: échale guindas al pavo, pavoooo, que yo le echaré a la pava, azúcar, canela y clavooo…” ¡Ay, si ella pudiera subirse a un escenario de verdad, cantar ante un micrófono y un público real y no sólo en las reuniones familiares o para los vecinos en las fiestas de Navidad…!

Las canciones se le agolpaban en la cabeza, en la garganta y en el cuerpo. Había un programa en la radio todos los sábados a la tarde que era un trampolín para jóvenes valores de la canción, Tu oportunidad se llamaba; desde luego, ella lo hacía infinitamente mejor que muchos de aquellos concursantes, aunque los había que eran buenos de verdad… ¡si pudiera presentarse! Pero no sabía cómo podría hacerlo. Y seguía repasando su repertorio: “En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirar, Francisco Alegre y olé, Francisco Alegre y olá…”, “Julio Romero de Torres, pintó a la mujer morena…” “Te quiero más que a mis ojos…”

Pasaban los minutos y ya sólo le quedaban por delante la señora de todos los viernes y María, la madre de las gemelas del quince. Pedrito no perdía la oportunidad de echarle una sonrisa de vez en cuando pero ella seguía deambulando por sus fantasías.

—Disculpa, muchacha, ¿eres tú la última? —oyó que decían a su espalda. Se volvió asustada, como si la hubieran pillado en algún renuncio, y sus ojos se encontraron con una sonrisa que se escondía tras el humo de un habano, un gabán de paño del bueno y un sombrero de ala estilo americano. Se sonrojó y asintió con la cabeza. El hombre aspiró el habano y lanzó una bocanada de humo al aire antes de hablar.

—Gracias, y perdona si te he asustado, pequeña. Al oír esa voz todos los que se encontraban en el establecimiento se volvieron. ¿Sería él, el de la radio, la voz más conocida de las ondas? ¿Sería Agustín Pedraza, el locutor-conductor de Tu oportunidad? La señora de todos los viernes, dejando a un lado su timidez, rompió el momento mágico y se atrevió a preguntar.

—Oiga, ¿no será usted Agustín Pedraza, el de la radio, verdad? El hombre se quitó el sombrero, apagó el habano y obsequiando al personal con una amplia sonrisa, dijo que sí, que eso parecía, que era Agustín Pedraza, el de la radio.

—¿Y usted, qué hace en esta tienda de ultramarinos? —se atrevió a indagar Pedrito.— Pues verán, voy de camino a la emisora dando un paseo, y se me han antojado unas manzanas reinetas justo al pasar delante de la tienda, tienen una pinta buenísima…

Enseguida se creó un clima distendido y cordial. Los parroquianos se atrevieron a preguntar por la marcha del concurso de los sábados y él se sinceró, les contó que andaba inquieto pues le habían fallado dos aspirantes y tenía que encontrar a alguien para hacer una prueba antes de diez días.

Todas las miradas se volvieron hacia Manolita y ésta notó que la cara le abrasaba. Se sintió descubierta, como desnuda ante desconocidos, quería salir corriendo pero sus piernas preferían quedarse. Pedrito hizo los honores.

—Señor Pedraza, esta muchacha es de lo mejorcito que hay, un diamante en bruto, un valor desperdiciado. Hágale la prueba a ella y verá como no le defrauda. Esta niña ha nacido cantando, la música es su vida.

Todos los presentes corroboraron la presentación de Manolita, pero ella tan solo quería salir de allí, correr a refugiarse entre los brazos de su madre. Sin embargo, el susto la tenía clavada al suelo. Pedraza la miró con interés, se acercó a ella y le dijo:

—Si eso es cierto, muchacha, no debes dejar pasar la oportunidad. Estaremos encantados de poder hacerte una prueba y con suerte serías seleccionada para participar en el programa que se emitirá dentro de dos sábados. ¿Qué dices, te gustaría?

No se lo podía creer, estaba soñando, seguro, pero si ahora mismo acababa de imaginarse en esa emisora, en ese programa… No, no podía ser cierto, la suerte es algo que les ocurre a otros, siempre a otros, nunca a los que son como ella. Manolita no sabía qué responder, estaba nerviosa.

—Yo, yo, disculpe pero no sé, no creo que eso sea posible, tendría que comentarlo en mi casa, y lo más probable es que no me dejen participar; además yo sólo canto para mí y mi familia, no sé… Pero muchas gracias de todos modos. Disculpe pero ahora tengo mucha prisa, mi madre me espera para que le lleve la compra. Muchas gracias, de verdad, muchas gracias, señor.

El hombre no se dio por vencido, sacó una tarjeta del bolsillo interior de su americana y se la dio.

—Toma, muchacha, ésta es mi tarjeta, ¿ves?, aquí pone mi nombre y que soy locutor de Radio Continental, no te estoy engañando. Tranquila, pequeña, pero no dejes de comentarlo en casa y si cambias de opinión… me llamas.

Era su turno pero, tan azorada como estaba, había olvidado por completo el encargo de su madre, así que salió de allí sin hacer la compra ni “ná”.

Llegó a casa corriendo, subió las escaleras de dos en dos y entró como una exhalación en el modesto piso, que era vivienda y taller a la vez. Manuela y Matilde levantaron la vista de la labor y se la quedaron mirando con expresión de susto.

—¿Qué ocurre, hija?

Dejó Manolita la bolsa de los recados, vacía, en el suelo, y contó como pudo el encuentro de hacía unos minutos. Pedraza, la radio, el concurso, la tarjeta…

—¡Madre, yo quiero ir, yo quiero cantar en la radio! —terminó sofocada y radiante, excitada, Manolita.

—Ya hablaremos más tarde de ello, pero ahora necesito que me vayas a la mercería de Doña Sara y me traigas hilo blanco de repasar, torzal gris y una bobina normal, cinturilla para esta tela, una docena de botones camiseros, una sisa azul y otra blanca, un alfiletero nuevo… Hala, y no tardes, que estamos necesitando esa cinturilla.

Bajaba Manolita ahora con calma por las escaleras de madera, parándose a oír el crujido de los escalones y las voces que venían del patio, las radios encendidas, las canciones que inundaban su espíritu y su cuerpo... Llegó a la calle, y mientras encaminaba sus pasos hasta la pequeña plazuela del barrio donde estaba la mercería de Doña Sara, pensaba que no había nada que hacer, que su madre nunca la dejaría cantar en la radio, que tendría que conformarse con esos momentos de “gloria” a los que tenía acceso de tarde en tarde cuando acompañaba a su amiga Conchi a ver a su madre, que limpiaba en uno de los cabarets del barrio chino. Allí había un pequeño escenario con un micrófono, y ella se subía y se arrancaba con esas coplas que tan bien cantaba… Mientras, Conchi, su madre y el encargado del local, cerrado a esas horas, sonreían y aplaudían.

Al llegar de nuevo a casa, Manuela la estaba esperando sentada a la mesa de la cocina con un tazón de café con leche y sopas. Hizo que se sentase a su lado y, tomándole la mano, le dijo que había estado pensando, y que después de mucho darle vueltas al tema había decidido dejarla hacer esa prueba, que total, nada se perdía y ella, Manolita, podría cumplir una parte de su sueño, cantar ante un micrófono de verdad y ante un público de entendidos en la materia. Así que Manuela dio su consentimiento y llamaron al señor Pedraza.

En ese instante, en la radio sonaba el programa de canciones dedicadas, ése en el que los novios y esposos se mandaban mensajes cifrados a través de inocentes canciones. Lola la piconera le devolvió la calma y la sonrisa a la cara. Iría a la radio, haría esa prueba y sería elegida, estaba segura. Se abrazó a su madre entre risas e hipos nerviosos. La prueba, como era de esperar salió bien, muy bien, y Manolita fue seleccionada directamente para el programa del sábado doce de mayo, donde tendría que pelear con otros nueve aspirantes por conseguir una plaza en las semifinales del concurso.

Los días siguientes fueron de mucha emoción. Todo el barrio estaba alterado, ¡Manolita, la chica de la modista del trece, iba a cantar en la radio! Las monjitas le dieron todas sus bendiciones y un escapulario de la Virgen para que la protegiera y ayudara, sin dejar de repetir que rezarían y rezarían a cada momento por ella sentadas alrededor de la radio el sábado por la tarde. La señora Sara en la mercería, Pedrito el tendero… Todos estarían pendientes de las ondas ese día.

Manuela le hizo un vestidito blanco con festón de galletilla de color azul, a juego con sus ojos, en el escote. Estaba preciosa. Su madre y el tío Salvador estaban entre el público, y los aspirantes a nuevos valores de la canción esperaban nerviosos su turno para demostrar su arte.

Y llegó el momento. “¡Y ahora, con todos ustedes —anunció Agustín Pedraza—, Manuela Garcés!”

Entonces ella se adelantó con paso firme, sacudió su melena hacia atrás, los focos la iluminaban dando un brillo especial a su cabello, que lanzaba fuego. El corazón le latía como si fuera una legión de caballos salvajes al galope; un sudor frío recorría su espalda, pero ella caminaba con una sonrisa en los labios, y con la seguridad y el aplomo de alguien que sabe que ése es su puesto, que ha nacido para estar sobre un escenario. Se detuvo un momento, alisó su vestido e hizo un último ademán sacudiendo ligeramente todo su cuerpo. Hormigas le trepaban por las piernas y un ejército de mariposas revoloteaban en su estómago; la cabeza le daba vueltas y el vértigo se le asomaba por los ojos, centelleantes. Subió los cuatro escalones hasta el escenario, sujetó con fuerza el micrófono y, tras los primeros acordes de la orquesta, se escuchó por todo el estudio una voz clara y potente…

“Échale guindas al pavo, pavo... échale guindas al pavo, que yo le echaré a la pava, azúcar, canela y clavo… que yo le echaré a la pava, azuquita, canela y clavo…"
















Foto: De la memoria familiar Texto: Edurne Vídeo-canción: Youtube (el vídeo desapreció hace un tiempo, ahora he tratado de insertar la canción original cantada por Imperio Argentina y Miguel Ligero, no sé si saldrá, si es así, pido disculpas, la tecnología suele resistírseme...)

viernes, 17 de junio de 2011

QUISIERA



Quisiera tener la receta
que aplacase los males del alma,
el jarabe que calmara
la tos del sufrimiento.

Quisiera poder ver más allá
de las lágrimas que enmudecen
mi risa y acallan mi alborozo,
emborronando mi horizonte.

Quisiera saber decir las palabras
mágicas que obrasen el milagro,
que cubriesen de flores
el manto de mi pena vieja ya.

Quisiera cerrar los ojos,
poder dormir y transitar
valles de sueños azules y blancos,
donde olvidar estos pellizcos de tristeza.

Quisiera que mis fuerzas
no fallaran a la hora de la verdad.
Quisiera, pero sé que mi destino
en las nubes escrito está.


Pintura: Antonio Texto: Edurne

viernes, 3 de junio de 2011

VIDAS DE SANTOS


Estaba predestinado. Con ese apellido no podía llevar otro nombre. Nació el pequeño en la cama de sus padres, en la casa familiar del barrio de Nazaret en Valencia. Para más inri fue el 4 de octubre de 1924, festividad del santo. Su madre, tocada de un fervor religioso totalmente inusual en ella, pensó que llamarle como el noble franciscano sería como un talismán de la buena suerte, así que se salió con la suya y, muy a pesar del disgusto del marido, consiguió cristianar al recién nacido con el nombre del santo de Asís.

En la familia del padre hubo además algún ascendente italiano; había que remontarse a la época en que el reino de Nápoles y Sicilia perteneció a la corona de España, lo que facilitó un trasvase humano entre las dos penínsulas. El antepasado venido de Italia acertó en su destino y trajo con él lo que sería el germen de la próspera economía de generaciones posteriores. Domenico de Asís, tal y como figura en los anales de la historia familiar, fue un intrépido napolitano con ascendente en la provincia de Perugia que tenía como profesión la de herrero, pero no un herrero cualquiera, sino un artesano del hierro solicitado por todos los nobles y soldados, tanto por sus espadas como por todo tipo de armas e incluso por sus herraduras; los caballos que las calzaban tenían otro aire, otra alegría. Y así llegó hasta Valencia donde, visto el éxito que obtuvo, decidió establecerse y emparentar con la villa por medio de alianza matrimonial. El resto de la sangre de nuestro niño era valenciana y bien valenciana; su madre, sin ir más lejos, estaba directamente vinculada con don Vicente Blasco Ibáñez. Y tal vez porque el destino lo querría así, aunó en él amor a la naturaleza y desenvoltura en la palabra. Así que Francisco de Asís e Ibáñez vio sus primeras luces en el barrio de Nazaret de la ciudad valenciana, donde se fraguaron sus primeros sueños infantiles.

Sueños y años mimados por sus cuatro hermanas, ya que al ser el único varón y el menor de los hijos gozó de todos los favores por parte de la familia al completo. Por el padre, porque era el único hijo, el que heredaría el pujante negocio familiar de la fábrica de forja y la ferretería del centro de la ciudad; por la madre, porque era su niño, su regalo, su seguro para no volver a quedar embarazada, pues su marido había conseguido lo que quería y la dejaría en paz; y por sus hermanas, porque era como un juguete y un entrenamiento para días venideros, sobre todo para las dos mayores, que veían en el hermano al hijo que tendrían no sin tardar mucho tiempo. Todo eran risas, mimos y relajo en la vida del pequeño Francisco.

Cuando estaba presto a realizar la Primera Comunión, don Camilo, el párroco de la iglesia de Los Desamparados, le dijo que llevando nombre de santo, su vida tendría que ser ejemplar, y que él habría de ser el garante de la pureza espiritual de su familia, dado que soplaban malos vientos para la fe. Francisco no entendió nada, él no era más que un niño y en lo único en que pensaba era en jugar y divertirse. Tan solo años más tarde entendió las palabras del cura.

Al estallar la guerra, el padre fue capeando sus envites y consiguió mantener a flote el negocio. Al finalizar la contienda, para sobrevivir y seguir manteniendo el estatus de la familia, tuvo que fingir una afinidad que no sentía hacia los nuevos mandatarios. Pero Francisco, que despertó pronto a la vida, tomó un partido claro y al cumplir los catorce se enroló en las filas del ejército republicano, o lo que quedaba de él. Era el año 1938 y todavía le esperaba un año entero de lucha, de penurias, cruentas batallas, desesperación, miedo, hambre, lágrimas… Después, pasó un tiempo huyendo con los maquis por los montes de todo el Levante y Cataluña hasta que llegó a los Pirineos y pudo pasar al otro lado, donde le pilló otra guerra. Fue una época dura para él, pues tuvo que pagar con vidas ajenas el precio de mantener la suya a salvo. No se sentía orgulloso de ello, pero las circunstancias lo habían abocado a tales acciones. Por eso se juró a sí mismo que en adelante solo dedicaría sus esfuerzos a construir, cuidar, ayudar, crear y prodigar vida.

Tenía veinticinco años cuando le hicieron prisionero los nazis por ser colaborador de la Resistencia Francesa y lo mandaron a un campo de concentración en Alemania de donde, milagrosamente, salió vivo. Hasta de las mayores desgracias se obtiene algo positivo, y para Francisco lo fue el encuentro con las pequeñas mascotas de los hijos de Friedman, el comandante del campo. Una mañana de invierno, mientras hacía su turno de limpieza, encontró a los gatitos medio moribundos cerca de las letrinas de los barracones de la zona norte. Los animalillos se habían escapado y llevaban unos días vagando muertos de frío, casi sin alimento… Los recogió y con sus cuidados consiguió sacarlos adelante, por eso recibió una especie de trato de favor que se tradujo en una ración especial de comida diaria y que él compartía con sus compañeros. Los animales salvaron su vida, no tenía la menor duda, como cuando años atrás en España, huyendo de la Guardia Civil, un viejo asno consiguió llevarle hasta el otro lado de la frontera.

Al principio, y con una libertad recién estrenada, con heridas en el cuerpo y en el alma, no supo qué hacer, a dónde dirigirse… Volver a España no era buena idea, aunque sí debía buscar la forma de comunicarse con su familia, de la que no sabía nada desde hacía años, ¡los echaba tanto de menos! Alemania estaba en ruinas y había que levantar el país, todas las manos eran pocas. Tenía un par de amigos de Mathaussen: Karol, un polaco grande y sonrosado, con un pelo del color de la paja y unos ojos grises que siempre mostraban el infinito, un noble corazón y una sonrisa siempre dibujada en su cara; y Serafín, un pastor de Albacete que había corrido la misma suerte que él huyendo de los nacionales. Ninguno de los tres quería quedarse allí ni tampoco volver a su tierra; además, se habían acostumbrado los unos a los otros y eran la única familia que tenían, se tenían mutuamente. Así que iniciaron una especie de peregrinaje por el país mientras decidían qué hacer con sus vidas.

El primer año lo pasaron en Alemania, manteniéndose a base de trabajos mal pagados y ayudando a restaurar casas y otros edificios a cambio de comida y un techo donde pasar la noche. En realidad, preferían las zonas rurales; en las granjas encontraban mejor recibimiento y a ellos se les daba muy bien ese mundo. Francisco tenía una mano especial para los animales; Karol los bautizaba a todos y además era como una garantía de buena gente para los campesinos que los acogían; y Serafín era capaz de solucionar mil y un problemas. En este deambular se les unió un pobre can que recogieron de entre las ruinas de una iglesia en un pequeño pueblo. Rufus, así lo bautizó Karol, se les hizo inseparable e imprescindible; fiel como solo saben ser los animales en el estado en el que se encontraba, fue la única alegría que la vida les deparó en esos tiempos tan amargos. Francisco no comprendía cómo Dios, si es que existía, podía permitir todo lo que había ocurrido, lo que se iban encontrando a cada paso. Y entonces recordó las palabras que le dijera don Camilo, el párroco, poco antes de su Primera Comunión. Si supiera todo lo que había tenido que hacer para seguir con vida, se espantaría y le excomulgaría ipso facto.

Fue transcurriendo el tiempo y poco a poco sus pasos les condujeron hasta la frontera con Suiza después de atravesar también Francia, donde no terminaron de encajar del todo. Entre los tres amigos formaban un conjunto bien avenido y capaces de realizar cualquier tipo de tarea, pues cada uno era especialista en unas cuantas cosas. Suiza se presentaba ante ellos como un paraíso donde poder comenzar de nuevo. Allí serían libres, había grandes pastos, terreno para la agricultura y la ganadería, había también una industria floreciente y, en cuanto al idioma, tenían dónde elegir. Para ellos no representaba ningún problema, ya que hablaban francés, alemán e italiano. Estaba claro, Suiza era el sitio ideal para establecerse.

En un principio se quedaron en casa de Frederick, el Rubio, un próspero campesino que los acogió sin reparos desde el primer día. Frederick y Claudia, su mujer, tenían tres hijas, Carlota, Clarisse y Catterina; y tan solo un hijo, Franz, demasiado joven todavía como para hacerse cargo de las tareas de la granja. Por lo que la llegada de los tres amigos al seno de la familia Müller fue más que providencial.

En 1954 Francisco se casó con la tímida Clarisse; y más tarde, siguiendo su estela, Serafín también matrimonió con la hermana mayor, Carlota. El viejo Frederick estaba encantado, ¡le habían nacido dos hijos de golpe! Y el negocio pasó de ser una próspera pero tranquila explotación familiar, a una empresa con aspiraciones más allá de las fronteras suizas. En cuanto a Karol, hacía tiempo que venía mostrando inclinaciones hacia una vida más espiritual, por lo que decidió volver a Polonia e ingresar en un seminario, y como sabrían más adelante, le fue muy bien en la carrera eclesiástica, siempre habían pensado de él que tenía madera de santo...

La granja de los Müller pasó a ser una floreciente explotación ganadera, y todo gracias a la producción lechera diaria. Francisco introdujo métodos propios en el ordeño que conseguían unas cuotas de leche nunca antes imaginadas. Dicen que sus modos eran poco ortodoxos, pero los resultados excelentes; solía quedarse a solas con las vacas y les hablaba, les contaba historias que él mismo inventaba; y ellas, calladitas, solamente se dedicaban a dejar que la leche manase de sus ubres abundantemente. Las vacas estaban encantadas, eran más felices, eso se notaba al contemplarlas cómo pastaban tranquilamente, y verlas dormir como benditas en los establos… Se podía decir que las vacas de los Müller eran vacas queridas, tratadas con respeto, y que ellas, sintiéndose así, correspondían a ese cariño. Con el excedente de leche se aventuraron a ampliar la oferta de la granja, fabricaron quesos y otras especialidades lácteas que pronto adquirieron una fama más que justificada por toda Europa: «Milch und Milcherzengnisse Die Farm San Francisco-Müller» [Leche y productos lácteos La Granja San Francisco-Müller].

Parecía que la vida, al fin, le recompensaba de alguna forma; ahora podía vivir tranquilo, había encontrado y formado una familia, el futuro se presentaba esperanzador para él y los suyos. Y respecto al pasado, a su primera vida, Francisco prefería no pensar demasiado en ella. A España no quería volver, sabía que de su familia no quedaba nadie, o al menos él así lo creía, y no iba a permitir que la pena y la venganza se instalaran en su corazón. Pero llevaba muy dentro, bien guardado, el recuerdo de su madre, el olor de su tierra, la luz de su cielo, las risas de su infancia, las caricias de sus hermanas, los consejos de su padre… Con eso tenía suficiente para seguir adelante. Atesoraba mucho para poder transmitir a sus hijos. Solamente tenía que dejar que la vida siguiera su curso.

Y así fue. Su vida transcurrió tranquilamente entre establos, vacas agradecidas y la familia. Todo había sido como un milagro; hasta que un 4 de octubre de 1989, un estúpido accidente de bicicleta tratando de esquivar a un perro que le recordó al viejo Rufus, acabó con su vida el mismo día en que cumplía sesenta y cinco años. Siempre había albergado un profundo agradecimiento hacia los animales, ellos le habían salvado la vida tantas veces que, ese día, por fin saldaba su deuda.



Imagen: Internet Texto: Edurne





jueves, 2 de junio de 2011

HOY AMENAZA RUINA MI CASA (Replay)




Hoy amenaza ruina mi casa.


Soplan vientos helados que llegan


desde la oscuridad más profunda.


Ruina de lágrimas perdidas entre azules cobalto


y fraudes de almas podridas.


Perdimos la llave de la puerta


que abre la estancia de la alegría.


Hoy amenaza ruina mi casa.


Se desbocaron los dolores en mi pecho


aletargados, de toda vista expulsados.


Cantaron los cuervos con fuerza


y cayó la noche sobre mis ojos,


en ti prendidos.


Ruina de agua, de viento y furia


rompiendo en mi dique salvavidas.


Ruina de temores,


de viejos miedos


de pronto en pie y alocados.


Hoy amenaza ruina mi casa.


Siento la vida que me ahoga,


que me reclama y yo, que sucumbo


a ese nudo que sube por mi garganta.


Ruina de llantos, amigos del camino


en mí crecidos.


Ruina de días en vano esperados.


Ruina de noches, a ciegas vividas.


Hoy amenaza ruina mi casa...






Foto y texto: Edurne (publicado en este blog el 6 de febrero de 2009)