jueves, 28 de enero de 2016

ESTE CORAZÓN MÍO


Preso está mi corazón de tu amor.
Encerrado en cárcel de lágrimas y cristal,
secuestrado por el dulce dolor que derrama tu boca,
ansioso de las manos que calman sus latidos
cuando la noche se hace oscura.
No es mío este corazón
que me mantiene viva.
No,
que por mí ya no suspira.
¡Míralo, ahí va!
Sí,
tras tus astutos  pasos camina,
escondido entre las sombras de tu vida,
a la espera de una mirada,
con la súplica de una caricia
en los ojos escrita…

Selfi, manipulación y Texto: Edurne


domingo, 24 de enero de 2016

Y VAN DOS




Dos años que tu barca llegó a puerto.
Dos años y ahí está,
como siempre:
tranquila,
igual que tú,
un hombre tranquilo.
Dos años,
y a veces, me parece oír
tu voz,
tus pasos,
tu risa…
De pronto,
te veo en la calle,
caminando entre la gente.
¡Hasta creo tocarte
si estiro mi mano!
Dos años ya desde que marchaste.
Llovía mientras tu mano
se aferraba a la mía,
mientras toda tu vida
reposaba en la mía.
Y te fuiste.
En silencio,
envolviéndome con tu amor.
Dos años y día a día
te vivimos en cada rincón,
en cada mirada,
en cada palabra,
en cada vuelta a la esquina…
Siempre estás,
siempre estarás,
ya sean dos, cuatro, diez…
los años que marquen
el día de tu partida.





Foto 1 y Texto: Edurne. Foto 2: Aitor (de la memoria familiar). Hoy, 24 de enero, se cumplen dos años de la muerte de mi aita.




lunes, 18 de enero de 2016

MÁS BUENA QUE EL PAN (Esbozo sujeto a cambios y reformas)



Trabajar en el turno de noche de la panificadora “Un trozo de pan” era considerado un privilegio para los tiempos que corrían. Tenías asegurado el puesto, te pagaban un plus de 20€ a la semana ¡y encima te llevabas una barra de pan gratis todos los días a casa!

            Así que, a pesar de las alteraciones en el sueño que había empezado a notar, Marta no comentó nada a nadie y siguió con su trabajo, pensando que tal vez algún día ya no notaría nada extraño. Solo tenía que acostumbrarse.

Le debía aquel puesto a la  intersección que hizo Ramón Gayarre, el amigo de su padre, ante don Cosme Gallastegui, su consuegro y gerente de  la fábrica. Haber conseguido un puesto así, sin tener experiencia previa en trabajos semejantes, y sin haber pasado selección alguna… Era para estar calladita como una tumba y no protestar por nada.

            Ya llevaba más de medio año trabajando en el turno de noche. Está claro que ella hubiera preferido el de mañana, o incluso el de la tarde, y estar en las cintas empaquetadoras o en tienda, atendiendo al público, que no se le daba nada mal eso de las relaciones públicas. Pero no, parece que no había más puestos libres que aquel del turno de noche, haciéndose cargo de la dichosa máquina, la amasadora, con un ruido y un movimiento constante, constante, constante… Y con esa luz que la dejaba insomne, con verdaderos problemas para conciliar el sueño.

            Se metía en la cama cuando su hermana salía para ir al instituto y su padre al taller. La madre le tenía preparado un buen desayuno y después de asegurarse de que se metía en la cama, se ponía con sus labores domésticas, procurando hacer el menor ruido posible para no alterar el sueño de Marta, sin saber que ella, Marta, sentada en el borde de la cama y con la luz de la mesilla encendida, repasaba mentalmente el número exacto de vueltas que daba la maldita amasadora hasta que toda aquella mezcla se convertía en una gran y pesada bola, girando sin fin en las paredes frías de la máquina. Una, dos, tres, cuatro, veinte, veintidós, treinta, cuarenta y ocho… Entonces se metía en la cama y, con la luz encendida, se quedaba tumbada boca arriba, con la mirada fija en el techo, blanco, como aquella masa harinosa que la envolvía día y noche… En algún momento impreciso, sus párpados caían, pesados, sobre sus ojos, y la sumían en un sueño entrecortado y plagado de ruidos: un, dos, tres, cuatro…

            Cuando su madre entraba, despacito, para decirle que ya estaba la comida, le apagaba la luz de la mesilla y subía un poco la persiana de la ventana, provocando que Marta cerrase con fuerza los ojos. Le costaba levantarse, y cuando lo hacía, tardaba demasiado en reincorporase a la vida normal.

            Hacía un tiempo que había empezado a encender las luces de cada estancia por la que pasaba. Decía que no veía bien y que necesitaba más luz. Al principio nadie le dio importancia al hecho, eso sí, todos pensaron que la factura de la luz se vería ligeramente incrementada, pero… Conforme pasaba el tiempo, esa “manía” se fue convirtiendo en algo realmente molesto, ya que además de encender las luces, cerraba cortinas y bajaba persianas. ¡Se había acostumbrado a la luz artificial!

            Antes de volver al trabajo le gustaba dar un largo paseo por la ribera del río, justo desde el Puente del Ángel hasta donde las aguas se perdían entre los árboles del Estanquillo. Entonces volvía sobre sus pasos y parecía que la Marta de siempre había vuelto también. Pero solo por poco tiempo, mientras ayudaba a su hermana con los deberes o se preparaba el bocadillo y el termo de Cola Cao para pasar la larga noche. A la mañana siguiente, la luz les devolvía una Marta diferente.

            Así fueron pasando los meses sin que nadie se percatara del verdadero cambio de Marta. Se acostumbraron a las manías de encender luces, correr cortinas y bajar persianas, pero no, no eran conscientes del gran cambio, nadie salvo su hermana Maite, que cuando abría sus cuadernos en clase siempre caían unas migas de pan perdidas.

            La casa siempre estaba cubierta por un leve y sutil manto blanquecino, harinoso, como el polvo que se hace visible al trasluz. La cara de Marta se iba hinchando poco a poco, como la masa de pan cuando crece gracias a la levadura y el reposo. Los ojos, se le iban achicando, la piel se le iba agrietando y tostando, tal y como les ocurre a los panes en el horno.

            Una mañana, cuando llegó a casa después de terminar su turno, no quiso ver a nadie, ni siquiera desayunar. Se fue derecha a su habitación. Nadie se atrevió a preguntar nada. “Estaba rara”. “Era cansancio, agotamiento”. “Es que eso del turno de noche es muy duro”, murmuraban los padres sin atreverse ni a mirarla. Solo Maite dijo que ella sabía lo que pasaba. Los padres la miraron espantados. “Es que se le está poniendo la cara como un pan”, sentenció la hermana.

            Cuando llegó la hora de la comida, la madre, temerosa, solicitó la ayuda del marido y de la hija pequeña para acercarse a la habitación de Marta. Golpeó con los nudillos, una, dos veces… Suave. Y susurró su nombre: “Marta, hija, que ya es la hora de comer, ¿estás despierta, te encuentras bien?”. Nada. Silencio al otro lado. Miraron por la rendija y la luz estaba encendida, como todas las mañanas. Volvieron a insistir, el padre, la madre, Maite… ¡Nada! Comenzaron a asustarse, pero no se atrevían a franquear la puerta. El temor a encontrarse con algo que no pudieran encajar, los retraía.

            Fue Maite la que tomó la iniciativa. Tomando las manos temblorosas de sus padres entre las suyas, respiró hondo, empuñó la manilla de la puerta, abrió y entraron.

            Un olor a pan recién hecho les golpeó nada más entrar y casi salen de nuevo. Subieron las persianas con miedo y, efectivamente, al acercarse a la cama para apagar la lucecita de la mesilla, algo extraño había ocurrido: ocupando el lugar de Marta en el colchón, una hermosa hogaza de pan recién horneada parecía estar esperando a ser alabada por su hermoso aspecto…

 Imagen: Internet. texto: Edurne


sábado, 9 de enero de 2016

HOJARASCA



Como hojarasca en la frontera de los afectos,
llega este tumulto de besos desorientados
en busca de tu boca.
Y así se lanzan mis anhelos
en pos de tu mirada,
esa que llevo en mi pecho
como un tesoro albergada.
¡Mírame!
Aquí me planto,
haciendo la guardia ante tu puerta.
Oculta está la cancela,
insensible
por el maldito viento
que sopla fuerte,
que hiela la sangre
y adormece los recuerdos.
¡Siénteme!
Mi calor reaviva el fuego
y despierta tu piel
que respuesta da a mi aliento,
ya unidos en
cobijo y deseo.


Foto, manipulación  y Texto: Edurne


jueves, 31 de diciembre de 2015

LAS UVAS DE LA IRA (Sic.)



Estas son las novenas “uvas de la ira” que tomo junto a todos ustedes desde que comencé esta singladura orillera, allá por el año 2007.  

Puedo decir que siguen siendo “de la ira”, aunque yo no sea de iras ni nada parecido, pero, algo en mi interior se rebela, se levanta en armas ante tanto despropósito de todo tipo, del emocional, del vital y del día a día, del real, del imaginado, del acaecido y acontecido, del que esperas, intuyes y sospechas, y del otro, del que nunca imaginarías que pudiera suceder(te/nos)…

Los años van pasando, como las olas que se suceden una tras otra. Y a veces una se pregunta si no será todo como un mal sueño, si no habrá que esperar a que todo pase y podamos abrir los ojos sin temor a ver lo que nos rodea de verdad. No sé. Siempre fui muy soñadora. Soñadora de sueños con ojos cerrados y ojos abiertos. Y a veces, solo a veces, creí confundir sueño y realidad. Aunque, cualquiera sabe, tal vez sea un sueño lo que vivimos, y lo que soñamos, lo que de verdad vivimos…

En lo personal, estos años se me están atragantando, como las uvas, que nunca pude con ellas. Y cada fin de año me digo que el siguiente será el bueno, el de volver a empezar, el de hasta aquí hemos llegado en las penas, en los sustos y en lo puñetero de la vida. Sí, todos los años albergo la esperanza de que al despertarme en un año más, todo haya cambiado, así, de un plumazo. Craso error, parece mentira que tenga la edad que tengo, la experiencia que acarreo y que no me conozca de qué va la vida… Parece mentira, sí, pero, ¿qué quieren? De ilusión también se vive.

Así que levanto mi copa por lo que ha de venir, que seguro que será bueno para todo el mundo (no pierdo la fe, quiero seguir siendo optimista y creer que así será, de lo contrario, estaría perdida). Si algo me caracteriza es eso, mi tesón, mi cabezonería, mi testadurez… Peleo por lo mío como una leona, como una loba, y no tiro la toalla ni loca.

Haciendo alusión a la frase tan manida de “No corren buenos tiempos para la Lírica”, podemos darnos cuenta de que la expresión es más que cierta, pero, ya cambiarán las torcas en cualquier momento.

Que este nuevo año que comienza en un ratito y medio, nos traiga mucha paciencia, mucha tolerancia, más humildad, responsabilidad y seriedad. Que también sea generoso en amor, en paz, en buenas palabras y obras; que se haga el loco y deje que el maná del cielo caiga sin medida sobre todos aquellos que más lo necesitan. Que la sinceridad y la “limpieza” de espíritu sean condición imprescindible para ponernos al frente de la tribu. Que la empatía sea moneda de obligado uso entre todos nosotros.

Y, en fin, que seamos inteligentes y honestos a la vez, que sepamos valorar lo que tenemos y cuidarlo, porque, solo cuando lo perdemos lo lamentamos. La vida es corta, pero muy intensa. Vivirla a tope y sin dañar a nadie no es tarea que no podamos cumplir. Ser felices, es nuestra obligación, y hacer felices a quienes nos rodean, nuestra recompensa mayor.
¡Y celebremos la vida!

¡FELIZ AÑO 2016! URTE BERRI ON!







Fotos, manipulaciones y Texto: Edurne. Uvas: de la cocina de mi amatxu.

jueves, 24 de diciembre de 2015

OTRA NAVIDAD MÁS...



Otra más. Y bueno, yo estando como estoy pues, muchas ganas no es que tenga, pero, no quiero dejar de ser la de siempre y por eso me resisto a caer en mi propio olvido.

Una ola, otra y otra… que vienen y van, ya se sabe, es lo que tienen las mareas. Pues eso, entre ola y ola, me asomo a tomar aire y de paso a desearles que la vida les sonría, que todos sus sueños y proyectos, vayan tomando cuerpo; que la paz y la Armonía reinen en sus vidas, y que todo sea luz, que no haya oscuridad. Ni penas ni lamentos.

Vendrán mejores tiempos para quienes estamos caminando entre nieblas, y para aquellos que realmente las están pasando negras.

La vida te da y te quita. Agarraremos lo bueno, y exprimiremos al máximo esos pequeños momentos de felicidad efímera. Guardar para recuperar en los momentos de escasez…

¡Gracias por su fidelidad de tantos años, gracias de todo corazón!

EGUBERRI ETA URTE BERRI ON!
¡FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!

No se olviden de ser felices, de quererse mucho y de mantener a su lado a quienes realmente nos importan e importamos.

¡Muchos besos y abrazos!





Postal: Edurne. Foto manipilación: Edurne

domingo, 20 de diciembre de 2015

LA VIDA SIGUE/SIGUE LA VIDA





La vida sigue por las sendas
que marcan el viaje de nuestros anhelos.
Siguen las manos que piden,
alzándose al cielo.
Siguen los ojos que lloran,
enjugando lágrimas y lamentos.
Siguen las bocas que piden,
llamando sin ser oídas…
Sigue la vida.
Igual.
Cruel.
Injusta.
Pero también
única
y maravillosa,
testigo de nuestro paso,
de la huella de este presente,
esperanza de un futuro
que ya viene por el túnel del tiempo
su turno reclamando.


Foto y Texto: Edurne

domingo, 13 de diciembre de 2015

ME ESCONDO EN LOS ESPEJOS



De niña,  jugaba a encontrarme
detrás de los espejos,
como una nueva Alicia
en busca del País de las Maravillas,
del que existía en mi fantasía
—hoy sé que no es cierto—.
En casa de los abuelos
había una vieja luna encastrada
en el armario de la bisabuela.
Aquel espejo me daba miedo.
Cuando me atrevía a entrar en la habitación,
oscura y fría,
notaba que alguien me observaba
desde el fondo de la luna.
Mil ojos me miraban y yo era incapaz
de salir corriendo.
Sabía que allí detrás estaba la respuesta,
allí, detrás de aquel azogue
que asomaba descarado y arrogante.
Descubrí su secreto
y por eso ahora,
yo también
me escondo en los espejos.


Imagen: Internet, Texto: Edurne

lunes, 7 de diciembre de 2015

Y SIGO CAMINANDO



Hoy llega mi vida a este puerto.
Hoy me dibujo la sonrisa en la cara.
Hoy escribo que soy feliz y
casi me lo creo.
Hoy regalo besos, abrazos
y buenos deseos.
Hoy, decido que me quiero, 
porque nadie más ve mis noches
de angustia ni
mis días en puro suspiro;
porque nadie más sabe cómo 
es esta niña que acuno hora tras hora, 
ea, ea, ea...
para calmar su llanto.
Hoy me planto en este escalón, 
el número 56, 
tan bueno como otro cualquiera, 
y desde aquí arriba
tomo aire, 
respiro, 
sí, respiro.
Hoy me hago niña grande, 
me salto los protocolos:
no fui esposa, 
no fui madre, 
ni si quiera soy abuela
¡que pudiera!
Soy mujer, 
soy persona,
soy buena gente.
Y hoy cumplo
con el ciclo de la vida, 
me llevo 56 años 
bien repletos y 
guardados en mis alforjas.




Imagen. Internet. Foto: Antonio, Texto: Edurne



lunes, 30 de noviembre de 2015

TE ECHO DE MENOS




Echo de menos tu aliento en mi piel,
y tus manos que acarician mi alma
cuando viaja,
ausente,
entre las estrellas de nuestra Vía Láctea.
Echo de menos tu  mirada
vistiendo  mi desnudez al alba,
tus pasos que caminan mi cuerpo
y tus besos que a ti me enlazan.
Echo de menos amanecer cogida de tu mano,
con la felicidad enredada entre mi pelo
y tu boca perdida en mis entrañas.

Pintura: Antonio. Texto: Edurne

miércoles, 25 de noviembre de 2015

VUELO LIBRE





¡No! Por si alguien vuelve a preguntármelo otra vez, ¡no, no lo vi venir!
Es muy fácil ver las cosas desde el otro lado, detrás de la barrera, mientras que una está en el coso, tiñiendo de rojo el albero, toreando las embestidas que ése que se hace llamar “tu marido”, te asesta un día y otro también sin piedad alguna.

Muy fácil ver cómo iba a terminar todo, y más todavía cuando los hijos a los que hay que cuidar y proteger no son los propios, sino los de la que está tratando de esquivar los envites. Y encima es más fácil todavía asumir el papel de protector…

Pero no vale. Hay que estar en la piel de alguien como yo para saber lo que es vivir en la oscuridad más hermética, sin aire que respirar, teniendo que dormir con un ojo despierto, con la piel alerta y el corazón en el exilio de los afectos…

Y no, lo vuelvo a repetir: ¡no lo vi venir!

Al principio, al poco de conocernos, yo ya sentí que tenía algo especial, no sé, su mirada, su forma de sonreír, cómo se me acercaba a preguntar qué tal estaba, si me encontraba a gusto allí… Y es que yo acababa de llegar nueva al instituto.  Mi padre había muerto y mis hermanos, mi madre y yo nos habíamos tenido que trasladar a vivir a casa de mis abuelos, una casa bastante más grande que la nuestra, y también  porque no podíamos pagar aquella en la que habíamos vivido hasta entonces, la casa que estaba ligada a nuestra infancia, a todos nuestros recuerdos, los buenos y los malos…

A mis catorce años yo era una adolescente tímida y fácilmente impresionable. Él fue el único chico, él ha sido el único hombre en mi vida. Lo tuvo muy fácil. Recién salida de la infancia, de su mano me interné en una adolescencia llena de zozobras y miedos. Miedo a no ser suficientemente guapa y lista para él, a no hacer lo que me pedía que hiciera; miedo a que me dejara por otra, por cualquiera de las que siempre revoloteaban a su alrededor, y porque así me lo hacía ver. Así me tuvo todos aquellos años, mendigando una caricia, un beso… Hasta que le demostré que por él era capaz de todo.

Él me hizo suya y me encerró en esta jaula. Tiró la llave muy lejos, tanto como grande era mi temor a que dejara la puerta abierta y me dijera que saliera, que ya no me necesitaba. Pero ahora, después de casi cuarenta años, acabo de salir yo sola de ella. Entré siendo casi una niña y salgo convertida en una esposa humillada y maltratada, en una madre amantísima y abnegada, y en una abuela entregada y temerosa. Una mujer perdida.

Y ahora, solo ahora, es cuando todo el mundo se está enterando de lo que ha sido mi vida en realidad, lo que había tras esa cortina de humo que yo dejaba escapar para que cubriera la verdad.

A los tipos como él no se les ve venir. Son de los que saben dar una de cal y otra de arena, así, rápido, rápido, para que no te dé tiempo a reaccionar y pienses que todo ha sido un mal sueño. Son de los que un día alaban lo que haces, cómo eres, y que te dicen muy bajito que sin ti no serían nada… Todo para ablandar tu corazón y hacer que te sientas culpable por haber querido huir de la jaula. Y también son de los que utilizan tu amor de madre para tenerte sujeta, segura, porque los hijos, ¡ay, los hijos.!

Y vas trenzando con hilos de frágil algodón el mundo en el cabéis todos. Inventas una felicidad pequeñita, pero que te sirva para seguir avanzando un paso más cada día. Te alimentas de un abrazo a deshoras, de un “te quiero” apenas balbuceado, de un viejo sueño una y otra vez desempolvado. Y te lo crees, te lo quieres creer.

Tapas las heridas de dentro y de fuera, los golpes, las ojeras, los insultos, reproches y sinsabores, todo lo escondes con mano hábil y temblorosa. Y así un día y otro, un año y otro.

Ante ti desfilan desprecios, amantes, engaños… Y de vez en cuando un beso de marido culpable, una mirada menos dura, una media sonrisa… Y piensas que todo está bien, que tu mundo no se caerá todavía. Aguantas un poco más. Aguantas  por esto, por lo otro y por lo de más allá. Disculpas, autoengaños…

Hasta que un día, a una se le cae la venda bien caída, no a medias, ¿sabes cómo te digo? Así, como si se hubiera hecho de día de repente y tanta claridad te dejara completamente ciega, tanto, que no pudieras soportarlo y tuvieras que apagar la luz para que nadie vea tu vergüenza, para que nadie sepa de tu pena arrastrada por los cuartos más oscuros de tu pobre,  triste y pequeña vida.

Y es la última mano alzada, el último exabrupto salido de su boca, la última amante que paseó por tu cara, lo que hace que digas que ya nada importa, y que grites ¡ya basta!

No, no lo vi venir. Solo cuando dejé de estar ciega, dormida, amordazada, muerta del miedo a perderle, del miedo a contar mi verdad, solo entonces tuve la fuerza suficiente para abrir la puerta y echar a correr hasta llegar aquí, hasta encontrarme con aquella que fui. Estoy sola, desnuda, sin nada, pero me tengo a mí y estoy viva. 
La VIDA me espera.







Foto: Edurne,  de una escultura de no recuerdo quién, expuesta en ARTMADRID de esta pasado Febrero. Texto: Edurne (breve ejercicio y reflexión sin corregir). Imagen. Circula por la Red estos días, en casi todos los perfiles de nuestros Whatsapps.

Ni una más. Ni una mujer más que sea humillada, maltratada, asesinada. Y ni un hombre más que sea humillado, maltratado y asesinado, porque menos, pero también los hay.

domingo, 22 de noviembre de 2015

IMAGINAR UN MUNDO DISTINTO



Vídeo:  (UNICEF) Youtube. Canción: J. Lennon, Sentimientos: de tod@s.

martes, 10 de noviembre de 2015

SIN TÍTULO (IV)



Ahí arriba repican con furia
las campanas de mis adentros.
Tocan a muerto.
Lloran por todos los dolores
de un año eterno.
Ahí abajo reclaman las ánimas
su sustento:
el alma de mi amor ciego.




 Foto, manipulación  y Texto: Edurne. Ilustración "El viaje de Dante por el infierno" de Gustave Doré: Internet.

domingo, 8 de noviembre de 2015

PASEANDO EL DOMINGO


Sacas a paseo las prisas por escapar
de la cárcel en que se ha convertido tu vida.
Al llegar a la senda,
una mano retiene tu marcha,
—calma, sin prisa—
te dice.
Hay muchas veredas que llevan
al mismo camino.
¿Cuál tomar?
Mira,
mira,
busca y encuentra
la tuya.
Hojarasca que oculta la ruta marcada.
Oyes ruido de pasos
que desvían tu rumbo.
Una ardilla salta 
de rama en rama, 
y te mira.
La sigues.
El camino está 
y estaba ahí,
en ti.
Ya no hay pérdida posible.


Foto: Antonio.  Texto: Edurne